Una sentencia pionera

Lo que nadie podía prever (preveer diría el doctor Asintáctico) era que Teruel también existe, aparte de la plaza del Torico y el diputado Guitarte. El Juzgado de lo Social número 1 de la ciudad se ha marcado una sentencia pionera contra el Gobierno de Aragón por la desprotección que sufrieron los trabajadores sanitarios de la Comunidad para hacer frente a la pandemia.

La sentencia de la juez Alcalde hace un minucioso repaso de los hechos, de los que concluye que los contagios masivos eran previsibles. Coincide el fiscal y añade que, además de previsibles eran ‘evitables’. El presidente Lambán se ha refugiado en el factor de imprevisibilidad, paraguas de todo el Gobierno Sánchez, pero no ha colado. Cita la magistrada los avisos y advertencias de la OMS desde el mes de enero pasado. El ministro Duque revelaba en lo de Herrera el jueves: “no conozco ninguna alerta internacional que el Gobierno haya desoído”. El mismo Pedro Duque había comparecido en rueda de prensa el 21 de marzo pasado, para afirmar que el Gobierno conocía la gravedad del coronavirus desde finales de enero y que ya desde el 2 de febrero tomaron algunas medidas legales frente a la cuestión.

No hubo tal, como demostró el hecho de que no se tomaron las medidas necesarias, un suponer prohibir las concentraciones de masas, principalmente la manifestación del 8-M que tanto exalta el ánimo del doctor Sánchez. Hubo manifestaciones en otros países, es verdad, pero en ningún otro aparte de España, fueron impulsadas por sus respectivos Gobiernos.

La sentencia de Teruel puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón y también puede ser seguida por muchas otras análogas que vayan a suponer un rosario de problemas para el sanchismo gobernante, con el leit motiv de que los efectos de la pandemia eran previsibles y evitables.

No decía la verdad el astronauta el jueves, porque sí ha habido alertas internacionales que el Gobierno ha desoído. Por ejemplo, la recomendación que recibió de la UE el 2 de marzo para evitar manifestaciones multitudinarias. Ese día recibió Don Simón el recado, exactamente, pero no se lo reenvió a las CCAA a las 12:45, ni lo sacó a colación en la reunión interterritorial de Sanidad que presidió el ministro Illa el día 5. Estos tipos justificaron su disimulo con un argumento que intelectualmente los empata con la novia del vicepresidente segundo que admitió a una periodista de ETB que los convocados a la manifestación fueron más prudentes que el Gobierno convocante, jo, tía porque se cortaron mucho y fue por miedo al coronavirus, tía, aunque ella no lo iba a decir, afirmó mientras lo decía. El argumento es que no hacía falta compartir con las Autonomías la recomendación de la Agencia de la UE para el Control y la Prevención de Enfermedades, porque la misma era de dominio público y los interesados podían encontrarla en Internet. No hay quién dé más. Ni menos, porque este hombre portentoso sigue haciendo el milagro de ofrecer cifras nacionales de muertos que están muy por debajo de la suma de los fallecidos en las Autonomías. ¿Cómo hacen el cálculo? Pues con las cifras que proporcionan los Gobierno Autonómicos y una técnica sumatoria absolutamente caprichosa.

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De la mentira a la calumnia

Ayer fue un día muy significado en la escalada de la desvergüenza. Una nueva fase. En el debate que sirvió para aprobar la sexta prórroga del estado de alarma esto que hace de presidente del Gobierno volvió a mentir, pero subiendo un escalón: pasó de la mentira a la calumnia al dar una nueva versión del cese del coronel  Pérez de los Cobos: que era una operación de Marlaska para limpiar la llamada ‘policía patriótica’.

Vayamos por partes, que diría Jack el Destripador. Ayer, el doctor Trolas mintió al pedir la prórroga, al mismo tiempo que su discurso triunfalista sostenía que no hacía falta. Cero fallecidos en las 24 horas anteriores.

Esto lo tendría que explicar el zangolotino Errejón que en su primera tribuna en El País inventó “la suma cero, un juego en el que perdemos todos”. Lo que apoyaron ayer los 177 que votaron sí no fue más que reforzar a Sánchez. Quo vadis, Ciudadanos?

Ayer, Pedro Sánchez dijo algo espectacular en la tribuna del Congreso:

“Hablamos de emergencia sanitaria pero la real, la emergencia que tenemos por delante es la emergencia climática a la que tenemos que dar respuesta. El país que necesitamos es el de la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres y yo lo digo alto y claro: ¡Viva el 8 de marzo!”

Tenía razón Abascal al compararlo con el ¡viva la muerte! que atribuyen a Millán Astray. Esto califica al presidente como psicópata, pero lo que dice antes es una falta de sentido insuperable, califica lo desviado de sus perversiones. La emergencia principal, en medio de la pandemia no es la sanitaria, sino la climática. Vivir para ver.

Yo creo que Pérez de los Cobos debería querellarse por calumnias. Hace 14 meses, el propio Sánchez anunciaba que con su llegada al Gobierno, diez meses antes, habían desaparecido las policías patrióticas. (Pulsar el link de arriba para ver el video). La infamia era mentira, pero aun en el caso de que fuese verdad, habría que reprochárselo a Alfredo Pérez Rubalcaba. Él fue el ministro del Interior que incorporó a Pérez de los Cobos como asesor muy cualificado en la lucha contra el terrorismo, una parte de lo que llamaban ‘el comando Rubalcaba’.

¿El teniente general Laurentino Ceña también era un policía patriótico? Hoy la Razón revela que su dimisión nada tiene que ver con su jubilación sino con  su protesta por la purga. Arcadi Espada lo ha clavado en su columna: “A Sánchez no hay que discutirle nada. Ni siquiera interpelarlo. Ni con él ni con su Gobierno  hay una conversación democráticamente posible”. Bal, Inés, ¿comprendéis?

También, cuando dijo que a Pérez de los Cobos no lo había cesado él, sino el secretario de estado de Interior a propuesta de la directora general de la Guardia Civil. No he sido yo, seño, han sido estos dos niños. Esa es la falta de gallardía del mando en la asunción de la responsabilidad, su falta de cuajo, y esto nada tiene que ver con las preferencias sexuales del ministro, acuérdense del Batallón Sagrado de Tebas, en fin. Marlaska no es Margaret Thatcher que asumió en la Cámara de los Comunes la muerte de tres terroristas del IRA en Gibraltar por disparos de los SAS: “Sí, yo disparé”.

ABC nos regala la última muestra de nepotismo: la creación de un cargo ad  hoc para su amigo Ignacio Carnicero. Y permítanme añadir una pequeña exclusiva: El 8 de mayo se cumplieron cien años de la creación del Ministerio de Trabajo. La ministra de la cosa, Yolanda Díaz, sondeó a sus antecesores para organizar una fiestuqui por el aniversario. Vinieron a responderle que no está el horno para bollos, pero había un detalle más. La podemita dijo que naturalmente habría que prescindir de Chaves, Griñán y Zaplana. La equiparación estaba envenenada: Chaves y Griñán están condenados y Zaplana no, pero era un pellizco de monja para su socio de Gobierno al vetar a los dos ministros de trabajo más notables que ha tenido el PSOE.

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Ministro y mentiroso

Saber mentir es habilidad que requiere algunas condiciones previas: una de ellas, ser más inteligente que el auditorio. Otra, tener muy buena memoria.

El ministro del Interior es un mentiroso. En parte por voluntad propia, en parte por granjearse las simpatías del amo del cotarro, aunque no hay peligro de que lo supere en esta maña. Sánchez miente sin necesidad, aunque las circunstancias no lo exijan ni lo disculpen. Después de la destitución del coronel Pérez de los Cobos, comunicada al interesado por su directora general, María Gámez, el domingo, 24 de mayo a las diez y media de la noche, el ministro tuvo que dar  explicaciones. Y mintió, claro, el miércoles, 27 en el Congreso y el viernes, 29 en el Senado, al decir que “ni yo ni nadie del Ministerio del Interior, ni de la Dirección General de la Guardia Civil ha solicitado al coronel Pérez de los Cobos el informe sobre el 8-M ni se ha interesado por su contenido”.

Poco después, ante el escándalo levantado por la destitución, el ministro Grande tuvo un hallazgo genial: “injerencia es una palabra que no conjugaré nunca”. Natural, la gramática española solo permite conjugar verbos,  nunca sustantivos. El ministro había sido  desmentido por la Directora General, que la noche de aquel domingo, a las 22:30, según precisión de la diputada Macarena Olona, le exigió precisiones antes de comunicarle el cese.

Mintió el ministro  al explicarlo como “un proceso natural de sustitución”. Un proceso semejante se remataría en día laborable y en horario de oficina. Y tendría preparado el relevo para ejecutar en el mismo acto ‘la sustitución’. Han pasado diez días desde la destitución verbal sin que la Guardia Civil y el Ministerio hayan dado con un relevo para el coronel jefe de Tres Cantos. Ahora se ha conocido la nota interna de María Gámez aquella misma noche: “por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la G.C.  en el marco operativo y de Policía Judicial con fines de conocimiento”. Lo que Gámez explicó al coronel Pérez de los Cobos requiriendo por tercera vez en el día (antes, esa misma tarde, lo habían hecho el general general Berrocal y el teniente general Santafé) el informe que los subordinados del coronel habían elaborado para la juez Rodríguez-Medel fue que:  “Es una investigación delicada para el Gobierno y tenemos que conocer lo que la Guardia Civil está entregando a la jueza”. Es esta frase la que aclara el texto de la nota interna. Lo que interesaba al Gobierno era el contenido del informe, no que la G.C. estuviera desarrollando ‘una investigación’ para la juez, cualquier investigación.

Cuando el teniente general Ceña dimitió por desacuerdo, volvió a mentir el ministro al sugerir que la causa era un adelanto de una semana en el retiro.  No explicó la razón de que el DAO decidiera ahorrarse esa semana al día siguiente de la destitución de Pérez de los Cobos. Si Grande Marlaska tuviese la mitad de la entereza moral que le supusimos cuando era juez, ya habría dimitido. Pero este es otro aspecto de su personalidad que ha copiado al doctor Sánchez. Y total, pa na; todo lo del 8-M se lo explicó muy confianzuda la ninistra Montero a una colegui de ETB, jo, tía.

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Truhán, señor (o casi)

La vida te da sorpresas, cantaba Rubén Blades, con una de esas sentencias apodícticas, incontestables. Es cierto, a veces te da sorpresas y en alguna otra ocasión recompensas más allá de lo que tú hayas merecido. Una de estas recompensas inesperadas fue para mí la amistad de Ramón Arcusa, con quién trabé contacto en un chat que dirigía con mano amable pero firme nuestra común amiga Teresa Giménez Barbat.

Ramón, la mitad del Dúo Dinámico es una de esas personas que formaban parte de mi vida antes de conocerlo personalmente. Le conté cuando nos conocimos que yo, un jovencito de mi tiempo en los años sesenta, era de los Beatles y los Rolling, de Bob Dylan, Jimmy Hendrix y Carole King. Y también del Dúo Dinámico. Pertenezco a una generación de gente muy ecléctica y él, con Manolo, componía un par realmente universal. Los veranos de mi adolescencia estaban marcados por dos canciones que siguen siendo evocadoras para mí cada vez que las oigo. El comienzo estaba marcado por ‘Downtown’ de Petula Clark y el final por una canción que yo titulaba como ‘El final del verano’. Tardé mucho tiempo en enterarme de que su verdadero título era ‘Amor de verano’. La melodía era asombrosamente descriptiva del verano crepuscular que ya se anunciaba en los primeros días de septiembre y la letra muy apropiada para ese amor estacional y forzosamente breve.

“El final del verano/ llegó y tú partirás./ Yo no sé hasta cuando/ este amor recordarás. Pero sé que en mis brazos/ yo te tuve ayer/ y eso sí que nunca, nunca yo olvidaré.” Lo de en mis brazos yo te tuve ayer tiene más de ensoñación que hecho realmente vivido. Pero ya decía Woodsworth que la belleza subsiste siempre en el recuerdo y no hay mejor recuerdo que la ensoñación.

Y ahora nos viene Ramón con unas memorias que ha titulado como una de las canciones que compuso para Julio Iglesias. Soy un truhán, soy un señor. O casi, matiza él con esa elegancia que forma parte de sí mismo. El libro contiene un rico anecdotario de su vida, contado con sencillez y modestia. Los 20 años que trabajó para Julio Iglesias, el portentoso asunto del ‘La, la, la’ la canción con la que Massiel ganó el festival de Eurovisión en 1968 y el equívoco proceder de Joan Manuel Serrat, en el que las buenas maneras de Ramón, muy amigo suyo en aquella época , le prohiben hacer sangre, mientras desfilan anécdotas y vivencias con personajes como Burt Bacharach y Frank Sinatra, por citar solo dos nombres.

Este es un libro que me habría encantado prologar por el continente, por el contenido y por el autor, uno de esos tipos que saben hacerse un hueco en el hondón donde albergamos los afectos. Son 250 páginas contadas con sencillez y eficacia, y que dejan tras de sí un retrato fidedigno del autor, mucho más señor que truhán, lo miremos por donde lo miremos.

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Perder los papeles

La somanta dialéctica que dio Cayetana Álvarez de Toledo a Pablo Iglesias Turrión dejó tras de sí algunas secuelas. Alberto Núñez Feijoó fue la voz cantante del PP para criticar a su portavoz en el Congreso: “ningún compañero de mi partido o de otros partidos de la oposición debe entrar al señuelo del Gobierno para crispar, provocar y perder los papeles”. Perder los papeles, un lugar común  que viene a ocupar en el discurso del presidente de la Xunta la función del pensamiento. Se equivoca. Lo que ha hecho su portavoz ha sido encontrarlos. Los papeles los habían perdido otros. 

Pongamos un ejemplo: Hoy se cumplen dos años de la moción de censura que depuso a Mariano Rajoy y llevó a la Moncloa a Pedro Sánchez. El artefacto ignoró el carácter constructivo que nuestra moción de censura  había copiado del modelo alemán.  El candidato no expuso programa alguno, solo una promesa implícita en el ejemplo de los ministros alemanes que dimitían cuando se descubría el plagio de sus tesis doctorales. Debió de perder los papeles: los de los ministros alemanes y los de su propia tesis.

También perdieron los papeles el juez José Ricardo de Prada y su cómplice, Julio de Diego, en la sentencia en la que el ponente introdujo fraudulentamente la acusación en la que sustentaron el doctor Sánchez y sus socios el derribo del presidente.

Feijóo cree que Cayetana crispó, provocó y perdió los papeles, claro. A mí me ha recordado tiempos infantiles, en los que el matoncete de la escuela acoquinaba a escolares más altos y fuertes, porque estos reculaban ante la determinación violenta y agresiva de un tipo físicamente irrelevante. Era mejor no encabronarlo, no provocar. En definitiva, no perder los papeles.

Así piensa una parte del PP, que está muy por debajo de las capacidades de su portavoz parlamentaria, pero no es un vicio exclusivo del partido conservador.  La mayor parte de los españoles (un 63,7%) rechaza según El Español lo que dijo Cayetana de Iglesias Peláez, mientras los que reprueban la exhibición del macarrista-leninista acusando de golpista a Espinosa de los Monteros se quedan cuatro puntos y medio por debajo (59,2%). Hay una diferencia obvia: la acusación de ‘terrorista’ a Javier Iglesias es un hecho, (su propio  vástago blasonaba de ello), mientras el hijo del terrorista hizo un proceso de intenciones al portavoz de Vox. Iglesias también presume de su amistad con los golpistas catalanes. Lo hizo de facto cuando visitó a Junqueras en la prisión de Lledoners para negociar con él los presupuestos y cuando reclamó la libertad de los golpistas catalanes el mismo día que imputó a Espinosa las ganas de un golpe de Estado y la falta de decisión para darlo. Los cielos se toman por asalto, que dijo Pablo con su memoria de pez (globo) en octubre del 14, plagiando el título del documental de Rioyo y López Linares sobre el asesino de Trotsky. En uno de los tuits en los que reivindicaba la militancia en un grupo terrorista de su padre, deseaba a los suyos ‘besos y piolets’.

Woody Allen cita en sus memorias (A propósito de nada) su obra maestra ‘Zelig’, en la que trata el deseo común del personal de ser aceptado, la obsesión por adscribirse al ‘mainstream’ de lo políticamente correcto: “Esa obsesión con el conformismo es lo que, finalmente, conduce al fascismo”. “Qué dolor de papeles que ha de barrer el viento”, escribió Alberti, tan gran poeta como mala persona, pero esos papeles no se le habían caído a Cayetana Alvarez de Toledo.

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La alteridad del marqués

Pie de foto: Los fraperos, su señor padre y el hijo

Marquesa de pacotilla, llamaba la madre de Pablo Iglesias Turrión a Cayetana Alvarez de Toledo y hay calificaciones ante las que es obligado plantarse. No, María Luisa Turrión, la señora Álvarez de Toledo es una marquesa con todas las de la ley. Marqués de pacotilla es su hijo, también llamado marqués de Galapagar. La mera comparación de una con otro revela que los marqueses nacen, no se hacen.

El gran Albert de Paco atinaba en su apreciación: “La madre, ahora la madre. Es como tener en el Congreso a los Bardem”. La crónica es sobradamente conocida, la daremos por sabida. Este macarra de ceñido pantalón ©Joaquín Sabina había respondido a un discurso excelente de la portavoz popular, casi trece minutos impecables con un ritornello imbécil que incluía la invocación ‘señora marquesa’ cada poco. Ellos son así; su ex asesora íntima, Dina Bousselham, que cambia la versión sobre  el robo de su móvil y la recuperación de tarjeta cada vez que tiene un juez a mano, a cambio de lo cual fue presumiblemente recompensada con la dirección de un libelo para sacudir a los adversarios de Podemos. Allí colocó un titular memorable para descalificar al ex diputado naranja De Quinto: “Marcos de Quinto, alias ‘el coca-colo’, la vuelve a liar en Twitter”. No es por el alias, sino por el ingenio pedestre que revela.

Voces ha habido, algunas de ellas generalmente razonables, que han afeado a Álvarez de Toledo su recuerdo del padre de Iglesias como terrorista, alusión irreprochable por haber militado en una organización terrorista. Que no participara en ninguno de los asesinatos perpetrados por el FRAP, lo exime de ser tildado de asesino, pero terrorista sí, eso se lo ganó al hacerse miembro del club. El hijo presumía de la militancia de su padre en la banda terrorista y lo hizo por escrito, aunque la pertenencia al FRAP, al GRAPO o a ETA no bastaba para acreditarlo como terrorista. El terrorista era para él Amancio Ortega: “25% de paro y Amancio Ortega tercero en el ranking mundial de ricos. Democracia ¿Dónde? Terrorista ¿Quién?”

Los críticos han reprochado a Cayetana que se centrase en un asunto al parecer irrelevante y con ello le haya perdonado la vida a Marlaska. Vaya por Dios. Ahora que teníamos a punto de caramelo a Ábalos por las maletas de Delsy, a Carmen Calvo por todo lo suyo y al propio presidente Sánchez por el plagio de su tesis, viene la marquesa a distraernos con bobadas. 

Al día siguiente, Pablo Iglesias atribuyó a Espinosa de los Monteros la voluntad de dar un golpe de Estado, aunque les falte cuajo para materializarlo. El portavoz de Vox fue la expresión de la dignidad, al irse, aunque todavía alcanzó a oír el último regüeldo de este macarrón: “Cierre al salir, señoría”.

¿Golpistas? Recuérdese que Iglesias visitó al golpista Oriol Junqueras en la cárcel de Lledoners para negociar con él los presupuestos de Sánchez. Ayer mismo su partido pedía la libertad de los verdaderos golpistas suscribiendo el manifiesto “Por la libertad de Jordi Cuixart y Jordi Sànchez y la defensa del ejercicio de los derechos fundamentales”. 

Este tipo, Aigor,  practica incesantemente la alteridad: acusar a terceros de lo que a él le cuelga de la chepa. Dar la vuelta a su miserable discurso fue un ejercicio de salud pública que realizó Cayetana el miércoles. El jueves contó con el apoyo de esa nulidad que preside la comisión para la reconstrucción económica y social, Patxi López. El otro día al hacerme con las memorias de Woody Allen, ‘A propósito de nada’, me sorprendí pensando  cómo era posible que el genio de Allen dedicara un libro a la materia irrelevante que constituye la esencia de Patxi López.

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Señora Olona, perdone, pero lo suyo es un abuso

 Empecé a seguir con atención a Macarena Olona cuando ella era abogada del Estado en el País Vasco. Era una mujer inteligente, precisa, argumental. Ella sola es una diferencia sustancial para su partido frente a la purria femenina que integra el gabinete del doctor Plagio. Y a la masculina, por supuesto. Quien haya seguido alguna intervención de la diputada Olona en el Congreso no tiene más que compararla con otra de Carmen Calvo, Irene Ceaucescu, Yolanda Díaz, Alberto Garzón, Marichús Montero, Isabel Celaá e tutti quanti. No me hagan añadir nombres, que son 23.

El miércoles pasado le tocó a Ferdinand Petit-Marlaska, a quien breó a modo, sin que él tuviera otra salida que la tangente. Eran las célebres preguntas al lobo de la revista ‘Hermano Ídem’:

Señor ministro , el coronel Pérez de los Cobos recibió una llamada el domingo por la tarde del general Berrocal preguntándole   preguntándole por el curso de las investigaciones judiciales?

Señor ministro, el coronel Pérez de los Cobos recibió una llamada el domingo por la tarde del teniente general Santafé pidiéndole información sobre el informe emitido por la Policía Judicial?

Señor ministro, el coronel Pérez de los Cobos recibió el domingo por la noche a las diez y media una llamada de la directora general de la Guardia Civil, informándole de su cese porque no había informado sobre el informe emitido por la Guardia Civil por la Comandancia de Madrid en sus funciones de Policía Judicial?

Señor ministro, ¿ordenó usted a los generales Berrocal y Santafé que ordenaran requerir al coronel Pérez de los Cobos informaciones sobre investigaciones judiciales en curso?

Señor ministro Marlaska, ¿ordenó usted a la directora general de la Guardia Civil que procediera al cese fulminante del coronel Pérez de los Cobos por cumplir con su función?

Señor ministro Marlaska, ¿recuerda usted el caso Faisán? Por supuesto que lo recuerda porque usted era el magistrado instructor y lo recuerda la bancada socialista y la bancada proetarra que todavía se lo agradece. Esta resolución judicial es suya, señor ministro Marlaska, porque cuando usted era juez lo que hacía era ordenar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional que mantuvieran absoluto sigilo* y no informaran a sus superiores de sus pesquisa judiciales. Ha traicionado todos sus principios si es que alguna vez los tuvo, señor Ministro Marlaska y lo peor de todo ha traicionado a los hombres que pusieron su vida en riesgo para proteger la suya cuando estaba amnenazado por el comando Vizcaya, como es el caso del coronel Sánchez Corbí y del coronel Pérez de los Cobos.

Dos anuncios quiero hacer: en el día de hoy hemos puesto una querella contra la directora general de la Guardia Civil y contra el secretario de Estado de Seguridad porque usted va a caer por sus subordinados, señor ministro Marlaska.

Naturalmente, Petit Marlaska no respondió a ninguna de las preguntas.

* La diputada Olona se refería al siguiente párrafo de un auto del ex juez, que mostró desde su escaño: “únicamente podrán informar de sus pesquisas y del resultado final de dicha investigación a este juzgado, y nunca a sus superiores, toda vez que los hechos necesariamente se han materializado dentro del entorno policial y el resultado podría verse alterado”.

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Terrorista, timbre de gloria o baldón, según convenga

Ayer hubo momentos eléctricos en el Congreso. Cayetana Álvarez de Toledo, marquesa de Casa Fuerte, interpeló a Pablo Manuel Iglesias Turrión, después de que Pablo Iglesias, marqués de Galapagar, se dirigiese a ella reiteradamente como ‘señora marquesa’, con un resultado apoteósico. Véanlo.

“Ha hecho referencia a mi título de marquesa, clase social, a la aristocracia, una y otra vez, en definitiva….Como usted muy bien sabe, los hijos no somos responsables de nuestros padres, ni siquiera los padres somos del todo responsables de lo que vayan a ser nuestros hijos. Se lo voy a decir por primera y última vez: usted es el hijo de un terrorista, A esa aristocracia pertenece usted: a la del crimen político”.

Pablo Iglesias subió a la tribuna para replicar: “Si piensa que llamando terrorista a mi padre me va a provocar, se equivoca. Acaba de cometer un delito en esta tribuna […] Invitaré a mi padre (a mi señor padre, dijo exactamente) a que ejerza las acciones oportunas”. Ah, la inmunidad parlamentaria.

El delito al que se refiere el botarate segundo del Gobierno es el de calumnias, definido en el Código Penal, artículo 205, como:”Es calumnia la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad”. La propia definición lleva implícito el ‘exceptio veritatis’ que la anula. Lo curioso del asunto es que Cayetana Alvarez de Toledo no tiene que demostrar nada, ni siquiera que Javier Iglesias Peláez militara en el F.R.A.P., organización terrorista fundada por el PCE(ml). El propio Pablo Iglesias lo ha dicho paladinamente en repetidas ocasiones. Por ejemplo, en la necrológica que escribió a la muerte de Santiago Carrillo, en la que decía:

 «La entrevista (con Carrillo) me sirvió para reafirmarme en que no estaba de acuerdo con él en muchas cosas, pero también me hizo admirarle. Créanme si les digo que siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo», escribió. Y añadió: “Frente a Santiago descubrí que estaba ante el secretario general que condenó irremisiblemente a la mediocridad a todos los secretarios generales que llegaron después”. Pobre Alberto Garzón, a pesar de tenerte tan calado te hizo ministro.

En otra ocasión volvió a admitir la pertenencia de su padre a la organización terrorista en un tuit:

Mi padre frapero, dice el pollo y despide el tuit con un buenas noches que muy bien le podía dedicar Ramón Mercader a Trotsky: “besos y piolets” . He aquí una de las estrofas de Pedro Faura que le cantaba papá:

Juan Carlos en El Pardo debajo de un colchón 
pregunta al momio Franco con temblorosa voz: 
‎“¿De quién son esas voces que en la calle se oyen gritar? 
‎¿Son acaso los del FRAP que me quieren degollar?”‎

Así se entiende que les enseñara a todas sus novias a cantar: “Felipe, no serás Rey, que vienen nuestros recortes y serán con guillotina”. Y los demás cantando a nuestros hijos el ‘Duerme, duerme, negrito’ o ‘Erase una vez un lobito bueno’, hay que joderse.

Pablo Iglesias blasona de la militancia del frapero o amenaza con querellas a terceros que se crean sus impresiones. Eso no es calumnia, se ponga como se ponga, aunque cabe una posibilidad: que el FRAP fuese la banda terrorista de ‘El hombre que fue Jueves’, ya saben, la novela de Chesterton en la que un policía, Gabriel Syme se infiltra en una banda anarquista para descubrir que su cúpula, siete activistas que llevaban el nombre de los días de la semana, eran todos policías. Claro que yo no sé si esta posibilidad es más inquietante y humillante para este mindundi que ejerce de vicepresidente segundo del mindundi primero.

Luego están las tontas, bueno, las grupis. Irene Ceaucescu, ministra por designación de Pablo Iglesias:

“Debe de ser”, tendría que haber escrito la nuera fascinada. Javier Iglesias no se jugó el tipo por la democracia, sino por la organización terrorista en la que militaba, según reivindica orgullosamente su hijo. ¿Por qué CAT debe (de) ser más de Billy el Niño? Cayetana no había presumido de un padre antinazi, aunque habría podido hacerlo. Juan Illán Álvarez de Toledo fue de los pocos franceses que realmente combatieron al nazismo en la Resistencia. Él vivía con su familia en EEUU y viajó ex profeso a Francia para luchar.

Las menguadas van a pares. Inmaculada Colau, alcaldesa de la segunda ciudad de España, hizo su tuit:

No se pueden decir más tonterías con menos palabras: sin ninguna base, solo para difamar, inmoral, delito. Su última recomendación, el PP debería cesar de portavoz, es bocado que tienta a algunos compañeros de partido de CAT.

Mañana toca Macarena Olona.

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El ministro y la juez

Petit Marlaska comparte cabecera con ilustres infectadas. Inmediatamente detrás, Rafa Simancas y el delegado del gobierno en Madrid, José Manuel Franco, citado como investigado el próximo día 5 de junio.

Todo se pega menos la hermosura y el pequeño Marlaska ha copiado de su mandante los vicios gramaticales y la mentira. “Injerencia es una palabra que no conjugaré nunca”, ha dicho para explicar el cese del coronel Pérez de los Cobos. Injerencia es un sustantivo y lo que se conjuga son los verbos. La sintaxis es un valor moral, ya lo dijo Valery, y Marlaska ha demostrado en estos dos años que le es ajeno. Miente el ministro, imitando a su patrón, al pretender que la destitución de Pérez de los Cobos es ajena al informe que la Guardia Civil ha redactado en tanto que policía judicial por orden de la juez Carmen Rodríguez-Medel sobre el 8-M y sus circunstancias. 

La directora general del Cuerpo, María Gámez, es nueva y sin malicia, porque  reclamó el informe con mucho desparpajo: “Es una investigación delicada para el Gobierno y tenemos que conocer lo que la Guardia Civil está entregando a la jueza”. La juez considera que la policía judicial depende de los Jueces, de los Tribunales y del Ministerio Fiscal, tal como dicenel artículo 126 de la Constitución y el R.D.  769/1987, de 19 de junio, sobre regulación de la Policía Judicial. 

Ya había pasado antes. Recordaba mi admirada María Peral que siendo teniente fue apeado del mando de una unidad antiterrorista por negarse a revelarle a Luis Roldán el nombre de un confidente suyo en la lucha contra ETA. Roldán y Marlaska, caramba, qué coinsidensia, dirían les Luthiers. Los artífices de las dos crisis más graves en la historia de la Benemérita. El primero por su fuga, el segundo por lo que estamos viendo.

La destitución fue una bomba en la Guardia Civil; el primer mando uniformado de la  misma, el teniente general Laurentino Ceña presentó su dimisión como protesta. La radio pública española tuvo un gesto de vileza al decir que el CEO “había adelantado su jubilación”. Se comprende que Rosa Mª Mateo sufriera un lapsus,-el subconsciente no existe, pero insiste, diría aproximadamente Freud-, y se le escapara “Radiotelevisión espantosa” durante su comparecencia de ayer en el Senado.

¿Había dicho ya que el ministro del Interior miente? Como su jefe. De ahí que explicara la destitución como “un proceso natural de sustitución basado en la confianza”. Ya embalado, dijo que Laurentino Ceña pasaba a situación de retiro el pasado 23 de marzo, decisión que se pospuso por el estado de alarma. ¿Un proceso natural de sustitución?¿Puede considerarse natural un relevo como éste? Si el teniente general Ceña había pospuesto su jubilación por el estado de alarma no parece lógico que se vaya antes de que termine, coincidiendo con la destitución de Pérez de los Cobos y diciendo que es esta la razón por la que dimite. Y para más inri comunica que va a equiparar salarialmente a Policía y Guardia Civil, una equiparación necesaria y tardía. Dos años de retraso.

Rodríguez-Medel haría bien en sostener al coronel cesado en aplicación del artículo 550 de la L.O.P.J. que prohíbe la remoción de los agentes en funciones de Policía Judicial hasta acabar su investigación, salvo por decisión del juez. Marlaska fue juez pero ya no se acuerda. Esta magistrada tiene más legitimidad que él también en la Guardia Civil. Su hermano era coronel y su padre general. Su abuelo José también pertenecía al cuerpo: era comandante en Pamplona y fue asesinado el 18 de julio de 1936 al oponerse a la sublevación de Mola. El día 5 va a tomar declaración como investigado al delegado del Gobierno, José M. Franco. Macarena Olona ha registrado una pregunta para que Petit Marlaska lo explique en el Congreso. Hay que estar atentos. La cosa promete.

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De tontos y malvados

En la foto, los cuatro músicos de Bremen

El Congreso debatió el pasado miércoles, entendamos lo que entendamos por debate, la quinta prórroga del estado de alarma, con préstamos intelectuales entre lo más granado de la cabaña sanchista: Echenique citaba a Rufián como fuente de autoridad en su combate contra Ayuso, Adriana Lastra invocaba a Echenique y en este plan. Rafael Simancas había explicado que el acuerdo con los herederos de Batasuna para comprar sus abstenciones derogando la reforma laboral de 2012 fue culpa del PP, “por dejarnos tirados al no apoyar la prórroga”. La portavoz portentosa, Chiqui Montero abundó con parecido argumento: el PP dimitió de su responsabilidad y obligó al Gobierno a buscar el apoyo de todas las fuerzas políticas, incluida Bildu. El subtexto nos explica: no os hacéis idea de lo que somos capaces para salirnos con la nuestra. Y sí, pactar con los herederos de ETA es una de ellas.

Hay una docena de socialistas asesinados por ETA entre el 27 de octubre de 1979, Germán González, y el 7 de marzo de 2008, Isaías Carrasco. Uno los recuerda a casi todos y no olvida el encuentro de Arnaldo Otegi con los compañeros de Buesa en febrero de 2000. Silencio total, ni un “lo siento” de circunstancias. Sus diputados apoyaron la prórroga de la alarma unas horas después de que su chusma callejera asaltase el portal de Idoia Mendia, sin que él opusiera ningún reparo más que al asesinato de Buesa.  Acertó José Mari Múgica al devolver el carné del partido en el que había militado toda su vida al ver la foto de su secretaria general, Idoia Mendia, cocinando al alimón con Otegi la cena de Nochebuena de 2018  en una sociedad gastronómica. 

Pedro I el Mentiroso abundó en el argumento. Cinco veces, cinco, repitió en su ‘Aló, presidente’ del sábado que la culpa era del PP, por negarle sus 89 escaños. “Solo se trataba de sanidad”, decía, para explicar  que había tenido que ofrecer a Bildu cambios en el mercado de Trabajo, a espaldas de los agentes sociales, de buena parte de sus ministros, incluida la titular de Trabajo y a los barones del partido.

Lo más chocante es que no necesitaba el pacto batasuno. Lo impulsó por si se equivocaba. A mí, este ignorante  que confunde ordinal con partitivo, Palencia con Zamora, Soria con Sevilla y cree que Almería limita con Cádiz, me recuerda la observación que a Claudio le hacía su amigo Herodes: “hay listos que se hacen el tonto, tontos que se hacen el listo, pero tú eres el primer tonto que conozco que se hace el tonto. Llegarás a ser un dios”. Pedro, más modesto, se ha conformado con llegar a presidente del Gobierno de España, empeño en el que nos ha hecho tontos a todos los demás. Hablaré por mí, que me autorretrato con un título de Alberti: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

Su pacto con EH Bildu, negado 25 veces antes, no es nuevo. Lo había firmado ya en su investidura y en el Gobierno de Navarra. Él debe de creer que el precio lo pagamos los demás. Aunque no lo sabe, él también ha pagado el suyo: convertirse en el tipo más débil de la política española. Solo así se explica que haya convertido en hombre fuerte de su Gobierno al tipo que le escupió en el Congreso: “su partido tiene las manos manchadas de cal viva”. Si no saben defender su dignidad ¿cómo podríamos encomendarle la defensa de la nuestra?

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