Minitormentas

Ha sido una tormenta en un vaso de agua. Tal vez no eligió Cayetana Alvarez de Toledo el mejor momento para hacer una crítica a la gestión del PP vasco, al señalar que la tibieza mostrada a veces hacia el nacionalismo no había dado buenos resultados.

Le cayó la mundial. Un tal Antón Damborenea le ha aclarado que “quien no conoce la Constitución ni la historia no puede ser portavoz del PP”. Damborenea, licenciado en Derecho por Deusto le hace ese reproche a una doctora en Historia por la Universidad de Oxford, a quien apadrinó sir John Elliott, el más ilustre hispanista vivo. Tampoco estuvo mal Alfonso Alonso al bromear con la presunta condición argentina de la portavoz, al igual que lo había hecho en la tribuna del Congreso la portentosa Laura Borrás y en twitter un adepto de Anasagasti, Aitor S-A.

Siempre he creído que en política no hay verdades eternas ni prestigios a salvo de todo contratiempo. Uno, por ejemplo, es un admirador del comportamiento de Santiago Carrillo en la transición. Y el de Fraga. La transición que estamos enterrando tan gozosamente no habría llegado a nacer sin ellos. Pero no tengo entusiasmo alguno por el Carrillo de noviembre del 36, pongamos que hablo de Paracuellos del Jarama.

Con el PP vasco hay de todo: Borja Sémper defendía que “elfuturo de la sociedad vasca se tiene que construir también con Bildu”, lo que no producía temblor de piernas al senador vasco por Segovia, Javier Maroto. Sémper era más rotundo calificando el discurso de UPyD, “incendiario, populista y demagogo” pese a que fue Gorka Maneiro el único parlamentariom vasco que protestó cuando Asier Harraiz llamó ‘fascista’ a Borja Sémper. 

Sin embargo, Sémper estuvo a la altura de las circunstancias al organizar junto a sus compañeros el comité de rechazo a los ongi etorris, los festejos de bienvenida a los terroristas excarcelados. Es indudable que el PP ha cambiado desde los tiempos de María San Gil. Tras el asesinato de Gregorio Ordóñez un puñado de jóvenes dieron un paso adelante para afiliarse al PP. Fueron Sémper, Arantza Quiroga, Santiago Abascal; Ramón Gómez y Vanessa Vélez, entre otros. Pero una crítica de Consuelo Ordóñez recibió una respuesta tan acre o más que la de Cayetana. “Sólo desde la mezquindad y el interés político miserable se puede poner en duda la trayectoria del PP vasco”, dijo Arantza Quiroga, con frase que después tuiteó Oyarzábal. La dirección del PP vasco no asistió al acto en homenaje a Gregorio Ordóñez. “Venían con billete de vuelta para Madrid”, dijo la presidenta con expresión muy mejorable.

Estas cosas pasan factura. En las elecciones municipales de 1995, el PP fue el partido más votado en San Sebastián, con el 24,33%. En las elecciones locales de 2019 se quedaron en 10,76%. ¿Fue el impacto emocional del asesinato de Ordóñez? Puede, pero no solo. En las europeas de 2004 habían alcanzado el 26,74%. En las del 26 de mayo de 2019, el 8,06%. En las cuatro últimas elecciones autonómicas pasaron de 17,4% en 2005 y 18,53% en 2009, al 11,59% en 2012 y al 10,11% en 2016. Es significativo que una parte importante de aquellos votantes populares votan hoy al PNV. La vida es un fenómeno complejo.

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Ministra compareciente

Uno, que ya tiene edad para  ser dueño de una biografía compleja, conoció a la ministra portavoz en unos tiempos en que su ambición no superaba tan de largo su talento. O tal vez es que yo me fijaba menos, que también podría ser. El caso es que la ministra Celaá hizo pareja artística con Fernando Grande-Marlaska, que en sus tiempos de juez fue la mejor prosa jurídica de todas las Españas. Pena de una evolución como la del banderillero de Juan Belmonte.

Comparecía el ministro del Interior para explicar el desastre que la gota fría ha dejado por el Levante y el Sureste español. Preguntado por el runrún de la visita del doctor Sánchez a la zona del desastre, dijo que el presidente se trasladará al lugar de los hechos “cuando su presencia no sea disfuncional”. Uno siempre ha creído que la presencia de los gobernantes en los lugares de catástrofe, lejos de ser  disfuncional, supone  una escenificación de los lazos que deben unir a representantes y representados. Recuerdo haber criticado la renuencia de Aznar a viajar a la Galicia del chapapote y haber recordado entonces que Gerard Schroeder ganó las elecciones de 2002 que tenía cuesta arriba en las encuestas, gracias a su gesto de calzarse las botas para compartir con los votantes la desgracia.

Zapatero no anduvo muy listo en eso. Aquel 5 de agosto de 2005 en que se declararon los incendios de Guadalajara. A las 8 de la tarde fue con Sonsoles a ver ‘La flauta mágica’ en versión de La Fura dels Baus, sin que al parecer nadie considerase conveniente avisarle de que 11 retenes habían perdido la vida entre las llamas. Lo siguiente que hizo fue viajar a China dejando a la vicepresidenta Fernández de la Vega  el encargo de viajar a Guadalajara

La ministra portavoz explicó reiteradamente la imposibilidad de que haya un acuerdo. “El Gobierno de coalición es inviable, aceptemos esa realidad”. Es evidente que la transición no la hicieron gentes como estas. Celaá se expresa mediante apotegmas, sentencias que se justifican en función de la autoridad de quien los dice. ¿Y por qué es inviable, si puede saberse? Y la ministra responde al punto: “por la desconfianza”. Pero hombre, mujer, señora ministra, la democracia toda es siempre y en toda tierra de garbanzos un contrato de desconfianzas. Esto ya lo sabía Plauto y después se lo citó Hobbes: “El hombre es un lobo para el hombre”. El material con que se construye el sueño democrático es precisamente la desconfianza, el pesimismo antropológico. Por eso se negocian las constituciones, las leyes. Por eso hay Gobierno y oposición, por eso se controla parlamentariamente al Gobierno. Hay ejércitos, tribunales de justicia, cuerpos de Seguridad del estado, tribunales de Cuentas. Por eso tenemos un Código Civil y un Código Penal y por eso el presidente en funciones nombró ministro del Interior a un hombre que había hecho un buen papel como juez. El doctor Sánchez, un año ya desde el desvelamiento de su plagio no se fía de Iglesias y hace bien. Pero las mismas razones tiene Iglesias para la desconfianza. Por eso hay que negociar y firmar unos papeles. “Lo escrito, escrito queda”, como decía María Luisa Ponte en ‘El verdugo’.

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Hoy toca Els Joglars

Hoy Els Joglars estrenan en Bilbao su última producción, ‘Señor Ruiseñor’. Será en el Teatro Campos hoy y mañana, a las ocho. Desde que yo descubrí a Els Joglars en los ya lejanos tiempos de ‘Alias Serrallonga’ creo no haberme perdido ninguno sus estrenos.Tuve mi primera noticia en la primavera de 1975, en que leí en ‘Por Favor´ una entrevista de Martí Gómez y Ramoneda con un cómico que se llamaba Albert Boadella, de quien yo no sabía nada.

Els Joglars habían estrenado una obra que estaba causando mucho impacto. Trataba de la vida y muerte de un bandido del siglo XVII que se escondía en el bosque de Collsacabra. Yo la vi en Burgos aquel verano y puedo decir sin exagerar demasiado que cambió mi vida. La representación fue en el Hospital del Rey, un marco incomparable, el solar de lo que antaño fuera un hospital de peregrinos en el camino de Santiago.

La obra transcurría en tres escenarios al mismo tiempo: La corte de Felipe IV, un escenario de juguete, un teatrito de polichinelas, orinales y persecuciones de alcoba; una estructura metálica que era el refugio de los bandidos, y un tercer escenario multiusos, en el que se alternaban el pueblo llano y el brazo regular de la Justicia, que se hace cargo del bandido, después de su captura. Tras la tortura y muerte de Serrallonga se apagaron todas las luces. Por el pasillo central avanzó una colla de campesinos, sacando chispas a sus hoces con pedernal, mientras sonaba una versión que recuerdo como dulcísima de Els Segadors.

Cuando los segadores llegan a la Corte y nuestras almas juveniles venteaban la proximidad de la Revolución, se encendieron las luces y vimos que los campesinos vestían bermudas, camisas estampadas, gafas de sol y sombreros de jipi-japa. Se hacían fotos los unos a los otros y se intercambiaban las hoces y las pistolas. En el escenario, un Serrallonga redivivo hacía striptease. Tras arrojar el sujetador al público, se volvió de espaldas, se bajó las calzas y mostró al público unos calzones con las cuatro barras de la señera estampadas en el culo. No era la estrelada, con toda seguridad.

La entrevista de Por Favor  llevaba por título un entrecomillado del artista: “Cuando los de Barbastro vieron las hoces se pusieron a gritar como cafres. Creían que eran los tíos del Partido, tú”.  En el texto recuerdo la misma consideración: “yo comprendo que la gente se queda frustrada con ese final, pero no podemos engañarnos ni engañarles. Cuando hemos estado a punto de hacer una revolución, hemos acabado mercadeando con las pistolas y las hoces. Los catalanes siempre hemos sido así.”

Salí fascinado del espectáculo y admirado por el coraje intelectual y moral de lo que acababa de ver. Yo era entonces un alma progresista. No podía ser nacionalista, me había vacunado contra ello el franquismo, la única forma de nacionalismo español que he conocido. Pero tenía esa indulgencia pía que nos daba el habernos dejado engañar por los mitos y las monsergas nacionalistas: que ellos habían sufrido mucho en la dictadura y otras leyendas rurales, más que urbanas.

 Aquel culo de Serrallonga con la bandera catalana,  como si el mismo Guifré el Pilós le hubiera metido mano en el trance de estirar la pata, me ha parecido siempre una osadía conceptual extraordinaria. Y en vida de Franco. Ocho años más tarde fue Banca Catalana. Tanto tiempo después me vuelve aquella imagen en semanas como ésta en la que unos dirigentes son investigados por privatizarse parte de las comisiones ilegales que pagan a su partido las empresas adjudicatarias de obras públicas y se tapan las vergüenzas con la bamdera de la patria. Inevitablemente recuerdo entonces la cita más popular del doctor Johnson: “el patriotismo es el último refugio de los canallas”

Xabier Arzalluz, el gran conducator del partido-guía de los vascos durante 25 años, dijo a comienzos de la década pasada: “Los vascos somos mucho más directos que los catalanes. Nadie se imagina a un catalán con un arma en la mano. A un vasco, sí”. Esta es otra característica de los nacionalistas: el respeto por la historia. Los años veinte del siglo anterior, Barcelona era la ciudad con más pistoleros por manzana de toda Europa, casi a la altura de Chicago. Había pistoleros de la patronal y de los sindicatos, pistoleros de aquel siniestro gobernador civil que se llamó Martínez Anido, por lo civil y por lo militar, y pistoleros en régimen de autónomos.

Pero además está el bandolerismo. Los tres siglos anteriores, la historia de Cataluña es la historia de sus bandoleros que alimentan las leyendas y la cultura popular. La figura del bandido generoso, el Robin Hood, que en el resto de España es Luis Candelas, es en Cataluña Joan Sala i Ferrer, alias Serrallonga.

Dos siglos más tarde, también tuvo su punto popular Joan Serra, alias la Pera, cuyo know how incluía la práctica piadosa de encender dos velas a la Virgen del Carmen y rezar una plegaria por el alma de la víctima a la que acababa de despenar. Lluis Llach le dedicó una canción titulada ‘El Bandoler’. Y estuvieron las partidas carlistas, ¿hay quién dé más? La actualización de todos esos mitos es, queridos y queridas, Convergencia i Unió. ¿Cómo no entender que goce del favor popular?

 Les contaba la exaltación de mi estado de ánimo cuando salía del Hospital del Rey tras haber visto ‘Alias Serrallonga’. Un par de actrices del grupo atendían una mesa petitoria, mientras decían: “depositen aquí su óbolo para el bandido arrepentido”. Delante de mí salía un señor de edad madura, calvo y con un bigote característico de la época, -era, para que se hagan una idea, como los señores del PP y los banqueros que dibujaba Forges en El País. El buen hombre se había sentido agredido por el striptease del bandolero y se quejaba a su señora, que le pedía discreción: “¡Es que me han tirado un tetero a la cara, María!”

En este último striptease del nacionalismo catalán o del bandido generoso, es inevitable recordar la que es probablemente la cita más repetida de Marx, de ‘El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte’: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

También Marx se equivocaba. Debió escribir: “La primera vez como farsa. La segunda como enfermedad mental”. Esto ya supo verlo Eduardo Mendoza, que ha escrito novelas policiacas catalanas cuyo detective es un ex paciente del frenopático, que va a todas partes asumiendo la personalidad del doctor Sugrañes, el médico que lo  sometía a electroshock.

Tres años más tarde asistí a otro estreno, también en Burgos, que fue muy significativo, ‘Teledeum’. Estábamos en la primer a legislatura constitucional, tiempo aún de transición y Burgos era plaza dura. Hubo amenazas de la extrema derecha, que entonces sí había extrema derecha y faltaban m muchos años para que existiera Vox. El empresario del teatro en el que iba a tener lugar el estreno, creo que era el Gran Teatro, si la memoria no me falla se rajó y negó el local. El gobierno preautonómico permitió que la obra se estrenase en el patio del Instituto Cardenal López de Mendoza, en el que yo había estudiado bachillerato. La archidiócesis contraatacó y organizó un Te Deum en la vecina iglesia de San Cosme y San Damián, con lo que tuvimos sesión doble: un Te Deum del arzobispado y un Teledeum de ‘ Els Joglars’. Comprenderán que hoy vaya al Teatro Campos con un poco de expectación y una carga de esperanza.

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Gratis total

Las desgracias nunca vienen solas. Estábamos en vísperas de la Diada, que no va a ser acompañada por el tiempo y el encuentro en la cumbre que estaban celebrando en el Congreso las delegaciones del PSOE y de Unidas Podemos se ha resuelto en fracaso. No podía ser de otra manera; la vicepresidenta Calvo y el pobre Echenique tenían grandes dificultades para encontrar un acuerdo. No podía ser  de otra manera cuando los interlocutores carecían de un diccionario común y no valoraban los mismos hechos. Carmen Calvo, esa fenómena, tuiteaba  de víspera su desconsuelo: “Hicimos una oferta razonable y recibimos una negativa. UP quería abarcar prácticamente todo el Gobierno, sin respetar la mayoría que las urnas han dado a los socialistas”.

Monedero la contradijo: “¿Cuándo ha querido Unidas Podemos todo el Gobierno?” y tenía razón, sin que sirva de precedente. Pablo Iglesias, que ayer escenificó el pase del desdén hacia lo que estaban negociando encarnizadamente sus menestrales, tuiteando su interés por el partido Argentina-Serbia, había explicado al menos en un par de ocasiones el número de ministerios al que aspiraba en proporción a los votos y, alternativamente, en proporción a los diputados de cada grupo de la coalición a la que aspira. 

Calvo y Echenique se reunieron para no entenderse, aunque en esta ocasión, definir el desencuentro les ha costado una hora menos que el pasado jueves. Algo han avanzado. Ahora ya están de acuerdo en que no habrá reunión en la cumbre-cumbre, o sea el encuentro Pedro-Pablo. Una pena, porque como dice Iglesias con ese peculiar gracejo suyo: “¿Las negociaciones habrían ido mejor conmigo? No lo sé”. Quiere decir que sí, pero que su modestia le impide decirlo en términos más rotundos.

Pedro Sánchez quería una negociación que le saliera barata, no tener que  pagar por algo que en su opinión se le debe gratis. Seguramente se ha inspirado en la segunda parte de El Padrino, concretamente en la secuencia del encuentro entre Michael Corleone y el senador Pat Geary en la casa del lago Tahoe durante la primera comunión de su hijo Anthony: “Mi oferta es esta: nada. Ni siquiera el precio de la licencia. Usted tendrá la amabilidad de pagarla por mí”.

O sea, que muy probablemente y en términos políticos estamos entrando, en noviembre, no parece que haya una nueva oportunidad para ahorrarnos las cuartas elecciones en dos años. El doctor Sánchez se encamina hacia su tercera investidura fracasada, salvo que exponga al Rey su decisión de dejar pasar el encargo que el Jefe del Estado a afrontar la investidura.

La posibilidad de que Pablo Iglesias anuncie a Felipe VI su disposición a apoyar a Pedro Sánchez gratis es más bien escasa. Por lo demás, todo es nebulosa. Echenique hace de portavoz de sus interlocutores socialistas y cuenta que estos le han contado que declinaría un nuevo encargo real para someterse a investidura si no hay un acuerdo previo. Hacerse un Rajoy podría llamarse la figura, si no fuese porque el expresidente no tenía apoyo alguno para instalarse en La Moncloa. Sánchez sí los tiene, pero como Corleone aspira al gratis total, no quiere pagar ni siquiera el precio de la licencia.

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Un poco de vergüenza

La noticia de la semana se produjo el miércoles en Santander, durante el encuentro entre el candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez y el único apoyo que hasta el momento tiene garantizado, que es Miguel Ángel Revilla. Durante el efusivo encuentro entre ambos a las puertas del restaurante donde se iban a empujar un menú del día, uno de los curiosos que presenciaban el encuentro, camarero de otro restaurante situado enfrente, en la misma calle Bonifaz, dirigió un sonoro insulto al presidente en funciones, llamándole “hijo de puta”. 

“Oiga”, le interpeló Revilla, para pasar inmediatamente al tuteo: “Un respeto. Me da vergüenza (de) que trabajes en Cantabria tú y llames hijoputa a alguien”. El camarero faltón insistió, diciendo que “respetar a España es lo que tiene que hacer él”, mientras el mago de las anchoas insistía: “me avergüenzo de ti”. Ya ha sido glosado el anuncio de que al día siguiente volvería para “coger por banda” al grosero interpelante, en lo que todos los periodistas interpretaron como una convocatoria para el jueves. Y volvió, aunque los periodistas no fueron testigos del encuentro y debieron conformarse con el relato de Revilla, que peca de cierta inverosimilitud: “Está avergonzado. Ha pedido perdón y ha llorado”.

Insulta al presidente del Gobierno y pide perdón al gobernante autonómico, pero tiene razón el presidente cántabro en que no son maneras. El doctor Sánchez supo hacerse convenientemente el distraído: “¿Por qué estaba insultando este hombre?” “Porque dice que está jodiendo España, yo qué sé”. A la salida remató la explicación aludiendo a su temperamento: “no me suele ocurrir”. Efectivamente, no le pasa a menudo. El 16 de diciembre de 2015, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy fue víctima de una agresión, cuando un joven le propinó un puñetazo en la cara en el centro de Pontevedra. Revilluca comentó aquel mismo día el incidente, quitándole hierro al tema: “la agresión a Rajoy es un incidente aislado de un descerebrado”.

Es cierto que no justificó el ataque y aunque no llegó a decir ‘coño’, ni ‘me cago en diez’ como en Santander, hay que tener en cuenta en su descargo que en Pontevedra no tiene jurisdicción. Una determinación como la suya hace de él un escolta sumamente eficaz a pesar de ser bajito, pero lo más interesante de la anécdota está en el extraordinario juego de inversión que pone en práctica, me avergüenzo que trabajes en Cantabria y me avergüenzo de ti. El orden natural de las cosas le parece a uno que es la posibilidad de que nosotros, los paganos, nos avergoncemos de nuestros gobernantes por múltiples motivos: porque incurrieron en plagio al hacer su tesis doctoral, porque mintieron al respecto, porque colocaron a dedo a sus mujeres en empleos a los que no acuden y para los que no están capacitadas, por usar el Falcon oficial para ir a un concierto de rock, por el pacto tácito con los batasunos para gobernar Navarra, por llevar cuatro meses y medio sin dar un palo al agua mientras descarga la obligación de negociar sobre sus adversarios. ¿Y ahora resulta que son ellos los que pueden avergonzarse de nosotros? Carmen Calvo y Ni-ni Lastra piensan que no estamos a su altura, hay que joderse.

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No way out

Los equipos negociadores del PSOE y de Podemos no han llegado a un acuerdo. Las cabezas visibles de las delegaciones eran Carmen Calvo y Pablo Echenique y con eso se lo digo todo. Cinco horas menos cuarto duró la reunión y los acuerdos fueron más bien magros. Durante la primera hora acordaron los temas a tratar y en qué orden iban a hacerlo. En la última pactaron lo que iban a contar a los medios de comunicación y la decisión de volver a reunirse. Las dos partes no coinciden en el día de la próxima reunión. 

Los socialistas dicen que podría ser el lunes y eso a los socios les parece tarde. Preferirían este fin de semana. A  esto es a lo que llaman ‘transparencia’ Ambos se reprocharon acremente lo que consideran sus incongruencias. En Podemos no entienden que los socialistas no vuelvan a su oferta de julio (una vicepresidencia y tres ministerios). El PSOE reprocha a los de Iglesias no haber aprovechado la ocasión y ahora les añade una penitencia más: la de incluir en el lote el compromiso de votar los presupuestos durante los cuatro próximos ejercicios.

Da la impresión de que estos no van a llegar a nada y que la única duda es si Podemos apoyaría gratis la investidura. Parece claro que en caso de elecciones, Sánchez se vería reforzado ma non troppo y que Podemos perdería escaños, aunque no tantos como para no seguir siendo determinante. El PNV y ERC no quieren repetición de ninguna manera, pero Torra no puede votar un programa que excluye explícita y rotundamente el referéndum de autodeterminación. A Rufián le preocupa más la situación penal en la que vaya a quedar Junqueras después de la sentencia y sabe que sin Sánchez no habrá indulto. Pedro Sánchez es el gobernante más flete que se van a encontrar, aunque también jugarán a su favor los constitucionalistas. La idea de España Suma no acaba de cuajar. Pudo parecer que Vox abría un portillo, pero Espinosa de los Monteros ha rectificado en horas unas declaraciones en las que admitía la posibilidad de ir en listas conjuntas con PP y Ciudadanos en las provincias pequeñas, pero no en las grandes.

Pablo Casado considera que España Suma es la estrategia necesaria, aunque no es fácil que saquen partido al invento en Euskadi, donde los tres suman cero escaños y en Cataluña, donde el único partido con representación sería Ciudadanos, aunque en ningún caso los 36 que tuvo.

Albert Rivera sigue en sus trece. Él ha venido a este mundo a disputarle (y quitarle) el título de jefe de la oposición a Pablo Casado y va a ser que no. Por otra parte, los dicharachos del tipo “España suma pero la corrupción resta” no se sostienen mucho tiempo; son incompatibles con su estrategia de pescar en aguas turbias.  El personal no acaba de entender que Ignacio Aguado, vicepresidente y portavoz del Gobierno de Madrid, haya pasado en tan pocos días de votar a Isabel Díaz Ayuso para presidenta a aprobar una comisión de investigación por el caso Avalmadrid. Recordaba el jueves que la estrategia de Rivera ha superado a la que McNamara le había expuesto a Lyndon Johnson sobre Edgar Hoover: “Es mejor tener al indio dentro de la tienda orinando para fuera que al revés”. Hay una estrategia más útil: poner al indio Aguado dentro de la tienda, precisamente para que se mee dentro. 

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Nivel de incompetencia

La gran polémica del fin de agosto fue desatada por el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, al declarar en ABC que para poner ‘pajines’ o ‘aídos’ en un Gobierno, prefiero no hacerlo, prefiero potenciar y tener en cuenta el mérito y la capacidad y poner al frente a los más preparados y los más capacitados para la labor”. 

“Vaya por Dios, me habrá pillado distraído”, pensé al leerlo, porque no había reparado en que el dirigente naranja estuviera asistido por dotes extraordinarias, ni que le correspondiera a él nombrar ministras y/o ministros. Sin embargo sus palabras levantaron una considerable polvareda, no por lo que acabo de apuntar, sino por el presunto carácter machista de sus palabras.

La práctica totalidad de quienes fueron sus compañeros de gabinete, 30 ex ministros de Zapatero han firmado una carta dirigida a Albert Rivera para que afee a Aguado sus palabras. La carta  es, en realidad, una autoinculpación de los firmantes. ¿De verdad les parece que Leire Pajín y Bibiana Aído eran dos personas capacitadas para regir sus ministerios? Hay un testigo de excepción en el presidente Zapatero, que después de haber nombrado a Aído ministra de Igualdad, al cabo de dos años le rebajó el cargo a secretaria de Estado de lo mismo. Creo que es un caso único en la democracia española. No por haber superado en dos años su nivel de incompetencia, sino porque  esto fuera explicado en el BOE. La difunta revista Tiempo explicó el nombramiento: En un mitin gaditano, Zapatero fue interpelado por una joven que le joven que le gritó: «José Luis, tienes que sonreír más, que tienes una sonrisa muy bonita». El candidato se acercó a ella y le pidió el teléfono. Un tiempo después, cuando ya era presidente, la llamó, pero no con propósitos normales, pedirle una cita, por ejemplo, sino para ofrecerle un Ministerio. Era Bibiana Aído y ambos sobrepasaron largamente su nivel de incompetencia.

Leire Pajín es otro caso notable, que adquirió justa popularidad al anunciar una entrevista de Zapatero con Barack Obama como un “acontecimiento histórico que se producirá en este planeta, la coincidencia en breve en ambos lados del Atlántico de Obama y Zapatero en la presidencia de la Unión Europea”. Solo un mes más tarde volvió a hacer cumbre al declarar en una Universidad de Verano que “el PIB es masculino, es claramente masculino, y por tanto el cambio estará en el momento en que las decisiones importantes estén tomadas también por las mujeres”. Ella fue la diputada más joven del Congreso cuando ganó su escaño a los 23 como cabeza de lista por la circunscripción de Alicante. Y una de las más indocumentadas. En aquella legislatura, su circunstancial vecino de escaño, el histórico Luis Yáñez, le dijo: “Esta tarde me voy a tu pueblo”. “¿A qué”, preguntó ella cortésmente. “A dar una conferencia sobre Rodolfo Llopis”. “Y quién es ese?” repreguntó la novicia. “El secretario general de tu partido anterior a Felipe González”, respondió él, imagino que con cierta pesadumbre. Treinta ministros con ellas, ¡Virgen Santa!

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2ª Guerra Mundial para caperucitas

Hoy, 1 de septiembre se cumplen 80 años del comienzo de la segunda guerra mundial. Hace cinco años Fernando Navarro y yo escribimos un comentario sobre el tema. Los hechos, descritos sucintamente, se sucedieron así:

El 31 de agosto, un grupo de alemanes que vestían uniformes polacos atacaron una emisora de radio alemana en la Baja Silesia. Era la señal. Al día siguiente a las 4:40 la Luftwaffe bombardea y destruye la localidad de Wielun. Casi inmediatamente el crucero Schleswig Holstein bombardea Danzig. A las 8 de la mañana, los tanques de la Wehrmacht invaden el corredor de Polonia y llegan hasta Danzig.

Esto sucedió ocho días después de que los enviados de Hitler y Stalin, Joachim von Ribbentrop y Viacheslav M. Molotov, firmaran “un pacto de no agresión”, que llevaba dentro un acuerdo para repartirse Polonia, Rumanía, los países bálticos y Finlandia (23 de agosto). Tras la invasión de Polonia, el 3 de septiembre, Francia y el Reino Unido declaran la guerra a Alemania. Stalin instruye a la Komintern el día 7: “la guerra contra Alemania debe considerarse injusta e imperialista.” Arriba, a la izquierda, Molotov firma, mientras Stalin acaricia el lomo de Ribbentrop y cambia sonrisas con él. Las hemerotecas están llenas del portentoso ridículo de los partidos comunistas de occidente.

Pablo Iglesias, el Tuerkas, el político más valorado por el electorado español, según la encuesta que publicaba ayer El Mundo, sigue evaluando el acontecimiento con los criterios de la ortodoxia comunista de hace tres cuartos  de siglo. Seamos comprensivos. Él y Juan Carlos Moneypeny son los Pepe Gotera y Otilio de la Complutense, dos chapuzas ejerciendo de intelectuales. El Tuerkas ha escrito un libro sobre política y cine, ‘Maquiavelo frente a la gran pantalla’, cuyo segundo capítulo cuenta a su estilo, la película de Andrzej Wajda, ‘Katyn’. La cosa va de la ideologización de la historia. Se trata, en opinión del Tuerkas, de construir un relato ideologizado pero que no lo parezca, porque entre la educación y la propaganda Pablo Iglesias escoge esta última “sin lugar a dudas”. Hablamos, pues, de creación de la “memoria histórica”, para lo cual el cine es una herramienta de enorme valor.

Recordemos que, tras la ocupación de Polonia, los soviéticos asesinaron a un número de polacos cercano a los 22.000 en el bosque de Katyn. Se trataba de descabezar a la sociedad polaca eliminando a todos aquellos que en el futuro podrían haber dirigido una insurrección: oficiales del ejército, mandos policiales y miembros de las élites polacas. Entre ellos estaba el padre de Andrzej Wajda. PI acepta a regañadientes (”todavía hay historiadores y politólogos, sobre todo en Rusia, que sostienen que la versión original de la URSS, que atribuía a la Wermacht la responsabilidad del crimen, resulta más verosímil”) que la autoría soviética de los crímenes de Katyn parece clara. Pero en cualquier caso quiere ”hacer añicos esos discursos tan de moda en nuestra época que pretenden unificar los “totalitarismos” y atribuirles todos los crímenes políticos del siglo XX.

Con el entrecomillado  parece querer decir que el término totalitarismo está siendo utilizado de manera exagerada. Obviamente no cuando se aplica al nazismo, sino cuando se usa para describir el comunismo. Al usar el término ‘totalitarismo’ para ambos sistemas se están equiparando, algo que revienta a PI. Andrzej Wajda también se empeña en hacer esta equivalencia, pero él va a desenmascararlo. ”Wajda construye de manera muy eficaz en su película una identidad polaca caracterizada por el catolicismo y el anticomunismo”. ¿Construye una identidad o simplemente cuenta que sus paisanos son mayoritariamente católicos y anticomunistas?

Al Tuerkas le molesta que Wajda sea anticomunista, y que no se haya tomado más deportivamente el asesinato de su padre por los soviéticos en el bosque de Katyn. Es lo que tienen los polacos, que como son católicos y anticomunistas, carecen de sentido del humor. Por eso, en opinión del Tuerkas, Wajda incurre en un error narrativo garrafal, que es la equivalencia y equidistancia entre nazis y soviéticos.

Para argumentarlo describe una de las escenas más impactantes de la película: un grupo de polacos que huyen de los nazis están atravesando un puente cuando se encuentran con otro grupo de polacos huyendo en dirección opuesta. ¿Qué ocurre? Los soviéticos han entrado.

«De esta forma, en los primeros segundos de la película, ya tenemos el punto de partida geopolítico: Polonia, representada por una multitud desarmada que intenta escapar, es ocupada por alemanes y soviéticos. Este paralelismo entre nazis y soviéticos es constante en toda la película, pero hay momentos especialmente llamativos, como cuando vemos que se saludan y bromean entre ellos. Hay incluso una secuencia, históricamente inverosímil pero muy eficaz fílmicamente, en la que uno de los oficiales alemanes llama amistosamente ‘camarada’ a su interlocutor soviético».

Precisamente esa primera secuencia, la del puente, es una muy exacta metáfora del arranque de la 2ª Guerra Mundial y el pacto germano-soviético: un pueblo en un puente, huyendo de los nazis y encontrándose con los comunistas en la otra parte. Auschwitz y Katyn. Desde el ataque alemán al pasillo de Danzig hasta el ataque del Ejército Rojo pasaron 16 días. Pero no le hablen a él de equidistancias.  ¿Cómo comparar las atrocidades del totalitarismo nazi con los hechos del “totalitarismo” soviético? ¿Y a qué viene ese intento espurio de paralelismo que llega incluso a presentar a soldados nazis y soviéticos confraternizando? ¿Dónde se ha visto? Pues por doquier, querido Tuerkas:

Pacto G-S 1

Fíjate lo risueño que estaba Stalin el 23 de agosto, durante la firma del Pacto que establecía el reparto de Polonia por Molotov. No saquemos conclusiones equidistantes de ella. Respecto a la secuencia que calificas de ‘inverosímil’, mira las tres fotos que siguen. Es puro documental:

Pacto G-S fraternidad

Aquí arriba, foto “históricamente inverosímil pero muy eficaz fílmicamente” en la que soldados de la Wehrmacht y del Ejército Rojo confraternizan tras haber compartido la invasión de Polonia. Y se cambian pitillos y sonrisas y se llaman ‘camarada’ unos a otros. También los oficiales. Vean ésta:

Pacto G-S Oficiales compadrean

Y otra:

Pacto GS Confrataptura de pantalla 2014-08-29 a la(s) 19.27.52

¿Y cómo comparar las atrocidades del totalitarismo con las del “totalitarismo”? Pues comparando. Voy a citar un caso en que los comunistas superaron a los nazis. Entre las múltiples muestras de barbarie del nazismo, no está la violación sistemática como arma de guerra. Entre las del comunismo, sí. Dos millones de alemanas fueron violadas por soldados del Ejército Rojo. Una de ellas, la madre de Gunter Grass, según cuenta en sus tardías memorias ‘Pelando la cebolla’. Otra, la que fue mujer del canciller Helmut Kohl, Hannelore Kohn, violada repetidamente por soldados soviéticos cuando tenía 12 años.

No fueron episodios aislados. Dos millones. Y eran instigadas por el mando. Un escritor a quien yo leí con gusto años ha, Ilya Ehrenburg, explicaba el know how a la soldadesca en su calidad de comisario:

“¡Matad! ¡Matad! En la raza alemana no hay más que mal, ¡ni uno entre los vivos, ni uno entre los aún no nacidos, nada más que mal! Seguid los preceptos del camarada Stalin. Aniquilad a la bestia fascista de una vez por todas en su guarida. ¡Usad la fuerza y arrancad por la violencia el orgullo racial de esas mujeres alemanas! ¡Tomadlas como vuestro botín de guerra!”

Es lo que hay. Cuenta Antony Beevor en su impresionante libro ‘Berlín. La caída: 1945’ que Stalin encontraba divertido que su soldadesca violara a las mujeres alemanas. Pero no creo que esto pueda impresionar mucho al Tuerkas, cuyos anfitriones iraníes, que tan amablemente le ceden una televisión pública, Hispan TV, cuelgan a los homosexuales y a los blasfemos de las grúas y lapidan a las mujeres por adúlteras o por cristianas.

Y a este tipo le han votado 1.200.000 personas, va a más y es el político mejor valorado por los españoles. Como para no convertirse al pesimismo antropológico. Y más con lo que les voy a contar ahora: una de ellas es Javi Madrazo, un abrazo. No va más.

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Entre lotos y nenúfares

El Ayuntamiento de Laredo tiene detalles como estos. La foto está tomada el 13 de agosto pasado en el parque Cenón y la única explicación racional que se me ocurre es que entre su generosa dotación funcionarial hayan creado una plaza de paisajista japonés que ha convertido a la fuente en una alegoría de estanque con lotos y nenúfares.

Debo añadir que los hierbajos posteriores han sido segados, pero los de la fuente ahí están, no sabemos por cuanto tiempo. Recuerden el bache de la Avenida de Derechos humanos, que estuvo 13 meses balizado por unos conos para advertencia de conductores.

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Casona Micaela

Tocaba la excursión anual que Juanjo Susinos organiza por las Cantabrias profundas. En esta ocasión, y recordando mi descubrimiento del que probablemente es el mejor vino que se hace en esta Comunidad, se le ocurrió llamar a Carlos Recio, propietario de la bodega Casona Micaela, situada al este de Cantabria, en el valle de Villaverde, junto al enclave vizcaíno de Trucios.

Hace unos quince años, Recio, que es ingeniero agrónomo, dio en traer cepas de Albariño para hacer un vino que viene a ser en un 75% albariño y en el 25% Riesling.

Casona Micaela, registrado en la denominación de origen Vino de la Costa de Cantabria, nació hace 15 años de la idea de unir lo útil con lo agradable y hacer de una afición un medio de vida. Su propietario consideraba que Cantabria era una zona muy adecuada para el cultivo y la producción de vinos blancos y aromáticos.

Tenía el terreno que consideraba idóneo: la finca Jornillo, de siete hectáreas y media, a una altitud de unos de 400 m. protegida de los vientos del norte y noroeste por plantaciones de pino y eucalipto, con temperaturas suaves y horario de sol intensivo, tiene garantizado un microclima muy adecuado para el cultivo de la vid.

Casona Micaela comercializa un vino con el nombre que la bodega bajo dos etiquetas: Casona Micaela y Micaela selección de añada, que tal como se advierte en la etiqueta, solo se produce excepcionalmente cuando el viento sur de los primeros días de noviembre (es de vendimia tardía) permite elaborar un vino que tiene vocación de guarda y se somete a unos meses de crianza.

La uva Albariño posee una gran capacidad de producción de azúcares y su vendimia en el punto óptimo de maduración permite alcanzar 13% vol. de alcohol.

La uva Riesling da un vino delicado y complejo, de poco cuerpo, bajo grado alcohólico, pero de intenso sabor y larga vida. La Riesling da vinos de gran riqueza aromática y buena acidez, especialmente apta para climas más bien frescos. Es una uva muy delicada, especialmente sensible al ataque de la botrytis, por lo que exige cuidados constantes y un clima fresco y aireado, condiciones que se dan en la finca Jornillo en Valle de Villaverde.

La Bodega se levanta en el núcleo urbano de Valle de Villaverde, en un original edificio funcional y atractivo. Construido en madera, cristal y cobre. La capacidad de producción ronda los 100.000 kilos de uva, que vienen a dar 70.000 litros de vino.

Tal como decía al principio, el mejor vino que se hace en Cantabria.

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