Un sitio para la épica

memorial beso

Primero, el Memorial de Caen. Después, peregrinaje a los santos lugares del Desembarco de Normandía, a poco más de media hora: Omaha Beach (en la segunda foto)

omaha

y el cementerio americano, aquí, abajo, con 9.387 tumbas señaladas con cruces y estrellas de Daviden recuerda de los 9.387 soldados estadounidenses que murieron en la operación militar definitiva para derrotar al nazismo.

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Hoy, Caen

Caen

Hoy toca Caen, capital de la gloria y en otro orden de valores, de las tripes a la mode de…

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Cosas de la ‘técnica’

 

Publicado hoy, en mi columna de El Mundo

Mire, mi admirado Albert Rivera, que no me deja pasar una semana sin someter los vestigios de mi racionalidad a severas duchas escocesas. Acababa uno de ponderar el éxito de su operación Mesa del Congreso, que les había permitido tener dos representantes y elegir una presidenta que mejora con mucho a su antecesor, cuando va su portavoz Villegas y abre el grifo del agua fría a propósito de esos votos fantasmas que reforzaron los 169 que el PP y ustedes alcanzaban por sí solos.

Entendámonos. Si el PP ha negociado con los nacionalistas su abstención en la elección de la presidenta y su voto positivo para las vicepresidencias y secretarías es para mosquearse. Creo que el manejo de los tiempos de Rajoy ha sido un problema para el secesionismo catalán. No porque éste no haya sido derrotado, sino porque el resto de los españoles ha renunciado a defender su parte alícuota (su cuota parte que decía Felipe) de soberanía nacional. Así pues, estoy de acuerdo con usted en que a quien quiere romper España, ni agua. Puede que el precio haya sido un grupo parlamentario y los tres millones que acarrea, así como la tarea ya realizada por la Fiscalía de retirar el cargo de malversación que podría llevar a esa pareja surrealista, Mas y Homs, a la cárcel. Uno comprende que hacer a Quico jefe de grupo tiene que ser un subidón para los hermanos Hernando o Iglesias, glorias del parlamentarismo por comparación.

Advierte su portavoz Villegas de que van a pasar de la abstención ‘técnica’ que tenían pensada para la investidura al ‘no’, y uno se pregunta a la manera de Pujol qué coño es eso de ‘técnica’. Por otra parte, deberían observar ustedes un cierto equilibrio en la respuesta. No procede que a un pacto, desgraciado a mi modo de ver del PP con nacionalistas para la constitución del Congreso, respondan ustedes con un ‘no’ a la investidura. Sería más propio que la respuesta se ciñera a la Mesa del Congreso surgida del pacto nefando. Un suponer, renunciando a los puestos que han alcanzado en la citada mesa su vicepresidente Prendes y su secretaria Reyes.

Le digo esto con la confianza que me permite haber criticado hace seis meses el pacto de su socio con los mismos convergentes al cederles dos senadores para que pudieron formar grupo, sin que ustedes dijeran ni mú entonces, ni su Villegas amenazara con trocar el ‘sí’ de la investidura de Sánchez por un ‘no’. Aunque prestar senadores es más comprometido, como prestar una novia.

Hagamos un poco de prospectiva. Si su decisión de no votar a Rajoy es firme, y todo indica que lo es, (sería estúpida tanta insistencia en una profecía autofallida), el candidato del PP puede aceptar el encargo con 137 escaños (si el Rey se lo hace) o repetir la jugada de hace seis meses y no afrontar el lance. Tras dos intentonas derrotadas por el no del PSOE y Posemos, Sánchez podría levantar el dedo mientras baja púdicamente la mirada para decir que ante el fracaso del PP él se ofrece como postulante. Los nacionalistas se han declarado dispuestos a votar al revés que en lo de la Mesa y apoyar al párvulo Pedro, que saldría elegido presidente de un Frente Popular (Part Two), con su abstención. ‘Técnica’, naturalmente.

 

 

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La XII ya está aquí

Pubicado ayer, en mi columna de El Mundo

 

La XII legislatura ha arrancado con aire de normalidad, salvo las camisetas de Cañamero y Compromís, y los desparrames literarios de la fórmula de promesa o juramento de la Constitución adoptada por los nuevos que ya no lo son tanto. Ayer dejaron en casa al bebé Bescansa y Pablo Iglesias debería haber llevado a cambio a su perra Lola, que en realidad era de Tania, pero digo yo que compartirán la patria potestad. La perra habría sido un gran reclamo para los votos animalistas y tema para un interesante debate nacional. A ver si no van a tener derecho las mascotas a entrar en el Congreso.

La elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso es la operación más sensata que uno le recuerde a Albert Rivera en los últimos meses. Por fin consigue que sus escaños sirvan para algo: al apoyar a la candidata popular consigue colocar a dos de los suyos en la Mesa del Congreso, donde en puridad de reparto no le habría correspondido ninguno. Así es la negociación en política, un do ut des.

Por otra parte, Pastor era una excelente candidata, sobre todo teniendo en cuenta la alternativa. A los socialistas les habría parecido mejor Patxi López, especialmente por su formación jurídica, pero en estas cuestiones nadie se puede librar de cierto subjetivismo: también les parece que el mejor presidente de la democracia ha sido Zapatero y que el mejor gobernante republicano fue la acémila de Largo Caballero, que no respondía ni a su primer apellido ni al segundo.

Atrás quedó el argumento de socialistas y ciudadanos sobre la necesidad de que la presidencia de la Cámara no recaiga en el mismo partido que la Presidencia del Gobierno. No pondría uno reparos a subrayar la separación de poderes, ah, Montesquieu, ah, la Ley del Poder Judicial. Lo que pasa es que nunca hemos practicado esa costumbre. Adolfo Suárez llegó a la jefatura del Gobierno con un presidente de Las Cortes que hizo posible la transición e inspiró al Rey su nombre: Torcuato Fernández Miranda. Después de las elecciones constituyentes puso a sus propios Fernando Álvarez de Miranda y Landelino Lavilla. Felipe González puso a dos: Peces Barba y Félix Pons. Aznar a otros dos: Federico Trillo y Luisa F. Rudí; Zapatero a Manuel Marín y José Bono y Rajoy a Jesús Posada. Manda huevos que tuviéramos que llegar cuarenta años después a un momento en que Rivera y Sánchez plantearan la necesidad de que el Congreso lo presida un partido distinto que el de Gobierno, sin añadir: hasta ahora todo mal y sin que Pedro Sánchez prometiera que en caso de ser investido, López dimitiría para dejar la presidencia del Congreso al candidato del PP que sería la oposición.

Iglesias propuso al independentista besucón, qué más adecuado para presidir el templo de la soberanía nacional. Del Bosque también es partidario de que Guardiola lo sustituya como seleccionador: a ver por qué no va a ser un catalán. No es por catalán, sino por independentista, marqués. Ahora que se lleva mucho esto quizá convenga externalizar la condición de españoles; encargárselo a los suecos, un suponer.

(Seguirá mañana)

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When I was sixty four

Esperaba que este año pasara desapercibido, pero ahora Facebook lo cuenta todo y eso es algo que ya solo pueden esperar los tejemanejes y tocamientos de los partidos para la investidura (o no). En fin, que el Tomás Postigo me lo bebí de víspera y como me había anunciado Luis Martín, mi patrocinador, estaba fantástico.

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Ha llegado el día

Tomás Postigo

Mi amigo Luis Martín me obsequió durante mi reciente estancia en Valladolid con lo que en estos tiempos es una rareza: una botella de verdejo Tomás Postigo, que no pudimos tomar en el Trigo, donde cenamos, por haberse acabado las existencias. Él me había descubierto la bodega, hace dos o tres años, cuando yo me confesé devoto del ‘Pago de Carraovejas’, aclarándome que Tomás Postigo era el enólogo de Pago que había abierto su propia bodega. Sigo devoto del Pago de Carraovejas, pero efectivamente, el T.P. merecía la pena.

Hoy ha llegado el día. Voy a la pescadería a ver con qué puedo acompañarlo.

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Hoy, San Federico

Publicado hoy, en mi columna de El Mundo

C18 sn FedeHoy, festividad de san Federico, se cumplen 80 años de la sublevación militar que dio origen a la guerra civil española. La semana pasada tuve ocasión de participar en unas jornadas sobre la Transición que se celebraron en Valladolid. Hubo otros tiempos y otra izquierda, que era preciso reivindicar. No habían pasado aún veinte años de la insurrección franquista cuando el PCE aprobó el Manifiesto por la Reconciliación Nacional, un fantasma recorre España: “Un estado de espíritu favorable a la reconciliación nacional de los españoles, va ganando a las fuerzas político-sociales que lucharon en campos adversos durante la guerra civil”.

Hoy hay bastantes más antifranquistas en España de los que hubo hasta noviembre del 75 y los dirigentes de la tercera fuerza política española sostienen que la transición fue una trampa para impedir a los españoles el acceso a las libertades, “el candado del 78”, dice Pablo Iglesias con metáfora tontísima.

Hace falta saber con qué lo comparamos. España no ha sido un país muy afortunado en el disfrute de la democracia parlamentaria, salvo justamente los 38 años a los que dio paso la Constitución, la gran obra de un proceso constituyente bastante admirable, habida cuenta de nuestros antecedentes. A lo largo del siglo XIX tuvimos cerca de 200 pronunciamientos y golpes militares, tres guerras carlistas y otras coloniales y sufrimos en el XX dos dictaduras que marcaron las tres cuartas partes de la centuria. La transición y su obra magna, la Constitución marcaron el fin de las dos Españas.

Un solo mes de la transición, octubre de 1977, supuso lo siguiente: El día 14 se aprobó en el Congreso la Ley de Amnistía. El 27 se produjo un acto que escenificó la reconciliación: Fraga presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI con una intervención amable, incluso afectuosa. Él perdonó al dirigente comunista lo de Paracuellos, y éste a él su firma en el ‘enterado’ de la pena de muerte a Julián Grimau que aprobó el Consejo de Ministros del 19 de abril de 1963. Aquel mismo 27 de octubre el Congreso tomó en consideración los Pactos de la Moncloa firmados la antevíspera por el Gobierno, la oposición parlamentaria, y organizaciones empresariales y sindicales. Hoy, aquel acuerdo tan necesario para una economía que había sufrido una inflación del 26,5% el año anterior, sería descalificado por sus recortes, aunque también se aprobaron los derechos de reunión, de asociación política y la libertad de expresión, tipificando los delitos por la violación de estos derechos; se creó el delito de tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos; se despenalizó el adulterio, se derogó la estructura del Movimiento Nacional, y se aprobaron medidas restrictivas de la jurisdicción penal militar.

No hay tres sin cuatro. El mismo día 25 en que se firmaron los citados pactos, se aprobó el Real Decreto que puso fin a la obligatoriedad para las emisoras españolas de conectar con el parte, el informativo diario de Radio Nacional de España. Hoy, los herederos políticos de aquellos comunistas que tanto hicieron por acabar con los rastros del enfrentamiento, rechazan la transicin y sus efectosici diario de Rad hicieron por acabar con los rastros de aquel enfrentamiento, rechazan la transici diario de Radón y sus efectos y se apoyan en una juez peronista en su petición de derogar la Ley de Amnistía. Pienso en mi amigo Teo Uriarte Romero, dos penas de muerte (conmutadas) y 60 años de reclusión en el proceso de Burgos. Aquella amnistía me ha permitido gozar de su amistad, mientras el antifranquismo sobrevenido se remonta 80 años atrás para ver si ahora puede ganar aquella guerra con efecto retroactivo.

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José Ramón Recalde, un resistente

Publicado hoy, en El Mundo

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Se llamaba José Ramón Recalde Díez y murió ayer en San Sebastián, cuando estaba a punto de cumplir 86 años. El 14 de septiembre de 2000 fue víctima de un atentado terrorista. Un pistolero etarra que le esperaba a la puerta de su casa de Igeldo, a la que llegaba en compañía de su mujer le disparó en la cara. Recalde empleó los cuatro años siguientes en ordenar su memoria y superar las secuelas del atentado, que le había dejado una cierta dificultad para vocalizar. El resultado fue un libro de memorias, ‘Fe de vida’, (Tusquets, 2004) que ganó aquel año el Premio Comillas. El autor cuenta así su recuerdo del atentado:

“Un agujero negro bordeado por un círculo de acero, el orificio de salida del cañón de una pistola, fue lo primero que vi al salir del coche. Luego sonó el disparo y sentí el impacto en la cabeza. Me volví y me dejé caer en el coche, sobre María Teresa. “¿Qué ha sido?” preguntó ella. “Un tiro”, contesté. “Pero ¿a quién han disparado?” “A mí”.

Luego cuenta cómo subieron las escaleras hasta la primera planta. Él se sentó en una silla en la cocina e indicó a su mujer el teléfono de Urgencias. María Teresa Castells, con la mano de su marido entre las suyas, le dijo para animarle y animarse a sí misma: “De un tiro en la boca no se muere nadie”.

Los Recalde fueron un matrimonio ejemplar de resistentes democráticos en San Sebastián, la ciudad natal de ambos. Primero contra el franquismo, después contra el terrorismo etarra. José Ramón fue uno de los fundadores del Felipe (Frente de Liberación Popular) más concretamente de su rama vasca ESBA, junto a otros jóvenes de clase media. Él lo contaba en el homenaje que se hizo al escritor Luciano Rincón, tras su fallecimiento: “en la organización, Luciano era el de Bilbao y yo el de San Sebastián, así estaba el asunto”. 

Fue detenido en varias ocasiones y condenado en un consejo de guerra a una pena que cumplió entre 1962 y 1963. Excelente conversador, contaba brillantemente anécdotas de su detención, desde el delincuente común que se le acercó con veneración al enterarse de que su mujer era María Teresa Castells Arteche, la hija del notario Castells Adriansens. “Joder, tío”, le dijo admirado. “¡qué braguetazo!”. Contaba también que en una de su detenciones y sometido a una tortura regular, recordó una frase de Sartre que decía: no hay cosa más insoportable para el torturado que la mirada digna y limpia del torturado; “y me puse a mirarle fijamente. Nunca debí hacerlo, porque se puso más iracundo de lo que ya estaba: “¡chulo!¿es que me quieres desafiar?” y me pegó con renovadas ganas. Entonces pensé que aquel buen hombre no habría leído a Sartre y volví a bajar la vista”.

 Lagun, la librería que fundó con su mujer e Ignacio Latierro, fue uno de los seis comercios que cerraron en el Casco Viejo de San Sebastián en septiembre del 75, en señal de protesta contra las últimas penas de muerte del franquismo. Unos años después, las vueltas que da la vida, Lagun estuvo entre los seis comercios, los mismos, que resistieron la coacción batasuna por la huelga general en protesta contra la muerte de un terrorista, a quien le había hecho explosión la bomba que manipulaba. La librería ha sufrido algún asalto, alguna rotura de cristales, un incendio y un par de rociones de pintura, sin que ello haya conseguido desanimar jamás a esta mujer admirable. 

En los años de la coalición PNV-PSE, Recalde fue consejero, primero de Educación, luego de Justicia durante dos legislaturas. En aquel mes de septiembre de 2000, mientras Recalde permanecía hospitalizado, recibió la visita del lehendalari. Andrés, su hijo mayor reprochó a Ibarretxe el estado de las cosas, a lo que el visitante replicó a los pies de la cama en la que yacía su padre: “Es que tú vives fuera, Andrés, pero yo te aseguro que en Euskadi se vive muy bien”. El atentado contra Recalde sigue sin esclarecer judicialmente 16 años después.

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El candidato/a

Publicado hoy, en mi columna de El Mundo del País Vasco

Uria

Una de las cuestiones más curiosas de las segundas elecciones mientras caminamos sin prisas y con pocas pausas hacia las terceras es que entre los tres aprendices que le disputan la presidencia del Gobierno al único candidato que tiene aire de político profesional, no encuentran la manera de construir una alternativa. En rigor, tampoco la han buscado, salvo el joven Sánchez. El becario Rivera y el penene Iglesias se declaran incompatibles entre sí. O sea que no ve uno cómo podrían articular el cambio, salvo la genial propuesta que sugería ayer en la última de este diario Luis Martínez: bastaría con descalificar al candidato más votado. Si anulamos los 137 escaños que apoyan a Rajoy, queda un hemiciclo de 213 diputados. Pedro y Albert podrían volver a su viejo pacto en el tripartito con Ana Oramas, que sumaría 118 escaños, una mayoría absoluta para el cambio. La mayoría sería aún más grande si se arreglaran Pedro y Pablo: 156. 

No es sólo la cosa aritmética, no se equivoquen. El PSOE y C’s no paran de explicar su voluntad de ser oposición, empeño que tiene tanto más mérito si tenemos en cuenta que quieren serlo si permitir que haya Gobierno. La explicación racional para esta virguería es que las candidaturas compiten en las elecciones para ver quién se hace con el control de la oposición. En tan benéfico propósito sólo se interpone el partido que obtiene más diputados. Su candidato no se da a razones: dimitir para que pruebe quien ha sacado 52 escaños menos, por lo que sería cosa de obligarlo. Mi admirado colega y paisano, Escolar jr. se acercaba ayer al concepto al titular “El bloqueo se llama Mariano Rajoy”. Exacto.

Luego está lo de Podemos y el jardazo electoral que se han pegado en su coalición con Izquierda Unida. ¿En toda España? En toda, menos en dos comunidades que al Norte y al nordeste, resisten ahora y siempre al invasor. La razón es sencilla: Son las dos comunidades más reaccionarias de España. Podemos ha ocupado en Cataluña el vacío que deja la descomposición de su nacionalismo. En Euskadi, ha venido a sustituir a los batasunos de EH Bildu cuya razón de ser era el terrorismo etarra, en una misa negra en la que se comulgaba con la sangre.

Los posemos vascos están dándole vueltas a la candidatura para la Lehendakaritza. Les falló Garbiñe Biurrun, una candidata idónea: es juez, como la ministra que no pudo ser, Vicky Rosell, Yllanes y Albiñana. Los jueces son esenciales en las filas de Podemos, ya lo decía Monedero: se les apuntan para poder encarcelar a la gente del PP. Pero además es tertuliana política en ETB, actividad que conjuga con la Presidencia de la Sala de lo Social en el TSJ del País Vasco.

Total, que ahora se debaten en la duda. Los críticos tienen un candidato, Juan Luis Uría, y el aparato una tapada, porque se sabe que va a ser chica y euskaldun, aunque aún no hayan llegado a dar con la persona que responda a un perfil tan ambicioso. Uría dice que se presenta porque es médico, debe de ser que en la izquierda hay una cierta tradición: el doctor Negrín, Salvador Allende, aunque también en la derecha, piensen en el doctor Menghele. Él se considera pablista y pondera “su pensamiento político”. Virgensanta. No había oído cosa semejante desde que el pensamiento Gonzalo encendió Sendero Luminoso.

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Medios de Comunicación y Transición. Jornada en Valladolid

Hace apenas veinte días hemos celebrado nuestras últimas elecciones generales. Habida cuenta del azaroso y fallido proceso para la formación de un Gobierno que hemos conocido desde las penúltimas, el resultado me pareció una sabia advertencia del público votante. Entendámonos. Siempre me había opuesto a la demagogia que atribuye a los ciudadanos sabiduría, prudencia, equilibrio y otras virtudes democráticas y carga todos los vicios en el debe de la clase política. Siempre pensé que con los mismos mimbres se hacen todos los cestos y que los políticos están hechos del mismo material que los periodistas, los profesores de instituto, los panaderos o los votantes en general. Del material con que se hacen los sueños, había escrito Shakespeare.

Lo cierto es que el resultado de las elecciones proporcionaba ahora una orientación más clara para la formación del Gobierno y también que los partidos se han mostrado renuentes a seguir las directrices que marcaba el voto popular. Había un precedente: El 15 de diciembre de 1976 se celebró en España el referéndum de la Reforma Política, que liquidaba políticamente el régimen franquista y abría las puertas a la legalización de los partidos políticos y a unas elecciones constituyentes.

En aquel tiempo se debatía entre la reforma, que propugnaba Adolfo Suárez y la ruptura que reclamaban los partidos de la oposición. Prácticamente toda ella articulada en la Platajunta, el PSOE, el PSP, El PCE, el PSUC y los partidos de la extrema izquierda, maoístas y trotskistas, reclamaban la abstención. Yo mismo me abstuve en estricta obediencia de partido y el buen pueblo español nos dio una lección en los resultados. La abstención se quedó en el 22,2%, incluida la abstención técnica. Exactamente la misma que seis meses más tarde registraron las primeras elecciones democráticas, en las que la abstención era sólo técnica. Nadie la pedía.

El 94,17% de los votantes lo hizo afirmativamente. El no, que era el reducto de la extrema derecha, se quedó en el 2,56%.

Este de la transición es un gran asunto, que forma parte de la discusión nacional, un debate, que con el lenguaje de hoy podríamos llamar ‘una discusión de cuñados’, (antes se llamaba ‘arbitrismo’) entendiendo como tal ese método de razonamiento, más inductivo que deductivo y casi siempre expresión de voluntad y carácter, más que de razonamiento, por el cual se aplica el español medio a recetar remedios infalibles y simples contra los males nacionales, grandes, arraigados y complejos.

Hace cosa de cinco años vi en una librería un ensayo firmado por quien habría de ser uno de los dirigentes de Podemos, Juan Carlos Monedero. Se titulaba ‘La transición contada a nuestros padres’ y aun sin saber entonces prácticamente nada sobre su autor, me pareció una proclama notable. Después, cuando supe algo más de él, pensé que tal vez habría sido más acertado el título ‘Mi inmaculada concepción contada a mis progenitores’, porque es seguro que aún se hallan sorprendidos por el portentoso acontecimiento. Después de María de Nazareth tras la visita del arcángel, no habrá existido mujer en este mundo tan sorprendida por el fruto de su vientre con la madre de Monedero.

Hoy estamos enfrascados en una discusión sobre el carácter y naturaleza de la transición con gentes que no es que no la hubieran conocido en vida, que no tuvieran ese uso de razón política, sino que tampoco la han adquirido después. Valga todo esto para explicar el gusto que me da compartir mesa y charla con mi compañero Jorge Bustos.

Jorge nació después del hecho que marcó con toda certeza el fin de la transición: la victoria del PSOE en las elecciones de octubre de 1982. Y sin embargo tiene una memoria de los hechos pertinente, trabajada, muy atenida a los mismos.. Voy a contar una anécdota reveladora: a finales de 2015, el Congreso, por iniciativa de Izquierda Unida, pidió al Museo Reina Sofía en depósito, el cuadro pintado por Juan Genovés en el 76 ‘El abrazo’, a lo que el museo accedió. En la entrega, que tuvo lugar en los primeros días de este año, todo el mundo se hizo eco, incluídos el ministro de Cultura y el pintor del cuadro, de un lugar común rotundamente falso: que el cuadro simbolizaba la reconciliación entre españoles. Bustos escribió una columna exacta para aclarar que no, que lo que el cuadro representaba era un gozoso reencuentro entre iguales, entre presos que salían de la cárcel y sus familiares y amigos que les esperaban fuera. El abrazo, necesario, para que fuera posible la reconciliación, era entre personas del mismo bando y lo que el cuadro representaba era la amnistía.

Yo, que vi por vez primera el cuadro en su contexto puedo darle la razón. Era el mes de agosto de 1977 y ‘El abrazo’ era la contribución de Genovés a la exposición itinerante del Colectivo de Artistas Plásticos del PCE. Aquella exposición y señaladamente aquel cuadro formaban parte de la campaña del PC por la amnistía. Campaña que tuvo su colofón en el debate sobre la Ley de Amnistía que el Congreso de los Diputados aprobó el 14 de octubre.

He vivido con alguna perplejidad la desmemoria de la izquierda sobre aquellos hechos. Llegué a mantener una polémica en Twitter con Gaspar Llamazares, para concluir que el dirigente de Izquierda Unida no sabía lo que había sido la amnistía. Él había ingresado en el Partido Comunista en 1981, cuatro años después de aprobada la Ley y no se sintió obligado como mi compañero aquí presente a documentarse. En consecuencia, padecía una ignorancia básica que hoy se encuentra muy repartida por toda la izquierda. Consiste en considerar que la amnistía fue una añagaza de los herederos del franquismo para cubrir unas supuestas responsabilidades penales propias.

Esto tiene un primer inconveniente lógico, que los supuestos herederos del franquismo seguían en el machito. Y uno segundo que estaba en los mismos hechos: la Ley de Amnistía fue una reivindicación política del Partido Comunista de España. Fue una consecuencia de la Política de Reconciliación Nacional aprobada por el Comité Central en 1956. La izquierda de ahora parece haber olvidado el eslogan triplemente reivindicativo que presidía todas las manifestaciones de aquella época y decía: “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”. 

La intervención más significativa en su debate parlamentario fue la de Marcelino Camacho, secretario general de CCOO y diputado comunista por Madrid. La Ley fue aprobada por 330 escaños a favor, 2 en contra (de Francisco Letamendia e Hipólito Gómez de las Roces y 18 abstenciones de Alianza Popular). ¿Qué sentido tendría promover una ley para abstenerse en su votación? Dos semanas más tarde, el presidente de AP, Manuel Fraga Iribarne, presentó a Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI, diciendo: “El conferenciante que les voy a presentar a ustedes es un comunista de tomo y lomo”.

Esa conferencia sí fue un acto de reconciliación entre las dos Españas, no la estampa que retrata ‘El abrazo’, aunque la amnistía que éste refleja era condición necesaria para que se produjera la reconciliación. En aquella conferencia las dos Españas se habían amnistiado mutuamente. Fraga perdonó a Carrillo lo de Paracuellos y Carrillo a Fraga haber firmado el enterado de la pena de muerte a Julián Grimau en el Consejo de Ministros del 19 de abril de 1963. 

Creo que Carrillo y Fraga fueron dos actores protagonistas de la transición, a quienes la democracia española debe un reconocimiento por haber ejercido ambos una labor pedagógica fundamental entre los suyos. Fraga encarriló el franquismo sociológico por la vereda constitucional y Carrillo hizo lo propio con una parte importante de la izquierda, quitándonos a muchos las veleidades republicanas y algunas otras tonterías.

Hay un tercer acontecimiento que tiene lugar en ese mismo mes de octubre, dos días antes de la comparecencia conjunta de Carrillo y Fraga. Fueron los pactos de La Moncloa, firmados en el Palacio del mismo nombre, donde las fuerzas políticas los sindicatos y las organizaciones empresariales acordaron enérgicas reformas para hacer frente a una inflación que el año anterior había llegado a alcanzar el 26,5%. Las reformas económicas consistieron en una política monetaria restrictiva, una vinculación de la subida de salarios a la inflación esperada y no a la del año precedente, se aprobó el despido libre para un determinado porcentaje de las plantillas, lo que ahora se conocería genéricamente con el nombre de ‘recortes’. Traten de imaginar reformas equivalentes en este tiempo. ¿La reforma laboral, quizá?

Es cierto que hubo compensaciones políticas: se aprobaron los derechos de reunión, de asociación política y la libertad de expresión mediante la propaganda, tipificando los delitos correspondientes por la violación de estos derechos; se creó el delito de tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos; se despenalizó el adulterio, se derogó la estructura del Movimiento Nacional, así como otras medidas restrictivas de la jurisdicción penal militar.

Había sentido de la responsabilidad, pero en modo alguno una actitud entreguista por parte de la izquierda de entonces. Para explicarlo, parafrasearé las memorias franquistas de la admirable Esther Tusquets, que ella, la única catalana que confesó haberse considerado franquista en 1939, tituló: “Habíamos ganado la guerra”. Nosotros, la izquierda de entonces, habíamos ganado la transición. Voy a contar un par de anécdotas que revelan bastante bien l’air du temps, el espíritu de la época. 

En abril de 1976, Ramón Tamames fue detenido en Pamplona. Pocos meses antes se había dado a conocer como miembro del Comité Central del PCE en el festejo que los comunistas españoles celebraron en Roma con motivo del 80 cumpleaños de la Pasionaria. El policía que lo detuvo, lo llevó a Comisaría, inició el papeleo, cuando el detenido le dijo: “Quiero hacer una llamada”. “¿Y con qué número le pongo?”, preguntó el policía con cierto escepticismo, a lo que el detenido respondió: “Con el palacio de la Moncloa. Quiero hablar con el presidente del Gobierno”.

 Así eran las cosas, ya antes de que garantías como la descrita fueran establecidas en la Constitución dos años más tarde. Contaré otra: en aquellas mismas fechas, dos camaradas a la par que amigos míos, estaban repartiendo Mundos Obreros a las gentes que entraban y salían del ascensor de Arangoiti, un barrio obrero que coronaba Deusto. En ello se ocupaban cuando se les acercaron dos tipos que se identificaron como policías. “Vamos chavales, me dijo uno de ellos que llevaba una camiseta con la inscripción “Vivan las Islas Canarias””, me contaba Benigno Valdés, un comunista ejemplar por aquel entonces, hijo y nieto de mineros comunistas asturianos, líder natural de la célula que el PCE tenía en la Facultad de Ciencias Económicas. Nadie podíamos competir con él en pedigrí.

“Y nos llevaban por la calle Ramón y Cajal hacia la taberna de Octavio, donde tenían aparcada la lechera. Uno iba delante con Goikoetxeta y el de la camiseta iba detrás conmigo. Yo empecé a darle la chapa al mío: “Pero, ¿a ti qué te va en esto, hombre?¿Tú qué sabes si para el año que viene yo soy diputado y te vas a tener que arrepentir?¿qué vais a hacer con todos los que detengáis esta tarde, meternos en San Mamés?” Como puede notarse, la imagen del Estadio Nacional de Santiago de Chile estaba muy operativa en nuestra memoria.

“Total que estábamos llegando al coche y me dijo: “Mira, ya me tenéis hasta los cojones. Fuera de mi vista y que no vuelva a encontrarme con vosotros. Y como no nos habían quitado el material, volvimos al ascensor a terminar el reparto.”

Era el aire de aquel tiempo. De ahí que me parezca inaceptable la metáfora majadera acuñada por Pablo Iglesias para la Constitución como ‘el candado del 78’. Fue la puerta que abría un país cerrado a cal y canto a las libertades. La Constitución era el derecho a la llamada de Tamames, algo que sólo habíamos visto en las películas hasta entonces. En 1978 se abrió un periodo excepcional de convivencia en libertad. Nunca se había conocido uno tan largo en nuestra historia, aun con aquel sobresalto del 23 de febrero de 1981.

38 años de libertades. Durante nuestro siglo XIX, hubo cerca de 200 pronunciamientos militares o golpes de estado que dieron lugar a derrocamientos de gobiernos, destronamiento de una reina, la importación de reyes extranjeros, una república tan breve como caótica, tres guerras carlistas, guerras coloniales en Cuba y Filipinas, restauración de un rey previo golpe de estado y 5 constituciones, hechos que hicieron del Siglo XIX el más convulso de la historia de España. Empezó con la Guerra de la Independencia contra los franceses y terminó con la pérdida de las últimas colonias y el desastre del 98.

El siglo XX fue pura anomalía en sus tres primeros cuartos : la dictadura de Primo de Rivera en 1923, La sublevación de Jaca en 1930, el levantamiento de Sanjurjo en el 32, los ataques a la República en el 34 y el levantamiento de Franco en 1936, la cruenta guerra civil y la prolongada dictadura a las que dio paso. Me resulta muy llamativo que en la izquierda, precisamente en la izquierda se haya minusvalorado tanto una etapa tan notable en comparación con cualquier otra.

No voy a terminar sin hacer alguna consideración sobre el asunto que figura en el programa para este mano a mano: la prensa y la transición. Me alegra hacerlo en Valladolid, donde yo me estrené como periodista en los albores de la transición. Publiqué mis primeros artículos en 1975 en El Norte de Castilla, cuando lo dirigía Fernando Altés. Eran análisis que firmaba al alimón con mi amigo Pablo López Blanco bajo el marbete de ‘Panorama Internacional’. Personas de la derecha local escribían cartas al director para denunciar el carácter marxista de ‘panorama internacional’. No les faltaba del todo loa razón. La idea era escribir sobre lo que pasaba por ahí fuera abriendo una clave interpretativa sobre lo que pasaba aquí dentro. Teníamos un modelo, que eran los artículos de Eduardo Haro Tecglen en la revista Triunfo.

En España llegamos a la transición con un estado de libertad de prensa, que no era ya la censura previa de la dictadura, desde la Ley de Prensa de Fraga en el 66, pero aún dejaba mucho que desear. La libertad de prensa en el año 75 iba por barrios. Los periódicos diarios tenían menos margen de libertad que las publicaciones semanales y mensuales, aunque había algunos adelantados. Estaba en Madrid el diario Informaciones; El Diario de Barcelona, y Telexpréss, en Barcelona, y estaban, en Valladolid, ‘El Norte de Castilla’ y en La Coruña, ‘La Voz de Galicia’. Eran periódicos que se adelantaron a anunciar un tiempo nuevo y una sociedad de libertades. El franquismo era un corsé que se le había quedado estrecho a una España distinta.

Hay que decir que la dictadura franquista no es un todo uno e inconsútil, como parecen creer muchos de los que no llegaron a conocerla y tienden a considerar que la represión era la misma en los años 40 que en los 70. Esto no es contradictorio con el hecho de que la dictadura reaccionara con espasmos represivos de cuando en cuando: El proceso de Burgos en 1970 y los fusilamientos de septiembre de 1975 por poner dos ejemplos significativos del último lustro de la dictadura.

Pero si la prensa diaria tenía en general algunas limitaciones, mucho mayores eran las de la Radio española, obligada a conectar con Radio Nacional de España a la hora de los Informativos, para la emisión de lo que con reminiscencias de lenguaje bélico se llamó hasta su final, ‘el parte’. Esta obligatoriedad se acabó mediante un Real decreto sobre libertad general en las emisoras de radiodifusión, del 25 de octubre de 1977, en el mismo mes que hemos ponderado antes, como el mes de la Ley de Amnistía, el mes en que Fraga presentó a Carrillo en el Siglo XXI, el mes de los Pactos de La Moncloa.

Decía que la libertad en prensa gozaba de unos niveles más altos en las revistas de información general, entre las que cabe señalar: ‘Triunfo’, Cambio 16 y Cuadernos para el Diálogo. También y sobre todo, en las publicaciones humorísticas, que tuvieron en ‘Hermano Lobo’ y ‘Por Favor’ sus exponentes más altos, recogiendo cierta herencia de ‘La Codorniz’, que tuvo el mérito de aguantar desde 1941, año en que la represión era indiscutible, hasta el final de la dictadura, aunque no pudo sobrevivir a la transición: cerró poco antes de que aprobáramos la Constitución en referéndum. Triunfo tenía en sus páginas finales una hemeroteca compuesta con mano hábil por Ramón Pi, que nos permitía asomarnos a las mejores y más democráticas páginas de la prensa de la época.

Por razones estrictamente personales voy a dedicar un recuerdo a Eugenio Suárez, el editor de ‘El Caso’, semanario de sucesos de extraordinaria popularidad. A él le debo la lectura de las columnas de Art Buchwald, primero en ‘Sábado Gráfico’, después en una revista humorística que publicó durante un par de años: ‘El cocodrilo Leopoldo’, que debe su nombre a un cocodrilo de verdad que había en la redacción de El Caso desde que era una cría hasta que en los años 80 fue donado al Zoo de Madrid donde pasó sus últimos días.

Hay otra anécdota que quiero contar sobre el nombre de ‘Hermano Lobo’. Chumy Chúmez, su principal inspirador, que había copiado el formato y el diseño de ‘Charlie Hebdo’, propuso llamar a la criatura ‘El huevo duro’. El Ministerio rechazó el nombre. Chumy llamó al dia siguiente para proponer una alternativa: “Yo comprendo que lo del huevo duro suena un poco duro y hemos pensado un título menos agresivo: ‘El huevo blando’. Tampoco. Fue finalmente Manuel Summers, quien se apoyó en el poverello de Asís para proponer el título definitivo: ‘Hermano Lobo’. También él propuso el subtítulo explicativo: “Semanario de humor entro de lo cabe”.

La mayor parte de aquellas publicaciones, excepción hecha de los diarios ‘El Norte de Castilla’ y ‘La Voz de Galicia’, y naturalmente de ‘El País’ y ‘Diario 16’ nacidos ambos en 1976, no llegaron a conocer la década de los 80. Diario 16 la conoció, pero las presiones del Gobierno contra su director, Pedro J. Ramírez, acabaron con su salida del periódico para fundar El Mundo y terminaron con la existencia de Diario 16.

Mucho habría que hablar sobre la prensa española de ahora mismo y los valores de la transición, pero eso sería motivo de otro encuentro.

 

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