Sí, es la derrota

Confieso que la tribuna que publicó ayer el columnista Espada me sumió en una leve perplejidad. No por mi incapacidad de comprender todo lo que exponía, sino por alguno de los conceptos que manejaba, y, sobre todo, porque se observan errores parecidos en el bando de los demócratas. ¿Son los demócratas un bando? se preguntaría mi buen amigo Espada y probablemente se respondería que no, porque eso supondría dotar de una cierta legitimidad constitutiva al bando de los terroristas.

Empezaré por afirmar que el teatrillo organizado el sábado por ETA y por algunos de sus partidarios, es una expresión de la derrota de los terroristas, por más que se esfuercen en disfrazarlo de empate. Sostiene el autor que hablar de la derrota supone una claudicación democrática, porque implica reconocer al terrorismo como ejército. No forzosamente. Se puede sufrir una derrota en cualquier deporte, en una partida al mus, o “en enfrentamientos cotidianos”, define la RAE en su segunda acepción de ‘derrotar’. Un libro esencial de nuestro tiempo es ‘La derrota del pensamiento’, aunque Alain Finkielkraut no le atribuye característica de ejército al conformismo posmoderno.

“¿Acaso se derrota al asesino en serie?” se pregunta Espada. Hombre, es una analogía inadecuada; no se conocen casos de ejércitos unipersonales. Los terroristas constituyen un ejército imaginario que libra una guerra imaginaria contra un estado que sí es real. Los terroristas imitan en su estructura y en su lenguaje la estructura y el lenguaje del Estado al que combaten: llamaron ‘impuesto revolucionario’ a la extorsión y ‘cárcel del pueblo’ al cuchitril de los secuestros, -cómo llamar cárcel del pueblo a algo que el pueblo no sabía dónde estaba-. Después rebautizaron como ‘zulo’ al agujero donde guardaban secuestrados y armas. Hoy la voz está reconocida por la RAE como “lugar oculto y cerrado para esconder ilegalmente cosas o personas secuestradas”. Los terroristas y la Policía, en función de su proximidad tenían a veces un lenguaje fronterizo. Los etarras llamaban ‘detenciones’ a sus secuestros y calificaban de ‘secuestros’ a las detenciones de las fuerzas de seguridad. Estuvo cumbre el vicario Pagola de San Sebastián, llamando ‘atentados justos’ a las actuaciones de la Policía, cuando “en el ejercicio legítimo de su poder, detiene a una persona”.

Urrusolo, un practicante, decía ayer en ‘El Diario Vasco’: “Hay organizaciones que ganan su lucha, como en Cuba o en Nicaragua. Otras negocian su final, como el IRA cuando ven que las reivindicaciones no avanzan. Pero hay otras que pierden su lucha sin más, sin nada a cambio, sin que medie siquiera una conversación que fructifique en un acuerdo. Ese es el caso de ETA y esa es su derrota”. Txema Montero, un conocedor, afirmó en una entrevista en Deia en 2012: “ETA ha sido derrotada por la Guardia Civil”. Es justo que así sea: con el terrorismo termina la Guardia Civil, no la Real Academia.

Estoy parcialmente de acuerdo con lo que dice Espada sobre la petición de perdón. No porque el hecho de pedirlo obligue a la otra parte a concederlo, sino porque no se debe someter a las víctimas a ese estrés. Deben arrepentirse por lo que fueron y lo que hicieron, disolver la organización en la que militaron y ofrecerse para aclarar los crímenes sin esclarecer. La investigación de las armas no dará mucho de sí: saber con qué pistola asesinaron a alguna víctima, pero no qué dedo apretó el gatillo. Para acceder a los beneficios penitenciarios deberán cumplir lo que prescriben el artículo 90 y siguientes del Código Penal. Eso es todo.

 

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Operación blanqueo

Arcu nos ha enviado esta magnífica interpretación del blanqueo de la banda terrorista que se practicó ayer en el País vasco-francés. Ya estábamos al cabo de la calle de lo que significan esas absurdas construcciones: artesanos de la paz y colindantes.


Pussycat envió el memorable retrato que Carlos García Pozo hizo a uno de estos artesanos de la paz: Josu Zabarte Arregi, el carnicero de Mondragón, 17 veces asesino, al que hizo Ángeles Escrivá una entrevista escalofriante con su detalle de coquetería criminal en el pendiente:

ETA | TRES AÑOS SIN VIOLENCIA (I) ENCUENTRO CON ‘EL CARNICERO DE MONDRAGÓN’

‘Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado. No me arrepiento’

  • Josu Zabarte, 20 atentados, 17 asesinatos, 30 años en prisión

  • ‘No me sé el nombre de las víctimas. Son otras cosas las que no me han dejado dormir’

  • ‘Yo autocrítica haré cuando el otro frente la haga. Todas esas tonterías que dicen de los arrepentidos… Yo no soy católico’

  • ‘En Cataluña se han aprovechado de la lucha de Euskadi desde un principio’

  • ‘No puedo estar en Sortu ni en Bildu porque rechazan la lucha armada. Yo no puedo cerrar el futuro a generaciones venideras. Pasado mañana, dentro de 20 años, ellos decidirán’

  • ‘El camino de la izquierda ‘abertzale’ tiene que ser ahora la territorialidad y la presión popular’

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Llamemos a las cosas por su nombre

Vean en la foto de arriba una cumplida representación de los artesanos de la paz, observen la delicadeza de sus facciones y admiren la grandeza de su obra servida con la cursilería atroz de su lenguaje. 

Había precedentes. Pakito Mujica Garmendia, dirigente que cayó en Bidart, había definido a la organización bajo su mando en sus años de esplendor y coches bomba: “ETA es una organización que lucha para conseguir la paz”. Arnaldo Otegi, el pantocrátor en la foto de la vergüenza que se hizo el miércoles en Bilbao, flanqueado en los extremos de la imagen por el presidente del PNV y la figurante socialista Rafaela Romero, había hecho su aportación definitoria a comienzos de los años 90: “ETA, la persuasión armada”.

Tuvieron mucho que persuadir, porque la paz tiene muchos enemigos. He aquí la lista completa de los obstáculos que tuvieron que derribar:

 

LOS ATENTADOS DE LA BANDA TERRORISTA

La lista de los 858 asesinados por ETA

El asesinato de una niña en 1960 inició una trágica cadena de atentados que causó víctimas en todas las regiones españolas 
21.10.11 – 02:45 – EL CORREO
 

1968 José Pardines Arcay, guardia civil, Villabona. Melitón Manzanas González, policía nacional, Irún.

1969 Fermin Monasterio Pérez, taxista, Arrigorriaga.

1972 Eloy García Cambra, policía municipal, Galdakao.

1973 Humberto Fouz Escobero, empleado, Francia. Jorge Juan García Carneiro, desempleado, Francia. Fernando Quiroga Veiga, agente de Aduanas, Francia. Juan Antonio Bueno Fernández, policía nacional, Madrid. Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno, Madrid. José Luis Pérez Mogena, chófer del presidente del Gobierno, Madrid.

1974 Gregorio Posada Zurrón, guardia civil, Azpeitia. Manuel Pérez Vázquez, guardia civil, Beasain. Martín Durán Grande, guardia civil, Bilbao. Antonio Alonso Palacín, mecánico, Madrid. María Jesús Arcos Tirado, telefonista, Madrid. Félix Ayuso Pinel, policía nacional, Madrid. Francisca Baeza Alarcón, maestra, Madrid. Baldomero Barral Fernández, panadero, Madrid. Gerardo García Pérez, empleado, Madrid. Francisco Gómez Vaquero, cocinero, Madrid. Antonio Lobo Aguado, ferroviario, Madrid. Manuel Llanos Gancedo, camarero, Madrid. Luis Martínez Martín, agente comercial, Madrid. Josefina Pérez Martínez, ama de casa, Madrid. Concepción Pérez Paíno, administrativa, Madrid. Mª Ángeles Rey Martínez, estudiante, Madrid. Jerónimo Vera García, guardia civil, Pasaia. Argimiro García Estévez, guardia civil, Mondragón. Luis Santos Hernández, guardia civil, Mondragón.

1975 José Díaz Linares, policía nacional, San Sebastián. José Ramón Morán González, policía nacional, Getxo. Andrés Segovia Peralta, guardia civil, Gernika. Fernando Llorente Roiz, policía nacional, Bilbao. Domingo Sánchez Muñoz, guardia civil, Gernika. Mariano Román Madroñal, guardia civil, San Sebastián. Ovidio Díaz López, policía nacional, Barcelona. Carlos de Arguimberri Elorriaga, chófer de autobús, Deba. Francisco Expósito Camio, taxista, Usurbil. Demetrio Lesmes Martín, guarda jurado, Hernani. Esteban Maldonado Llorente, guardia civil, Oñati. Juan José Moreno Chamorro, guardia civil, Oñati. Jesús Pascual Martín, guardia civil, Oñati. Germán Aguirre Irausegui, taxista, Vitoria. Manuel López Triviño, guardia civil, Zarautz. Antonio Echevarría Albizu, alcalde de Oiartzun, Oiartzun

1976 Manuel Vergara Jiménez, guardia civil, Ordizia. Víctor Legorburu Ibarreche, alcalde de Galdakao, Galdakao. Julián Galarda Ayastuy, mecánico, Zizurkil. Emilio Guezala Aramburu, inspector de autobuses, Lezo. Manuel Albizu Idiaquez, taxista, Getaria. Ángel Berazadi Urbe, industrial, San Sebastián. Vicente Soria Blasco, obrero, Soraluze. Jesús Mª González Ituero, policía nacional, Francia. José Luis Mantínez Martínez, policía nacional, Francia. Miguel Gordo García, guardia civil, Barakaldo. Antonio Frutos Sualdea, guardia civil, Legazpi. Luis Carlos Albo de las Llamos, jefe local del Movimiento, Basauri. Juan María Araluce Villar, presidente de la Diputacion de Guipúzcoa, San Sebastián. José María Elecegui Díaz, chófer del presidente de la Diputacion, San Sebastián. Alfredo García González, policía nacional, San Sebastián. Antonio Palomo Pérez, policía nacional, San Sebastián. Luis Francisco Sanz Flores, policía nacional, San Sebastián.

1977 Constantino Gómez Barcia, guardia civil, Mondragón. Antonio Galán Aceituno, guardia civil, Tolosa. Manuel Orcera de la Cruz, policía nacional, San Sebastián. Javier de Ybarra y Bergé, industrial, Getxo. Valentín Godoy Cerezo, Vitoria. Antonio Hernandez Fernández-Segura, guardia civil, Gernika. Angel Rivera Navarrón, guardia civil, Gernika. Augusto Unceta Barrenechea, presidente de la Diputación de Vizcaya, Gernika. José Díaz Fernández, policía municipal, Irún. Joaquín Imaz Marnez, policía nacional, Pamplona. Julio Martínez Ezquerro, concejal, Irún.

1978 José Manuel Baena Martín, policía nacional, Pamplona. Manuel Lemus Noya, policía municipal, Santurtzi. Joaquín Ramos Gómez, policía nacional, Vitoria. Miguel Raya Aguilar, policía nacional, Vitoria. José Vicente del Val del Río, policía nacional, Vitoria. José María Panizo Acedo, guardia civil retirado, Aduna. Esteban Beldarrain Madariaga, empleado de la autopista Bilbao-Behovia, Bilbao. Andrés Guerra Pereda, trabajador de Lemoiz. Alberto Negro Viguera, trabajador de Lemoiz. Miguel Ángel Iñigo Blanco, guardia civil, San Sebastián. Manuel López González, guardia civil, Pamplona. Juan Antonio Marcos González, guardia civil, San Sebastián. Martín Merquelán Sarriegui, taxista, Oiartzun. Antonio García Caballero, policía municipal, Tolosa. Francisco Martín González, policía nacional, San Sebastián. José María Portell Manso, periodista, Portugalete. Domingo Merino Arévalo, Zarautz. José Javier Jaúregui Bernaola, juez de paz, Lemoa. Juan Antonio Pérez Rodríguez, militar, Madrid. Juan Manuel Sánchez-Ramos Izquierdo, militar, Madrid. José García Gastiain, comerciante, Vitoria. Alfonso Estevas-Guilmain Muñoz, policía nacional, Hondarribia. Aurelio Salgueiro López, guardia civil, Mondragón. José Antonio Ferreiro González, policía nacional, Vitoria. Lorenzo Soto Soto, guardia civil, San Sebastián. José Zafra Regil, guardia civil, San Sebastián. Ramiro Quintero Ávila, guarda forestal, Tolosa. Francisco Liesa Morote, militar, Bilbao. Anselmo Durán Vidal, guardia civil, Elgoibar. Ángel Pacheco Pata, guardia civil, Markina. José Benito Díaz García, policía nacional, Bilbao. Elías García González, policía nacional, Bilbao. Ramón Muiño Fernández, policía nacional, Bilbao. Alberto Villena Castillo, guardia civil, Lekeitio. Luis Carlos Gancedo Ron, guardia civil, Getxo. Luciano Mata Corral, guardia civil, Getxo. Andrés Silverio Martín, guardia civil, Getxo. Epifanio Benito Vidal Vázquez, obrero, Durango. Ignacio Olaiz Michelena, transportista, Urnieta. Juan Cruz Hurtado Fernández, carpintero, Gernika. José Luis Legasa Ubiría, constructor, Irún. Rafael Recaola Landa, albañil, Lezo. Mariano Criado Ramajo, guardia civil, Tolosa. Luis Candendo Pérez, trabajador, Antzuola. Leoncio Revilla Alonso, guardia civil, Urretxu. José Rodríguez de Lama, guardia civil, Urretxu. Francisco Mateu Canovés, magistrado del Supremo, Madrid. José Benito Sánchez Sánchez, policía nacional, Basauri. Benjamín Sancho Legido, policía nacional, Basauri. Elias Elexpe Asandoa, taxista, Amorebieta. Heliodoro Arriaga Ciaurre, guardia civil, Villabona. Alejandro Hernández Cuesta, conserje, Irún. Manuel León Ortega, guardia civil, Oñati. Gabriel Alonso Perejil, policía nacional, San Sebastián. Ángel Cruz Salcines, policía municipal, San Sebastián. José María Sarrais Llasera, policía nacional, San Sebastián. Vicente Rubio Ereño, militar retirado, Santurtzi. Juan Jiménez Gómez, policía municipal retirado, Pasaia. Saturnino Sota Argaiz, comerciante, Vitoria. Diego Fernández-Montes Rojas, militar, San Sebastián. Joaquín María Azaola Martínez, delineante, Getxo. Pedro Garrido Caro, comerciante, San Sebastián. José María Arrizabalaga Arcocha, dirigente de Comunion Tradicionalista, Ondarroa. Lisardo Sampil Belmonde, taxista, Iurreta. José Luis Vicente Cantón, sector inmobiliario, Vitoria. Amancio Barreiro Gens, taxista, asesinado por CAA, San Sebastián.

1979 Francisco Berlanga Robles, policía nacional, Pamplona. José María Herrera Hernández, militar, San Sebastián. Constantino Ortín Gil, gobernador militar de Madrid. Ciriaco Sanz García, guardia civil, Llodio. Hortensia González Ruiz, estudiante, Beasain. Antonio Ramírez Gallardo, guardia civil, Beasain. Miguel García Poyo, guardia Civil, Azpeitia. Francisco Gómez Gómez-Jimenez, guardia civil, Azpeitia. Francisco Mota Calvo, guardia civil, Azpeitia. Jesús Ulayar Liciaga, comerciante, Echarri. Esteban Sáez Gómez, guardia civil, Tolosa. José Fernando Artola Goicoechea, representante de comercio, Antzuola. Félix de Diego Martínez, guardia civil, Irún. José Díez Pérez, guardia civil, Andoain. José Antonio Vivo Undabarrena, alcalde de Olaberria, Olaberria. Sergio Borrajo Palacín, militar, Vitoria. Benito Arroyo Gutiérrez, guardia civil, Deba. Miguel Chávarri Isasi, policía municipal, Beasain. José María Maderal Oleaga, empleado de Iberduero, Bilbao. Antonio Recio Claver, policía nacional, Vitoria. Pedro Fernández Serrano, hostelero, Pamplona. Adolfo Mariñas Vence, Tolosa. Miguel Orenes Guillamont, policía nacional, San Sebastián. Juan Bautista Peralta Montoya, policía nacional, San Sebastián. Ginés Pujante García, policía nacional, San Sebastián. Dionisio Imaz Gorostiza-Goiza, propietario de un taller, San Sebastián. Juan Batista García, guardia civil, Tolosa. Pedro Ruiz Rodríguez, policía municipal, Durango. Juan Díaz Román, guardia civil, Oñati. José Miguel Maestre Rodríguez, guardia civil, Beasain. Antonio Peña Solís, guardia civil, Beasain. Antonio Pérez García, hostelero, Lemoa. Jesús Abalos Giménez, militar, Madrid. Lorenzo Gómez Borrero, conductor, Madrid. Luis Gómez Hortiguela, militar, Madrid. Agustín Laso Corral, militar, Madrid. Luis Berasategui Mendizábal, Bergara. Andrés Varela Rua, militar, Tolosa. Ángel Baños Espada, trabajador de Lemoiz. Héctor Abraham Muñoz Espinoza, anticuario, Irún. Diego Alfaro Orihuela, representante de Comercio, Basauri. Francisco Medina Albala, albañil, San Sebastián. Jesús María Colomo Rodríguez, camarero, Beasain. Moisés Cordero López, guardia civil, San Sebastián. Emilio López de la Peña, policía nacional, Bilbao. Antonio Pastor Martín, guardia civil, San Sebastián. Miguel Angel Saro Pérez, policía nacional, Bilbao. José Manuel Amaya Pérez, Madrid. Dorotea Perting, estudiante, Madrid. José Manuel Juan Boix, estudiante, Madrid. Juan Luna Azol, guardia civil retirado, Madrid. Jesús Pérez Palma, estudiante, Madrid. Guadalupe Redondo Vian, ama de casa, Madrid. Dionisio Rey Amez, policía nacional jubilado, Madrid. Juan José Tauste Sánchez, guardia civil, Eibar. Antonio Nieves Cañuelo, guardia civil, Sondika. Manuel Ferreira Simois, policía municipal, Portugalete. Antonio López Carrera, guarda forestal, Sondika. Aureliano Calvo Val, policía nacional, San Sebastián. José María Pérez Rodríguez, policía nacional, Zumárraga. Modesto Carriegas Pérez, empleado de banca, Barakaldo. Julián Ezquerro Serrano, militar, Bilbao. Aurelio Pérez-Zamora Cámara, militar, Bilbao. Lorenzo González-Vallés Sánchez, gobernador militar de San Sebastián. Sixto Holgado Agudo, taxista, Rentería. Luis María Uriarte Alzaa, ex alcalde de Bedia, Lemoa. Pedro Goiri Rovira, camarero, Getxo. Alfonso Manuel Vilariño Doce, policía municipal, Amorebieta. Carlos Sanz Biurrun, policía nacional, Pamplona. Antonio Mesa Portillo, policía nacional, Getxo. Manuel Fuentes Fontan, guardia civil, Portugalete. Fernando Espinola Rodríguez, guarda forestal, Oiartzun. Antonio Alés Martínez, guardia civil, Azpeitia. Ángel García Pérez, guardia civil, Azpeitia. Pedro Sánchez Marfil, guardia civil, Azpeitia. Juan Cruz Montoya Ortueta, conserje, Vitoria. Germán González López, militante del PSOE, asesinado por CAA, Urretxu. Juan Luis Aguirreurreta Arzamendi, administrativo, asesinado por CAA, Mondragón.

1980 Jesús García García, hostelero, Barakaldo. Sebastian Arroyo González, guardia civil retirado, Alsasua. Jesús Velasco Zuazola, militar, Vitoria. Francisco Moya Jiménez, guardia civil, Elorrio. José Miguel Palacios Domínguez, agente comercial, Bilbao. Alfredo Ramos Vázquez, hostelero, Barakaldo. Luis Domínguez Jiménez, trabajador, Bergara. Juan Manuel Román Moreno, policía nacional, Basauri. Alfredo Díez Marcos, guardia civil, Ispaster. José Gómez Martiñán, guardia civil, Ispaster. José Gómez Trillo, guardia civil, Ispaster. Antonio Marín Gamero, guardia civil, Ispaster. José Martínez Pérez Castillo, guardia civil, Ispaster. Victorino Villamor González, guardia civil, Ispaster. Ángel Astuy Rodríguez, policía municipal, Oñati. Miguel Rodríguez Fuentes, militar, Pasaia. Ignacio Arocena Arbelaiz, taxista, Oiartzun. Eugenio Saracibar González de Durana, militar, San Sebastián. José Luis Ramírez Villar, militar, Madrid. José Artero Quiles, marmolista, Eskoriatza. Dámaso Sánchez Soto, comerciante, Durango. Enrique Aresti Urien, seguros, Bilbao. José Piris Caballo, escolar, Azkoitia. Eugenio Lázaro Valle, militar, Vitoria. Luis Martos García, guardia civil, Irún. José Torralba López, guardia civil, Irún. Rufino Muñoa Alcalde, guardia civil, Rentería. José Oyalga Marañón, Pamplona. Jesús Vadaurre Ollita, Pamplona. José Espinosa Viscarret, militar, Pasaia. José Antonio Moreno Núñez, policía nacional, Santurtzi. Ramón Baglieto Martínez, industrial, San Sebastián. Jesús Holgado Sabio, policía nacional, San Sebastián. José Manuel Rodríguez Fontana, policía nacional, San Sebastián. Dionisio Villadangos Calvo, policía nacional, San Sebastián. Ceferino Peña Zubia, empresario, Zarautz. Francisco Puig Mestre, guardia civil, Goizueta. Francisco Ruiz Fernández, guardia civil, Goizueta. Tomás Sulibarria Goitia, Bilbao. Ángel Postigo Mejías, policía nacional, Pamplona. José Pablo García Lorenzo, empleado municipal, Amorebieta. Julio Santiago Expósito Pascual, comerciante, Sestao. Luis María Hergueta Guinea, directivo de Michelin, Vitoria. Joaquín Becerra Calvente, hostelero, Amurrio. Antonio Gómez Ramos, guardia civil, Orio. Aurelio Navío Navío, guardia civil, Orio. Ramón Ledo Taboada, chapista, Bergara. Francisco López Bescos, guardia civil, Logroño. Mario González Blasco, soldador, Eibar. Jesús María Echeveste Toledo, agente de Aduanas, Irún. Antonio Fernández Guzmán, trabajador, Santurtzi. Basilio Altuna Fernández Arróyobe, policía nacional, Vitoria. José María Urquizu Goyoaga, militar, Durango. Antonio García Argente, guardia civil, Markina. Mariano González Huergo, guardia civil, Markina. Miguel Hernández Espigares, guardia civil, Markina. Alfonso Martínez Bella, guardia civil, Markina. Ramón Coto Abad, estanquero, Bilbao. José Ignacio Ustarán Ramírez, dirigente de UCD, Vitoria. Benito Morales Fabián, taxista, Rentería. Sergio Canal Canal, policía nacional, Durango. Jesús Hernando Ortega, policía nacional, Durango. José Antonio Merenciano Ruiz, policía nacional, Durango. Avelino Palma Brioa, guardia civil, Salvatierra. Angel Prado Mella, guardia civil, Salvatierra. José Luis Vázquez Platas, guardia civil, Salvatierra. Carlos García Fernández, estanquero, Eibar. Lorenzo Motos Rodríguez, militar, San Sebastián. Jaime Arrese Arizmendirrieta, dirigente de UCD, Elgoibar. Felipe Extremiana Unanue, ex concejal de UCD, Amorebieta. Juan Manuel García Cordero, delegado de Telefónica, San Sebastián. Juan De Dios Doval Mateo, dirigente de UCD, San Sebastián. José María Pérez de Orueta, abogado, Hernani. Julio César Castrillejo Pérez, guardia civil, Zarautz. Modesto García Lorenzo, guardia civil, Zarautz. Miguel Lasa Arrubarrena, peluquero, Zarautz. Arturo López Hernández, guardia civil, Zarautz. Ángel Retamar Nogales, guardia civil, Zarautz. José Alberto Lisalde Ramos, policía nacional, Eibar. Sotero Mazo Figueras, peluquero, Eibar. Miguel Zunzunegui Arratibel, camionero, San Sebastián. Vicente Zorita Alonso, empleado, Santurtzi. Juan García León, guardia civil, Eibar. Aurelio Prieto Prieto, guardia civil, Ibarra. Carlos Fernández Valcárcel, policía nacional, Logroño. Miguel García Baraibar, policía municipal, San Sebastián. Joaquín Martínez Simón, industrial, Logroño. Miguel Ángel San Martín Fernández, comerciante, Logroño. José Javier Moreno Castro, policía nacional, Eibar. Florentino Lopetegui Barjacoba, marinero, asesinado por CAA, Orio. Francisco Pascual Andreu, guardia civil, asesinado por CAA, Orio. Elio López Camarón, mecánico, asesinado por CAA, Azkoitia. Julio Muñoz Grau, funcionario, asesinado por CAA, Azkoitia. Justino Guindos López, guardia civil retirado, asesinado por CAA, Azkoitia. Juan Carlos Fernández Azpiazu, hostelero, asesinado por CAA, San Sebastián. Ignacio Lasa Errezola, autónomo, asesinado por CAA, Azpeitia.

1981 Antonio Díaz García, hostelero, Rentería. José Luis Oliva Hernández, trabajador autónomo, Bilbao. Leopoldo García Martín, policía nacional, San Sebastián. José María Ryan Estrada, Ingeniero, Zaratamo. José Luis de Raymundo Moya, policía nacional, Bilbao. Ramón Romero Rotaeche, militar, Bilbao. José Luis Prieto Gracia, militar, Pamplona. Juan Costas Otamendi, Tolosa. Vicente Sánchez Vicente, policía nacional, Barakaldo. Francisco Francés Garzón, policía nacional, Bilbao. Luis Cadarso San Juan, guardia civil retirado, Basauri. Oswaldo José Rodriguez Fernández, militar, San Sebastián. Antonio Noguera García, militar, Madrid. Manuel Rodríguez Taboada, militar, Madrid. Guillermo Tevar Saco, militar, Madrid. José Olaya de la Flor, guardia civil, Lemoa. Manuel Sánchez Borrallo, guardia civil, Lemoa. Esteban Álvarez Merayo, policía nacional, San Sebastián. María José García Sánchez, policía nacional, Zarautz. Luis Parra Urbaneja, militar, Irún. Ignacio Ibarguchi Erostarbe, viajante, Tolosa. Juan Manuel Martínez Castaños, viajante, Tolosa. Pedro Martínez Castaños, viajante, Tolosa. Magin Fernández Ferrero, militar, Barakaldo. Luis Miranda Blanco, guardia civil, Lezo. Ovidio Ferreira Martín, quiosquero, Basauri. Joaquín Gorjón González, guardia civil jubilado, Basauri. Félix Galíndez Llano, trabajador, Amurrio. Santiago González de Paz, guardia civil, Santurtzi. Manuel Hernández Seisdedos, industrial, Getxo. José María Félix Latiegui Balmaseda, director de Moulinex, asesinado por CAA, Usurbil. Antonio Murillo Chacón, asesinado por CAA, Hernani.

1982 Benigno García Diaz, policía municipal, Ondarroa. Benjamin Fernández Fernández, guardia civil retirado, San Sebastián. José Fragoso Martín, guardia civil, Rentería. Modesto Martín Sánchez, guardia civil, Rentería. Cristina Mónica Illarramendi Ricci, camarera, Sestao. Agustín Martínez Pérez, policía nacional, Sestao. Alfonso Maside Bouzo, policía nacional, Sestao. Ramiro Carasa Pérez, médico, Andoain. Vicente García López, policía nacional, Pamplona. Pablo Fernández Rico, guardia civil, Ondarroa. Ángel Pascual Múgica, ingeniero de Lemoiz, Bilbao. Antonio Huegun Aguirre, taxista, Eibar. Luis Manuel Allende Porrua, odontólogo, Bilbao. Daniel Enríquez García, militar, Bilbao. Rafael Vega Gil, propietario de almacén, Santurtzi. José Luis Fernández Pernás, guardia civil, Pasaia. José Aybar Yáñez, policía municipal, Barakaldo. Juan Antonio García González, guardia civil, Burguete. Alberto López-Jaureguizar Poncela, apoderado de Tabacalera, Bilbao. Miguel Garrido Romero, guardia civil, Mungia. Vicente Gómez Duarte, guardia civil, Mungia. Antonio Cedillo Toscano, policía nacional, Rentería. Alfonso López Fernández, policía nacional, Rentería. Jesús Ordóñez Pérez, policía nacional, Rentería. Juan Seronero Sacristán, policía nacional, Rentería. Emilio Fernández Arias, militar, Erandio. José Giménez Mayoral, guardia civil retirado, Irún. Gregorio Hernández Corchete, calderero, Leitza. César Uceda Vera, militar, Bilbao. Domingo García González, hostelero, Getxo. Francisco González Ruiz, policía nacional, Vitoria. Víctor Lago Román, militar, Madrid. Carlos Manuel Patiño Casanova, comerciante, Rentería. Juan Ramón Joya Lago, guardiacivil, Tolosa. Juan Manuel García Mencía, guardia civil, Irún. Manuel López Fernández, guardia civil, Irún. Enrique Cuesta Jiménez, delegado Telefónica, asesinado por CAA, San Sebastián. Antonio Gómez García, policía nacional, asesinado por CAA, San Sebastián. Alberto Toca Echevarría, director de Asepeyo, asesinado por CAA, Pamplona.

1983 Miguel Mateo Pastor, guardia civil, Ordizia. Benicio Alonso Gómez, empleado de banca, Bilbao. Ramón Iturriondo García, empleado de banca, Bilbao. Aníbal Izquierdo Emperador, empleado de banca, Bilbao. Joaquina Patricia Llanillo Borbolla, ama de casa, Tolosa. Aniano Sutil Pelayo, policía nacional, San Sebastián. Pedro Barquero González, policía nacional, Bilbao. María Dolores Ledo García, ama de casa, Bilbao. Julio Segarra Blanco, policía nacional, Bilbao. Eduardo Vadillo Vadillo, Durango. Juan Maldonado Moreno, guardia civil, Pasaia. Jesús Blanco Cereceda, empleado del aeropuerto de Noain, Pamplona. Manuel Francisco García San Miguel, policía nacional, Sopelana. Ramiro Salazar Suero, empresario, Vitoria. Manuel Peronie Díez, policía municipal, Oiartzun. Arturo Quintanilla Salas, hostelero, Hernani. Pablo Sánchez César, policía nacional, San Sebastián. Manuel Benito José, policía nacional, Portugalete. Alberto Martín Barrios, militar, Bilbao. José Pulido Pavón, chatarrero, Hernani. Ángel Flores Jiménez, guardia civil, Rentería. Alfredo Jorge Suar Muro, médico, Puerto de Santa María. José Reyes Corchado Muñoz, guardia civil, Oñati. Cándido Cuña González, panadero, Rentería. Lorenzo Mendizabal Iturrarte, carnicero, Irún. Manuel Carrasco Merchán, obrero, Villabona. Ángel Martínez Trelles, representante de Comercio, Bilbao. Antonio De Vicente Comesaña, militar, Bermeo. José Antonio Julián Ballano, hostelero, Vitoria. Francisco Javier Collado Azurmendi, vendedor de coches, Zegama. Pablo Garraza García, taxista, Rentería. Eduardo Navarro Cañada, policía nacional, San Sebastián. Ramón Ezequiel Martínez García, policía nacional, asesinado por CAA, Bilbao. Antonio Conejo Salguero, guardia civil, asesinado por CAA, Pamplona. Fidel Lázaro Aparicio, guardia civil, asesinado por CAA, Pamplona. Emilio Juan Casanova López, policía nacional, asesinado por CAA, San Sebastián. Francisco Machio Martos, asesinado por CAA, Azpeitia. Rafael Gil Marín, guardia civil, asesinado por CAA, San Sebastián. Enrique Rúa Díaz, guardia civil, asesinado por CAA, San Sebastián. Francisco Arín Urquiola, directivo Irura, asesinado por CAA, Tolosa.

1984 Guillermo Quintana Lacaci, militar, Madrid. Miguel Francisco Solaún Angulo, ingeniero, Getxo. Pedro Ortíz de Urbina Garayalde, policía nacional, Vitoria. José Naranjo Martín, policía municipal, Elorrio. Bernardo Pérez Sobrino, policía nacional, Bilbao. José Verdú Ortíz, policía nacional, Galdakao. Jesús Alcocer Jiménez, militar, Pamplona. Tomás Palacín Pellejero, policía nacional, Pamplona. Juan José Visiedo Calero, policía nacional, Pamplona. Antonio Velasco Benito, guardia civil, Bilbao. Ángel Rodríguez Sánchez, propietario de un taller, Irún. Juan Flores Villar, militar, Hondarribia. Luis Ollo Ochoa, guardia civil, Pamplona. Diego Torrente Reverte, policía nacional, Pamplona. Ángel Zapatero Antolín, guardia civil, San Sebastián. Manuel Vicente González Vilorio, secretario municipal, Ispaster. Alberto Aznar Feix, militar retirado, Portugalete. Antonio Torrón Santamaría, guardia civil, Portugalete. Juan Rodríguez Rosales, policía municipal, Lekeitio. José María Martínez Martínez, comerciante, Trapagaran. Victoriano Collado Arribas, guardia civil, Elburgo. Agustín David Pascual Jove, guardia civil, Elburgo. José Luis Veiga Pérez, guardia civil, Elburgo. Vicente Gajate Martín, policía municipal, Rentería. Juan Sánchez Sierro, electricista, Zestoa. Joseph Couchot, industrial francés, Irún. Mohamed Hamed Abderrahaman, policía nacional, Irún. Luis Alberto Asensio Pereda, cocinero, Galdakao. Juan Enríquez Criado, militar, Galdakao. Francisco Javier Fernández de la Justicia, militar, Galdakao. Pedro García Suárez, hostelero, Bermeo. José Larrañaga Arenas, ex-jefe provincial del Movimiento de Guipúzcoa, Azkoitia. Enrique Casas Villa, senador PSOE, asesinado por CAA, San Sebastián.

1985 Agapito Sánchez Angulo, peluquero, Portugalete. Ricardo Tejero Magro, director del Banco Central, Madrid. Angel Facal Soto, empresario, Pasaia. Carlos Díaz Arcocha, jefe de la Ertzaintza y militar, Vitoria. Jesús Ildefonso García Vadillo, analista químico, Galdakao. Máximo Antonio García Kreinle, policía nacional, San Sebastián. Luis Navarro Izquierdo, policía nacional, Basauri. Juan José Uriarte Orúe, taxista, Bermeo. Máximo Díaz Bardera, policía nacional, San Sebastián. Francisco Rivas López, policía nacional, San Sebastián. Moisés Herrero Luengo, policía nacional, Getxo. Alfredo Aguirre Belascoain, estudiante, Pamplona. José Martínez Parens, empleado, Markina. Francisco Miguel Sánchez, policía nacional, Pamplona. Esteban Del Amo García, policía nacional, Madrid. Juan García Jiménez, conductor, Madrid. José Millarengo De Bernardo, militar, Portugalete. Vicente Romero González-Calatayud, militar, Madrid. Eugenio Recio García, guardia civil, Santurtzi. Ignacio Montes Abal, marinero, Lekeitio. Estanislao Galíndez Llano, cartero, Amurrio. Juan Merino Antúnez, guardia civil, San Sebastián. Antonio Jesús Trujillo Comino, guardia civil, San Sebastián. Fausto Escrigás Estrada, militar, Madrid. Agustín Ruiz Fernández De Retana, policía nacional, Vitoria. Fernando Amor Calvo, guardia civil, Vitoria. José Exposito Afán, guardia civil retirado, Elgoibar. Eugene Kent Brown, directivo de empresa. Madrid. Clement Perret, industrial francés, Castellón. Félix Gallego Salmón, policía nacional, Vitoria. Isidoro Díez Ratón, guardia civil, Pasaia. Juan Manuel Ibarzabal Duque, militar, San Sebastián. Rafael Melchor García, militar, San Sebastián. José Herrero Quiles, guardia civil retirado, Lasarte. Mario Manuel Leal Baquero, guardia civil, Mondragón. Juan Atares Peña, guardia civil, Pamplona. Alejandro Saenz Sánchez, guardia civil retirado, Lasarte.

1986 Cristóbal Colón de Carbajal Maroto, militar, Madrid. Manuel Trigo Muñoz, funcionario, Madrid. José Antonio Álvarez Díez, policía nacional, San Sebastián. José Ignacio Aguirrezabalaga de la Granja, camarero, Zumaia. Alberto Alonso Gómez, guardia civil, Madrid. Juan José Catón Vázquez, guardia civil, Madrid. Vicente Javier Domínguez González, guardia civil, Madrid. Juan Carlos González Rentero, guardia civil, Madrid. Juan Mateos Pulido, guardia civil, Madrid. Enrique Moreno Arguilea, jubilado, San Sebastián. Manuel Fuentes Pedreira, policía nacional, Bilbao. Juan Caballero Porral, San Sebastián. Antonio Ramos Ramírez, guardia civil, Mondragón. Francisco Casillas Martín, militar, Madrid. Ricardo Sáenz de Inestrillas Martínez, militar, Madrid. Carlos Vesteiro Pérez, militar, Madrid. Carlos José Marrero Sanabria, guardia civil, Zarautz. Francisco Muriel Muñoz, guardia civil, Zarautz. Carmelo Bella Álamo, guardia civil, Madrid. Juan Ignacio Calvo Guerrero, guardia civil, Madrid. José Calvo Gutiérrez, guardia civil, Madrid. Miguel Ángel Cornejo Ros, guardia civil, Madrid. Javier Esteban Plaza, guardia civil, Madrid. Andrés Fernández Pertierra, guardia civil, Madrid. Jesús María Freixes Montes, guardia civil, Madrid. José Joaquín García Ruiz, guardia civil, Madrid. Jesús Giménez Gimeno, guardia civil, Madrid. Ángel de la Higuera López, guardia civil, Madrid. Santiago Iglesias Godino, guardia civil, Madrid. Antonio Lancharro Reyes, guardia civil, Madrid. Adrián González Revilla, guardia civil,Aretxabaleta. Ignacio Mateu Isturiz, guardia civil, Aretxabaleta. José María Picatoste González de Chavarri, militar, Vitoria. María Dolores González Catarain, ‘Yoyes’, Ordizia. Ángel Barceló Naranjo, Barcelona. Ángel González Pozo, policía nacional, Barcelona. Rafael Garrido Gil, gobernador militar de Guipúzcoa, San Sebastián. Daniel Garrido Velasco, estudiante, San Sebastián. María José Teixeira Gonçalves, ama de casa, San Sebastián. Daniela Velasco Martínez de Vidaurreta, ama de casa, San Sebastián. Julio Sánchez Rodríguez, policía nacional, Bilbao. Genaro García de Andoain Larrinaga, delegado general de la Ertzaintza, Vitoria. Francisco Royo Giménez, vigilante jurado, Barcelona. José Antonio Peña Medina, guardia civil, Oiartzun.

1987 José Angel Ramos Saavedra, militar, Zaragoza. Manuel Rivera Sánchez, militar, Zaragoza. María Luisa Sánchez Ortega, limpiadora, Bilbao. Antonio González Herrera, guardia civil, Barcelona. Juan Fructuoso Gómez, mecánico, Barcelona. Félix Peña Mazagatos, Portugalete. María Teresa Torrano Francia, Portugalete. Carmen Pascual Carrillo, ama de casa, Madrid. Milagros Amez Franco, Barcelona. María Rosa Baldellou Mestre, Barcelona. Sonia Cabrerizo Mármol, estudiante, Barcelona. Susana Cabrerizo Mármol, estudiante, Barcelona. Felipe Caparrós Ubierna, Barcelona. Teresa Daza Cecilia, Barcelona. María Paz Diéguez Fernández, Barcelona. María Emilia Eyre Diéguez, Barcelona. Mercedes Manzanares Servitja, Barcelona. María del Carmen Mármol Cubillo, ama de casa, Barcelona. Matilde Martínez Domínguez, Barcelona. Rafael Morales Ocaña, Barcelona. Mercedes Moreno Moreno, Barcelona. Consuelo Ortega Pérez, Barcelona. Luisa Ramírez Calanda, Barcelona. Luis Enrique Salto Viñuales, empleado de Hipercor, Barcelona. Bárbara Serret Cervantes, Barcelona. José Valero Sánchez, Barcelona. Xavier Valls Bauza, profesor universitario, Barcelona. Jordi Vicente Manzanares, estudiante, Barcelona. Silvia Vicente Manzanares, estudiante, Barcelona. Pedro Galnares Barrera, guardia civil, Oñati. Antonio Ángel López Martínez Colmenero, guardia civil, Oñati. Antonio Ligero Hec, policía nacional, Vitoria. Rafael Mucientes Sanz, policía nacional, Vitoria. Cristóbal Martín Luengo, guardia civil, Bilbao. Manuel Avial García, guardia civil, Gernika. Federico Carro Jiménez, guardia civil, Gernika. Vicente Montova Salazar, policía nacional, Barakaldo. Wenceslao Maya Vázquez, policía nacional, San Sebastián. María Cruz Yoldi Orradre, quiosquera, Pamplona. Antonio Mateo Melero, guardia civil, Ordizia. Pedro Ángel Alcazaz Martos, estudiante, Zaragoza. José Ignacio Ballarín Cazaña, guardia civil, Zaragoza. Silvia Ballarín Gay, estudiante, Zaragoza. Esther Barrera Alcaraz, Zaragoza. Miriam Barrera Alcaraz, Zaragoza. Rocío Capilla Franco, estudiante, Zaragoza. Emilio Capilla Tocado, guardia civil, Zaragoza. María Carmen Fernández Muñoz, Zaragoza. María Dolores Franco Muñoz, ama de Casa, Zaragoza. José Gómez Solís, guardia civil, Soraluze. José Pino Arriero, guardia civil, Zaragoza. Silvia Pino Fernández, estudiante, Zaragoza.

1988 Pedro Ballesteros Rodríguez, guardia civil, Durango. Luis Azcarraga Pérez-Caballero, militar, Salvatierra. Francisco Espina Vargas, policía nacional, Vitoria. Antonio Gómez Osuna, policía nacional, Vitoria. Sebastián Aizpiri Leyaristi, hostelero, Eibar. Francisco Javier Zabaleta Azpitarte, hostelero, Elgoibar. Antonio Fernández Álvarez, guardia civil, Estella. José Antonio Ferri Pérez, guardia civil, Estella. Pedro Antonio Fonte Salido, policía nacional, Izurza. Martín Martínez Velasco, policía nacional, Izurza. José Luis Barrios Capetillo, hostelero, Santurtzi. Francisco Herrera Jiménez, empleado de seguridad, Barakaldo. Ramón Bañuelos Echevarría, Bilbao. Julio Gangoso Otero, guardia civil, Pamplona. Juan José Pacheco Cano, ertzaina, Legazpi. Cristóbal Díaz García, policía nacional, Bilbao. Jaime Bilbao Iglesias, Empleado de TVE, Madrid. Luis Delgado Villalonga, estudiante, Madrid. José Aldaolea Abaitua, sacristán, Eibar. José Antonio Barrado Recio, policía nacional, Eibar. Engraciano González Macho, hostelero, Zarautz.

1989 José Calvo De La Hoz, guardia civil, Getxo. Juan Bautista Castellanos Martín, militar, Bilbao. Juan Antonio García Andrés, policía nacional, Alcalá de Henares. José Montes Gila, policía nacional, Alcalá de Henares. Luis Hortelano García, ertzaina, Bilbao. Manuel Jodar Cabrera, policía nacional, Bilbao. José María Sánchez García, policía nacional, Bilbao. Gregorio Caño García, conductor, San Sebastián. Ignacio Barangua Arbues, militar, Madrid. José Martín- Posadillo Muñiz, militar, Madrid. Conrada Muñoz Herrera, ama de casa, Montillana. Luis Reina Mesonero, pescadero, Bilbao. Carmen Tagle González, fiscal de la Audiencia Nacional, Madrid. José Antonio Cardosa Morales, cartero, Rentería. Juan Pedro González Manzano, policía nacional, Irún. José Ángel Álvarez Suárez, policía nacional, San Sebastián. Eladio Rodríguez García, policía nacional, Getxo. Ignacio Bañuelos Laso, vendedor ambulante, Bilbao. José Martínez Moreno, militar, Madrid.

1990 Ignacio Pérez Álvarez, policía nacional,Galdakao. Aureliano Rodríguez Arenas, militar retirado, San Sebastián. Ángel Jesús Mota Iglesias, funcionario de Prisiones, San Sebastián. Benjamín Quintano Carrero, guardia civil, Pasaia. Elena María Moreno Jiménez, San Sebastián. Miguel Paredes García, San Sebastián. Virgilio Donascimento Afonso, San Sebastián. Francisco Almagro Carmona, ex-policía, Pamplona. Rafael San Sebastián Flechoso, trabajador de Iberduero, Getxo. José Lasanta Martínez, militar jubilado, San Sebastián. José Luis Hervás Mañas, guardia civil, Lumbier. Ignacio Urrutia Bilbao, militar jubilado, San Sebastián. José Manuel Alba Morales, guardia civil, Bilbao. Luis Alberto Sánchez García, Bilbao. Carlos Arberas Arroyo, hostelero, Plentzia. José Francisco Hernández Herrera, policía nacional, Bilbao. Daniel López Tizón, policía nacional, Bilbao. Ramón Díaz García, policía nacional, Sabadell. Juan José Escudero Ruiz, policía nacional, Sabadell. Juan Gómez Salazar, policía nacional, Sabadell. Eduardo Hidalgo Carzo, policía nacional, Sabadell. Miguel Marcos Martínez, policía nacional, Sabadell. Francisco Pérez Pérez, policía nacional, Sabadell. Vicente López Jiménez, vendedor de Prensa, San Sebastián. Luis Alfredo Achurra Cianca, policía nacional, Amorebieta.

1991 Luis García Lozano, gobernador militar de Guipuzcoa, San Sebastián. Isidro Jiménez Dual, vendedor ambulante, Bilbao. Francisco Díaz de Cerio Gómez, guardia civil retirado, Bilbao. José Edmundo Casañ Pérez-Serrano, subdelegado de Ferrovial, Valencia. Luis Arago Guillén, guardia civil, San Sebastián. Manuel Echevarría Echevarría, vendedor ambulante, Bilbao. José Manuel Cruz Martín, policía nacional, Barakaldo. María del Coro Villamudria Sánchez, estudiante, San Sebastián. Francisco Robles Fuentes, guardia civil, Pasaia. Francisco Älvarez Gómez, guardia civil, Ortuella. Juan Chincoa Ales, guardia civil, Vic. Francisco Cipriano Díaz Sánchez, estudiante, Vic. Maudilia Duque Durán, ama de Casa, Vic. Ramón Mayo García, policía municipal, Vic. Ana Cristina Porras López, estudiante, Vic. Pilar Quesada Araque, estudiante, Vic. Nuria Ribo Parera, ama de Casa, Vic. Rosa María Rosa Muñoz, estudiante, Vic. Vanesa Ruiz Lara, estudiante, Vic. Juan Salas Piris, guardia civil, Vic. Enrique Aguilar Prieto, militar, Madrid. Raúl Suárez Fernández, Rentería. Valentín Martín Sánchez, policía nacional, Madrid. Andrés Muñoz Pérez, policía nacional, Madrid. Ricardo Couso Ríos, guardia civil, Trapagaran. Donato Calzado García, Sevilla. Raimundo Pérez Crespo, Sevilla. Manuel Pérez Ortega, funcionario de Prisiones, Sevilla. Jesús Sánchez Lozano, Sevilla. Luis Claraco López, policía nacional, Madrid. Pedro Domínguez Pérez, policía nacional, Madrid. José Luis Jiménez Barrero, policía nacional, Madrid. Carlos Pérez Dacosta, guardia civil, Getxo. Francisco Gil Mondoza, Irún. Alfonso Menchaca Lejona, ertzaina, Bilbao. Francisco Cebrián Cabezas, conductor, Mutxamel. José Luis Jiménez Vargas, policía municipal, Mutxamel. Víctor Puertas Viera, policía municipal, Mutxamel. Francisco Carballar Muñoz, militar, Madrid. Eduardo Sobrino González, guardia civil, San Sebastián. Juan Carlos Trujilo García, guardia civil, San Sebastián. Fabio Moreno Asla, estudiante, Erandio. Pedro Carbonero Fernández, guardia civil, Galdakao. José Javier Urritegui Aramburu, hostelero, San Sebastián. Francisco Javier Delgado González-Navarro, policía nacional, Barcelona. José Angel Garrido Martínez, policía nacional, Barcelona.

1992 Arturo Anguera Vallés, militar, Barcelona. José Ansean Castro, policía nacional, Bilbao. Manuel Broseta Pont, catedrático, Valencia. Virgilio Más Navarro, militar, Barcelona. Juan Antonio Querol Queralt, militar, Barcelona. Francisco Carrillo García, militar, Madrid. Ramón Carlos Navía Refojo, militar, Madrid. Juan Antonio Núñez Sánchez, militar, Madrid. Antonio Ricote Castillo, radiotelegrafista, Madrid. Emilio Tejedor Fuentes, militar, Madrid. Ángel García Rabadán, policía nacional, Murcia. Eutimio Gómez Gómez, celador, Santander. Antonio Ricondo Somoza, estudiante, Santander. Julia Ríos Rioz, panadera, Santander. José San Martín Bretón, guardia civil, Getxo. Enrique Martínez Hernández, guardia civil, lliçà D’amunt. Antonio José Martos Martínez, albañil, Sant Quirze del Vallès. Juan José Carrasco Guerrero, economista, Madrid. Aquilino Joaquín Vasco Álvarez, militar retirado, Madrid. Juan Manuel Hélices Patino, policía nacional, Irún. José Manuel Fernández Lozano, guardia civil, Oiartzun. Juan Manuel Martínez Gil, guardia civil, Oiartzun. Antonio Heredero Gil, militar, Salamanca. Ricardo González Colino, policía nacional, San Sebastián. José Luis Luengos Martínez, trabajador, Rentería. Miguel Miranda Puertas, guardia civil, Madrid.

1993 José Antonio Santamaría Vaqueriza, hostelero, San Sebastián. José Ramón Domínguez Burillo, funcionario de Prisiones, San Sebastián. Emilio Castillo López de la Franca, guardia civil, San Sebastián. Ángel María González Sabino, San Sebastián. Javier Baró Díaz de Figueroa, militar, Madrid. Manuel Calvo Alonso, militar, Madrid. José Alberto Carretero Sogel, militar, Madrid. Fidel Dávila Garijo, militar, Madrid. Domingo Olivo Esparza, militar, Madrid. Pedro Robles López, funcionario, Madrid. Juan Romero Álvarez, militar, Madrid. Juvenal Villafañe García, guardia civil jubilado, Andoain. Dionisio Herrero Albiñana, militar, Madrid. Joseba Goikoetxea Asla, ertzaina, Bilbao.

1994 Leopoldo García Campos, militar, Barcelona. Fernando Jiménez Pascual, guardia civil, Bilbao. Vicente Beti Montesinos, empleado, Barcelona. José Benigno Villalobos Blanco, guardia civil, Trapagaran. Miguel Peralta Utrera, militar, Madrid. Juan José Hernández Rovira, militar, Madrid. José Manuel Olarte Urreizti, empresario, San Sebastián. César García Contonente, tramoyista, Madrid. Joaquín Martín Moya, conductor, Madrid. Francisco Veguillas Elices, militar, Madrid. José Santana Ramos, policía nacional, Berango. Alfonso Morcillo Calero, policía municipal, Lasarte.

1995 Rafael Leyva Loro, policía nacional, Bilbao. Gregorio Ordóñez Fenollar, presidente del PP de Guipúzcoa, San Sebastián. Mariano De Juan Santamaría, militar, San Sebastián. Margarita González Mansilla, ama de Casa, Madrid. Eduardo López Moreno, policía nacional, Bera. Enrique Nieto Viyella, policía nacional, San Sebastián. Jesús Rebollo García, policía municipal, Madrid. Manuel Carrasco Almansa, funcionario, Madrid. Santiago Esteban Junquer, auxiliar de la Armada, Madrid. José Ramón Intriago Esteban, chapista, Madrid. Florentino López del Castillo, conductor, Madrid. Félix Ramos Bailón, funcionario, Madrid. Martín Rosa Valera, conductor, Madrid. Josefina Corresa Huerta, auxiliar de Clínica, Valencia. Luciano Cortizo Alonso, militar, León.

1996 Fernando Múgica Herzog, abogado, San Sebastián. Francisco Tomás y Valiente, ex presidente del Tribunal Constitucional, Madrid. Ramón Doral Trabadelo, ertzaina, Irún. Miguel Ángel Ayllón Díaz-González, militar, Córdoba. Isidro Usabiaga Esnaola, empresario, Ordizia. 
1997 Jesús Agustín Cuesta Abril, militar, Madrid. Eugenio Olaciregi Borda, empleado, San Sebastián. Rafael Martínez Emperador, magistrado, Madrid. Domingo Puente Marín, peluquero, Granada. Francisco Arratibel Fuentes, empresario, Tolosa. Modesto Rico Pasarín, policía nacional, Bilbao. Francisco Javier Gómez Elosegi, psicólogo, San Sebastián. Luis Andrés Samperio Sañudo, policía nacional, Bilbao. José Manuel García Fernández, guardia civil, Zierbena. Miguel Ángel Blanco Garrido, concejal del PP, Ermua. Daniel Villar Encisco, policía nacional, Basauri. José María Agirre Larraona, ertzaina, Bilbao. José Luis Caso Cortines, concejal del PP, Irún.

1998 José Ignacio Iruretagoiena Larrañaga, concejal del PP, Zarautz. Ascensión García Ortíz, procuradora, Sevilla. Alberto Jimenez-Becerril Barrio, concejal del PP, Sevilla. Tomás Caballero Pastor, concejal de UPN, Pamplona. Alfonso Parada Ulloa, guardia civil retirado, Vitoria. Manuel Francisco Zamarreño Villoria, concejal del PP, Rentería.

2000 Pedro Antonio Blanco García, militar, Madrid. Fernando Buesa Blanco, dirigente del PSE, Vitoria. Jorge Díez Elorza, ertzaina, Vitoria. José Luis López de la Calle, periodista, Andoain. Jesús Pedrosa Urquiza, concejal del PP, Durango. José María Martín Carpena, concejal del PP, Málaga. Juan María Jauregi Apalategi, ex gobernador civil de Guipúzcoa, Tolosa. José María Korta Uranga, empresario, Zumaia. Francisco Casanova Vicente, militar, Berriozar. Irene Fernández Perera, guardia civil, Sallent de Gállego. José Angel de Jesús Encinas, guardia civil, Sallent de Gállego. Manuel Indiano Azaustre, concejal del PP, Zumarraga. José Luis Ruiz Casado, concejal del PP, Sant Adrià de Besòs. Luis Portero García, fiscal, Granada. Antonio Emilio Muñoz Cariñanos, militar, Sevilla. Máximo Casado Carrera, funcionario de prisiones, Vitoria. Jesús Escudero García, policía nacional, Madrid. Armando Medina Sánchez, conductor, Madrid. José Francisco Querol Lombardero, magistrado, Madrid. Jesús Sánchez Martínez, conductor, Madrid. Ernest Lluch Martín, ex ministro del PSOE, Barcelona. Francisco Cano Consuegra, concejal del PP, Terrassa. Juan Miguel Gervilla Valladolid, policía municipal, Barcelona.

2001 Ramón Díaz García, cocinero, San Sebastián. Josu Leonet Azkune, empleado, San Sebastián. José Ángel Santos Laranga, empleado, San Sebastián. Ignacio Totorika Vega, ertzaina, Hernani. Santos Santamaría Avendaño, Mosso D´esquadra, Roses. Froilán Elespe Inciarte, concejal del PSE, Lasarte. Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, Zaragoza. Santiago Oleaga Elejabarrieta, director financiero de ‘Diario Vasco’, San Sebastián. Justo Oreja Pedraza, militar, Madrid. Luis Ortiz de la Rosa, policía nacional, Madrid. José Javier Múgica Astibia, concejal de UPN, Leitza. Mikel María Uribe Aurkia, ertzaina, Leaburu. José María Lidón Corbi, magistrado, Getxo. Ana Isabel Arostegi Legarreta, ertzaina, Beasain. Javier Mijangos Martínez de Bujo, ertzaina, Beasain.

2002 Juan Priede Pérez, concejal del PSE, Orio. Cecilio Gallego Alaminos, empleado, Santa Pola. Silvia Martínez Santiago, estudiante, Santa Pola. Juan Carlos Beiro Montes, guardia civil, Leitza. Antonio Molina Martín, guardia civil, Collado Villalba.

2003 Joseba Pagazaurtundua Ruiz, policía municipal, Andoain. Bonifacio Martín Hernando, policía nacional, Sangüesa. Julián Embit Luna, policía nacional, Sangüesa.

2006 Carlos Alonso Palate, empleado colombiano, T4 Barajas. Diego Armando Estacio, empleado colombiano, T4 Barajas.

2007 Raúl Centeno Bayón, guardia civil, Capbreton. Fernando Trapero Blázquez, guardia civil, Capbreton.

2008 Juan Manuel Piñuel Villalón, guardia civil, Legutiano. Luis Conde de la Cruz, brigada del ejército, Santoña. Ignacio Uria Mendizabal, empresario, Azpeitia. Isaías Carrasco, concejal socialista, Mondragón.

2009 Eduardo Antonio Puelles García, inspector jefe policía nacional, Arrigorriaga. Carlos Saenz de Tejada y Diego Salvá Lezaun, guardias civiles, Palmanova.

2010 Jean-Serge Nérin, gendarme francés, Melun.

Si bien se fijan da para un montón de txistes.

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Otro ‘manikkalingam’

Hoy, en mi columna de El Mundo

El PP ha calificado justamente la foto en la que posan juntos el PNV, el PSE, EH Bildu, Podemos, los sindicatos abertzales y el secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, como “la foto de la vergüenza”. Que cuatro fuerzas que suman 66 de los 75 escaños del Parlamento vasco se hayan sentido mejor acompañados en la foto por Arnaldo Otegi que por los populares vascos, es toda una declaración de intenciones y un manifiesto moral.

No hace falta preguntarse por lo que pasa en la clase política vasca. Está en ese documento aprobado por el 88% de sus representantes. Sin embargo, sí cabe plantearse qué ocurre en el interior del PSE, para que su magra representación parlamentaria, la más baja desde que existe el Parlamento vasco esté en el grupo absolutamente mayoritario que apoya el paripé que está representando ETA con el desarme. Pero qué necesidad había. Y qué falta de convicción cuando a la foto de la vergüenza mandan a Rafaela Romero en lugar de Idoia Mendia.

Pastor ha matizado el entusiasmo inicial para advertir campanudamente “que no esperen un aplauso el sábado. La que ha sido determinante para el final del terrorismo ha sido la sociedad civil y los que han resistido, no los que vienen ahora a echar el cerrojo”. No había razón para que esperasen ese aplauso en Bayona el sábado: lo habían recibido el miércoles en Bilbao y el jueves en el Parlamento vasco. El final del terrorismo, lo dijo Txema Montero, un conocedor, no es obra de la sociedad civil, sino de la guardia, la Guardia Civil. La sociedad vasca se ha conformado con arrastrar su enfermedad moral a lo largo de todos estos años. Hoy está adecuadamente representada por los 65 parlamentarios (faltó uno) que se dirigen a la banda terrorista “para instarle”, como se insta a un Gobierno, a un poder fáctico.

Impresiona que los acordantes prefieran la compañía de Otegi a la de, pongamos por caso, Alfonso Alonso. En agosto de 1998, el PNV y EA firmaron un acuerdo con la propia ETA, en la que la banda terrorista les impuso una obligación: “EA y EAJ-PNV asumen el compromiso de romper con los partidos (PP y PSOE) que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria”. Quedan muy lejos los tiempos en que el socialista Javier Rojo dijo en un debate electoral: “En los campos nazis no se preguntaba a ningún judío si era de derechas o de izquierdas”.

El sábado vamos a asistir a la continuación del simulacro de desarme de 2014, aquel ridículo de los verificadores internacionales. Los artesanos de la paz se van a hacer otro manikkalingam, ETA ha anunciado que no podrá entregar todas las armas y no va a entregar con toda seguridad ninguna que pueda ser investigada para esclarecer el 38% de los asesinatos cometidos por la banda que están pendientes.

Los socialistas se han perdido en el laberinto vasco, mientras el PNV toma precauciones por si acaso y Jonan expresa dudas. Si quieren encontrar el camino deberían usar como GPS el manifiesto dado a conocer ayer en el Hotel Londres de San Sebastián, pero no creo que lo hagan.

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Minority Report

Minority Report

(Comentario en Herrera en COPE, ayer, 4/4 a las 8:15)

El presidente de la Comunidad murciana vive momentos complicados en su situación procesal. El juez Eloy Velasco ha pedido al Tribunal Superior de Justicia de Murcia investigar a Pedro Antonio Sánchez por los presuntos delitos de cohecho, fraude y revelación de información.

El futuro ya está aquí, tal como lo adelantaba una película de Steven Spielberg de hace unos años. Se titulaba ‘Minority Report’ y en ella Tom Cruise se encargaba de reprimir los delitos antes de que se cometieran. El juez Velasco hace lo propio antes sin necesidad de que se hubiera formalizado un contrato para delinquir ni se hiciera pago alguno. Razona el juez que si tal se hubiera hecho habría añadido otro delito más: el de malversación. La Audiencia ha actuado antes de que el pecado de pensamiento se haya convertido en pecado de palabra y obra.

No pondría yo la mano en el fuego por Sánchez, pero habría preferido que el ansia viva de Ciudadanos y el PSOE hubiese esperado a que el tribunal lo procesara, tal como ellos mismos habían pactado en su compromiso para hacer presidente al socialista Pedro Sánchez o la calma que observan ante la imputación del alcalde de Granada o lo que establece la ley Anticorrupción que Ciudadanos hizo aprobar en febrero. No había motivo para las prisas, pero el futuro ya está aquí, y la presunción de inocencia es asunto del pasado.

La huerta murciana

(Comentario en Herrera en COPE, hoy, 5/5, a las 8:15)

Pedro Antonio Sánchez no estaba en este mundo si creía que su partido iba a sostener sus razones y su presidencia en la Comunidad Autónoma de Murcia. No conocía a su partido, ni la lógica de funcionamiento que es común a todos ellos. Al oír ayer a Martínez Maíllo, llegado a Murcia para la representación, era de pensar que le ha cogido gusto a las lentejas y llegada la hora, ha preferido dejar caer a Sánchez a perder el Gobierno de la Comunidad.

Ciudadanos ha tenido que acreditar que estaba dispuesto a apoyar un Gobierno alternativo, porque la única esperanza de Sánchez era creer que los naranjitos no se atreverían a apoyar un tripartito con el PSOE y Podemos para toda la legislatura, caída ya la condición de que fuera únicamente para convocar otras elecciones.

El juez Eloy Velasco está haciendo historia del Derecho con su pretensión de atajar el delito en el momento mismo en que se está incubando, a nivel de pensamiento, antes de que se materialice en actos. Albert Rivera tiene tales prisas por imponer la regeneración que no ha podido esperar, no ya a una sentencia condenatoria, ni siquiera a un procesamiento.

La regeneración era solo postureo y oportunismo, que se ha contentado con la decapitación simbólica de Pedro Antonio Sánchez. No se entiende que su predisposición al delito que conoce el juez Velasco y conviene al ciudadano Rivera lo inhabilite para ser presidente de la Comunidad, pero le permita ser diputado regional y Albert Rivera lo acepte como socio en tanto que presidente del Partido Popular en Murcia. Es lo que hay, así está el patio.

 

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Un manifiesto por el fin de ETA sin impunidad

 

Me envía amablemente la remera Pussycat un  excelente manifiesto promovido  por Fernando Savater, Joseba Arregi, Maite Pagazaurtindua, Teo Uriarte, Consuelo Ordóñez y Luis Castells. No puede ser más oportuno en un momento en que se tiene embobada a la opinión pública con el desarme y sus martingalas. Aquí lo tienen. Léanlo y suscríbanlo después.

Manifiesto

El 23 de noviembre de 2010 las asociaciones de víctimas suscribieron un documento en el que pusieron las bases de un modelo de fin de ETA sin impunidad. Como dijeron entonces, está en juego la fijación o no de los principios de la Verdad, la Memoria, la Justicia y la Dignidad de las víctimas de ETA, tanto de los asesinados, como de los heridos y los familiares de todos ellos, también de los extorsionados, secuestrados y amenazados por la violencia de persecución. Y del conjunto de la sociedad en cuanto que toda ella se ha visto afectada por el fanatismo identitario de ETA.

Nuestra sociedad no debería olvidar que en un Estado de Derecho el derecho a la justicia real no es negociable, ni relativo. El fin de ETA debe ser manejado desde los principios que inspiran el Estado de Derecho. Hoy, el anuncio por parte de la banda terrorista ETA de una entrega de armas mediática y propagandística — con una inequívoca connotación de autoblanqueo— requiere de una respuesta clara y determinada. Por un modelo de fin de ETA sin impunidad. Con ley y justicia.

No al proyecto político de ETA

Los fanáticos de la identidad nacionalista han buscado a lo largo de varias décadas destruir la pluralidad de la sociedad vasca y navarra para el cumplimiento de su delirio. Se han valido para ello de poderosos mecanismos de control comunitario, desde el amedrentamiento a la propaganda en sus múltiples formas.

Por ello, el futuro de la sociedad vasca y navarra no puede escribirse en la estela del miedo y la autocensura generados por ETA, aunque su acción terrorista haya dejado de amenazarnos. Si así ocurre, no habrá verdad en la memoria, ni dignidad, ni justicia para sus víctimas; porque las víctimas fueron asesinadas, heridas, secuestradas, extorsionadas, vejadas o amenazadas con el objetivo de conseguir la instauración del proyecto político de ETA y anular otras ideologías.

Sí a la justicia, no a la impunidad

En un modelo de fin de ETA que llegue a tolerar diversos grados de impunidad, el pretendido apoyo a las víctimas del terrorismo se convertirá en un cruel sarcasmo, por mucho que lleguen a instalarse en los medios fórmulas retóricas eufemísticas tendentes a enmascararlo. Existe en una parte de la opinión pública española la tentación de pedir “generosidad” a las víctimas del terrorismo, obviando que ello implica la renuncia a legítimas reclamaciones, entre ellas la reivindicación de justicia, que es a su vez un componente de la reparación. Esta demanda es un chantaje moral, que es un tipo de microviolencia tremendamente dañino.

Sí a la verdad, no a la falsificación de la historia

Lo primero que se debe exigir a la organización terrorista, y a su trama política, es la condena de la historia de terror de ETA, de toda su historia, para garantizar que no nos encontramos con una de sus habituales jugadas puramente tácticas. De no hacerse así, uno de sus objetivos clave para el futuro será seguir utilizando su depurada capacidad propagandística para establecer que esa historia del terror ha sido una historia legítima, un sacrificio heroico por la patria; lo que añade a la impostura y la tergiversación de la verdad el escarnio a tantas familias rotas como consecuencia del empeño de llevar a cabo su proyecto totalitario. Si los responsables del daño causado no asumen su responsabilidad y no repudian la historia del terror contribuirán a relativizar nuestra memoria y verdad, como si esta fuera una versión más a añadir a un muestrario de relatos equivalentes.

Es preciso evitar el establecimiento de un nuevo gran tabú comunitario: el de la repugnancia a escuchar la verdad del horror y sus ramificaciones en forma de violencia de persecución, extorsión o la experiencia traumática de los miles de niños que crecieron con un silencio obligado por la amenaza de muerte de sus padres.

La política penitenciaria no debe convertirse en una política de gracia

Una política penitenciaria que llegue a basarse en la excarcelación anticipada de presos juzgados y sentenciados, enmascarándolo en una aplicación laxa de la progresión de grados u otras medidas similares, supondría una forma de impunidad. Firmar interesadamente, a cambio de una recompensa, una petición de perdón, reconocer el daño personal causado o asumir el pago de indemnizaciones pendientes que nunca se efectuará, es un fraude. Es precisa la colaboración con las autoridades en el esclarecimiento de cientos de crímenes sin resolver, tal y como indica la ley. El requisito de la colaboración es el único que beneficia a las víctimas y que prueba el arrepentimiento real de los criminales. La reinserción es un objetivo deseable pero conlleva un arrepentimiento cabal respecto al pasado criminal, el único medio capaz de romper la identidad entre el asesinato (el acto) y el victimario (la persona).

Por un final de ETA basado en la dignidad

Los ciudadanos y los gobiernos no han de perder la brújula moral ni política, ni sobre ETA, ni sobre el Estado de Derecho. Un final de ETA que se sostenga sobre la dignidad de sus víctimas es la deuda contraída por el Estado de Derecho y que el Gobierno debe defender. Cuando se ha aplicado el Estado de Derecho, sin trampas ni atajos, es cuando se ha conseguido el mayor debilitamiento de ETA, culpable de la mayor conculcación de derechos humanos habida en la historia reciente de España. Un final basado en la dignidad de los acosados y asesinados es aquel que se construye sobre la verdad, la memoria, la justicia y la reparación. La deslegitimación del lenguaje de ETA es, simultáneamente, una condición inexcusable para afrontar otra cuestión pendiente: El miedo y el desistimiento de una parte de la sociedad durante los años del terror.

Para adherirse al manifiesto escribir a: balmaseda.javier@icloud.com

 

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Los txistes de Kassandra

 

Ante problema tan principal como el que plantea a la democracia española la condena de Cassandra Vera debo hacer una declaración de principios. Yo celebré el asesinato de Carrero Blanco y antes el de Melitón Manzanas. Uno era la mano derecha del dictador; el otro, un policía torturador, a algunas de cuyas víctimas tuve ocasión de conocer y apreciar. Mi celebración de ambos atentados se debió a mi imbecilidad. Yo era un estúpido políticamente hablando, y también en el plano moral.

¿Cómo pude tomar a una banda terrorista por alguien de los míos? He aquí un problema de la izquierda respecto a ETA, la creencia de que algunas de sus acciones estaban justificadas, que en parte sí eran de los nuestros, que parte de sus víctimas estaban bien asesinadas. Como si una víctima, para serlo, debiera ser moralmente idónea y no fuera el odio criminal de los victimarios lo que la señala como tal.

Hace años, en una manifestación contra ETA en San Sebastián, se puso a disposición de los manifestantes carteles en cada uno de los cuales figuraba el nombre de una víctima. Nadie quiso coger los carteles con el nombre de Carrero o Manzanas. La izquierda y una buena parte de nuestro país es así. De ahí que haya sido tan polémica la sentencia que ha condenado a Cassandra Vera a un año de cárcel. ¡Por unos chistes contra Carrero! En el escalón inferior están las triunfales acogidas a los asesinos en sus pueblos, que tan incansablemente denuncia COVITE. El periódico global editorializaba el sábado: “Condenar por enaltecimiento del terrorismo a una tuitera es excesivo”, donde el editorialista hacía suya la excusa de Pablo Iglesias al periodista Alsina por no leerse las sentencias: “Por esa regla de tres no podríamos opinar de nada”.

La sentencia condena a la tuitera no por enaltecimiento, sino por “humillación a las víctimas del terrorismo”, según dice el primer párrafo del fallo, pág. 20. De ahí en adelante ha sido un no parar. Si esta tarada hubiera escrito 13 (o 113) tuits sobre la tromboflebitis del dictador y su agonía surrealista, no habría juez que la condenara por ello. Es por hacer chistes sobre un atentado terrorista en el que murió Carrero Blanco. No va a ir a la cárcel, aunque deberá pensárselo antes de reincidir.

Su condena tiene aspectos positivos, dificultar el acceso a la docencia a una persona que confiesa odiar a los niños, que “cada vez me dan más asco”. Su capacidad intelectual queda acreditada en frases como que el hemiciclo “parece más pequeño en persona que en la tele”. Su psicopatía en la celebración de los aniversarios de asesinatos, el de Matías Montero, el de Trotski. Esta pobre es una enferma y una burra. Hay en su personalidad elementos que constituyen atenuantes y aun eximentes. Yo tampoco quiero que vaya a la cárcel, pero la sentencia debería haber sustituido la condena de no cumplir por una de internamiento efectivo en un centro psiquiátrico, porque está la pobre muy necesitada.

Para comprender nuestras psicopatías imaginen razonamientos análogos, exculpando bromas o chistes sobre los asesinatos de Atocha, las víctimas del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, el asesinato de Yolanda González por el ultra Emilio Hellín o los asesinatos que conocemos como violencia de género.

La sentencia me parece ejemplar: “el legislador ha querido que el mensaje de odio que socava las bases de la convivencia y que humilla a las víctimas del terrorismo tenga un tratamiento específico en el artículo 578 del Código Penal”. O sea que Cassandra Vera merece un reproche, aunque su discapacidad, no solo la cuantía, la exima del cumplimiento de la pena.

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Tertsch y Venezuela

Hermann Tertsch ha escrito sobre el golpe de estado que Maduro ha ejecutado en Venezuela. He aquí su columna de hoy:

El hampa y los indolentes

EN Venezuela desgobierna, con mano de hierro y cerebro que se antoja híbrido de molusco y rata herida, uno de los regímenes más delincuentes e ineptos del planeta. Esto no es noticia. Casi no lo es por ello el golpe de Estado del presidente Nicolás Maduro al ordenar a los hampones que ha puesto en el Tribunal Supremo que secuestren los poderes de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición tras su abrumadora victoria del 5 de diciembre de 2015. No disimulan nada sus fechorías quienes heredaron el régimen de un demente y carismático militar llamado Hugo Chávez Frías. Y que aunque pareciera imposible lo lograron empeorar hasta convertirlo en la pesadilla del horror que es hoy, con la población torturada por hambre, terror, enfermedad, crimen, miseria y delirio mentiroso.

Desde el 17 de febrero preside el Tribunal Supremo un tal Maikel José Moreno Pérez, que fue policía político, presidiario, asesino en al menos dos casos y encargado de trabajos sucios de la cúpula chavista. Un perfecto representante del hampa, como la mayoría de los altos cargos del régimen, que es el encargado de este trabajo sucio supremo. Maikel José es un criminal a la cabeza del Tribunal Supremo en una potencia petrolífera, el país más rico de Sudamérica que el socialismo, su patrono en La Habana y un saqueo sin precedentes en la historia moderna han convertido en uno de los más miserables del planeta.

Hace tiempo ya que Nicolás Maduro sabe que su única posibilidad de no acabar la vida en la cárcel o en un exilio pendiente de extradición a La Haya es imponer la línea dura de cubanizar el régimen. Las elecciones de diciembre 2015 demostraron que en buena lid está acabado. Por eso el régimen de esta hampa política bajo la amenaza de castigo por sus inauditos crímenes y robos, tiene decidido que su único futuro es cubano. Allí la jaula intacta desde hace 60 años garantiza aun hoy la seguridad, la impunidad y el patrimonio de todos los criminales de la cúpula del partido y es tratada con sumo cariño por todo el mundo. La vergonzosa obsequiosidad de la UE con nauseabundos honores al Fidel Castro vivo y muerto fueron una clara lección para Caracas. Con una amenaza creíble de un mal peor, el régimen de Caracas sabe que nada ha de temer de las democracias. Su único miedo puede ser Donald Trump, al que tienen en casa muy ocupado. La OEA y la UE han estado a la misma altura moral. Aunque la UE ya da más vergüenza. ¿Y España? El ministro Alfonso Dastis dice que «no es una decisión tranquilizadora» que el Supremo arrebate al Parlamento sus poderes, que Maduro proclame la dictadura total en Venezuela. Mejor callarse, ministro, que avergonzarnos a todos. Bastante escarnio es ya José Luis Rodríguez Zapatero, convertido en jenízaro protector de la narcodictadura, quién sabe con cuántas motivaciones. En una misión que la oposición venezolana calificó de tramposa y miserable y que Rajoy y su gobierno han seguido defendiendo. Estupor producen estos gobernantes sin músculo moral ni sentido del ridículo. El dolor de los venezolanos secuestrados por el régimen de Maduro genera rabia, y vergüenza, la indolencia europea. Ayer atacaba Mariano Rajoy en Malta a los partidos populistas, en esa moda europea de tachar de populistas a todos los que no sean amigos y no hagan lo que nos gusta. Gran ocasión tuvo de anunciar medidas contra algo mucho peor que un partido populista como es esta dictadura. Y para proclamar la solidaridad con los venezolanos y sus presos políticos. Se le olvidó.

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Cassandra, su propio nombre lo dice

Hoy, mi comentario en Herrera en COPE

Pie de foto.-Los leones, en cambio, son más grandes en persona que en la tele.

La tuitera Cassandra Vera había vivido parte de su vida en el cuerpo equivocado de Ramón Vera. También la cabeza estaba equivocada. Ha sido condenada a un año de cárcel y siete de inhabilitación de lo que daba razón ayer en su cuenta de Twitter: “No solo me quedo antecedentes, me han quitado el derecho a beca y destrozado mi proyecto de ser docente. Me han arruinado la vida”.

La vida se la ha arruinado ella sola. No por hacer chistes sobre Carrero, no habría sido condenada si los chistes hubieran sido sobre la enfermedad y la muerte de Franco, sino por burlarse de la víctima de un asesinato terrorista, lo que al juez le ha parecido un delito de enaltecimiento del terrorismo.

La España de hoy es pura metonimia. Otro ejemplo: Mas y Homs no han sido condenados por poner unas urnas, sino por desobedecer al Constitucional. Deberían haber sido condenados también por prevaricación y malversación, pero razones tienen los jueces, ellos sabrán.

Hace quince días ha sido condenado a ocho meses de prisión un tuitero por hacer burla de las víctimas catalanas del siniestro de Germanwings. Hace dos meses, otro tuiter fue condenado a dos años por denigrar a las mujeres víctimas de violencia de género. Justas condenas, como la de Cassandra, que había dejado pruebas de lo suyo en tuits ajenos al asesinato de Carrero. Por ejemplo: “Ejecutar a un facha mientras le susurras al oído: ‘Madrid será la tumba del fascismo’”. De su capacidad intelectual también dejó constancia en otro tuit, después de que Pablo Iglesias la llevara al Congreso como invitada: “El hemiciclo es bastante más pequeño en persona de lo que parece por televisión”. ¿Su proyecto de ser docente? Qué alivio.

 

 

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Ciudadanos tapa sus éxitos

 

Hoy, en mi columna en El Mundo

Ciudadanos culminó ayer la victoria que había planteado hace ocho días. El martes de la semana pasada Podemos defendió una P.L. para despenalizar la eutanasia y legalizar el suicidio asistido. En aquel debate brilló el diputado naranja por Valladolid, Francisco Igea, quizá porque no estamos acostumbrados a ver en la tribuna a gente que sepa de lo que habla. Se lleva más el tono casual y el estilo tertuliano, que definió con tanta precisión Pablo Iglesias en entrevista con Alsina, cuando el periodista le preguntó cómo era posible que opinara con tanta rotundidad sobre lo de Alsasua “sin haberse leído el auto”. “Es que por esa regla de tres no podría opinar de nada”, respondió muy suelto el secretario general.

Total, que ayer el Congreso dio vía libre a la tramitación de la proposición de Ley de ‘Derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida’. El título de la norma resulta algo perifrástico, pero váyase lo abundoso por la precisión. No se trata de la eutanasia, ni del suicidio asistido que proponía Podemos, sino de lo que explica el nombre de la ley, una regulación estricta de los cuidados paliativos. Es verdad que algunas CCAA han desarrollado legislación propia. El Parlamento vasco aprobó por unanimidad una ley impecable el verano pasado, con un título idéntico al de la norma que arrancó ayer, pese a lo cual el PNV votó en contra, en defensa acérrima de las competencias, siempre más importantes que la ley.

Votaron a favor C’s, el PP, el PSOE y Podemos. Este hecho es en sí mismo portentoso, con los cuatro grupos más grandes de la Cámara votando juntos y, lo que resulta aún más notable, que Podemos haya votado favorablemente un proyecto de ley que no es el suyo y que niega la eutanasia y el suicidio asistido. Bien es verdad que como anunció su portavoz, su voto afirmativo tenía un carácter tácito, preparatorio de futuras batallas por las citadas cuestiones. Al fin y al cabo, en la izquierda, y cuanto más radical más, cada vez que se tocan estas cuestiones late mal disimulada una pulsión de muerte.

No recuerdo éxito parlamentario semejante de Ciudadanos. La iniciativa de un grupo de 32 escaños consigue el apoyo más del 90% del Congreso. Así las cosas, resulta de difícil comprensión que Albert Rivera se empeñe en tapar un triunfo cierto, rotundo y evidente por una aventura de tan impredecible final como la de Murcia.

Resumen de lo publicado. Ciudadanos presionó en varias direcciones: al PP para que sustituyera al presidente por otro candidato; a sí mismo, al no dispensar a Sánchez el trato que su propia ley prescribe para los investigados: que sean apartados del cargo cuando pasen de investigados a procesados. Al PSOE para que suscribiera una moción de carácter instrumental, solo para deshacerse del presidente y convocar nuevas elecciones.

“La que está liando el PP en Murcia”, dice mi admirada Inés Arrimadas, mientras Rivera insinúa sotto voce que no ha descartado apoyar un Gobierno del PSOE y Podemos para algo más que convocar comicios. No lo acabo de creer. El PSOE enseña también la puntita de la enagua al decir que retira la moción si Sánchez dimite. Quizá haya algo de posturno para ver si el PP anima al presidente murciano a dimitir. Es un lío, efectivamente. Con lo fácil que habría sido esperar a que se pronuncie el juez.

Claro que hay otra solución. El portavoz de C’s en la Asamblea, Miguel Sánchez López, fue en una reencarnación anterior concejal de UPyD en su pueblo, Caravaca de la Cruz. Allí hizo una performance que podría repetir en la Asamblea. Pidió la dimisión del alcalde, imputado en el caso Roblecillo. Como el alcalde, un tal Domingo Aranda, no le hizo caso, Miguel Sánchez se constituyó en el comando suicida de ‘La vida de Brian’ y dimitió él. No descarten ninguna posibilidad.

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