Los vascos como ejemplo

 

Veníamos diciendo que el personal en el País vasco es mucho más razonable que el de Cataluña y que una de las claves es que son más capaces de aprender de sus errores, un suponer, del Plan Ibarretxe. La última oleada del Euskobarómetro, sondeo que el profesor Francisco Llera y su equipo vienen elaborando desde 1995 viene a demostrar que también saben sacar conclusiones y enseñanzas de los errores ajenos. No podía ser de otra manera; Ibarretxe es un genio si lo comparamos con Puigdemont o Artur Mas. Incluso con los dos juntos.

La oleada que presentó ayer Llera se basó en entrevistas realizadas entre el 24 de octubre y el 12 de noviembre, ‘20 días que conmovieron al mundo’ habría titulado John Reed un improbable relato suyo sobre la todavía más improbable revolución catalana. Podría decirse que los vascos miraban hacia Cataluña con cierta perplejidad y viendo la deriva que no cesa de los secesionistas catalanes se afirmaron y reafirmaron en sus mejores tradiciones. El 80% descarta que la consulta del 1 de octubre contara con las mínimas garantías para ser considerado legal y el 64% rechaza la declaración unilateral de independencia. La valoración de los Gobiernos catalán y español es manifiestamente mejorable (peor la del español) y el rechazo a un proceso como el catalán para Euskadi es radicalmente rechazado.

Los vascos siguen repartidos entre nacionalistas y no nacionalistas y esta es una división que se mantiene estable desde hace décadas, se consideran vascos y españoles, sus preferencias políticas se reparten entre el autonomismo, el federalismo y el independentismo, y muestran una fidelidad al Estatuto de Guernica, que en esta oleada vuelve a recuperar el que mostraron en el referéndum de aprobación, en octubre de 1979. El 77% se siente satisfecho con el estatuto que recupera un apoyo explícito del 53%. Los deseos de independencia quedan 17 puntos por debajo del ‘No’. La diferencia sería aún mayor en el caso de que la independencia supusiera la salida de la Unión Europea o la pérdida del mercado español. Esto ya pasaba hace tres años aunque entonces los partidarios de la independencia eran más que sus detractores, 37% contra 33%, pero ya entonces la secesión estaba muy condicionada por sus posibles consecuencias. Si la secesión supusiera la salida de la Unión, los partidarios bajarían del 37 al 32% y si pusiera en riesgo el mercado español perdería cuatro puntos más, hasta el 28%.

El político mejor valorado por los vascos en 2014 era Pablo Iglesias, el único que aprobaba, con 5,6 puntos. Tres años después su valoración ha bajado hasta 3,5, medio punto por debajo de Nagua Alba, díganme si es o no es una prueba de sensatez y si les parece que todavía no es bastante, denles tiempo para ir ajustándole la calificación. Podemos es el partido que más retrocede y el menos valorado por sus votantes. El Euskobarómetro es una llamada a la lógica y un consuelo, pero es que no hay color. Nadie se imagina a una alcaldesa de Bilbao como Ada Colau y aquí no hay políticos capaces de decir a sus votantes que una Euskadi independiente permanecería en la UE, que aumentarían las inversiones y el número de empresas. Puigdi, Junqueras, Comín, Romeva, Rovira, Rull y Turull, Marededeu!

 

 

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Y tó pá ná

No es de extrañar que el ruc català sea el animal totémico de Cataluña, visto el grado de empecinamiento que este pueblo, que a noble y a tenaz lo que le pidas, pone en sostenella y no enmendalla. Después de tanta performance como llevamos desde el 1-o y su referéndum, la huelga del día 3, los 900 heridos del chico que le quedó algo insuficiente a Alfonso Carlos Comín, los abusos sexuales de Ada Colau, la indefinición Puigdi entre sus dos posibilidades: la de disolver el Parlamento y adelantar las elecciones autonómicas, opción para la que sí estaba capacitado legalmente, y declarar unilateralmente la independencia, cuestión para la que no tenía competencias.

En realidad, las competencias de Puigdemont para casi todo eran muy tasadas y vacilantes; de ahí que nos tuviera en un sin vivir, con la tentación de las elecciones hasta que la CUP empezó a llamarle botifler y entonces se tiró a la declaración unilateral como un solo hombre. Esto es un decir, porque la declaró y la suspendió de la misma, la puntita nada más. Luego vino lo que vino: las empresas catalanas empezaron a buscar aires más saludables, el presidente Rajoy destituyó a la Generalidad, pidió al Senado la aplicación del artículo 155, disolvió el Parlament y el ex presidente y cuatro de sus ex, se fugaron para demostrar a los belgas que en lo que toca a ridiculez no tenían nada que enseñar a los políticos catalanes.

Bueno, pues después de todo y con las elecciones a seis días, no parece que hayamos tenido tanto meneo para nada. La encuesta de Sigma Dos que hoy publica El Mundo viene a aventurar unos resultados muy parecidos a los que ya teníamos. El bloque independentista que forman ERC, Juntos por Cataluña y la CUP, que en la legislatura anterior sumaban 72 escaños pueden perder entre 3 y 8 diputados, aunque en la parte alta de la horquilla se quedarían con 69, uno más de los que necesitaban para la mayoría absoluta. Se ha producido un reajuste entre ERC y el PdeCat, que ha comido a Esquerra parte sustancial de su ventaja y eso es todo, poco más o menos.

Las desgracias del llamado bloque constitucionalista empiezan por su propia inexistencia. Todos los sondeos predicen la victoria de Ciudadanos con 31-33 escaños. El PSC alcanzaría 19 o 20 frente a los 16 de la legislatura anterior y el PP perdería 3 o 4 para quedarse entre 7 y 8. O sea, que frente a los 64 escaños que sacarían los golpistas en sus expectativas más bajas, los llamados constitucionalistas se quedarían en 61 en las mejores de las suyas. Hay otros dos problemas añadidos: el primero es que los comunes jamás pertenecerían a un club que se considerase constitucionalista. El segundo es que el PSC también tendría problemas para encajar en ese bloque. Iceta no votará nunca a Inés Arrimadas. Se propone como candidato, pero no hay manera de que pueda sumar 68 escaños para armar un tripartito como el de Maragall en 2003. Y mucho menos de que Junqueras le vaya a investir a él teniendo 14 o 15 escaños más. Cataluña será ingobernable y los golpistas seguirán en lo suyo. El 155 aún tiene futuro.

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Trinos y rebuznos/ la culpa, de los jueces

La ministra de Sanidad es una mujer muy catalana como denota su habilidad para echar balones fuera en el extraordinario asunto del tesoro de Sijena. Dolors Montserrat culpa al alcalde de Lérida, el socialista Ángel Ros y al presidente de la Comunidad aragonesa, el también socialista Javier Lambán, del traslado de las piezas de arte sacro desde el Museu de Lleida hasta su primitivo emplazamiento del Monasterio de Sijena. “El PSOE tenía mucho que decir, había mucho que hablar entre el presidente de Aragón y el alcalde de Lleida, Àngel Ros, para que el Gobierno aragonés no reclamara la ejecución de la decisión judicial y esperara la sentencia del Tribunal Supremo que será la definitiva y decidirá dónde se queda y de quién son los bienes de Sijena”.

La ministra Montserrat es, por supuesto, partidaria del cumplimiento de la ley. Así lo daba a entender al retuitear a Rajoy en su cuenta de Twitter: “Sin respeto a la ley no puede haber seguridad jurídica ni libertad. En España la ley se cumple y así va a seguir siendo”. La ministra sabe, sin duda, que la clave de la devolución no es otra que la asunción de las competencias de Cultura de la Generalidad por su colega Iñigo Méndez de Vigo, que decidió acatar la resolución del juzgado de 1ª Instancia de Huesca para devolver las obras y dio las órdenes para que así se hiciera.

Uno se pregunta si lo de la ministra Montserrat es una particularidad cultural catalana. El asunto de las obras, cuadros para el pobre Rufián, viene dando vueltas por las salas de Justicia desde hace años. Ya hace dos que el Supremo (12/1/16) dio luz verde al cumplimiento de la sentencia del Tribunal de 1ª Instancia de Huesca del 15 de abril de 2015 para que se devolvieran las obras por ser nula dicha compra. Y puesta a pedir explicaciones, podría pedírselas a su compañero Méndez de Vigo cualquier viernes y no al pobre Ros, que había sido un modelo de racionalidad en las aguas revueltas del PSC, pero que en este asunto estaba mucho más de acuerdo con ella que con el presidente aragonés. El alcalde de Lérida había dado su beneplácito al 155, aunque expresó su confianza en que “no lo usen para esto”. No era para eso, sino para aplicar la ley y cumplir las sentencias, algo a lo que no estaban acostumbrados. A ver si la culpa va a ser de los jueces.

Claro que nuestra Irene tiene su punto de vista alternativo: Igual la he cagao:

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Volver a las andadas

 

Asomarse a la tragicomedia catalana produce la desasosegante impresión de que el patrón de tanta perversión es Marta Rovira. Un suponer, Antoni Castellà, ex parlamentario que perdió su escaño el 27 de octubre, cuando el presidente del Gobierno disolvió el Parlament en aplicación del 155. Castellà fue uno de los miembros de UDC que fueron expulsados y que ahora es candidato de ERC.

El caso es que Antoni Castellà explicó la cuestión a la alegre muchachada de la CUP, insatisfecha con el apaciguamiento del discurso republicano y su alineamiento en la estrategia del diálogo. Castellà trato de calmar como pudo a sus socios antisistema y como era de esperar, lo hizo mal, al anunciar que: “ERC recuperará la vía unilateral si el Gobierno no acepta el resultado del 21-D”.

Yo no sé lo que entendieron los excarcelados por el juez Llarena tras acatar el artículo en cuestión y pagar con los dineros de la ANC,-que es el de todos nosotros, y todas nosotras, por supuesto-, las fianzas que les fueron impuestas como medidas cautelares por el Supremo, pero tengo la impresión de que se equivocan en materia grave. El Gobierno aceptará el resultado de las elecciones, como no puede ser de otra manera. Después de todo las ha convocado él.

El problema es qué van a hacer los excarcelados si ganan, una hipótesis razonable, habida cuenta de que los separatistas puros sacarán ventaja a los constitucionalistas estrictos, salvo que contemos entre estos a los comunes, que sería mucho contar. La victoria de Inés Arrimadas no sería bastante para que ella presidiera la Generalidad. Es triste, pero es así la vida.

El Gobierno aceptará los resultados, pero los eventuales ganadores se verían de nuevo en la casilla de salida: podrían formar un Gobierno autonómico que estaría obligado a acatar la Constitución, so pena de volver a las andadas, a la aplicación del 155 y a cambiar los aires de Montserrat por las flatulencias de Estremera que tanto aterran al pobre Rull y por el gitano exhibicionista que le había cogido ley a Jordi Sànchez.

El magistrado Llarena lo había dejado todo bastante claro el 9 de noviembre, al decretar la libertad condicional bajo fianza de los miembros de la mesa. No descartaba su intención de persistir “y transformar la próxima legislatura en un ilegal proceso constituyente”. Recordaba que todos los querellados habían renunciado “a cualquier actuación fuera del marco constitucional”. Es lo que hay y si sus afirmaciones resultaran ser ‘mendaces’, como no descarta Pablo Llarena que pueda suceder. se podrán “modificar las medidas cautelares si se evidenciara un retorno a la actuación ilegal que se investiga”.

ERC ha vuelto a las mendacidades por vía Castellà. Sus declaraciones no tienen por qué afectar a los excarcelados, pero no se me ocurre que ningún periodista pueda acercarse a ellos sin preguntarles por el tema. Y el juez Llarena ya sabría lo que debe hacer, aunque yo ya no sé si esto bastará para convencer a Arcadi Espada.

 

 

 

 

 

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Más primarias en Posemos

Tres líderes en menos de tres años. Podemos Euskadi es desde su fundación un ejemplo de rotación en el mando, de igualdad de oportunidades en la cucaña. Fue el primero el profesor Roberto Uriarte, que fue elegido en febrero de 2015 y apenas apuró nueve meses hasta su dimisión. Uriarte, que era profesor de Derecho Constitucional de la Universidad del País vasco, era un hombre razonablemente preparado para el cargo y para competir con sus adversarios en el Parlamento vasco, aunque evidentemente le faltaba preparación para competir con el secretario general del partido, Pablo Iglesias. Uriarte dimitió de su cargo el 8 de noviembre, aduciendo diferencias de criterio con la ejecutiva nacional “en cuestiones organizativas, de discurso y de candidaturas”. Eran también desacuerdos en materia de alianzas, principalmente en la articulación de la confluencia que llevó a Equo a presentarse junto a Podemos.

Le sucedió en el cargo Nagua Alba, que estrenó secretaría general el 8 de marzo de 2016, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tenía 25 años y pertenecía al mismo grupo en el que militaba y del que era portavoz Ramón Espinar, Juventud sin Futuro. En realidad, a ambos, como a la mayoría de sus camaradas, les iría mucho mejor la marca de ‘Juventud sin Pasado’, porque a ninguno de ellos se les conocen actividades de fundamento antes de encaramarse al poder. Ninguno de los dos tenía otro pasado que sus antecedentes familiares, ninguna experiencia política, ni laboral, ni de otra naturaleza.

Nagua Alba sucedió a Roberto Uriarte cuatro meses después de su dimisión. Era, como queda dicho, el 8 de marzo y a las primarias concurrieron cuatro candidatas. Era un buen asunto de campaña y Podemos tuiteó y retuiteó hasta la saciedad un eslogan alusivo: “Un país con nosotras. Ni una menos”. Las imágenes que ilustraban el trino para subrayar el feminismo del partido eran, naturalmente, las de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Eran tiempos en que el niño de la Beca y el mando hacían pareja artística, antes de la purga en la que Pablo lo sustituyó por su novia como portavoz del Grupo Parlamentario. La novia de Pablo, se entiende, no la de Errejón. La nueva líder de los podemitas vascos fue elegida con un ardor militante bastante mejorable. La participación fue del 21,5%, de los cuales, Alba fue la más votada, con el 36%, es decir, el 7,7% de los afiliados. Cualquier partido de los que ellos descalifican con el remoquete de ‘la vieja política’, es frente a ellos un ejemplo vivo de pundonor y de activismo cívico.

Nagua anunció su intención de abandonar la secretaría a finales del pasado mes de agosto, porque no quería “convertirse en una política profesional ni hacer de la política un oficio”, que estaba “muy satisfecha con el trabajo realizado” y que consideraba “sano y positivo dejar paso a gente nueva”. ¡Marededeu, lo decía una muchacha de 26 años! Que no había conocido otro trabajo previo. El miércoles culminará el proceso de primarias que enfrenta a la antipapista Neskutz Rodríguez, de Zurekin Martxan; María Valiente, por el sector crítico de Bizkaia y Lander Martínez, el continuista que tiene mejor posición de salida. No habrá mucho entusiasmo.

 

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Bélgica, el refugio

 

Pie de foto: Joder, qué tropa. Y Egibar de refuerzo

Según estimaciones de la Policía belga, la manifestación que ayer recorrió Bruselas detrás de los golpistas registró una asistencia de 45.000 personas, cifra que desborda las expectativas de los convocantes. No sé si el ojo clínico de los belgas para evaluar multitudes comparte el optimismo que habitualmente muestra la Guardia Urbana de Barcelona, pero supongamos que no, que todos eran catalanes, expresamente desplazados para la manifestación. No cabe duda de que Cataluña viaja en Gran Confort en la opresión española. Y todo esto, ¿quién lo paga? se preguntaría un español medio, siguiendo a Pla. Pues usted, imbécil, ¿aún no lo ha entendido?

Bélgica es una guarida de delincuentes multidisciplinares en el corazón de Europa. Su Policía afina mucho contando multitudes, pero no tanto a la hora de garantizar la seguridad en las calles de la capital, donde se dan cita terroristas, filonazis y otras especialidades delictivas. No es casual que Puigdemont haya contratado como abogado al especialista que libraba a los etarras de la extradición. El barrio de Molenbeek cobró justa fama como refugio de terroristas islamistas, muy especialmente desde que el principal responsable de los atentados de París, Salah Abdeslam, se escondió allí. La Policía belga no tiene costumbre de entrar en viviendas para buscar sospechosos a partir de las nueve de la noche, pero por lo visto, tampoco acostumbra a vigilar las puertas y esto permitió escapar al terrorista.

La Policía y la Justicia belga protagonizaron uno de los asuntos político-judiciales más bochornosos que se hayan registrado nunca en la Unión Europea: el caso de Marc Dutroux, secuestrador, violador, torturador y asesino de niñas y adolescentes. Había sido condenado a trece años en 1986 junto a su mujer por la violación de cinco niñas, pero la Justicia belga le redujo la condena a tres por buen comportamiento. Investigado por el robo de coches de lujo, fue detenido, pero no hubo policía o juez que decidiera registrar su casa, en cuyo sótano la mujer y cómplice de Dutroux dejó morir en aquellos días a dos niñas por inanición.

El escándalo fue de tales dimensiones que la Gendarmería de Bélgica fue disuelta al conocerse el caso. Este es el país ejemplar para los golpistas catalanes y no les falta razón: es un buen refugio para delincuentes, con un historial de desencuentros en materia judicial que arranca desde que León Degrelle realizó un aterrizaje de emergencia en la bahía de la Concha el día en que Alemania se rindió y puso fin a la segunda guerra mundial. Desde los años 80, Bélgica ha sido refugio privilegiado y mercado de armas para el terrorismo etarra y la elección de ese estado fallido como tierra de asilo por el ex presidente catalán, no fue casual. De todos los países de la UE, Bélgica es el único en el que un presunto delincuente como el que nos ocupa puede elegir al juez. Puigdi lo quería flamenco y lo tuvo. También era flamenco el que negó la extradición de la etarra Natividad Jáuregui. Al final de la mani cantaron L’Estaca y el Himno a la Alegría, claro.

 

 

 

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Trinos y rebuznos (cara a cara)

 

Me van a perdonar que me repita, pero es inevitable después del cara a cara que mantuvieron en ‘Salvados’ Inés Arrimadas y Martita Rovira, moderadas por Jordi Évole, o como decía con atinado trino Pastrana: “Muy interesante el debate de anoche entre Arrimadas y Évole, moderado por Marta Rovira”. Tenía yo escrito hace dos semanas que si estuviera censado en Cataluña votaría a Inés Arrimadas y explicaba las razones: por descarte y en legítima defensa.

La cosa no empezó bien. El moderador les hizo unas preguntas previas, “¿Cual es la tasa de paro en Cataluña?” y al primer tapón, zurrapas. “En torno a un 19-20%”, respondió Arrimadas. A su contraria debió de parecerle que estaba muy puesta y dijo: “estoy de acuerdo, pero la economía catalana tiene indicadores muy positivos”. “Es el 12,5%”, aclaró el periodista, que también hizo su aportación al conjugar un subjuntivo: “si se produciese”, mientras Inés hablaba de “recopilar más impuestos”, por recaudar, y Marta denunció ‘el feminicidio’ como ‘una chacra’, voz quechúa que significa granja o alquería, y no ‘lacra’ como ella parecía creer.

Feminicidios, dijo Martita, aunque esto no se lo debería tener en cuenta, porque se lo he leído a periodistas de cierto prestigio. ¡Hasta la RAE incurre! El prefijo no viene de ‘homo, hominis’, hombre en latín, sino del griego ‘homós’, que quiere decir ‘igual’. ‘Homogéneo’ quiere decir del mismo género, no del género masculino, ni del género tonto aunque muchos (y muchas) lo parezcan. ‘Homosexual’ es quien manifiesta preferencias por personas de su mismo sexo. O sexa. Las lesbianas no son femisexuales y homicida es el que mata a un semejante, no específicamente a un hombre.

A partir de ahí, Inés barrió a su adversaria y al moderador servant, a quien no pudo aclarar la diferencia entre llamar a alguien ‘golpista’ y ‘fascista’, descalificarlo por lo que hace o por lo que es, distingo que a él no le pareció relevante. “Ah, el nacionalismo español no existe”, dijo con su puntito irónico cuando Inés negó su condición de tal y le sacó la prueba definitiva: una foto en la que ella vestía la camiseta de la Selección Española, animando a la Roja durante un partido. Y todo en este plan. Una conclusión: El nacionalismo es de paletos. Y se contagia. Sí, yo votaría a Inés.

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Vasos comunicantes

 

Hoy va a ser un día clave para los golpistas prófugos y presos. El juez Llarena dará a conocer su decisión sobre los presos, tanto ex consejeros como Jordis, mientras un juez belga hará lo propio en lo que respecta a Puigdi y sus fugados. La incógnita es si el Supremo mantendrá la prisión provisional para Junqueras, Romeva y los líderes de ANC y Omnium, dejando en libertad con fianza al resto

Es dudoso que pueda considerarse al PSC un partido constitucionalista. los socialistas catalanes y los nacionalistas son vasos comunicantes. Ahí tienen a Ramón Espadaler, el consejero de Interior de Artur Mas que puso en marcha la consulta ilegal del 9-N de 2014 y ahora va de tercero en la lista que encabeza Iceta. No tendrían un puesto adecuado para él. Pero son más los que han hecho el viaje inverso: Ferran Mascarell, consejero de Cultura de Maragall, acabó como delegado de Puigdemont en Madrid, hasta su destitución por el 155.

El alcalde de Gimenells, Dante Pérez, se ha salido del PSC para ir como número dos del PP en Lérida, pero son más los que se mueven hacia el lado oscuro y se han descubierto independentistas. No son xarnegos fascinats, sino la vieja oligarquía socialista. Ahí tienen a Ernest Maragall, que de consejero de su hermano pasó a ser candidato de Esquerra Republicana a las europeas de 2014. También se llevó a Pasqual a las manifestaciones de la ANC, aunque para entonces la enfermedad del ex puede que menoscabara su equilibrio intelectual y quizá no fuera prudente apurar las conclusiones.

También reclamó su derecho a decidir Joan Majó, ministro de Felipe, que no acepta el 155 y ha devuelto el carné para coincidir con unos tipos que sí lo aceptan, aunque solo para salir de la cárcel. ¿Se acuerdan ustedes de Montserrat Tura, consejera de Interior con Maragall? Dio la campanada aquel día que se plantó en el macroprostíbulo de La Jonquera para inspeccionar personalmente los cuchitriles y las sábanas sobre las que se practicaba el sexo mercenario. Duran i Lleida, que no era amante de fantasías, dijo entonces que el PSC había convertido a “Catalunya en el prostíbulo de Europa del sur”. Puede que ahora se haya vuelto más liberal de costumbres porque va a votarles.

Con Tura también abandonó el partido en 2015 Joaquim Nadal, consejero con Maragall y con Montilla y también Antoni Castells, compañero en el Govern desde 2003 a 2010. Teresa Pallarés, que fue alcaldesa de Reus, abandonó el PSC por la lista de Puigdemont, Juntos por Cataluña, que también son ganas.

Son algunos ejemplos. El PSC ha sido una fábrica de independentistas, empezando por sus propios dirigentes. Son tan partidarios de la autodeterminación que han empezado por plantearla a su partido.

Volvemos a una reformulación de la sociovergencia, dicen, y tal vez sea cierto. “Volvemos a la casilla de salida”, había dicho esa surrealista criatura que será la candidata de Esquerra, según anunció Junqueras, pero es probable que ella solo estuviera pensando en el juego de la oca.

 

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Urtaran y la soledad del mando (Un lío vitoriano)

 

Vitoria tiene una tradición de alcaldes singulares, empezando por José Ángel Cuerda, aquel fenómeno que alcanzó la alcaldía en las primeras elecciones municipales de la democracia y se quedó allí durante 20 años. Esa marca fue superada por Rita Barberá en Valencia y por Paco Vázquez en La Coruña que no se bajaron del sillón de la alcaldía en 24 años, pero Cuerda fue el único que no se apeó concurriendo primero con el PNV, después con Eusko Alkartasuna y después de un mandato, nuevamente con el PNV.

El regidor actual del Consistorio vitoriano, Gorka Urtaran, es una criatura política de Cuerda, hijo de la que fuera su mano derecha, Mª Jesús Aguirre y a su modo también es un tipo extraordinario. A los datos me remito: en las municipales de 2015, la lista que encabezaba sacó 5 concejales. Fue el tercero, después de Maroto, que obtuvo 9 y la bildutarra Larrión que quedó en tercer lugar con 6. Por detrás quedaron el PSE, con 4 y las dos marcas de Podemos que sumaron 3. Bueno, pues sus cinco concejales lo auparon a la alcaldía con el apoyo de Bildu y Podemos. Cinco de 27. Algo parecido consiguió Ada Colau que obtuvo 11 sobre 41, pero la fenómena de Barcelona tenía mejor ratio y había quedado la primera.

El PP quiso proponer un pacto al PNV, después de los comicios locales. Los populares votarían a González como diputado de Álava y a cambio los jeltzales votarían a Maroto para alcalde. No pudo ser y esas cosas dejan heridas en el alma. Ahora resulta que a Gorka Urtaran le parece extraño que Alfonso Alonso no se muestre muy partidario de aprobarle los presupuestos.

Alfonso Alonso, que había sido alcalde dos mandatos y que busca el pacto con el PNV con un entusiasmo notable, basta comprobar con cuánta convicción ha aprobado el acuerdo del Cupo que está llamado a ser la llave que abra a Mariano Rajoy el apoyo de los cinco votitos del PNV a los presupuestos del PP para 2018. De ahí esa acre descalificación que ha vertido Alonso contra quienes dicen con razón que se trata de un privilegio, principalmente Ciudadanos, que según él “ha optado por la y situar al País Vasco como el enemigo del resto de España. Es como Cataluña ese mensaje de los nacionalistas de que ‘España nos roba’. Pero ahora lo cambian por ‘Euskadi nos roba’. Eso también es nacionalismo español. Es profundamente irresponsable”.

El PNV acabará apoyando las cuentas, pero aún toca un poco de postureo y de pamema, además de sacarle al Gobierno un último detalle, el pañuelo para el niño. Pero hay cosas que no se olvidan y Alonso no va a olvidar lo de Urtaran.

Claro que el alcalde tampoco va a tenerlo más fácil con el resto, salvo con sus socios de Gobierno del PSE. La batasuna Miren Larrion le ha reprochado su falta de voluntad para llegar a un acuerdo con ellos. Podemos e Irabazi, dos expresiones de lo mismo que sumaron tres votos en su investidura presentan ahora una enmienda a la totalidad contra las cuentas de Urtaran. Quizá tenga que volver a plantear la confianza; más fuerte que su soledad es la inquina que se profesan los otros. No es racional, pero seguramente lo veremos.

 

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Cosas de Pablo

Desde que Pablo Iglesias asomó a la vida pública en 2014, tuve para mí que este muchacho estaba muy sobrevalorado intelectualmente. Encabezar la papeleta electoral con su foto daba una pista. Luego vino el juicio de Cotarelo, que había sido su profesor en la Complu, cuando Iglesias arremetió contra los periodistas que cubren la información de su partido: “¿Va estando ya claro que este hombre, además de narcisista y prepotente, es tonto?”

Yo había notado algo, claro, pero mi natural indulgente y bondadoso tendía a atribuírselo a despistes: hoy no habrá tenido un buen día, una distracción la tiene cualquiera. Que atribuyera a Newton la teoría de la relatividad al caerle la manzana; que citase ‘La ética de la razón pura’, de Kant, o que este verano atribuyera el atentado de las Ramblas al wasabismo, confundiendo la afición desmesurada a la salsa japonesa de rábano picante con el wahabismo, que es un movimiento integrista musulmán. Claro que como defensor del saber reglado, la opinión de Cotarelo pesaba mucho en mí: él sabrá, que ha sido su profesor y ha tenido la capacidad legal de evaluarlo.

Ayer se vino a más. El jefe de Podemos anunció que presentará el lunes un recurso de inconstitucionalidad contra la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Tiene su aquel pretender que la aplicación de un artículo de la Constitución es inconstitucional, pero lo que es aún más impresionante es que la medida te la sople el más tonto de la clase. El diputado Gabriel Rufián, entreverado de arcángel y alcahuete, lo había interpelado la víspera en un tuit: “¿Por qué Podemos, con quien tenemos muchas cosas en común, aún no ha iniciado un recurso de inconstitucionalidad contra el artículo 155?” “Eso corre de mi cuenta”, debió de pensar el Varón Dando y ya está recogiendo firmas.

Los diputados separatistas se pusieron muy contentos, claro. Entre ERC, el PdeCat y EHBildu solo suman 19 escaños de los 50 necesarios. Dirán que no he contado los cinco PNV, pero es que andan muy entretenidos calculando lo del Cupo y no están para tonterías. Unidos Posemos no les van a admitir por golpistas en su iniciativa, con lo que hemos trabajado juntos. Pablo no quiere su compañía por considerarles ‘corresponsables’ de lo sucedido. La verdadera razón es seguramente que no tiene sentido reclamar la inconstitucionalidad de un artículo que todos los presos de ERC y el PdeCat van a jurar y perjurar hoy al juez Llarena que acatan como un solo hombre y una sola mujer, tal como hizo Carme Forcadell el pasado día 9. Pablo tuvo otro gran lapsus al decir que a los presos golpistas se les aplica “una suerte de actos de constricción” (sic) al pedírseles “que acaten el artículo 155 para salir de prisión”. El catecismo Astete repartía el dolor que lleva a la penitencia entre la contrición y la atrición. El primero era el pesar de haber pecado; el segundo, el miedo al castigo. Lo de los golpistas es evidentemente un dolor de la segunda clase. Pablo lo llamaría ‘de atribución’. Cinco millones de votos, hay que joderse.

 

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