Regeneración y cambio

ferraz

Los hábitos crean vicio si no se les corrige. Recuerden aquella jornada de reflexión  en que los chicos de Rubalcaba exhortaron a las mocedades afines a manifestarse ante la sede del PP en la calle Génova. “¿Vas a dejar que Aznar se vaya de cositas? Doce años después, los socialistas han pedido sopitas a la Delegación del Gobierno en Madrid, que gestiona con discreción mi paisana, Conchita Dancausa, musa inspiradora de mi adolescencia, Espolón arriba y Espolón abajo. Concepción Dancausa fue la presidenta de la Asamblea de Madrid, elegida en mayo de 2003, cuando la espantada de Tamayo y Sáez dejó en minoría a la coalición sobrevenida PSOE-IU. Ahora es la delegada del Gobierno a la que los socialistas encomiendan su seguridad.

¿Han citado los populares a sus hordas para que pongan coto a la sede socialista durante la celebración del Comité Federal de hoy? No, los socialistas piden al PP que les proteja de los socialistas, que ya se están movilizando para acudir en defensa del secretario general.

Ayer, Pedro Sánchez convocó a los medios a a las 20:30, no a una rueda de prensa, sino a leerles un comunicado sin posibilidad de hacer preguntas. Una rueda de prensa sin preguntas para anunciar un Comité Federal sin respuestas. La comparecencia que se retrasó 22 minutos, quizá para solaparse con el arranque de los telediarios duró 8 minutos 36 segundos y en ella pronunció diez veces el nombre de la bicha: Mariano Rajoy, y dos más Partido Popular. Sólo Dolores de Cospedal sería capaz de tanta exuberancia.

Él defiende: “siempre he defendido la hoja de ruta señalada por el Comité Federal:votar ‘no’ a Mariano Rajoy e intentar formar un Gobierno alternativo, transversal y de cambio”(min. 2:43). Esa fue la hoja de ruta aprobada por el Comité Federal  el 22 de febrero. Lo que parece olvidar este chico es que eso fue lo que le llevó a proponerse como candidato a la investidura con el apoyo de Ciudadanos, y que ese intento se convirtió en intentona el día 2 de marzo. O sea, que fracasó y fuimos a las elecciones de 26 de junio.

Y después del segundo fracaso de Sánchez en una generales, el Comité Federal se reunió el 9 de julio, pero en medio de una gran división y no hubo la hoja de ruta que dice el pollo. Se dijo que no a Rajoy, pero después ya se vería qué hacer. “Desde que está Sánchez perdemos un voto por minuto”, dijo Eduardo Madina, el mejor testigo de la banalidad de Sánchez. Ni Pedro, ni César, ni Antonio ni Óscar, ni los cuatro juntos pueden dar lecciones de sectarismo a Madina, al que yo ya siempre asociaré a aquella basura que escribió en su blog, Molinos de Papel, deshumanizando a Acebes. Bueno, pues hoy en día y tras el paso del tiempo, al lado de estos parece un socialista utópico.

Él mismo consideraba ayer (min. 1:31) que “tras la renuncia de varios miembros de la Comisión Ejecutiva Federal procede convocar un  Congreso cuanto antes para que los militantes con su voto, decidan quién es el próximo secretario general del Partido Socialista”. Apurando las razones de los sanchistas no habría razón para ello: si se han ido, los leales siguen formando la Ejecutiva y el secretario general es el hombre sin vocales. Parece que independientemente de las razones de los dimisionarios hay en esa regla de la mitad más uno una norma objetiva. Pretende subsanar la anomalía de que la Ejecutiva ya no es la aprobada en el Congreso. Hace falta nombra otra en un nuevo Congreso, pero en el interregno hay que llenar el vacío de poder: la gestora. En la frase está implícita la versión de los críticos: que la Ejecutiva ha caído, incluido el secretario general por haberse producido una de las dos circunstancias previstas en el artículo 36 de los Estatutos: la renuncia del secretario general o la dimisión de la mitad más uno de sus miembros.

El primero de los casos se produjo en 1979, con la dimisión de Felipe González por un quítame allá ese marxismo. Presidió la gestora José Federico de Carvajal. Otro en marzo de 2000, con la Joaquín Almunia. Presidió la gestora Manuel Chaves, el presunto corrupto que, eso sí, no se llevaba el dinero a casa. Una gestora presidió el Partido Socialista de Madrid, cuando Tomás Gómez fue destituido por Pedro Sánchez. Tomás, el Invictus, había sido elegido por la militancia antes que Pedro. Mientras él fracasaba en su intento de investirse, tuvo que dimitir el secretario general de los socialistas gallegos, Gómez Besteiro, por están imputado en seis delitos de corrupción. Pedro puso una gestora al frente del PSGA y ahí sigue seis meses después, pese a los intentos de Abel Caballero de pedirle un Congreso. La presidenta de la gestora es de Sánchez, no diré más.

 

Publicado en . | 92 comentarios

El gobio del agobio

Hoy, en mi columna de ElMundo

cardumen

Mi amigo Martín Gasteiz me contó hace años el experimento que Erich von Holst hizo con un gobio, extirpándole la parte del cerebro donde residía su adhesión al cardumen. El resultado fue que el pez nadaba a su bola, sin importarle lo más mínimo lo que hicieran sus barones y las viejas glorias del banco. De ahí que su idiotez y su independencia de criterio lo convirtieran en el capitán de aquella muchedumbre, la puta base, o, por decirlo con la terminología que tanto gusta en la política de ahora, la militancia.

Tómese el asunto como analogía y en dosis homeopáticas, que no está en mi intención equiparar al pobre Sánchez con un pez y menos aún con un pez idiota. Pero lo cierto es que con él se hace más evidente la transformación del PSOE en un partido asambleario, con unas normas muy estrictas de pertenencia al colectivo. El que interpreta al cardumen pone las sanciones y envía al cerrajero a cambiar las cerraduras.

Lo ha hecho mi pobre Luena, César y nada, que le ha cerrado su despacho al portavoz de los ejecutivos dimisionarios y ha expulsado de Ferraz a la presidenta del Comité Federal, Verónica Pérez. Luena ya envió al cerrajero a cambiarle la cerradura a Tomás Gómez, sin que entonces le pareciera deseable recabar la opinión de la militancia del PSM. Los cerrajeros han sido desde antiguo los ángeles exterminadores del partido. El portentoso Oscar López fue uno de los 25 miembros de la Ejecutiva de Castilla y León que dimitieron en 2014 para hacer caer a Villarrubia, que dimitió, naturalmente.

Ayer mismo, oí en lo de Herrera a Abel Caballero, el alcalde de Vigo. Cuando yo estudiaba Economía, hace 40 años, antes de que Sánchez abriera su primer catón, Abel Caballero era una autoridad en la Universidad española. Y ayer se sorprendía, porque llevan seis meses en Galicia gobernados por una gestora que preside Pilar Cancela, desde que el secretario general, Gómez Besteiro, tuvo que dimitir por acumulársele los delitos de corrupción. Caballero es el único alcalde socialista de una ciudad importante de Galicia, y lo es por mayoría absoluta. No ha conseguido convencer a Sánchez para que en estos meses hiciera un congreso extraordinario, elegir una Ejecutiva, pidiera parecer a la militancia, en fin.

El PSOE ha sido un partido de Gobierno desde hace 40 años y ha desempeñado el poder ejecutivo en España durante casi 22. Los resultados electorales bajo la dirección de Sánchez se cuentan por derrotas, cada una más severa que la anterior. ¿Puede tener un partido así su gran debate sobre quién odia de verdad a Rajoy, si hay que votarle en contra o abstenerse? Los dos bandos, dice Pedro, el de Felipe y el suyo. ¿A que bando pertenece Susana? se pregunta el hombre.

This is the end. Sánchez caerá, pero el destrozo en el partido va a ser homérico. “Este chico no vale, pero nos vale”, dicen que dijo Susana Díaz. Ahora va a haber ensañamiento, pero él no es más que el continuose del empezóse de ellos, como diría Mafalda. El agnus dei qui tollis pecata PSOE, amén, que la izquierda siempre ha sido una religión alternativa.

Publicado en . | 130 comentarios

Roberto Velasco, el oficio de la vida

oficio-de-profetas

Mi amigo Roberto Velasco ha escrito un libro. Se trata de una mirada a su oficio, culta, no exenta de autocrítica y bienhumorada. Al fin y al cabo, los economistas son los herederos actuales de los antiguos alquimistas, a través de magos, astrólogos, adivinos y toda suerte de saberes de lo arcano. Tuvo la amabilidad hace unos meses de pedirme un prólogo que le escribí encantado. Espero que su lectura explique a los lectores la necesidad de comprar y leer el libro.

El oficio de la vida

Hace ya bastantes años, poco tiempo después de conocer al autor, me contó un chiste corporativo:

“Dos hombres que vuelan en globo son arrastrados por un fuerte viento que les lleva a la deriva. Deciden aproximarse a tierra y preguntan a la primera persona que ven:

-¿Podría decirnos dónde estamos, buen hombre?

-Sí, responde el interpelado. Están en un globo.

Los dos viajeros le repreguntan:

-¿No será usted economista?

-¿Cómo lo han sabido?

-Porque nos ha dado una respuesta perfectamente correcta y absolutamente inútil.”

El chiste revela, más allá de un sentido del humor no exento de capacidad autocrítica de Roberto Velasco, una inquietud básica por la naturaleza de su oficio, que le ha llevado a preguntarse a lo largo de su vida profesional por la tarea del economista.

Catedrático de Economía Aplicada de la UPV-EHU, Velasco ha ocupado -entre otros cargos- la jefatura del Servicio Extranjero del Banco Ibérico (1966-1969), la dirección del departamento de Industria y Comercio Interior de la Cámara de Comercio de Bilbao (1978-1980), la dirección general de la Feria de Muestras (1980-1984), la del Círculo de Empresarios Vascos (1984-1985) y la de la Zona de Urgente Reindustrialización del Nervión (1985-1987) así como la dirección general de la Sociedad para la Promoción y la Reconversión Industrial, SPR 1987-1991).

Roberto Velasco es un economista que sabe escribir, como lleva demostrado en un considerable número de libros y algunos centenares de artículos que ha publicado tanto en revistas especializadas como en diarios de información general (El Correo, El País y El Mundo). Un artículo suyo, ‘Las consecuencias económicas de la paz’, publicado en El País en octubre de 1998, toma prestado el título del libro que el gran John Maynard Keynes dedicó con apasionada crítica al Tratado de Versalles que puso fin a la guerra del 14. Velasco parte de una paz mucho más pequeña y que, por su propia naturaleza se iba a ver eximida de algo parecido aunque fuese a escala, de las reparaciones de guerra que se impusieron a Alemania. Aquel artículo obtuvo el Premio de Periodismo El Correo correspondiente a 1998.

Parte Roberto Velasco de un conocimiento de la obra de los grandes economistas, que expone en dosis homeopáticas, raramente como testimonios de autoridad, sino más bien como referencia, entre culta y amena, combinando armónicamente la anécdota y la melancolía. Y también el sentido del humor. Cita a Churchill, autor indispensable en los diccionarios de citas, aunque según las malas lenguas, buena parte de ellas se las había copiado a Edward Gibbon, el historiador que mejor describió la caída del Imperio romano, que era un gran hacedor de frases.

Reproduce una malevolencia del gran estadista inglés sobre Keynes, que con toda seguridad es suya; no pudo copiársela a Gibbon: “Dados ‘n’ economistas hay habitualmente ‘n’ opiniones sobre un único asunto, salvo que entre ellos se encuentre el señor Keynes, en cuyo caso habrá ‘n+1’ pareceres porque él siempre aporta dos”.

Se sirve con eficacia el autor del brillante ingenio de John Kenneth Galbraith al dictaminar que la ventaja del futurólogo económico es que “todas las previsiones acertadas o inexactas, se olvidan con rapidez”.

“En España se publicó una excelente libro de divulgación de la Economía de Galbraith, en forma de una larga entrevista con la periodista Nicole Salinger, ‘Todo lo que usted debería saber sobre Economía o casi’ en el que hace la siguiente confesión metodológica: “Los economistas nos protegemos del mundo exterior adoptando un lenguaje que nos es propio. Cada profesión recurre más o menos al mismo procedimiento. Existe la jerga de los médicos, la de los abogados, la de los psiquiatras y, a lo que parece, la de los rateros. Todos adoran verse como grandes sacerdotes en posesión de un saber o de una mística inaccesibles al común de los mortales. Esto nos permite distinguirnos de las gentes del común, a quienes nuestros saberes le están vedados y nos permiten clasificar a nuestros alumnos en brillantes o mediocres, dependiendo de que entiendan o no nuestras sutilezas”.

El economista liberal Ludwig von Mises, que en mis tiempos de estudiante de Ciencias Económicas era junto a Hayek y Milton Friedman el eje del mal, describía con precisión el quehacer de los economistas en ‘La acción humana’: “La Economía trata de las acciones que realiza gente de carne y hueso. Sus leyes no se refieren ni a hombres ideales ni a hombres perfectos, ni al fantasma de un fabuloso hombre económico (homo oeconomicus) ni a la noción estadística del hombre promedio … El hombre, con todas sus debilidades y limitaciones, cada hombre según vive y actúa, es el objeto del estudio de la Economía”.

Las acciones del hombre común, la acción humana, también con sus errores. El autor se hace eco de una humorada corporativa, según la cual, Colón fue el primer economista de la historia, anterior incluso a Adam Smith: “Cuando Colón salió de Palos no sabía a dónde iba, cuando llegó a América no sabía dónde estaba y, además, todo lo hizo gracias a una subvención a fondo perdido del Gobierno”.

Entre la previsión y la prospectiva, ‘Economistas, Oficio de Profetas’ es un libro que sugiere la descripción que Tirso de Molina hace en ‘La prudencia en la mujer’ del metal que surge de la tierra del autor: “Vizcaíno es el hierro que os encargo,/ corto en palabras pero en obras largo”. Es un libro intenso, con más ideas que páginas, y a la vez extenso, que no deja al margen ninguno de los problemas de nuestro tiempo, y por ende, del futuro.

Debo decir que estudié en la facultad en que impartía clase Roberto, y aunque no tuve la suerte de tenerlo como profesor, sí he tenido la ventura de tenerlo como amigo. Siendo un escéptico en la cuestión de la Economía considerada como ciencia, por equiparación a la Física o la Química, debido a la imprevisibilidad de las condiciones y muy principalmente al factor de incertidumbre que incorpora la variable tiempo, mis años de facultad no sirvieron para hacer de mí un economista de provecho, pero sí para ayudarme a vencer prejuicios ideológicos y a conectarme con la realidad.

Ya que estaba matriculado en Ciencias Económicas me dio por leer a algún clásico, un suponer, ‘La riqueza de las Naciones’ , de Adam Smith, donde me topé con una frase impactante al comienzo del capítulo segundo: “Debes tu comida diaria al egoísmo de tu carnicero, de tu cervecero y de tu panadero, no a su buen corazón. Por eso no debes hablarles de tus necesidades sino de sus ventajas…” Fue un golpe de luz en un túnel: a ver si es así como funciona el mundo…

Y lo era, por más que aún hoy menudean en el ámbito de lo público opiniones que reivindican para la propia práctica política el monopolio de servicio a los intereses generales, mientras achacan a los adversarios la prima de los intereses partidistas, al tiempo que se reprocha a los empresarios actuar movidos por ánimo de lucro en lugar de estar guiados por motivos altruistas, como la creación de empleo.

No son descripciones razonables de la realidad. Los partidos políticos deben moverse con el objetivo principal de ganar votos y conseguir el poder y los empresarios con el fin de ganar dinero, sometidos unos y otros a las reglas del juego, el respeto a la ley y el juego limpio. De resultas de ello contribuyen al buen funcionamiento de la democracia, a la creación de empleo y al aumento de la riqueza.

Hemos tenido gobernantes que ignoraban premisas fundamentales de la economía. El que fue presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, acuñó en cierta ocasión una peregrina disculpa para explicar sus análisis exageradamente optimistas sobre la economía española: “estamos en la Champions League… la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España. No lo quiero con carácter coyuntural, lo quiero definitivo… España está totalmente a salvo de la crisis financiera”, dijo a lo largo de 2007.

Al verse cogido entre sus palabras y la evidencia, explicaba que sus declaraciones trataban de producir efectos positivos en la economía, porque sería un mal asunto para la economía española que el presidente pronosticara desastres.

A pesar de que esta simpleza fuese ampliamente jaleada entonces, no se debe confundir la Economía con la alquimia. La explicación del presidente era una insuficiente y algo atolondrada comprensión de lo que los estudiantes de Economía de mi tiempo estudiábamos bajo el nombre de ‘Teoría de las expectativas autorrealizables’ y que viene a decir aproximadamente que las expectativas que sobre los acontecimientos de futuro tienen los agentes económicos contribuyen a que esos acontecimientos se produzcan.

Pongamos un ejemplo: si los empresarios piensan que va a haber crisis, tomarán medidas para protegerse: desinvertirán, dejarán de contratar mano de obra, de pedir créditos, etc. contribuyendo así a que se produzca la crisis. El error de Zapatero era la creencia de que su palabra podía derrotar a la realidad y que tenía el poder de modificar las expectativas de los agentes económicos. Los empresarios confían más en los datos que reciben en tiempo real de la Bolsa de Nueva York y Tokio, los informes del FMI y del Banco Mundial que en voluntarismos presidenciales. Cuando un gobernante insiste en este vicio sólo sirve para que su imagen externa se devalúe, nunca para dar la vuelta a los hechos. Zapatero no era economista, pero su habilidad no estaba tanto en la profecía, la prospección del futuro. Lo que realmente consiguió fue hacer imposible la adivinación del pasado.

Al leer el manuscrito (prueba evidente de que el lenguaje está sometido a una obsolescencia implacable; leí el libro en un documento Word que el autor me envió por correo electrónico), pensé que era un libro ambicioso, instructivo y ameno, generalmente bienhumorado y en ocasiones irónico, en el que apunta los flagrantes errores que los santones de la Economía, incluidos premios Nobel, cometían cuando se arrogaban tareas de profeta.

Citemos a título de ejemplo, el anuncio de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, cuando pronosticó en 2002 que los préstamos hipotecarios conocidos como ‘hipotecas subprime’ no implicaban riesgos para el sistema bancario. Más espectacular si cabe, y sí cabe, es que Paul Krugman, Nobel en 2008, haya dado tantos bandazos, rectificando cada uno de ellos en el siguiente. Entre 2010 y 2012 anunció una docena de veces que la ruptura del euro era inminente. Zapatero no debe olvidar el día en que el flamante premio Nobel, invitado por él como inspirador de su política económica, dijo en su presencia que el porvenir de la economía española era crudo y que los trabajadores españoles deberían ver rebajados sus salarios en un 20%. Claro que en justa correspondencia, nuestro presidente hizo alarde de keynesianismo y le explicó el ‘Plan E’.

Incluye este capítulo una notable paradoja: dos meses antes del martes negro que dio paso a la Gran Depresión, el economista Roger Babson escribió lúcidamente: “Más pronto o más tarde se producirá un “crac” y será terrible. Como consecuencia de ello las fábricas tendrán que cerrar, los hombres se quedarán sin trabajo, el círculo vicioso girará violentamente y, como resultado, se producirá una grave depresión en los negocios”. Sólo tres días antes de aquel infausto 29 de octubre, un famoso economista, Irving Fisher, aseguró que las acciones bursátiles “habían alcanzado el nivel más alto y allí se quedarían”. Después del 29, Fisher continuó afirmando que las acciones se recuperarían rápidamente. La opinión pública acusó a Babson de ser en parte responsable de la caída de la bolsa, mientras el prestigio de Fisher no se resintió en absoluto.

Roberto Velasco ha escrito un libro ambicioso, que hunde sus raíces en la obra de decenas de economistas para preguntarse por el sentido del oficio desde una posición curiosa, discretamente irreverente, que no rehúye la discrepancia con los grandes, ni las críticas duras a todos los aspectos de la vida que guardan relación con la economía –casi todos-. Es el tercer libro en el que se pregunta por la misma cuestión básica, completando en éste la tarea que había iniciado en ‘Los economistas en su laberinto’ (Taurus, 1996) y ‘La Economía digital: del mito a la realidad’ (Tusquets 2003).

El autor trata con tino y amenidad la evolución de la economía y del oficio que se ocupa de ella entre la bola de cristal de los videntes y el Big Data, el desfase entre el rápido crecimiento de la ciencia y el lento desarrollo de las ideas. Trata de la riqueza, la pobreza, la desigualdad y la redistribución, la educación, la globalización, la igualdad y el Estado del bienestar y también de asuntos metodológicos, como el empleo de las matemáticas y la econometría, donde no falta el apunte irónico servido por cita de Churchill: “Sólo me creo las estadísticas que yo mismo he manipulado”.

Apunta Velasco un fondo de conciencia que tiende a socialdemócrata, por la importancia que da a la desigualdad como mal de presente y amenaza de futuro, retratándola con definición de Tony Judt: “Es un fenómeno que corrompe a las sociedades desde dentro”. La corrupción que Velasco había tratado en ‘Las cloacas de la economía’ (La Catarata, 2012) el pesimismo sobre el porvenir de Europa, cuya caracterización no puede ser más negativa que la que traduce una definición del primer ministro belga en 1981 Mark Eyskens: “Europa es un gigante político, un enano económico y un gusano militar”. La frase es lapidaria, reconoce el autor, “aunque debería matizarse la primera de las afirmaciones para reconocer los achaques del coloso”.

Considera que las consecuencias del Brexit serán duras, pero asumibles, si bien Europa debe hacer pagar a los irresponsables que propiciaron un referéndum como aquél en términos lo suficientemente duros como para desalentar a los posibles imitadores. Combina armónicamente la dureza y la consideración hacia las buenas intenciones, quizá porque Roberto Velasco tiene algo del retrato que Federico García Lorca hizo de Ignacio Sánchez Mejías: es duro con las espuelas y blando con las espigas. Esa actitud es lo que hace del autor un tipo profundamente humano en cuya lectura, absolutamente recomendable, puede advertirse un poso socialdemócrata y en ocasiones una cierta querencia por esa prospección del futuro que analiza en sus colegas pasados y presentes.

Es hasta cierto punto inevitable. El título me trajo a la memoria uno de los dos textos fundamentales del poeta Cesare Pavese, ‘El oficio de poeta’, al que da todo su sentido, el libro adjunto, ‘El oficio de vivir’. Es, sencillamente la vida y el economista no se resigna fácilmente a ser un observador desde su torre de marfil. Lo decía otro poeta, Pablo Neruda, sobre las tareas de su gremio: “Tenemos que hacer algo en este mundo/ porque en este planeta nos parieron./ Y hay que arreglar las cosas der los hombres/ porque no somos pájaros ni perros.” La vida, en fin, tal como pasa.

Publicado en . | 296 comentarios

CUENTA DE RESULTADOS

buenas-maneras-albatros

Mi comentario de hoy de las 8:15 en Herrera en COPE

Preparando el Comité Federal del sábado (Ilustración de Jeff Christensen, remitida por Albatros)

Es un problema de líneas rojas, no definidas como los límites del cauce por donde discurren las negociaciones, los planes de los partidos, la cosa. Son las líneas rojas que marcan las inundaciones en las paredes de las ciudades. Hasta aquí llegaron las aguas el 26 de agosto de 1983, dicen las rayas rojas que pueden verse en el Casco Viejo bilbaíno.

“Hasta aquí llegó la estolidez en el Partido Socialista”, debería inmortalizar una de esas líneas rojas en el despacho de Pedro Sánchez, Ferraz, 70. Para cuando él ya no lo ocupe, a manera del ‘hominem te esse memento’, recuerda que sólo eres un hombre, a los futuros ocupantes.

Si algo está claro a estas alturas es la pasmosa banalidad de Pedro Sánchez. La combinación de falacias, lugares comunes y tonterías enunciadas con lenguaje grandilocuente, deja a un lado la cuestión esencial: la cuenta de resultados. No hay entrenador que sobreviva a seis derrotas seguidas, ni empresario que se niegue a afrontar su responsabilidad tras el hundimiento de la cuenta de resultados.

El Comité Federal del sábado debería ser la Junta General de accionistas, ante la que este mediocre debería asumir responsabilidades como primera providencia. No está dispuesto y hace falta ver si en su lugar quieren hacerlo los barones, si están dispuestos de verdad a poner fin a tanto escarnio o son la orquesta del Titanic.

 

Publicado en . | 122 comentarios

Los han derrotado las encuestas

micaela-ps-y-cl

Lo bueno de Sánchez y lo que con él hace las veces de dirección en el PSOE es que con cualquier cosita se hacen un apaño. «Vamos a derrotar a las encuestas», anunciaba el líder en campaña, cuando se llevaban publicados ocho sondeos y todos ellos anunciaban catástrofe en los comicios que ayer se celebraron en Galicia y Euskadi: mayoría absoluta de Núñez Feijóo y hundimiento de la representación socialista en la cámara de Vitoria, siendo sobrepasados en ambas comunidades por Podemos.

En Euskadi han perdido 16 escaños en dos legislaturas y en Galicia, 11. Ayer podrían haber ensayado otra línea de defensa adicional: hemos derrotado a las encuestas, no por resultados en sí mismos, sino porque hemos empatado a escaños con la segunda fuerza en Galicia y en Euskadi nuestra caída se ha desacelerado en un 50%. La cosa tiene tanto más mérito si tenemos en cuenta que nuestro candidato a la Xunta tuvo que dimitir hace seis meses, imputado por seis delitos de corrupción: cohecho, prevaricación, tráfico de influencias, fraude a las administraciones, fraude de subvenciones y delito de malversación.

En Galicia, la victoria de Feijóo ha superado incluso a la que le auguraban las encuestas, repitiendo la representación de 2012, con el mejor porcentaje desde 2001. Se cumple así inexorablemente la maldición que le cae encima al PSOE cada vez que se embarca en alianzas non sanctas. Cuando Fernando González Laxe encabezó la moción de censura contra el entonces presidente Fernández Albor, llegaron tres legislaturas de mayoría absoluta para Fraga. El asalto a la Presidencia de la Xunta por Pérez Touriño y todos los demás cuando Fraga se quedó en los 37, fueron el preludio de las tres mayorías absolutas de Feijóo. Pues no espabilan. Es la aporía de Aquiles y la tortuga. No se adivina en este coro reumático quien pudiera ser Aquiles, el de los pies ligeros, salvo quizá el candidato gallego del PP, pero la tortuga es Pedro. Él aspira a ganar a Aquiles, sea quien fuere, aunque con una estrategia más bien rara, porque los pasos los da hacia atrás. Otro que tal es Pablo Iglesias, derrotado por las encuestas en Euskadi: cinco escaños menos de lo que le prometían los sondeos, aunque en Galicia haya dado el sorpasso a los socialistas. Ciudadanos ha sido derrotado por sus expectativas, pero hasta su derrota ha sido irrelevante, a pesar de que en Galicia tenían una candidata inteligente.

Lo del PSOE no va a ser para tanto. Hay en su alma una llama de esperanza que deben al anterior secretario general. Cuando Joaquín Almunia dimitió tras haber sacado un mínimo histórico y haber propiciado la mayoría absoluta de Aznar en marzo de 2000, el secretario general que salió cuatro meses después de su congreso, comenzó su discurso diciendo: «Pues no estamos tan mal». Cuatro años después era presidente.

Nos estrenamos en un nuevo voluntarismo cuando los socialistas rompieron el suelo de sus peores resultados, que eran los 110 escaños con que se saldó la era Zapatero el 20-N de 2011. Sánchez los dejó en 90 el 20 de diciembre de 2015 y el fiel Luena, César y nada, calificó el resultado de «histórico». No era una autocrítica. Lejos de pensar que ni siquiera los pésimos resultados del partido en el Gobierno, la pérdida de 63 escaños, eran capaces de mejorar un poco sus posiciones.

Diríase que Pedro Sánchez se ha aplicado esforzadamente a compensar al nacionalismo catalán por sus esfuerzos. Él tiene de común con Artur Mas la cualidad de ser ambos los increíbles hombres menguantes, de la política catalana el primero y de la española el segundo, por usar el título de Jack Arnold.

Hay alguna diferencia: Artur Mas se propuso romper España, empeño que estaba muy por encima de sus capacidades, como se ha visto a lo largo y ancho de su aventura equinoccial. Lo que consiguió fue dividir a la sociedad catalana, romper la coalición que había gobernado Cataluña con éxito durante los últimos 30 años, destruyendo a Unió y llevando a la disolución a la que antaño había sido columna vertebral de la democracia española. El deseo de Pedro Sánchez era acabar con el PP y no le bastó comprobar que su primer intento había remozado al partido de la derecha española, que empezó a mejorar sus resultados a medida que Sánchez empeoraba los del PSOE. Contra la obstinación pesimista de los hechos, la cabezonería optimista de la voluntad, ha sido la consigna que explica la conducta de Pedro Sánchez. Era una paráfrasis de Gramsci, un político italiano que solía citar mucho Pablo Iglesias y que él había interiorizado de manera aproximativa, siguiendo la observación de Bierce: «Citar es reproducir equivocadamente las palabras de otro».

No consiguió romper al PP, ni siquiera echar a Rajoy. Sí ha producido una grieta considerable en el PSOE, más profunda y ancha que cualquier división o crisis anterior. Las consecuencias de su política serían el sueño de los Mas, Tardà, Rufiàn y otras menudencias del pensamiento secesionista catalán, razón por la que le miran con benevolencia. Pero él también era muy poca cosa para empeño tan grande. Sánchez y los suyos son los protagonistas de La definición apócrifa de Bismarck. Alfonso Guerra en Suresnes. Tal vez la explicación sea que han sido gentes como Pedro Sánchez los encargados de la demolición y les salió mal.

En octubre de 2014, justo antes del congreso constituyente de Podemos, su secretario general había hecho un análisis muy negativo sobre el porvenir de los socialistas españoles: «El PSOE tendrá que elegir entre hacer presidente a Rajoy o a mí. Si apoyan a Rajoy, será su perdición. Y si me apoyan a mí, también será su perdición. El PSOE se convertiría, eligiera lo que eligiera, en el Pasok».

EL ANÁLISIS PECABA de una evidente hinchazón en la valoración que el líder hace de sí mismo como alter ego de Rajoy. Pablo Iglesias tiene un ego que no le cabe en la bragueta; es un sietemachos traicionado por una estructura física insuficiente, pero más listo que Sánchez sí parece. Y el augurio citado en el párrafo anterior ha sido la hoja de ruta de Sánchez y los suyos. El miedo a desaparecer si apoyaban por activa o por pasiva al PP, ha llevado a Sánchez a anclar su partido a un acuerdo con Podemos. El resultado ha sido la dilución del PSOE en un charco de irrelevancia.

No hay nada que hacer. Sánchez sólo ha citado para hoy a la quintaesencia de su Ejecutiva, los más fieles para hacer una valoración lo más optimista que se pueda y ensayar en los cinco días que quedan hasta el Comité Federal del sábado ese improbable pacto con todos que le permita decir a sus barones: «Mirad, lo traigo calentito». Él conoce bien a los suyos y no parece que entre ellos haya nadie capaz de asumir responsabilidades mayores: «Que parezca un accidente». Si entre los barones hubiese alguien con el coraje extraordinario de Bruto y Casio, replicaría: «No, que parezca adrede, para evitarnos más tonterías de este calibre en el futuro».

Publicado en . | 112 comentarios

Para reflexionar

sopa-leytras

Este es el socio preferido de Sleepy Hollow para intentar el asalto a la presidencia del Gobierno. Me acusan de no tener cabeza? pues pacto 44. Con eso le darían 156 escaños. Aún le faltan 20: 8 de Convergència, 5 del PNV y el disputado voto de Ana Oramas que tendría que cambiar de candidato por segunda vez en los últimos meses. Así está el tema, usted verá, pero ¿dónde va a encontrar Sleepy una cabeza de recambio?¿En Homs, en Esteban o quizá en Tardà? Queremos a Rufián de ministro, como exigía Carlos Herrera, aunque el descabezado secretario general puede encontrar cabezas semejantes dentro de sus propias filas: Iceta, Luena, Hernando o ese portento que la secretaria ejecutiva de Asuntos Municipales. Se llama Adriana Lastra y dejó prueba de su estolidez en Twiter l pasado jueves:

” Y si al final, los poderes fácticos acaban con nosotros, en nuestra lápida pondráMUERTOS POR VOTAR NO A LA DERECHA”

¿De dónde saca Sánchez gente así? Elemental, de entre sus iguales.

Publicado en . | 126 comentarios

Manuela y el puterío

guia-de-putas

“Sí, señoría”, dijo el duque de Feria al juez que lo juzgaba por corrupción de menores. “Yo soy muy putero”. He aquí un modelo para Manuela Carmena, que acaba de hacer público un manual para que los periodistas aprendamos a tratar las cosas del amor venal. Dice el código Carmena que no se debe escribir “prostituta”, “puta” o “cliente”, sino  “mujer en situación de prostitución, víctima de trata o de explotación sexual o mujer prostituida”.

Qué afición a la perífrasis. hace años, alguna otra alma pía quiso evitarnos a los periodistas los riesgos del racismo y dictaminó que no deberíamos escribir ‘gitano’ a pelo, sino ‘persona de etnia gitana’. Basta una búsqueda elemental en Google par dars cuenta de que los gitanos se llaman a sí mismos ‘gitanos’ y que dejan constancia de ello en sus textos. Lástima que Lorca no llegara a tiempo de titular ‘Romancero de las personas de etnia gitana’, y ya, dentro: “Por el olivar venían,/ bronces y sueño,/ las personas de etnia gitana”. Mis queridos Ramón Arcusa y Manolo de la Calva, aka Dúo Dinámico tendrían que haber cantado: “Persona de género de etnia gitana de la Comunidad Autónoma andaluza,/ de labios color de amapola, etc.”

Ya en el asunto que nos ocupa, Leandro Fernández de Moratín debería haber titulado ‘Arte de las mujeres en situación de prostitución’, Camilo José Cela, en vez de ‘Izas, rabias y colipoterras’, ‘Mujeres en situación de prostitución, mujeres prostituidas y mujeres víctimas de trata’, aunque supongo que todavía pueden darle una vuelta y decir ‘personas de género en situación de prostitución. Eso para no  extrañarse de que no se pueda decir puta a la que peca por la paga, pero al que paga por pecar (© Sor Juana Inés de la Cruz, que esa sí que era moderna y no la carcamal Carmena) haya que llamarle ‘putero’. Recordarán el escándalo que provocó en 2003 una novela de Hernán Migoya titulada ‘Todas putas’. Todas las almas pías se conjuraron para pedir la dimisión de Miriam Tey, directora del Instituto de la Mujer con Aznar, que era copropietaria de la editorial. Cuántos disgustos se habrían ahorrado si lo hubieran titulado, un suponer, ‘Todas mujeres en situación de prostitución.

Puri Causapié, que es la portavoz socialista que sustituyó a Carmona, estuvo inmensa. El problema es que los niños cada vez entran antes a los prostíbulos, donde el parecer acuden a buscar pokémons.  Lo que pasa, añadió , es que la genere se fija en lo que no debe. un suponer: “Tengo la sensación de que a la gente le escandaliza más ver cartones en el suelo que ver a hombres buscar prostituir a las mujeres”, Eso pasa, Puri, cuando la gente se toma al pie de la letra aquel reproche que la gran Andie McDowell hacía en ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’: “¿Cómo quieres hacer el amor (pagando) con toda la basura que hay en el mundo?” Mi amigo canadiense, Gary Halpin, escribió el otro día un soberbio comentario de nuestras extravagantes  alcaldesas, tan dadas a ejercer competencias que no tienen y a abandonar las responsabilidades que sí tienen encomendadas.

Las putas tienen una tradición literaria que esta farsanta se quiere cargar de un plumazo. Tengo en casa un vademécum de la cosa, ‘Glosario de la mala palabra’, un libro que se me antoja fantástico, donde se puede rastrear literaria e históricamente el tema. En el Antiguo Testamento hay presencia del comercio carnal. Rahab, la puta de Jericó, propició el ataque israelita a las murallas de la ciudad y quizá por eso fue recompensada con un puesto en la línea sucesora que lleva desde David al mismísimo Jesucristo. Rahab la ramera, se le llama en la Biblia, aunque ramera es una palabra muy posterior y muy española, creo que del siglo XVIII, cuando en las casas de los pueblos vinateros se abrían improvisadas tabernas para dar de probar el vino de la cosecha. En la puerta se colgaba una rama a modo de señal. Las putas empezaron a señalar disimuladamente su comercio con una rama, de ahí su nombre.

Hace unos años, una ciudadana francesa publicó un libro autobiográfico titulado ‘La puta de la República’. Se llama Christine Deviers-Joncours y había sido amante del que fue ministro Roland Dumas. ‘La puta del Rey’ se tituló un razonable melodrama de aventuras. y en este plan, que diría el maestro Umbral. Eso por no escarbar en una generalización exagerada. Hay mujeres que se prostituyen voluntariamente, sin necesidad de ser víctimas de proxenetas o de trata. Esa creencia de que toda mujer preferiría ganarse la vida fregando escaleras que vendiendo favores sexuales parece otra exageración. Quizá haya algunas, seguramente de derechas, que prefieren soto último, mayormente para ganar más dinero.

bici-taconesSin embargo, no toda prostitución les parece condenable a nuestras almas bellas progresistas. Basta invocar el derecho a la sexualidad de las personas con discapacidades motrices para que las putas (y los putos) pasen a ser llamados por un eufemismo natural, ‘terapeutas sexuales’. No se explica por qué los feos, los sosos y otros especímenes poco facultados para el ligue no puedan beneficiarse de la excepción.

Nota.-He llamado ‘farsanta’ a la regidora de Madrid. ¿Recuerdan ustedes los reportajes de sus primeros días yendo en metro a su trabajo, como una madrileña cualunque? Se premiará con una cena a quien quien pueda documentar con foto un solo viaje en metro durante los últimos quince meses. Otrosí: vean la foto adjunta. ¿Cuándo se ha vistos una mujer que monte en bicicleta con zapatos de tacón? Esto es lo que hay. Gracias Carmona, gracias, Pedro Sánchez. todo os lo debemos a vosotros.

Publicado en . | 45 comentarios

¿Con quién pactar?

 

Publicado hoy, en El Mundo del País Vasco

El vasco es de natural discreto y poco dado a airear sus cosas. Esa es la razón de que en toda la campaña electoral que culminó anoche el lehendakari Urkullu no haya dicho ni ‘pamplona’ sobre sus intenciones de pacto para la semana que viene. Es comprensible; no constituye para él un problema urgente, al menos tan acuciante como lo sería para Mariano Rajoy, un suponer.

El procedimiento de investidura en el Parlamento vasco no es como el que se sigue en el Congreso de los Diputados, donde el candidato a la investidura es uno solo, propuesto por el Rey tras una (o varias) consultas con los representantes de los ciudadanos en la cámara. Cada grupo puede presentar su candidato a lehendakari y después de sus respectivos discursos, el que más chifle, capador, dicho sea en un sentido puramente metafórico. Los parlamentarios vascos no tienen posibilidad de rechazo y el bloqueo es, por tanto, bastante más difícil.

Iñigo Urkullu no está acosado, en consecuencia, por las prisas. Todas las encuestas le atribuyen 27 escaños, con alguna que se alarga hasta los 29. Es verdad que los escaños de EH Bildu y Podemos superan esa cifra, pero no pueden rechazarlo. Tendrían que presentar un candidato y eso bastaría para que el PSE y el PP acudieran en socorro del candidato amenazado como un solo hombre (y una sola mujer).

Esta falta de urgencia le llevó la legislatura pasada a la creencia de que podría solventar la legislatura mediante el establecimiento de pactos concretos (puntuales, dicen ellos), pero las primeras derrotas parlamentarias, entre ellas en los presupuestos para 2013, debieron traerle a la memoria aquella vistosa legislatura de Juan Josué Ibarretxe, a la que se vio obligado a poner fin en febrero de 2001, después de sufrir 58 derrotas parlamentarias. El PNV guarda memoria de las cosas y de los agravios y aquella legislatura había empezado en mayo de 1999, con el pacto de legislatura que suscribieron Ibarretxe y Euskal Herritarrok. El portavoz de EH era entonces Arnaldo Otegi y uno de sus parlamentarios estrella, Josu Ternera, dirigente de la banda terrorista. Dos años le duró también aquella legislatura empedrada de derrotas a aquel lehendakari que tuvo la peregrina ocurrencia de poner su nombre a un plan soberanista.

Estos precedentes le llevaron a un acuerdo de legislatura con el socio preferente de los nacionalistas, el PSE. Los socialistas serían un compañero de viaje razonable para los jeltzales: no son exigentes y tienen necesidad de que los cinco diputados nacionalistas se sumen al patchwork con el que el joven Sánchez pretende tejer su colcha presidencial. El PNV está en posición de fortaleza y, aunque prefiere tratar con los socialistas, querrá humillar un poquito a Idoia Mendia, cuya insistencia en que no apoyaría a un PNV partidario del derecho a decidir es algo pintoresca, dado que ya está apoyando a ese PNV en las tres Diputaciones y en los Ayuntamientos de las tres capitales vascas. Si se cumplen las encuestas, la noche de mañana será triste para Mendia: es su primer examen al frente del partido y va a perder una parte importante de su representación parlamentaria. Ella va a ser la marca de la derrota de Sánchez en Euskadi.

Publicado en . | 99 comentarios

La estrategia de Sleepy Hollow

Pedro Sánchez, rodeado de sus fieles Luena, Hernando y Montón, recibe la oferta de Brian para constituir un Gobierno de cambio.

Comentario de las 8:15 en Herrera en COPE:

Pedro Sánchez es ya, sin duda, el político más incompetente que ha dado la democracia española.. Su ignorancia básica consiste en considerar que su capacidad de bloqueo, demostrada repetidamente a lo largo de los últimos nueve meses, es al mismo tiempo, capacidad para hacer un Gobierno alternativo, sobre cuyo programa no ha dicho ni mú, salvo un ‘quítate tú para ponerme yo’. Para formar parte de su Gobierno basta con el requisito para entrar en el Frente Popular de Judea en ‘La vida de Brian’: “odiar de verdad a los romanos”.

El intento de Sánchez está condenado al fracaso a cortísimo o a muy corto plazo. Necesita sumar a Podemos, sus mareas, sus confluencias, sus extensiones y sus mechas, al PNV y a Convergència. Necesita también el placet, en modo abstención, de Esquerra Republicana y EH Bildu. Bueno, pues con todo eso, aún necesita algo más: que el disputado voto de la señora Oramas, cambie de bando y pase de apoyar la investidura de Rajoy a apoyar la suya.

No es que sea imposible, es que no parece serio que el voto de una diputada nacionalista canaria sea el fiel de la balanza de la democracia española. Y si Ana Oramas vuelve a votar como en agosto, necesitaría transformar en positivas las dos abstenciones batasunas. Habría que recordar esto el 7 de marzo, aniversario del asesinato de Isaías Carrasco. Y que lo recuerde también Patxi López, que consideró a Rajoy indigno de estar en su capilla ardiente.

Hoy, doblete. Sobre el mismo asunto, mi columna de El Mundo:

Pedro y su Mac Guffin

En aquel memorable libro que escribieron Truffaut y Hitchcock el maestro explicaba uno de sus trucos narrativos más afortunados: el Mac Guffin, un pourparler, una manera de entretener a los espectadores con algo que no tiene el menor interés para el desarrollo de la historia.

“El Mac Guffin es un ingenio para cazar leones en las Adirondacks”, (macizo montañoso en el estado de Nueva York) le explica el presunto propietario a un curioso en la explicación de Hitchcock a Truffaut. “En las Adirondacks no hay leones”, responde el interlocutor. “Pues entonces no es un Mac Guffin”.

El relato con el que Pedro Sánchez lleva entreteniendo al personal con una propuesta que pretende conseguir un pacto tripartito entre el PSOE, Podemos y Ciudadanos, tiene algo de Mac Guffin. No es viable. “¿Se creen que somos idiotas?” respondía Pablo Iglesias a la oferta hace una semana en Barakaldo. Rivera tampoco lo ve, ni lo ha visto nunca y lo ha dejado claro cada vez que ha tenido ocasión.

Ese tripartito es un Mac Guffin, una trampa del guionista Sánchez para tener entretenidos a sus Lambanes, Varas, Pages y Susanas, mientras llega el 1 de octubre, fecha en la que se va a reunir el Comité Federal. Es algo llamativo que los socialistas escogieran el 20-N para las elecciones que fueron la debacle de Rubalcaba y Zapatero (éste en rebeldía) y que Sánchez haya citado a los suyos en lo que antes era ‘el día del Caudillo’, aunque igual él no lo sabe.

Lo que él tampoco sabe, aunque sí se teme es que el domingo va a ser un mal día. Por eso el PSOE va a ser el único partido cuya ejecutiva no se va a reunir el lunes para analizar los resultados. Lo que se va a reunir es la Permanente, el Secretariado,lo llamaban los comunistas, el cogollito de los más adictos: los Luena, Hernando, los López (Óscar y Patxi) y otra gente afín. Pedro les va a explicar (o no) que se está trabajando un Gobierno alternativo a Rajoy. El problema es que cinco días son muy poco tiempo para llegar al Comité Federal con un pacto cerrado, teniendo en cuenta lo atrasada que lleva la tarea.

Sánchez se postula para presidente, otro Mac Guffin, con un programa de dos puntos: un Gobierno de cambio y echar a Mariano Rajoy. Es poca cosa, política e intelectualmente hablando, pero ya lo irán rellenado con las aportaciones que les hagan los podemitas vía Twitter, si es que errejonistas y pablistas no llegan a la guerra civil antes del domingo.

Para hacerse una idea de las tontas ensoñaciones de Sánchez debemos considerar que el PP y Ciudadanos suman 169 escaños, los mismos que el PSOE, Podemos, sus Mareas, sus extensiones y sus mechas, los 5 del PNV y los 8 de la extinta Convergència. Sleepy Hollow tiene suficientes escaños para bloquear a Rajoy, pero para investirse él necesitaría el disputado voto de CC y la abstención de ERC y EH Bildu. Si Ana Oramas volviera a repetir con PP y C’s, Sánchez tendría que conseguir los dos votos batasunos, o los de Tardà y Rufián, joder qué tropa. Nevesitaría a todos los separatistas y todos los antisistema. Lástima que en el Congreso no haya leones. Ni lo suyo sea un Mac Guffin.

Publicado en . | 84 comentarios

La vergüenza de pactar

 

Hoy, en mi columna de El Mundo

pactoAl PP se le ocurrió hacer una martingala, para que las consecuencias del bloqueo cayeran sobre el responsable principal del mismo. Si queréis terceras elecciones, explicad al personal que irán a votar el día de Navidad. Era una idea demasiado perversa para un personal tan cauteloso de suyo y tan acostumbrado a cargar con complejo de culpa, incluso cuando la culpa es de otros. Que se lo pregunten a su candidato Alonso que se ha visto obligado a dar explicaciones por la tortura y asesinato del etarra Joxi Zabala en 1983. La candidata abertzale, Miren Larrion, presente en el debate de ETB, calificó a Pilar Zabala de víctima y acusó a Alfonso Alonso de ser ‘uno de los responsables’.

En este ambiente, una vez establecida la fecha más que probable, a los populares les entró el temor de que el dedo de la opinión pública les fuera a señalar a ellos mediante una aplicación exagerada del ‘cui prodest?’ Puesto que todo el mundo sabe que unas terceras elecciones beneficiarían electoralmente al PP en detrimento del PSOE, menos Pedro Sánchez y Luena, que no se fían de las encuestas, se puede responsabilizar de las terceras al PP. El PSOE había propuesto una reforma de la Ley Electoral para reducir la campaña electoral a una semana y poder realizar las elecciones el día 18.

Pero el consenso tizna y no pueden acordar ni eso. Los dos partidos (222 escaños) se van a guarecer tras los dos diputados de UPN que van a registrar la propuesta con la firma del sedicioso Francesc Homs, portavoz del Grupo Mixto, al que pertenecen. ¡Qué vergüenza!

Los muy hooligans dicen que el bloqueo es responsabilidad del PP. Los socialistas más razonables, como los barones y la baronesa de San Telmo, piensan que la culpa se reparte y que bastaría con que Rajoy se retirase para que los socialistas permitieran la investidura a otro candidato del PP. Sánchez no hace distingos y habrá que esperar hasta el domingo para saber si la sostiene o tiene que enmendalla. ¿Es razonable que en una democracia haya partidos que se crean autorizados a imponer o vetar un candidato a otras fuerzas políticas? Esto, que lo inventó Rivera, lo ha abrazado el PSOE con entusiasmo. La situación esta bloqueada, ¿quién la desbloqueará? Hay que retirar el tapón, que es, naturalmente, el candidato con más votos.

Es una argumentación ad hoc. La semana pasada, la líder de los socialistas cántabros, Eva Díaz Tezanos, calificó de ‘chantaje’ la exigencia de Posemos de que dimita el director general de Sodercan (Sociedad para el Desarrollo de Cantabria) si querían que votaran los presupuestos de 2017. No un chantaje al PSOE, ni al Gobierno de coalición que preside Revilluca, ojo, nada menos que “un chantaje a la democracia”.

Los dos partidos mayores del sistema deben pactar la suavización del déficit, evitar el bloqueo de CNMV y otros inconvenientes de la parálisis, pero necesitan coartada. El PSOE exige que lo negocien también con Ciudadanos y Podemos, a ver si van a ser ellos los únicos que se pringan negociando con el PP. Lo dicho, una vergüenza.

Publicado en . | 206 comentarios