Tezanos entiende a Sánchez

El doctor Sánchez se ha encontrado de frente el resultado de su propia obra, algo que ya le había anticipado su compañero Nicolás Redondo Terreros cuando iniciaba sus escarceos con el partido que dirige Pablo Iglesias: “Si jugamos a Podemos, gana Podemos”. Ahí tiene a las Juventudes Socialistas, ejemplo de republicanismo, a su alcaldesa de Gijón o a la vice de Valencia y a la señera presencia de Odón Elorza, luminaria alternativa e incierta de la tropa socialista en el Congreso de los Diputados y en la Ejecutiva Federal. Odón, que resignó, al parecer gozoso 20 años de alcaldía en las manos de EHBildu, por cuya legalización tanto abogó.

Y se ha puesto Sánchez a pensar en su gavilla y les ha escrito una carta para explicarles la problemática. No sé si es tarde. Esa inmoralidad que responde al nombre de Tezanos ha anunciado que en septiembre va a agitar el asunto Monarquía/República dedicándole el sondeo del CIS. ¿Y lo anuncia después de que Sánchez propague el afecto de los socialistas a la Constitución en su conjunto, incluida la Monarquía como forma de Estado?¿Y el doctor Trolas no dice nada? Convendrán conmigo que en esto hay algo raro. No es que uno esperase de este tipo un gesto como el de Felipe González, cuando la tropa se le declaró marxista, él renunció a dar carta de naturaleza a aquella ocurrencia y la peña vino detrás arrepentida: no era para que lo tomases a la tremenda y en un congreso extraordinario mandaron al carajo el marxismo y sus pompas y sus obras.

No se podía esperar. Sería incongruente que con los esfuerzos que ha hecho para dejar bien sentado que lo único que le interesa en esta vida es Su Persona en Sus Domicilios: La Moncloa, el habitual y para vacaciones, La Mareta, aquel palacio que el Rey Emérito, al que él califica subliminalmente de ‘presunto’ cedió a Patrimonio Nacional.

El caso es que ahora se ve empujado Sánchez por una parte, pequeña, de los suyos y por la práctica totalidad de sus socios de Gobierno, empezando por los coligados. Bragueta Morada se ha enardecido con lo del Emérito, aunque no tenga motivos; al fin y al cabo él también tiene una Coddina, el Tribunal de Cuentas ha emitido un informe que advierte de pagos sin justificar en las elecciones del 28-A y el ex abogado José Manuel Calvente ha denunciado la caja B de Podemos. Pablo Iglesias es el ‘Bárcenas de Galapagar’, como le ha bautizado justamente en Twitter, el Sr. Derecha. Es preciso señalar que él ha ido más lejos que Bárcenas, no cuantitativa, sino cualitativamente. Expulsó del partido a Calvente por negarse a dar por bueno el chanchullo, acusándolo falsamente de acosar sexualmente a la abogada, también de Podemos, Marta Flor, que al parecer extraía del fiscal del caso, Ignacio Stampa, lo que el entonces comisario Villarejo y la actual fiscal general del Estado consideraban en amigable conversación “información vaginal, éxito asegurado”.

En la carta de Sánchez a sus adefesios, no despeja incógnitas. Destaquemos que el príncipe de La Moncloa no ha tenido a bien hacer un reconocimiento del legado del Rey Juan Carlos, del hecho, se me ocurre, de que su reinado ha sido el periodo más largo que España ha convivido en paz y en democracia en toda su historia. Él considera un argumento “no podemos regalar a los conservadores la exclusividad del legado constitucional”. Es algo parecido a lo que les pasa con la bandera. En muchos años no he visto una sola bandera española en los actos, mítines, fiestas de la Rosa del PSE. Solo ikurriñas y banderas rojas. El hecho de que los partidos de la derecha la exhiban sin complejos motiva su denuncia: “Se apropian de la bandera que es de todos”. Algo parecido le pasaba a Benavides, personaje que interpretaba Fernando Vivanco en la película de Colomo ‘Estoy en crisis’. José Sacristán tenía una mujer muy guapa a la que no hacía caso. Al final liga con Benavides, que era amigo de la pareja. Y como le decía este a Sacristán con ejemplar simplicidad: “Chico, ¿qué quieres que te diga? Lo que para unos es trapo, para otros es bandera”.

¿Recuerdan el mejorable homenaje a un número incierto de víctimas del Covid en el Palacio Real el día del Carmen? En Twitter se acusaba a Aznar de llevar en la mascarilla la bandera española en el homenaje. Ahora Sánchez no se la quita, para que no se la apropie en exclusiva el enemigo.

Otra perla de la epístola es: “Todo responsable público debe rendir cuentas de su conducta”, refiriéndose a don Juan Carlos como es obvio. Pudo ejemplificar: “Como hice yo mismo con lo de mi tesis, un suponer”. También alude a “presuntas conductas reprobables del anterior Jefe del Estado”, sin citar las presuntas conductas reprobables del actual presidente del Gobierno y de su actual vicepresidente segundo, pero a él le ha bastado echar al Borbón padre de España sin una sola imputación de la Justicia. Eso sí, les pide a los suyos que no confundan los términos: “No se juzga a las Instituciones, se juzga a las personas”. Tampoco en este caso se juzga a esta persona. Bueno, sí, ya la han juzgado y condenado él y sus socios.

Tezanos, que sabe interpretar la intención del señorito, ha sabido leer entre líneas. Por eso va a agitar las aguas del estanque propiciando el debate sobre/contra la Monarquía. Hacía cinco años que el CIS no preguntaba a los españoles por el tema hasta el sondeo del pasado mes de julio, en que el pueblo consultado consideró, solo en 0,5% que veían a la Monarquía como un problema.

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Qué extraño es todo

La mirada del rencor

El 8 de mayo de 2010 tuvimos noticia de que el Rey estaba siendo operado de un tumor en un pulmón. Pronto supimos que el equipo médico  descartó la posibilidad de que se tratara de un cáncer, lo que me recordó una expresión de Woody Allen en ‘Desmontando a Harry’: “Las palabras más bellas de nuestro idioma (de cualquier idioma) no son ‘te quiero’, sino ‘es benigno’.

En aquella mañana pasaron por mi cabeza los 35 años  de su reinado, los más prósperos y libres de nuestra historia y se me cruzó dos veces Woody Allen, emparentado diez años después con Don Juan Carlos en tanto que víctimas de lo más estúpido, miserable y falaz de nuestros líderes políticos o sociales.

Antes de aquello, Fernando Savater había escrito una tribuna en El País cuyo título no recuerdo, pero que partía de una frase hecha muy en boga por entonces: “Tenemos un Rey que no nos lo merecemos.”. Decía Savater que por lo visto sí nos merecíamos a nuestros gobernantes, que lógicamente eran peores. Tal vez no era el propósito del autor, pero era exacto. Nosotros, colectivamente hablando, hacemos más juego con la gentuza que nos gobierna: un presidente del Gobierno que, si alguna vez no miente, es porque se equivoca, su verdadero número dos, ese Iván Redondo que es un experto en juegos de truquemé, los ministros (y las ministras, claro) que él seleccionó a su imagen y semejanza y los ministros de Unidas Podemos que también hacen juego. Todos mentían con el aplauso al volver de Bruselas en la coreografía majadera que dirigió Redondo. Volvieron a mentir y a aplaudirse a sí mismos en el hemiciclo, rompiendo el distanciamiento social que ellos mismos se habían impuesto y nos habían impuesto como medida de seguridad contra el Covid. Todavía eso les pareció poco, debieron de creer que estaban todavía muy vagarosos en los escaños y llamaron a sus compañeros del Senado para rellenar los huecos y ganar unos pocos decibelios en el aplauso al líder improbable. Nunca se había dado cita tanto talento como el que podía verse en la bancada socialista: La nini Lastra y a su lado, otra luminaria  con parecido brillo, el portavoz socialista en el Senado, Ander Gil. Justo delante, el doctor Sánchez; a su izquierda, Carmen Calvo y junto a ella, Pablo Iglesias, no hay quién dé más.

Sánchez e Iglesias se tienen repartidos los papeles en el acoso al Rey emérito, que ha terminado con su marcha de España el pasado fin de semana. Sin haber sido imputado, ni acusado de cargo alguno, el Rey Juan Carlos, ha sido extrañado, que es una pena que Franco aplicaba a sus enemigos cuando dejó de fusilarlos: el contubernio de Munich, así motejado por el diario ‘Arriba’, dirigido por Sabino Alonso Fueyo. El contubernio, que fue apadrinado por Salvador de Madariaga, a quien Ortega y Gasset llamó “tonto en cinco idiomas” reunió a más de un centenar de intelectuales y políticos antifranquistas: Satrústegui, Gil Robles, Dionisio Ridruejo, Jaime Miralles, Senillosa, Iñigo Cavero  y un centenario etcétera. El extrañamiento fue la pena que dictó el régimen para los del interior.

Aquel mismo año, 1962, se casaron don Juan Carlos y doña Sofía, que visitaron al presidente Kennedy tres meses después. El Rey emérito ha sido extrañado en una maniobra alentada por el doctor Fraude con gestos piadosos y mentiras. El secretario general del Partido más corrupto de Europa (sí, el PSOE, por más que socialistas y podemitas adjudicaran la infamante etiqueta comparativa  al PP) ha venido presionando a la Casa Real, con el acompañamiento sonoro de bragueta morada, que es el que toca la caja destemplada, aunque él tal vez sueña con los tuits que inspiraba a sus novias (Felipe, no serás Rey, que vienen nuestros recortes y serán con guillotina). La guillotina es herramienta que gusta mucho a este botarate, aunque no es improbable que sueñe con la imagen de Mussolini colgado por los pies de una gasolinera de Milán.

En realidad, él solo pone los eructos, pero la maniobra la dirige Sánchez. La decisión de Juan Carlos y la aceptación del extrañamiento por Felipe VI es un avemaría por la paz, un error como viene a serlo toda política de apaciguamiento. Nunca dan resultado. El doctor Fraude ha mentido una vez más al decir que es contra la persona, no contra la institución. Su socio de Gobierno  ya está apuntando hacia la Corona en su actual titular. Primero irán probablemente contra la Reina Letizia, pero finalmente se dirigirán a su verdadero objetivo: la Monarquía y Felipe VI.

Estamos en un momento grave y triste para España. ¿Y todo esto se lo sopla a Sánchez ese mindundi que tiene de alter ego? He rescatado la columna que escribí cuando creí que Don Juan Carlos podría faltarnos hace diez años y me he ratificado en ella. Así que aquí la pego.

10 mayo 2010

La Monarquía y yo

Santiago González

El sábado, a las diez de la mañana, me enteré por un boletín informativo de la radio que estaban operando al Rey de un nódulo en el pulmón derecho. La memoria hizo un descenso de vértigo por sus 35 años de reinado, me puse en lo peor, y me dije: “vaya, era justo lo que nos faltaba”. A un servidor, la Monarquía le hace recordar aquel párrafo final de ‘Annie Hall’, en el que Alvy Singer/Woody Allen, dice: …y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina”. Y el médico le contesta: Bueno, “¿y por qué no hace que lo encierren?” Y el tipo le replica: “lo haría, pero es que necesito los huevos”. En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y… pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos.

Esa es justamente la cuestión que me convirtió en un monárquico práctico. Sería incapaz de aportar razones teóricas para sostener una forma de Gobierno cuya titularidad de transmite de forma consanguínea y no electiva; en que la más alta magistratura del Estado es irresponsable, según la Constitución, pero allá por los tiempos en que yo ví ‘Annie Hall’ por vez primera, Santiago Carrillo calmó los ardores republicanos a quienes entonces éramos sus cachorros con un argumento que entonces me pareció demagógico, aunque con el pasar de los años ha ido cargándose de sentido: “¿qué es más democrática, la monarquía sueca o una república bananera?”

Por aquel entonces se postulaba como candidato a presidir la Tercera República Española un notario llamado Antonio García Trevijano, socio de Carrillo en la Junta Democrática y socio y proveedor del dictador guineano, Francisco Macías Nguema. Poco después vivimos aquella noche del 23-F, en la que el Rey salió de la interinidad de su nombramiento y sentó plaza de titular en el corazón de los españoles.

Vista la cosa en perspectiva treinta años después, no se trata sólo de apriorismos, está el balance. Comparemos el de las dos experiencias republicanas, en su ser, en su desarrollo, antes de que el espadón de Pavía y el de Franco les pusieran fin, y estos 35 años de monarquía constitucional. Ahora, imaginen que la primera magistratura del país no es la amable irresponsabilidad de ese poder moderador que nos define el artículo 56.3 de la Constitución, sino un cargo presidencial que cada cuatro años se disputan en campaña electoral los dos principales partidos españoles, no pondré nombres. Eso sin contar con que la forma de gobierno republicana puede crear sus propias dinastías: ahí están en Grecia los hijos de Karamanlis y Papandreu, reproduciendo lo que aprendieron de sus padres. Todas estas cosas pasaron por la mente de un servidor a las diez de la mañana del sábado, cuando oí que estaban operando al Rey de un tumor en un pulmón. Pues sí, un servidor necesita los huevos. Dicho sea con perdón y sin ánimo de señalar, naturalmente.

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Entre el no saber y la mentira

El lehendakari Urkullu se presentó finalmente en la reunión de presidentes que tuvo lugar ayer en San Millán de la Cogolla, en contra de lo que había venido anunciando hasta última hora. La negociación mantenida por él mismo con el doctor Sánchez, y paralelamente por el consejero de Hacienda vasco, Pedro Aspiazu, con la ministra sanchista de lo mismo, Mª Jesús Montero sobre la senda del déficit y la capacidad de endeudamiento de la economía vasca, hicieron posible el cambio de opinión del lehendakari.

Ayer conocíamos el hundimiento sin precedentes de la economía española en el segundo trimestre del año: el PIB perdió en tres meses el 18,5% de su valor, seis puntos más que la yer media de la Unión Europea, el record de la zona euro, que sumado al retroceso del 5,2% en el primer trimestre califica a la nuestra de una economía en recesión. Como las desgracias nunca vienen solas también supimos ayer que el reparto de los fondos de la UE lo va a hacer Su Persona.

¿Con qué criterio, si puede saberse? Le preguntaba en Tele-5 Pedro Piqueras por los 140.000 millones de euros de los fondos europeos y cómo pensaba utilizarlos. Y el hombre se vino arriba, aunque no tiene una idea precisa de lo que representan esas ayudas respecto a nuestro PIB: “Esos 140.000 millones representan, para que se hagan una idea aquellos que nos están viendo en torno al 60% del Producto Interior Bruto del año 2019”. O sea, que este tío parece creer que el PIB español correspondiente a 2019 fue de 233.333 millones. En realidad, el Instituto Nacional de Estadística parecía creer que el PIB español de 2019 fue 1.244.757 millones de euros, o sea 1,244 billones aunque es mejor que no lo metamos en dibujos. Él ya había demostrado que confunde billones con millardos.

Pedro Sánchez es el único doctor en Economía que no conoce ni remotamente a cuanto asciende el PIB de su país, concepto que está al alcance de un estudiante de primero de carrera. No hay otro gobernante como él. Todo lo que no es ignorancia es fraude. Su especialidad es la mentira. Ha mentido desde el atril de oradores del Congreso, ha mentido en Twitter, en sus entrevistas, mintió en los comunicados de La Moncloa sobre su tesis, ha hecho mentir a su portavoz, a los doctores Illa y Simón inventándose entre todos un inexistente comité de expertos. Claro que no todo debe darse por perdido. Yo mismo, sin ir más lejos, me he visto obligado a dar la razón por una vez a Nini Lastra cuando alertó a Pablo Casado sobre la moción de censura que anunció Santiago Abascal para septiembre: “Por si no se ha dado cuenta han presentado una moción de censura contra usted”. Todo hace suponer que el jefe de la oposición sí se había dado cuenta. ¿cómo se le iba a escapar algo en lo que había reparado hasta Adriana Lastra?

Una moción de censura puede presentarse por varios motivos, más allá del obvio, un quítate tú para ponerme yo. Puede, por tanto, presentarse sin expectativa razonable de ganarla. Recuerden la que planteó Felipe González contra Suárez. Sabía que no le daban los números, pero dejó claro que allí había un presidente. No es el caso. Vox sabía que ni en el más loco de sus sueños podría sacar los 152 escaños que suman el centro derecha, mientras todos los socios de Sánchez y el propio Sánchez lo tildan injustamente de ultraderecha. El doctor Fraude llegó a Moncloa aupado en una moción ilegítima. sustentada en una sentencia fraudulenta de José Ricardo de Prada, un juez cuya imparcialidad está comprometida según la Audiencia Nacional.

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Simón del Turismo

Pues señor, viene a resultar que la Mesa del Turismo, que agrupa a los principales representantes del sector, ha pedido la dimisión del  director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, “el doctor Simón” como dice cada vez que se le presenta la ocasión, el doctor Sánchez, probablemente el español que mejor sabe valorar el título, porque conoce como muy poquita gente el esfuerzo que supone plagiar una tesis.

El doctor Simón ha dado su opinión sobre un asunto que tiene en un ay a todos los profesionales del turismo español y, por extensión, a todos los nacionales. Es ya de común conocimiento que varios países de la Unión han recomendado a sus ciudadanos no viajar a España o a algunas de sus regiones por los rebrotes, muy principalmente Aragón y Cataluña. Dichos países son: el Reino Unido, Francia, Bélgica, Noruega, Finlandia, Polonia y Alemania.

A don Simón le parece bien. El hombre ha manifestado que “Agradezco que los belgas decidan no recomendar venir a España. Es un problema que nos quitan, menos riesgo de importación de casos”. De manera análoga, la exigencia del Reino Unido a sus ciudadanos de someterse a una cuarentena después de sus viajes a España también le parece bien por la aminoración del riesgo. Él ya sabe que no es una buena noticia para el sector turístico que disminuyan los turistas. Quiero pensar que al chico de la moto no se le escapa que siendo el sector turístico el 13% del PIB español, unas pérdidas que los interesados estiman en 120.000 millones de euros hasta final de año, es una mala noticia no solo para el turismo sino para la economía española en su conjunto y para la economía de cada español en particular. El millón y medio de parados no van a ser solo camareros.

Pero lo primero es lo primero y lo importante es la salud. Si nos dieran a elegir la forma del óbito entre el coronavirus y la inanición, supongo que todos preferiríamos la que fuese más rápida y menos indolora. La Mesa del Turismo ha pedido la dimisión del doctor Simón Soria “por celebrar la ruina del sector”. Una vez salvada nuestra salud gracias a la gestión más admirable de la pandemia que imaginarse pueda, los problemas del turismo se diluirán en la cantidad de millones que la escucha activa del doctor Sánchez consiguió arrancar del corazón maternal de Angela Merkel.

No se fían de nosotros, quizá porque no hemos sabido organizar la propaganda. Sánchez se ha rodeado de gente de su nivel, empiecen a repasar la lista de los aplaudidores a ver cuántos encuentran que sean capaces de sacramentos. Algunos hay, pero imagino que lo disimulan todo lo que pueden. De rebajar a los votantes ya se encarga Tezanos. Hasta Rutte se conmovería y concluiría que la tropa de Sánchez no da mucho de sí cualitativamente hablando, pero que cuantitativamente  no hay en toda Europa un Gobierno comparable.

No es la primera vez que la Mesa del Turismo pide la cabeza de un responsable público por estupidez manifiesta contra su sector. A mediados de mayo pidieron la dimisión del ministro de Consumo, Alberto Garzón por haber dicho que “el turismo es un sector de bajo valor añadido, estacional y precario”, con el nulo resultado que hemos podido percibir. Cuatro meses antes había dicho que “Cuba es el único país que tiene un modelo de consumo sostenible”.  No hay quien dé más, salvo quizá la extraordinaria Irene Ceaucescu.

La ministra de Exteriores, Virgen Santa, ¿quién la viste? Y lo que es peor, ¿quién le amuebla la cabeza? debería llevar a sus homólogos de la UE las tontas coreografías de Redondo con los majaderos aplausos de los ministros al completo hacia la sabiduría del jefe, y la ovación cerrada de los diputados al presidente en el Congreso, aunque debo confesar que a mí me pareció extemporáneo  y algo escaso. Allí faltaba recado, se echó de menos a algún cualificado portavoz (o portavoza) de la coalición de Gobierno, tipo Echenique o Adriana Lastra, parafraseando el grito de guerra con el que el delantero camerunés del Barça, Samuel Eto’o, saludó el triunfo de su equipo en la liga 2004-2005, con el partido de la oposición  en el papel vocativo del Madrid: “Pp, cabrón, saluda al campeón”.

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Dos pesos, dos medidas

La prensa amiga  plantaba a Sánchez el domingo una amarga verdad en su portada a cuatro columnas y firmada por la mano no menos amiga de Romerito: “Los muertos de la pandemia: 44.868”. El País se ha limitado a agregar el número de fallecidos de las 17 autonomías, que vienen a coincidir con los estudios de mortalidad realizados por el Instituto Carlos III, el Instituto Nacional de Estadística y la Asociación Española de Profesionales y Servicios Funerarios. Todo el mundo sabía que eran muchas más, pero a él le bastaba con esas, que eran las que le apuntaban el par de fenómenos que tenía como auxiliares: su ministro Illa y al doctor Simón.

Los pesos y medidas, ya se sabe y de las cifras no se puede uno fiar casi nunca. Esto ya se lo temía Enrique Jardiel Poncela en un título de comedia: ‘Pero…¿hubo alguna vez 11.000 vírgenes?’

No, si yo hubiera podido evitarlo, respondería al punto Pablo Iglesias. El 24 de junio era miércoles y tocaba, como suele, sesión de control al Gobierno. El secretario general del PP, Teodoro Gª Egea y el portavoz adjunto de Ciudadanos, Edmundo Bal, cargaron contra el vicepresidente segundo del sanchismo, Pablo Manuel Iglesias Turrión, acerca del oscuro papel por él representado en el no menos oscuro caso Dina, sí, ya saben, aquella asesora íntima del líder de Podemos en Bruselas, a propósito del material escabroso que debía de contener la tarjeta simm de su teléfono móvil que presuntamente le fue robada a su novio. Recordarán que la tarjeta le fue entregada a Pablo Iglesias por el presidente del grupo Zeta, que el contenido fue examinado por Iglesias in situ, pero que lejos de devolvérsela inmediatamente a su propietaria, la retuvo en su poder unos cuantos meses, no sabría decir cuántos, al término de los cuales se la devolvió imposible.

Pablo Iglesias replicó a sus interpelantes muy en su estilo: “Si nos quieren acusar, vayan a los tribunales”. El asunto es verdaderamente notable, porque cuando se les lleva a los tribunales y estos no les dan la razón el argumento es que “no se debe judicializar la política”. A mediados de octubre de 2019, tras la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a los golpistas catalanes a distintas penas de cárcel y de inhabilitación, anunció con pompa y vanidad que “esta sentencia pasará  a la historia de España como símbolo de cómo no hay que abordar los conflictos políticos”. O sea, mediante la aplicación de la ley para restaurar el orden conculcado.

Hay  dos varas de medir, dos anchos del embudo que se aplicarán en función de las conveniencias del mando. Iglesias protestaba por los insultos que había recibido en Toledo su ministra Yolanda Díaz y en una taberna de Cádiz su tronco ‘Juanqui’ (así llama él a Juan Carlos Monedero) muy pocos días después de que el jefe de la cuadrilla se manifestara partidario de naturalizar el insulto a los periodistas. Si se puede naturalizar el insulto, no digamos la definición. Pedro Manuel es un botarate, pero la culpa no es suya, sino de quien lo nombró.

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Qué tropa para un desastre

A esta parejita feliz le hacía falta el señor Lobo

El sanchismo se manifiesta pasmado ante su imagen trabajadora, su capacidad de esfuerzo y su tendencia a dejarse la piel en sus esfuerzos. El doctor Pedro Sánchez se acercó a Bruselas, allí decir, no dijo mucho y prefirió que Angela Merkel le sacara las castañas del fuego mientras él permanecía en actitud de ‘escucha activa’ y sin papeles. Tal vez no estamos muy acostumbrados al sacrificio que supone poner la oreja para escuchar activamente lo que cuentan los que mandan.

“Es largo esperar callado” tituló Lidia Falcón sus memorias y a Sánchez, sin duda se le hizo largo. Y también cansado. “Han sido cinco días extenuantes”, dijo miércoles en el Congreso para añadir en rueda de prensa al día siguiente  que “hacía mucho tiempo que no trasnochaba dos noches seguidas”.

Es un personal con falta de costumbre y blandea en los esfuerzos. La portentosa ministra de Exteriores por él nombrada sacó pecho en aquella reunión que convocó el jefe en Quintos de Mora, portentoso lugar en el que Pepe Bono presentó a Felipe a Baltasar Garzón, llamado a ser la gran esperanza blanca de su Gobierno. “Es sábado y estamos trabajando”, decía una admirada Arancha González Laya mientras el gozo le reventaba por las cinchas. En realidad estaban reunidos, quizá en actitud de escucha activa, no digo que no, pero trabajar es otra cosa.

Ellos se gustan y, en consecuencia, se aplauden, según las estúpidas coreografías que le diseña para cada ocasión Iván Redondo. El video de su producción es impresionante por la vergüenza ajena a la que mueve. El líder viene de Europa. Solo, como mandan los cánones para el regreso del héroe . Ya lo había advertido Edward Gibbon, el gran historiador del imperio Romano: “La conversación enriquece la comprensión, pero la soledad es la escuela del genio”. Después de la escucha activa y sin papeles, le tocó a Merkel defender el papel de España. Volvía solo y al encaminarse a la puerta de La Moncloa con los andares chulánganos y un sí es no es derrengados, se encontró con el comité de bienvenida: Iván y todos los demás, aplaudiendo hasta enronquecer. Irene Montero sin mascarilla, como el líder en Bruselas, se ocultó como su antecesora detrás de la columna. Tenía que haber llevado la tarta como sus subordinadas para celebrar su cumple, pero no siempre se puede estar en todo.

No les pareció suficiente lo del martes y repitieron el miércoles en el Congreso, con socialistas y podemitas aplaudiendo al patrón como una sola Lastra. Pedro Sánchez ha vuelto de Bruselas con el mismo fulgor que debía desprender el día en que leyó la tesis que le habían escrito. Se ve que el hombre tiene un don en esto de aprovechar el esfuerzo ajeno. Le hemos metido un gol a Europa o, por decirlo con metáfora más propia del vicesegundo, “se la hemos metido doblada”. Lamenta John Müller que la torpeza de Sánchez le ha impedido comprender que habrá más cumbres y que no podrá presentarse sin responder satisfactoriamente a su homóloga de Finlandia, socialdemócrata, por cierto: “¿Tú qué hiciste?” Algo va a tener que hacer frente a su socio podemita. De momento tiene una buena noticia y una mala. La buena son los 140.000 millones. La mala, que va a ser él quien los administre.

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Ronquillo, en Ramales de la Victoria

Durante años, Ramales de la Victoria era un punto de cita obligado para la celebración de dos o tres festejos veraniegos. El lugar exacto era el Río Asón, restaurante que regentaba Enrique Galarreta con la ayuda eficaz de su mujer, Antonia Sañudo. El fallecimiento de Enrique y el posterior cierre del restaurante supuso una orfandad gastronómica  notable.

Esta semana he descubierto una luz en Ramales. Me la ha descubierto José Luis Pérez, redactor jefe de ‘El Diario Montañés  que publica todos los sábados un suplemento gastronómico excelente: ‘Cantabria en la Mesa’, al que estoy enganchado desde hace ya unos años. Y en el número del sábado pasado daba noticia de un restaurante nuevo, ma non troppo, en Ramales de la Victoria. Se llama Ronquillo y es una antigua y honesta casa de comidas que los hermanos Cecilia (en sala) y el chef David Pérez heredaron de sus padres hace diez años y le dieron una vuelta hasta convertirlo en un restaurante con miras altas. David es un chef formado en casa, con una madre que le enseñó guisos esenciales y en la Escuela de Hostelería de Laredo que dirige con mano maestra Angel Luis Gómez.

Mi amigo Andrés Susinos confesó su curiosidad por descubrir el Ronquillo y se unió a los comulgantes en una experiencia gozosa, larga y muy gratificante.

Fueron un total de 18 platillos los que pusieron en la mesa. Empezamos con un blini de pimentón con codorniz en escabeche y huevas de trucha, un buñuelo de bonito, con croqueta de la casa, una lasca de jamón de pato y un caldo thai, un homenaje a su madre y a otras aportaciones posteriores. Luego siguieron: buñuelo de manitas de cerdo con siracha, milhojas de anguila, queso fresco y foie; un fantástico bonito en vinagreta con tostadillo de Potes; sigue el espléndido bonito en tartar con cítricos sobre yogur de aceite. Impresionantes los callos de bacalao con una oreja crujiente de cerdo (qué gran plato para Arcadi), una merluza de punto extraordinario sobre pisto con mayonesa de anchoa. Colmenillas rellenas de foie para rematar con un guiso de arroz con paloma y foie de guardar memoria. Entre los postres natillas de coco con crujientes de chocolate.

Ramales ha abierto un lugar en el que poder honrar la memoria de mi querido Enrique Galarreta. Es una buena noticia en tiempos de tanta desolación. Laus Deo.

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El doctor se aplaude

Después de la cumbre europea, el doctor Sánchez entró en La Moncloa entre los aplausos de los suyos. Él también se gustaba y por eso mismo se aplaudió. Si a lo largo de las 17 ediciones de ‘Aló, presidente’ no paró de jalearse como el mejor gestor de la pandemia, cómo no iba a gustarse después de la cumbre europea.

El acuerdo me parece excelente y a Sánchez ha debido de parecerle óptimo, como cualquier otro desenlace. A mí me parece un buen acuerdo para España, no tanto por el dinero que nos dan como por las condiciones que nos ponen.

Hace diez años el Gobierno de ZP acordó prestar a Grecia 9.794 millones de euros. Era la parte que correspondía a España del total de 110.000 millones acordada por la UE, de los cuales 80.000 millones correspondían a préstamos, con v de vuelta a un interés del 5%. Los otros 30.000 los aportaba el FMI. La vicepresidenta Elena Salgado, explicó para calmar los ánimos que la ayuda no tenía coste para España: “ese dinero nos va a ser devuelto y además con intereses”. Solidaridad, pero que no excluía la oportunidad de negocio.

¿Nosotros, frugales con Zapatero? Quién lo iba a decir.

Durante el fin de semana hemos visto una foto que subió a las redes el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, en la que se le ve junto a Giuseppe Conte, presidente del Consejo de Ministros de Italia; Angela Merkel, canciller alemana; Emmanuel Macron, presidente de la República francesa; António Costa, primer ministro portugués y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español. Todos ellos tienen ante sí papeles con los datos, es de suponer, que necesitan para la negociación. Todos menos el nuestro, que tiene su sitio limpio como una patena y lleva en la mano izquierda un bolígrafo, quizá con el mismo propósito que su vice segundo, que siempre juguetea con un boli entre las manos, ¡las manos del presidente! escribió en su día un emocionado Iván Redondo.

¿Para qué quiere un bolígrafo un hombre que no tiene papel y que además lo toma con la mano izquierda, siendo él diestro en la 2ª acepción del DRAE? Cabe pensar que prescinde de papeles para que nadie piense que le está copiando a António Costa. Ante la foto y con la lectura inevitablemente positiva que hará en su comparecencia (si lo hizo de su gestión de la pandemia, excuso decirles) cabe preguntarse: ¿qué habría podido conseguir este hombre si llega a sentarse entre sus pares con papeles?

Ni se sabe, aunque entre los del aplauso estaba su vicesegundo dispuesto a tragar lo que hiciese falta, y su novia, tan crítica con la Corona, gracias a los dicterios que él iba enseñando a todas sus parejas: Borbones a los tiburones; Felipe no serás Rey, que vendrán nuestros recortes y serán con guillotina y en este plan, pero yo me temo que este galán no las escoge por listas. No es que a uno le parezca ejemplar lo del emérito (a sus años) pero la ninistra debería interesarse más por la a empresa 360 Global Media de la que cobraba su galán por La Tuerka y Fort Apache y que interesa al Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac). También podría interesarse más por el caso Dina que por el de Corinna. Son del mismo género pero está más a su nivel. Se ponga como se ponga no hay manera de confundirla con Doña Sofía.

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Van a por el Rey

Algo caro me parece

Al ver la dedicación con que Pedro Sánchez siguió a los Reyes y a las infantas en el Patio de la Armería del Palacio Real para saludar al personal, no cabía más remedio que pensar que este hombre tiene un problema insuperable con el protocolo. ¿Puede el presidente del Gobierno invitar a un acto solemne que se celebra en el Palacio Real? Solo en la misma medida que el alcalde de Madrid pueda invitar a una reunión a celebrar en La Moncloa.

Él ya había mostrado una querencia en el besamanos de la Fiesta Nacional de 2018, cuando encabezó junto a su mujer el desfile de autoridades y famosos para presentar sus respetos a los Reyes y, después de hacerlo, en vez de continuar su camino, se colocaron a la vera de la Reina Letizia, dispuestos a recibir parabienes. Les seguía en el protocolo la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que desconcertada, les estrechó la mano a ambos. Su marido se limitó a juntar las palmas de las manos, mientras un propio de Protocolo acudió raudo para llevarse a los intrusos. Aquella misma tarde, La Moncloa achacó la responsabilidad a un error de los servicios de protocolo de la Casa Real, así está el tema.

Volvió a pasar el día del Carmen y lo único que se me ocurre es que el tipo que preside el Gobierno está queriendo sentar plaza como tercera infanta y hacer valer la ventaja heteropatriarcal que le otorga en la sucesión al trono la condición masculina, según el artículo 57, aún no reformado.

Por lo demás, el presidente del Gobierno está tan vagaroso en el cargo como su vicesegundo en sus chaquetas. Los dos están muy empeñados en tirar del hilo de Corinna Larsen para destejer la Monarquía. Es más barato y más rentable que tirar de Dina Bousselham para ver en qué se queda el montaje de Pablo Iglesias con esa diz que asesora tan extraña, republicana en España y monárquica en su Marruecos de origen.  Lo de Corinna no tiene mucho misterio y lo contaba muy bien Maite Rico ayer en estas páginas. Por lo demás ella se ajusta canónicamente al papel de izas que comentaba el columnista Espada hace años al describir a las protagonistas de la telebasura. ‘Las que cobran dos veces’, tituló. Una por hacerlo y otra por contarlo. A este género pertenece ella. Muy bien pagada, es cierto. Sesenta y cinco millones de euros es muchísima pasta. Mi difunta madre me advertía de que hay cosas que solo por amor, nunca por dinero. ¿Y quién podría tasar el amor? El Rey emérito pecó al creer que podía comprar lo que la naturaleza empezaba a cuestionarle seriamente. Hay edades y dignidades en las que no se puede andar con tonterías, quiero decir que a mí todo esto me parece inadecuado, pero que después de todo uno no es Doña Sofía.

Por si todo esto fuese poco, el presidente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra, anunciaba en víspera de la visita de los Reyes de España que estudia presentar una denuncia contra el Rey emérito, Corinna Larsen y otros que pudieran estar implicados en prácticas corruptas. No puede mirar para otro lado, anuncia este menguado, que es justamente lo que se siente obligado a hacer en el caso de Jordi Pujol Soley, cabeza visible, de lo que el juez De La Mata considera  la dirección de una organización criminal integrada por mucha gente del partido de Torra, la banda del 3%.

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Se nos ha muerto Juan Marsé

Ayer se nos moría en Barcelona Juan Marsé, un novelista esencial en la vida de uno. Lo conocí literariamente por partida doble en el mes de marzo de 1974. El día 2 aparecía en los kioskos la revista ‘Por Favor’, en la que colaboraban Manuel Vázquez Montalbán, Jaume Perich, Forges y el propio Marsé. Aquella misma mañana fueron ejecutados mediante el garrote vil el joven anarquista Salvador Puig Antich, y en Tarragona el polaco Heinz Chez, que resultó ser un alemán llamado George Michael Welzel.

Marsé escribía en la página 3 de Por Favor una sección titulada ‘Señoras y señores’ que contenía dos retratos. Lamento no recordar quien era el señor, pero nunca olvidaré que la señora inaugural era Romy Schneider, ni la primera frase del retrato: “Hasta en la cara se le nota que no usa sostén”.

Creo que fue aquel mismo mes de marzo cuando encontré su novela  ‘Si te dicen que caí’ en la trastienda de la librería que regentaba en Burgos Paco Granado, padre del que fue en dos ocasiones secretario de Estado de Hacienda Octavio Granado.

La novela estaba aún prohibida en España y la edición que yo encontré había sido publicada en México por Editorial Novaro. Fue una de esas novelas que cambió mi vida, de las que aún recuerdo el primer párrafo, cito de memoria: “Cuenta que al levantar la sábana que cubría el rostro del ahogado revivió en la cenagosa profundidad de pantano de sus ojos abiertos un barrio de solares en ruinas y geranios tronchados, cruzado de punta a punta por silbidos de afilador: el aullido azul de la verdad”. Sarnita acaba de ver el cadáver de su amigo Java, con el que tantos ratos había compartido y a quien tantas ‘aventis’ había contado (relatos de la verdad circundante entreverados de fantasía adolescente.

Si te dicen que caí cuenta el asesinato a finales de los años cuarenta de la prostituta Carmen Broto, a la que retrata como Aurora Nin, la puta roja, y sobre el que volvería años más tarde con ‘Esa puta tan distinguida’. Su vida se entremezcla  con las andanzas de los falangistas y la agonía de los anarquistas, reconducidos hacia el delito común y los asaltos a meublés, hasta caer uno tras otro, aquellos “hombres de hierro, forjados en tantas batallas, soñando como niños”.

Volví sobre su bibliografía y leí con aprovechamiento aquella crónica de un tiempo, ‘Encerrados con un solo juguete’, asunto que entendía muy bien un niño como yo, que fue creciendo en un pueblo sin televisión por inconvenientes técnicos. Luego vinieron ‘La oscura historia de la prima Montse’, ‘Últimas tardes con Teresa’, ‘Un día volveré’, ‘Rabos de lagartija’, ‘La muchacha de las bragas de oro’, ‘El amante bilingüe’ y algunos otros. Su muerte ha servido de argumento para que gente como Quim Torra, Ada Colau, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y otros hayan escrito un tuit, expresión de duelo que recuerda a las dos lágrimas que vertía Nerón en el vaso que le pedía a Tigelino en ‘Quo vadis’: “una lágrima por ti, una lagrima por mí”.

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