Moncloa  party

No es cierto que rectificar sea de sabios. Lo que es de sabios es no equivocarse y uno se dejó traicionar por la memoria al escribir que Rajoy había recibido a sus competidores en el Congreso en vez de hacerlo en La Moncloa, como Sánchez. Eso ocurrió así después de las elecciones de junio de 2016. Pero Rajoy había incurrido en el mismo vicio después de las elecciones de 2015: El 23-D recibió a Sánchez en La Moncloa, y el 28 a Rivera y a Pablo Iglesias. Después de las elecciones del 26-J volvió a reunirse con ellos, pero esta vez en el Congreso. El detalle es que Pedro Sánchez criticó a Rajoy en la primera convocatoria lo que ahora ha hecho él con delectación, una cláusula de estilo.

Total, que el lunes acudió Pablo Casado y ayer Albert Rivera y Pablo Iglesias. Fue una victoria inequívoca del presidente en funciones. La propuesta de Casado de endosar a Albert la tarea de aupar a Sánchez roza el surrealismo, habida cuenta de que la aspiración de Rivera es jefe de la oposición en lugar de Casado. También se equivoca él; el cargo, que se inventó Felipe para halagar un poco a Fraga no se ejerce por la voluntad de su titular, por grande que sea esta. Es sencillamente el candidato que más escaños tiene después del que consigue la investidura. Y Rivera no lo es ni lo será mientras Ciudadanos no supere en escaños al PP, aunque este se desmorone, como decía con evidente regodeo el candidato naranja.

Rivera ha tenido más interés en combatir al PP que al PSOE, cosa del gradualismo. Se vio en los debates, pero ya le pasaba en Cataluña. Cuando Arrimadas se convirtió en la candidata más votada, el PP ya mostraba señales de agotamiento, quedándose en cuatro escaños. Entonces ya prevaleció en su voluntad la pugna con el PP, al que no le prestaron el escaño que necesitaba para configurar un grupo, sin que pesara en su ánimo el fortalecimiento parlamentario del otro partido constitucional en Cataluña. En las generales del día 28 Ciudadanos pasó a ser el 5º partido catalán.

Casado tiene poco tiempo y poco espacio para hacer una ciaboga como la que pretende. Solo le quedan 18 días para recuperar el espacio perdido, que es muy poco tiempo si bien se mira y también si se mira mal. Pablo Iglesias no pudo convencer al anfitrión del leitmotiv de su campaña: que se han acabado los gobiernos de un solo partido, pero estuvo con él más tiempo que los demás: 135 minutos, por 100 a Casado y 50 a Rivera. La señal definitiva será la constitución de la Mesa del Congreso el día 21 y el papel que asigna en la misma al PP y a C’s.

El tiempo que estuvo Sánchez con cada uno de sus invitados indica una cierta preferencia por el Gobierno Frónkonstin, sin  que sepamos a quien va asignar el papel de Aigor: si a Pablo Echenique o al propio Pablo Iglesias. El secretario general de Unidas-Podemos solo empleó cinco minutos para no informar de tan larga reunión. Ni confirmó ni desmintió la posibilidad de la coalición con Sénchez. En todo caso, si éste consigue la investidura, se repetirá lo de Zapatero: no será una legislatura, sino dos. Salvo que antes se caiga España.

Addenda.-

De su reunión con el doctor Sánchez, sacó Rivera una propuesta de aplicar el 155 sin que haya en este preciso momento unas circunstancias extraordinarias que lo justifiquen, una convocatoria de referéndum ilegal, pongamos por caso. Lo bueno d Albert Rivera es un entusiasmo juvenil que parece que todo se le ha ocurrido a él. La aplicación del 155, un suponer. Pero él lo negó tres veces antes de admitir una versión low cost del mismo. En noviembre de 2014 cuando lo sugirió el gallo Margallo: “No es procedente matar moscas a cañonazos”. Volvió a negar el 6 de julio de 2017, en entrevista a EFE: “No hay que gritar ante el órdago separatista ni aplicar el 155”. Y volvía a negar el 3 de septiembre de 2017 en la portada de El Mundo: “Sánchez y Rivera aconsejan a Rajoy que no aplique el 155”.

Negar tres veces, no implica acertar a la cuarta, ahí tenemos el ejemplo de Simón, llamado Pedro, que también negó tres veces y luego mira. Rivera se corrigió cuatro meses después de la última negativa. El 18 de enero de 2018 se puso duro con don Mariano en Europa Press: “Rajoy rechazó aplicar el 155 en Cataluña antes del 1-O y por eso su gestión fue desastrosa.”

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Los perdedores

Pie de foto.-Pedro Sánchez espera ilusionado la llegada a La Moncloa de Albert Rivera

Ayer se produjo la primera entrevista de la ronda que el doctor Sánchez se ha montado a imagen y semejanza del Rey, insistiendo en uno de sus lances preferidos, después de disputarle su tarea en el besamanos de la Fiesta Nacional, de achicarle al mínimo los viajes internacionales y ahora la ronda de conversaciones con los candidatos que la Constitución considera función del Jefe del Estado. Como ha escrito con fortuna mi paisano Ruiz Quintano es Zelig: se pone junto al Rey y de la misma empezamos a ver en él un trasunto de Felipe VI. Ya había dado muestras: se presentó en la Universidad Camilo José Cela con 200 folios de refritos sin indicación de autoría y todo el mundo le vio cara de doctor en Economía.

La reunión que ayer mantuvo en la Presidencia del Gobierno con Pablo Casado y las que hoy mantendrá en el mismo lugar con Albert Rivera y Pablo Iglesias constituyen otro fraude, una usurpación formal de las funciones reales. No es Pedro, es la Moncloa haciendo las veces de Zarzuela.

Nada puede sorprender ya en este falsario, pero sí llama la atención que Pablo Casado y Albert Rivera no hayan rechazado la invitación por haber sido citados en lugar inadecuado. Tendrían que haberle respondido: mira tío, quedamos en Ferraz, o en tu despacho del Congreso, ahora que ya tienes uno. O quedamos en La Ancha, que queda cerca, a comer una tortilla con callos y hablar de nuestras cosas. Detalles como estos son los que explican el triunfo de Sánchez.

Otro asunto, que viene a ser el mismo, es la extraña posición de Pablo Casado y su rara estrategia para recuperar el centro, a la vez que invita a Rivera a permitir la investidura de Sánchez, dejándole a él de jefe de la oposición. Propósito tan interesante como inútil. Pablo Casado no ha entendido todavía que Albert Rivera tiene más interés en ser oposición al PP para poder ejercer después, ya en solitario, la oposición al PSOE. Es, quién lo diría, una estrategia maoísta: resolver la contradicción de primer plano para saltar después la principal. No sé por qué me parece que van a fracasar los dos.

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Las fisuras del bienestar

Roberto Velasco es, además de amigo mío, un economista que conoce su oficio del que a veces se distancia con elegancia y buen humor. Hace ya muchos años me contó un chiste corporativo: Dos hombres que vuelan en globo son arrastrados por un fuerte viento que les lleva a la deriva. Deciden aproximarse a tierra y preguntan a la primera persona que ven:

-¿Podría decirnos dónde estamos, buen hombre?

-Sí, responde el interpelado. Están en un globo.

Los dos viajeros le repreguntan:

-¿No será usted economista?

-¿Cómo lo han sabido?

-Porque nos ha dado una respuesta perfectamente correcta y absolutamente inútil.”

Bastantes años después, durante la presentación de su libro ‘Economistas, oficio de profetas’, lo actualizó:  “cuando los dos viajeros del globo consiguen bajar a tierra, les preguntó el economista:

-Oigan, ustedes por casualidad no serán políticos, ¿no?

-Sí lo somos, ¿cómo lo ha deducido?

-Muy sencillo. Han escogido para viajar un medio que no saben gobernar, se han embarcado en él sin consultar las predicciones meteorológicas del día, y en tercer lugar, que cuando se ven en apuros siempre recurren a un economista para que les saque las castañas el fuego.

Creo que este chiste y su corolario revelan el carácter de Roberto Velasco, un catedrático que une al conocimiento de su oficio el don de la escritura, la voluntad docente y, de manera muy señalada, la pertinencia, el don de la oportunidad. Al repasar su bibliografía nos encontramos con datos que lo avalan como un hombre de acción, que no se limita  a impartir teorías, como correspondería a su dedicación universitaria en tanto que catedrático de Economía Aplicada.  También ha sido jefe  del Servicio Extranjero del Banco Ibérico, director del departamento de Industria y Comercio Interior de la Cámara de Comercio de Bilbao, director general de la Feria de Muestras, director del Círculo de Empresarios Vascos y de la Zona de Urgente Reindustrialización del Nervión, así como directorgeneral de la Sociedad para la Promoción y la Reconversión Industrial, SPRI.

Sus libros son siempre publicaciones que explican el momento. Hemos tenido una publicación de Roberto, ‘Las cloacas de la economía’, para estudiar con afán descriptivo e intensivo todas las manifestaciones de la corrupción. Ha sido también un hombre muy atento a los cambios que se producen en su oficio, como demostró en ‘La economía digital’ , a las necesidades de la economía práctica, en ‘Salvad a la industria española’ y a las limitaciones de su oficio con ‘Economistas, oficio de profetas’, un libro que recorre la obra de los grandes economistas en la historia, dando cuenta de sus aciertos y sus fiascos, en tanto que augures de lo porvenir. En este tiempo en que el gasto público y su manera de subvenirlo ocupan una parte del debate político, Roberto Velasco  ha publicado ‘Las fisuras del bienestar en España’, para analizar los efectos que la crisis de 2008 tuvo entre nosotros, con tasas de paro que llegaron a superar el 26%. Fueron víctimas señaladas el Estado del bienestar y sus tres pilares básicos: la educación, la sanidad y las pensiones.

Señala el autor con pertinencia que en la crisis pasada ha sido la solidaridad familiar la que ha conseguido soportar los problemas planteados por una tasa de paro como la que se acaba de citar. Hay, señala también, una baja cultura fiscal entre los españoles, aunque a ello convendría añadir un apego exagerado de los gobernantes a no disminuir el gasto, la economía sumergida y otras bolsas de fraude. Y lo peor de todo, la incapacidad de la clase política para alcanzar acuerdos de Estado en asuntos tan cruciales para definir el Estado del bienestar como la educación, la sanidad o las pensiones, pilares a los que dedica otros tantos capítulos de muy recomendable lectura. Sobre la educación tendremos ocasión de recapacitar cuando se hagan públicos los datos del Informe PISA, aunque no servirá de nada, con toda probabilidad.

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Ábalos da doctrina

El número tres del PSOE es un hombre singular. Sin ser exactamente un monumento a la elocuencia, José Luis Ábalos sabe expresarse lo justo para que se le entienda todo. Ábalos es lo que antaño se llamaba maestro de escuela, que a los elitistas les parecerá una titulación insuficiente para llegar a ser  secretario de Organización del primer partido de España y ministro de Fomento. Lo dicho, el número 3. Claro que menos títulos tiene la número 2. Es verdad que el número 1 es licenciado, porque su tesis doctoral fue elaborada mediante un plagio masivo.

Ábalos comenzó su carrera política como un modesto concejal en Valencia, donde se enamoró de Carolina Perles, agente de la Policía Local, a la que convirtió en su tercera esposa. Después la enchufó como vocal y tesorera de la Fundación Fidelso, de la que también fue nombrado vocal su suegro, Mario Perles. Después de la moción de censura que instaló al doctor S. en La Moncloa, Carolina Perles fue nombrada asesora del delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, José Manuel Rodríguez Uribes. Esta es una prueba evidente por sí misma de que la izquierda sí sabe lo que tiene que hacer con las mujeres y cómo colocarlas, al revés de lo que le pasa a la derecha en opinión de Carmen Calvo. El presi, todo hay que decirlo, ha colocado mejor a su parienta.

El ministro Ábalos fue entrevistado en ‘Los Desayunos de TVE’ y dio allí testimonio de la ronda de conversaciones que Pedro Sánchez va a mantener consigo mismo y con el resto de los candidatos, con La Moncloa haciendo el papel de La Zarzuela y él el del Jefe del Estado. Ábalos envió un mensaje a Pablo Casado y Albert Rivera para instarles a “priorizar los intereses de España”. Retó al PP a “predicar con el ejemplo” de las presiones que aplicó al PSOE en el pasado. Asombroso ejercicio de lógica alternativa. Priorizar los intereses de España, dice un portavoz cualificado del partido que ganó una moción de censura y la Presidencia del Gobierno pactando con todos los partidos que quieren destruir España: los populistas de extrema izquierda agrupados en Unidas Podemos y Podemas, los golpistas catalanes, ERC y JxCat, los herederos de ETA de EHBildu y los nacionalistas vascos que van de mediopensionistas. También llama la atención que este hombre no llegue a asumir como un aspecto posible de la cuestión que Casado responda con la pauta acuñada por Sánchez: “No es no. ¿Qué parte del ‘no’ no entiende?”

Ábalos no sueña con un Gobierno de coalición con Pablo Iglesias. Él, como su jefe, prefiere gobernar en solitario. Eso sí: el objetivo fundamental es gobernar, si no puede ser a solas será en compañía de otros, en pacto con Unidas-Podemos con los que sumarían 165 y necesitarían la abstención de ERC o bien las del PNV, EH Bildu y el diputado solitario de Revilluca, cuesten lo que cuesten.

Uno, que no tiene vocación de mártir, sería partidario de la coalición con C’s, que también son dados al cambio. Pero el mínimo sufrimiento no nos va a hacer espabilar, como pudimos comprobar durante el desastre Zapatero. Es hora de apurar la copa del horror hasta las heces, de ver qué pasa  cuando el SMI suba de 900 a 1.200 euros a instancias de los asesores de la revolución bolivariana. Y que cada cual  se aplique su receta preferida. Los demás nos aplicaremos a la máxima de Talleyrand: “Solo el que ha vivido antes de la revolución conoce la dulzura de vivir”.

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La cara como espejo

Uno va arrastrando desde antiguo el buen hábito de no tomar por pensamiento los tópicos coloquiales. De ahí que se asome a las redes sociales con más animus jocandique con el sapere audeatrévete a saber, de Horacio, más por ganas de jugar que por afán de conocer. Hay expresiones, sin embargo, que llaman a la excepción, bien por su universalidad o por las características de la persona a la que describen. Un suponer: “la cara es el espejo del alma”. La expresión tiene defensores muy cualificados, pongamos que hablo de Quevedo: “Señoras, si aquesto propio / os llegase a suceder / arrojar la cara importa / que el espejo no hay por qué”.

Pongamos que hablo de Núria de Gispert, una acémila a la que Artur Mas colocó en la Presidencia del Parlament. También me hace pensar en ello Pablo Echenique, esa triste criatura a la que Pablo Iglesias quiere hacer ministro, pero hoy toca De Gispert y no conviene dispersarse.

Esta mujer es una xenófoba químicamente pura. Ha hecho sus deposiciones varias veces en el albañal de Twitter y siempre en el mismo sentido. “Ancha es Castilla” habían dicho Pujol y Arzalluz y esta pobre mujer habla de Cádiz, que está todavía más abajo. Y habla de Inés Arrimadas, con la que tiene una especial obsesión. Le ha dedicado varias endechas de las que citaré dos: En noviembre de 2017 sugirió que volviese a Cádiz. Once meses después, en octubre del 18 la calificó de: “inepta e ignorante. No sabe de nada. ¡Se debe encontrar muy mal en Cataluña! ¡Debe añorar su pueblo! ¿Quién la obliga a seguir aquí?” Nótese que la que califica  a Inés Arrimadas de inculta e ignorante es representante de una Cataluña cuyo animal totémico es el burro. Ayer hizo una lista de los otros catalanes, constitucionalistas que van a representar a sus votantes en el Congreso (Girauta, Arrimadas) en Estrasburgo, (Dolors Montserrat) y en la Junta de Andalucía (Enric Millo). Su ingenio chocarrero y zafio, plagió un dicterio xenófobo: “Cataluña aumenta sus exportaciones porcinas”.

Quim Torra la distinguió con la Cruz de Sant Jordi y ella la estrenó como suele: rebozándola en sus basurillas. Podría haber colocado su estupidez junto a la foto de su honorable Torra, cada vez que viaja a Waterloo para recibir consignas. Pongan un primer plano del president junto a los cuatro citados y a ver quién parece un representante más genuino de la cabaña porcina catalana.

El fundador de la patria fue un ladrón del que nadie dice ni mú. De ahí para abajo le fueron sucediendo tipos cada vez menos dotados intelectualmente (Artur Mas, Puigdemont, Quim Torra) que no suscitan el rechazo de sus paisanos. Ahora que la J.E.C. ha negado a los fugitivos Puigdemont y Comín la candidatura a las europeas, van a ser sustituidos, con gran contento de todos por Gonzalo Boye, secuestrador de Emiliano Revilla y por la pobre Beatriz Talegón, la moralidad y la inteligencia.

Pilar Marcos ha escrito una meritoria pieza en The Objective sobre la rareza del solitario escaño de Cayetana en Cataluña. Hay en ello una estricta coherencia, la del horror de la chusma a la excelencia. Por eso la rechazan,-también Albiol y los suyos-, por eso nadie encarna el alma colectiva del catalanismo como Núria de Gispert, su alma y el espejo.

 

 

 

 

 

 

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Un feminismo alternativo

Tengo ante mí una foto de la Ejecutiva del PSOE, reunida el lunes para valorar las elecciones. Es una foto a mayor honra y gloria del feminismo sanchista. En el centro, el secretario general, flanqueado por Cristina Narbona, Adriana Lastra y Carmen Calvo. Ellas encabezaban la pancarta en la manifestación del 8-M, junto a la mujer del presidente y a la ministra portavoz, al grito de “Feminismo liberal, ridículo total”. La vicepresidenta acuñó una frase clave: “El problema de las derechas es que no saben qué hacer con las mujeres ni donde colocarnos”.

Tenía razón. Las izquierdas, en cambio, sí saben. No hay más que mirar al presidente Sánchez, que ha colocado a Begoña Gómez como directora del Africa Center del I.E., sin que se conozca su salario ni su horario de trabajo, secreto de Estado, por lo visto.

Hay un feminismo alternativo, de mujeres a las que no tiene que colocar nadie porque saben hacerlo solas, sin necesidad de maridos, novios o amantes que las aúpen. De los 350 diputados electos, mis cuatro preferidos son mujeres. La primera es Cayetana Álvarez de Toledo, única diputada del PP por  Cataluña. Ha sido la gran revelación de la pasada campaña. La conozco desde hace años, no me ha cogido de sorpresa su inteligencia, su precisión conceptual, su palabra y su sintaxis, aunque su aparente fragilidad no permite sospechar su fuerza y su coraje. Doctora en Historia por la Universidad de Oxford con una tesis dirigida por el gran hispanista John H. Elliott, ella es la falsación de la famosa expresión de Cánovas, “son españoles los que no pueden ser otra cosa”. Cayetana, francesa por parte de padre y argentina por  parte de madre, eligió ser española.

Baste comparar su tesis con la del doctor Plagios. No hay más que ver los videos  de sus debates electorales ante las dos Montero, Mª Jesús e Irene, Meritxell, mi pobre Meritxell, sin necesidad de referirnos al desdichado Rufián.

Inés Arrimadas es seguramente el valor más sólido de Ciudadanos. Lo ha podido comprobar quien haya visto las humillaciones dialécticas a que sometía a Puigdemont y a su valido. Álvarez de Toledo y Arrimadas componen un soberbio dúo de milicia. Si sus partidos las nombrasen portavoces, nos alegrarían la legislatura con las sesiones de control  del doctor, la insuficiente vicepresidenta Calvo y la portentosa ni-ni Lastra.

Otra mujer extraordinaria es la diputada de Vox por Granada, Macarena Olona, jefa de la Abogacía del Estado en el País Vasco, donde destacó en su lucha contra la corrupción en casos que afectaban al PNV, al PP y al PSOE, por lo que fue destituida por el Gobierno de Sánchez. Pienso seguir también de cerca a mi casi paisana Aurora Nacarino-Brabo, nueva diputada naranja por Burgos, que ha sacado su escaño a puro esfuerzo, sin medios de su partido, pateándose pueblo a pueblo la circunscripción y encarnando como nadie la España vaciada.

Acuérdense de estas mujeres y síganlas con atención. Después compárenlas con la portavoz nombrada por su novio, el que sueña con azotarlas hasta que sangren, con la señora del presidente y su vicepresidenta y digan qué entienden por feminismo y qué mujeres son más de su estilo.

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¡Échanos a Otegi!

Es inevitable que sigamos hablando de los resultados electorales y de su aplicación, aun a sabiendas de que discutirlo será inútil. No hay manera de avanzar en la conversación con las elecciones de mayo, (europeas, autonómicas y locales). Hay una doble razón: No quieren influir negativamente en el ánimo de los electores y no es conveniente establecer negociaciones que no incluyan los resultados de los comicios del día 26.

No es que nuestros dirigentes sufran una irrefrenable atracción por la verdad, pero la tendencia se va a acusar en estas cuatro semanas. El PSOE disimula sus tentaciones estratégicas mientras proclama su voluntad de gobernar en solitario. La CEOE y las empresas del IBEX señalan el camino del acuerdo menos doloroso para la Economía española: el acuerdo PSOE-Ciudadanos, pero hoy por hoy parece difícil. Rivera se niega a pactar con Sánchez y se proclama líder de la oposición, cosa que todavía no es según los números. 

Ayer, Arnaldo Otegi explicaba la disyuntiva del candidato socialista y presidente en funciones: “Pedro Sánchez tiene que elegir, o Ciudadanos o nosotros”. Es muy notable que la peña congregada frente a Ferraz gritara le noche del domingo: “Con Rivera no, con Rivera no”. Rivera preside un partido inequívocamente democrático. Otegi, uno con la marca indeleble de Caín, la herencia de la banda terrorista ETA.

Y sin embargo, no gritaban: “Con Otegi, no, con Otegi no”. La peña es lo que tiene: lo que le sobra de convicción le falta en sabiduría. Y esto no es de ahora. Cuando Pilatos exponía la doble alternativa al buen pueblo de Jerusalén, este gritaba como un solo hombre: “A Barrabás, sueltanos a Barrabás!”.

 

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El colchón se queda

Anoche se confirmaron todas las expectativas que sobrevolaban las encuestas del CIS que pastoreaba José Félix Tezanos. No se hacían para reflejar la realidad, sino para crearla. Todos los sondeos acabaron coincidiendo con los suyos, también los que ofrecieron los medios al cierre de los colegios electorales. La realidad fue peor para los tres partidos en los que se repartía la derecha. Los populares perdieron más de la mitad de sus escaños, Vox quedó muy lejos de todas sus expectativas y de los temores que el PSOE había difundido  durante la campaña, quién lo iba a decir a la vista de su éxito indiscutible en sus convocatorias. Ciudadanos ha obtenido unos resultados excelentes, aunque no hayan alcanzado, era una tarea imposible, los sueños que Albert Rivera expuso durante los debates televisados: no ha conseguido dar el sorpasso al PP. Unidas Podemos y Podemas ha sido el partido más castigado por las urnas después del PP, aunque han quedado por encima del desplome que les vaticinaban las encuestas. La división de la derecha ha sido un regalo inapreciable para Sánchez que va a revalidar su permanencia en La Moncloa sin necesidad de renovar el colchón.

Uno de los hechos más sorprendentes de la campaña que desembocó en los comicios de ayer es que Sánchez y sus correligionarios habían debido de llegar a la conclusión de que Franco había muerto, de ahí que fuera sustituido en la campaña por el temor a la extrema derecha. Se ha visto que la derecha, unida o por separado, era un tigre de papel. La suma de los escaños populares y los de Vox, quedan  muy lejos de los 137 diputados que formaron el grupo popular en el Congreso durante la legislatura pasada. Habría que sumar los grandes resultados de C’s para rebasarlos.

¿Y ahora qué? En primer lugar, incertidumbre. Nadie se va a mojar hasta después de las elecciones que vienen en mayo: locales, autonómicas y europeas. En segundo lugar y aunque con algo de retraso, la formación del Gobierno va a ser coser y cantar para Pedro Sánchez. Puede gobernar con Pablo Iglesias y la abstención de Esquerra Republicana en la segunda votación que comprará con el indulto para los golpistas catalanes. Queda la posibilidad de que el PSOE rebase la mayoría absoluta con Ciudadanos, lo cual tiene dos inconvenientes: la reiteración con que Albert Rivera ha insistido en que la gran cuestión nacional era echar al doctor Sánchez de La Moncloa y la escueta negativa de éste durante el segundo debate electoral a gobernar con Ciudadanos. Esta opción no sería posible hasta después del mayo electoral, aunque la palabra empeñada por ambos no les va a condicionar demasiado a ninguno de los dos. Menos a Sánchez, claro, pero Rivera con un horizonte electoral despejado por delante, podría hacer un esfuerzo por ahorrar a los españoles la presencia de Pablo Iglesias en el Gobierno y el indulto que sería el precio mínimo de los Rufianes.

 

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Si esto es un hombre. Miguel Blanco, desnutrición severa

Me encuentro con mi vecino Iñaki Anasagasti. Está a punto de subir en un coche con un ramo de flores en la mano. Me explica que va a la Puebla de Bolivar a hacer un homenaje a Simón Bolívar, “para quitárselo a estos sinvergüenzas”, dice, refiriéndose a la chusma bolivariana que Pedro Sánchez quiere meter en el Gobierno. Pienso en la imagen de Pablo Iglesias en los debates, enseñando su constitución de la señorita pepis, como Chávez y Maduro enseñaban su constitución bolivariana. Pienso en el moderado Errejón, diciendo que el Venezuela la gente come tres veces al día, recuerdo el silencio de todos los partidos ante tanta superchería y, después del repelús que he sentido al ver la foto pienso que esto es periodism,  contar lo que que casi nadie quiere ver.

Le he dicho a mi vecino Anasagasti que de ninguna manera me podía representar mejor que con esas flores en la Puebla de Bolivar.

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El tránsfuga regenerador

El asunto Garrido permite explicar la dificultad de que el PP y C’s puedan desalojar de La Moncloa a un tipo que se instaló en ella con un plagio en su tesis doctoral, mientras proponía el ejemplo virtuoso de Alemania, donde los ministros plagiarios dimiten cuando son descubiertos: Annette Schavan, ministra de Educación y el ex ministro de Defensa Karl-Theodor zu Guttenberg. Nosotros no podemos compararnos cuantitativamente, aunque cualitativamente sí. Solo hemos tenido un doctor Plagio, pero de nivel presidencial y además moralizante. Se está investigando a Franziska Giffey, ministra de Familia del SPD, pero correosa, como buena socialdemócrata, se resiste a dimitir.

Además, Sánchez mostró una falsa carta de la Junta andaluza con, según él, listas negras de trabajadores en violencia de género, cuando era una petición de información de un particular al portal de Transparencia de la Junta. Era ‘mentir a sabiendas’ como acostumbramos a decir con encantadora redundancia. Normal. Si es de manera inconsciente no es mentir, sino equivocarse, que también suele. La Junta de Andalucía no debería conformarse con instar a La Moncloa a rectificar. El asunto es de querella, pero no parece que eso vaya afectar al favorito en las encuestas, a salvo de la sorpresa que pueda dar Vox pasado mañana.

No hay gran cosa que esperar de Pablo Casado y Albert Rivera. Menos de este último, que después de hacer campaña con la idea de sacar a Sánchez de la Moncloa, practica todas las malas artes contra su obligado socio para tal empeño. Ha vuelto a sacar el coche escoba. ¿Para llevarse qué? habría que preguntar. Ángel Garrido fue un tipo que defendió con pundonor el cargo tras la obligada dimisión de Cifuentes. Cabe entender que él se considerase el candidato idóneo después de la huelga del taxi y que la dirección de su partido no fue justa, pero en casos como este, lo decente es hacer una peineta al partido, rechazar la compensación de la lista europea y buscarse la vida en otras alternativas políticas. ¿Dónde va Garrido con una hemeroteca en la que su padrino en C’s, Ignacio Aguado,  era “el tonto útil de la izquierda”, mientras Casado era “el único líder que puede mejorar España”?

El caso Garrido descalifica tanto al protagonista como al partido que lo ficha. Rivera ya había brillado al captar a Silvia Clemente y hacerla candidata en unas primarias con pucherazo: 82 votos de extranjis sobre los que no se han depurado responsabilidades. Este hombre tiene especial debilidad por el césped del jardín del vecino, que siempre le parece más verde que el propio: Silvia Clemente contra Paco Igea; Joan Mesquida por Fernando Navarro, por citar dos casos que cantaban por sí solos la bondad de la cantera.

Rivera se vino arriba después del primer debate y quiso resolver en el mismo lance dos tareas: dar el sorpasso al PP y sacar a Sánchez de La Moncloa con la ayuda de Casado. Las cosas no suelen ser así: No hay suma, menos aún sin pacto con Vox. No adelantará al PP y en cualquier caso las heridas impedirán en la práctica la coalición. Sánchez ganará al frente de su coalición descabellada. Ángel Garrido se habrá sacado la espina, pero puede mirar su futuro en el presente oscuro de Silvia Clemente.

 

 

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