Meritxell, oh, Meritxell

Afortunadamente el PSOE ha señalado para presidenta del Congreso a una profesora de Derecho Constitucional. Si ella, que tiene estudios, se ha liado así con una orden del Supremo, qué pollo no se habría montado en la tierna cabecita de Adriana Lastra. O de José Luis Ábalos, por poner otro ejemplo. El venerable juez Marchena ha despachado la consulta de Meritxell sobre la posible aplicación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (art. 384 bis) a los diputados presos Junqueras, Rull, Turull y Sànchez.

Recordemos para los fans de Batet que el artículo citado dice: “Firme un auto de procesamiento y decretada la prisión provisional por delito cometido por persona integrada o relacionada con bandas armadas o individuos terroristas o rebeldes, el procesado que estuviere ostentando función o cargo público quedará automáticamente suspendido en el ejercicio del mismo mientras dure la situación de prisión”. Para interpretarlo correctamente no se necesita un doctorado en Derecho. Bastaría una alfabetización modesta.

Por si esto no fuera suficiente, el Reglamento del Congreso establece en su artículo 21.1.2.que el diputado quedará suspendido “cuando, concedida por la Cámara la autorización objeto de un suplicatorio y firme el Auto de procesamiento, se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure ésta”. La referencia al suplicatorio carece de sentido, ya que los procesados lo fueron y están en prisión preventiva cuando no eran aforados. Parece un imperativo tautológico que el Reglamento del Congreso lo aplique la mesa del Congreso, en vez del Tribunal Supremo. A cada cual lo suyo.

La presidenta Batet debió tentarse la ropa antes de provocar a Marchena, que ha venido a responderle lo mismo que le dijo al ex diputado de la CUP David Fernàndez, el tipo de la sandalia que servía de chófer de Otegi, cuando quiso hacerle una consulta: “como usted comprenderá, el presidente de un tribunal no está para resolver consultas jurídicas sobre las consecuencias de los propios actos”. Algo parecido ha venido a decirle a Meritxell: La  configuración del Tribunal Supremo no está hecha  para elaborar el informe que pide V.E. En otras palabras: tenemos otras cosas que hacer.

Total, que la Mesa se reunió ayer con la respuesta, clara y corta de Marchena, pero aún no tenían bastante, razón que llevó a Meritxell Batet a pedir un informe jurídico a los letrados de la Cámara. Qué le vamos a hacer, si no quiere asesorarnos Marchena tendremos que apañarnos con los de casa.

Total que la presidenta ha pedido un informe a los letrados  y ha vuelto  a reunir hoy a la Mesa. Es de suponer que los servicios jurídicos tienen tiempo más que de sobra para cumplir el encargo. Una lectura sosegada del art. 21 del Reglamento y del 384 bis de la LECRIM, que no debería llevarles más de veinte minutos con discusión incorporada debería bastarles. En rigor, ni siquiera habría hecho falta el encargo. Lo dijo claro la vice tercera Ana Pastor, que es la mejor cabeza de la Mesa con diferencia: No hay dudas que justifiquen la petición de un informe jurídico;  la Ley es inequívoca. Un niño de cinco años lo entendería. “A ver, que me traigan un niño de cinco años”, que diría Groucho Marx.

 

 

 

 

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Comienza el baile

Contaba ayer El Mundo que el 63% de los miembros del Congreso son nuevos. No decía cuántos, además, son indocumentados. Nuevo e indocumentado era Gerardo Pisarello, una de las excrecencias que Argentina ha acertado a colocarnos, junto a Pablo Echenique, Albano Dante Fachín, la monja Caram y algunos más. Desde 2015, Pisarello ha sido teniente de alcalde de Barcelona con Ada Colau. Ha encontrado acomodo en las listas y en la Mesa del Congreso porque su alcaldesa había decidido sacudírselo por inútil y negligente. En este tiempo es un hecho frecuente que el último ascenso se produzca siempre después de haber superado el límite de la propia incompetencia.

Ya había pasado en Andalucía. Manuel Chaves había llegado a su nivel de saturación con Maleni Alvarez, consejera de Industria y a su homóloga de Cultura, Carmen Calvo. No sabiendo donde colocarlas tuvo la ocurrencia de enchufárselas a Zapatero como ministras de lo mismo. Lo de Maleni fue normal; ya de ministra fue imputada y embargada por los Eres. Lo de Calvo, en cambio, fue mucho más extraordinario. Hasta Zapatero acabó  haciendo suyas las razones de Chaves y la destituyó en 2007 para sustituirla por César Antonio Molina. No valió para ministra y el doctor la ascendió a vicepresidenta.

Con Meritxell pasó otro tanto. De ministra mediocre fue ascendida a la Presidencia del Congreso. ¿Qué podría salir mal? Para empezar, la sesión constitutiva del Congreso. Meritxell se agarró a su clavo ardiendo: la discutible sentencia del Constitucional 119/90 de 21 de junio, validando como fórmula de acatamiento válida la que emplea la coletilla “por imperativo legal”. No estaba en el Congreso el juez Marchena para que hiciera saber a aquella colla de menguados: “miren, aquí todo se hace por imperativo legal”, pero los diputandosfueron mucho más allá y prometieron acatamiento a la Constitución “por los presos políticos y exiliados, por la República y por el mandato recibido el 1 de octubre”.

No podía ser y además era imposible. No se puede acatar la Constitución con una cláusula introductoria que la invalida por anteponer lealtades que son incompatibles con ella. Los golpistas y allegados fueron acompañados por ruidoso pataleo durante sus acatamientos. Albert Rivera pidió la palabra “para una cuestión de orden”. Meritxell se la negó con buen criterio: no era todavía diputado. Cuando se la dio le respondió con una interpretación inadecuada de la sentencia, en la creencia de que cualquier fórmula valía para acatar la Constitución, incluso las que la negaban.

Junqueras necesitó chuleta, aunque la fórmula que usó fue breve y aligerada de sintaxis: “Des del (sic) compromiso republicano, como preso político y por imperativo legal, sí prometo”. No hay que tenérselo muy en cuenta. Contaba Zapatero con admiración  que en su primera sesión en el Congreso, para votar la investidura de González, vio a un compañero suyo de bancada que había escrito un ‘SÍ’ mayúsculo en un folio para saber lo que tenía que votar sin temor a equivocarse. Fue un comienzo tan grotesco como premonitorio. Los presos volvieron a su sitio, que es la cárcel y la décimotercera legislatura se anuncia preñada de ridículo.

 

 

 

 

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Los peores españoles

No parece que la experiencia haya servido a Sánchez ni a Iceta para descubrir la naturaleza de sus socios catalanes. El primer secretarireprochó a los separatistas haber perdido la ocasión de tener a un catalán como presidente del Senado. El doctor Sánchez insistió como apaciguador. Si un Iceta al frente de una cámara no había sido suficiente, colocó a dos: Meritxell, mi Meritxell Batet, de presidenta del Congreso, y el senador Manuel Cruz  como presidente del Senado. Los socialistas han acreditado desde hace décadas un desconocimiento esencial de sus adversarios catalanes. Solo así es posible explicar su doble y fallido intento seductor: proponer a Miquel Iceta como presidente del Senado. Y tras el fracaso insistir con Batet y Cruz.

Al mismo tiempo, José Luis Ábalos e Isabel Celaá piden a C’s y al PP que posibiliten la investidura de Sánchez con encantador cinismo: Si no quieren que pactemos con los golpistas y los amigos de Ternera, ustedes verán. Absténganse y no tendremos que pedirles el voto a ellos. No saben ustedes lo que estamos dispuestos a hacer para no soltar la teta nutricia de los presupuestos. ¿No dicen amar tanto a España? Pues demuéstrenlo. A nosotros España nos la sopla; lo único que nos interesa es el poder.

La ministra portavoz, Isabel Celaá, invitó también a Ciudadanos y PP a que se abstuvieran en la investidura de Sánchez “igual que hizo el PSOE en su momento con Mariano Rajoy”,como forma de hacer “un servicio a España”, decía la olvidadiza, tras calificar de ultraderecha a los invocados. Batet y Cruz fueron dos de los 15 diputados socialistas que votaron ‘no’ en contra de lo ordenado por la gestora del PSOE.

Lo que Sánchez desconoce de sus socios es que odian a España y a los españoles, aunque a ninguno tanto como a los que son vascos o catalanes y se consideran españoles en su condición de tales.

Un ejemplo acabado de xenófobo, Ramón Labayen, escribió una nota necrológica, supongo que sentida, en el Diario Vasco tras el asesinato por ETA de Fernando Múgica Herzog en febrero de 1996: “Quizá él y yo congeniábamos en lo que en Fernando era Herzog, unidos por el afecto hacia Israel, y discrepábamos, a veces no sin acritud, en lo que tenía de Múgica. Shalom Múgica Herzog jauna”.

Esta es la clave del nacionalismo: amar como judío o como español a quien se odia como vasco. O como catalán. La distancia entre Madrid y Bilbao que los nacionalistas vascos invocan de manera metafórica, no es tal. Los nacionalistas ponen más distancia entre Bilbao y Bilbao. O entre Barcelona y Barcelona. Los socialistas han acreditado durante décadas su arraigada vocación de ‘morroi’del caserío o de ‘masover’de la masía, según sus procedencias.

¿Por qué creerán estos pardillos que un catalán socialista iba a satisfacer a los separatistas como presidente del Senado? Nunca odiaron tanto a ningún español los nacionalistas vascos como a Jaime Mayor Oreja, vasco de San Sebastián. Los nacionalistas catalanes y el PSC prefieren al podemita montonero Pisarello que al barcelonés Boadella que además, está alfabetizado. O precisamente por eso.

 

 

 

 

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Ternera, vaca vieja

Tengo ante mí una foto a la hora de escribir esta columna. En ella se ve a tres parlamentarios de Euskal Herritarrok sentados en sus escaños: Jon Salaberria, Arnaldo Otegi y Josu Ternera. Los dos primeros se vuelven obsecuentes hacia Ternera y le ríen alguna gracia. Urrutikoetxea permanecía en fuga desde 2002, cuando el Tribunal Supremo lo procesó por el atentado de la casa-cuartel de Zaragoza que dejó once muertos, seis de los cuales eran niños. Fue detenido ayer, 17 años después en la localidad francesa de Sallanches. El PNV ha expresado por boca de su portavoz en el Senado que espera que su detención y el proceso que ahora se siga contra él “se base en los principales ejes de un Estado de Derecho”.

La misma duda ofende y llama la atención que los representantes del partido-guía promovieran en la moción de censura y sostengan desde entonces a un Gobierno cuyas prácticas democráticas les merecen desconfianza. Tal vez es que confíen más en Batasuna y sus herederos. Otro terrorista de la foto, Jon Salaberria, abandonó el escaño  para ser detenido en Francia junto a Thierry y Ainhoa Ozaeta en Burdeos el año 2008. Uno se los encontraba de vez en cuando por Bilbao con la certeza de que estaba ante dos jefes de ETA.

Por aquel entonces, el grupo de la izquierda abertzale en el Parlamento vasco era el Rancho Notorious de la banda terrorista. Estos dos junto a Otegi y al resto del grupo de Euskal Herritarrok fueron los votantes de Ibarretxe en 1999. Hubo más terroristas en el Parlamento: Mikel Zubimendi, el de la cal y Pipe San Epifanio, que también tomo el olivo y desertó del escaño para abrazar la clandestinidad.

Jesús Eguiguren , que fue su pareja de baile en las negociaciones de Zapatero, ha salido en su defensa, que estas cosas unen mucho y ha calificado a Ternera de “héroe de la retirada”. Euskal Herritarrok propuso a Josu Ternera como miembro de la Comisión de Derechos Humanos el Parlamento Vasco, una broma sarcástica, que el actual lehendakari, entonces presidente del BBB se tomó muy en serio: “es un dato esperanzador que quien en el pasado se ha relacionado con los derechos humanos en negativo pueda participar y aceptar el juego de las mayorías.” Y sin la ayuda de Jonan Fernández ni nada.

La detención de Josu Urrutikoetxea Bengoetxea es una noticia reconfortante para las víctimas y para los demócratas en general. Él y su enfermedad llevan a sus espaldas medio siglo de historia de ETA. Fue uno de los integrantes del comando Txikia, responsable del asesinato de Carrero Blanco. Fue así bautizado en honor de Eustakio Mendizábal, ‘Txikia’, abatido por la Policía unos meses antes.

Fue el número uno de ETA que ordenó el atentado de Hipercor además del ya citado cuartel de Zaragoza. Cuenta Florencio Domínguez en su excelente biografía ‘Josu Ternera, una vida en ETA’, que Rodríguez Zapatero, una vez adoptada la decisión de negociar con ETA y la de encomendar la tarea a Txusito, se documentó y para ello preguntó a Ibarretxe: “Estos Otegi y Ternera, ¿cómo son?” en una impecable lectura socialdemócrata de la Ley de Murphy.

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Iceta y el caso Filesa

El periodista José García Domínguez ha escrito en Libertad Digital una pieza muy notable. Él no sería abroncado por el juez Marchena por perder el hilo en tanto que testigo. Gª Domínguez cuenta lo que vio en sus años de proximidad a Miquel Iceta, el ni-ni del PSC. Lean y asómbrense.

Conocí a Miquel Iceta un par de semanas después de que el guardia civil Tejero asaltase el Congreso de los Diputados con estruendo chabacano. El 23-F fue un revulsivo súbito para muchos que habíamos militado en la izquierda más o menos quimérica en la Transición y que caímos en aquello que se dio en llamar el desencanto después de las primeras elecciones democráticas, cuando se nos hizo desoladoramente evidente que la sociedad española no quería saber nada de revoluciones. Pero tras lo de Tejero, aquel tabernario bochorno, bastante gente que había conocido la clandestinidad en el tardofranquismo, casi todos antiguos comunistas, sintió la necesidad de volver a la política activa. Así que, a través de un conocido común que me proporcionó su teléfono, nos citamos en el bar de la Facultad de Económicas de Barcelona, donde yo estudiaba y él hacía ver que estudiaba ( tras matricularse un año en Químicas, Iceta estaría cursando durante cinco años seguidos el primer curso de Económicas antes de consumir todas las convocatorias legales y ser expulsado de la Facultad). Los dos teníamos muy poco más de veinte años cumplidos – en aquella época se crecía deprisa- y ambos habíamos pasado ya por otros partidos, él por el PSP de Tierno y yo por el PSUC. A nuestros comunes veintipocos, la diferencia era que Iceta ya disponía de un despacho en el Ensanche de Barcelona, una secretaria, un coro de rendidos aduladores a los que ir colocando en ayuntamientos y diputaciones, amén de una nómina de liberado con catorce pagas al año más dietas y gastos de representación.

El de Iceta es un caso raro por lo demás. Los políticos profesionales que no conocen ningún otro mundo laboral fuera del partido suelen ser tipos listos, despiertos, muy astutos. Pero nada más. Sus dos grandes protegidos, Pepe Zaragoza y Carlos Ruiz Novella, el alcalde de Viladecans, son así. Sin embargo, Iceta, perito también en esas zorrerías tan típicas de los aparatos, es, pese a carecer de formación académica reglada, una persona culta y de gran inteligencia natural, atributos ambos completamente exóticos en ese universo sórdido, el de las tripas del partido, donde ha transcurrido su vida toda. La segunda vez que nos vimos ya fue en la sede de Filesa. Y la mayor parte de los otros cientos de encuentros personales que íbamos a tener antes de que yo decidiera marcharme del PSC también transcurrieron en la sede de Filesa. Porque el despacho oficial de Iceta estaba ubicado en un anexo de otro más grande que ocupaba su jefe y asimismo jefe máximo de Filesa, Josep Maria Sala. Todo el entramado delincuencial orquestado en aquel gran despacho con un pequeño anexo, el que acabó con los huesos de Sala en la cárcel por haber extorsionado a cientos y cientos de empresarios con el propósito de hurtar dinero para el PSOE, vio la luz a menos de dos metros escasos de la silla donde se acomodaba todos los días el inminente presidente del Senado del Reino de España y cuarta autoridad del Estado.

La gran suerte que tiene el candidato Iceta es que en España nadie consulta las hemerotecas, y menos que nadie los periodistas. De ahí que en estas vísperas todavía ningún periódico haya desempolvado aún los tres artículos consecutivos, tres, que publicó en el diario El País acusando de prevaricadores a los magistrados del Tribunal Supremo que habían condenado a prisión al jefe de Filesa, o sea a su propio jefe, Josep María Sala. Tres genuinas apologías de la delincuencia común, tres, las firmadas entonces por el próximo presidente del Senado, que Iceta tituló Error judicial (la primera), Prevaricación e imparcialidad judicial (la segunda) y Un inocente en prisión (la tercera). De esta última, la de su tan inocente jefe y amigo entre rejas, reproduzco el glorioso párrafo que sigue:

“Y si la sentencia es injusta, lo es doblemente para Josep María Sala, persona inocente condenada por delitos que no cometió. En el PSC sabemos bien que no tuvo nada que ver con delito o irregularidad alguna. Nunca tuvo relación con Filesa. Es lógico que se piense que los socialistas proclamamos su inocencia por razones políticas y de solidaridad personal. Pero lo relevante es que la sentencia no prueba su culpabilidad, vulnerando así la presunción de inocencia”.

El tipo que firmó eso puede ser la cuarta autoridad del Estado si, entre otros, Albert Rivera lo permite.

 

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Presos en el Congreso

Hay que seguir todos los días el proceso que se sigue en el Supremo a los golpistas catalanes y a las golpistas catalanas, presuntos y presuntas, naturalmente. Hoy, a seis días de la constitución del Congreso, hemos sabido que los cinco procesados que han obtenido plaza de diputados (Junqueras, Rull, Turull, Sànchez y Romeva) van a poder asistir el martes próximo a la sesión constitutiva de Las Cortes por decisión del Supremo, que por la misma resolución rechaza suspender el juicio, tal como reclamaban las defensas de los procesados.

El espectáculo que van a dar los nuevos diputados va a ser más bien discreto, pero hay precedentes. El 26 de febrero de 1987 se  celebró en el Parlamento vasco la sesión de investidura del lehendakari Ardanza, en la que también se postuló para el cargo el terrorista Juan Carlos Yoldi, procesado por tres delitos relacionados con el terrorismo: pertenencia a banda armada, estragos y lesiones y depósito de armas. Yoldi estaba en prisión provisional en la cárcel de Herrera de la Mancha. El candidato preso fue trasladado a Nanclares por proximidad y el 26 de febrero fue fue conducido por la Ertzaintza hasta el Parlamento, donde leyó su discurso de candidato, perdió la votación, disfrutó de un vis a vis con su novia en una sala con diván y la Policía vasca volvió a llevárselo a Nanclares.

Ese va a ser, más o menos, el procedimiento a seguir con los cinco presuntos golpistas. Hay una diferencia: Estos llegarán al Congreso en coches camuflados de la Guardia Civil y entrarán por el garaje. Allí se hará cargo de su custodia la Policía Nacional durante la sesión constitutiva para seguir el camino inverso que les devolverá a prisión al término de la misma. El mismo T.S. ha rechazado la petición de las defensas de suspender el juicio por haber pasado a disfrutar, en su creencia, de inmunidad sobrevenida a partir del momento en que se hagan con sus actas de diputado. Habrá más intentos. Las defensas son perseverantes y pedirán que los nuevos diputados puedan asistir a cada pleno que se celebre a partir de ahora, pero el caso Yoldi también proporciona enseñanzas prácticas. El terrorista fue parlamentario hasta el 5 de mayo de 1988, en que su condena fue confirmada por el Supremo, y fue privado de su condición parlamentaria.

Ayer también se conoció que la Junta Electoral ha aceptado la argumentación de Instituciones Penitenciarias para denegar a Junqueras el permiso para participar ayer, desde la cárcel en un debate electoral en la cadena amiga. El debate se celebró ayer a las diez de la noche y le han dicho que no son horas, que la sala de videoconferencias se cierra a las ocho, que es la hora en la que todos los presitos buenos tienen que estar recogidos en sus celdas. Y además, Miquel Iceta ha anunciado que no irá a verle a la cárcel, tal como había pedido ERC. Y digo yo, que aprovechando que el día 21 no habrá juicio por falta de materia prima, si podrían encomendarle la presdencia del Congreso, con carácter provisional al juez Marchena. Más que nada para volver a oírle decir: “Mire, no empezamos bien. Aquí todos estamos por imperativo legal…”.

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Arte obituario

Los mejores obituarios que he leído son los que escribieron Savater y Juaristi tras el asesinato de Ernest Lluch. Como escribió el primero: “Ser asesinado no da la razón, sólo quita la vida”. Juaristi criticaba “laindecencia de deshacer su sueño invocando lo más romo, empecinado y estúpido de su ideario”.

Todas las cadenas transmitieron imágenes de Lluch participando en un  mitin en la plaza donostiarra  de la Consti, mientras los batasunos montaba bronca y él les reprendía micrófono en mano: “Gritar (sic) más, que gritáis poco. Gritar, porque mientras gritáis no mataréis (…) “Arnaldo os va a reñir por esto. Estuve cenando con él el otro día y os va a reñir.” Prueba de sus dos errores básicos: Gritar y matar no son actividades incompatibles como pudo comprobar trágicamente él mismo y que tuvo muy idealizado a Arnaldo Otegi. El nivel del periodismo que cantó la laudatio de la víctima en aquel mitin era tan bienintencionado como poco descriptivo de los hechos.

En la muerte de Rubalcaba he recordado también el excelente decálogo de Espada para escribir un obituario, que se resumen en dos: “Tenga en cuenta que usted sigue vivo” y “Si siempre ocultó lo que pensaba sobre él haga ahora un pequeño y postrer esfuerzo”. Viene esto a cuento de los encendidos panegíricos que ha desatado su fallecimiento, incluso por sus adversarios más encarnizados, sus queridos compañeros de partido. Pongamos que hablo del doctor Fraude. Fue muy llamativo que dejase plantada una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, al tener noticia del ictus de Alfredo, como si fuese su cirujano. Rubalcaba y Sánchez se odiaban cordialmente. El primero despreciaba intelectual y políticamente al presidente, a quien acusó de haber formado un Gobierno Frankenstein tras la moción de censura. Sánchez consideraba a Felipe González y por supuesto a Guerra y Rubalcaba el PSOE del pasado, frente al futuro, que por lo visto, encarnan él mismo, Adriana, Ábalos, Calvo, Oscar Puente y tutti quanti.Realmente, la comparación del finado con cualquiera de los citados o con todos ellos juntos, engrandece extraordinariamente su figura.

Él tuvo luces y también sombras iluminadas ahora por la muerte. Entre las primeras, su capacidad negociadora, que probó con Javier Zarzalejos, en el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos, aunque su partido se encargó de desmontarlas vía Eguiguren. También en su haber la habilidad parlamentaria y su concurso en la abdicación del Rey Juan Carlos. Entre las sombras cómo olvidar su autoría de la LOGSE y el chivatazo del bar Faisán. Rubalcaba rechazó la proposición de Sánchez de encabezar la lista a la alcaldía de Madrid.

Estuvo bien organizar su capilla ardiente en el Congreso. También habría sido pertinente montar en el mismo lugar la de Manuel Fraga, que se instaló en su casa de Madrid, pero esto viene a ser así: A Fraga lo han desterrado como hijo predilecto de El Ferrol y La Coruña con el voto del PSOE.

 

 

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Imagen y semejanza

La muerte, definitivo rasero que todo lo iguala. No diré más.

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Tres en uno

El Partido Popular ha obtenido unos resultados en las elecciones generales que solo en un alarde de optimismo desaforado podrían calificarse de muy discretos y que definido con lenguaje llano habría que calificar de desastrosos. Para el PP y para la ciudadanía vasca en su conjunto. Es la primera vez que los populares hacen bacarrá en Euskadi: ni un solo diputado, ni un solo senador. Mientras, EH Bildu obtiene los mejores resultados  que el batasunismo ha conseguido nunca, doblando la representación que había obtenido durante la legislatura pasada.

No se han producido grandes cataclismos ni aflicciones extraordinarias, aunque sí se ha reconocido el tropezón general en toda España y el particular del País Vasco. El  mismo presidente Alfonso Alonso ha reconocido que “acabamos de perder unas elecciones” en las que “hemos sacado un mal resultado”, pero no va más allá. En general prefieren añadir culpas para terceros. Y para sus votantes, claro, por meter en las urnas las papeletas que no eran.

Uno comprende que la situación es complicada y que en tesituras como estas, incluso nuestras derechas se hacen gramscianas para repetir aquel aforismo suyo de “contra el pesimismo de la inteligencia el optimismo de la voluntad”. En consecuencia, Alonso tiró de voluntarismo para convertir las elecciones triples que nos esperan el día 26,  en un tres en uno, un arreglalotodo para herramientas oxidadas. Ayer, en un acto de campaña en Vitoria con Leticia Comerón, qeue es la candidata popular a la alcaldía e Iñaki Oyarzábal, aspirante a diputado general de Alava. Y allí mandó un mensaje a Pedro Sánchez para que “se ande con ojo, que nadie  le ha dado un cheque en blanco, que hay una oposición y una alternativa que surge con fuerza desde la centralidad, la moderación, que quiere la España constitucional y defender los valores que siempre la ha hecho más fuerte”. Es una descripción que debe de ser muy reconfortante para las atribuladas almas  de nuestros conservadores, pero solo si renuncian al realismo.

También peca de optimismo Alonso al estimar que “para España vienen cuatro años de desgobierno socialista”. Van a ser más. Dos legislaturas, por lo menos. Luego, tal vez los votantes espabilen cuando la conjunción de esfuerzos entre el socialismo sanchista y el podemismo bolivariano, con otras aportaciones exteriores que proveerá el golpismo catalán, vuelvan a hacer que nuestro mercado de Trabajo recorra otra vez el vertiginoso camino que siguió durante la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero y nuestra tasa de paro vuelva a remontar los diez puntos que tanto nos había costado rebajar. Pero cuatro años no bastan para privar a Sánchez de la Presidencia, el PP está a punto de refundación, Ciudadanos tiene más interés en echar a Casado de Génova que al doctor Fraude de La Moncloa. Y Vox solo pone atención a las cifras que dan cuenta de su crecimiento

Donde no hay harina todo es mohína, ya se sabe y las filas del PP en el Consistorio bilbaíno acaban de registrar dos bajas: las de Beatriz Marcos y Luis Eguíluz, desalentados por no haber sido llamados a listas. Estas mañas deberían hacerse de manera más discreta, con un poco de distancia temporal. En todo caso podrían haber negociado con Rivera, en plan Silvia Clemente o Ángel Garrido. Albert Rivera lo compra casi todo.

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Otra vez en campaña

Estamos otra vez en campaña y no parece que haya mejor idea que estrenarla con un sondeo del CIS, una vez comprobado el 28-A que las mañas de Tezanos tienden a anticipar los resultados con más fidelidad que el resto de los encuestadores. Lo que hacen en realidad es empujar la realidad hacia sus previsiones.

El CIS ha publicado una encuesta realizada antes de las elecciones del 28-A. ¿Para qué preguntar a la gente a quien votaría si unos días más tarde esa misma gente va a votar de manera real y no virtual en unas elecciones? Otro misterio es que a unos triples comicios que se van a celebrar el mismo día no se les aplique el mismo procedimiento, valorando en los tres casos el voto directo o aplicándole a este los correctivos que procedan, también en los tres casos. Las encuestas fueron realizadas hasta el 23 abril y los encuestados respondieron como un solo hombre (y una sola mujer) que el PSOE ganaría en todas las CCAA, salvo en Navarra y Cantabria, que la alcaldesa de Madrid seguirá siendo Carmena, con Pepu Hernández haciendo el papelón de Pedro M. Carmona. No es lo peor; en Barcelona volvería a ganar Ada Colau, sin  que Ciudadanos vaya a notar un supuesto efecto Valls. Barcelona capital padece en grado agudo el horror a la excelencia que padece toda España. Valls y Ada Colau, no digo más.

No se entiende muy bien que en las autonómicas de Madrid, los encuestados anunciasen  hasta el 23 de abril su intención de votar a las izquierdas siete puntos más que a las derechas y que cinco días después, en las urnas realmente existentes, el PP, C’s y Vox sumaran el 53,78% de los votos, mientras la izquierda se quedara en el 43,8%. El efecto Errejón, tal vez.

Lo que pasa es que con encuestas o sin encuestas, la suerte está ya echada para el PP, en la diana de un fuego cruzado en el que participan con entusiasmo el PSOE, Ciudadanos y Vox. Bueno, y los propios. Núñez Feijóo ha inaugurado la campaña electoral criticando la estrategia de Pablo Casado y negándose al mismo tiempo a postularse como sustituto. Quince días antes de las elecciones no es un plazo razonable para hacer unos ejercicios espirituales sin estrategia de recambio. Por razones prácticas habría sido preferible esperar hasta el día 27 y plantearse lo que tengan que plantearse. Los propósitos de la enmienda hay que plantearlos con tiempo por delante para que puedan  desarrollarse. Tiempo es lo que no les va a faltar al PP ni a Ciudadanos. Y tampoco a Vox. Un par de legislaturas no hay quien se las quite al doctor Sánchez, salvo que el paro vuelva a las cifras de Zapatero en un tiempo record. Mientras, otra de sus mañas, ha designado a Iceta, otro ni-ni, (como Adriana, Valenciano y tantos otros) para presidente del Senado, de momento en grado de tentativa, porque los separatistas no llegan a entender que lo hace por su bien. Tal vez aquí resida la explicación última de mi decepción Borrell, un tipo con estudios que al verse en este ambiente ha decidido adaptarse al medio. Si no les puedes vencer, ya sabes.

 

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