Un viejo verde y una niña

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El Español ha publicado hoy estas dos fotos para ilustrar una información  de Pilar Urbano basada en cuadernos de notas, en los que recoge conversaciones con Sabino Fernández Campos sobre el viejo affir del entonces Rey Juan Carlos con la actriz Bárbara Rey. La conversación y las palabras que pone en boca de Fernández Campos han puesto a prueba  mi sentido del verosímil. Por otra parte, Pilar Urbano es una periodista que a veces desconoce los límites entre el periodismo y la literatura.

En su libro ‘La gran desmemoria’, hizo honor al título catalogando a Covite como una organización “de violencia política, terrorismo de extrema derecha neofascista y terrorismo de Estado”. Durante su promoción dijo en ETB que el accidente de avión del Monte Oiz en 1985 fue, en realidad, un atentado de ETA.

Los lances de alcoba del Rey no son una novedad y hay que señalar que en este caso se produce una venturosa coincidencia onomástica entre la función y el nombre artístico de la moza. No sería el único caso. También fue carne informativa en el mismo sentido  la actriz y modelo Ivonne Reyes. De lo quiero hablar es de las fotos que acompañan la información.

 Las fotos demuestran que el tiempo no corre igual para todos. El Rey emérito  y una estrella, el primero, treinta años después de que fuera el galán en esta historia. Ella, varios años antes. Según las notas que publica ‘El Español’ fue el suyo un romance largo, entre los primeros años 80 y junio de 1994, cuando Bárbara Rey estaba entre sus primeros treinta y sus 44 y su real partenaire entre los 42 y los 56. Las fotos con las se acompaña el texto, él casi un octogenario y ella una veinteañera, no se corresponden con los protagonistas en el momento de los hechos. Los de las fotos son un viejo verde y una adolescente. Los dos fotos siguientes muestran el aspecto que tenían el Rey Juan Carlos cuando empezó el asunto y Bárbara Rey en un fotograma de la película ‘La viuda andaluza’ en 1976, unos cinco años antes de que empezara el lío. Debajo, en ‘La muerte ronda a Mónica’, realizada el mismo año.


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Una primera dama muy sobrevalorada

En este fin de semana se ha retuiteado hasta la saciedad una presunta inconveniencia de Melania Trump al ir a la ceremonia de toma de posesión con un regalo para su antecesora, Michelle Obam,, una caja con el inequívoco color de Tiffany’s. ¿Por qué ha sido tratado de inconveniente el regalo? Por el número aparatoso con que Michelle Obama recibió el presente. Sin embargo debe de ser costumbre  entre las primeras damas salientes y entrantes. La propia Michelle Obama llevó una cajita de color crema a Laura Bushdurante el relevo de George W. Bush por Barack Obama. O sea, que si hay algo que está fuera de lugar son las alharaca y las pamplinas de la primera dama saliente. Comparen la naturalidad con la que Laura Bush acota el real de Michelle y posa con él detrás para la foto con los aspavientos de la señora de Obama, que obliga a su marido a hacerse cargo del regalo y entrar a buscar algún asistente que se hiciera cargo.

No es la primera vez. Recuerden el numerado que protagonizó en el funeral de Nelson Mandela, cuando obligó a su marido a cambiar de asiento para que no estuviera junto a la primera ministra danesa. Pero hombre, mujer, como si le fuera a meter mano allí, delante de ella. Como si Barack Obama fuera Bill Clinton, que arrodillaba a la becaria felatriz en el mismísimo despacho oval de la Casa Blanca, en el hueco en el que se acurrucaba John.John Kennedy.

 

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Coscojales es Little Rock

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El exlehendakari Patxi López tiene una querencia por Coscojales, el barrio de Portugalete que vio, supongo que asombrado, sus primeros pasos. Hoy va a dar en su pueblo el primer paso de la campaña que en su deseo ha de llevarle a Ferraz en el próximo congreso. Cita precedentes en un video de campaña,  en el que ha recordado que allí también empezó en 2009 una campaña electoral que lo llevó hasta Ajuria Enea: “Recordarás que allí empezamos otro viaje, el que nos llevó de Coscojales a Ajuria Enea; decían que no era posible y lo conseguimos”.

De Coscojales a Ajuria Enea, con vuelta a Coscojales para hacer ahora el viaje Coscojales Ferraz. Los grandes hombres es lo que tienen: Bill Clinton salió de Little Rock para conquistar la Casa Blanca y Patxi se ha propuesto asaltar los cielos de Ferraz desde Coscojales. Las comparaciones no son apropiadas siempre. Little Rock es pequeño, pero en según qué aspectos de la vida da mejor materia prima que Coscojales. Por otra parte, el viaje que le llevó de Coscojales a Ajuria Enea, ¿no será distinto camino que el que le ha de llevar hasta Ferraz?

No demos nada por sentado. El primer lehendakari de nuestra historia escribió unas memorias cuyo título siempre me ha maravillado: “De Guernica a Nueva York pasando por Berlín’. Por muy rudimentarios conocimientos de geografía que tuviese el hombre tenía que saber que estaba dando un rodeo impresionante. Patxi dice en el video que entonces:

“Conseguimos cumplir el sueño de miles de militantes que lo habían dado todo para que hubiera un lehendakari y gobierno socialista. Cambiamos la historia y conseguimos la paz y la normalidad en nuestro país”,

Como se recordará, López accedió a la Presidencia del Gobierno vasco tras las autonómicas del 1 de marzo de 2009. Como también se recordará, ETA comunicó su “abandono de la actividad armada” el 25 de octubre de 2011. Las fechas llevan a López a formular la falacia ‘post hoc ergo propter hoc’, o sea, que como el comunicado de ETA se produce después de que él llegara a Ajuria Enea es una consecuencia de ello.

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El Correo publica hoy una entrevista que le hace David Guadilla, en la que el periodista hace las preguntas pertinentes y el candidato da respuestas equivocadas. (Ahora, queridas y queridos, tengo que marcharme. Seguiré mañana.)

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Hasta aquí llegó

 

Publicado hoy, en mi columna de El Mundo

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Para describir la crisis del socialismo español baste pensar que Patxi López podría ser el secretario general del PSOE. Se puede argumentar que el principal partido de la oposición se ha dado a sí mismo a Pedro Sánchez y antes, a un secretario general y presidente del Gobierno como Zapatero. Es verdad que éste tenía más gracia, pero también debe admitirse que con él empezó todo, ese sectarismo extremo, el empujar al adversario hasta el límite de la definición del enemigo, lo que eximía a los propios de la necesidad de la autocrítica.

No haber hecho nada mal es un problema, porque no hay que enmendar yerro alguno para salir del pozo, de ahí que la culpa sea toda del otro. ¿Rendir cuentas?¿De qué estamos hablando? Este partido debió presentarse a las elecciones de 2011 con el artífice del desastre encabezando la lista de Madrid y una vez consumado todo, abrir un proceso de reflexión, hacer recuento de daños y dedicar unos cuantos meses, quizá un año, al propósito de la enmienda, a la refundación. Al no haber tal, los resultados empeoraron y a cada nuevo traspiés, crecía en las casas del pueblo la inquina contra la derecha, culpable de sus desventuras. Hace ya años, un bloguero que firmó ‘Anaxágoras’, parafraseó al filósofo contemporáneo de Pericles: “Si me engañas una vez la culpa es tuya; si me engañas dos veces la culpa es mía” y añadía el epígono: “si me engañas tres veces, la culpa es del PP”.

Es inevitable que estos comportamientos se reproduzcan en el interior del partido, como los ‘rumble fish’ que dieron el título original a la película de Coppola ‘La ley de la calle’: se vuelven tan agresivos que terminan atacando su propia imagen reflejada en el cristal de la pecera. Lo pudo comprobar ayer mismo Soraya Rodríguez en Valladolid, corrida a gritos de ‘traidora’ por haber defendido a la gestora. Es lo que hay.

Patxi es hijo de un dirigente de los socialistas vascos. Como Nicolás Redondo. Pudo ser como él, pero le falló la materia prima y la capacidad de esfuerzo. También la falta de cuajo moral que le impide una fidelidad sostenida a cualquier pacto ético. Dos meses después de la tregua de ETA de 2006, ante el Debate sobre el Estado de la Nación, Zapatero pidió a Rajoy que no usara el terrorismo, a lo que éste accedió, resolviendo el tema en dos minutos. El segundo día, cuando Rajoy había perdido el uso de la tribuna, Patxi López anunció que iba a reunirse con la ilegalizada Batasuna, sin que se legalizara, lo que cumplió el 6 de julio. Veinte meses después atrajo a Rajoy a una emboscada en la capilla ardiente de Isaías Carrasco, para echarle de la misma con cajas destempladas. Su jefe de prensa tenía copiada la soflama para entregar después la humillación a los periodistas. Nunca se ha visto una utilización política tan sucia de una víctima del terrorismo.

Quizá sea el dirigente a la medida de este PSOE, un anuncio del fin. “Quiso ser trueno y se quedó en lamento”, escribió Miguel Hernández. Diez años antes, Eliot había anunciado: “Así es como termina el mundo (3 veces):/ no con un estallido, sino con un suspiro”.

(Para más detalles, consultar los dos links que van aquí: (https://santiagonzalez.wordpress.com/2015/09/06/carta-a-patxi-lopez-y-van-dos/)

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Economistas, oficio de profetas

Presentación del libro de Roberto Velasco ‘Economistas, oficio de profetas’:

rvbBuenas tardes, señoras y señores. Esta no va a ser una presentación convencional. Casi todos ustedes conocen sobradamente a Roberto Velasco, por lo que me abstendré de entonar la tradicional ‘laudatio’ sobre su vida y su obra. Por eso, me permitirán que resuelva el lance con unas pinceladas, con unos rasgos que sean suficientes para definirlo para hablar del libro -yo he venido hoy aquí a hablar de su libro-en una conversación, un  toma y daca.

Roberto es un economista que es la idea misma del equilibrio, concepto que es fundamental en la teoría económica como todos ustedes saben. Ha repartido su oficio entre la teoría y la práctica, entre la Universidad y la empresa. Dentro de ésta, también ha practicado sus saberes tanto en la empresa pública como en la privada. Es un economista que sabe escribir, de lo que ha dejado constancia en libros y estudios, en numerosos artículos que ha publicado en revistas especializadas y en periódicos de información general. Por uno de ellos, ‘Las consecuencias económicas de la paz’, publicado en El País, ganó el premio de Periodismo El Correo en 1998. Debo confesarles que cuando yo mismo gané este premio cinco años más tarde no me cansé de repetir a quien quisiera oírme: “Este es el premio que le dieron a Roberto Velasco en el 98”. Para ponerlo en valor, como se dice ahora.

A la hora de abordar una cuestión como la que Roberto Velasco plantea en su libro, ‘Economistas, Oficio de profetas’, es bueno que nos preguntemos antes por las verdades verdaderas de la vida: ¿Quenes somos, de dónde venimos, adónde vamos? Esta es pregunta que se han hecho desde siempre filósofos, pensadores y escritores. Es una cuestión que interpela a la filosofía, a la ciencia y a la religión. Incluso a las artes. Paul Gauguin le puso ese título a un cuadro que pinto a fines del siglo XIX, durante su segundo viaje a Tahití.

En plan más contracultural, pero sin banalizar tan magno asunto en absoluto, el grupo de rock Siniestro Total tituló así una de sus canciones. Roberto, ahora vamos con el libro, pero seguramente conviene iniciar la sesión con una pregunta bastante inocente, pero que requiere una explicación de propósito:  

Hace ya unos cuantos años el autor de este libro que gozosamente prentamos hoy, me conto un chiste sobre su profesión: Dos hombres que vuelan en globo son arrastrados por un fuerte viento que les lleva a la deriva. Deciden aproximarse a tierra y preguntan a la primera persona que ven:

-¿Podría decirnos dónde estamos, buen hombre?

-Sí, responde el interpelado. Están en un globo.

Los dos viajeros le repreguntan:

-¿No será usted economista?

-¿Cómo lo han sabido?

-Porque nos ha dado una respuesta perfectamente correcta y absolutamente inútil.”

A mí, que era entonces un estudiante de Economía, el chiste me planteó una cuestión de algún interés: ¿Para qué sirven los economistas? Me pareció que el chiste era bueno y revelaba, no solo un sentido del humor con su carga de autocrítica, sino la capacidad de preguntarse por la sustancia de su oficio, lo que es una condición inexcusable para el progreso en cualquier actividad humana. Si alguien me lo hubiera preguntado a mí hace unos pocos años, diría que no sé, que a mí el estudio de la Economía me había servido para hacerme amigo de Roberto Velasco, mientras me aplicaba más o menos. Debo reconocer, sin embargo, que mi vanidad no llega a tanto como para creer que la Facultad de Sarriko, tantos planes de estudios tenían como finalidad principal, aun siendo muy merotoria, que yo conociera a Roberto Velasco. Así pues, Roberto, cuéntanos: ¿Para qué sirve un economista? 

RESPUESTA:

Pues para ser la primera no está nada mal, Santiago. Vamos a ver.

Como intérprete que es de una ciencia social, la misión del economista es ofrecer respuestas concretas a problemas reales de los ciudadanos. Partiendo de la libertad del ser humano, el economista se esfuerza en la búsqueda de explicaciones para su conducta y de caminos para satisfacer sus intereses.

Naturalmente, habría que precisar qué se entiende por economista, porque esta expresión incluye en España tanto a quienes se ocupan del mundo del economics como de los que se dedican al business. Mi libro trata de los primeros, aunque los segundos son la inmensa mayoría de la profesión y, en mi opinión, han llegado a satisfacer plenamente los deseos de Keynes: “Sería espléndido (decía el genial inglés hace 70 años) que los economistas se ganaran la reputación de gente modesta y competente, a la altura de los dentistas”. Yo creo que lo han logrado, porque Keynes se refirió al prestigio social y no a los ingresos anuales de unos y otros.

P.- Decía Kirk Kerkorian, un millonario estadounidense, que “Si los economistas en verdad fueran buenos para los negocios, serían hombres ricos, no los asesores de los hombres ricos.” Hay que aclarar que Kerkorian no es precisamente un ejemplo de lo que podríamos llamar economía productiva. El fue, junto al arquitecto Martin Stern, el creador de la ciudad moderna de Las Vegas. La fuente principal de su riqueza fueron los casinos, el juego y otras actividades del sector terciario que no voy a detallar aquí. 

Pero hay en todo quehacer económico el deseo de conocer el futuro, lo que nos depara el porvenir, es tan antiguo como la misma humanidad y no sólo en la actividad económica, que también, sino en cualquier área de la vida, conocer las claves del porvenir para triunfar en los negocios, en el amor, en las relaciones sociales, en el ámbito familiar, saber qué nos deparará la salud y la vida, en fin. 

Por este motivo, en todas las épocas y lugares del mundo ha habido muchas personas dispuestas a descubrirlo. ¿Qué métodos se han utilizado?

Los métodos utilizados para escudriñar el futuro han sido innumerables, desde la consulta a los oráculos de los dioses griegos (como el de Delfos, instalado durante 3 siglos en el templo de Apolo) o la mera imaginación literaria, hasta el estudio de los vuelos de las aves o el análisis de las vísceras de animales sacrificados, pasando por la contemplación de ciertos cristales, el despliegue de naipes o las prácticas apoyadas en ancestrales costumbres descubiertas en la vida de muchas tribus de todos los continentes.

Hoy en día, más de 50 universidades de todo el mundo ofrecen programas sobre estudios del futuro.

P.- Pese a las prohibiciones, muchas personas han recurrido a lo largo de la historia a consultar el futuro a los astros, hecho que es especialmente significativo en el caso de reyes que durante siglos contaron con la presencia de astrólogos en sus respectivas cortes. Hay casos en que los propios soberanos eran autosuficientes, soberanos a todos los efectos. Siempre he tenido la impresión que el primer economista en definir los ciclos fue el faraón del antiguo Egipto a quien le interpretaba los sueños su copero José en el Antiguo Testamento: siete vacas gordas y siete vacas flacas y con las espigas, lo mismo. ¿Se ha recurrido también a los astros en materia económica?  

R.- Pues sí. El uso de los ciclos planetarios en la previsión de los precios futuros de las materias primas y de los títulos bursátiles tiene una larga tradición. Hasta el punto de que varios economistas, como Stanley Jevons o Samuel Benner culparon en el siglo XIX a las estrellas de los vaivenes de los mercados y de ser la causa remota de los mayores desastres comerciales.

Todavía hoy existen partidarios de contrastar las predicciones de Bancos y Gobiernos con el astrólogo de guardia. Uno de ellos, el profesor español Santiago Niño Becerra, se apoya en las posiciones relativas de Neptuno y Plutón para anticipar, con ayuda de una astróloga, todo tipo de situaciones económicas, políticas y sociales hasta el año 2052. Algunas muy desmentidas por la realidad, qué le vamos a hacer (petróleo 2015).

P.- Con estos precedentes no es raro que con cierta frecuencia se acuse a los economistas de que sus conocimientos sirven sólo para explicar lo que ha pasado, cuando ya no tiene remedio. Estaba aquella definición de que el economista es el científico social que explicará mañana la razón de que las predicciones que hizo ayer no se hayan cumplido hoy. Y, sin embargo, siguen empeñados en adivinar el futuro. ¿Por qué?

R.- Pues sí, es verdad. Hasta el punto de que si hay alguna fijación permanente en los economistas, ésta es su “obsesiva preocupación” por el futuro.

El asunto viene de lejos. Figuras como Adam Smith, David Ricardo, Stuart Mill o Karl Marx no se limitaban a describir simplemente lo que ocurría, sino que trataban de explicar la dinámica del cambio y examinar sus consecuencias, preguntándose cuáles eran los nuevos mundos que se estaban creando y qué consecuencias sociales depararían.

Otra cosa distinta es la conveniencia profesional de arriesgar la opinión sobre el siempre incierto futuro. Keynes auguró un pésimo porvenir para los economistas profetas y muchos otros han desaconsejado el ejercicio de la futurología; pero, a pesar de todo, varios millones de personas escuchan a diario en todo el mundo las opiniones de los economistas sobre las perspectivas de los negocios y, en general, sobre la marcha de la sociedad.

La razón es evidente: la previsión es importante para las empresas, porque necesitan decidir qué capacidad productiva necesitarán para atender la demanda futura; para los Gobiernos, a la hora de preparar sus Presupuestos; para los Bancos Centrales, de cara a establecer las bases de la política monetaria; y es importante también para una pléyade de organismos públicos y privados, además de para las familias y los ciudadanos.

Ante esta realidad, la Ciencia Económica se enfrenta a la necesidad de contar con técnicas mucho más atinadas que las actuales para interpretar el pasado y el presente de cara al futuro.

P.- ¿Por qué los economistas se equivocan tanto en sus predicciones?

R.- Los economistas se equivocan porque los acontecimientos pasados suministran poca información sobre lo que cabe esperar que acontezca en fechas futuras.

El futuro es incierto, un blanco móvil que no avanza en línea recta, ante el que las probabilidades de acierto de las flechas que lanza el economista son muy limitadas. Dicho de otro modo, pese a los avances registrados en las técnicas utilizadas, se carece de la capacidad científica para predecir la evolución de los grandes agregados económicos, especialmente en el largo plazo. Por eso hay que reconocer, con toda modestia, que el mundo cambia a más velocidad que las ideas de los economistas.

P.- Igual por eso suele hablarse de la desorientación permanente de los economistas…

R.- Este asunto de la desorientación ha sido utilizado maliciosamente por algunos graciosos que han llegado a negar que Adam Smith, el padre de la economía moderna que vivió en el siglo XVIII, deba ser considerado como el primer economista de la historia.

El recambio que ofrecen como primer economista nació tres siglos antes, se llamaba Cristóbal Colón y es verdad que no estaba muy bien orientado: cuando salió de Palos no sabía a dónde iba, cuando llegó a América no sabía dónde estaba y, además, todo lo hizo gracias a una subvención del Gobierno.

Como chiste no está mal. Además, los economistas somos buenos encajadores y no sabemos qué es eso del corporativismo profesional.

P.- Hasta hace bien poco también se acusaba más a los meteorólogos de errar mucho en sus predicciones…

R.- Aunque sus pronósticos han mejorado mucho a siete u ocho días vista, los meteorólogos saben que están muy afectados por la incertidumbre, porque el sistema atmósfera es caótico, es decir, cambian mucho los resultados finales cuando lo hacen en muy pequeña medida las condiciones iniciales. Ese efecto se resume muy gráficamente señalando que “una mariposa, al batir sus alas en Pekín puede hacer que llueva en Nueva York”.

Esto es justo lo contrario de lo que ocurre en la mayoría de los fenómenos físicos, en los que si cambian poco las condiciones iniciales se modificarán también mínimamente los resultados. Los meteorólogos trabajan para manejar sus instrumentos predictivos (modelos matemáticos, satélites, etc.) teniendo en cuenta la teoría del caos, aunque un viejo chiste señala que quienes de verdad se sienten como peces en el agua en el caos son los economistas.

P.- A la hora de anticipar el mañana, también se arriesgan algunos representantes de las llamadas ciencias duras, como la física o la biología. ¿Aciertan más que los economistas?

R.- Pues no sé qué decir, aunque seguro que sus pronósticos tienen más apoyo científico. Yo tengo la sensación de que algunos se arriesgan en exceso. Un caso que se cita ampliamente en el libro es el de Michio Kaku, un eminente físico teórico y uno de los divulgadores científicos más conocidos del mundo. En el año 2011 publicó el libro La Física del Futuro, en el que explica cómo la ciencia determinará el destino de la humanidad y la vida cotidiana en el siglo XXII.

Voy a leer un pequeño párrafo que me parece muy ilustrativo:

“En 2100 (afirma Kaku), al igual que los dioses mitológicos, seremos capaces de manipular objetos con el poder de nuestras mentes. Los ordenadores podrán hacer realidad nuestros deseos, tras leer en silencio nuestros pensamientos. Podremos mover objetos utilizando solo la mente y con el poder de la biotecnología crearemos cuerpos perfectos y alargaremos nuestro tiempo de vida. Viajaremos en impecables vehículos que volarán por sí mismos casi sin combustible, flotando sin esfuerzo en el aire. Con nuestros motores estaremos a punto de poder enviar naves interestelares para explorar estrellas cercanas”.

En fin, hay quien piensa que la ciencia y la ciencia ficción están muy próximas.

P.- Parece que también se equivocan los Organismos Internacionales y los Nobel de Economía…

La Fe de Errores que contiene el libro destaca los errores los cometidos por los Organismos Internacionales. La relación entre las previsiones económicas de la Comisión Europea, por ejemplo, y la cifra observada posteriormente es, en los últimos años, una historia de grandes desencuentros.

Al parecer, la regla general es que ningún organismo internacional, centro de estudios o Gobierno acierte en sus previsiones económicas, unas indicaciones que se analizan y evalúan con lupa y que, en ocasiones, provocan cataclismos en la Bolsa.

Y también Premios Nobel de Economía tan famosos como Joseph Stiglitz o Paul Krugman han cometido errores de bulto a la hora de pronosticar sobre diversas materias. Una de las características de las opiniones de Krugman, por ejemplo, es que dan tales bandazos que cada una acostumbra a matizar, cuando no a desmentir, la anterior.

La última y gigantesca crisis financiera y económica mundial iniciada en 2008, que pasará a la historia como la Gran Recesión, ha obligado a muchos famosos economistas a reconocer que sus prismáticos de larga distancia no funcionaron adecuadamente.

P.- Y qué pasa cuando los economistas predicen acertadamente algunas catástrofes financieras? 

R.- Pues habitualmente resultan maltratados. Sirva como muestra un solo ejemplo. Dos meses antes del histórico “crac” de finales de octubre de 1929 en la Bolsa de Nueva York, que dio lugar a la Gran Depresión, un notable profeta económico, Roger Babson escribió con asombrosa precisión:

“Más pronto o más tarde se producirá un “crac” y será terrible. Como consecuencia de ello las fábricas tendrán que cerrar, los hombres se quedarán sin trabajo, el círculo vicioso girará violentamente y, como resultado, se producirá una grave depresión en los negocios”

Pues bien, Babson fue acusado de la primera caída de la Bolsa, su fama menguó por culpa de su prematuro pesimismo y después de lo tragó la historia.

P.- La segunda parte del libro, titulada Ecos del Futuro, supone una ruptura con la línea de razonamiento seguida en los capítulos anteriores, pues trata del mañana de la desigualdad y del proyecto europeo de integración. De alguna manera ejerces de economista futurólogo… 

Vayamos con la desigualdad económica, que se ha convertido en la enfermedad social de nuestra época, hasta el punto de haberse erigido en el fenómeno probablemente más perturbador al que se enfrentan los Gobiernos democráticos. ¿Cómo aborda el libro este asunto?

R.-El libro pone de manifiesto que la Tierra es un verdadero museo de la desigualdad. La ONU dice que hay cerca de 1.200 millones de personas sin alimentos suficientes y más de 44.000 niños mueren al día de malnutrición y de enfermedades que ya no existen en el Primer Mundo.

Un reciente estudio de la OCDE demuestra también que la desigualdad ha crecido sustancialmente en la mayor parte de sus países miembros durante las últimas décadas. El 1% más rico de la población ha disfrutado particularmente de grandes incrementos en su participación en la riqueza, destacando la creciente y escandalosa divergencia entre esa parte de la población de Estados Unidos y el resto de sus compatriotas: entre 1975 y 2012 cerca del 47% del incremento del PIB fue absorbido por ese 1%. Otro tanto ocurrió en el Reino Unido.

Incluso Alemania empieza a parecerse más a EE.UU y Gran Bretaña que a los países escandinavos, los más igualitarios. De hecho, el 10% más rico posee el 60% del patrimonio privado y el 40% más pobre no tiene nada.

P.- ¿Y cómo evolucionará la desigualdad en el futuro de un mundo cada vez más globalizado?

R.- Para el Nóbel de Economía 2007 Eric Maskin es evidente que el proceso de mundialización económica ha incrementado la brecha entre ricos y pobres, y lo seguirá haciendo en el porvenir, pese a que una de las principales promesas de los profetas de la globalización fue la reducción de las desigualdades.

En el caso de Europa, los índices de desigualdad crecen sin cesar, especialmente en los países bálticos y latinos, entre los que España es el segundo país donde más se ha elevado la desigualdad desde 2007. La causa principal de esta realidad española es, sin ninguna duda, el nivel de paro.

En efecto, el empleo se ha erigido ya en el más importante factor de desigualdad económica y social entre quienes cuentan con un puesto de trabajo y los que no pueden disfrutar de él.

P.- ¿Se conocen ya los cambios que se producirán en los empleos del futuro? 

Los cambios radicales que se prevén en el mundo de los negocios tendrán un profundo impacto en el empleo del futuro, tanto desde la perspectiva de la creación de nuevos puestos de trabajo como de las competencias exigidas para desempeñarlos. Se calcula que el 65% de los niños que se incorporan hoy a la escuela primaria acabarán trabajando en empleos que todavía no existen.

Hace ahora tres años que dos profesores de la Universidad de Oxford (Fey y Osborne) analizaron las posibilidades de computerización de más de 700 empleos diferentes en Estados Unidos. En sus conclusiones señalaron que la automatización no se va a detener en las tareas rutinarias en las fábricas y en las oficinas, así como que alrededor del 47% del empleo total estadounidense está en riesgo. Según ellos, los matemáticos van a pasar a ser imprescindibles y, atención, los economistas tienen más probabilidades de supervivencia profesional que los bomberos, los actores, los dentistas, los ingenieros químicos, los terapeutas médicos y los clérigos. Ahí queda eso.

P.- El último capítulo del libro se titula “El Rapto político de Europa”, en recuerdo del mito del secuestro de la diosa Europa, la bella hija del rey de Tiro, por un Zeus convertido en un cautivador toro blanco (inmortalizado por Rubens, Tiziano…).

La desigualdad caracteriza también a la UE, pues no solo no se ha reducido desde los años ochenta del siglo XX, sino que se ha incrementado en la última década. Queda claro, por tanto, que las disparidades económicas están firmemente ancladas en el entramado estructural de la Unión y que los procesos integradores no conducen por sí solos hacia la convergencia de rentas y de niveles de vida. El crecimiento económico es siempre desequilibrado.

Por ello, si no se instala algún sistema compensador de los desequilibrios, la moneda única y la Unión Europea toda pueden descarrilar, porque millones de ciudadanos maldecirán el euro y acabarán rechazando la solidaridad menguante de un modelo de integración que prima descaradamente los intereses del Norte económico europeo.

P.- El entonces primer ministro belga, Marc Eyskens, dijo en 1981 que “Europa es un gigante económico, un enano político y un gusano militar”. Esta frase lapidaria ¿recobra estos últimos años visos de realidad?

R.- Desde luego, aunque debería matizarse la primera de las afirmaciones para reconocer los achaques del coloso. En efecto, durante la décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX la economía de la Europa integrada creció un 4%; en los setenta el crecimiento fue del 2,8%, descendió al 2,1% en los ochenta y al 1,7% en los noventa; y así sucesivamente hasta el 0,5-1% de los últimos años.

La segunda de las apreciaciones, la relativa a la influencia política, la hemos visto confirmada en todas las ocasiones que requieren una opinión conjunta y única ante los grandes conflictos mundiales: cada cual por su lado. Y respecto a la traca final de la frasecita, la del gusano militar, es mucho mejor que no haya necesidad de comprobar una vez más su veracidad, porque tendríamos que pedir socorro a los de siempre.

P.- En el libro te manifiestas pesimista sobre el futuro de la Unión Europea

R.- Pues sí. Esta Europa titubeante y desunida, enfrentada a uno de los desafíos más importantes de su historia, ha recibido un duro golpe que para algunos puede ser anunciador de su probable final. El autor no fue otro que David Cameron, el Primer Ministro británico que se presentó a imponer la última insolidaridad del Reino Unido con una sensiblera distorsión de la famosa frase de John F. Kennedy: “No preguntes qué puede hacer Gran Bretaña por Europa, pregunta qué puede hacer Europa por Gran Bretaña”. Y que, no por casualidad, encontró a muchos gobernantes europeos, empezando por la Sra. Merkel, dispuestos a doblegar los Tratados para atender sus intolerables exigencias.

Hasta ese momento, las principales “aportaciones” británicas a la UE habían sido sus numerosos paraísos fiscales, la gigantesca lavadora de dinero sucio que es la City londinense y las continuas tropelías de sus principales bancos, que el libro detalla: falsificación del euríbor, del libor y del tipo de cambio euro-dólar, entre otras hazañas.

P.- Pese a las enormes ventajas obtenidas por Cameron en la negociación/imposición recién descrita, el referendo se saldó el 26 de junio de 2016 con un inesperado rechazo de los electores (51,9%) a continuar en las instituciones comunitarias. Y tú dices que el BREXIT es una oportunidad para Europa…

R.- En efecto, estoy convencido de que el Brexit puede convertirse en una gran oportunidad, quizás la última, para una Europa más integrada. El debate que se desarrollará en los próximos tiempos contendrá aspectos relativos a la necesidad de dar pasos hacia una mayor integración, porque sólo a partir de estrategias y programas comunes se pueden afrontar algunos problemas clave, como la culminación de la Unión Bancaria, la Unión Fiscal y los avances hacia la Unión Política, al menos entre los países de la eurozona. Unos avances que el Reino Unido ha bloqueado permanentemente, poniendo todos los palos posibles en las ruedas del proceso integrador.

No será una tarea sencilla, pues el liderazgo en soledad de Alemania se está convirtiendo en una amenaza para la estabilización económica de la eurozona, del conjunto de la UE y de la economía internacional. Hasta la fecha, en lugar de ejercer de locomotora de la economía europea, se ha dedicado a culpar a los Estados endeudados de su propia desgracia y a imponer programas de austeridad extrema bajo amenazas de multas y rescates. La Europa alemana que se está configurando tiene muy poco que ver con la soñada por los padres fundadores.

La falta de liderazgo y el arrinconamiento de la Comisión europea (en teoría, la guardiana de las esencias del proceso integrador) y el Parlamento en aras de los Gobiernos nacionales (reunidos en el Eurogrupo) han convertido a la UE en un ente vulnerable e ineficaz. De tal modo, que mucho tendrán que cambiar las cosas para que el ya iniciado proceso de desintegración de la Unión Europea no se culmine, de un modo u otro, en los próximos quince o veinte años. En ese caso, el maravilloso proyecto integrador habrá sido víctima de la conducta de unos gobernantes irresponsables e ineptos. Como los actuales.

P.- El libro termina con un Epílogo titulado “Desde la humildad” en el que reflexionas sobre los problemas que afectan a la Ciencia Económica a raíz de la densa niebla de la incertidumbre sobre el futuro que trajo consigo la crisis financiera de 2007, que hace aún más difícil cualquier ejercicio de predicción.

R.- El principal problema es que no puede haber una sola aproximación a los hechos económicos.

Por eso el ejercicio de la profesión de economista exige tener en cuenta la cultura, la historia, la geografía, las instituciones y la psicología individual y colectiva. Stuart Mill decía que “nadie puede ser buen economista si no es algo más” y Keynes reconoció que era una profesión en la que resultaba muy difícil brillar, porque un economista debía tener “algo de matemático, historiador, estadista y filósofo”.

P.- Para terminar, ¿No deberían los economistas explicar a la gente los límites de la Ciencia Económica?

Seguro que sí. La Ciencia Económica tiene ante sí, como lo ha tenido siempre, el desafío de analizar la complejísima conducta humana, que muchas veces tiene poco o nada de racional. En esta delicada tarea los economistas cometen muchos errores, ciertamente, pero todavía tienen mucho que ofrecer a los no lo son. Lo que la Sociedad no debería hacer es pedir a los economistas más de lo que pueden darnos, como hacemos con nuestros médicos.

En definitiva, conviene que los economistas hagan autocrítica desde la humildad, pero también es ineludible convencer a una mayoría social del interés público de su trabajo.

P.-Yo creo que hemos dado un repaso conceptual al libro. De todo esto que hemos hablado es de lo que trata ‘Oficio de profetas’, pero es algo más, que me lleva a recomendar encarecidamente su lectura. Es un libro ambicioso, instructivo y ameno, muy bienhumorado y en ocasiones irónico, en el que apunta los flagrantes errores que los santones de la Economía, como los que acaba de citar él mismo, Krugman y Stiglitz, rutilantes premios Nobel que incurrían en errores descomunales cuando se arrogaban tareas de profeta. 

Antes de dar paso al coloquio voy a poner un ejemplo, el primero en el que cita el feroz y feraz ingenio de Churchill. El que fue en dos ocasiones primer ministro británico, es un autor citado inexcusablemente en todos los diccionarios de citas, aunque según las malas lenguas, buena parte de ellas se las había copiado a Edward Gibbon, el historiador que mejor describió la caída del Imperio romano, que era un gran hacedor de frases.

 Reproduce una malevolencia que a mí me ha encantado del gran estadista inglés sobre Keynes. Esta es suya con toda seguridad; no pudo copiársela a Gibbon por razones temporales: “Dados ‘n’ economistas hay habitualmente ‘n’ opiniones sobre un único asunto, salvo que entre ellos se encuentre el señor Keynes, en cuyo caso habrá ‘n+1’ pareceres porque él siempre aporta dos”.

Y ahora, sin más, demos paso al coloquio, vale decir a las preguntas de los asistentes.

-COLOQUIO-

¿Quieres añadir algo más, Roberto?

Pues sí, ya que has empezado con aquel chiste que te conté hace tantos años, quiero contar ahora la segunda parte del mismo que no te conté entonces. Y es que cuando los dos viajeros del globo consiguen bajar a tierra, les pregunta el economista:

-Oigan, ustedes por casualidad no serán políticos, ¿no?

-Sí lo somos, ¿Cómo lo ha deducido?

-Muy sencillo. Han escogido para viajar un medio que no saben gobernar, se han embarcado en él sin consultar las predicciones meteorológicas del día, y en tercer lugar, que cuando se ven en apuros siempre recurren a un economista para que les saque las castañas el fuego.

Aquí damos por concluida la presentación. Muchas gracias a todos por su asistencia.

 

 

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Esta tarde, en El Carmen de Indautxu

rvelasco

O sea, que esta tarde a las 8:00

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Patxi Lopez, candidato

patxilo

Hoy en Herrera en COPE

Puntillero

Fue un mal candidato, pero ha sido un eficaz puntillero. El paso adelante de Patxi López ha puesto fin a la indefinición que venía paralizando al PSOE y a su dirección provisional, esa gestora atenazada por el miedo a Pedro Sánchez. Patxi se ha ofrecido voluntario y esa es el acta de defunción política del ex secretario general, por más que él no conciba esa razón.

Después de la iniciativa de López, Sánchez ha perdido toda capacidad de maniobra. El único bagaje intelectual de Pedro, el ‘no es no’, se lo disputa con tesón Patxi. Como los activistas de ‘la vida de Brian’, Patxi odia de verdad a los romanos, más y más injustamente que Pedro, que al fin y al cabo no les debía nada, mientras Patxi llegó a lehendakari porque el PP votó su investidura y gratis. La candidatura de Sánchez sólo serviría para garantizar el triunfo de Susana.

“Fue un error abstenerse para darle el Gobierno a Rajoy” ha dicho con claro desprecio a la verdad. Él se abstuvo y no fue por error, sino adrede. Si hubiera votado ‘no’ ahora estaría tan descatalogado como Susana Sumelzo.

Hay algo en lo que sí tiene razón en su desagradecida inquina al Partido Popular. Al estilo de Groucho, ¿Cómo va a confiar él en quien ha sido capaz de elegirlo como socio? Dos veces ha superado este hombre su nivel de incompetencia: como lehendakari y como presidente del Congreso y las dos veces fue con el apoyo del PP.

Publicado hoy en mi columna de El Mundo:

Un paso de líder

Patxi López dio el sábado un paso de líder y le quitó el papel a Pedro Sánchez, aunque éste siga sin enterarse. Había esperado a que el Comité Federal convocara el Congreso el 17 y el 18 de junio para postularse como candidato a secretario general. Un mes antes se convocarán lo que los socialistas españoles han dado en llamar erróneamente las primarias, en realidad candidaturas a la secretaría general ante el congreso del partido. Las primarias son las elecciones internas para designar al candidato a la Presidencia. Primarias fueron las que enfrentaron a Almunia y Borrell. Lo que hubo entre Zapatero, Bono, Rosa Díez y Matilde Fernández no fueron primarias, sino un congreso.

Lo mejor del Comité Federal fue el excelente discurso del presidente de la gestora, Javier Fernández, lástima que no esté por la tarea de postularse. Patxi López se queda muy justito como líder, mientras Susana sigue deshojando la margarita. No es que Susana Díaz pueda compararse a Harold Wilson, pero en este tiempo en que los laboristas han elegido a Corbyn habría que preguntarse con qué criterios eligen los socialistas a sus lideres. Sólo hay uno: rentabilidad electoral y Susana fue la candidata que ganó al PP contra todo pronóstico las andaluzas tres meses después de la victoria histórica de Rajoy en las generales. Es cierto que López obtuvo la mayor representación que el PSE haya tenido en marzo de 2009 y que gracias al apoyo del PP pudo desalojar a Ibarretxe de la presidencia, pero malbarató ese triunfo en una legislatura de tres años, en la que perdió 106.000 votos y nueve escaños, preámbulo de la debacle de 2016, aunque ésta se la anotara Idoia Mendia, su relevo en el tramoi final de la legislatura: otros 85.500 votos y siete escaños menos.

No es que el público votante sea veleta, que también. Es que la combinación de sectarismo y demagogia que le permitieron aceptar el apoyo del PP para ser lehendakari sin renunciar a denigrar a sus compañeros de viaje, lo convirtió en víctima principal de su más grave error político. No es posible convencer a los ciudadanos de que tienes que pactar para gobernar y que al mismo tiempo te da asco tu socio de Gobierno. Ha sido un ejemplar discípulo de Zapatero y de su peor epígono, Pedro Sánchez.

Qué lejos quedan los tiempos en que Javier Rojo, uno de los suyos, explicaba con arrojo el acuerdo con el PP del apretón de manos en el Kursaal entre Mayor Oreja, Nicolás Redondo y Fernando Savater contra el Plan Ibarretxe: “En los campos de concentración no le preguntaban a ningún judío si era de derechas o de izquierdas”. Hace medio año, López animaba a Rajoy a buscar apoyos para la investidura entre los suyos, un suponer, el PNV, mientras el PSE ayudaba a gobernar a los nacionalistas en las tres diputaciones forales y en las tres capitales vascas, antes de que su sucesora suscribiera con Urkullu el pacto de Gobierno que volvió a elegirle lehendakari con el apoyo de los nueve escaños de los socialistas vascos.

Susana Díaz no es Rosa Luxemburgo, ni siquiera la abuela de Anna Gabriel, pero puede, a pesar del retraso con el que debuta en la carrera, ser una contrincante correosa para Patxi López. Bastaría con que reformulara el Pacto del Betis, aquel acuerdo de Felipe González con Redondo, Benegas y Múgica. Aunque en este remake tenga que enfrentarse a López, podría pactar con Ramón Jáuregui, que encarna a una parte del socialismo vasco más inteligente y con más capacidad de trabajo que sus compañeros, que no se muestran interesados en aprovechar sus capacidades. Susana haría de Felipe González y Jáuregui de Txiki Benegas.

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Distensión breve

 

Pubicado hoy, en El Mundo de El País Vasco

erko-y-sorayaLas estrategias de apaciguamiento con los nacionalistas tienen desde su nacimiento un concepto del corto plazo que hace parecer un plan quinquenal la caducidad de la leche fresca. Unas horas antes de la Nochevieja, el Gobierno de Rajoy ofreció al PNV la cabeza de su delegado en Vitoria, siguiendo minuciosamente el plan con que el Gobierno de Aznar quiso aplacar al de Pujol con la cabeza de Alejo Vidal Quadras. A Aznar le duró dos legislaturas, a Rajoy dos semanas, debe de ser por la aceleración histórica.

El delegado del Gobierno se había tomado demasiado a pecho su papel de vigilante de la ley y ponía más recursos de los que las instituciones vascas estaban dispuestas a admitir. Un suponer, Carlos Urquijo había interpuesto una treintena de recursos contra otros tantos Ayuntamientos vascos que remitían sus actas y escritos en una sola de las dos lenguas oficiales de la Comunidad Autónoma Vasca que no era precisamente la koiné, la lengua común.

Son cosas que pasan cuando se considera que una lengua es más una seña de identidad que un vehículo de comunicación, cuando se sacrifica la función al símbolo. En la era Zapatero hubo un momento estelar el día en que dos presidentes de sendas Comunidades Autónomas, ambos socialistas, mantuvieron un debate en el Congreso de los Diputados de lo que aún guardan memoria las hemerotecas. En la tribuna de oradores, el presidente de la Generalidad de Cataluña, un andaluz de Iznájar (Córdoba) hablaba en la lengua en que era menos competente. En un escaño, el presidente de la Comunidad Andaluza, Manuel Chaves, andaluz de Ceuta, seguía el discurso por un pinganillo en el que el servicio de traducción simultánea vertía al castellano las palabras (y los conceptos, si los hubiera) que José Montilla había expuesto en catalán.

Los recursos de Urquijo contra la Ley de Instituciones Locales de Euskadi, que se aprobó en abril de 2016 en el Parlamento vasco con los votos del PNV y EH Bildu, se quedarán en nada gracias al acuerdo de interpretación al que la Vicepresidencia del Gobierno y el Departamento de Presidencia del Gobierno vasco llegaron el miércoles pasado, según la cual los Ayuntamientos que así lo decidan podrán dirigirse solamente en euskera a cualquier instancia a la que se dirijan. ¿Y si esa institución usa como preferente la otra lengua oficial de los vascos? Que se joda y tire de pinganillo como Chaves o que renuncie a la lengua extraña.

La paz ha durado poco, como veníamos diciendo. El Consejo de Ministros decidió ayer recurrir ante el Tribunal Constitucional el artículo 83 de la Ley de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias, vigente desde el 13 de abril de 2016 en que se publicó en el BOE. El Gobierno no acaba de ver con buenos ojos que el citado artículo 83 permita la creación de ‘Entidades de personas consumidoras de cannabis’, con instalaciones en las que se permita el consumo de dicha sustancia y que promueva el consumo responsable de cannabis y otras sustancias psicoactivas. Considera el Gobierno, o sea, Madrid, que el citado artículo invade competencias del estado en productos farmacéuticos, legislación penal y seguridad pública. Su mensaje de nueva etapa no tiene credibilidad, ha venido a decir Erkoreka. Va a tener que esforzarse mucho el Gobierno si quiere los seis escaños jeltzales para aprobar sus presupuestos. Ya dijimos que la paz iba a durar poco.

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Un mea culpa

gallardon

Arrepentidos los quiere el Señor. Alberto Ruiz-Gallardón participó ayer, junto a Josep Piqué y la economista Rocío Albert en el primer encuentro de FAES tras su ruptura con el PP. Es raro que un político rectifique y él lo hizo rotundamente, al entonar un “mea culpa personal” por el hecho de que el centro-derecha español se haya “avergonzado de proclamar” sus ideas, y advirtió de que ya no le vale con la gestión eficaz para lograr el voto de los ciudadanos sino que tiene que convocarles a “un proyecto compartido”. Hace veinte años que Jaime Mayor Oreja convocaba al País Vasco “a un proyecto común y compartido”, lo recordarán los más memoriosos y los más viejos del lugar.

Alberto Ruiz-Gallardón fue una joven esperanza blanca de la derecha española, hijo de un buen colaborador de Fraga desde los primeros tiempos de AP. José Mª Ruiz-Gallardón se convirtió en la bestia negra de la izquierda el día que explicó a la revista Triunfo, biblia del progresismo (faltaban cuatro meses para El País) que la expresión con que Fraga había escandalizado a las caperucitas: “el poder público tiene el monopolio jurídico de la violencia” era una afirmación irreprochablemente democrática.

La revista (nº 679) le respondió con un editorial tan sobrado de bilis como carente de argumentos. El editorialista no debía de conocer la definición canónica de Max Weber en su conferencia de la Universidad de Munich en 1919 ‘La política como vocación’: “El Estado es aquella comunidad humana que dentro de un determinado territorio reivindica para sí con éxito el monopolio jurídico de la violencia física legítima”. Yo, que tenía por entonces Triunfo como un texto sagrado conocí la conferencia de Weber gracias a Gallardón padre, lo que ha dejado en mí un poso de gratitud que aún perdura.

Aquel buen hombre tomaba con humor el facherío que le achacaban. Él nunca había sido franquista, pese a las acusaciones de la izquierda que se alargaron hasta Iñigo Errejón: “La gente dirá que yo soy de derechas, pero el que de verdad es de derechas es mi hijo Alberto”. Bueno pues su hijo ha vuelto a mandamiento después de haber cambiado principios por mayorías electorales y arrepentirse de ello, no porque las mayorías sean en sí nada malo, sino porque en un momento dado, una crisis, por ejemplo, no son bienes estrictamente sustitutivos.

Esta semana ha deparado dos acontecimientos intelectualmente relevantes a la derecha española: dos intervenciones de Aznar en el debate político, no confundir con la constitución de un partido alternativo al PP, y la vuelta del joven Gallardón, ya no tanto, a la brillantez conceptual con que se manejaba antaño, olvidando los pujos socialdemócratas con los que pretendía ganar el aprecio de quienes no le votarían jamás de los jamases. El PP de Rajoy debería considerar que hace 20 años, aquel partido era un referente para gentes que venían de otras latitudes y longitudes políticas. Paradójicamente, el hecho de haberse centrado les ha hecho perder centralidad. La derecha es una posición relativa: depende de dónde la sitúen los demás.

 

 

 

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La indignidad era esto

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La foto que pueden ver arriba es una concentración exigua, pero autorizada por el Departamento de Interior del Gobierno Vasco  a Etxerat, asociación que agrupa a familiares y amigos de los presos políticos vascos en la explanada del Museo Guggenheim y que se celebró el sábado por la mañana.

El lugar de la foto es exactamente el mismo en el que el terrorista Eneko Gogeaskoetxea asesinó el 13 de octubre de 1997 al ertzaina José Mª Aguirre Larraona. Aguirre, de 35 años, casado y padre de un hijo, estaba en labores de vigilancia en el exterior del Museo que iban a inaugurar los Reyes cinco días más tarde. Aguirre y su compañero vieron un vehículo sospechoso que procedieron a identificar, al descubrir  que la matrícula de la furgoneta era falsa. Gogeaskoetxea disparó contra Aguirre y se dio a la fuga, mientras su cómplice, Kepa Arronategi, era detenido por la Policía Municipal. Los dos terroristas pretendían colocar un macetero lleno de explosivos en el lugar reservado para las autoridades en el acto inaugural. Gogeaskoetxea fue detenido en 2011 en Cambridge, donde vivía con su familia. En mayo del año pasado fue condenado a 92 años de cárcel. Su compañero Arronategi había sido condenado a 30 años en 1999.

En ese mismo lugar, los concentrados reclamaban el acercamiento del asesino y lo hacían en el mismo lugar que lleva el nombre de su víctima, Plaza Txema Aguirre, en la que una placa recuerda al ertzaina asesinado. Dos sindicatos de la Ertzaintza han convocado una concentración de protesta el lunes, 16, a las 17 horas en ese mismo lugar. ¿Qué pensará de todo esto la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia?¿Qué pensará el propio lehendakari Urkullu? ¿Y su secretario general de Paz y Convivencia, Jonan Fernández? Esa docena y media de manifestantes congregados en el lugar donde fue asesinado un servidor público que velaba por la seguridad de todos para reclamarse solidarios del asesino  no debería haber sido tolerada nunca y es sobre todas las cosas una confesión de indignidad de nuestros gobernantes. Quizá un último resto de vergüenza les permita acudir a la concentración del lunes para tratar de lavar como ciudadanos la indignidad en que incurrieron como gobernantes.

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