Ayer, en Covarrubias

Cova

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Lo veníamos diciendo

Hernando

 Carlos Salvador, diputado de UPN fue el único portavoz que acertó a explicarse en el Congreso con lógica jurídica inatacable, en los términos en que la Fiscalía del Tribunal Supremo descalificó ayer la querella que el PSOE había presentado la víspera en la Fiscalía General del Estado. Por tres delitos, nada menos: prevaricación, revelación de secretos y omisión del deber de perseguir delitos.

El diputado navarro había dicho que los tres supuestos delitos sólo podrían serlo en ‘Minority Report’ o en el Código Penal de Cuba, dos casos de Justicia preventiva, uno de ficción y otro dolorosamente existente en la vida real. Eso es lo que ha dicho la Fiscalía para pedir el archivo del caso: la denuncia tiene carácter prospectivo y carece de soporte fáctico. Los hechos, ay, los hechos.

 Lo surrealista de la denuncia es que consideraba como prueba la propia reunión. ¿De qué pudieron hablar Fernández y Rato? De la situación procesal del segundo, concluyen. No se paran a pensar que si fuera para hablar de eso, el interlocutor adecuado para el imputado VIP sería el ministro de Justicia.

Define y castiga la prevaricación nuestro Código Penal en su artículo 404:

A la autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su injusticia, dictare una resolución arbitraria en un asunto administrativo se le castigará con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de nueve a quince años.”

Bien, supongamos que Rato, el mismo Rato que sufrió la ominosa mano policial en el cogote, sólo para los ojos de las televisiones, convocadas al efecto, quiso hablar de su situación procesal con el ministro del Interior (yo en el lugar del exvicepresidente, se lo habría pedido a la ministra de Agricultura, que es más agradable).

Para cometer el delito de prevaricación no basta con tener la ocasión; hace falta cometerlo. ¿Qué resolución arbitraria injusta dictó a sabiendas de su injusticia el ministro Fernández? Ninguna que haya documentado el portavoz Antonio Hernando, que ha incurrido, él sí, en lo que hace algún tiempo definí como prevaricación intelectual: decir chorradas a sabiendas. Espero, porque si las dijera sin querer no sería un cínico, sino un imbécil y yo creo que a todos, incluso a los políticos, debemos aplicarles el juicio que les resulte más compasivo. ¿Qué secretos reveló, qué delitos se ha negado a perseguir?

Nadie que siguiera con una mínima atención la comparecencia podía pensar que la querella iba a prosperar. Tal como escribí en mi columna de El Mundo: “La iniciativa está fatalmente condenada a desaguar, pero nadie asumirá la responsabilidad del disparate.” Efectivamente, el impresionante Hernando ha dicho que la Fiscalía mira para otro lado. Al Código Penal, que es lo que le toca.

Hasta los legos en derecho sabíamos que el PSOE había perpetrado una estupidez jurídica. ¿No sería posible que actuaciones tan descabelladas en las que se trata de magrear  tan soezmente la Justicia, lleven aparejada alguna suerte de reproche penal leve, siquiera sea la imposición de costas?

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¿Para qué sirve la memoria?

C's TC

La portada de El Mundo abría ayer con este titular, tan llamativo en el que el partido emergente que no es Podemos plantea, con alguna precipitación, suprimir el Tribunal Constitucional. Muerto el perro se acabó la rabia, han debido de pensar expeditivos, sin tener en cuenta que la epidemia está expandida por doquier.

Es cierto que el sistema de cuotas posible desde la aprobación de la Ley del Poder Judicial en 1985 ha pervertido notablemente el sistema. Es cierto que el PP prometió acabar con este estado de cosas y no lo hizo. Pero, ¿por qué pìensan estos chicos que el Tribunal Supremo no padece la misma enfermedad que el Constitucional?

Luego van y ponen los ejemplos de oído: en EEUU las funciones del Tribunal Constitucional recaen en el Supremo, dicen, sin aportar un dato quizá más revelador: En EEUU, el presidente del Supremo es nombrado por el presidente de los Estados Unidos. A dedo y sin primarias. Es un cargo vitalicio, por lo que el designado no teme que su continuidad en el cargo esté en peligro. El presidente Eisenhower, militar republicano, designó a James Earl Warren, un presidente del Tribunal Supremo que llevó a cabo una labor impresionante en favor de los derechos civiles.

Es verdad que el Constitucional ha acabado siendo en España en algunos casos una cámara jerárquicamente superior al Tribunal Supremo. Recuerden la revocación de la sentencia del más alto tribunal en la que denegaba la legalización de Sortu, reexaminando pruebas ya examinadas por el T.S. El Tribunal Constitucional tiene como funciones, (artículos 159 y siguientes de la C:E.:

Examinar los recursos de inconstitucionalidad de leyes y disposiciones normativas análogas.

Examinar los recursos de amparo por violación de los derechos constitucionales (53.2).

Examinar los conflictos y competencias entre el Estado y las CCAA.

Es público y notorio que Ciudadanos creó un comité de expertos (o de sabios, si nos ponemos pomposos), pero parece que la reforma jurídica se la han encargado al asesor económico. Uno de los más notables expertos de C’s, mi querido Francisco Sosa Wagner, explicó la grandeza del Tribunal Constitucional alemán y la independencia del mismo en un artículo en El Mundo, ‘Política y Tribunal Constitucional’, el 24 de julio de 2013, pero nadie en la dirección de C’s debió de leerlo.

Política y Tribunal Constitucional

Francisco Sosa Wagner

La polémica ha saltado hace unos días al conocerse que el presidente del Tribunal Constitucional es o ha sido afiliado a un determinado partido político. Ello ha motivado una reunión extraordinaria de los magistrados que han respaldado por unanimidad a su jefe de filas alegando razones de interpretación de las normas pero probablemente también repasando mentalmente (algunos de ellos) su propia biografía.

La politización de la justicia constitucional es asunto ligado a su propio nacimiento. Quien la inventa en el siglo XX (precedentes los hubo en el XIX) fue el imaginativo jurista austriaco Hans Kelsen cuyas simpatías socialdemócratas y su admiración por Ferdinand Lassalle eran conocidas por todo el mundo. Nombrado tras la I Guerra Mundial magistrado vitalicio del recién creado Tribunal Constitucional fue sin embargo desposeído de su cargo por su postura en los pleitos referidos a la disolución del matrimonio, a la sazón, indisoluble en Austria. La Iglesia desata una campaña contra él, el Gobierno social-cristiano decide una reforma del nombramiento de los magistrados que los socialistas apoyan presionados por la amenaza de perder poder en su feudo vienés. A cambio estos obtienen dos puestos de los 14 en el nuevo Tribunal. A Kelsen se le ofrece uno de ellos pero se niega a ser magistrado «de un partido político» y además reprochó a los socialistas haberse prestado a un juego sucio y peligroso. A partir de ahí Kelsen, en medio de ataques feroces, decide abandonar Austria y acepta una cátedra que le ofrecen desde Alemania. En una Alemania que está a punto de tener como canciller a un tal Adolf Hitler… De allí pasará a Suiza y después a los Estados Unidos donde morirá a edad muy avanzada.

Este precedente austriaco es el que tienen en mente los juristas alemanes que diseñan su propio Tribunal Constitucional al finalizar la II Guerra Mundial. Y es el que tienen asimismo como referencia los juristas españoles que dieron a luz a nuestro Tribunal Constitucional cuando iniciamos nuestra andadura democrática.

Karlsruhe –lugar donde se encuentra la sede del Tribunal Constitucional alemán– es hoy, para el Estado de derecho alemán, un lugar de culto, un lugar donde se administra la gracia. Sus jueces son, para quienes buscan el Derecho, algo así como los santos tutelares a quienes se pide protección. Su prestigio es inmenso y ha servido de modelo no solo para España sino para casi todos los tribunales constitucionales que se han constituido por aquí y por allá. El ejemplo de los países del Este es muy significativo. Como ejemplo baste decir que la sesión constitutiva del Tribunal Constitucional de Sudáfrica se celebró en la sede alemana de Karlsruhe.

Lo interesante, sin embargo, es destacar ahora que muchos de sus miembros, desde su puesta en marcha, a principios de los años 50, han procedido claramente de la política y han mantenido su afiliación política. Permítaseme la pequeña vanidad de citar mi libro (de inminente publicación) Juristas y enseñanzas alemanas (I) 1945-1975. Con lecciones para la España actual donde expongo en muchas páginas la peripecia de este Tribunal extrayendo enseñanzas para nuestro medio.

Porque, si bien es verdad que el alemán es un tribunal de juristas que ha regalado y regala muchas horas de gloria al noble arte de juzgar y razonar lo juzgado, lo cierto es que nadie ha negado nunca ni niega su carácter político. Michael Stolleis, el gran estudioso de la historia del Derecho Público alemán (a quien mi libro está dedicado), lo resume bien: «los elementos políticos de su práctica, que se conocen desde los inicios, son considerados necesarios». Y Heribert Prantl, en una obra dirigida por el propio Stolleis, señala que «en verdad las sentencias del Tribunal son política, exactamente política constitucional, la que ha querido expresamente la Ley Fundamental … sobre los fines y los medios deciden los políticos. Si el camino emprendido es transitable o si la Ley Fundamental lo cierra es algo que deciden los jueces. ¿Es esto política? Naturalmente que es política pues quien decide qué es lo que puede y lo que no puede hacer la política, está haciendo política …». Es por lo demás un lugar común afirmar que el procedimiento ante el Tribunal se convierte, en la lucha entre los partidos, en una cuarta lectura de las leyes.

Su primer presidente fue Höpker-Aschoff, un político que había sido diputado en el Parlamento de Prusia y en el Parlamento del Reich así como ministro de Finanzas en Prusia antes de 1932. Durante el adolfato se esconde donde puede y tras la guerra es uno de los fundadores del partido liberal y de nuevo ministro de Finanzas, ahora en el recién creado Land de Renania del Norte-Westfalia. El segundo personaje en esta hora fundacional (Rudolf Katz) es asimismo un político de la democracia cristiana que se había visto obligado a abandonar Alemania y había vivido en el extranjero. Era ministro del Land de Schleswig-Holstein cuando fue elegido magistrado.

Otro presidente fue Gebhard Müller (su antecesor murió de forma repentina) que cometió su pecado nazi, luego en la democracia-cristiana, diputado y presidente de un Land antes de ir a Karlsruhe. Ocupó su poltrona durante 13 años y era conocido su activismo en asociaciones católicas. Le sucedió Ernst Benda quien, tras la guerra, se afilia a la CDU donde destaca y asciende rápido en su organigrama. En 1971 lo vemos ya de presidente del Tribunal y se estrena en su cargo afirmando públicamente que «yo soy y seguiré siendo militante de la CDU, decir otra cosa sería una hipocresía». Y así podríamos seguir desgranando nombres socialdemócratas que vistieron la toga roja (formalidad que vendría años después) procedentes de cargos políticos. Hay un momento en el que Adenauer, en la tribuna de canciller en el Bundestag, dijo que «de los 23 jueces, nueve son militantes socialdemócratas del SPD, dos o tres de la democracia cristiana CDU –¡dos! le corrige un diputado–, uno, de las filas liberales, FDP».

Siguiendo con este recuento puede decirse que, desde 1951 a 2000, el 28,5% de los jueces han sido –y lo siguen siendo durante su mandato– militantes con carné de la democracia cristiana; el 34,2% de los socialdemócratas y el 3,4% han pertenecido a los liberales.

El catedrático de Derecho Público Roman Herzog que fue presidente del Tribunal, había ejercido varios cargos de ministro y, a la salida del Tribunal, fue presidente de la República Federal de Alemania, ha puesto de manifiesto en sus Memorias (Jahre der Politik: Die Erinnerungen, 2007) su sensibilidad ante las críticas que el Tribunal recibe acerca del comportamiento de los jueces e incluso acusaciones abiertas de parcialidad no han faltado en su historia. La distinción entre conservadores y progresistas, que se usa en España, también existe en Alemania y se hace sobre la base de los colores rojo y negro (como en las peripecias de Julián Sorel en la novela de Stendhal).

El hecho de que el nombramiento provenga directamente de los partidos justifica el recelo descrito por Herzog y, por supuesto, ocasiones ha habido en que las decisiones tomadas han venido muy bien al gobierno de turno o a la oposición y en ellas han tenido un influjo determinante tal o cual juez. Pero una «coloración única» no existe como regla. Dicho en términos numéricos, y teniendo en cuenta que en cada Senado (Sala) se sientan hoy ocho jueces, una votación cuatro-cuatro en función de la procedencia partidaria de los jueces apenas se da, lo normal es que se produzcan «mezclas».

Ello se debe a que los jueces necesitan para ser elegidos una mayoría amplia, lo que es una garantía de su independencia aunque no es transparente el proceso de selección porque las negociaciones no se hacen a la luz del día. Una segunda garantía para la neutralidad del TC la asegura la no reelección de los jueces: se les elige con un límite de edad y un periodo determinado –doce años– pensados en interés de la continuidad de los trabajos del tribunal. Para el juez suele ser la culminación de una carrera. En estas condiciones, ha de pensar en su «necrológica» y sabe que lo que de él quedará es aquello que haya hecho como magistrado. Si es cierto que no gusta ingresar en la historia como un juez partidista, cada cual se esfuerza en comportarse de tal modo que nadie pueda dirigirle con fundamento una acusación tan grosera.

Pero Herzog admite que todos estos razonamientos no son creídos por los medios de comunicación, especialmente por los que se ocupan de las sesiones y decisiones del tribunal, medios que cultivan una especie de «astrología judicial» que sirve para predecir cuál va a ser el contenido de una sentencia. Y añade: «debo admitir que algunas veces sus profecías se cumplen». Pero con la misma regularidad erran en otras ocasiones. Y es que, por encima del tribunal, no hay más «que el cielo azul o Dios» –según se prefiera– pues sus decisiones no pueden ser corregidas más que por el poder constituyente y esto por lo general no ocurre. Por ello, por la importancia de lo que se decide en esa última instancia, sus sentencias están razonadas y fundadas hasta el último detalle. Que esto no es una garantía en términos absolutos, por supuesto, pero es que tales garantías no pueden darse en el trabajo de los hombres. «Es, en todo caso, la mejor garantía de entre las posibles».

Una última consideración. En Alemania siempre se tuvo muy claro que los jueces constitucionales habrían de desarrollar su labor lejos del poder, es decir, lejos de Bonn. Berlín no era mal sitio, por Colonia abogaba el propio Adenauer pues era «su» ciudad, pero no pudo imponer su criterio y al final se optó por Karlsruhe que era también la sede de otro importante Tribunal a cuya hospitalidad se acogió hasta que pudo disponer de edificio propio en las inmediaciones del palacio del Gran Duque de Baden.

¿Es impertinente reflexionar en nuestra España atribulada sobre esta experiencia?

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El fet diferencial

Piqué tan contento

Pie de foto: Kevin Gerard expresando su contento

Parece que la performance del central Piqué, animalito, le va a costar cara, no sólo a él, que sería lo propio, sino al club, al que tal como señala La Vanguardia en su página 34, la expulsión y suspensión durante cuatro partidos, le deja desguarnecida la defensa. Si con Piqué, el Athletic ganó la eliminatoria, ¿qué será sin él? Uno se imagina a Aduriz brindando el primer partido de liga al defensa central ausente con un homenaje a este, a su manera: “Contigo empezó todo. ¡Gracias, Kevin Gerard!”

El lance es conocido. En el partido de vuelta de la final de la Supercopa, cuando su equipo iba perdiendo por 4-1, en el minuto 55, Piqué se dirigió airadamente al árbitro asistente para protestarle una decisión con la expresión “me cago en tu puta madre”. El Barça, esa armada Brancaleone de Cataluña, podría haber sancionado a su jugador, en plan: “mira el daño que nos has hecho, gilipollas, por bocón”. Pero, en lugar de eso, cerró filas con él mediante una actitud doblemente herrada (la hache está puesta adrede): en la forma y en el fondo.

En la forma, por enviar las apelaciones a la instancia equivocada, el Comité de Competición, en vez de hacerlo al juez único de la Supercopa. En el fondo, por el argumento empleado. Es, una vez más, el hecho diferencial. El Barça admite que su defensa le gritó al linier: “la puta mare”, pero explica que esa es una expresión muy típica catalana para expresar disconformidad o enfado. La puta madre, ¿de quién?¿en general o de algún ausente?¿no sería más pertinente el artículo posesivo ‘tu’ que el determinado ‘la’? Rizando el rizo podrían haber sostenido que en realidad no había pronunciado ‘la’, sino la preposición ‘de’. Lo que pasa es que sería muy raro que Piqué hubiera gritado ‘de puta madre’ de puro contento. Esa expresión tiene un carácter admirativo, tanto en catalán como en castellano, salvo como sarcasmo, tanto en uno como en otro idioma y entonces ya no tendríamos hecho diferencial. 

Los futbolistas como Piqué es mejor que se expresen con los pies, que es la parte de su anatomía en la que reside su talento. A ver, no es que uno espere en la mayoría de los futbolistas la inteligencia y el sentido común que expresa Fernando Torres en la excelente entrevista que Pedro Simón le hace en la Última de El Mundo. Pero sin ser un intelectual puro, Andrés Iniesta es un tipo educado que se comporta como un excelente deportista y una buena persona. El único modelo no puede ser Leo Messi, ese rey del gargajo y gran escamoteador de impuestos en una comunidad autónoma en la que hay tanto virtuoso, desde la altiva familia a la que pesca en ruin barca.

 

 

 

 

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Espera, Alexis (Diálogo apócrifo y un poco socrático)

Aguanta Alexis

Pablo (Iglesias).-Espera, Alexis, que ya llegamos y vamos a ser más fuertes. (13 de julio de 2015)

Alexis (Tsipras).-No corráis, que es peor.

Pablo (Iglesias).-Nosotros llevamos un año y medio preparándonos para gobernar.

Alexis (Tsipras).-Ah, bueno. Con esa preparación, en lugar de asaltar los cielos, deberíais tomar por asalto el Bundestag, y luego, ya si eso, negociamos como amigos.

Pablo (Echenique).-Cuando se trata de una pelea entre David y Goliat no siempre gana David.

¿Qué pensará Pdr de todo esto?¿Por qué hay tanto cantamañanas, Señor? Y por último, last, but not least: ¿El Padre es Dios?

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Juventudes Comunistas de España, Galardón del Ibérico Solar

En unas pocas horas he recibido cuatro veces esta muestra de oratoria castelarina de un dirigente de las Juventudes Comunistas de Úbeda. Uno de los errores más frecuentes de la derecha al hablar de la izquierda realmente existente hoy en España,-no consta que la de otras partes sea distinta-, es reprocharle su pretendida superioridad moral. Nunca ha reparado en la intelectual.

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El Mundo publica hoy un artículo excelente

 Pablo Ilich

Hacia la estación de Finlandia, por Javier Redondo Rodelas

 

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Aupa, Cecil

Cecil

No te dejes rodear por Luis Enrique y su equipo de dentistas. Esta noche, a las 10, en Telecinco. Absténganse de rimas vacilonas*.

  • Era vacilonas, naturalmente
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Crónica de un tortillicidio

Tortillicidio

Desde antes de su acostumbrado viaje estival a tierras canadienses, Agitprop, que es una consumada y virtuosa omelettière había convocado a los remeros norteños de la Argos a una jornada de tortillicidio. Me perdonarán el galicismo que no está escrito por pedantería, sino para evitar indeseadas polisemias carentes de todo fundamento. Advertencia que hago para evitar malos entendidos y antes de ceder el espacio a la crónica de Parmenio, príncipe de las armas y las letras.

Una jornada particular

By Parmenio

“En el bonancible otoño estival al oeste del Telón de Ampuero nuestra adorable Agitprop había tocado a tortilla y allí que se presentó la Argos. A la hora indicada el excelente Baruco fue recibiendo a la oficialidad y marinería que acudió a la llamada.

La propuesta de Agitprop (asistida en las bandas por las damas del remo Babagayá y Compas) consistía en ocultar tras una montaña de maravillosos entrantes y varios hectolitros de vino una sucesión de tortillas de patata canónicas así como algunas variaciones acrobáticas del canon (con chorizo, sin cebolla, con cosas verdes), todas ellas gloriosas (sí, debo reconocer que hasta los discos de patata y huevo estaban de muerte). Como premio a quienes llegaran al final de la comida había arroz con leche (con su canela) y helados, café y quesada. Dieta mediterránea, aquí te espero.

Ante lo improbable de coronar con éxito semejante reto se había solicitado la asistencia de la sociedad civil que estuvo representada por los maestros observadores Virginia y Antonio así como los remeros fundacionales Teo y Javier, venidos de más allá del Telón con motivo del evento.

Así que reunido el Patrón con sus damas del remo, en presencia de la sociedad civil convocada al efecto, con la asistencia por el tercio familiar de los santos Carmen, Paloma, Gary y Jesús (que unía a la condición de santo la de caballero mutilado) y con este, su seguro servidor, en funciones de escriba, los entrantes fueron acometidos y allí cayeron humus, rabas, croquetas y tostas con queso de cabra. Sin desmayo, se dio buena cuenta de innumerables tortillas sin perjuicio de su composición y condición (imbatible la canónica en proporción justa de  ingredientes, grosor y cocción, Bravo!). Se arrasó con los postres y todo se regó generosamente. Y ello, pásmense, mientras se arreglaba el mundo, que está un poco manga por hombro, se hermanaban exvotantes de Roca, se sentaban las bases de la reforma constitucional, se contaban excelentes sucedidos y chistes y se disfrutaba de la hospitalidad de Agitprop y Gary. Qué gran día. 

Y como así fue, así lo he contado para el general conocimiento, la instrucción de los jóvenes, la envidia de los ausentes y el orgullo de la nación. Gracias, muchas gracias.”

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Ministro en Comisión

 

Jorge Fdez

(Hoy, en mi columna de El Mundo)

Líbrenme el Señor y la Virgen de Fátima de considerar al ministro del Interior como uno de mis ídolos terrenales o celestiales. Confieso que su verbosa y campanuda pomposidad me abruman, aunque ayer obrara en legítima defensa ante intervenciones (y aun actos previos) tan descabellados. Es cierto que el ministro pudo derivar al peticionario Rato hacia algún comisario para que se encargara de la seguridad de su familia. Pero debe tenerse en cuenta que un exvicepresidente no es un ciudadano exactamente igual que otro cualquiera, aunque la Ley se le vaya a aplicar exactamente igual. Por otra parte, Rato, como todos los imputados, mantiene íntegra su presunción de inocencia, no es un condenado. ¿Pudieron hablar de la situación procesal de Rato? Sí, pero la oposición no tiene prueba alguna de ello, por lo que la palabra del ministro tiene presunción de veracidad. Si Fernández tuviera más capacidad de síntesis podría haber hecho una gran intervención. Lástima.

El hecho presenta aspectos notables: la entrevista del ministro con el exvicepresidente no se produjo el 22 de julio, (que fue el día de su comparecencia ante el juez) como afirmó erróneamente este periódico, que fue el autor de la primicia, sino el 29, una semana después, con lo que perdía fuerza el vínculo que alguno de los portavoces pretendían con el sms de Rajoy: “Sé fuerte, Rodrigo”. 

Hay otro inconveniente lógico: aquel cogote de Rato ominosa e innecesariamente empujado al coche policial por la mano de un agente para las cámaras. Si Rato era un chivo expiatorio del Gobierno, no podía ser al mismo tiempo cómplice, si bien se mira, y aun si se mira regular.* 

Los socialistas se superaron a sí mismos: después de pedir la comparecencia del ministro y horas antes de que se produjera, presentaron una querella ante el fiscal por tres delitos: prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos. Antes de oír sus explicaciones.

“España no puede tener un ministro del Interior bajo sospecha”, dijo ayer el portavoz socialista, qué gran alcalde de Llanes. Esa es la clave del encuentro del presidente González a las puertas de la cárcel de Guadalajara con su ministro del Interior en febrero de 2003, no bajo sospecha, sino bajo la certidumbre: Una condena judicial a 10 años que el Tribunal Supremo le impuso por el secuestro de Segundo Marey. El presidente fue a la prisión para hacer evidente que él no pensaba omitir el deber de perseguir delitos y garantizarse que su exministro Pepe Barrionuevo quedaba bajo la custodia de Instituciones Penitenciarias, no para decir: “Sé fuerte, Pepe”.

Los tres delitos de los que acusa el PSOE al ministro Fernández son improbables en cualquier estado de derecho. Como dijo Carlos Salvador, el mejor portavoz ayer, los tres delitos sólo podrían serlo en ‘Minority Report’ o en el Código Penal de Cuba, dos casos de Justicia preventiva. La iniciativa está fatalmente condenada a desaguar, pero nadie asumirá la responsabilidad del disparate. ¿Y Sánchez, qué dice de esto? Está de vacaciones desde hace 17 días. ¡Qué tío!

  • Algún otro inconveniente lógico que no me cabía por espacio: no se puede acusar al mismo tiempo al ministro de haber querido ocultar la reunión y de tratar de ‘dar un aviso’ a la judicatura. 
  • Antonio Trevín, portavoz del PSOE: “Estoy seguro de que hablaron de muchas más cosas”. ¿Tiene alguna prueba o sólo un pálpito?
  • Aitor Esteban, portavoz del PNV: “¿Cómo podemos tener la convicción de que sólo hablaron de eso?” No pueden y en esas circunstancias, o aceptan la palabra del ministro o presentan pruebas, o se callan.
  • Aitor Esteban recordó el caso Gürtel para decir que una reunión inadecuada de un ministro, Fernández Bermejo con un juez, Baltasar Garzón, terminó con la dimisión del ministro. La cena se produjo el 6 de febrero de 2009 en el restaurante del Hotel Del Val en Andújar, Jaén. A ella asistieron el juez que instruía el caso, el ministro de Justicia, el comisario jefe de la Policía Judicial y una fiscal, aunque la participación de esta en la Gürtel era a título de amante del juez instructor. Garzón fue inhabilitado, pero no por la cena, sino por ordenar escuchas indebidas a los procesados. El ministro dimitió, pero fue por cazar en una Comunidad Autónoma para la que no disponía de licencia de caza.
  • Sí es interesante ver cómo discurre la acusación socialista sobre el delito de revelación de secretos. Son unos especialistas. Cuando un alto cargo de Interior llamó a un cómplice de ETA al bar Faisán para darle el queo de que se preparaba una operación contra él, la acusación se quedó en revelación de secretos, no como algunos creíamos pertinente, de colaboración con banda armada.
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