El hombre orquesta de Morricone

Al colega Paco Reyero, cuya devoción por Clint Eastwood me ha proporcionado una lectura feliz este verano

Mi amiga Blanca Gallo me ha enviado desde Covarrubias este sorprendente video de un viejo que se constituye en banda sonora de La Muerte tenía un Precio. Véanlo y disfruten. Lamentablemente no he podido saber cómo se llama el prodigioso hombre orquesta. ¿Alguien tiene alguna pista?

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Mensaje presidencial

Mi columna de hoy en El Mundo

Es difícil no mostrarse de acuerdo con las palabras del presidente del Gobierno en su comparecencia de ayer sin preguntas. Todas sus afirmaciones sobre el imperio de ley, su afirmación axiomática de que lo que no es legal no es democrático, la obligación de los gobernantes de cumplir y hacer cumplir la ley y defender las instituciones democráticas. Cada vez que uno ha tenido que pronunciarse sobre estas cuestiones lo ha hecho en el mismo sentido que ayer lo hizo Rajoy. Algo tarde, pero más vale eso que nunca.

Sin embargo y a pesar de que su comparecencia fue larga, se echaba algo en falta. Algo que puso la Fiscalía: el anuncio de una querella criminal o varias para defender la legalidad y el Estado de Derecho: contra los miembros de la Mesa de Parlament que permitieron tramitar la autodenominada Ley de Referéndum y la que interpondrá contra Puigdemont y sus consejeros sincopados por haber dictado los decretos de convocatoria y organización del referéndum.

Lo que uno encuentra más positivo en el anuncio del fiscal general, de acuerdo con el fiscal superior de Cataluña y los de Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona, van a pedir a la Policía Judicial (G.C., P.N. y Mossos) a que investiguen todas las actuaciones de esa tropa y de los delitos que pudieran haber perpetrado: desbediencia, prevaricación y malversación de fondos públicos. A ver si esta vez se logra. Recuerden el proceso en el que se condenó a Artur Mas a dos años de inhabilitación por haber organizado la mascarada del 9-N de 2014. Fue absuelto de prevaricación y ni siquiera se le acusó del tercer delito que forzosamente debió cometerse durante aquella performance: la malversación de dinero público que habría comportado una condena de cárcel para el expresidente de la Generalidad.

Da la impresión de que a José Manuel Maza lo han puesto ahí para que ponga orden en este disparate y su primera actuación abona la confianza en el Estado. Veremos si la integración de lo Mossos d’Esquadra con la Guardia Civil y la Policía Nacional en calidad de policía judicial se produce con normalidad y sin resistencias.

Y otro tanto con los alcaldes: la batería de recursos e impugnaciones anunciadas y la notificación de las mismas al presidente de la Generalidad, a sus consejeros y a los 947 alcaldes de Cataluña tienen contrapunto. El honorable Puigdemont, ¡impresionante oxímoron! ha enviado a esos mismos alcaldes una carta en la que les comunica que para el 1-O va a contar con los mismos colegios electorales que en las elecciones de 2015 y les apremia para que en el plazo de 48 horas le comuniquen la disponibilidad de los locales. (o su rebeldía).

¿Hay razones para pensar que los 947 alcaldes catalanes van a guardar la ley y hacerla guardar, o más bien que van a constituirse en cómplices de la secesión? Pues depende de a quién tengan más miedo: si al Estado o a la cuadrilla de frikis que impulsa el esperpento de la secesión, no es más que eso. Quedan ya lejos los tiempos, siete años, en que el entonces vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba sentenció a los controladores aéreos con una frase: “El que echa un pulso al Estado, pierde”.

Luego está lo de los nuestros, su incapacidad para una foto conjunta de los tres dirigentes constitucionalistas. El secretario general del PSOE explicaba ayer que lo vivido la víspera era “el coste del no diálogo”. Mientras, Inés Arrimadas, que había hecho un buen discurso el miércoles en el parlamento autonómico, deslizó la ocurrencia de plantear una moción de censura contra el presidente, iniciativa forzosamente melancólica y condenada a perder frente a Junts pel Sí y la CUP. ¿O cree que los antisistema romperían su acuerdo con los nacionalistas para votarla a ella? En fin, hay algo que no acaba de inspirar confianza.

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El día en que titulamos a cinco

Los periódicos españoles abrían hoy sus portadas a cinco columnas, que es la medida de los grandes acontecimientos en el periodismo escrito. Los dos principales periódicos de Cataluña titulaban como ven. Parece mentira que el 26 de noviembre de 2009 ambos suscribieran junto a otros diez medios un editorial conjunto titulado ‘La dignidad de Catalunya’. El director de El Periódico, Enric Hernàndez, ha tenido ocasión de comprobar recientemente que la memoria de los agradecimientos es muy corta para los nacionalistas. Su campaña de insultos y amenazas contra el periodista por haber publicado la información, cierta de toda certidumbre, de que los Mossos d’Esquadra habían recibido una alerta de la CIA sobre la posibilidad de un atentado terrorista en Barcelona, más concretamente en Las Ramblas, fue uno de los momentos más bajos de la libertad de expresión en España.

Es reconfortante comprobar que aquel desdichado lance editorial no le ha dejado a Hernàndez secuelas muy duraderas y que ha sabido reaccionar en defensa de su periódico y de su libertad. Comparen ahora las dos portadas. La primera es de un periódico propiedad de un Grande de España y es el titular más comprensivo con la secesión, vean la asepsia. El editorial reduce a ‘crisis de Estado’ lo que fue un golpe de Estado con todas las de la Ley. El apoyo de La Vanguardia y su dueño al disparate separatista es una metáfora cabal de lo que pasa en España. En cambio en El Periódico el titular es una sola palabra, ‘Desobediencia’, que es un delito tipificado en el Código Penal y del que la Fiscalía va a acusar a Puigdemont y su cuadrilla. Es otro nivel. Comparen ahora La Vanguardia con otros cuatro grandes periódicos de España.

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Ha llegado el día ‘D’

Hoy, en mi columna de El Mundo

 

Hoy es el día D. Vencidos ya los últimos restos del pudor por la cuadrilla de desaprensivos que está al frente de las instituciones catalanas, la Comunidad Autónoma se ha lanzado por la pendiente del esperpento. Es el único fin posible de un viaje tripulado por una cuadrilla de frikis, (piensen en Puigdemont, Junqueras, Turull, pobre Turull, Carme Forcadell, Marta Rovira y los artistas invitados, Ada Bolarda y Pisarello, así como los observadores internacionales, tácitos o autoproclamados, como el portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores, un tal Reina que sobrellevará mal su inconveniente onomástico.

El Estado ha empezado a moverse. Ayer mismo, el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, participó en la apertura del Año Judicial con brío coinstitucional notable “frente a la sinrazón de quienes se sitúan al margen de la ley, del Estado de derecho y de la democracia”. La Fiscalía será firme y enérgica en defensa “de la patria común e indivisible”, dijo citando el artículo 2 de la Constitución. El fiscal general es un jurista de trayectoria consistente, que antes de su nombramiento fue magistrado del Tribunal Supremo.

Nada relevante para Turull que descalificó la tarea de Maza diciendo que “no se ha leído la ley” y que “celebrar un referéndum no es delito”, una paráfrasis de aquella canción que hizo popular la Otxoa: “Libérate/ ser sessuá no es un delito/ no lo calles, lanza el grito”. Sin embargo, Turull es un tipo bregado en lances judiciales: él acompañó a los Jordipujoles en su viaje a los tribunales por sus carreras delictivas y tampoco parece que encontraba delito en sus conductas.

Ayer hubo otra noticia relevante: el Tribunal de Cuentas ha citado para el próximo día 25 a tres condenados en los que el pobre Turull tampoco encontraba delito: Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau condenados a dos años de inhabilitación el primero y a 21 meses las otras dos. El objetivo de la cita es fijar la responsabilidad patrimonial a la que deben hacer frente. La comparecencia se producirá seis días antes del 1-O y será un elemento de reflexión en la línea de la que llevó al consejero de Empresa Jordi Baiget a presentar la dimisión el 3 de julio, en plan alcalde de Zalamea: si hace falta dar por la patria la libertad y la vida se dan: “podría aguantar tener que ir a prisión”, pero el patrimonio no, no jodan, que eso va contra la familia. Será una lección con moraleja para los funcionarios y hay que tener en cuenta los precedentes: Rafael de Casanova, el héroe de la defensa de Barcelona en la primera Diada de la historia. Resultó herido pero volvió a ejercer la abogacía y vivió 29 años más con bufete en la capital. No todos saldrán tan bien librados.

Hasta ayer mismo, la Mesa del Parlamento rechazó cuatro veces la propuesta de la oposición para admitir a trámite la llamada Ley de Referéndum que fue registrada a finales de julio y debería haber sido admitida en la siguiente reunión de la mesa. Han pasado cuatro, la última ayer sin que el citado artefacto fuera incluido en el orden del día previsto para hoy. Todo hace prever que Juntos por el Sí y la CUP propongan hoy un cambio en el orden del día que incluya la aprobación del cachivache el lectura única, por procedimiento abreviado y por vía de urgencia, que permitiría aprobarlo en un solo día y sin debate. Hoy puede ser un gran día, en el que el parlamento de Cataluña se adelante al 1-O, proclamando su independencia y situándose fuera de la legalidad constitucional. Fiscal general, proceda, haga el favor.

 

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Marta Rovira ya había previsto una Agencia Tributaria propia

La número dos de ERC ya tenía prevista la Agencia Tributaria Catalana desde hace cinco años. Una periodista francesa le preguntó en una rueda de prensa: “y estas misas. ¿quién las paga?” Vean el video y como decía aquella sección que con tanto talento escribía Rafael castellano en La Codorniz: ‘Tiemblen después de haber reído’. Pobre y desgraciada Cataluña. Pobre y desgraciada España.

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¿Sueñan los Mossos d’Esquadra con bolardos eléctricos?

El jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, José Luis aquí y en Valladolid, se privó someramente hace tiempo en un acto público. ¿Dormías? No, contaba bolardos.

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Por si acaso

Hoy, en mi columna de El Mundo

‘El Periódico de Cataluña’ y su director, Enric Hernàndez, se anotaron ayer un gran tanto periodístico con la información sobre la nota del NCTC, organismo que coordina a varias agencias de información y espionaje, como la CIA y el FBI, en la que se alertaba sobre la posibilidad de un atentado en zonas muy concurridas de Barcelona, específicamente en Las Ramblas. La alerta fue también enviada a la Guardia Civil y al CNP, que a su vez la remitieron a los Mossos a partir del 25 de mayo.

Ayer comparecieron ante los medios el major Trapero y el consejero de Interior, Joaquim Forn, (aka Segundo Chiariello). El paradero de Pere Soler, director general de la policía autonómica es un misterio. Debió de declararse prófugo con los primeros atropellos de las Ramblas, o quizá su cometido no tiene que ver tanto con la seguridad como con la identidad que todo podría ser.

Forn y Trapero se bastaron para descalificar a El Periódico por una información que al decir de Trapero, ejemplo canónico de ‘xarnego fascinat’, ha sido ‘dictada’ con la intención de ‘desprestigiar’ a los mossos. Sorprendentemente admitieron la veracidad de la información. Fetichismo y error gramatical. Aún no saben que catalán es solo un gentilicio y ellos lo consideran adjetivo calificativo. Todo nacionalista cree que lo que no es nacionalismo es forzosamente otro nacionalismo de signo contrario que actúa para perjudicar al propio. Catalán bueno, qué digo bueno, inmejorable, español malo. La razón por la que defienden a los Mossos es exactamente la misma por la que denigran a la Guardia Civil o al CNP, porque los primeros son catalanes y los otros españoles.

No han caído en que la gente normal no establece esos distingos, que lo que busca en los cuerpos de seguridad es precisamente eso, seguridad, no un espejo parasus señas de identidad. No hay lugar para el narcisismo en ello. Contaba el gran y añorado Carandell en su Celtiberia Show que habiéndole sorprendido una tormenta cerca de Barcelona se refugió donde pudo. A su lado, una señora inspiró y luego dijo satisfecha: “Estas tormentas catalanas ¡dejan un aire tan limpio!”.

Un mes antes del aviso, el jefe de los mossos era entrevistado por Josep Cuní en 8Tv. El periodista le preguntó por la pertinencia de los bolardos: “No pondremos medidas por si acaso, por postureos, porque aquí hacen no sé qué, aquí también”. El jefe Trapero alcanzó allí su nivel de incompetencia. La clave de la seguridad, de la prevención son esas tres palabras: Por si acaso. Por si acaso nos hacen quitarnos la chaqueta, el cinturón, las tarjetas, el móvil, las llaves en los aeropuertos y pasar por el detector de metales. Hubo aciertos en la actuación de los mossos, principalmente en el que disparó a cuatro de los cinco terroristas de Cambrils. Lástima que tuviera un pasado legionario.

El informe les pareció “de baja credibilidad”, no había lugar para el ‘por si acaso’ de José Luis Trapero. (Josep Lluís aquí y en China). Si los mossos eran catalanes y sus jefes eran catalanes, ¿qué podía salir mal? Todo se quedó en lamento.

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Los protocolos del maltrato

Han tenido ocasión de leer el espantoso asunto de la niña de 4 años de Valladolid Sara F. M. que comienza el 11 de julio, cuando su madre la lleva al servicio de Urgencias de un hospital alegando que tiene los labios muy hinchados. El pediatra desnuda a la niña y comprueba que tiene en su cuerpo distintos hematomas con diferente estado de maduración. El pediatra considera que hay indicios serios de malos tratos y lo denuncia al 112.

La mujer alega que el padre de la niña era un hombre violento que la sometía a violencia psicológica, pero que afortunadamente se ha marchado de casa. Es entonces cuando interviene ese monumento a la aberración políticamente correcta que se llama ley contra la violencia de género. La mujer, Davinia M. G., vuelve a su casa con la niña. Sin que los servicios sociales lleguen a controlar la situación, 23 días días después Sara vuelve a ser ingresada y muere. Durante ese periodo ha sido presuntamente  apaleada, torturada y violada vaginal y analmente por Roberto H. H. novio de su madre desde su separación del padre, que tenía una coartada perfecta ante la acusación de su exmujer (que no llegó a formalizar): estaba en Londres.

Esta es una historia terrible de nuestro triste tiempo. la madre y su novio han sido detenidos. El diputado de Ciudadanos por Valladolid, Francisco Igea, va a llevar el asunto al Congreso para eliminar de la ley estos aspectos tan descabellados. Recientemente hemos asistido a un espectáculo nada edificante en que una mujer de Maracena se declaraba en rebeldía ante una sentencia judicial que obligada a entregar a sus hijos al padre de los mismos. “Juana está en mi casa”, decían las pancartas feministas a propósito del caso. Paco Igea decía en un artículo publicado en ‘El Norte de Castilla’: “Sara no estaba en mi casa”, en el que plantea el olvido de los más desprotegidos, de los que no tienen un lobby ideológico que levante sus banderas. Y dice el por qué:

“Menores presos de unos padres y madres que los utilizan a menudo como armas arrojadizas. Menores que son a veces un simple trofeo, una fuente de ingresos o un arma. ¿Cuantos gritamos esos días Sara está en mi casa? Sara no estaba en nuestra casa. Sara no estaba en nuestra agenda. Sara no votaba. Sara ya no votará nunca”.

Que Igea haga prosperar su protesta reformadora y que el Congreso de los Diputados corrija lo que tenga que corregir con la cabeza un poco gacha por la vergüenza, tal como sugería en su artículo citado.

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Carta al presidente del Gobierno

Pie de foto.-El Rey de España en una inédita imagen multicultural. “El Rey en el centro, acompañado entre otros, por Mariano Rajoy y Carles Puigdemont” dice el pie de El País que lleva esta gran foto a su portada. Y digo yo: “¿Por qué lleva hiyab el presidente del Gobierno? A la derecha puede verse a la alcaldesa Ada Bolarda con su blusón camuflacirios.

Mi admirado presidente del Gobierno: Después de haber visto por la tele los 50 minutos que duró la manifestación de ayer, incluidos los espiches de Rosa Mª Sardá y la activista musulmana, debo confesarle que siento  esa vergüenza ajena que el DRAE define como ‘alipori’. Sigo preguntándome si el Rey tenía que asistir a una cencerrada como la de ayer para ser insultado por aquella gentuza. ‘Traficante de armas’, decían con fotos de su saludo con el Rey de Arabia Saudí. Y lo sostenían tipos que habían pitado al Rey muentras el Barça saltaba al campo con el patrocinio de Qatar en el pecho. Pablo Iglesias, ese ignorante transversal que confunde wasabi con wahabismo, la gravedad con la relatividad, la ética con la crítica y la gimnasia con la magnesia, se fotografiaba ayer en la manifestación con el embajador de Qatar. ¿La furgoneta era saudí, los cuatro cuchillos que compraron en la estación de servicio de la A-7?

Pie de foto.-El terrorismo según Pablo Iglesias.

El Rey no debió asistir. No me cabía la menor duda de que Felipe VI iba a mantener la compostura, pese a los reiterados intentos de humillarlo por parte de los semovientes que encabeza el honorable Puigdemont, ejemplo canónico de oxímoron que la Real debería incorporar para el futuro. Pero no se trata de eso; también me he manifestado reiteradamente contra la presencia del Rey en las finales de la Copa que lleva su nombre cuando participa el Barça husma le pita y abuchea. Lo tengo dicho: al primer silbido, el Jefe del Estado debería irse con la copa y anunciar que se la enviará por SEUR al ganador.

Tengo desde hace años, señor Rajoy, la impresión de que todo nacionalismo está compuesto por dosis armónicas de narcisismo y fetichismo. Y por supuesto, de victimismo. El nacionalismo es un oficio de difuntos, c’est la guerre, que dijo Mitterrand; por eso se ven más como el muerto en el entierro que como la novia en la boda. De ahí que una de las pancartas que abundaban en la manifestación decía: “vuestras guerras, nuestros muertos”, con impresionante desfachatez y falta de respeto a la verdad. Las víctimas mortales eran: españolas, italianas, belgas, portuguesas, argentinas, canadienses, estadounidenses y alemanas, además de un niño australiano. Si incluimos a los heridos, las víctimas provenían de 34 países distintos. Eran los mismos que desde hace ya muchos meses insultaban a los turistas en las terrazas de las Ramblas al grito de “Vosotros, turistas, sois los terroristas”.

El narcisismo lo hemos podido comprobar con motivo del ataque terrorista de las Ramblas. Seguirlo por televisión a lo largo de la tarde del jueves, 17 de agosto fue un ejercicio estupefaciente. Media hora después de haber oído en Antena-3 TV la cifra de 13 víctimas, oí en TVE la cifra de un fallecido, citando como fuente a la Generalidad.

En el caso del nacionalismo catalán puede comprobarse que el narcisismo es un vicio que arraiga en una extraordinaria subjetividad. Imaginen a Puigdemont, Oriol Junqueras, Anna Gabriel, Jordi Turull, Ada Colau y ese portentoso consejero de Interior, Segundo Chiariello en el trance de asomarse a la fuente en la que se ahogó Narciso. Si tuvieran un mínimo de objetividad, se habrían lanzado a la fuente. Pero no por embeleso, sino por pura desesperación.

Dirán ustedes que el consejero de Interior se llama Joaquim Forn y tendrán razón, pero mi antigua empatía me lleva a preguntarme cómo llevará la xenofobia de este sujeto el apellido de mamá, que era ecuatoriana. En Euskadi, hace años, hubo un nacionalista con renombre, Sabin Zubiri, de profesión corsetero y de nombre completo Sabin Zubiri Sánchez. En 1986 fue de los primeros en alinearse con Carlos Garaikoetxea en la escisión del viejo PNV que dio lugar a EA. Los sabinianos de su pueblo, Ochandiano (Otxandio) que eran de ingenio algo cabrón, lo bautizaron como ‘Segundo Sánchez’.

Segundo Chiariello, aka Joaquim Forn, es un alma dividida entre los orígenes de papá, a todas luces catalanes, y los de mamá, seguramente italianos por la traza. Por eso contabilizó entre las víctimas de las Ramblas «Dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española».

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez, tocó la gloria la tarde del atentado: “Por unas horas hemos sido un Estado”. Esta expresión explica por sí sola que para los nacionalistas lo único que importaba, aun con los cadáveres tibios, era su causa. La seguridad no es tan importante como la policía autonómica, nuestra policía, ejemplo canónico de fetichismo. Desde los atentados, el mayor de los Mossos dio un recital.

“Bueno, pues molt bé, pues adiós”, le dijo a un periodista holandés, a quien su medio había enviado porque hablaba español, en la multitudinaria rueda de prensa cuando este preguntó por qué no usaba una lengua franca que entendieran todos. La lengua no la queremos para comunicarnos, sino para reivindicar nuestra identidad. El narcisismo de sus superiores lo ha alabado sin tasa en estos días. Veamos los hechos en relación con la profesionalidad:

“No prevemos que pueda haber otro ataque de forma inminente”, dijo después del atentado en las Ramblas, exactamente hora y media antes del atentado de Cambrils.

El mismo Trapero dijo en una entrevista en 8TV (24 de abril de 2017) que no se colocarían bolardos en las calles “solamente por si acaso o por postureso”. El mayor de los Mossos d’Esquadra parece ignorar cosas elementales de la seguridad. Por ejemplo, que las medidas de precaución se adoptan siempre ‘por si acaso’. Verá, don José Luis (Josep Lluís aquí y en China), he adoptado para consumo personal un eslogan con el que mi querida Carmen Iglesias tituló uno de sus libros: ‘No siempre lo peor es cierto’, pero todo aquel que tenga responsabilidades, deberá afrontarlas con el principio de precaución, como si fuera a serlo. Yo no creo que Trapero haya leído a Scruton, tampoco es obligatorio para su oficio, basta el sentido común. Esta no es una descalificación de los recursos culturales de nuestros policías autonómicos. Yo he conocido a dos ertzainas que me impresionaron: El primero de ellos al declararse ‘orteguiano’ en la cena en que lo conocí. El segundo, que era escolta del difunto Mario Oanindia, cuando me lo encontré en una librería y me regaló ‘Paradero desconocido’, esa joya de Katharine Kressmann Taylor.

Voy a poner un ejemplo sencillito: cuando compré mi primer coche, un 127, compré también en la ferretería de mi barrio un artefacto antirrobo, que se enganchaba al pedal del acelerador y al volante. No había entonces sistema de bloqueo de la dirección ni otras medidas de seguridad. Pregunté al ferretero si eso no era un gesto inútil, que a cualquier caco no le costaría mucho forzar el candado. Y él me respondió: “Un ladrón que vea un volante con candado preferirá un coche que no lo tenga”. Mi amigo Fernando Navarro me recordó el chiste de los exploradores que ven venir hacia ellos un león. El primero se quita las botas y empieza a calzarse unas zapatillas deportivas para asombro del segundo: “¿Es que crees que vas a correr más que el león?” Y respondió: “No, me conformo con correr más que tú”.

No hubo pancartas de condena al terrorismo, al wahabismo, ni siquiera al wasabi. “No a la islamofobia”, decía una muy repetida, porque al parecer fue la islamofobia la que conducía la furgoneta. También hubo una pancarta de regular tamaño que se centraba más: “España contra el terrorismo. Muchas gracias, majestad”, pero se creó algo de lío y los mossos la retiraron. Estuvo impresionante Sardá al decir: “No tenemos miedo y no conseguirán dividirnos”, después de todo lo que se vio. Junto a ella cerró el acto una activista musulmana. En Ripoll, la encargada de leer el manifiesto al final fue le hermana de de dos de los terroristas, Hafida Oukabir, que repartió el sufrimiento a partes iguales entre las familias de las víctimas y la suya propia.

No sé si me explico, presidente, esto es lo que hay. No hubo manifestaciones contra el terrorismo, sino un ensayo general con todo para la Diada y 20 días después para el referéndum. Yo había creído siempre que no se iba a celebrar. Ahora, señor Rajoy, no estoy tan seguro. Algo debería hacer para convencernos a los ciudadanos de que les tiene bien cogida la medida a los sujetos más majaderos, ruines y miserables de España. Aunque solo sea por vergüenza torera.

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La pau i la por

Hoy, en mi columna de El Mundo

La manifestación que esta tarde se celebrará en Barcelona contra los atentados terroristas de la semana pasada, irá tras una pancarta con el lema ‘No tinc por’, ya estaba dicho. ‘Barcelona, ciutat de pau’, tuiteó la alcaldesa el mismo 17 de agosto, tras la masacre de las Ramblas.

Son eslóganes de publicistas baratos, de un pacifismo inhibidor y falso. Tenemos miedo y Barcelona no es una ciutat de pau. Eso decía hace 25 años el presidente del PNV, Xabier Arzalluz: “Los vascos somos mucho más directos que los catalanes. Nadie se imagina a un catalán con un arma en la mano. A un vasco, sí, es una cuestión de carácter”.

Ni por carácter ni por tradición. Hace un siglo, Barcelona era la Chicago europea. No había ninguna otra ciudad con tantos pistoleros por metro cuadrado: pistoleros de la patronal y de los sindicatos, pistoleros del gobernador Martínez Anido y pistoleros acogidos al régimen de autónomos. No hablemos de mayo del 37 y años adyacentes, cuando a los anteriores había que sumarles los pistoleros de la Generalidad y los del PSUC.

Sabemos que el Rey asistirá a la manifestación, aunque la Casa Real ha aceptado las exigencias de la CUP por vía de la alcaldesa: no irá en la cabeza, que está reservada para la gente: voluntarios, mossos, servicios de emergencias and so on. Hay cuestiones pendientes de aclarar: ¿Quién representa a los mossos, el que mató a cuatro terroristas en Cambrils o el que chuleó a la juez Sonia Nuez Rivera, cuando esta se malició que tanta bombona junta en la casa de Alcanar podría indicar más un atentado yihadista que un laboratorio de drogas: “no exagere, señoría”?

No es improbable que en las calles aflore el oportunismo de las banderas estrelladas y que Ada Bolarda vuelva sonreír como en las fotos de la ofrenda, con el cirio camuflado traviesamente bajo el blusón. El Rey seguirá destacando por alto, aunque lo pongan en la tercera fila. Tal vez se haya acostumbrado tras las pitadas en el Camp Nou: a su persona y a los símbolos del Estado cuya jefatura ostenta, mientras autoridades estrictamente locales lucen la sonrisa lela que patentó Artur Mas, menguante y menguado líder del independentismo.

¿Debe el Rey asistir como un ciudadano más a esa manifestación? Uno no es partidario de esas fantasías, ni de que haya partidos  que asistan de oyentes a las reuniones del pacto antiyihadista, ni de que los gobernantes catalanes no sepan optar entre la seguridad y su obsesión identitaria, ni de que se esté debatiendo si los mossos debieron disparar solo a las piernas de los terroristas. Se entiende que a la parte mollar porque un tiro en la rótula puede dejar cojo de por vida al tipo que amenaza con un cinturón explosivo y el alcalde de Ripoll tendría que doblarle la indemnización. ¿Se puede uno manifestar contra el terrorismo junto a quienes nunca lo condenaron?

Ayer invocaba el presidente del Gobierno la unidad. ¿Unidad para qué? le habría preguntado aproximadamente Lenin a Fernando de los Ríos y este no habría tenido más remedio que responder con una tautología: “Unidad para estar juntos”. 

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