La corrupción del PP y solo del PP

Hoy, en mi columna de El Mundo

Hoy arranca en el Congreso la comisión Bárcenas, vale decir, de la corrupción del PP. Sus declaraciones serán decepcionantes para la oposición y un suspiro de alivio para el partido que lo tuvo como tesorero. El PP, minoría en el Congreso, llamará en justa represalia al Senado a los tres partidos de la oposición: PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Parece razonable. Teodoro León Gross publicó el sábado aquí una pertinente columna que podría resumirse en su primera y última frase: “Este no es un país de políticos corruptos, sino un país de corruptos”. Efectivamente. Yo recuerdo una anécdota de los años 80, cuando el entonces secretario de Estado de Hacienda, José Borrell, requirió los servicios de un fontanero. El operario reparó la avería y preguntó al cliente: “¿Con IVA o sin IVA?”

Así son las cosas y así han sido históricamente. La corrupción llegó a tener su gracia: en el siglo XVII se llamaba picaresca y está en la base de nuestro siglo de oro literario: Rinconete y Cortadillo, el Buscón Don Pablos, El Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache, etc. Ahora no tiene ni pizca, aunque tampoco sea una seña de identidad de lo español, por mucho que Pablo Iglesias haya acuñado una falacia feliz: “El PP es el partido más corrupto de Europa”. Tal simpleza fue adoptada con entusiasmo por el nuevo, ma non troppo, líder de los socialistas españoles.

Vayamos por partes, que el arte de la comparanza tiene sus complejidades. Hace ya muchos años que yo, turista de la Revolución de los claveles, me traje de Lisboa un ejemplar del semanario trotskista ‘Sempre fixe’, con una entrevista a Ernst Mandel, economista y dirigente de la 4ª Internacional. Mi amigo Pablo López Blanco y yo mismo lo tradujimos y lo publicamos en dos entregas en ‘El Norte de Castilla’. Recuerdo su titular: “Los maoístas portugueses son los izquierdistas más estúpidos del mundo”. Está claro que aquel hombre no había podido conocer a Pedro Sánchez, ni a su socio de Podemos.

O sea, que todo depende de con qué lo comparemos. Ningún partido español puede medirse con el PSF, Henri Emmanuelli, qué gran tesorero; el Crédit Lyonnais, qué gran estafa, y aquel primer ministro, Pierre Bérégovoy, que se suicidó en 1993, disparándose en la cabeza con la pistola que le quitó a su escolta. Era un héroe de la Resistencia y amigo personal de Mitterrand y se sintió acorralado al saberse que había recibido un millón de francos del empresario Pelat para comprarse un apartamento. Hubo un tiempo en que los corruptos sentían como una vergüenza insoportable el conocimiento público de lo suyo.

Ahora ya no es así. Cada partido tiene su afán, de ahí que Iglesias considere ejemplares a todos los corruptos y delincuentes de su cuerda, corruptos antes de tocar pelo: admiraba a Maduro, el político más corrupto de América, un sátrapa manchado de tortura y de la sangre de sus oponentes, Echeminga frente a las Seguridad Social, la juez canaria con el socio de su novio, Errejón en la Universidad de Málaga, Mato y Mayer con el Open de Tenis, Monedero esbirro teórico de la dictadura venezolana, la trotacapillas de la Complutense, Bódalo, feroz apaleador de sus adversarios y de personas preñadas (©Carmen Montón), Alfon y su carga de explosivos, Cañamero, salteador de fincas y supermercados, el rastas que agredía a policías, Espinar, piso black, and so on.

Todos los partidos tienen su carga. Todos quiere decir todos y no hay esperanza de regeneración cuando lejos de considerarla una lacra letal para el sistema, la conciben como una oportunidad, una herramienta contra el partido del Gobierno, que también ha incurrido, por supuesto.

 

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Pedro en la República Plurinacional de San Marcos

Pedro Sánchez Pérez C. ha asombrado a propios y extraños. Ahora es más que nunca Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza que decapita a su paso a todos los barones que se encuentra, no importa el coste. Ximo Puig y Lambán van a ser los próximos, habida cuenta  de que Susana Díaz (vale decir Andalucía) es un bocado muy grande para él y la dejará estar. No importa que la desestabilización de los dos citados vaya a suponer riesgo de inestabilidad para las comunidades de Valencia y Aragón. Él piensa en términos pequeños, como su rencor y aunque su única preocupación es la Moncloa, tiene una inmediata: vengarse del 1 de octubre de 2016 y de sus compañeros de partido que lo descabalgaron. Sin cabeza venía ya de casa: era un santo cefalóforo, por supuesto laico.

En su anterior reencarnación como secretario general, dio tempranas muestras de lo suyo, cuando abogó por eliminar el Ministerio de Defensa en entrevista con Rafael J. Alvarez. O cuando se mostró partidario de hacer funerales de Estado a las víctimas de violencia machista. Ahí estaban su incapacidad y su falta de sentido común. Pero a los españoles nos cuesta reconocer lo evidente. Ha tenido que volver con sus fuegos de artificio sobre el CETA, pasar del sí al no y a la abstención para que ese modelo de gestión y de intelectualidad alternativa que es su presidenta del PSOE diga ahora que lo que digan los sindicatos

Sin embargo, su modelo político estaba diseñado por Woody Allen en ‘Bananas’, un año antes de que naciera Pedro. El presidente de la República de San Marcos anunció un programa realmente de izquierdas en el video que da pie a este comentario:

“Escuchadme: Soy vuestro nuevo presidente. A partir de hoy el idioma oficial de San Marcos será el sueco. ¡Silencio! Además de eso, todos los ciudadanos de San Marcos deberán cambiarse la ropa interior cada hora y media. La ropa interior deberá llevarse por fuera para que podamos comprobarlo. Además, todos los niños menores de 16 años tienen ahora  16 años.” 

La prueba del nueve de lo que le espera a este Partido Socialista es la inasequibilidad al ridículo de sus afiliados en todos los niveles. Con una muy honrosa excepción: José Luis Corcuera Cuesta, que no pudo con ello y tramitó su baja en la organización del PSOE de Portugalete en la que estaba inscrito.

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El zote y el CETA

Publicado hoy, en mi columna de El Mundo

Pablo Bustinduy es el responsable de Internacional de Podemos. O sea, el homólogo de Iratxe García en la formación morada. Es, además, hijo de Ángeles Amador, ministra de Sanidad en los estertores del felipismo, lo que hace de él un personaje esencial de Podemos, el pretexto que tiene el PSOE para explicar su voluntad de pacto con la banda de Pablo. Lo había argumentado Borrell: “porque muchos de nuestros hijos están ahí”. En esto, como en tantas cosas, cherchez la femme. Que en el caso que nos ocupa es la presidenta del PSOE. El presidente consorte del nuevo socialismo perdió una gran ocasión para añadir: “ya lo sé, los hemos educado mal”.

Los socialistas españoles están algo confusos. Se comprende. Después de haber votado a favor del tratado de la UE con Canadá, la presidenta Narbona, lo que tiran los hijos, anunció en su cuenta de Twitter que iban a retirar su apoyo al CETA. La portavoz independiente Robles quiso matizar, anunciando que el partido tomaría una posición en la reunión de la Ejecutiva del lunes, después de hablar con los agentes económicos y sociales, pero no parece que Margarita sepa por donde sopla el aire.

Un experto que nos visitaba ayer, el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros trató de explicarle el tema al secretario general con toda la politesse de la que es capaz un francés: “Hay que saber conciliar ser de izquierdas con ser creíbles como alternativa de Gobierno”, pero a su anfitrión debió de parecerle un pensamiento muy complejo, porque le explicó su decisión de abstenerse. Pudo Moscovici contarle la experiencia vivida por el PSF para que fuese tomando nota, “regardez Benoît Hamon”, pero no lo hizo.

La ciaboga de Sánchez no ha bastado para satisfacer a Podemos. Al joven Bustinduy le parece insuficiente todo lo que no sea parar el tratado, algo que está por encima de sus posibilidades parlamentarias. La diputada socialista Soraya Rodríguez, que había defendido con pundonor y conocimiento el CETA frente a una enmienda de Podemos hace un mes, está perpleja al ver que su partido se ha pasado al grupo de los que “atacan al CETA con eslóganes”, según sus propias palabras. Los europarlamentarios socialistas españoles suman la estupefacción a la vergüenza. Hay que ponerse en su lugar y coincidir con todos los detritus de Europa: Nigel Farage y Cinco Estrellas, la extrema derecha italiana, IU, Podemos, Bildu y el Frente Nacional de Marine Le Pen. Joder qué tropa va en el carro de Pedro Sánchez y a ver cómo sobrellevan esto los 14 socialistas, que agacharán la cabeza frente al resto de los socialdemócratas en Estrasburgo: 192. Lo que antes podían temerse los más avispados de ellos en la intimidad de sus escaños ahora ha pasado a ser de dominio público. Sánchez ha levantado la pancarta para pregonarse. Es un incapaz tan corto de luces como largo de ambiciones a punto de afrontar otro esfuerzo, la segunda tarea que le ha puesto Iglesias: “Digamos ‘no’ al techo de gasto”. Como diría el divino marqués: “Ánimo Pedro, un esfuerzo más si quieres ser republicano”.

 

Abstención es abstención

Mi comentario de las 8:15 en Herrera en COPE.

 

Después de haber hecho del no la piedra angular de su edificio conceptual, Pedro Nono se ha hecho posibilista. “No es no” ha dejado de tener vigencia para virar hacia el Abstención es abstención, ¿qué parte de la abstención no han entendido? Desde que este chico ganó las primarias a la secretaría general su partido ha tenido que hacer frente a dos asuntos y en los dos ha optado por la abstención.

La primera fue la moción de censura planteada por Pablo Iglesias contra Mariano Rajoy. Es verdad que esta le venía dada y que Podemos la había planteado contra el PSOE, pero al abstenerse negaba la línea mayor de su oposición a Rajoy, que era para él la versión dos punto cero del infierno que definía el catecismo del jesuita Ripalda hace cinco siglos: “El conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno”. En la práctica, las cosas no son como las ve Pedro Sánchez y en la moción de censura había un mal peor que Rajoy: investir a Pablo Iglesias.

Los socialistas han vuelto a abstenerse, después de haber pasado en 48 horas por el sí al Tratado y por el no. Se trata de caerle bien a Iglesias sin arriesgarse contra la Unión Europea y la opinión internacional. Doble error: a Podemos no le vale la abstención y a la Unión, ahí está la advertencia de Moscovici: “hay que conciliar ser de izquierdas y ser creíble”.

Pedro no es creíble y por eso va a fracasar en el empeño que anunció en su discurso del Congreso: “El PSOE pone rumbo a la Moncloa”. La candidata a primera dama les decía el año pasado a sus amigas: “Nos vemos en Moncloa”. Me parece a mí (y se teme Moscovici) que no va a poder ser.

 

 

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Pedro

Comentario de las 8:15 en Herrera en COPE

Como es costumbre los miércoles, ayer hubo en el Congreso sesión de control al Gobierno. El asunto tenía interés, porque sirvió de estreno en su cargo a Margarita Robles, la portavoz de Sánchez en el Grupo Parlamentario socialista, que preguntó al presidente del Gobierno sobre su valoración de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la amnistía fiscal. En torno al mismo asunto tuvo más interés la comparecencia en Comisión del artífice de la misma, Cristóbal Montoro.

Pero Margarita Robles estaba de estreno y aquí nos perecemos por las novedades, aunque estén muy vistas. No fue espectacular, ya digo, pero la portavoz tiene estudios superiores y eso se nota. Que no guardara memoria de las dos amnistías del PSOE antes de incorporarse el Gobierno de Felipe González no es muy relevante. Hace de la última 26 años y la desmemoria que está en la base del sanchismo hace tabla rasa de lo que votaron 24 horas antes en el Congreso, el tratado de Libre Comercio de la Unión Europea con Canadá, el llamado CETA.

Toda la socialdemocracia europea había apoyado el tratado, como el propio PSOE la víspera en la Comisión de Exteriores del Congreso. Sólo tiene la oposición de los populismos de extrema derecha y extrema izquierda y ese espécimen mutante que se llama Pedro Sánchez. Hay que leer la justificación de Cristina Narbona* para comprender la marcha hacia la nada del PSOE. Y todo para complacer a Pablo Iglesias. El zote del CETA sigue al zote de los azotes. Esto es la caída libre.

*Cristina Narbona fue ministra de Medio Ambiente con Zapatero. Durante algún tiempo tuve la impresión de que podía ser una mujer inteligente. Era un prejuicio machista; pensaba eso porque era la mujer de Borrell. Su ejecutoria, los trasvases, las desaladoras, no han podido dejar un balance más pobre: No la salvó la epistemología. Ella achacó los incendios de Galicia en 2005 al “terrorismo medioambiental”. En el verano de 2004 posó con las demás ministras para la portada de Vogue en la entrada de la Moncloa. La recuerdo sentada en un canapé, con la mano descansando sobre la piel (la Venus de las pieles). Preguntada por el tema dijo que no se trataba de pieles, que eran acrílicos. “¡Cómo acrílicos?” respondió airada de directora de la revista, “Martas cibellinas”. Era una simple anécdota, pero ya auguraba lo que había de venir después. La simulación, el tartufismo, la mentira y el disimulo. Ahí estaba todo ya.

Cristina, la presidenta de Pedro, es la segunda por la izquierda.

 

 

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Pedro vuelve al Congreso

Hoy, en mi columna de El Mundo

Tardaremos mucho tiempo en saber cuánto va a costarnos el nuevo PSOE y el nuevo, ma non troppo, liderazgo de Pedro Sánchez a su frente. Pedro es como es y eso es ya un hecho irremediable. Tampoco tiene arreglo la tropa que ha elegido para lo que él considera su camino hacia la Moncloa. Esa experta en política internacional que considera un gran socialdemócrata a Helmut Kohl. Esa Adriana Lastra, que tiene su modelo territorial en la República Plurinacional de Bolivia y considera que mientras España es un Reino, Asturias es un Principado, dos formas alternativas de Gobierno.

Hay que joderse. Cualquier persona normal habría empezado a considerar que había cometido un error de graves proporciones al ver en los telediarios las declaraciones de los suyos. Pedro no. Ayer se coló en calidad de visitante al Congreso para encabezar el Grupo de su partido. No hubo sorpresas. El secretario general sigue enredado en su empeño de batallar contra “un gobierno que ampara, que permite, que facilita la corrupción, la impunidad, la falta de ejemplaridad en la política española”. 

Decíamos ayer que Pedro trata de recuperar el tiempo perdido en la moción de censura que no pudo capitanear. De ahí que siga los pasos del candidato y promotor de la misma. Pablo Iglesias encabezó la intentona, no contra Rajoy, sino contra el líder del PSOE. Él creía que iba a ser Susana y no; fue Pedro, un error, uno de tantos. En consecuencia, Pedro  se ha enzarzado en singular batalla, pero no contra Mariano Rajoy, sino contra Pablo Iglesias.

Uno de los pocos atractivos que tienen los plenos del Congreso es la dialéctica parlamentaria del presidente. En la pasada moción de censura tuvo también su punto Albert Rivera, que vapuleó bastante a Pablo Iglesias, por no hablar de la verdadera revelación, que no fue la nínfula de Podemos, musa de columnistas de la tercera edad, sino la diputada Oramas, a quien le bastaron siete minutos de tribuna para destrozar al candidato. 

Rajoy cometió un error al empeñarse en contestar al candidato y a la portavoz. Él debió reservarse para Iglesias y soltar a la vicepresidenta contra Irene Krupskaia. Soraya podía cumplir un  papel que a él le estaba vedado, como a Hernando, mientras ella tenía bula de género. Como Cayetana anteayer en estas páginas, como Cristina Seguí cuando el verano pasado afeó a Montero su impasibilidad ante el deseo expresado por su novio de azotar a otra Montero hasta hacerla sangrar, sin decirle: “oye, idiota, tú no le azotas a nadie más que a mí.”

Si hablamos de esto en tono tan campanudo no tiene sentido ir más allá. Contraproponer otros ejemplos éticos y estéticos, esos espejos de virtudes cívicas que fueron Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía 19 años, del PSOE durante otros 12, y José Antonio Griñán, que lo sucedió en la Junta un cuatrienio y en el PSOE dos años más. Ambos están procesados  en el caso más grande de corrupción en términos cuantitativos y más alargado en el tiempo: el de los Eres. Y en su partido ejerce de pregonero de virtudes un incapaz sin ningún tipo de control interno. Pobre PSOE y pobre España.

 

 

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Un Gobierno Frónkonstin

Hoy, en mi columna de El Mundo

No tengo para olvidar la actuación de Patxi López en el debate de las primarias: “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” Fue evidente que no, y es de aplaudir que ahora haya incorporado a alguien que se lo pueda explicar. A Patxi le bastará cambiar los signos de interrogación por otros de admiración: “Pedro, ¡tú sabes lo que es una nación!”

Sánchez ha hecho una Ejecutiva numerosa como un comité central del PCUS, pero hueca como su discurso de ayer a mediodía, una réplica al de Iglesias en el Congreso. Su discurso era la intervención que no pudo hacer en la moción de censura.

Sacó adelante la plurinacionalidad Si ya se liaba con una nación imaginen el cacao que debe de tener con 17. Si esa extravagancia fuera capaz de calmar los pruritos del secesionismo catalán, será incompatible con la soberanía nacional (art.1.2 de la C.E.) y si defiende el concepto de soberanía no satisfará a los separatistas.

Amontonó citas y referencias: Willy Brandt y Txiki Benegas, Pedro Zerolo, Peces Barba y Carme Chacón, Bob Dylan y la Revolución francesa en una intervención bastante inane. Felipe había saludado ¡por plasma! desde la lejana Colombia y todos los secretarios generales pasaron del mitin de clausura del 39º Congreso: Felipe, Almunia, Zapatero y Rubalcaba.

Hablaba para un partido a la altura intelectual y política de su líder. Iratxe García, responsable de Política Internacional había escrito de Helmut Kohl, “gran socialdemócrata, gran europeísta… Una importante pérdida”, error disculpable, si bien se mira. Margaret Thatcher, qué gran líder laborista.

Meritxell Batet, explicaba su concepto de nación en gran entrevista de Leyre Iglesias: “Bueno el mío es dependiendo del contexto en el que hablemos”. Todo estaba ya en Zapatero: “la nación es un concepto discutido y discutible”. A ver, siempre me ha parecido un buen personaje ‘San Manuel Bueno, mártir’. No le afearé yo su agnosticismo, o el relativismo a Zapatero, pero hay dudas que no se pueden sostener en el púlpito si eres el párroco, ni en la política si eres el presidente del Gobierno, ni en el chiste de Eugenio si eres el director del colegio. Meritxell, mi Meritxell, llevó la grosskoalition a su dormitorio: 11 años con un marido del PP. Esto no sé si se puede decir, pero no será tan grave como escribir “la novia de Pablo”, que como todo el mundo sabe fue elegida portavoz por los círculos de Podemos. Me acojo en todo caso a la excepción que nuestra pequeña Krupskaia estableció al citar dos veces a López del Hierro como “el marido de la ministra de Defensa”.

Adriana Lastra, la número Dos, ayuna de estudios y de cotizaciones a la Seguridad Social fuera del partido. Luego está lo del número Tres, que el sábado explicaba en estas páginas que “La política consiste en hacer posible lo imposible”. La cuadratura del círculo. Y cuando le preguntaba Luis Sanz por la posibilidad de que el PSOE promueva lo que se temía C’s, ‘un Gobierno Frankenstein’ respondió: “Frankenstein está muy asociado al horror. Para horror el que él (Rivera) mantiene con el Gobierno de Rajoy, No estamos por un Gobierno Frankenstein ni por uno de otro tipo, del conde Drácula, vaya”. No es por el horror, sino por el patchwork, mi admirado Ábalos, y el invento no es de Rivera, sino de Rubalcaba. Pero a lo que cabe esperar de Pedro y la cuadrilla le vendría mejor el nombre de “Un Gobierno Frónkonstin”. A la hora de robar el cerebro para ponerle al monstruo, a Aigor se le cayó el del sabio y se apañó con uno etiquetado ‘A Normal’. Esa es la cosa.

 

 

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Pederastia

Pablo Iglesias recibió un vídeo de un acólito descerebrado, en el que, su propia hija, una niña de entre cuatro y seis años, se declaraba fan de Podemos. El secretario general colgó el video en su cuenta de Twitter con la leyenda: “Muero de amor con este video”.

Al Varón Dando le faltaba este toque de pederastia. De su misoginia hay testimonio en aquella conversación en Instagram con Monedero:

P.I.-No me gustan los niños ni la familia, ni pasear por el parque, ni vestir bien, ni que me paren las viejas, ni que franquistas asquerosos me digan ‘olé tus cojones y con la política de mayorías me pasa lo mismo que con el sexo de mayorías: no me la pone dura.

J.C.M.-Díselo a la Mariló. Después, claro, de llamarla Marilú. Y hacer un chiste sobre las galletas.

P.I.-La azotaría hasta que sangrase. Esa es la cara B de lo nacional popular: un marxista algo perverso convertido en un psicópata.

No hay palo de la perversión que se le resista. Después del sadismo le faltaba, como diría el divino Marqués un esfuerzo más para poder ser republicano, se apuntó a la alcahuetería al ofrecer su despacho a la diputada del PP Andrea Levy para intimar con el podemita Miguel Vila. Su sentido del parlamentarismo le lleva a eso, a convertir el Congreso en un meublé, en el que él, naturalmente, ejerce de madama.

Y ahora lo de esta pobre niña, que bastante desgracia ha tenido con un padre gilipollas que la adoctrina como si fuera norcoreana o una aprendiz de pionera castrista y a la que ni dlm progenitor A, ni el supremo líder se han molestado  en pixelar los rasgos faciales.

¿Alguna perversión más, Pablo? Quizá algo en el género piscícola…

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Restos del pasado esplendor

 

Esto que ven aquí constituía una parte importante de la célula del PCE en Sarriko en 1976, madalena proustiana que me ha enviado esta mañana mi querido amigo José Luis Curbelo. José Luis nos ha ilustrado en este blog con algunos artículos de irrebatible pertinencia sobre la Venezuela chavista, en la que vivió y trabajó durante los años 2012 y 2013 como vicepresidente de Estrategias de Desarrollo y Políticas Públicas del Banco de Desarrollo de América Latina.

Al verla no he podido evitar acordarme del actual coordinador federal de Izquierda Unida por el aquel de la comparación de niveles. Pobre Alberto Garzón, pobre izquierda española. La vida, algunas lecturas y unas pocas reflexiones nos evitaron a la mayor parte de los de la foto perseverar en el error, mientras la izquierda se quedaba en esto.

‘Esto’ al parecer es suficiente para una parte de la opinión pública española que ha descubierto en Irene Krupskaia a una magnífica portavoz de Podemos y en José Luis Ábalos a un excelente portavoz parlamentario del PSOE (Gabilondo y Anson, un suponer). Quizá sea hora de reivindicar a Antonio Hernando. No estuvo mal Ábalos, pero no fue muy consistente. Él explicó que en 1977 pertenecía al PCE y que defendió los Pactos de la Moncloa actuando como servicio de orden del partido en el que militábamos José Luis Ábalos y los de la foto, que también defendimos en aquel año los Pactos de la Moncloa, aunque las circunstancias en que lo hacía Ábalos me sorprenden.

¿Qué servicio de orden ni qué p….s en vinagre? El resto de los de la foto defendían los pactos en las aulas magnas de la Universidad del País Vasco. Un servidor, después de la legalización del partido (9/4/1977) y de la decisión de Carrillo de transformar las células en agrupaciones y territorializarlas, fue ‘territorializado’ en la margen derecha de la ría del Nervión y defendió los pactos en las sedes del partido, para explicar a la militancia su bondad y su inexorabilidad (26,5% de inflación). Es muy reconfortante saber que teníamos como servicio de orden al actual portavoz parlamentario del principal partido de la oposición. Cabe preguntarse qué habría podido llegar a ser uno de haber perseverado en el error. Inmediatamente se responde: “Virgen Santa, pobre España”, aunque en ningún caso tan pobre como la que nos van a dejar estos.

 

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La carta de Pedro

Pedro Sánchez escribió ayer en El Mundo para celebrar el 40º cumpleaños de nuestras elecciones constituyentes. Empezaré por aplaudir los aciertos, que tratándose de Sánchez es siempre un capítulo más breve. Y acierta cuando dice que aquello fue el inicio del periodo de mayor progreso que jamás hayamos conocido. “Guiados por el espíritu de la transición, conseguimos superar nuestras diferencias para construir juntos una democracia europea moderna”.

Tengo un recuerdo preciso de ese pacto. Y fotos. El 8 de octubre de 1977, Santiago Carrillo fue presentado en el Club Siglo XXI por Manuel Fraga, que arrancó diciendo: “el conferenciante que les voy a presentar es un comunista de tomo y lomo”. Fue una de las escenas más representativas de la transición: Fraga y Carrillo encarrilando a la derecha franquista y a la izquierda comunista, dos movimientos no democráticos, por la vereda constitucional. Las dos Españas se amnistiaron mutuamente aquella noche: Fraga a Carrillo por lo de Paracuellos y Carrillo a Fraga por el fusilamiento de Julián Grimau.

Lo que no se entiende es que Sánchez sea incapaz de pactar hoy con Rajoy, como Carrillo con Fraga en el 77. Él solo espera que se levanten los vetos cruzados (entre C’s y P’s) para echar a Rajoy, expresión de wishful thinking que solo puede partir de alguien que no viera el debate, el encarnizamiento con que el macho alfalfa se aplicaba contra todos sus adversarios y muy principalmente contra Albert Rivera, que en una impecable intervención dejó en evidencia su falta de rigor y conocimientos y su escasa inclinación al trabajo. Chulo, faltón, prepotente, ignorante y cursi, se recreó llamando a su adversario ‘vendedor de productos bancarios’, como si sus escraches a Rosa Díez lo avalaran en su condición de intelectual, después de llamar ‘Dustis’ a Dastis’ y Solé Turá a Jordi Solé Tura y atribuir, al igual que la Krupskaia a Eduardo Zaplana aquel “estoy en política para forrarme’ del acosador de Canal Nou, Vicente Sanz. ¿Recuerdan ustedes el caso  ‘Campeón’? Pepiño Blanco, José Zaragoza, el alcalde socialista de Lugo Orozco, el diputado del BNG Fernando Blanco y el del PP Pablo Cobián, pero la nínfula se lo cuelga todo a Rajoy ¿El caso del lino? Los 18 acusados fueron absueltos por el T.S. hace más de diez años. ¿Los trajes de Camps? Absuelto por el Tribunal de Valencia y el Supremo. Y en este plan. Pero esta parejita está unida por el rencor constante más allá de la muerte, a lo Quevedo. Bueno, igual ya no, porque mentar a Quevedo ante Tardà es buscarse líos.

No se puede comparar a Rivera con un tipo como Iglesias, a quien le da igual Margarita Nelken, la jefa del abuelo, que Clara Campoamor. Pedro Sánchez lo salvó con su llamada de ayer. Si este tuviera la memoria y la decencia de Rivera recordaría aquel Gobierno de coalición que le montó mientras él hablaba con el Rey y lo de la cal viva de Felipe. No pueden* acordar otra moción de censura, porque él no tiene escaño, pero si llegan a algún tipo de acuerdo, Iglesias se va a poner tan contento como el oso de sexualidad alternativa con la tercera visita del cazador insistente: “Tú no has venido aquí a cazar, ¿verdad?”

 * No es que no pueda. Hernández Mancha no era diputado, sino parlamentario andaluz y senador. Pero haría falta ser muy tonto para ser candidato de una moción que tiene como hombre fuerte en el Congreso a Iglesias. Hombre, yo creo que ni siquiera Sánchez.

 

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Un discurso de Moebius

Hoy, en mi columna de El Mundo

Soy un gran fan de Irene Montero. Desde ayer un poco más. Dijo lo mismo que después repetiría Pablo Iglesias, pero con más pasión y más gritos. Mal que bien hubo portavoz algo gritona en la moción. Lo que no hubo fue candidato.

La portavoz consumió dos horas largas en un discurso que era una banda de Moebius. Daba la impresión de que Irene Montero pasaba las hojas en las que lo llevaba escrito, pero era una impresión engañosa. Como la cinta de Moebius era un discurso de una sola cara. No diré de un solo borde porque tengo la impresión de que en Podemos hay más bordes, muchos más bordes.

La portavoz fue gritando su discurso de manera recurrente como las fiebres tercianas, con latiguillos y frases hechas que afloraban cada pocos minutos, que se repetían una vez y otra, trufados de lo que Orwell llamaba ‘metáforas muertas’: mirar para otro lado, choque de trenes, tender puentes y así. “No tienen ustedes un proyecto territorial”, acusó en ejercicio admirable de modestia, porque pudo añadir: “nosotros tenemos dos”, especialmente desde que sus anticapitalistas apoyan la celebración de un referéndum unilateral e ilegal en Cataluña.

No hubo mucho fundamento en su discurso, basado en datos erróneos, así cuando dijo que el Estatuto de Cataluña fue aprobado en 2006 con el apoyo del 74% de los catalanes. Solo lo votó el 36,5% de los ciudadanos. Sus fuentes de información no van más allá de Twitter, por lo que atribuyó a Zaplana la expresión “yo estoy en política para forrarme”, una reivindicación de Vicente Sanz.

Las necesidades de Podemos exigían mimar el voto femenino que parece serles esquivo. De ahí que empezara con una mención pertinente a la última víctima de violencia machista en Granada. Fue a mi entender lo mejor de su discurso. Luego vino el autobús de Rosa Parks, las cigarreras de 1834, Clara Campoamor, a la que ni ella ni su novio acaban de distinguir de Margarita Nelken, la jefa del abuelo, contraria al voto femenino y una de las figuras más sectarias que tuvo la izquierda en la República.

Volvió a aparecer Rosa Parks y el fiscal Moix varias veces y la corrupción a lo largo de todo el discurso y Angela Davis y otra vez las mujeres y el miedo tres o cuatro veces. Solo le faltó invocar a Yoko Ono, (ha sido sin querer), que tuvo una frase afortunada: “the woman is the nigger of the world”. Y habló de feminismo como concepto recurrente, ella, nombrada portavoz a dedo por su novio, que expresaba su sueño húmedo con una periodista: “la azotaría hasta que sangrase”.

Ella y su galán gestionaron la moción en régimen de gananciales. Ya puestos, el Varón Dando también se apuntó a la crítica feminista: “ustedes gobiernan contra las mujeres”. Iglesias se remontó al siglo XIX: Joaquín Costa, Pardo Bazán, Unamuno ¡y Cánovas! En sus cinco horas de intervención, ninguno de los dos parecía conocer la lógica de la moción de censura. Ella no sabía que el candidato era obligado y él desconocía que la moción es contra el Gobierno, no contra el partido que lo sostiene. O sea, desde el 30 de octubre de 2016. El presidente respondía con zumba que en los siete meses que lleva investido no le había dado tiempo a hacer todo lo que le reprochaban. Citarle a Naseiro fue un acto de lesa temporalidad.

Ana Oramas, en dos minutos:

 

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