Carmena y la pasión de Miguel Ángel

 

A mí, Manuela Carmena me gusta cuando rectifica, porque está como ausente. Lástima que ocurra tan de tarde en tarde, y como esta vez, a regañadientes y con cierta mezquindad. El caso es que hoy, a las 12, a la misma hora en que hace 20 años exactos arrancaba en Bilbao la más grande manifestación contra ETA que se hubiera visto nunca, la alcaldesa de Madrid ha rectificado un poquito al convocar una concentración frente a la sede de la Alcaldía en la que se desplegará una pancarta con el lema: “En el 20º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Madrid con todas las víctimas del terrorismo”.

No será en la fachada y durará lo que dure la concentración. Sobraba el matiz, la reducción de la causa al aniversario, el reparto de la solidaridad para diluirla. La pancarta no era “una situación de menosprecio de unas víctimas en relación a otras”. Ella que tiene estudios, debería haber entendido la verdad elemental de Mari Mar Blanco: “Recordar a mi hermano es recordar a todas las víctimas”.

Hace seis meses, la alcaldesa participó en un homenaje a los laboralistas asesinados en Atocha en el Colegio de Abogados de Madrid, donde descubrió una placa de bronce en su memoria. ¿Incurrió usted, abogada, en un acto de menosprecio hacia el estudiante Arturo González, asesinado por la ultraderecha y Mari Luz Nájera, a quien impactó un bote de humo en la cabeza aquellos mismos días?

El 30 de junio de 2002 se inauguró en Madrid un monumento a los abogados de Atocha. Lo propuso CCOO, y lo impulsó un alcalde del PP que no era un sectario como ella. En el sectarismo la acompañan los concejales socialistas de Bilbao y de algunos otros municipios, que declinaron el homenaje con idéntica sinrazón.

Manuela Carmena era hija de un menestral que atendía a la mesocracia franquista de Madrid en su taller de la Gran Vía y que se anunciaba en ABC con un ripio fantástico: “Carmena se llama el sastre/ que viste a la gente bien./ Hace abrigos y hace trajes/ como muy pocos se ven”. Aquella chica estudió Derecho y se hizo comunista en un viaje sin retorno.

Se casó con un arquitecto renombrado, cuyo estudio vino a menos con la crisis. Sus trabajadores despedidos se querellaron porque Eduardo Leira se declaró insolvente tras poner el patrimonio familiar a nombre de su mujer para evitar el riesgo del embargo. Yo pensé que aquello se parecía mucho a un delito de alzamiento de bienes (art. 257 del C.P.), pero no debía de serlo, a ver quién soy yo para opinar semejante cosa cuando un juez profesional ordenó el archivo porque no encontró en ello la causa que señalaba la Fiscalía, delito contra los derechos de sus trabajadores (art. 311 del C.P.).

Esta virtuosa de los dos pesos y dos medidas piensa que los tuits de su concejal sobre las víctimas de ETA y del nazismo son chistes y siempre saca la cara a la chusma de su equipo: Zapata, Mayer, Sánchez Mato, Soto, Valiente, Gª Castaño. Y al frente, ella, con tantos sobrinos como insuficiencias epistemológicas y morales. Después de todo estos son los suyos y Miguel Ángel Blanco solo era un concejal del PP. Joder, qué tropa.

Pie de foto: Arcu restableció un orden virtual: Como no la cuelga Carmena la cuelgo yo.

 

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Miércoles, 12, sesión doble

Por la mañana en el Teatro Real:

A las 13:00, se presentará la mesa redonda titulada ‘De Ermua a Bayona, asuntos pendientes’, moderada por Chelo Aparicio, en la que intervendrá los periodistas Santiago González, Miguel Ángel Mellado y Gorka Angulo. En la apertura del acto hablará Victoria Prego y también se proyectarán los documentales ‘Aquellos días de julio’ y ‘La estela de Miguel Ángel Blanco’.

Por la tarde en el Círculo de Bellas Artes

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Miércoles, 12, sesión doble

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En La Magdalena

Publicado ayer en El Diario Montañés. La intervención a la que se refiere la información fue publicada en el blog el 7 de julio pasado.

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Margarita, está linda la mar

Hoy, en El Mundo:

Pedro se ha acostumbrado  a delegar en segundones la explicación a la opinión pública de reuniones en las que no han estado. Ya pasó con Ábalos sobre la reunión entre Pedro y Pablo. El jueves se repitió cuando Margarita contó a los periodistas de qué habían hablado Don Mariano y Pedro “en el palacio de Moncloa (sic)”.

También dio detalles de lo que no habían hablado, el 155, ese artículo que nació ya derogado y que es una medida de intervención tan sobrevalorada que los secesionistas más menguados traducen como ‘tanques por la Diagonal’, pero no suspende la autonomía catalana. Uno echa de menos a Tony Blair que suspendió cuatro veces la autonomía del Ulster, la última, (14 de octubre de 2002) durante cuatro años, seis meses y 24 días. Y no pasó nada, quizá porque Blair no tuvo nunca una portavoz atascada en una puerta giratoria.

El presidente no lo citó y Pedro tampoco. Entonces, ¿a qué venía el énfasis y la reiteración de Margarita al negar validez a un artículo estrictamente constitucional? Quizá a que Felipe González sí lo había citado en lo de Vocento y esta tropa ha desarrollado como especialidad ajustar cuentas en el partido con los asuntos de Estado. No era contra Rajoy, sino contra González. “Este nuevo partido Socialista”, dijo en un par de ocasiones en plan refundador, para anunciar entre dos docenas de veces y tres, que si el presidente no dialoga, el PSOE adoptará iniciativas legislativas. Si el presidente no se mueve, lo hará el (nuevo) PSOE. Tanta externaliación no puede acabar bien, Pedro. Por pura incoherencia. ¿Tanto darnos la brasa con la militancia para encargar la refundación del partido a una simpatizante?

No al 155, dijo una vez y otra, como si fuera la madre de mi Krupskaia, en plan banda de Moebius que siempre volvía a pasar por la misma adversativa. El Gobierno contará con todo el apoyo del PSOE y luego colocaba un ‘pero’ o un ‘ahora bien’ tiene que dialogar que demolía el párrafo anterior. Luego demostró cierta incapacidad para ruedas de prensa. Anunciar ‘iniciativas legislativas’ y pretender que no le preguntaran por ellas era de una ingenuidad propia de Abundio.

Margarita se encargó de explicar a los gentiles la conversación entre Pedro y Don Mariano. Ella no estuvo, pero no se privó de dar su opinión de lo que los reunidos se dijeron y lo que no. Ni Rajoy anunció que tuviera la menor intención de aplicar el 155, ni Sánchez mentó el asunto en ningún momento. El artículo maldito fue una adversativa en su relato, ese pero que deroga todo lo dicho anteriormente.

Margarita, está linda la mar. También lo estaba aquella mañana del 22 de octubre de 1992, en la que un tribunal presidido por ella condenó al albañil marroquí Ahmmed Tommouhi a 15 años de cárcel por violación. La sentencia, por ella redactada, no tuvo en cuenta la única prueba rotunda, definitiva: que el análisis del semen encontrado en la braga de la víctima descartaba al acusado. Tommohui cumplió entera su condena. No sé si Margarita se le trastocan las frases hechas y creyó que violar es de albañiles, pero ella no dialogó con el albañil Tommouhi. Se limitó a aplicarle el Código Penal en las condiciones que digo. Así las cosas no se entiende que cuando un presidente autonómico anuncia su propósito de cometer varios delitos a plazo fijo, el 1-O, ella se empeñe tantas veces en que el Gobierno tiene que dialogar en lugar de aplicar la ley. Margarita debió dialogar con Tommouhi y aún si hubiera sido culpable, concluir que el racismo es un problema que deber resolverse políticamente, no por vía judicial.

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La juez Le Vert no es Manikkalingam

Hoy, en El Mundo del País Vascoi

Por una venturosa coincidencia venían a producirse el mismo día una intervención de la amable tropa que responde al nombre o razón social de Verificadores Internacionales de la paz y una conferencia de la juez Laurence Le Vert en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, donde fue presentada por Florencio Domínguez.

Lo de los verificadores fue bautizado en estas páginas como ‘hacerse un  Manikkalingam’ en atención a la desdichada performance que se marcaron los susodichos, que más que verificadores, hicieron de notarios. No daban fe de los hechos, sino de lo que sobre los mismos les contaban los comparecientes. Recuerden  aquel primer y patético episodio del desarme, en el que Manikkalingam y los suyos fueron conducidos con los ojos vendados a una casa que no sabían donde estaba, les enseñaron unas pistolas en una caja de  cartón que sellaron con cinta de embalar y se la volvieron a llevar.

Aquella pantomima sucedió a comienzos de 2014. La Audiencia Nacional, con su mejor criterio llamó a declarar a Manikkalingam y a los suyos a declarar. Es lo que suelen  hacer los jueces cuando tienen conocimiento de que alguien ha tenido contacto tan priviliegiado con una organización criminal.  El lehendakari y su secretario para la paz y la convivencia se desplazaron a Madrid en plan de asistencia maternal a los verificadores, tan solos en una ciudad desconocida los pobres. Tres años y medio después comparecen para afirmar que el desarme completo de ETA es un hecho.

Al mismo tiempo, la juez Le Vert comparecía en el palacio de La Magdalena para pronunciar la conferencia de clausura del curso ‘De Hipercor a Miguel Ángel Blanco. El terrorismo y sus víctimas’. No coincidía en su valoración. El azote judicial de ETA desde los años 90, explicaba que en su opinión ETA no ha devuelto todo su armamento, que las armas las han devuelto a cuentagotas, opinión que no tendrá más remedio que suscribir todo aquel que haya seguido la actualidad con un mínimo de interés.

La lucha contra la banda terrorista se saldó con una victoria en los planos policial y judicial y esto fue gracias a jueces como la señora Le Vert y a la estrecha colaboración que desde hace años vienen manteniendo la Policía francesa y nuestros cuerpos de seguridad, fundamentalmente la Guardia Civil. Ellos han sido los auténticos verificadores que han conducido a la derrota de ETA. No es cierto que hayan entregado todo su arsenal, pero caben pocas dudas sobre el hecho que las armas no entregadas les serán aprehendidas más pronto que tarde. Contó la juez que el elemento definitivo  para que el Estado francés se embarcara sin asomo de dudas contra la banda fueron los asesinatos de los guardias Fernando Trapero y Raúl Centeno en Cap Bretón, dos agentes desarmados que dejaron al decubierto la crueldad de al banda y de Ata, el dirigente que ordenó sus asesinatos.

ETA no fue vencida por las convicciones democráticas de los ciudadanos vascos, como el franquismo no fue vencido por el pueblo español, ni por Manuela Carmena, como parece creer la alcaldesa de Madrid, ni el nazismo fue derrotado en Francia por la Resistencia, hermosas supercherías autojustificantes. Algo de esto se maliciaba el antiguo abogado de HB, Txema Montero en una entrevista en Deia: “ETA ha sido derrotada por la Guardia Civil”. Cierto. Y por la juez Laurence Le Vert.

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Ayer en La Magdalena, De Hipercor a Miguel Ángel Blanco

Pie de foto.-De izda. a derecha: S.G. Philippe Labbé, Manuel Ventero y Cristina Cuesta

Es un hecho que los seres humanos tendemos a fijar en la memoria los acontecimientos que nos han impactado de manera especial, que percibimos como trascendentes. Los dos atentados que enmarcan el asunto en esta mesa redonda, son dos hechos muy relevantes por varios motivos. El primero, el impacto emocional que ambos nos produjeron. El segundo, que ambos acotan una etapa, 10 años, en los que el terrorismo cambia, y también lo hace la sociedad, como pretendo explicar en los próximos minutos.

En este mes de aniversarios he oído muchos análisis en los que predominaba la idea de que la reacción social motivada por el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco, no solo en Euskadi, sino en toda España marcó un punto de ruptura con la etapa anterior, un antes y un después, o como nos gusta escribir a los periodistas, con mal uso del lenguaje matemático, un punto de inflexión; también la pérdida del control de la calle por los simpatizantes radicales de ETA y el fin del silencio de la sociedad vasca.

Hay elementos de verdad en ello, pero también un exceso de wishful thinking. Los días del secuestro y los que siguieron al asesinato de Miguel Ángel albergaron, sin duda, un proceso notable, que no había conocido precedentes. La gigantesca manifestación del 12 de julio para exigir la libertad del secuestrado, fue la primera en que los asistentes se saltaron la consigna de silencio defendida por los convocantes. Y las calles de Bilbao fueron el clamor de una multitud que gritaba Libertad y el nombre de Miguel Ángel.

Como dice la frase de Horacio sobre las horas que se escribía en los relojes de sol ‘Todas hieren; la última mata’. A lo largo de la década que vamos a comentar aquí, se producen varios acontecimientos que podrían sumarse a las causas que conducen a la derrota de la organización terrorista y a su comunicado del 25 de octubre de 2011, pero atribuírselo a una causa concreta constituye un ejemplo canónico de la falacia ‘post hoc ergo propter hoc’, que consiste en creer que cuando dos hechos tienen lugar uno tras otro, lo que pasa después es consecuencia de lo que pasó antes. De hecho, después del asesinato de Miguel Ángel, ETA aún tardaría 14 años en dar fin a su ‘actividad armada’. Perpetró 76 asesinatos más.

Hipercor es el atentado etarra que más víctimas ha producido en toda su historia: 21 muertos y 45 heridos. Los terroristas seleccionaron su objetivo en la creencia de que Hipercor era una empresa de capital francés, objetivo preferente de la banda terrorista desde que el año anterior hubiera aumentado el nivel de colaboración de Francia con España en la lucha antiterrorista, con el procedimiento de entrega inmediata de los terroristas asilados en el país vecino.

El año de Hipercor es claramente el fin del atentado selectivo, del tiro en la nuca, algo que ya estaba previsto por los expertos ya que permitía mayores matanzas con menos riesgo. Fue evidente que se trataba de aumentar el daño entre la población, tan indiscriminada como podía serlo la clientela de un supermercado a las cuatro de la tarde de un sábado. El artefacto explosivo estaba compuesto por 27 kilos de amonal, 200 litros de líquidos incendiarios, pegamento y escamas de jabón. Algunos expertos han definido la bomba de Hipercor como ‘napalm casero’. El pegamento y el jabón tenían como finalidad pegarse al cuerpo de las víctimas, que no tenían posibilidad de desprenderse de ello ni apagarlo, porque la combustión no necesitaba el oxígeno ambiente, no hacía falta comburente.

Me van a permitir que abra un poco el foco, un par de años por delante para abarcar el comienzo de un cambio de estrategia por parte de ETA. Después lo haré por detrás para evaluar las consecuencias. El recurso al coche-bomba ya se había usado antes.

Fue en 1984 cuando el tiro en la nuca cede paso al coche-bomba, la bomba trampa y la bomba lapa que se adosaba a los bajos del coche de la víctima. Los que explosionaron en 1985 causaron cuatro víctimas. En 1986 el número de víctimas mortales asciende a 18, pero es en 1987 cuando el coche-bomba se revela más letal: Del total de asesinatos perpetrados en este año, que fueron 52, 40 lo fueron por coche-bomba, más de la mitad en Hipercor.

En 1985 se produce también el bautismo de sangre de la Ertzaintza. El 7 de marzo es asesinado en una gasolinera de Vitoria el superintendente de la Ertzaintza, Carlos Díaz Arcocha. Era teniente coronel del Ejército y se se había ofrecido como voluntario para poner en marcha la Policía Autonómica vasca.

ETA reivindicó en su comunicado el asesinato por ser un mando de “las Fuerzas Armadas españolas de ocupación”. No había asesinado al jefe de la Policía vasca sino a un teniente coronel del Ejército español. Este asesinato produjo un pequeño cambio en el nacionalismo vasco. Es entonces cuando el PNV admite por vez primera la legitimidad y la pertinencia de la lucha policial contra ETA.

Carlos Díaz Arcocha es una de las trescientas víctimas del terrorismo etarra cuyo asesinato está sin esclarecer policial y judicialmente. Que el asesinato del jefe de la Policía permanezca impune es un mal asunto para esa Policía y para el Gobierno que la manda. La Ertzaintza nunca podrá quitarse el estigma de haber dejado sin resolver el asesinato de su jefe. Lo dice el protagonista de ‘El Halcón Maltés’, la película, no la novela de Hammett, que tiene el mismo sentido pero es menos explícita. Al final, Bogart detiene a la asesina de su socio. Para pasmo de Mary Astor, que confiaba en la atracción que ejercía sobre él, le explica: “Estamos en el ramo de los detectives y cuando matan a tu socio es muy mala práctica dejar que el asesino se escape. Es malo en todos los sentidos. Es malo para todos los detectives del mundo”.

Bien. Volvamos al mainstream. Decíamos que desde Hipercor hasta el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco transcurre una década casi exacta: diez años y veinte días, que constituyen el periodo en el que se dan más cambios y estos son más profundos. En estos diez años no solo cambia el know how de los terroristas, hay que examinarlos también por la actividad policial, las acciones de las instituciones y los partidos políticos. En el ecuador de ese periodo se produce una acción policial clave, que lleva el nombre del pueblo francés en la que se produjo: Bidart.

El 29 de marzo de 1992 una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa detiene en la citada localidad a la cúpula de la banda terrorista, integrada por Francisco Múgica Garmendia, ‘Pakito’; José Luis Alvarez Santacristina, ‘Txelis’ y Joseba Arregi Erostabe, ‘Fiti’. Aquello tuvo una importancia grande no solo desde el punto de vista policial, sino tambi.én político. Al demostrar que ETA era ‘tocable’, pierde fuerza la idea de que contra el terrorismo no valían las medidas policiales, solo las políticas. Al menos durante cierto tiempo, porque una de las características del lenguaje político nacionalista es el salto atávico por encima de los hechos.

El horror de Hipercor tuvo consecuencias. Los políticos aumentan sus mejorables esfuerzos para alcanzar acuerdos en la lucha contra el terrorismo. El 12 de febrero de 1988, dos meses después del brutal atentado contra la Casa cuartel de Zaragoza, los partidos vascos suscriben el Pacto de Ajuria Enea. Aquel año, hubo un bajón en las estadísticas del terrorismo: de los 52 asesinatos en 1987 se bajó a 19 en 1988.

También produce efectos en el Estado: En 1987 se empezaban a poner las bases para el primer gran intento negociador entre ETA y el Gobierno en las conversaciones entre Txomin Iturbe y Julián San Cristóbal. (tono conversaciones). Txomin Iturbe muere en febrero y es sustituido por Eugenio Etxebeste (Antxon). La conversación se enturbia cuando la banda secuestra, en febrero del 88, al empresario Emiliano Revilla, que permanece en su poder hasta octubre, lo que interrumpe los encuentros. Tras su liberación, previo pago de rescate, prosiguen los contactos y eso cristaliza en la primera negociación, digamos seria, entre ETA y el Gobierno: las conversaciones de Argel, que se extienden a lo largo del primer trimestre de 1989, tiempo en el que no se produce ningún asesinato.

 

El fracaso de las conversaciones y la vuelta a los asesinatos el 12 de abril, tiene como consecuencia inmediata la deportación de Antxon y los suyos (Carmen y Makario) a la República Dominicana. El 19 de marzo, ante la inminencia de la ruptura de las conversaciones, el lehendakari Ardanza y el Pacto de Ajuria Enea convocan una manifestación en Bilbao bajo el lema: “Paz ahora y para siempre”. Fue la mayor manifestación celebrada hasta entonces en Bilbao, una marcha silenciosa como lo eran todas entonces.

También es determinante en el debilitamiento de la banda la detención de su cúpula en Bidart, la colaboración internacional, el atentado de Hipercor que superó cuantitativa y cualitativamente el horror al que ETA tenía acostumbrada a la población. 1987 es el año cumbre de Henri Parot y su comando Argala, también llamado itinerante, que estaba formado por ciudadanos franceses. El comando que dirige Parot arranca su carrera de atentados a finales de los años 70 y acaba especializándose en el coche-bomba. Él, que fue condenado a 4.800 años de cárcel por 82 asesinatos, abre y cierra la contabilidad criminal de ETA durante 1987 en la misma plaza, Zaragoza y los dos con coche-bomba. En enero, contra un autobús militar que se dirigía a la Academia, que causó dos muertos. El 11 de diciembre contra la casa cuartel, con un resultado de 11 muertos, entre ellos, dos mujeres y cinco niñas. Y en medio, Hipercor, que no fue obra de Parot, sino del comando Barcelona, formado entonces por Mercedes Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride.

 Herri Batasuna había diseñado en 1994 una estrategia que plasma en la Ponencia Oldartzen, que preconizaba la socialización del sufrimiento, en la idea de que los asesinatos de militares y miembros de los cuerpos de seguridad que habían realizado principalmente hasta la fecha no iban a dar resultado. Pero que, si empezaban a atentar contra los políticos y cargos de representación, harían a la sociedad más sensible a sus demandas. Kas elabora la ponencia Txinaurriak, que abogaba por acciones contra los periodistas, que “se han blindado en nombre de la libertad de expresión y en nombre de la democracia y están causando un dolor tremendo a la izquierda abertzale”.Pero no hay que recurrir a la lucha armada al buen tuntún. El trabajo contra los periodistas y los emdios está sin hacer y las acciones armadas deben ser precedidas por una dinámica de denuncia y presión.

La primera aplicación de Oldartzen fue el 23 de enero de 1995, con el asesinato del teniente de alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián, Gregorio Ordóñez. Es el primer concejal asesinado. El Segundo lo fue dos años y medio después. Se llamaba Miguel Ángel Blanco Garrido y era concejal del PP en Ermua. Entre ambos, ETA asesina al dirigente socialista Fernando Múgica Herzog, al catedrático Francisco Tomás y Valiente. Después de Miguel Ángel Blanco seguirían en cascada los concejales: José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez Becerril, su esposa Ascensión García Ortiz que era procuradora, Tomás Caballero y Manuel Zamarreño.

El año 99 transcurre sin víctimas por la tregua de Lizarra. Después volvieron a predominar los cargos públicos, principalmente concejales.

Hemos celebrado en días pasados un acontecimiento gozoso: la liberación de Ortega Lara por la Guardia Civil que puso fin al secuestro más largo de la banda. La respuesta, la venganza de ETA, tardaría diez días en producirse y había sido anunciada por el portavoz de HB, Floren Aoiz: “Después de la borrachera viene la resaca”. La resaca fue el secuestro de Miguel Ángel, en realidad un asesinato a cámara lenta y en directo. El espíritu de Ermua prendió en Euskadi y en España entera. Fue un estallido de ira que tuvo algunas expresiones magníficas. Carlos Totorica, alcalde de Ermua encabezó la manifestación de sus convecinos para llevarles hasta la localidad vecina de Eibar, a 6 km. para disuadirles del ataque a la sede de HB. La Ertzaintza protegió los locales de HB en SS. Los manifestantes les pidieron que se quitaran el verduguillo y lo hicieron y se produjo una escena insólita: los manifestantes abrazaban a los policías y viceversa.

 Aquellos días hubo miedo en el nacionalismo vasco, y no solo en el màs radical. Si hubo un antes y un después, el nacionalismo vasco empezó a actuar para que el ‘después’ se pareciese lo más posible al ‘antes’. El ex lehendakari Carlos Garaikoetxea, fue quien mejor definió el asunto en términos de riesgo: “Si no nos espabilamos, aquí se va a desatar una marea españolista que nos puede barrer a todos”. Y se espabilaron y el espíritu de Ermua se fue diluyendo suavemente con el paso de los meses, aunque no fuera en vano. El nacionalismo se radicalizó, Ardanza dimitió y fue relevado por Ibarretxe. El PNV pactó con EA ¡y con ETA! en el verano de 1998. ETA impuso a sus interlocutores “el compromiso de pactar con las fuerzas favorables a la construcción de Euskal Herria así como “el compromiso de romper con los partidos (PP y PSOE) que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria”. 

Aquel comunicado informó el Pacto de Estella, firmado el 12 de septiembre de 1998, entre los partidos, sindicatos y organizaciones sociales nacionalistas, al que ETA respondió con una tregua “unilateral e indefinida” que anuncia el 16 de septiembre de 1998 y que mantendrá hasta el 28 de noviembre de 1999, fecha en la que anuncia su fin para el 3 de diciembre. La banda acusa al PNV y EA de no haber cumplido el compromiso de buscar una estructura institucional única y soberana para Euskadi y romper los acuerdos con el PP y el PSOE.

Durante la tregua se produjo un solo contacto de la banda con el Gobierno a través de tres enviados de Aznar (Zarzalejos, Martí Fluxá y Pedro Arriola) con Mikel Antza y Belén González Peñalva, y el obispo Uriarte de moderador. Fue el 19 de mayo de 1999 en Suiza, duró algo más de dos horas y media y se levantó sin otro acuerdo que el de volver a reunirse, lo que no se produjo.

El 8 de diciembre de 2000 se firma el Pacto Antiterrorista entre el entonces presidente Aznar y Zapatero, que casi cinco meses antes había sido elegido secretario general del PSOE. El pacto se empieza a violar el año siguiente en las conversaciones de Jesús Eguiguren con Arnaldo Otegi, pero esa sería otra historia, como diría Moustache, el barman de ‘Irma la Dulce’.

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Mira, Pedro, no es difícil

En octubre de 1977 y ayer mismo:

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Esta tarde, aunque muy pronto

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La ley suprema

Pie de foto.-Cocomocho y su tacataca

Homs ha dicho que está “hasta los huevos”, señal de que el desánimo está empezando a cundir hasta en los representantes más conspicuos de la Catalunya triomfant. No es que Quico esté entre los políticos más inteligentes que uno haya conocido, pero siempre hay margen para espabilar. La destitución del conseller Baiges, que es del PdeCat, como él, ha hecho subir las aguas por las piernas de Homs hasta rozar el paralelo 38: ¿Por qué si todos estamos en esto, solo nos condenan a nosotros? Es una buena pregunta. No es que él fuera muy listo, pero peor habría sido que no se diese cuenta.

Estar hasta los huevos es una tradición en los políticos catalanes. Recuerden a Estanislao Figueras, primer presidente de la I República, que dijo en 1873 a su Consejo de Ministros: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”, cogió un tren y se marchó a Francia. Lo de darse el bote también es muy catalán. Los consellers de Companys practicaron la suerte con gran virtuosismo en octubre de 1934.

Uno lleva con resignación lo del oficio, pero cuando mira a Puigdemont, ese colega, le invade un profundo pesimismo antropológico y corporativo, pese a Kapuscinski y hace suya la vieja máxima: “no le digas a mi madre que soy periodista. La pobre cree que toco el piano en un prostíbulo”. A ver: que Pujol, el fundador, era un chorizo parece harto sabido, pero tonto no era. Luego vino Mas, que perdió en inteligencia y no ganó en honestidad. Tengo ya escrito que Ibarretxe, junto a Artur Mas, parecía Gladstone. Luego vino Puigdemont, fuera elitismos. Y caretas, que allí manda quien manda, o sea, la CUP.

Ayer presentaron el proyecto de ley del Referéndum, llamada a ser ‘la ley suprema’ cuando se apruebe en agosto. Dos notas exóticas: dice que los Ayuntamientos pondrán sus locales a disposición de la Generalidad, pero añade que si no quieren, el Govern buscará otros (art. 30.2). También dice que los cargos de presidente de mesa y vocales son obligatorios, pero no dice bajo pena de qué. (32.1).

La clave es la impunidad. El periodista Urrosolo alcanzó a oír una conversación entre dos empresarios nacionalistas en el vestuario del Club Deportivo de Bilbao durante el Plan Ibarretxe: “Va a ser un desastre”, decía uno de ellos, modelo Baiges. “Además, no se va a poder hacer”, a lo que el segundo replicó: “¿Y si se puede?”

Habría que enviar un ejemplar del Código Penal a cada cargo de esta Merma: alcaldes, concejales, directores de centros públicos, diputados, consejeros, etc. para que no vuelvan a fingir ignorancia, como en el 9-N. Lo que nos habríamos ahorrado si Zapatero no hubiera derogado el artículo 506bis que puso Aznar en el Código Penal, con penas de cárcel para los presidentes que convocaran referendos ilegales. O sea, Puigdemont. Luego llegó Rajoy con una mayoría absoluta holgada, pero no se atrevió a tipificarlo de nuevo. A ver qué hace cuando Puigdemont firme el decreto. Una mayoría de españoles y al menos la mitad de los catalanes, se preguntan lo del empresario vasco, pero sin entusiasmo: ¿Y si se puede?

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