Los empresarios

 

Las patronales vascas organizaron ayer un homenaje pertinente y necesario a los empresarios víctimas del terrorismo. Los empresarios mantuvieron un comportamiento ejemplar que no obtuvo durante muchos años el reconocimiento de la sociedad vasca. Socialmente estigmatizados, fueron víctimas preferentes del terrorismo junto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los militares, víctimas preferentes de atentados. A los empresarios, primero se les extorsionaba, después se les secuestraba y si sus familias no pagaban la cantidad exigida por la banda se les asesinaba.

El terrorismo costó la vida a 49 empresarios y directivos. Habían empezado a secuestrarlos durante el franquismo: Lorenzo Zavala y el empresario de la construcción Huarte, pero la organización fue aumentando la crueldad de su activismo a medida que los españoles ganábamos en libertades y en autonomía.

La primera víctima en tomar la palabra fue Cristina Berazadi, hija del primer empresario que fue asesinado después de padecer un secuestro de veinte días, cuando aún no habían pasado cinco meses desde la muerte del dictador. Ángel Berazadi era un empresario de Elgoibar y director gerente de Sigma. Era nacionalista y eso hizo que el PNV se implicara especialmente en el caso durante los días del secuestro. Arzalluz envió a negociar a dos hombres de confianza: Mikel Isasi, miembro del Gobierno vasco en el exilio y Gorka Agirre, sobrino del lehendakari José Antonio Aguirre y responsable de Relaciones Externas. Por parte de ETA el negociador era Eugenio Etxebeste Arizkuren, Antton, que habría de ser después jefe operativo de ETA. Apala determinó el fracaso de las negociaciones con una frase terrible: “Tiradlo a la basura”.

Allí cerca estaba el zulo en el que Arnaldo Otegi y otros mantuvieron secuestrado al empresario Luis Abaitua, director de la empresa Michelin en Vitoria durante diez días, hasta el 1 de marzo de 1979, fecha en la que se celebraban en España las primeras elecciones legislativas, menos de tres meses después de la aprobación de la Constitución. Hay que leer el impresionante reportaje de Leyre Iglesias sobre este hombre y el suplicio al que estuvo sometido, con el relato de su hijo sobre el hecho de que sus secuestradores jugaban con él a la ruleta rusa.

Arnaldo Otegi había sido un terrorista pertinaz desde muy joven. Ahora ha protestado por no haber sido invitado al acto de Confebask ayer en el Palacio Euskalduna de Bilbao. “Somos la segunda fuerza política de este país”, ha explicado a todos lo que han querido oírlo. Él y toda su tropa son una cuadrilla indigna de estar ayer en aquel acto. Cristina Berazadi, Andoitz Korta, hijo del empresario Joxemari Korta, presidente de Adegi, la patronal guipuzcoana en el momento de su asesinato; Iñaki García Arrizabalaga, hijo del delegado de Telefónica en Guipúzcoa, asesinado por los Comandos Autónomas y Martín Ceballos, cuya empresa fue atacada con bombas en cinco ocasiones no necesitaban la presencia de Otegi, un tipo que jamás ha condenado el pasado de ETA, el suyo propio, que ni siquiera fue capaz de esbozar una mueca de pesar por el asesinato de Fernando Buesa. Los empresarios vascos necesitaban un reconocimiento social, un agradecimiento a su papel en Eukadi, un homenaje de la memoria colectiva.

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Si esto es un juez

Se llama Joaquim Bosch Grau, de profesión juez. Fue portavoz de jueces para la democracia entre 2012 y 2016. En la actualidad es portavoz territorial de Jueces para la Democracia en la Comunidad Valenciana. También es el cómplice jurídico de las fantasías periodísticas de Javier Ruiz en La Cuatro. Era admirable verle ayer mismo admitir como una posibilidad perfectamente legal el fraude de ley de que la Forcadell, esa sujeta, convoque el lunes a la Junta de Portavoces del Parlamento de Cataluña para convocar un pleno, cualquier pleno. No podría ser para declarar la independencia porque sería ilegal, pero Ruiz y Bosch admitían como la cosa más natural del mundo convocar un pleno para hablar del estado de las cosas, y después, sobre la marcha, cambiar el orden del día e incorporar la declaración de independencia. Y Bosch, que no debe de saber lo que es fraude de ley lo daba por bueno y sostenía que el Gobierno no podría hacer nada en ese caso.

La primera de las capturas muestra su rechazo al escrache que un grupo de enmascarados hicieron ante el domicilio de la vicepresidenta de la Comunidad Valenciana, Mónica Oltra. Se nota que le puede la pasión. O la incompetencia sintáctica, una de de dos. “Irrumpir con máscaras intimidatorias ante un domicilio con menores”, escribe el pollo. Verá, Bosch, ‘irrumpir ante’ es una expresión imposible, porque el verbo irrumpir es definido por del DRAE en su única acepción como “entrar violentamente en un lugar”. Habría sido correcta la expresión ‘irrumpir en’. Dentro, fuera, es de Barrio Sésamo.

En el segundo tuit muestra más claridad de ideas al poner el acento en distinguir el domicilio de la vicepresidenta de la vía pública en la que se amontonaba la chusma de Podemos. Ante la casa de la vicepresidenta. Y no hay lugar para la chanza. En aquel momento, Soraya Sáenz de Santamaría se encontraba en casa en compañía de su madre y de su bebé, de dos años de edad*. Y sí, manifestarse ante una vivienda, señalando a su inquilino (sé dónde vives) es violar  su intimidad. Me gustaría saber qué opina Mónica Oltra de los escraches que ella y su partido convocaron ante las viviendas de Rita Barberá (sin que hubiera sido condenada) y de Francisco Camps (después de haber sido absuelto por el caso de los trajes). Claro que a ella le mostraron desde la calle una bandera española y cantaron el himno nacional y una famosa canción de Manolo Escobar, lo que sin duda constituye una amenaza grave.

No hay más remedio que preguntarse si este tipo tiene la ecuanimidad que debe tener un juez. Y temblar si a uno le toca comparecer en su juzgado. El CGPJ, ¿no tendrá nada que decir en casos como este?

*Ayer, en la COPE dije que se encontraba con su suegra y su hijo de cuatro años. la propia vicepresidenta me hizo llegar una nota con la precisión que digo.

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Un 155 mínimo

En la víspera del día D, la Guardia Civil detuvo al tipo que dio una patada en la cabeza a un guardia civil caído,  en una de esas gestas que tanto emocionan a Pablo Iglesias. El joven está acusado de delitos de atentado a la autoridad y resistencia, desobediencia y amenazas. El detenido se lamentó ante los agentes que el hecho le iba a perjudicar en su intención de opositar a una plaza en los Mozos de Escuadra. ¡La Naranja Mecánica! Es una anécdota esperanzadora. El detenido cree que su patada va a ser un inconveniente más que un mérito para ser parte de la tropa de Trapero.

El que fuera director de The Guardian hace veinte años, Peter Preston, apenas tardó ocho días en percibir las mentiras de Puigdemont y su tropa y que los 893 heridos que contabilizó el consejero de Sanidad, Antoni Comín, eran solo dos, que las fotos de los heridos eran de otras ciudades, otras épocas ¡y hasta otras policías! Que los dedos rotos uno a uno, de la concejal de ERC que él dio por fracturas, eran una simple capsulitis.

Su padre, Alfonso Carlos, confundía el Partido (comunista) con la Iglesia (católica), al Che con Jesucristo y a sí mismo con el Che. Tengo una memorable intervención suya en la que contaba una charla con el obispo Méndez Arceo y Ernesto Cardenal. Comín sometió a la consideración de sus contertulios un borrador que había escrito durante la noche y Cardenal le dijo: “Es perfecto. Parece inspirado por el Espíritu Santo”. ¿Qué diría aquel pobre hombre de ese salvaje magreo a la verdad que es el procès, de ese atentado masivo contra el octavo mandamiento (no mentir)?

Basta leer las cartas cruzadas entre el jefe de los golpistas y el presidente del Gobierno. La sintaxis es una cuestión moral, lo dijo Valery, y bien se ve que ese tipo está ayuno de una cosa y otra. La respuesta de Rajoy tal vez pudo producirse antes, pero nunca es tarde, es impecable y ya estamos en vísperas de que el Consejo de Ministros aplique el 155.

El PSOE, tan fiel a sí mismo, tan desleal con los españoles, quiere una aplicación del 155 “muy, muy limitada”, según enfatizó José Luis Abalos. Supongo que el Gobierno también quiere una intervención limitada. Yo mismo quiero una aplicación pequeña del controvertido artículo. ¿Y eso qué es? Pues la intervención mínima compatible con la eficacia. Es decir: que controle los desmanes de la Generalidad y que se acabe imponiendo la ley. Hay dos palancas con las que hacer avanzar este propósito: el control de las cuentas de los golpistas, que Montoro ya debe de tener a punto de caramelo y el control de la seguridad en sentido amplio. En sentido estricto, asumir el mando de los Mozos. Hay quien se hace ilusiones con un plante de los funcionarios afines. No hay caso, es prácticamente seguro que querrán cobrar a fin de mes.

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Trinos y rebuznos. Entre la impunidad y el martirio

Pie de foto: los Jordis, triunfadores sobre un coche de la Guardia Civil desguazado por su chusma. ¿Qué es sedición, me preguntas?

En la noche del lunes, apenas se tuvo conocimiento de la prisión sin fianza para los Jordis, Virginia Gutiérrez colgó en su cuenta Twitter (@virginiaG68) un trino soberbio, que expresaba el sentimiento de una notable mayoría de los españoles, incluidos, naturalmente, los catalanes: “El discurso del Rey. El 8-Oct. Los Jordis. La alegría es un gota a gota”.

Estamos condenados a recibir las buenas noticias en dosis pequeñas, no en grandes chorretadas. Por eso celebramos la prisión de los jefes de la chusma contenidamente, que es como celebran los pobres su magras alegrías, lamentando lo de Trapero.

García Domínguez (@jg_dominguez) se hacía una pregunta retórica: “¿Qué sentido tiene quitarle el pasaporte a un ciudadano de la Unión Europea?” Y en otro tuit se constaba con una dosis considerable de sentido común: “En vez del pasaporte podrían haberle retirado la pistola”.

Mientras CarlosB. (@carbarvi) barruntaba malos tiempos: “La cosa se pone fea en Cataluña, hasta los líderes de #ANV y #omnium cambian su sede a Madrid”, Asinvamos (@carmenadenoche) impartía una lección de geografía: “Los nuevos paisos catalans: Barcelona, Tarragona, Lérida y Chirona”.

En la parte de los rebuznos se imponían los roznidos pusilánimes: no cabrearles que es peor. Jordi Évole tuiteaba: “De error en error hasta el desastre final”. Y Dani Mateo, otro que tal: “Meter en la cárcel a Cuixart y Sánchez es encender definitivamente al pueblo catalán. Error tras error”. No hay contraste empírico. La mesa nacional de HB detenida en pleno y nadie dijo nada. Convocaron una huelga general que fue un fracaso rotundo. En 2003 fue ilegalizada Batasuna y Arnaldo Otegi fue a la cárcel.

El héroe de la Diada, de las abuelas que hacían cola para hacerse selfies con él. ¿Cómo comparar a los Jordis con este tipo? Pues la última vez cumplió más de seis años de cárcel y una inhabilitación que aún dura y el pueblo vasco no se encendió en absoluto. La cultura catalana está demasiado influida por el calçot y por las preocupaciones religiosas, habría dicho Camba. Los delincuentes que pagan son semillero de mártires. Presos políticos: los dos Jordis, el Pujol Ferrusola, Alfon, Bódalo. Bah, la impunidad es un vivero para el fomento de la delincuencia.

 

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Parecidos razonables


 

 

 

 

El sujeto del centro se llama Marcel Mauri, es periodista, hombre de confianza de Oriol Junqueras y ha sido designado presidente de Omnium Cultural en sustitución del encarcelado Jordi Cuixart. Verán que físicamente es un híbrido entre el Recluta Patoso de ‘La chaqueta metálica’ en la primera foto y el personaje protagonista de ‘LOs Soprano’ que interpretaba con solvencia James Gandolfini. El procés siempre imitando al arte.

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No cabe la impunidad

 

El encuentro de Cebrián y Pedro J. fue un momento casi mágico de la recepción de los Reyes el día 12; Los dos se quedaron junto a la puerta del salón H, donde nos estabularon a periodistas y a otras gentes de mal vivir. Tengo que decirle a Cayetana que no se deje tentar por la ironía en estas cosas, que Madame Rigalt no se la entiende y aprovecha para acusarla de marquesa.

Juan Luis y Pedro J. se hicieron fuertes en la entrada, cada uno junto a una jamba, componiendo una imagen fantástica, dos leones que no pueden ni verse, como los de la entrada del Congreso. Para entrar había que saludar a uno de los dos, o a ambos.

Solo se hablaba de lo que iba a pasar el lunes. A las diez comparecen Trapero y los Jordis y expira el plazo del requerimiento a Puigdemont para que explique: si quiso decir que sí o quiso decir que no, y si está dispuesto a volver a la ley. Si esta insuficiente criatura tuviera el cuajo de los Corleone, respondería que sí, pero que solo fue una cuestión de negocios. Claro que para eso debería tener otro nivel, otro código moral, tendría que ser capaz de asumir la responsabilidad por lo hecho y pagar por ello.

Pagar por lo que se ha hecho es fundamental, no todo es posible cuando Puigdemont vuelva a mandamiento: el diálogo y un pelillos a la mar. La gente de cierta edad recordamos el golpe de estado anterior, hace 36 años y el pacto del capó, aquella impunidad para la clase de tropa y la discreción para llevarse detenido, fuera de las cámaras, al cabecilla de la rebelión. No se puede negociar con el cabezón del golpe.

El presidente del Gobierno formuló con precisión el requerimiento como medida previa y preceptiva para la aplicación del artículo 155, pero la idea de que el Gobierno de la Nación negocie con el jefe sedicioso es una idea que repugna a la razón, y es tanto más absurda cuanto que los golpistas solo admiten dialogar para que el estado acepte sus exigencias máximas.

Rajoy debería reflexionar sobre la causa de que Ciudadanos se dispare en las encuestas entre 17 y 26 escaños y supere a Podemos, que perdería 15 ó 16. Una ciudadanía cabreada considera que el joven Rivera interpreta como nadie el discurso del Rey que tanto gustó a la peña, por más que fuera aprobado por el Gobierno. Mariano Rajoy ha elegido como socio a Pedro Sánchez, el de la reforma constitucional. Necesitamos una reforma, pero no la que reclama Sánchez, sino la que devuelva al Estado las competencias educativas con que la Generalidad practica la pederastia emocional e intelectual en su sistema educativo. A partir de ahí se podría negociar, pero con otros interlocutores, mientras estos rinden cuentas ante la justicia. De momento, atentos a las medidas cautelares que puedan aplicarse hoy al guardia Trapero (de Emaús) y a los dos Jordis. A ver si hay suerte.

 

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Txema Agirre Larraona

 

Ahora que de casi todo hace veinte años, escribió Jaime Gil de Biedma, adelantándose a su tiempo como solía. Hace tres meses cumplimos veinte años desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que nos hizo a todos más adultoscasi sin enterarnos. Ayer se cumplieron otros veinte del asesinato de Txema Agirre, un agente de la Ertzaintza de 35 años, nacido en Zalla, casado y con un hijo. Eran poco más de las cuatro de loa tarde de aquel 13 de octubre, en que se estaban preparando todas las medidas para la inauguración del museo Guggenheim que iba a tener lugar cinco días más tarde con la presencia de los Reyes de España y el presidente del Gobierno.

El ertzaina Agirre sospechó de una furgoneta Ford Transit de color blanco, de la que bajaron tres maceteros de cartón piedra y comprobó que la matrícula no estaba entre la autorizadas a descargar y ser informado por la central de la Policía autonómica de que tampoco coincidía con el vehículo y correspondía a un coche robado días antes. El agente les dio el alto y fue el momento en que el etarra Eneko Gogeaskoetxea le disparó un tiro a bocajarro. Él y los dos terroristas que lo acompañaban echaron a correr hacia el centro de Bilbao. Su compañero de comando, Kepa Arronategi, fue detenido apenas a 200 metros, mietras el asesino material pudo huir, hasta 2010, año en que fue detenido en Cambridge, donde llevaba una existencia plácida con su familia. El tercer miembro del comando no ha llegado a ser identificado.

“Siento lástima por el ertzaina y siento lástima por el asesino”, dijo el entonces presidente del PNV en una formulación insuperable de la acracia sentimental que siempre ha practicado el nacionalismo. ¿Puede haber una equidistancia más radical entre las víctimas y los asesinos que la que reparte así sus penas entre los primeras y los segundos? Txema Agirre era de familia nacionalista y estaba afiliado a ELA.

La manifestación que siguió al asesinato de Agirre en Bilbao fue multitudinaria. No tanto como la que tres meses antes había reclamado la libertad y la vida de Miguel Ángel Blanco, pero si fue más silenciosa. “Se notaba que en esta la gente era de Bilbao”, comentaban en tono aprobatorio dirigentes del PNV. “Bakea behar dugu” (necesitamos la paz) decía la pancarta que encabezaba la marcha, eslogan que tenía más de súplica que de exigencia radical, aunque aun en esa perspectiva era incompleto. No decía qué estaban dispuestos a dar a cambio.

El caso es que los sindicatos más representados en la Ertzaintza no consideraron honrada la memoria de Aguirre en su 20 aniversario, ni por las instituciones ni por el Guggenheim, razón que les sobraba. Para más inri, la consejera Beltrán, el alcalde Aburto, el diputado Rementeria y el director Vidarte convocaron a cencerros tapados un segundo duelo hora y media después, para honrar a todos los caídos en estos 20 años, 45, por infartos, enfermedad, accidentes o cualquiera otra razón.

Tenían razón los sindicatos, aunque no toda. ELA publicó una esquela en los periódicos tras el asesinato de Agirre. “Falleció”, decía sin explicar la causa de la muerte ni dar pistas sobre sus autores. El mismísimo secretario general Elorrieta había llamado “el accidente, o como se le quiera llamar, de Itsasondo”, al doble asesinato por Mikel Otegi, de sus afiliados en la Ertzaintza Iñaki Mendiluze y José Luis González.

Ahora, que de casi todo hace veinte años, escribió Gil de Biedma y veinte años no es nada, había escrito mucho antes Gardel, sobre todo para los pueblos con memoria de pez.

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La historia y las fechas

En esta semana clave para nuestra historia, las redes sociales se han adueñado del relato. El vicesecretario general del PP, Pablo Casado, había hecho unas declaraciones sobre el momento histórico y la tentación Puigdemont de declarar la independencia. Quiso hacer una advertencia sobre el precedente histórico, “el 83 aniversario de la declaración de independencia por parte de Companys. Creo que la historia no hay que repetirla, esperemos que mañana no se declare nada. A lo mejor, el que lo declare acaba como el que lo declaró hace 83 años”.

Casado debió considerar que Companys no declaró la independencia, sino “el Estat catalá, dentro de la República Federal española”, que es una cosa distinta. Por otra parte lo que le pasó hace 83 años fue que diez horas después de su balconada se rindió al general Batet y fue a parar a la cárcel. En junio del 35 el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República, (antecedente del actual T.C. pero con más hormonas) lo condenó a 30 años de prisión. Fue liberado por el Frente Popular y volvió a presidir la Generalidad desde donde, tal como contaba Alatriste en un tuit, tuvo tiempo de cepillarse a un montón de gente: 8.129 ejecuciones sumarias desde julio del 36 hasta febrero de 1939.

Todos los fans de la guillotina han repetido que Casado quiere fusilar a Puigdemont, donde se ve que el fuerte de los chicos de Podemos (y las chicas) no son las relaciones causales. Aquí, un trino de Casado puso las cosas en su sitio: “Solo he dicho que Companys fue encarcelado por tu admirada 2ª República”.

¿Qué querría decir “acabarás como Dencás?” ¿qué huirás por las alcantarillas o que palmarás en Tánger por causas naturales 32 años más tarde? ¿O decirle a Trapero: “acabarás como Pérez Farrás”? Pérez Farrás era el mayor de los Mozos de Escuadra y el 6 de octubre de 1934 incurrió en rebelión militar y alta traición. Por eso fue condenado a muerte por la República, pena que le fue conmutada por el presidente Alcalá Zamora. ¿Es posible que estos botarates de Podemos crean que Franco condenó a muerte a Companys por haberse levantado contra la República? No puede haber tanto gilipollas en España, créanme. Ni siquiera en el grupo parlamentario de Unidos Podemos. Aquí hay mucha impostación.

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Flor de Pingus

Mi amigo José Antonio Zorrilla se me ha presentado hoy en casa a la hora de comer. Estaba convenido que yo le prepararía callos y morros de ternera a la riojana, plato que a los dos nos gusta mucho y en cuya preparación tengo bastante buena mano. “Yo llevaré el vino”, había dicho con aire de autoridad. “¿Rioja o Ribera?”, preguntó, lo que, teniendo en cuenta con qué nos enfrentábamos como pièce de résistance, dije que mejor un vino con cuerpo, quizá un Ribera y se me presentó con lo que ven aquí. No tengo palabras. Qué comida y qué bebida.

 

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8 de octubre en Barcelona

Quizá el momento más feliz de la gran manifestación de ayer, además del extraordinario discurso de Mario Vargas Llosa, fue el triple agradecimiento de Albert Rivera: a Puigdemont, a Junqueras y a la CUP, por haber unido a los españoles. Era un démosle la vuelta a su miserable discurso: Puigdemont es una fábrica de españoles.

Probablemente hizo falta el disparatado referéndum y la huelga general para que en estos días se hayan visto más banderas españolas de las que se habían visto nunca en Cataluña. Bueno, desde la muerte de Franco. Seguramente ha hecho falta la coordinación de esfuerzos de toda esa chusma para que un personal con déficit de autoestima se viniera arriba y proclamara sin complejos una actitud que mantuvieron oculta durante décadas: Ya no me callo. La manifestación de ayer va a tener un efecto efecto exterior. Las imágenes desmentían esa sinécdoque que los nacionalistas suelen ensayar con éxito. Desde ayer, ya no podrán decir “los catalanes” con tanta desenvoltura y tanto sentido de la propiedad. Hubo también banderas españolas en Bruselas, París, Ginebra y Londres.

Era una multitud orgullosa de sí misma la de ayer en Barcelona contra los mantras que el nacionalismo ha impuesto en el lenguaje político español: el diálogo y la mediación, dos ideas imposibles, se mire la cuestión por donde se mire. ¿Qué diálogo, qué mediación cabe articular en una oferta sin alternativas: referéndum sí o sí? ¿Qué mediación cabe entre dos puntos que son el mismo?¿Por qué lo llaman diálogo cuando quieren decir negociación?

La cosa viene de antiguo. Gemma Nierga en el funeral de Ernest Lluch, al rematar un comunicado pactado hasta las comas con la morcilla del diálogo: “Ernest habría intentado dialogar hasta con la persona que lo mató. Ustedes que pueden, dialoguen, por favor”. Era una estupidez, y además falsa. Lluch no trató de dialogar; más bien quiso escapar de Krutxaga y Gª Jodrá entre los coches del aparcamiento, aunque sin suerte. El sábado hubo manifestaciones de españoles para pedir diálogo, todos vestidos de blanco, que es el color de la bandera de la rendición, tal como aprendimos en el cine de John Ford.

Fue sorprendente la ausencia ayer de Pedro Sánchez, a pesar de que uno de los oficiantes, tras Vargas Llosa, era el marido de su presidenta, Josep Borrell. Fue una manifestación grandiosa. Como todas las de su género, la del 12 de julio de hace 20 años en Bilbao, no sirven para convencer a los asesinos o a los golpistas, solo para que la gente de bien se reconozca en las calles y sepa que esas calles son suyas, un espacio para la convivencia y no para los desmanes de la chusma.

Los delincuentes que gobiernan Cataluña harán su declaración de independencia. Después del discurso del Rey y lo de ayer, solo falta que el Gobierno decida poner algo de su parte. No son irresponsables como decía Rajoy en días pasados. Tienen una responsabilidad que está bien definida en el Código Penal. Ese es el ámbito del diálogo ahora mismo.

 

 

 

 

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