El jueves, en Cámara

El jueves, 19, el periodista Paco Reyero presentará su biografía del actor y director Clint Eastwood: ‘Eastwood: Desde que mi nombre me defiende’. Reyero hace un relato impecable de la biografía del último clásico del cine, desde que en 1964 era un actor característico en una serie del oeste que llevaba por título ‘Rawhide’ y aceptó la invitación que un director italiano con alguna experiencia en ‘peplum’ (El coloso de Rodas’) para rodar un western en España.

Fue así como Sergio Leone actualizó un género cinematográfico que estaba en franca decadencia. Tal como él mismo contaba, no fue Leone el inventor del ‘spaghetti western’, ya se habían hecho muchos cuando él dirigió ‘Por un puñado de dólares’. Después vino ‘La muerte tenía un precio’ y tras ella, ‘El bueno, el feo y el malo’, las tres que entronizaron a Clint Eastwood como una estrella, el hombre sin nombre, con su poncho y su medio cigarro en la boca.

Lugar: Librería Cámara. C/Euskalduna, 8 Bilbao

Día y Hora: 19 de julio, jueves, a las 19:30

Presentarán:

Santiago González

Paco Reyero

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España en Twitter

Mi querida Lorena Parker, conocedora de alguna de mis debilidades, me alertó el sábado del tuit que había colgado el Ministerio de Defensa para loar a su titular. Se trataba de un perfil hagiográfico de Margarita, está linda la mar, publicado en la Vanguardia: “Una amante de la vida sana en Defensa” y el Ministerio retuiteó el halago. En la foto se veía a una sonriente Robles regando dos plantas en la terraza del Ministerio.

La sagaz Parker y otros tuiteros detectaron los errores de la foto: sacar a la terraza dos plantas de interior, potos, ‘Epipremnum aureum’, a las que no debe dar directamente el sol. El segundo error era regarlas; en la foto se ve que las macetas tenían dispositivo de autorriego. El tercero es que el Ministerio borrase el tuit, por inconveniente que fuera. A Nixon no se le habría ocurrido borrar las cintas del Watergate que acabaron costándole el ‘impeachment’.

Esto de Margarita,-ella me permitirá llamarla Marga-, es más leve, una anécdota que va constituyendo categoría con otras de su especie. El mismo día de la toma de posesión del Gabinete, el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, tuiteó desde su cuenta oficial: “Día de gran emoción! El Gobierno de @sanchezcastejon comienza a trabajar al servicio de los intereses generales de España”. No como otros, debería haber añadido para completar el sentido a los más romos de sus votantes. Grande-Marlaska, ministro del Interior, también explicó en su cuenta de Twitter su emoción particular: “La emoción de un momento histórico!!! Empieza el Gobierno de @sanchezcastejon @desdelamoncloa Saludos desde @interiorgob”. 

Tengo escrito y creo que acreditado que el primer peldaño de la corrupción se baja al confundir lo público con lo privado y los citados son tres ejemplos claros. Luego vino Pedro con su perrita, correteando felices entre los parterres monclovitas, las gafas de Pedro, las manos de Pedro, la pasividad de Pedro ante la humillación de Rey por los golpistas catalanes, su complicidad con estos.

Y el mentís a lo dicho anteriormente. Al menos una docena de veces había prometido Pedro publicar la lista de los beneficiarios de la amnistía fiscal de Montoro que ahora se va a comer con patatas, por citar solo la última. “Basta ya de promesas incumplidas”, decía este galán hace tres años, cuando prometía derogar la reforma laboral, otra que tal, mientras la ministra Valerio hace apenas dos semanas se mostraba convencida de que los bancos serán “solidarios” con el sistema público de pensiones y no repercutirán en los ciudadanos el impuesto que van a clavarles. Para derrotar al capitalismo nada mejor que ignorar cómo funciona. Y luego lo de la ministra Castor y los impuestos para sostener el gasto. Y lo de la portavoz. Y lo de la vicepresidenta Calvo, toda ella un error, como dijo Antonio Gala a Juan Cruz.

El tono lo pone Pedro que escoge a todo su equipo a su medida y le da la televisión pública a Podemos. Hay alguno que podría dar más de sí, pongamos que hablo de Borrell, pero le pasa lo que a Katharine Hepburn cuando conoció a Spencer Tracy, tan bajito. “No es usted muy alto”, dijo ella. “No te preocupes, Kate, respondió Mankiewicz, que los había presentado. “Él te pondrá a su nivel”. Pues lo mismo ha hecho Pedro con Borrell.

No es solo la incapacidad, sino el toque grotesco que llevan dándole a todo mes y medio. Pero la encuesta de El Mundo sitúa como al PSOE como el partido más votado y a Sánchez como el líder más valorado. Como factor explicativo ayuda la demolición en que se ha empeñado el PP con sus primarias. Twitter, esa unidad mínima de pensamientos da la medida intelectual de España y del partido que gobierna. Antes, con los 140 caracteres, aún tenía un pasar, pero desde que lo han aumentado a 280 no ha ganado en profundidad y ha enfermado de literatura. El partido que más se parece a España, dicen. Seguramente sí.

 

 

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Solo un mangante

La decisión del tribunal de Schleswig-Holstein de autorizar la entrega a España del prófugo Puigdemont tiene un sabor agridulce al limitarla a la malversación, no a la rebelión o sedición. Hay una cierta justicia poética en que se le reconozca la condición de justiciable en tanto que chorizo o mangante, pero se le ampare en tanto que rebelde o sedicioso.

De casta le viene al galgo; Pujol, el fundador, puso en marcha todo esto para ocultar su fraude fiscal, y sin fichar por la Juventus. La rebelión o la sedición son delitos más graves, pero menos infamantes. El venerado Companys fue condenado por el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República a 30 años de prisión por el golpe del 6 de octubre de 1934, pero ningún tribunal lo condenó por apropiación indebida o delito contra la propiedad. Tampoco se le juzgó por los 8.000 asesinatos cometidos bajo su responsabilidad en la Cataluña en guerra.

Hay, sin embargo, en la sentencia, aspectos indignantes. El primero de ellos es que el tribunal alemán, al juzgar el fondo del asunto, se ha cargado el principio que inspiraba la creación de la Orden Europea de Detención y Entrega, que era un reconocimiento mutuo entre tribunales europeos. Otro aspecto no menos indignante reside en el hecho de que un tribunal regional alemán se pase por salva sea la parte al Supremo español. Imaginen que una resolución del Tribunal Supremo alemán respecto a un prófugo suyo fuera desautorizada por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma de La Rioja, pongamos por caso.

Otra cuestión notable es que el tribunal de Schleswig-Holstein ha dictaminado que Puigdemont no pretendía la secesión de Cataluña, sino establecer una negociación con el Gobierno español. No hay quién dé más. Los golpistas catalanes no han conseguido aún romper España, aunque para dar por buena esta afirmación habría que esperar a ver hasta donde pueden llegar los efectos del pedrisco. Pero ya han roto Cataluña y la UE. Su inspirador máximo se ha expresado en una de esas ruedas de prensa que solo da en el extranjero, durante los 40 días que lleva ejerciendo de presidente. “Lo importante es que tienen que ser juzgado por tribunales españoles y eso va a ocurrir”. No si el Supremo español se ve condicionado por un tribunal alemán de segunda. Y después la guinda: “las decisiones judiciales no se califican, se respetan”, principio que no es de observación universal. Cómo olvidar la actitud levantisca del Gobierno Sánchez contra la sentencia que puso en libertad provisional a los cinco miembros de La Manada, porque en opinión de la gentil portavoz era “un caso particular, diferente, de hechos probados, gravísimos. Ella dijo ‘no’”.

Esto es lo que hay. Europa no tiene ni ha tenido nunca, una defensa común; tampoco una justicia. Tal vez un resto de dignidad de nuestra judicatura, ese pelotón spengleriano, que no cabe esperar del poder ejecutivo, debería llevar a rechazar la entrega bajo esas condiciones. Que se lo queden durante los próximos veinte años* mientras sus subordinados golpistas son juzgados y condenados por rebelión. Pobre Junqueras, verdura de las eras, que diría Miguel Hernández.

 

* Naturalmente, España deberá velar por que durante esos veinte años no se paga dinero público a disposición del malversador presunto. O que el tribunal de Schleswig-Holstein haga un crowdfunding para pagarle los alquileres, los viajes, etc.

 

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El sexo y la vicepresidenta

Mi señora Carmen Calvo es mujer de mucho anglicanismo. Lo digo porque sus últimas incursiones en el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal para proponer cambios en ambos textos que lleven a considerar violación toda relación sexual que no vaya precedida por el sí de las niñas que diría Leandro Fernández de Moratín, me han traído a la memoria una divertida comedia de Cliff Owen, “Sexo no, por favor, somos británicos”. Mi egabrense preferida ha dicho textualmente: “si una mujer no da un ‘sí’ expreso todo lo demás es no”.

Todo esto arranca de la sentencia sobre la manada que llevó al Gobierno a formar una comisión de 28 expertos, 15 hombres y 13 mujeres, a revisar la regulación de los delitos sexuales en una  Comisión del Ministerio de Justicia creada por el Gobierno del PP. Yo no sé, mi señora vice, si ha caído usted en la cuenta de que su propuesta entra en contradicción con lo que sostuvo en su rueda de prensa de los viernes la ministra portavoz, explicando precisamente que “Ella dijo ‘no'”, refiriéndose a la víctima de la manada, versión que choca frontalmente con el testimonio de la citada en el juicio de Pamplona.

Mi admirada vicepresidenta: guardo desde hace años las muestras más brillantes de su ingenio. Una de mis preferidas es aquella de “tenemos que ser muy tomistas y meter el dedo en la llaga”, confundiendo Tomás de Aquino con Tomás el Apóstol, también llamado Dídimo o Gemelo. He pensado en ello, en fin,porque meter el dedo en la llaga tiene aspectos metafóricos relevantes en el caso que nos ocupa.

Hay algo que me deja preocupado en sus palabras. Ustedes, los progresistas, han creado una religión alternativa y me parece que este es un ejemplo claro, en el que confunden un polvo de una noche con el santo (o laico) sacramento del matrimonio. No es el número ni la duración, sino el conceto. En el matrimonio no se puede presumir la voluntad de los contrayentes. Hay que decir: “sí, quiero”. No puede haber consentimiento tácito, ni es posible acogerse a “quien calla otorga”, por más que el inolvidable Perich relacionara ambos eventos en sus ‘Noticias del 5º Canal’: “La aberración sexual más extendida en el matrimonio es ‘el coito anual'”.

Un ligue es otra cosa y comienza a menudo con una mano tonta o un beso robado. Quienes nos educamos sentimentalmente con Truffaut desde la serie de Antoine Doinel a la excelente ‘L’homme qui amait les femmes’, traducida aquí por ‘El amante del amor’, no olvidaremos el magisterio que ejerció para nosotros ‘Besos robados’.

Digo que me dejan preocupado sus palabras porque ha debido de tener usted una juventud lamentable, sexualmente hablando. Verá, no es que uno haya sido un Casanova, pero algunas experiencias ha tenido y no llega a concebir diálogos que contengan la cláusula de petición de permiso: “¿puedo besarte en la boca?””¿Te importaría que te acariciara la teta izquierda?””¿Qué tal si pongo mi mano en tu muslo?” y en este plan. Se corta el rollo, mujer. Hay un momento para hablar y un momento para amar, dice aproximadamente el Eclesiastés (bueno, igual la cita es algo imprecisa), pero tengo yo experimentado que el humor es una buena aproximación al tema. Era bueno hacer reír a la otra parte contratante, tener conversación agradable, etc. Pero había un momento en que la comedia debía ceder paso al drama.

No digo a la tragedia, sino el momento de la verdad en términos taurinos, ese preciso instante en que la banda deja de tocar con un golpe de bombo y el torero afronta la suerte suprema. (No sé por qué pero algo me dice que con esta imaginería puedo buscarme problemas). Cuando empiezan los besos, no valen los chistes, ni la literatura, hay que ponerse a la faena, vicepresidenta, no sé si me entiende. A partir de ahí es el lenguaje no verbal; puede que el galán haya percibido señales erróneas, la dama decline el agasajo y el primer beso se pierda en el vacío. En tal caso el galán replegará velas, musitará una excusa y volverá a la conversación amable y a los chistes.

Esta obsesión por intervenir en los aspectos más personales de las relaciones es una psicopatía de nuestra izquierda. ¿Quién dará fe del consentimiento? Tal vez un notario, aunque es probable que si uno está de apretón un sábado por la noche, no encuentre notarios de guardia para estos eventos. Aparte de que el feliciano se nos iba a poner en un pico. Tal vez valdría la consumación matrimonial de los monarcas europeos hasta el siglo XiX, que sentaban alrededor de la cama a unos cuantos testigos que dieran fe del consummatum est.

Tal vez las farmacias deberían dispensar con cada caja de condones unas tarjetas con texto redactado por la señora Calvo, en la que muy escuetamente se diga que: Yo, doña……. mayor de dad y con DNI……… autorizo a don ……….., también mayor de edad y con DNI……… a penetrarme con su miembro y renuncio a toda querella o reclamación incluso en el caso de que el lance no resultara tan gratificante como me había prometido (expresa o tácitamente). De la presunción de inocencia hablamos otro día.

La tuitera@anisokoria reaccionó airada a las palabras de la vicepresidenta: “Fuera políticos de mi puta cama. Nunca he tenido que decir ‘sí’ en una relación sexual para que se entienda perfectamente si quería o no. Soy adulta y sé mostrar cuando no quiero algo, maldita sea”.

Las desgracias nunca vienen solas. Ha contado usted, mi señora Calvo, que para otro proyecto paralelo suyo, el de reformar la Constitución con el fin de que hable de los españoles y las españolas, va a encargar un dictamen a la Real Academia y ella asunto ya llueve sobre mojado. En otro Gobierno progresista en el que usted ocupaba la cartera de Cultura, se sometió a la RAE el nombre de la cosa, si la Ley contra la violencia de género debía llamarse así o no. Le tocó responder al académico Antonio Muñoz Molina y lo hizo con prontitud y esmero, en un informe de unos 50 folios que fue entregado en mayo de 2004, en el que se establecían pertinentes diferencias entre los términos ‘género’ y ‘sexo’, que en inglés se dice ‘gender’, porque sex se refiere solo a las cosas de la coyunda, pero que en castellano el sexo es más polémico, mientras el género es más bien gramatical. La misma mañana en que se entregó el informe, el Gobierno lo filtró y bastó la protesta de los colectivos feministas para archivar el informe de la RAE. Ya verán cómo la historia se repite.

 

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Trinos y rebuznos/Indignidad en Moncloa

El presidente Sánchez es un hombre que administra cuidadosamente sus roznidos. Ayer recibió a un tipo que venía a explicarle lo que pasa en Cataluña, aunque no hacía falta; lo llevaba puesto en la solapa. Una foto de la víspera mostró que tiene seis dedos en el pie izquierdo. Ana Dargallo comprendía en un trino que nos considere tarados a los que sólo tenemos cinco. Sus detractores dicen que no tiene mucho cerebro, pero váyase lo uno por lo otro. Su anfitrión no le saca ventaja en lo primero y respecto a lo segundo no le hemos visto descalzo. Ya lleva 38 días en el cargo sin dar una rueda de prensa. Ayer ungió como portavoz a la vicepresidenta Calvo, para contar a los periodistas una reunión a la que no asistió.

Si ya era difícil entender su relato en tanto que testiga, imaginen como debió de ser lo del lunes. A ella le rebosó un anglicanismo el día del orgullo gay: “Este país vuelve a la alegría. Estaba en blanco y negro y vuelve al color”, a lo que Daniel Lacalle respondió con pertinente trino: “La última vez que se dedicaron a ‘defender la alegría’ destruyeron 3,5 millones de puestos de trabajo”.

Calvo, vicepresidenta no gubernamental, blasonó de que a Rajoy le hicieron dos referendos y Sánchez se ha sentado con él en un mes, sin reparar en que los referendos se los hicieron también a ella y a todos nosotros.

La vicepresidenta explicó como un detalle que “los dos presidentes” habían acordado la presencia de Sánchez en los homenajes a las víctimas de los atentados del 17 de agosto. El Rey acudiría si se lo permite su agenda, lo que fue radicalmente desmentido por el rubicundo: “No le hemos invitado” añadiendo que ni piensan. Un tipo que funge, como diría Juan Luis, de representante ordinario del Estado en Cataluña prohíbe la entrada en aquel territorio al Jefe del Estado y la de Cabra va y dice que la reunión ha sido ‘francamente útil’.

Estas portavozas, ¿de dónde las saca? Uno ya había escrito hace meses que “este chico no vale”. La cosa es aún peor y ayer lo demostró pespunteando primorosamente los ribetes de la indignidad y de la infamia.

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Setién ha muerto

Hubo un tiempo de metal y cristal roto sobre Euskadi en el que una banda terrorista asesinó a más de 850 personas. Fue un tiempo largo durante el que los etarras mataban y sus víctimas morían sin que una parte imp9rtante de los ciudadanos vascos se dieran por enterados. También la Iglesia, también, especialmente entre los años 1979 y 2000, etapa en la que fue obispo de San Sebastián Jos’e Mª Setién Alberro. Sus dos primeros años al frente de la diócesis coincidieron con los años más cruentos en el historial de ETA: 76 asesinatos en 1979 y 98 en 1980.

Fueron años de mucho desinterés espiscopal. En 1984 negó la catedral para el funeral por Enrique Casas, asesinado por ETA el 24 de febrero. En 1995, tras el asesinato de Gregorio Ordóñez, las populares María San Gil y Mª José Usandizaga visitaron a Setién para exponerle su pesar y su sensación de desamparo por lo que entendían una desafección del prelado respecto a la familia del teniente de alcalde asesinado. Las dos mujeres se quejaron: “consideramos que no trata a sus feligreses por igual”, a lo que monseñor replicó: “¿ donde está escrito que hay que querer a todos los hijos de la misma manera?”. Sus cartas pastorales crearon escuela, diciendo, por ejemplo, que la Constitución debía recoger el derecho de autodeterminación del pueblo vasco y abogando por la negociación con ETA, con afirmaciones tan imponentes como que “para hablar con ETA no hacía falta que dejara de matar”. Una pastoral suya de 1995 dirigía “una llamada apremiante a renunciar a la violencia, a luchar contra ella y abandonarla ya, de una vez para siempre como inútil y perjudicial para la causa de la pacificación de nuestro pueblo”. La definición más próxima a la del obispo era la del dirigente etarra Pakito Mujika Garmendia: “ETA no es un problema, sino una organización que lucha para conseguir la paz”.

Con todo, la actuación más impresionante de Setién se produjo durante el largo secuestro de José Mª Aldaya, once meses entre 1995 y 1996. Sus hijos se manifestaban con una pancarta en las escaleras de la catedral del Buen Pastor con una pancarta. Una foto retrataba a José Mª Setién pasando de perfil frente a los Aldaya y su pancarta. Algo después, en una entrevista en el Diario Vasco le preguntaban por la foto y él respondió:

“Resulta que si un pasar por delante, que por su propia naturaleza es una continuidad, se fija en una fotografía, esa imagen puede dar que estoy mirando a aquéllos o que estoy mirando hacia adelante. Si es que aparece que estoy mirando hacia adelante y se pone un pie de foto en el que se dice que Setién no hizo ni caso a las personas que estaban allí, esa es una afirmación que no responde a la realidad. Yo no me detuve, pero hice gestos para, de alguna forma, expresar mi relación con ellos… Quizá hubiera sido más sencillo dar la vuelta y no pasar por allí. Pero tampoco me parecía que era lo correcto.” 

 

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Breve encuentro

La portavoz del Gobierno compareció como suele, después del Consejo de Ministras para dar cuenta de sus cosas. La primera era una foto de Pedro con Barack. El expresidente había viajado a Madrid para dar un parlevú, un bolo de 600.000 euros y ambos mandatarios hicieron un hueco en sus agendas para poder verse, por decirlo con el lenguaje hagiográfico del pedrismo.

El ex no visitó al presidente en La Moncloa, fue la montaña quien acudió a Mahoma; Pedro Sánchez se desplazó hasta el hotel donde su interlocutor iba a dar la conferencia y estuvieron unos minutos de charla, breve, pero interesante, al decir de Celáa: “un encuentro entre dos personas que saben mucho de cómo puede dirigirse un país”. Obama es el oscuro (dicho sea sin ánimo de señalar) objeto de deseo de las ministras progresistas españolas. Celáa emparenta con la Pajín del acontecimiento planetario que suponía el encuentro entre Obama y Zapatero. Encuentros breves, pero intensos, como los que mantenían Trevor Howard y Celia Johnson en la película de David Lean.

La ministra portavoz dio también cuenta de otra brevedad sin duda intensa, como el que mantendrán hoy el apolíneo Pedro y el gordito rubicundo de la Generalidad. Hay precedentes: el primero, la visita de Tarradellas a Suárez, el 28 de junio de 1977. Fue una entrevista dura, incluso bronca, en la que Suárez llegó a decir a su invitado “usted no es nadie más que lo que yo diga que es”. Tarradellas confesó después que estuvo a punto de tirar la mesita de una patada y marcharse, pero pensó que “en nuestras peleas con los castellanos habíamos perdido siempre”. Así que se contuvo y a la salida dijo a los periodistas que todo había ido muy bien y las perspectivas eran esperanzadoras.

Cómo comparar a estos dos hombres con quienes les sucedieron. Artur Mas, el menguante, fue a la Moncloa el 15 de septiembre de 2012 y allí se puso jaque y amenazador con Rajoy, sin que el presidente del Gobierno mandara llamar a los guardias para ordenarles “pongan a este tipo en el coche que lo ha traído y señalen al conductor el camino de salida”. Rajoy aguantó el tirón y no fue hasta casi un mes después cuando dio cuenta de la humillación institucional a que había sido sometido por su visitante catalán. No se entienda ‘tipo’ como una descortesía protocolaria. Me acojo al magisterio de Fallarás cuando se refirió a la cajera de Caprabo a la que chuleó un dentífrico diciendo “aquella tipa”. La portavoz hizo cumbre al anunciar que: “la legalidad va por un camino y la política por otro, y a nosotros nos corresponde hacer política” . Marededéu, Montesquieu: “la libertad consiste en poder hacer lo que está permitido por las leyes, etc.” y no es que Celáa sea ágrafa ni carezca de lecturas, pero parece que ‘El Espíritu de las leyes’ lo hojeó mientras veía los informativos de la Sexta.

El encuentro no puede dar mucho de sí y uno de los dos se la envainará por la parte ancha. El rubicundo Torra va a por todas: la independencia y la república. Pedro le recibe con lo puesto, que intelectualmente hablando es estar en pelota picada, confiando en que sus ganas de agradar basten para amansar a su visitante, que tampoco parece que vaya a hacer un gran gesto simbólico: arriar la bandera española del palacio de la Generalidad, aunque también está dentro de su tradición cambiar lo que ellos blasonan como primogenitura por las lentejitas de las transferencias.

Ah, Suárez y Tarradellas, cómo no echarles de menos en esta hora de los mindundis.

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La burra vuelve siempre al trigo

El Gobierno de Urkullu está sustentado por un pacto entre el PNV y los socialistas, pero el partido-guía de los vascos alimenta fantasías exteriores en los asuntos de la misma mismidad nacionalista. Pasa en los matrimonios más unidos, pero los planes del PNV contemplan la posibilidad de que haya un nuevo Estatuto dentro de esta legislatura, o sea, en 2020. Las novedades serían el derecho a decidir, una vieja conocida en estos pagos; el establecimiento de una relación confederal con España, que ha motivado una protesta más que razonable de Idoia Mendia, que considera “insólito” que Euskadi defina a España como una confederación.

Cosas más difíciles se intentan en el texto nuevo, como una representación específica de Euskadi en Bruselas, otro particularismo caprichoso. Los nacionalistas vascos quieren romper, no ya España, sino la circunscripción electoral para las elecciones europeas. La idea estaba ya en aquella ensoñación de la décimotercera estrella, de cuando había doce estados miembros. Ahora las estrellas siguen siendo doce, aunque los estados miembros hayan llegado a ser 28.

Total que Mendia ha criticado los acuerdos del PNV con EHBildu y ha formulado un voto particular contra el documento de bases y principios acordado por los dos partidos nacionalistas a Urkullu no le ha parecido bien que elevara el tono contra ellos y ha recordado a la secretaria general de los socialistas vascos que en la negociación de la coalición de Gobierno entre sus dos partidos habían acordado dejar fuera del pacto la reforma del Estatuto.

El animalito es conocido: En la coalición PNV-PSE que sustentó al lehendakari Ardanza, se acordó dejar fuera del pacto algunos asuntos sin consenso, aunque el PNV nunca le arrugan estas menudencias. El 15 de febrero de 1990 el grupo parlamentario nacionalista votó con Eusko Alkartasuna y Euskadiko Ezkerra. Los batasunos que no votaron en aquella ocasión, presentaron (EHBildu) el 29 de mayo de 2014 una proposición no de ley proclamando el derecho a la autodeterminación de Euskal Herria, que fue aprobado con los votos de Bildu y el PNV. ¿Qué sentido tiene reclamar el derecho a decidir si ya habían proclamado y por dos veces, el derecho a la autodeterminación sin eufemismos?

Aquello no fue suficiente para que el PSE rompiera el acuerdo de Gobierno con el PNV, aunque sí hubo ruptura después de las elecciones del 28 de octubre. El PNV quería cobrarse a buen precio la reedición del pacto: Banco Público Vasco, la caja de la Seguridad Social y otros detalles, como la ilusión que le hacía a Ardanza un pacto entre nacionalistas para la legislatura 90-94: PNV-EA-EE. Aquello tuvo sus aspectos grotescos, porque el Gobierno de los tres partidos que habían votado la autodeterminación en febrero del 90 aguantó unos pocos meses tras las elecciones del 90. Ardanza echó a su socio alkartasuno por haber firmado declaraciones autodeterministas con Herri Batasuna en varios municipios de Vizcaya y Guipúzcoa durante el año 91. En septiembre, el lehendakari destituyó a los tres consejero de EA y el PSE aceptó cubrir los huecos. Eso fue todo.

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Cosas de Pedro

Mi admirado GrandeMarlaska sigue incurriendo en algunos de los errores que me parecían impropios de él, un juez cuyos autos me han parecido siempre llenos de sintaxis y sentido común, que vienen a ser lo mismo. El miércoles  vino a decir que el traslado de los presos golpistas (presuntos, que no se me olvide en presuntos) a Cataluña no es más que la aplicación de la ley por parte del Gobierno.

Todos los ministros del Interior acaban pareciéndose, no importa su grado de formación jurídica. Recordarán ustedes el traslado de Iñaki de Juana Chaos. El entonces ministro, Alfredo Pérez Rubalcaba, explicó el 1 de marzo de 2007: “He tomado la decisión personalmente y la he tomado por razones, por una parte legales y por otra, humanitarias”.

No diré nada de las razones humanitarias, pero sí de las legales. Las palabras del ministro sugieren la idea de que era la ley la que obligaba al traslado del terrorista preso. No había tal. El ministro confundía, me temo que deliberadamente, lo que la ley permite hacer y aquello a lo que la ley obliga.

Cinco años más tarde, en agosto de 2012, el ministro Jorge Fernández decidía excarcelar al terrorista Bolinaga, secuestrador y carcelero de Ortega Lara con un argumento semejante: “No excarcelarlo habría constituido prevaricación”. Más de lo mismo.

Y ahora viene mi Señoría a decir que el Gobierno se ha limitado a aplicar la ley. Aplicar la ley, mi admirado Marlaska, es hacer lo que la ley obliga, nada que ver  con lo que la ley nos permite.

No puedo creer que el ministro del Interior no tenga clara la diferencia que acabo de apuntar. Tal vez, como sus dos predecesores, considera que los incapaces de distingos seamos nosotros.

No es un  caso único. Sigo con mucho interés la carrera del secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado. Es de Burgos, mi ciudad natal. Yo conocí y aprecié mucho  a su padre, Esteban Granado Bombín, un librero de los antes, que me surtió de mucho Ruedo Ibérico y de sabios consejos en la librería con trastienda que tenía haciendo chaflán entre las calles Madrid y Aranda. A Granado le compré ‘La guerra civil’ de Hugh Thomas, ‘El laberinto español’, de Brennan, La biografía de Franco de Luis Ramírez, ignorante aún de que era un seudónimo de quien habría de ser mi amigo y compañero Luciano Rincón, un par de libros de Wilhelm Reich, ‘La revolución sexual’ y ‘La función del orgasmo”, por unir lo útil con lo agradable. Esteban era un gran tipo que fue diputado socialista en las dos primeras legislaturas de nuestra democracia.

Y ahora va su hijo Octavio y nos dice que están ultimando nuevos impuestos para pagar las pensiones, pero que no afecten a la economía. Pero hombre, Octavio, una función fundamental de los impuestos es afectar a la economía. Las dos grandes palancas de la economía clásica eran la política monetaria y la política fiscal. De la monetaria mejor ni hablamos desde el euro, pero si la política fiscal fuera inane no tendría sentido cobrar impuestos. Vaya en su descargo que él no es economista, sino licenciado en Historia, pero argumentos como este y el de Marlaska parecen pensados por el mismísimo presidente, cosas de Pedro Sánchez.

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50 años del primer crimen: un recuerdo personal

Mi amigo José Antonio Zorrilla me envía el presente artículo con el ruego de que le abra un hueco en mi blog. Lo había enviado al diario El Mundo tres semanas antes de que se cumpliera medio siglo del bautizo de sangre del terrorismo etarra, en el que Txabi Echebarrieta, el primer asesino, se cobró la primera víctima en la persona de José Antonio Pardines Arcay. Fue el 7 de junio de 1968 y unas horas más tarde el propio asesino era abatido por la Guardia Civil. Fue entonces cuando empezó todo. Lamentablemente, mi periódico, vale decir el periódico en el que colaboro, no consideró que esta pieza mereciera un hueco.

Junto al Nervión

Mediados los años sesenta del S. XX, dos chavales paseaban por el Campo Volantín de Bilbao, a la vera de la Ría. Uno de ellos rondaría los veinte años. El otro no los había cumplido. El mayor trataba de convencer al adolescente de que los vascos eran los argelinos de España. El chaval replicaba que colonizar era explotar y que tanto Vizcaya como Guipuzcoa formaban la cúspide de la renta per cápita española un 40% por encima de Palma de Mallorca. El mayor aseguraba que no todo era economía. El euskera estaba prohibido e incluso gritar “Gora Euskadi” era grito subversivo. El joven contestaba que Franco era muy viejo y que en cuanto llegase la República se recuperaría el Estatuto y con él todas las libertades. La conversación se reproducía cada vez que había encuentro y terminaba sin acuerdo al llegar a la Plaza de las Brigadas de Navarra, dónde vivía el mayor. El adolescente siempre volvía a su casa con algún libro prohibido bajo el brazo. Una vez fue “El Estado y Revolución” de Lenin, otra, “El imperialismo fase superior del capitalismo“, ” El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” fue otro, también de Lenin, y, guinda final, “Los condenados de la tierra” de Frantz Fanon, sobre el colonialismo francés en Argelia. Lenin resultaba ilegible. Fanon, fascinante. Resulta que la patria de la Ley practicaba el crimen de Estado en Argel, gran sorpresa. Pero el chico joven también aportaba libros prohibidos. Por ejemplo y entre otros, “La guerra revolucionaria” de Mao Tse Tung y “Guerra de pueblo, ejército de pueblo“, del General vietnamita Vo Nguyen Giap. El primero de esos dos libros explica que, contra el dogma marxista, en China la clase revolucionaria fue el campesinado. En cuanto a Giap, relataba las condiciones de la guera revolucionaria, en particular el motor de acción/represión que terminó por dar la victoria al Vietcong.

El chaval algo mayor era un profesor de Económicas, Txabi Echebarrieta Ortiz. El joven era yo, su alumno de clases particulares, tras el suspenso en Junio de la Economía Política. Txabi me pasaba libros de militante comunista. Yo respondía ofreciéndole el botín de mis veranos fuera de España. Pero no solo a él, sino a gente tan respetable como Don Pablo Lucas Verdú, catedrático de Derecho Político, al que hice unas fichas del Mao. Era este el libro que más le había interesado a Txabi, lo repetía una y otra vez. No entendía yo muy bien como algo que había servido para China en 1937 pudiera ser de interés en el Bilbao próspero del desarrollismo. Luego comprendí. La clase revolucionaria en el País Vasco, era española, Comisiones Obreras y UGT. Resultaba imposible ser nacionalista vasco y de izquierdas. Mao le resolvía el problema. En cada país la clase revolucionaria podía ser la que tocase. En el caso vasco, los nacionalistas que siguiesen sus postulados.

Yo aprobé Economía Política gracias a su magisterio y dejamos de vernos de manera regular. De hecho cada vez menos. Imagino que le ocupaba una clandestinidad exigente. Y llegó 1968. A mi acababan de expulsarme de la Universidad, aunque sin mención desfavorable en mi expediente académico. Pasé el último trimestre de 1967 en París y seguí con pasión desde Bilbao aquel Mayo inolvidable. Pero los sindicatos prohibieron el contacto entre estudiantes y obreros y se acabó todo. Quedaba Praga. Y aquel Agosto los tanques arrasaron Praga y con ella mi juventud de apenas veinte años. Si en ese momento hubiese caído el Muro el destino de mi generación hubiera sido otro. Pero Yalta lo congelaba todo. En cuanto a España nunca creí que Franco pudiese saltar, ni con una huelga general, ni con nada. Así que hubo que buscar una solución personal. Entre la Escuela de Cine y la Escuela Diplomática me decanté por esta última.

¿Y la muerte de Txabi? Era nacionalista vasco, llevaba pistola, había caído en el izquierdismo infantil que denunciaba Lenin y eso le había costado la vida, juzgué. No podía yo imaginar las consecuencias de su muerte.

Pasaron veinticinco años. Yo era Cónsul General de España en Milan y ETA pasó a Italia. Y allí estaba yo, en plena Via Larga, frente a un paisaje de desolación, cristales rotos, unos artificieros que habían estado a punto de dejarse la vida…y de pronto me sacudió como un relámpago la memoria de una juventud que ya había olvidado: la mía. Volví corriendo a la Residencia, agarré una escalera y me puse a buscar en las estanterías altas de la biblioteca.

– ¿Qué haces ahí?- me preguntó mi mujer algo alarmada con aquel trasiego.

No dije nada. Allí estaban. El Vo Nguyen Giap con sus tapas rojas, afanado en Maspero, y el Mao, edición 10/18, manchada la portada con algo de cera caída en un apagón inoportuno. ¡Era eso! Aquellos libros intercambiados entre críos progres habían terminado por convertirse en destrucción y muerte a la vera de mi propia casa. Bajé de la escalera. El Mao tenía todavía las huellas del lápiz de Don Pablo. El Giap, mi firma en la primera página. No me decidí a tirarlos.

Pasaron más años y vista la vesania del nacionalismo étnico entré en Basta Ya y me puse a las órdenes de Fernando Savater. Rodé también un documental sobre las víctimas del terrorismo, “Los Justos“. Quedé devastado al contemplar, a través de mi cámara, como estaba destruyendo el País Vasco el legado de Txabi. Y un día, por fin, me presenté en casa de Joseba Arregi y le pedí que volviese conmigo a la ruta del Campo Volantín. Me quemaban aquellos libros y quería deshacerme de ellos en su compañía. Hubimos de pactarlo porque solo podía moverse con escolta. Y allí nos fuimos, casi ya dos ancianos, por la ribera del Nervión. Solo que al llegar al puente del Ayuntamiento no seguimos camino hasta la plaza, ahora de Unamuno, sino que cruzamos el puente, siempre con dos escoltas detrás. En medio del camino saqué el Giap e hice ademán de tirarlo a la ría. Joseba me lo quitó de las manos.

– ¿Qué haces?- me dijo alarmado. Y se lo guardó en el bolsillo. Un día será historia.

 

 

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