El rey del polígrafo

 

El viernes pasado fue un día sorprendente. El presidente Calamidad hizo uso de la prerrogativa presidencial de disolver las cámaras y anticipar elecciones para apoyar el mitin más falaz que se pueda recordar. Nunca un gobernante había  mentido tanto y tan seguido desde el primer compás, al explicar el por qué y el cómo de la moción de censura que lo empujó a Moncloa. Dijo que el PP había sido desplazado por financiación irregular y por enriquecimiento ilícito. “Partícipe a título lucrativo” decía exactamente la morcilla de José Ricardo de Prada en la sentencia de la Gürtel sobre los 245.000 euros de los ayuntamientos de Pozuelo y Majadahonda.

El sábado repitió mitin en Sevilla, justicia poética, porque el juez José de la Mata, titular del número 5 de la Audiencia Nacional, ha abierto juicio oral a 88 personas por el caso Madeja. El juez acusa al PSOE y a IU de partícipes a título lucrativo de contratos del Ayuntamiento de Sevilla, 315.000 euros. Mentía el doctor Sánchez al contar a sus oyentes la lógica de la moción de censura, que no es para echar a nadie, según dijo, sino para proponer un Gobierno alternativo, con su programa y su canesú. No hubo nada parecido a un programa en su discurso de la moción, solo la promesa de convocar elecciones, “cuanto antes, por supuesto”, para corregirse inmediatamente: “tenemos la ambición de agotar la legislatura, hasta 2020”.

Definió a la RTVE de Rosa Mª Mateo como pública, objetiva y plural, aunque dedicó el último Informe Semanal a cuestionar al Tribunal Supremo por el juicio del procés. Pregonó sus esfuerzos por el consenso y el acuerdo, él, que hizo su eslogan del ‘No es no’, y ‘¿qué parte del no no entienden?’ ¿Cómo sorprenderse de que al volver a reunirse con su cuadrilla fuera recibido con un aplauso unánime, todos en pie?¿Qué ambición tiene que anidar en el corazoncito de los suyos para no sentirse avergonzados de un tipo que acusa a la derecha de moverse por intereses partidistas, mientras él se privatiza recursos del Estado para asistir a la boda de su cuñado o a un concierto y que después de poner a Alemania como ejemplo en la moción de censura, porque allí a los ministros plagiarios se les fuerza a dimitir, hemos conocido el plagio de su tesis, ministras salaces, otras que escriben con faltas de ortografía, que crean sociedades pantalla para ahorrar impuestos y en este plan.

Para ser ministro de Sánchez no hace falta otro requisito que la fidelidad. Rosa Montero publicó una confesión estremecedora el viernes: “Sólo he votado una vez al PSOE en mi vida y fue en 1982. El 28 de abril les volveré a votar. (…) al final no se han dejado chantajear por los independentistas, como yo también temí en algún momento”.

Creo que le falla la memoria. El 24 de mayo de 1993 se produjo el primer debate televisado de la democracia española: González defendía el título frente al aspirante Aznar. En el estudio de Antena 3 yo estaba sentado a unos dos metros de Rosa Montero, que no paraba de exteriorizar su disgusto por el repaso del neófito a González, que se presentó con lo puesto, sin preparar el debate. Rosa no era una espectadora ecuánime; ella estaba por González, como yo. Ricardo y Nacho publicaron aquellos días una viñeta a la que podría haberse acogido, ambos como boxeadores en un ring. Cuando el árbitro dice la frase de rigor: “Que gane el mejor”, el público responde a coro: “¡Nooo!¡Que gane el otro!”

No es exacto que no se dejara chantajear por los golpistas. Sánchez aceptó mansamente el documento de las 21 exigencias de Torra. Pudo haber dicho, un suponer: “Oiga, mire lo que se le ha caído”. Los ciudadanos tuvimos noticia del asunto porque lo filtró el chantajista, no por las protestas de virtud del chantajeado. Fueron los independentistas los que rompieron al dejar caer los presupuestos.

 

 

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Por San Prudencio

 

La fecha señalada era el 28 de abril. El presidente del Gobierno anunció ayer que se acabó lo que se daba y se rindió a la evidencia: compareció en La Moncloa  para anunciar que no había presupuestos para el año 2019 y que, en consecuencia, procedía que él hiciera uso de la prerrogativa que le confiere el artículo 115.1 de la Constitución Española para disolver el Congreso y el Senado con el fin de anticipar las elecciones legislativas  al próximo 28 de abril.

Es lo que hay. El presidente Calamidad podría haber dado a conocer su decisión en medio folio, pero evidentemente era un formato demasiado estrecho para su ambición, así que convocó a los medios para montarse un happening a la altura de su ambición. Fue un mitin absolutamente inadecuado y sin precedentes democráticos: un presidente democrático expresándose en un ámbito institucional como un dirigente de partido. No hay que escandalizarse demasiado por ello; Pedro Sánchez  se ha explicado en los últimos meses más como un portavoz de sí mismo que como un portavoz socialista.

La secretaria general del PSE-PSOE, Idoia Mendia, ha tocado a rebato a todos los progresistas para que el 28 de abril pongan fin a la deriva de quienes prefieren el caos institucional y político desde las derechas o desde el independentismo. Extraordinario asunto; Mendia celebró la víspera de Nochebuena con una cena perpetrada en compañía de dos líderes independentistas, Andoni Ortuzar y Arnaldo Otegi y un mediopensionista, Lander Martínez. Mendia seguramente no se acuerda, porque ella no era parlamentaria por aquel entonces, pero Arnaldo se era el líder batasuno que no fue capaz de expresar sus condolencias a los parlamentarios socialistas aquel 22 de febrero de 2000 en que su portavoz, Fernando Buesa Blanco, fue asesinado en compañía de su escolta en un atentado de la banda terrorista ETA.

El PNV no era partidario del adelanto electoral. Ellos eran partidarios del modelo Sánchez, cuya esencia consistía en cobrar dos veces: una al PP por aprobarle los presupuestos y otra al PSOE por votarle la moción de censura contra Mariano Rajoy una semana después. El asunto es que las transferencias pendientes que habían sido acordadas como parte del pago a los nacionalistas vascos pueden quedar pendientes a partir de la disolución de las cámaras. Es lo que hay, no se puede tener todo. Para más inri, el 28 de abril es la fiesta de San Prudencio, patrón de Álava. Aitor Esteban, el del tractor, no acaba de concebir esa razón. En su opinión, hasta el mismo San Prudencio todo es toro y  no hay que perder la esperanza de recibir transferencias hasta el mismísimo 28 de abril.

Urkullu ha dicho que “el recurso a la convocatoria de elecciones sin responder a los problemas políticos, institucionales, territoriales, económicos y sociales solo sirve para aplazar las soluciones”. No es que esté desencaminado, pero parece que habría un problema aun más  grave en el empeño de mantener la legislatura con una minoría de 84 escaños sobre un total de 350.

Todos están preparados, incluso el portavoz de Elkarrekin Podemos, Endeka Larrea, que declara que él y los suyos están preparados para ganar otra vez las elecciones. En fin, a quien le importa, como cantaba Alaska.

 

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Connivencia o ruptura


El letrado Van den Eynde
 que tiene encomendada a sus competencias jurídicas la defensa de Oriol Junqueras, afirmó con mucho remango el día de las cuestiones previas que los tertulianos de la tele no creen que haya delito de rebelión en los hechos que en estos días se están juzgando en el Tribunal Supremo. Debería haber citado como testigos a algunos de ellos. Ya que el tribunal declinó la propuesta de convocar a Chomsky, podrían haberse hecho un apaño con Elisa Beni, Pilar Rahola y Bea Talegón.

Junqueras y Forn declararon ayer ante el Supremo. El que fue vicepresidente de la Generalidad y su consejero de Interior encarnaron dos estrategias antagónicas posibles en un juicio, descritas ambas por Jacques Vergès en ‘Estrategia judicial en los procesos políticos’: la estrategia de connivencia, que tenía como arquetipo a Alfred Dreyfus, el procesado que acepta las reglas del juego y reconoce la legitimidad del tribunal, frente a la estrategia de ruptura, en la que el acusado cuestiona al tribunal y se erige en fiscal del Estado que lo juzga. Jacques Vergès, amigo de Pol Pot, defendió a los mayores hijos de puta del siglo XX este mundo, Klaus Barbie o Carlos, el Chacal, por poner dos ejemplos.

Forn Chiariello, quizá por su carácter mestizo optó por la connivencia, mientras Junqueras, catalán puro, optó por la ruptura: se negó a responder a nadie que no fuera su abogado, mientras Forn aceptó responder pastueñamente al fiscal. A Junqueras, que se considera un preso político, le gusta España, el ramalazo del exotismo, ‘Spain is different’, según el eslogan de Fraga cuando pastoreaba el Ministerio de Información y Turismo, años 60. Oriol Junqueras se confrontaba con el espejo y notaba más proximidad con Francia: “Los catalanes tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles”. Él se parece más a Shrek, pero se siente más parecido a Alain Delon, el nacionalismo es en esencia un subjetivismo extraordinario.

Junqueras pasó de los hechos a las musas y se montó un mitin con la colaboración muy meritoria de Andreu van del Eynde, que le hizo en todo momento las preguntas adecuadas, justo al revés que Carlos Alsina a Torra que se empeñó en hacerle las que no tocaban. Él, que es hombre de conocimientos difusos, patinó e insistió en que sus cómplices son presos políticos, consideración que hace de sí mismo el antiguo vicepresidente, ignorando la diferencia básica. Presos políticos son los condenados por delitos que no lo son fuera de las fronteras  del país en que se cometen1. El nacionalismo vasco ha incurrido en este error de paralaje. En el franquismo había presos políticos; eran los afiliados al PNV, al PSOE, al PCE; bastaba cruzar los Pirineos para comprobar que miembros de partidos homólogos a los citados, llevaban un vida perfectamente legal, tenían sedes abiertas y participaban en elecciones. Los presos de ETA no eran presos políticos. Aunque cruzaras los Pirineos, matar a un gendarme era asunto tan mal visto como matar aquí a un guardia civil. Sin ir tan lejos, ¿a que Junqueras no monta un patín como el del 1 de octubre en el Rosellón? Es de temer que la sentencia se lo va a explicar con más rigor a Junqueras que a Forn, ya lo verán.

 

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Trinos y rebuznos/ Lo de Sánchez

Pedro Sánchez había sido definido por Pablo Casado con 19 descalificaciones: traidor, felón, ilegítimo, chantajeado, deslegitimado, mentiroso compulsivo, ridículo, adalid de la ruptura en España, irresponsable, incapaz, desleal, catástrofe, ególatra, chovinista del poder, rehén, escarnio para España, incompetente y mediocre.

Casado exagera, sin duda. Hay dos o tres que no son adecuados y otros cinco o seis que parecen redundantes. El aludido tiene otra valoración de sí mismo y de la España que encabeza:“Ni unos ni otros han entendido lo que supuso la moción de censura: la puesta en pie de una España moderada, cabal y progresista que quiere conquistar su futuro y no regresar al pasado”. Quiénes son los unos y quiénes son los otros, habría que preguntarse, aunque eso ya lo había dejado claro Juanjo Millás, protoevangelista de Zapatero, son las dos Españas: “Por una parte, la España satinada, sutil, sedosa, limpia y optimista de las ocho ministras que posaron de forma absolutamente discreta para Vogue”y por otra“la España casposa, cutre, maloliente, meapilas, inculta, tétrica, antigua y funeraria”. O sea, Rajoy.

Almudena Grandes, directora consorte del Cervantes, no se deja comer el poncho por Millás y aprovechó la presentación de un libro en Sevilla para dar rienda suelta a sus fantasías:  “cada mañana fusilaría a dos o tres voces que me sacan de quicio”. Ella misma había fantaseado con la violación de una monja: “¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos? En 1974, al morir en su cama, recordaría con placer inefable aquel intenso desprecio, fuente de la suprema perfección. Que la desbeatifiquen, por favor”. Todo porque esta criatura había confundido un aviso de San Juan de la Cruz copiado por la madre Maravillas con una ensoñación sadomasoquista de la monja.

 Visto así es hasta cierto punto natural su juicio sobre la concentración de la plaza Colón: “Desde el franquismo irredento hasta los skins racistas, hacía décadas que no asistíamos a un desfile tan espeluznante de todas las familias del fascismo español”. Almudena, qué gran madrina para el sanchismo, qué sectarismo tan puro. Qué fobias tan acabadas.

 

 

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E l felón y su modelo

El último monarca de Portugal, Manuel II, tenía que recibir a un embajador sudamericano llamado Raúl Porras y Porras. El ayuda de cámara del Rey le hizo saber con alguna timidez el nombre del visitante, ya que Porras es en portugués vulgar Pollas. El Rey notó la incomodidad de su asistente y respondió: “Bueno, lo que molesta es la insistencia”.

Algo parecido me pasaba a mí con la retahíla de calificativos que empleó Pablo Casado para referirse al presidente Sánchez: “felón, traidor, incapaz, incompetente, mediocre, mentiroso compulsivo, ilegítimo y okupa”, entre otras lindezas, sustentadas en los hechos, todas y cada una de ellas, pero hombre, la insistencia… Hace unos años escribí que Zapatero había sido el peor gobernante español después de Fernando VII y Largo Caballero. Pedro Sánchez ha superado de largo a Zapatero y a Largo y se mide de tú a tú con Fernando VII, el Rey Felón, sin que sus circunstancias de Gobierno puedan compararse.

Los historiadores son unánimes y faltones al enjuiciar al Rey al que también llegó a llamarse ‘el Deseado’, los españoles, a veces, son así. Era “un tipo sin escrúpulos, vengativo y traicionero”. También cobarde. Traicionó a su padre, Carlos IV y lo hizo dos veces: en el complot de El Escorial que fracasó, a finales de 1807. El felón escribió una carta abyecta al Rey en estos términos: “Señor, papá mío: he delinquido; he faltado a Vuestra Majestad como Rey y como Padre, pero me arrepiento y ofrezco a Vuestra Majestad la obediencia más humilde.” Luego denunció a todos sus cómplices. Carlos IV le perdonó (no hacerlo le saldría mucho más caro), pero él insistió unos meses más tarde, en el motín de Aranjuez, que este sí le salió bien, aunque duró apenas dos meses. Por la senda constitucional o por el absolutismo su único deseo era la permanencia en el poder. (¿A qué me sonará esto?)

Hay que leer las memorias de Napoleón en Santa Elena para calibrar la bajeza de este rey, que le pedía al emperador que le buscara esposa, además de escribirle cosas como la que sigue: “Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M. el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos”. Y todo en este plan, para terminar con la vuelta al absolutismo y las tres guerras carlistas.

Ayer se produjo una reacción contra nuestro presidente más felón. Hubo mucha gente, 45.000 según la Delegación del Gobierno, quizá asesorada por Tezanos, 200.000 según los organizadores. Lo de Colón fue un clamor, aunque también en el manifiesto compartido por tres portavoces hubo insistencia, especialmente por María Claver que le acusó de haber cedido en los 21 puntos de Torra, lo que no era cierto: sólo le dejó creer a Torra que los negociarían.

Qué papelón para el PSOE. Los socialistas de hoy van a soportar mal el día de mañana la pregunta de sus hijos: “¿Y tú qué hacías durante el sanchismo?” No todos podrán responder con la dignidad de José Luis Corcuera: “Compré una bandera española y me fui un 10 de febrero a la concentración  de la plaza de Colón”.

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Sánchez acusa el primer golpe

Por mucho que pueda extrañar al personal este fin de semana sigue siendo noticia Pedro Sánchez. Esta mañana vendrá al B.E.C. con el fin de ungir a Alfredo Retortillo como candidato a la alcaldía de Barakaldo. Que venga un tipo como el doctor Sánchez a decir: “este es mi candidato muy amado en quien tengo puestas todas mis complacencia” y no sé si es una buena noticia para Retortillo, pero en los términos convencionales en que transcurre la vida partidaria, hay que considrar que s í, que es buena noticia para el candidato y también para Idoia Mendia.

El Consejo de Ministras de ayer puso punto final a la negociación  con los separatistas. Se acabó la propuesta del relator que tanta incomodidad había causado en el socialismo clásico. Quién necesita un relator, se preguntaba Felipe González, mientras John Müller decía que España ya tenía uno, que era el juez Llarena.

Cristina Pardo definía al relator como en individuo necesario para mediar entre la Carmen Calvo del miércoles y la que compareció ayer, viernes al final del Consejo. Entre las dos Cármenes Calvos  hay al menos tanta diferencia como entre el Pedro Sánchez que no era presidente y el que ya lo era. No hay color. Lo del relator ha fracasado por lo que suelen fracasar todas estas cosas, por la falta de un acuerdo elemental sobre el significado de las palabras. Los golpistas querían un mediador internacional, mientras Carmen Calvo quería dejarlo en un relator, o sea, alguien que ordena el debate, propone temas, toma notas, etc. Para eso está el Parlamento, decía Felipe González, que era exactamente lo mismo que le respondía el doctor Fraude a Puigdemont en octubre del 17. La misma opinión manifestaba esta semana el portavoz socialista en la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo y todos los barones que en el mes de mayo tendrán que enfrentarse a las elecciones autonómicas.

Las mesas de partidos, por otra parte, tienen un inconveniente: nunca traducen las preferencias de los ciudadanos con la misma fidelidad que los grupos parlamentarios. ¿Qué mejor relatora para ordenar el debate que la presidenta del Congreso Ana Pastor? Basta compararla con esa criatura de Lombroso que preside el Parlamento de Cataluña para comprender lo que quiero decir. Por otra parte, la mesa de partidos tiene precedentes. Entre nosotros, el proceso de paz de Zapatero, organizó una en Loyola, de la que nos salvó Josu Jon Imaz y en parte Rodolfo Ares, mucho menos dados ambos a las fantasías que Jesús Eguiguren.

El caso es que ayer el Gobierno dio por acabadas las tonterías, la mediación internacional, la autodeterminación, abandono de la vía judicial, desfranquización de España y otras tonterías por las que la vicepresidenta, a parecer, no está dispuesta a pasar. Seguramente tampoco por el cuestionamiento de la figura del Rey. Basta con echar una ojeada a los 21 puntos que le había entregado Quim Torra a Pedro Sánchez, sin que el gobernante invitado se lo devolviera con un gesto de asquito: “Perdone, se le ha caído esto”. Los 21 puntos son la expresión de un delirio, que ni siquiera sirve para apaciguar a la bestia. El PdeCat presentará su enmienda a la totalidad a los presupuestos, como ERC. Carmen Calvo les advierte, mucho ojito, que si no nos aprobáis las cuentas tendréis que negociar con los convocantes de la manifestación de mañana, vosotros veréis.

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Formas literarias

Ayer, a la hora de dar forma literaria a esta columna me encontré con Irene Lozano, una vieja conocida hacia quien tengo algún motivo de reconocimiento. Ella dio forma literaria hace siete años a una reseña muy favorable de mi libro sobre el zapaterismo, en la que escribió que aunque no éramos exactamente amigos (“un amigo es aquel a quien le cuentas que has matado a una persona y te ofrece ayuda para deshacerte del cadáver”) no descartaba la posibilidad de que cuando nos encontráramos para discutir sobre el libro acabara buscando “otro lugar más donde se pueda ocultar un cadáver”.

Me encontré dos veces con ella. La primera, en un seminario de FAES. La segunda, en una presentación de Rosa Díez en una campaña electoral junto a David Gistau. Después de su aventura política en UPyD, a la que puso punto final entregando el acta de diputada la misma mañana en que ella y Pedro Sánchez anunciaban su fichaje por el PSOE. Fue como número cuatro en la lista por Madrid en las elecciones de 2015, lo que provocó un considerable revuelo en las filas del PSOE. Ella desistió de figurar en la lista de 2016,-ir del corazón a sus asuntos, llamaba el poeta a este viaje sentimental-. Según parece, su actividad principal fue “dar forma literaria” a grabaciones  de las charlas mantenidas por ella con su mentor socialista. O sea, escribirle un libro.

No dudo que la de Irene será una aportación literaria que ennoblecerá la biografía de Sánchez como escritor. Bastará con compararlo cuando se publique con su tesis doctoral, no digo más. ‘Manual de resistencia’ se titula la obra que ya desde el título combina la vocación memorialista  con la de guía para la acción. Inadecuadamente para mi gusto. Al tener conocimiento del título me vino a la memoria un libro publicado hace tres años por mi amigo Luis Martín Arias en Valladolid: ‘Contrapolítica. Manual de resistencia’. Era el libro de un resistente de verdad: desde la dictadura franquista hasta ahora mismo.

Salvo que el título sea una aportación personal de Pedro Sánchez, mientras se miraba al espejo, espejito mágico, Irene debió rechazar la ocurrencia. “Mira, Pedro, no es lo mismo resistir que aguantar”, razonamiento sencillo que incluso él pudo entender sin necesidad de bajar a los detalles en las explicaciones. El doctor Sánchez se ha acreditado como un aguantador de primera. “Aguanta más que la sábana de abajo”, diría de él Carlos Herrera, pero no se puede llamar resistente a un tipo que como suele decir Joaquín Leguina de tipos como él no han llegado a cotizar seis meses a la Seguridad Social.

Sánchez ha vivido toda su vida colgado del presupuesto. Ahora conocemos a su negra y sabemos aproximadamente cómo la pagó, con ese dinero público que no es de nadie, al decir de su vice. Cesó a Espinosa de los Monteros de un cargo que desempeñaba gratis et amore, alto comisionado de la Marca España, para sustituirlo por Irene, secretaria de Estado de la España Global, que ganará un pastón y tendrá coche oficial.

Uno de mis sueños más recurrentes era que llamaba a Irene Lozano para pedirle que me ayudara a esconder un fiambre. Ya no podrá ser, pero Irene no ha perdido el tiempo. El doctor Fraude se está quedando con el cadáver de España entre las manos y ella le está ayudando a darle sepultura.

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Trinos y rebuznos/ Almodóvar, avestruz

Tengo con Pedro Almodóvar una relación ambigua. Desde ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, más gracia y desparpajo que otra cosa, le he visto crecer y madurar como cineasta. Con algunos altibajos notables, a ver si creemos que estamos hablando de Clint Eastwood, que por cierto, también tiene alguno.

Valga esta introducción para explicar que no tengo contra él una animadversión general, pero él me ha convencido de que la inteligencia es un don sectorial que a veces le asiste como cineasta, pero que en otros órdenes de la vida se manifiesta como un perfecto majadero. Diré por qué. A la entrada de la gala de los Goya, él, como tantos, fue preguntado por VOX, el partido excluido de la invitación y presente en todas las conversaciones. Almodóvar respondió. “Ese partido de tres letras, yo he decidido no hablar de él. Le niego la existencia”. Joder con el demiurgo, pensé, pero de pronto recordé algo familiar en el estilo. Hace unos años decía lo mismo de Franco: “Cuando hice mis primeras películas en 1980, tenía como norma no citar a Franco. Negaba su existencia. No era falta de memoria, sino que me parecía la mayor de las protestas”.

Ante todo lo que odia, Almodóvar cierra los ojitos. Sobre el franquismo lo hace cinco años después de la muerte del dictador, algo muy meritorio. Pedro Sánchez ha tardado 43. También he recordado su rueda de prensa del 16 de marzo de 2004, para presentar ‘La mala educación’. En ella deslizó un infundio: que el PP intentó un golpe de estado la noche de las elecciones que llevarían al poder a Zapatero, suprimir los comicios. No había twitter, pero el PSOE repartió urbi et orbi aquel infundio.

Almodóvar participó en la campaña zapaterista ‘Defender la alegría’ en 2008 y firmó manifiestos contra la banca. Luego supimos que su productora estaba atrapada en la estafa de Bernard Madoff. Almodóvar se consagró entonces como el brazo tonto del capitalismo financiero. Unos años más tarde, los hermanos Almodóvar aparecieron como actores secundarios en los Papeles de Panamá. En los últimos años, cada vez que salgo de ver una película de Almodóvar que me gusta se me escapa una plegaria: El Señor escribe derecho con renglones torcidos, amén.

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Rosa. rosae

Rosa María Mateo es un alma gemela del presidente Sánchez. Ambos llegaron a sus actuales cargos con equívoco temporal: Él por medio de una moción de censura que prometió provisional, para convocar elecciones “cuanto antes, por supuesto”, que viene a ser cuando se acabe la legislatura. De análoga manera nombró a Mateo administradora única de RTVE con carácter provisional, por un plazo de tres meses, hasta que se resolviera un concurso público para dotar al ente de un consejo de administración. El plazo terminó a finales de octubre, o sea que ya lleva más de seis.

Mateo es una muestra de las dotes del doctor Sánchez como ‘head hunter’. Ella era una excelente locutora que se hizo con un nombre y un prestigio. Tenía fotogenia, hermosa voz y una vocalización impecable. Pero eso era todo. Nunca se le conocieron grandes hechuras periodísticas, mucho menos méritos empresariales para dirigir una macroempresa como RTVE. Sus primeras decisiones purgaron a 70 profesionales en un plazo de dos meses, mientras aupaba a la Dirección de Informativos a Begoña Alegría, que intelectual y profesionalmente hablando, era buena chica, cualidad que no parece bastar para conseguir buenos índices de audiencia.

Los resultados no pueden ser más elocuentes: seis meses después de su nombramiento, TVE ha pasado a ser la tercera cadena en índices de audiencia por detrás de Tele-5, que  ha repetido por quinto mes consecutivo como la cadena más vista y de Antena-3, la segunda. RTVE tiene el doble de trabajadores que T-5 y A-3. Y son más caros. La pública gasta en personal tres veces más de lo que gastan en conjunto Tele-5 y A-3.

Tiene que ser un trago para cualquiera que la incompetencia en sus quehaceres se manifieste de manera tan apabullante. Por eso no es de extrañar que Rosa Mª Mateo haya intentado dimitir un par de veces, tal como contaba el ABC, pero que en ambas fue disuadida por Carmen Calvo, que es una autoridad en materia de sectarismo e incompetencia, las dos características principales que sustentan el proyecto televisivo de Mateo. Los informativos de TVE han registrado una pérdida acumulada de un millón de televidentes, una metáfora acabada del hundimiento de la España sanchista. El pasado viernes, el Comité Intercentros de RTVE aprobó por mayoría (UGT, USO y el Sindicato Independiente) de ocho votos contra dos (CCOO) y una abstención (CGT) una petición al Gobierno y a las Cortes Generales para el cese de Rosa Mª Mateo a causa de la externalización de programas, el incumplimiento de acuerdos y el desinterés de la dirección en avanzar en la negociación colectiva.

Tengo ya escrito que aprecié y admiré a su primer marido, Manu Leguineche, lo que vino a granjearme una buena opinión de aquella mujer que encarnó a la mayor parte de España cuando hizo de Marianita Pineda, leyendo el manifiesto constitucional contra el golpe del 23-F. Tengo también en muy buen concepto a Miguel Ángel Rellán, su actual compañero, que muy probablemente le haya dicho más de una vez: “pero mujer, ¿quién te mandaba arruinar una carrera profesional tan impecable como la que todos te recordábamos?¿A santo de qué te has puesto a seguir a un guía ciego?”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En la pregunta está el secreto

¿Quién dijo que el follonero no sabía preguntar?

Pasaban los minutos de la entrevista que anoche le hizo el follonero Évole al dictador Maduro, y uno se sentía como Gene Hackman en las películas de Eric Rohmer: viendo crecer la hierba. Habría pensado como John Müller, que estaba perdiendo el tiempo, pero no del todo. Después de la soflama del ‘tirano’ en La Sexta, al ‘farsante’ Sánchez ya no pueden quedarle dudas sobre la nula predisposición de Maduro a convocar las elecciones que no puede por falta de legitimidad.

El entrevistador o así le reconocía esa legitimidad y le invitaba a ejercerla: “Total a usted qué más le da?”, venía a decir, mientras le llamaba ‘presidente’ y el dictador le llamaba a él ‘Jordi’, en un colegueo algo grotesco. Entonces, ¿es que no se puede entrevistar a un dictador? Naturalmente que sí; y al jefe de una banda terrorista. Todo depende de que el entrevistador haga las preguntas adecuadas. O dicho de otra manera, que sepa distinguir una entrevista de una felación, lo que no estuvo del todo claro anoche.

Eran muchas las carencias del follonero, que hizo preguntas, pero casi ninguna repregunta. No se puede oír a un tipo semejante advertir a un presidente del Gobierno, aunque sea Sánchez, que “ojalá no salgas con las manos manchadas de sangre”, sin ponerle a continuación imágenes de los 40 venezolanos asesinados por la represión bolivariana desde el 23 de enero.

Todo estaba anunciado por la promo de la entrevista que el propio Maduro grabó y que el follonero publicitó en Twitter desde la víspera. El día que quiera pasar del espectáculo al periodismo, Évole debería considerar que si un dictador recomienda la entrevista que le has hecho, en algo has debido de equivocarte, Jordi. La entrevista fue un blanqueo.

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