Lo de Arcadi

Tengo desde hace tiempo a Arcadi Espada por uno de los más brillantes columnistas del periodismo español. A veces, también por un amigo. Y resulta que Espada se ha metido, no creo que inadvertidamente, en un jardín, cuando escribió una columna acerca de la comparecencia de Aznar sobre la financiación del PP. Criticaba el columnista los modos del diputado Rufián. Y la inadecuada respuesta del compareciente. Con estas palabras: “Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria: “la polla, mariconazo. ¿Cómo prefieres comérmela, de un golpe o por tiempos?”

‘El Español’, digital que dirige Pedro J. Ramírez, publicó el sábado una carta firmada por un número incierto de trabajadores/as de El Mundo a su director (que es el mío) censurando la columna de Espada e instando a tomar medidas no especificadas. No se conocen los nombres de los firmantes salvo uno: Lucía Méndez ha reivindicado su firma en un gesto pertinente. “Nadie enciende una vela para meterla bajo un celemín” escribió San Mateo y nadie firma un manifiesto o una carta al director para que no aparezca su nombre. Y sería interesante que los abajofirmantes se identificaran. ¡Queremos saber! que diría M. Milá.

Lo que me llama la atención del diario de Pedro J. es el empleo de la sinécdoque en los titulares: “La redacción de El Mundo censura la columna de Arcadi Espada…” Y en el subtítulo: “El equipo del periódico de Unidad Editorial envía una carta a la dirección…” Una parte, solo una parte. Citaré un precedente: el mismo día en que un director de El Mundo, David Jiménez, echó a Salvador Sostres tras una carta parecida de parte de la redacción, yo cenaba con Pedro J. Ramírez en casa de Ana Palacio. Y Pedro contó que él había recibido una carta análoga, firmada por un centenar de redactores, pero que no había hecho caso alguno: “La contratación o el despido de columnistas es facultad del director, no de una asamblea de redactores”. Y a mí me pareció que tenía razón.

Pero vayamos al cogollo del meollo. La carta de un sector de la redacción acusa a la columna de Arcadi de “soez, grosera y homófoba”. No entraré en los dos primeros calificativos por falta de espacio, pero ¿homófoba? ¿Es posible que 50 profesionales de la escritura no sepan distinguir el lenguaje figurado del recto? Hasta Rufián demostró más dotes para el distingo al responder en Twitter: “De un golpe, Arcadi”. No me atrevo a pensar que alguno de los 50 justos titulase el lance: “Rufián sale del armario”. Mucho menos aún: “Rufián quiere comerle la polla a Aznar ¡y de un golpe!”.

¿El problema está en el aumentativo?¿Si en vez de ‘mariconazo’ hubiera escrito ‘mariconcete’ sería más aceptable? Qué pena que Cela no llegase a dedicar un tomo de su ‘Diccionario Secreto’ a términos como ‘maricón’ o cabrón’, no forzosamente insultantes. Antonio Burgos escribió en el ‘Triunfo’ de los 70 una aportación a un diccionario sevillano-español, en el que definía la voz ‘hijoputa’ como ‘mala persona’. En cambio, ‘hijo de la gran puta’ era: “mi querido amigo, Antonio, hijo de la gran puta, cuánto tiempo sin verte”. Arcadi, qué cabronazo.

 

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De Política General

El Debate de Política General es el equivalente del Debate del Estado de la Nación a nivel de Cámara autonómica. En no pocas ocasiones ha sido un espacio privilegiado para la exhibición propagandística del lehendakari, pero a veces la anécdota ha dado pie a la categoría. Mi preferido fue el discurso que en tal debate hizo José Antonio Ardanza en 1987 al establecer de manera solemne una radical diferencia entre los medios y los fines: “lo que nos separa de ETA no son solo los medios, sino también los fines, porque los fines contaminan a los medios, etc. Nunca antes ningún jelkide había  sido tan rotundo en estas cuestiones. Cinco años después, el lehendakari Ibarretxe hizo una primera explicación del plan al que tuvo la malhadada ocurrencia de bautizar con su propio nombre aquel invento, sin tener en cuenta las advertencias del refranero: “plan con plan, comida de tontos” and so on.

El debate de esta semana fue mucho más átono, signo de los tiempos, como corresponde a los liderazgos discretos que hoy se estilan en el Parlamento vitoriano, y sirvió para que el PNV mostrase sus dos almas, que les ha mantenido en dura batalla interior a lo largo de toda su historia y que durante toda ella ha explicado las escisiones en el nacionalismo: euskalherriakos contra aberrianos, posibilistas contra irredentos.

En el debate de ayer, con el pretexto de la ponencia de autogobierno, era Urkullu, partido-institución, contra Egibar, partido-comunión. El portavoz parlamentario mostraba signos de sus adherencias sentimentales e intelectuales: el lazo amarillo de Torraplá, en señal de solidaridad con los golpistas catalanes a los que considera presos políticos. Es de suponer que Egibar también considera presos políticos a los terroristas vascos que cumplen condena por sus delitos. Eran dos nacionalismos: el que defiende la unidad de acción con EHBildu defendido por el portavoz y  el más complejo del lehendakari, que sin renunciar a la alianza entre abertzales pretende una alianza más extensa. A veces, podría parecer que el verdadero destinatario del discurso de Joseba Egibar no eran tanto los partidos de la oposición, sino el mismísimo lehendakari.

El pleno tuvo un solista  brillante en el presidente de los populares vascos, Alfonso Alonso. Fue el suyo un discurso bien armado, ocurrente, irónico a ratos y argumentalmente eficaz. Preguntaba al lehendakari cómo era posible que el PNV, que hace sociedad con lo más heterogéneo contra el PP, sea precisamente al PP a quien recurre para que le apruebe los presupuestos. Tuvo su momento feliz cuando caricaturizó a Egibar ( y por extensión a los suyos) como el comando del Frente Popular de Judea: ¿Qué han hecho los españoles por nosotros? Nos pagan las pensiones… Y el AVE… y la liga de fútbol. Bueno, y la Guardia Civil, que si no a ver de qué acabamos con ETA. Fue un gran discurso, enérgico y beligerante al discutirle a Urkullu su monopolio del patriotismo, en tanto que nacionalista. “¿Quién es más patriota en Francia, Jean Marie Le Pen, que es nacionalista o Macron, que no lo es?” Fue el mejor, pero a eso ayudaba también el nivel del resto de los portavoces: El pobre Lander con sus chistes párvulos, sustituyendo a la fallida Pili Kaltzada, que iba en chándal, la oratoria roma del lehendakari, en fin.

 

 

 

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Entre la tradición y el plagio

El problema del doctor Sánchez no está tanto en sus detractores como en sus defensores. A las cuestiones planteadas en los últimos días por los diarios ABC, El Mundo y el digital OK Diario, difícilmente objetables, se sumó ayer la información de El País, que daba cuenta del fusilamiento de una conferencia del diplomático Manuel Cacho en el libro que del doctor Plagio y su negro Ocaña publicaron en 2013 con la tesis del doctor como asunto principal.

El diario de Prisa ha hecho bien en dar esta información. Solo falta que añada alguna explicación, alguna disculpa por las descalificaciones vertidas en los días precedentes contra los medios que habían dado cuenta de los plagios. Un suponer, el artículo de Juan Cruz publicado el pasado día 17 bajo el título ‘El revés del periodismo y la tesis’: “Sánchez fue acusado de plagio. Sin comprobación alguna”, escribió nuestro hombre tres días antes de que su propio periódico acusara de plagio al susodicho, se supone que con todas las comprobaciones del mundo.

También ha habido algún cambio en el socio principal del doctor Fraude un suponer, Pablo Iglesias, incomodado por tener que “defender permanentemente” la tesis del doctor Sánchez: “Es un fraude que haya medios de comunicación que digan que hay un plagio cuando lo que ocurre son citas posteriores a la tesis, esos medios están cometiendo una irresponsabilidad muy grave al dejar el escaso prestigio que les quedaba por los suelos”. Apenas 24 horas más tarde, Pablo Iglesias, en compañía del PDeCat pedían explicaciones al doctor No después de que El País denunciara el plagio en el libro firmado al alimón con Carlos Ocaña. Hasta Pablo Iglesias, señor, señor, que cosas hemos de ver, ha calificado de “bastante cutre” incluir párrafos sin mentar a sus autores y  ha explicado a su socio que esas prácticas no responden a ‘estándares académicos’ e invitaba a Sánchez a dar explicaciones sobre el tema.

“Era un error involuntario”, explicó La Moncloa, grandioso pleonasmo. Un error voluntario es otra cosa. Fue sin querer, por  lo visto y anunciaron la intención de los autores de proceder  a la subsanación (sic) en próxima ediciones. A ver, pónganse en mi lugar. El pobre Sánchez y su negro publican en 2013 un libro titulado ‘La nueva diplomacia económica española’. Estaba en parte resumiendo la tesis plagiada, en parte copiado de la conferencia de Cacho, pero fue un accidente involuntario y lo van a reparar en las ediciones venideras. ¿Cuántas? No sé, 14 ó 15. Todos los progresistas españoles esperan a Navidades o quizá a la Feria del Libro para regalar el ensayo de Sánchez-Ocaña, a sus novias/os o a sus seres queridos.

Sánchez se explicó y dijo que si tanto interés tiene el PP comparecerá en el Senado para dar cuentas de su tesis. Ya que se pone, debería llevar a la Cámara alta la curiosa aplicación que La Moncloa hizo del programa Plagscan, que le daba un 0.96% de plagio, mientras a la empresa alemana le salía el 21%, un punto más del plagio que llevó a la dimisión del ministro de Defensa alemán Karl Theodor zu Guttemberg, que a nuestro plagiario le parecía un tipo modélico en la moción de censura. Ya no queda más remedio que abrir en canal la tesis y sus circunstancias y que el mindundi que nos gobierna se rinda a la evidencia y convoque elecciones cuanto antes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Esta tarde gran velada

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Celaá habla de la tesis

Los viernes toca Celaá y la portavoz nunca defrauda. Tras el último Consejo deMinistras tuvo que hablar de una cuestión extemporánea como la tesis del presidente del Gobierno, puesta de actualidad en la sesión de la víspera por Albert Rivera.

Fue un recital majórica de perlas cultivadas. La primera al calificar el caso de una operación para abatir al presidente. Abatir. Como si fuera el caso Gürtel, vamos. El 9 de febrero de 2006 hubo dos cacerías en Andújar: una, en la finca ‘Cabeza Prieta’. Otra, la que reunió en torno a una cena en el Hotel Del Val al juez instructor Garzón, que acababa de abrir el gran caso contra el principal partido de la oposición, al ministro de Justicia de Zapatero, Fernández Bermejo, al comisario jefe de la Policía Judicial, Juan Antonio González y a una fiscal escasamente interesada por la caza de rumiantes. Podría preguntarle a ella los detalles en el próximo Consejo de Ministras: es la titular de Justicia, Lola Delgado. Esa cacería terminó el pasado 1 de junio con el abatimiento del presidente Rajoy en la moción de censura, gracias a un par de frases espurias en el auto del juez José Ricardo de Prada. Dice ‘abatir’ cuando el doctor Sánchez había tratado de abatir a un presidente, negándole el ser, la cualidad de persona decente en un debate electoral en diciembre de 2015. Aquello me llevó a la convicción de que aquel tipo era indigno del cargo al que aspiraba, que carecía de la decencia que negaba a su adversario.

La portavoz dijo que el único doctor de nuestra historia es Pedro Sánchez. Verá, Celaá, he dado un somero repaso a Google y me salen 20 presidentes del Gobierno, que eran doctores: Suárez y Calvo Sotelo en nuestra era; en la transición, Arias Navarro y Fernández Miranda. En la 2ª República, Alcalá Zamora, Manuel Azaña, José Giral y alguien que debería de pertenecer al acervo político-sentimental de la ministra, el doctor Negrín. La 1ª República, que en siete meses tuvo tres, dos de ellos catedráticos: Pi i Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar. Y el etcétera de la Restauración.

El doctor mintió al Congreso y a Facebook, al decir que la tesis llevaba tiempo colgada en TESEO y al mismo tiempo que la iba a colgar el día siguiente, ¿cómo puede aceptarse que sea La Moncloa quien verifique la originalidad de la misma con esos precedentes?¿Necesita Sánchez pasar el turnitin para saber si hay plagio o no hay plagio?

Sabremos con precisión el porcentaje de plagio, pero no es lo más preocupante. Confío más en la calidad de las partes copiadas que en las que hayan salido de su propio magín. Lo que sí me parece curioso es que el adalid de la enseñanza pública haya hecho su tesis en la privada. En una, que por nueva y por Bolonia, necesitaba fabricar doctores como los astilleros hacían petroleros ‘liberty’ en la guerra: a uno por día. Esto tiene importancia, porque cualquier universidad pública española habría vetado a los cinco miembros del tribunal que lo aprobaron cum laude.

Desde 22 meses antes de su gran momento académico, el decreto 99/2011 regulaba el doctorado: para ser miembro de un tribunal de tesis había que tener experiencia investigadora; en la UPV, un sexenio (de investigación). Para presidirlo, dos sexenios. Los cinco del tribunal del doctor Sánchez eran inhábiles. Uno de ellos, además de la directora de la tesis, incumplía los requisitos de la propia UCJC, al haber firmado con el doctorando artículos que este incluyó en la tesis.

Yo creo que el doctor debería llevarnos a los tribunales a todos los que sospechamos de su tesis; se abrirá un proceso para desmenuzarla. De momento, lo que ha quedado claro es que su portavoz no le vale para ese cargo, pero no hay que desesperar: es una insuperable candidata para presidir su Comisión de la Verdad.

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La tesis del doctor Sánchez

“Nadie enciende una vela para ponerla debajo de un celemín”, dice el evangelio, pero eso es seguramente porque San Mateo no había tenido ocasión de conocer a Pedro Sánchez, “el doctor Sánchez”, como propone Arcadi Espada que se le llame  respetuosamente y me parece; por mí no ha de quedar.

Tuvo Rivera una mañana feliz, aunque encarrilara su intervención por derroteros alejados de la ortodoxia parlamentaria, pero el doctor Sánchez mintió en su réplica. Y el doctor Sánchez mintió para decirle al licenciado Rivera que se informe mejor: “(Mi tesis) Está colgada en TESEO. Infórmese bien porque lo está”. Ayer insistía al anunciar en Facebook que a partir de hoy estará disponible en Internet: “Para facilitar aún más el acceso a mi tesis, que ya estaba colgada en Teseo desde hace meses, se abrirá en su totalidad a lo largo del día de mañana”.

No es cierto. En TESEO solo estaba colgada una ficha de la tesis: autor, título, tribunal y una sinopsis de cinco líneas. Es, sin embargo, un acierto haberse decidido a publicarla, o por mejor decir, la corrección del error que había cometido al amenazar al diario ABC con “acciones legales” si no rectifica. Una vez llegado el asunto a los tribunales, solo tenía el doctor dos posibilidades: o envainársela y desistir o admitir que la tesis iba a ser abierta en canal por la parte demandada.

O sea, que tendremos tesis. Me alegro, yo había manifestado mi predisposición a participar con unos euros en el crowdfunding de José Félix Pérez-Orive, o sea que acceder a ella gratis me dará más gusto como comprenderán. La información de ABC, siete páginas más la opinión,  están cuajadas y su lectura es inapelable: hay plagios por lo normal, plagios en mosaico, autoplagios. Lo que define el plagio es el olvido de las comillas. Se quejaba Errejón, el becario sorprendido, de que se pueda acusar de autoplagio a alguien por haber utilizado textos suyos propios. Los plagios o autoplagios se producen cuando no se entrecomillan los textos y no se pione una nota al pie para señalar cuándo y en qué lugar fue publicado. Lo otro es hacer pasar por reflexión, que es el rasgo de las tesis, un escrito preexistente de otros o propio, tanto da. O casi.

El doctor Sánchez no hacía distingos: fusilaba todo lo que se movía: informes del Gobierno Zapatero, artículos de profesores de Cádiz, un artículo publicado cinco años antes por dos profesores de la Universidad Carlos III, estadísticas, presentaciones de Power Point, todo venía bien para el convento. La tesis del doctor Sánchez es un híbrido del melting pot y la moda patchwork.

Un año antes de su lectura, el doctor estaba muy despistado y pedía ayuda en Twitter: “Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia Económica, alguien puede aconsejarme literatura Económica para leer? Gracias”. Trece meses después ya la había leído, qué tío. “Superficial, banal e inane”, calificó Manuel Conthe, que no supo apreciar su principal virtud: su identidad con el carácter del autor. Hay que descubrirse ante la excelencia de Twitter. Después de sustituir al periodismo está haciendo lo propio con la Universidad.

 

 

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Trinos y rebuznos/Ser del montón

Pie de foto.-Montón llegando al máster

Cuando a Carmen Montón le preguntaron dónde se impartían las clases de su máster, ella respondió, con vacilaciones y dudas, que en Móstoles, municipio en el que encuentran el Rectorado y la Secretaría de la URJC, pero no las clases, que se imparten en el campus de Vicálvaro. Salió del apuro diciendo que en aquella época ella no tenía carné y que iba en taxi. ¿Cómo explicarle al taxista su destino? Puede que se tratase del legendario taxista marroquí de las Ramblas y que su clienta le dijera en catalán que estaba haciendo un máster en Estudios Interdisciplinares de Género.

Entonces el taxista la llevaba y se negaba a cobrarle la carrera. Si le llega a decir que también estaba matriculada en un máster de Empoderamiento le habría ofrecido su termo de café y la habría esperado hasta el final de las clases. Hay gente que esto no lo entiende; un suponer, Fray Josepho: “No lo sabe porque iba en taxi”, apunta irónico en su cuenta de Twitter. “A mí me pasa igual, que a veces no sé si estoy en La Sorbona o en Vicálvaro”.

Woody Allen tuvo su experiencia cuando dirigió ‘Vicky, Cristina, Barcelona”, que contó con una subvención de Roures para hacer la que seguramente es la peor película de su filmografía. Una de las protagonistas, Vicky, encarnada por Rebecca Hall, era una estudiante norteamericana de Cocina. Representantes de “las instituciones públicas” se dirigieron al cineasta para que el personaje se encontrara en Barcelona para estudiar catalán y no cocina. El resultado es que cuando la preguntan, ella responde: “Estoy haciendo un master en ‘Identidad catalana’. “Y eso, ¿para qué sirve?” quiere saber su interlocutor. “Para dar clases o dirigir un museo”, responde ella muy seria.

Coño, como el master de Montón, que también es multidisciplinar, al decir de Espada: “Un máster como ese solo sirve para trabajar en El País o para ser ministro”.

A la ministra de Sanidad le ha servido parea plantearle incertidumbres básicas, en opinión de PPRubles: “La ministra Montón hizo un master en Igualdad y sacó la conclusión e que no todos somos iguales”.

Luigi sacó en mi blog una conclusión elemental y pesimista: “Al final, Carmen va a ser del montón”.

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Pasión por la igualdad

Todos no somos iguales, dijo Carmen Montón ayer al hablar de su master. Creyó que debía poner más énfasis y lo repitió con signos de admiración: “¡Todos no somos iguales!” Para que luego digan que no hay pluralismo en el Gobierno. Me acuerdo yo de cuando Borrell goizaba de prestigio intelectual y fue entrevistado por Victoria Prego en su programa ‘Los españoles’. “¿Qué es el socialismo?” le preguntó en plan broche final. “La pasión por la igualdad”, replicó él.

Carmen Montón lleva en ese apellido un manifiesto de justicia onomástica y tiene un máster más inútil que el monumento de Fabra en el aeropuerto de Castellón, ya desde el título: ‘Master Universitario en Estudios Interdisciplinares de Género’. ¡Madre mía! Ya el nombre del constructo hace irrelevantes los papeles, los trámites, los trabajos. Pero estamos hablando de una Universidad en la que Carmen Calvo es catedrática ¡y de Derecho Constitucional! O sea que en buena ley sobraría todo lo demás.

HayPasió más. En la propia pareja presidencial, sin ir más lejos. Está sin aclarar la titulación que faculta a Begoña Gómez, la experta africanista, para impartir clases en un master. Está el máster en Liderazgo público por el IESE que Sánchez izaba en su currículum hasta su llegada a La Moncloa. Y está su tesis, ese arcano inaccesible al público votante. Uno tiene curiosidad por leer esa tesis y el trabajo de Montón y el informe monetario de Monedero. Lo que llama la atención es nadie tenga curiosidad por saber cómo sacaron carreras enteras terroristas condenados por lo suyo. Y todos en el UPV, que es una universidad presencial, no en la Universidad a Distancia. Hay docenas de casos, recuerden a Inés del Río, la primera beneficiaria de López Guerra y el fin de la doctrina Parot, matriculada con dos números de DNI, ambos falsos; Biguri Camino, que aprobó la selectividad diez años después de cursar sus estudios universitarios. Y otro tanto podría decirse de Solana, Akaiturri, Gomez, Aguinagalde y otros. Ninguno ha sido investigado, ni cuestionados sus beneficios penitenciarios por estudios que no realizaron.

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Un Gobierno patagónico

Hace algo más de treinta años me descubrió Martín Prieto en una crónica desde Buenos Aires un nueva especie de ave palmípeda, el pato patagónico, al que describía por sus andares: una pisada, una cagada; otra pisada, otra cagada. La descripción se ajusta muy precisamente a la ejecutoria de Pedro Sánchez al cumplirse sus primeros cien días de Gobierno. Incluso para él es muy difícil cometer un error de bulto cada día; hay ocasiones en que los humanos acertamos sin querer, como los relojes parados, pero Álvaro Carvajal cuantificaba ayer sus meteduras de pata, dicho sea sin connotación sexual alguna, por semanas: en las 15 semanas desde la moción de censura 15 errores.

Uno por semana, desde el nombramiento del gran Màxim Huerta como ministro de Cultura, el ministro más breve de nuestra historia, hasta la venta de bombas a Arabia Saudí que ha puesto en peligro la venta de cinco corbetas a dicho país, una carga de trabajo de cinco años para Navantia en sus astilleros de Cádiz. El Gobierno no quería vender 400 bombas a los saudíes para evitar que las emplearan contra Yemen. La gente de izquierdas no hacemos esas cosas. Habría que preguntarse cuál es la función de las cinco corbetas en la desprejuiciada opinión de Margarita (está linda la mar) y su mandante. Seguramente el comprador les había garantizado que pensaban emplearlas como atuneros en el Índico. O para la pesca de salmón en el Yemen, asunto que trata una interesante comedia sueca de Lasse Hallström de hace unos años. Todo consiste en hacerlas del tamaño adecuado para que puedan navegar por los ríos salmoneros.

La cuadrilla de indocumentados que desgobierna España no ha tenido en cuenta la primera regla del vendedor: el cliente siempre tiene razón y no hay motivo para suponer que si nos negamos a venderles una parte del contrato van a tener interés en comprarnos el resto del pedido. No sabemos si nos van a comprar las corbetas ni sabemos a qué precio, pero de momento, los trabajadores gaditanos (los de los astilleros y los de empresas auxiliares) están en un ay.

No se puede ser tan mentecato. Estos turistas del ideal creen que pueden emplear en su favor el buenismo y la superioridad moral de la izquierda.

Siempre ha sido así; en los tiempos de Zapatero, el presidente protagonizó en enero  de 2009 el programa de TVE  ‘Tengo  una pregunta para  usted’. Un joven le preguntó por la venta de armas a Israel que en aquellos días se contaba en los medios: “¿Cuántos civiles palestinos cree usted que se pueden matar con las armas que vendemos a Israel?” Y Zapatero, que era como Sánchez, pero con más gracia, respondió: “Estoy convencido  de que los componentes, el armamento  que nosotros vendemos a Israel, no se han utilizado para eso”.

Armas que no matan, hay que joderse. La malograda Carme Chacón compareció en el Congreso el 18 de julio de 2008 para anunciar como ministra de Defensa que España se sumaba al tratado contra las bombas de recimo. En abril de 2011, el New York Times informaba de que las bombas de racimo con las que Gaddafi había bombardeado a la población civil habían sido fabricadas en España en 2007. Trataron de preguntar a la ministra pero ella dio la callada por respuesta.

Esto es lo que hay y Sánchez piensa llegar en este plan a 2030. Estamos en otra semana y en buena lógica toca otra pisada, otra cagada. Está en su naturaleza. Y en sus andares.

 

 

 

 

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Trinos y rebuznos/ Contradicciones

Tengo citada en más de una ocasión a uno de mis personajes cinematográficos favoritos, el que interpreta Katharine Hepburn en ‘La fiera de mi niña. A su paso todo era caos y tal como explicaba su abogado a Cary Grant, una de sus víctimas: “Nunca entenderemos nada mientras ella se empeñe en explicarlo todo”.

Eso me pasa a mí con Pedro y sus ministras. Al final, la ministra Valerio ha encontrado a quien le metió el gol por la escuadra al legalizar el sindicato de las putas, registrado bajo el aparente acrónimo de ‘OTRAS’. Resultó ser la directora de Empleo, Concepción Pascual, que ha sido relevada de su cargo. ¿De qué manera? Hay versiones. Según el Gobierno dimitió, mientras la ministra le comunicaba su destitución.

Contradicciones. Las hay también en el fondo del asunto, en la sindicación del puterío. ¿Y este era  el partido de la extensión de derechos? No es el fornicio venal una actividad ilegal como sostiene esta tropa. El Código Penal vigente no lo registra como ilícito en ninguno de sus artículos. Sánchez debería preguntar a su suegro, si los trabajadores de la sauna Adán, que en tiempos tuvo abierta en la calle San Bernardo, estaban sindicados e inscritos en la Seguridad Social.

También sería de algún interés saber si las trabajadoras sexuales con las que los compañeros sevillanos de Sánchez se gastaron 15.000 euros con una tarjeta black de la Faffe estaban sindicadas o no. Hay en este asunto una oscura confusión entre prostitución, actividad que tal vez merezca reproche social, pero no es delictiva y trata de personas, que sí es delito y está (o debería estar) perseguida por la ley. Sería preciso recordar que Eurostat ordenó en 2014 que antes de octubre de aquel año las contabilidades nacionales de los países miembros de la Unión incluyesen en sus contabilidades nacionales los ingresos que generaban actividades alegales y aún ilícitas. Llegados a este punto es preciso rendir homenaje a la sabia aportación que Benjamingrullo rindió a la teoría económica en mi blog el pasado mes de agosto: “gastar dinero público en putas; eso es keynesianismo”.

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