Un gran discurso

Rosa Díez hizo ayer uno de sus grandes discursos parlamentarios. Enérgica, clara e inapelable en la casi totalidad de las consideraciones que hizo a los secesionistas catalanes. Turull aún debe escocerle la respuesta que en el turno de réplica dio R. Díez a su pellizco de monja, recordándole los votos de UPyD en Cataluña: “Mi grupo se llama UPyD, obtuvo 1.140.000 votos y tiene 5 diputados. Su partido consiguió 900.000 votos (en realidad fueron 1.014.263) y 16 diputados”. A los compañeros de Turull en el Congreso les salió el escaño a 63.391 votos. A R10 y sus cuatro compañeros de Grupo, a 228.048.

Y en la misma segunda intervención: “Ustedes quieren votar. Luego vamos a votar. ¿Van a acatar ustedes el resultado de la votación?”

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Pilar, para la próxima edición

Libro Pilar Urbano

 

Instruir deleitando. Querida Pilar Urbano: en tu reciente libro, ‘La gran desmemoria’, tienes este error que te señalo: En el tardofranquismo y hasta los primeros años ochenta, ntre los grupos de violencia política, terrorismo de extrema derecha neofascista y terrorismo de Estado… y citas entre esos grupos terroristas al Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite).

Por si estás a tiempo de corregir este dislate para la segunda edición, te ilustro sobre la naturaleza de Covite: es una asociación de víctimas creada en 1988 por Lola y Teresa Díaz Bada, hijas del teniente coronel Carlos Díaz Arcocha, primer superintendente de la Ertzaintza, asesinado en Vitoria el 7 de marzo de 1985.

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Se(ce)sión de tarde

SecesionEnElCongreso

El gran Arcu ha ilustrado el tema del día con el protagonista (ausente) de la sesión de esta tarde. Mas no estará, pero ¿acaso no es característica fundamental de los superhéroes la de actual por personajes vicarios? Superman, por persona de Clark Kent; Spiderman, por la de Peter Parker; Batman, por Bruce Wayne y el increíble Hulk por David Bruce Banner.

 Bueno, pues al increíble Mas le encarnan tres: Herrera, Turull y Rovira. ¿Qué de malo hay en ello? que diría Ibarretxe.

La semana pasada salía a las librerías  ‘La secesión de España’, libro coordinado por Joseba Arregi y firmado además  por : Luis Castells, Alberto L. Basaguren, Matías Múgica, José V. Rodríguez Mora, Bárbara Ruiz y José Mª Ruiz Soroa. Hoy, José A. Zorrilla ha publicado en El Confidencial una severa crítica al libro y, más concretamente, al trabajo central: ‘¿Es posible regular la secesión aquí y ahora?’

Ayer, El Mundo del País Vasco publicaba una muy buena entrevista a doble página de Leyre Iglesias a Joseba Arregi. La primera parte dedicada al libro que ha coordinado y su cuestión: la secesión. La segunda es una entrevista excelente sobre Euskadi después de ETA, el papel y el significado de las víctimas. Arregi es, en mi opinión el intelectual vasco que con más provecho ha reflexionado sobre este asunto. Pero vayamos a la primera que es el tema del día. Llama la atención el entrecomillado del titular: “Una consulta reglada y clara sacaría a los nacionalistas de su victimismo“. 

Uno se pregunta por qué dirá eso el entrevistado. Después de todo, el victimismo consiste en arrogarse la cualidad de víctima sin serlo. “Ustedes no hicieron nada, mientras otros nos estábamos jugando el bigote”, decía el portavoz parlamentario del PNV J.A. Rubalkaba, dirigiéndose a lois escaños del PP y el PSE, en los que un día se sentaron Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa y José Ramón Recalde. ¿Qué efecto realidad podría frenar a gente así, o sacarlos de su victimismo?

Así parece creerlo también Arregi. A la pregunta de Iglesias: “¿Se combate al nacionalismo ofreciéndole una de sus demandas?”, Arregi responde con lucidez y acierto: “No, nunca: el nacionalismo es insaciable. Cuando alcanza una meta se crea otra nueva”.

José Antonio Zorrilla ha publicado un artículo muy interesante sobre este asunto en El Confidencial:

 

Café para todos y, en vez de copa y puro, secesión

José Zorrilla

Asistí el pasado jueves 27 a la presentación del libro La secesión de España, celebrada en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Presidía don Benigno Pendás; a su derecha se acomodaban don Francisco Rubio Llorente y don José Álvarez Junco. A su izquierda, dos de los autores, y a la vez amigos, José María Ruiz Soroa, éste de la infancia, y Joseba Arregi, a cuyo magisterio tanto debo.

Libro SecesiónEsperaba algo fuera de lo común; y lo obtuve. Sin embargo, no puedo decir que el regalo fuese del cero hacia la derecha, sino del cero hacia la izquierda con signo infinito. El libro es una serie de estudios, todos ellos obra de académicos de renombre, sobre el tema vasco que sirven de orla al capítulo central,firmado por uno de nuestros constitucionalistas más brillantes: José María Ruiz Soroa. No puedo, por razones de formato y espacio, hacer un recorrido descriptivo o crítico de todo lo que su breve texto evoca. Me centraré, por ello, en lo mollar.

Dice Ruiz Soroa, tras definir correctamente la autodeterminación (derecho al buen gobierno) y la secesión (ruptura de fronteras) y citar el texto legal de la ONU que recoge el principio de la intangibilidad de las fronteras, que al hacerlo así “las aspiraciones secesionistas de una parte de la población de una parte de un Estado democrático son una cuestión interna de ese Estado”. En modo alguno. La resolución 2625 de la Asamblea General XXV no hace ese reenvío a la legislación interna, ni ninguna otra resolución tampoco. Lo que dicen todas es que las fronteras son intangibles, dejando como única posibilidad de ruptura la de que el Estado en cuestión trate a parte de su población de manera contraria a los principios y fines de la Carta de las Naciones Unidas, algo en lo que la doctrina también está de acuerdo.

La secesión sólo puede ser remedial, esto es, producirse para remediar un mal superior a la intangibilidad de las fronteras existentes, abriendo otras para cobijar dentro de ellas a los maltratados por el Estado original. En el caso de España, la protección del DIP es especialmente fuerte por afectar la secesión a un tercer Estado (lo que no sucede ni en Quebec ni en Escocia), por venir desde 1660 el acuerdo fronterizo,  por ser los vascos una minoría irredentista y por verificarse la reivindicación en el espacio UE.

Vamos ahora a analizar ahora para qué quiere Ruiz Soroa salirse del Derecho Internacional Público y acogerse al del Estado español. Cito: “Lasecesión democrática de una parte de un Estado sólo puede ser tal si se encauza a través de un procedimiento bilateral y negociado, un proceso en el que el resultado final no está garantizado de antemano…”.

Voy a enunciar lo mismo de manera completamente distinta y correcta: “La secesión de una parte de un Estado sólo es posible si la población de esa parte del Estado sufre un tratamiento contrario a los principios y fines de la Carta de las Naciones Unidas”. Como habrá visto el lector, Ruiz Soroa abandona la tesis remedial internacional para pasar a la procesal nacional. Romper las fronteras no es ya remedio para perseguidos bajo la advocación de la Sociedad Internacional, sino proceso legal interno sin que medie daño previo.

Aunque esto sea gravísimo, lo peor viene después. Como, evidentemente, no hay Constitución que pueda asumir esa carga (pues, por definición, una Constitución no es un Código Bushido que regula con detalle el seppuku, sino una norma que afecta a un territorio y una población indisolubles, sin más excepción que la de San Cristóbal y Nieves, dos islas en el Caribe que rondan los 35.000 habitantes), Ruiz Soroa se propone modificarla. Pero como esa reforma es “fuerte”, y por consiguiente difícil, ofrece arreglar este escollo con un arbitrio previo a la modificación, un “supuesto procedimental previo” que llevaría por título “Ley reguladora de los trámites previos necesarios para poner en marcha la iniciativa de reforma constitucional en los supuestos que afecten a la unidad nacional”.

Aprobado este instrumento, nada impediría embarcarse en un proceso de secesión, emancipado ya de sus aristas emocionales e ideológicas. Cito al autor: “Sitúa la cuestión en unos términos acusadamente procedimentales, es decir, (…) huye deliberadamente de cualquier planteamiento esencialista o nacional-trascendente y centra más sencillamente la cuestión en torno a los requisitos o trámites que un proceso de secesión debe de reunir a lo largo de su tramitación para poder ser homologado”.

Me gustaría oír lo que los nacionalistas tienen que decir sobre el abandono de principios esencialistas. Y, sobre todo, qué razón hay para reducir a procedimiento homologable (sic) lo que ya está cubierto de manera seca por el Derecho positivo internacional como principio básico vinculante (ius cogens) de las Relaciones Internacionales.

Y aún falta la guinda del pastel. Cito: “Cualquier Asamblea legislativa de una Comunidad Autónoma podría dirigirse al Gobierno de la nación notificándole la voluntad de un proceso previo de verificación de la posibilidad de secesión para su Comunidad”. Bakuninismo a estas alturas del siglo sin más variación que cambiar el municipio por la autonomía.

No hemos aprendido del café para todos

Por lo visto no hemos aprendido del café para todos. Ahora tenemos que añadir al acervo el proceso de secesión. El debate fue muy corto y apenas me quedó tiempo para calificar todo el empeño de “aberratio máxima”. Ya en los pasillos, uno de los autores me dijo que podía entender mi indignación. “La que hubiese tenido mi padre, por ejemplo”, modo nada sutil de llamarme franquista. El error era doble. Ni yo tuve nada de franquista (él debería de saberlo) ni estaba indignado. Estaba (y sigo estando), eso sí, desesperado.

Intentan los autores del libro alcanzar una meta imposible. El espacio político del nacionalismo vasco es su indefinición. Viven en la niebla como el escarabajo pelotero vive en la basura, y de la basura. Pese a ser imposible, este empeño constitucionalista tiene graves efectos, pues parece que somos nosotros los que estamos en falta por no darles un Estado cuando son ellos los que no saben dotarse de una Nación. Ese es el verdadero motivo de su bulla.

Lo que hay bajo sus votos puede ser una comunión de los santos (Arana); una comunidad étnica (Volksgemeinschaft y Krutwig); un pueblo trabajador vasco (ETA) o una tribu. Pero sobre esos constructos no hay Estado posible, todo lo más un enclave o una reserva indígena. Los Estados, para formarse, exigen naciones liberales, algo que les está por definición negado a nuestros etnicistas. Pero la nación liberal, a su vez, no excluye firmeza con los separatistas.Que se lo pregunten a Abraham Lincoln. Esto de la reserva india explica también las sucesivas montoneras, que no revoluciones nacionales, del abertzalismo vasco. 1833, 1870, Santoña en 1937, 1968 (ETA) y Estella en 1998.

Lo de la reserva aborigen no es original. Ya lo defendió J. M. Salaverría, el biógrafo de Iparraguirre*. Cito: “Cierto día, y viendo el desarrollo que en el País Vasco, y particularmente en Guipúzcoa, adquiere el urbanismo, pensaba que también aquí sería oportuna la introducción del sistema de los Parques Nacionales (…) con el fin de mantener aislado y exento de contaminación (…) un grupo algo nutrido de verdaderos ejemplares de esta raza vascongada, original y bella cómo pocas (…) reservar, alambrar, convertir en dominio aparte o en parque nacional a todo el País Vasco, sería excesiva pretensión (…)bastaría reservar o acotar un territorio de algunos kilómetros cuadrados de superficie y meter en él cinco o diez mil ejemplares escogidos para que en él vivieran de sus recursos, según sus necesidades antropológicas y exentos de toda contaminación y mestizaje”.

En eso llevan el PNV y ETA cincuenta años. Nosotros, entretanto, defendemos meter en la vida nacional un instrumento simple al alcance de cualquier autonomía con el que se pueda romper la integridad del Estado que, junto con Francia y Portugal, inaugura el Estado europeo 1.000 años después de la caída del Imperio Romano de Occidente. Raro país que da ahora a una simple autonomía lo que negó a su Rey legítimo el 2 de Mayo de 1808 por la vía de una sublevación nada autonómica, por cierto.

Por decirlo todo, en aquella noche aciaga eché también de menos algo deforward thinking. Europa, por ejemplo. Una petición de unidad continental completa, ciudadanía única incluida, en donde todos esos desvaríos étnicos, hijos de la anomia y, en definitiva, del atraso político de España, quedasen anegados sin remedio. Pero ¿cómo lo iban a hacer? Hace días se manifestaron en Bilbao los abogados. No exigían poder ejercer en toda Europa. Decían que poder hacerlo en toda España sería el fin del turno de oficio. Hemos vuelto a la Alemania anterior al Zollverein. Y todo esto por obra de talentos finísimos, amigos por añadidura, y algunos de ellos con años de guardaespaldas en su haber.

Fue una noche terrible; lo sigue siendo.

*José María Salaverría. Iparraguirre, el último bardo. Espasa Calpe. 1932

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Pilar Urbano y los datos

Vascopress

Vasco Press publicó ayer esta nota sobre los malabarismos de una novelista escribiendo libros de periodista. Es lo que hay, léanla entera

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Mickey Rooney, que le quiten lo bailado

Mickey Rooney y Ava Gardner

Mickey Rooney ha fallecido esta noche . Era uno de esos bajitos que caen simpáticos. No se le puede zar más partido a su 1,57 de estatura: Durar hasta los 93, hacer más de 200 películas, casarse con ocho mujeres, sucesivamente, se entiende. La primera vez fue con Ava Gardner, no diré más.

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Esta tarde, Jon Juaristi

Juaristi

 

 

 

 

 

 

 

 

Será esta tarde, a las 7:30, en la Biblioteca Municipal de Bidebarrieta, en Bilbao.

En otro orden de cosas, Capítulo de agradecimientos: Arcadi Espada: El derecho inalienable a la realidad

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El prototipo, los ‘fernández’ y las ‘chonis’

Apellidos catalanes

Jordi Pujol ha creado su poquito de escándalo  con esta frase:

“Cuando empiezas a ver las listas de la gente que hace proclamaciones soberanistas te lo encuentras lleno de ‘chotis’ y de gente que evidentemente, evidentemente, evidentemente se llama Fernández”.

De todo tiene que haber en la viña del Señor. Es el ‘non olet’ de este señor bajito y con cara de mala uva. Charneguitos los quiere el señor (Pujol), mientras se muestren fascinats. El poder, es lo que tiene, un aura que inviste a quien lo ejerce de las características raciales, lo dota de las señas de identidad de la tribu, más allá de los estándares del sistema métrico decimal. Por poner un ejemplo: vean en este link la foto de un verdadero ario, ideólogo y propagandista de la superioridad racial alemana: un bonsái llamado Joseph Goebbels. (Es el de la izquierda).

El prototipo catalán es Jordi Pujol, aunque en el terreno de los hechos, los Fernández, pero antes que ellos, los García, los Martínez, los López, los Sánchez y los Rodríguez son apellidos más frecuentes entre los catalanes. Y después los Pérez, González, Gómez, Ruiz, etc. tal como pueden ver en la lista de Idescat que ilustra hoy el comentario. Tiene un apellido infrecuente y su estatura es notablemente inferior a la estatura media de los catalanes. Hace años, en una performance irreverente, ‘Els Joglars’ -cómo se ha empobrecido Cataluña desde que dejó de caber en ella Boadella-decoraron las carreteras de Gerona con pintadas que decían ‘Pujol, bonsái; Pujol, tapón’, expresiones que me guardaré muy mucho de aprobar, por estar escritas desde la insoportable prepotencia de los tipos altos.

Hubo una época en la que Pujol me parecía un hombre de Estado. Bajito, pero de Estado. Me sacaron de mi error el citado Albert Boadella y Arcadi Espada. Entonces, a mí, Marta Ferrusola -això es una dona!-me parecía un raro complemento en la vida de Jordi Pujol. Su racismo obvio, su concepto de la vida me parecían rarezas de otro siglo, hasta que comprendí que en ellos era cierto el tópico: detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.

Esa lista de apellidos le dolía a Marta Ferrusola de Pujol. Más que nada por la educación de sus niños:

“Mis hijos no podían jugar en el parque cuando eran pequeños. Me decían: ‘Madre, todos son castellanos’”.

Se lo temía con razón. Tanto roce con la chusma tenía que acabar mal y sus hijos han acabado todos millonarios, sí, pero arrastrando esa rareza de apellido por los juzgados. Al final tuvieron que juntarse con la raza de los delincuentes y todo se contagia, menos la hermosura. Contenta debería estar de que sus fernández fueran de guante blanco, no los que retrataba el célebre ‘Aurresku’ tan sabiniano:

Sin sombra de ridículos chulapos/ ni pianos de manubrio,/ ni nada de inmoral.

Sin rodearse con odiosos criminales/ que siempre van provistos/ del mísero puñal.

Allí bailaba el euskaldun de raza viril,/ mostrando bien su agilidad al son del chistu/ y del tamboril. 

 

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El día que yo fui Esperanza Aguirre

esperanza aguirreEs muy difícil saber a estas alturas lo que pasó entre Esperanza Aguirre y los agentes de movilidad en el carril bus de la Gran Vía madrileña. Probablemente no lo sepamos hasta que Pilar Urbano, la gran especialista española en contar la literalidad de conversaciones que no pudo conocer hasta esos detalles, escriba un libro sobre el incidente de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid.

El asunto es a un tiempo complicado y simple: ha pasado mil veces y pasará otras tantas: un personaje público de relieve choca con unos servidores de la ley, puta base, por una cuestión menor, como es una infracción de tráfico. Lo suyo sería que el agente denunciante se dirigiese a la infractora con corrección, pero sin circunloquios: “Buenas tardes, señora. Ha infringido usted el artículo equis del Código de Circulación, Ordenanzas Municipales o cualquier otra normativa. ¿Me permite su permiso de conducir, permiso de circulación del vehículo, tarjeta ITV, seguro del coche?”

El ciudadano interpelado, aunque sea español no deberá tomarse esto como un atentado a su dignidad. Antes bien facilitará al agente denunciante la documentación requerida y huirá de utilizar expresiones como: “¿No sabe usted con quién está hablando?” y otras del mismo campo semántico. El agente extenderá el boletín de denuncia sin alharacas oratorias y ofrecerá a la persona multada la posibilidad de firmarlo. Ésta lo hará o rechazará el ofrecimiento, sin que la autoridad multan se tome el asunto como algo personal. A continuación deseará al multado un buen día y le ordenará que arranque el vehículo, facilitando la maniobra si fuere preciso.

Yo que he sido multado algunas veces, tengo como ejemplo de multadores a los agentes de la Guardia Civil. Es tal su corrección, que cuando me ofrecen el boletín de denuncia para su firma, siempre lo hago, casi con entusiasmo, y tengo que reprimirme para no darles las gracias.

Esperanza Aguirre cometió varios errores durante la tarde del jueves. El primero, estacionar en carril bus para sacar dinero de un cajero automático. El segundo, discutir con un agente de la autoridad, por más que de carácter menestral, como son los agentes de movilidad. El tercero, marcharse del lugar contra la orden expresa de hacerlo y sin esperar a que el denunciante le entregara el boletín. Rozar la moto del agente y tirarla al suelo. Y quinto, hacer un recorrido por los medios de comunicación para poner altavoz a su desdicha, adobando su versión con comentarios inadecuados, como que rozó la moto porque estaba mal aparcada, o dar a elegir a la autoridad entre multa y bronquita, pero no ambas cosas. Aquí El atestado de la Policía Municipal sobre los hechos.

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Esperaremos a que se sustancie la denuncia y veamos en qué queda. Debo confesar que he vivido un lance que me hace comprender a Esperanza Aguirre. Se produjo en Bilbao, el sábado, 5 de febrero de 2012, a las 13:05 horas. Yo iba a buscar a mi hijo Daniel, 13 años, a casa de un amigo suyo donde había pasado la noche del viernes. Yo lo había alertado para que tuviera sus cosas recogidas y bajara cuando tocara el timbre. Como los alrededores estaban atestados de coches, yo, español al cabo, opté por una ilegalidad, como doña Esperanza: subí el coche a la acera en la esquina entre las calles Pérez Galdós y Doctor Areilza, encendí los warning y crucé la calle hasta el portal de enfrente, treinta pasos exactos, contados por mí posteriormente.

Al darme la vuelta ví que estaban junto al coche dos agentes de la Policía Municipal de Bilbao. Corrí hacia y pedí disculpas, alegando que había sido menos de un minuto, que había ido a buscar a mi hijo, etc. y, bueno, a mí me tocó un municipal chulo, en vez de un sobrio agente de la Guardia Civil, que me habría dicho probablemente: “un minuto o un cuarto de hora es una infracción por estacionar sobre la acera. Haga el favor de facilitarme la documentación que voy a denunciarlo”, a lo que no habría tenido nada que oponer.

En lugar de eso procedió a echarme una bronca de altura, después de preguntar: “¿Dónde está su hijo?” “Aquí”, dijo el citado, que llegaba en ese momento con la bolsa a rastras. El agente, con número de identificación 785, siguió sermoneando: “¿Usted cree que todos los que tenemos coche debemos comportarnos como usted y aparcar donde nos dé la gana?” Pensé que debía de tener coche nuevo y que por eso hacía gala, pero me abstuve de decir nada sobre el particular. Respondí, creo recordar que con mansedumbre que tampoco era eso, que había sido sólo un minuto y que… “Ah, ¿pero todavía insiste?” me cortó y me callé. Se guardó la libreta y me anunció: “Pues ya veremos si le denunciamos”. Mi hijo y yo subimos al coche y él nos facilitó la salida del inadecuado aparcamiento, no sin advertirme que la rueda delantera izquierda estaba baja. Su compañero no despegó los labios durante los tres o cuatro minutos que duró el incidente. Tampoco el guardia 785 me pidió en ningún momento la documentación. Lo peor de aquel incidente, fueron las primeras palabras de mi hijo: “Papá, ¿por qué te has dejado gritar?” No me atreví a decirle: esperaba que con la bronca nos ahorraríamos la multa.

Tiempo después me llega la notificación de una multa, lo que me contrarió por la ración doble, pero, sobre todo, por la falsedad. En el apartado de la denuncia reservado para datos del conductor no había ninguno y estaba marcada la casilla: ‘AUSENTE’. La denuncia estaba firmada en solitario por el agente 785. Escribí un recurso al Ayuntamiento en el que reconocía la infracción, pero consideraba que la falsedad del agente denunciante al mentir sobre la razón por la que no había obtenido mis datos ni me había entregado el boletín de denuncia, hacía que ésta fuera nula.

La jefa de servicio (o directora de Seguridad Ciudadana, que ya no recuerdo) que me respondió debía de padecer algún déficit de comprensión lectora, porque solo me contestó que aparcar sobre la acera era una infracción, etc. cosa que yo jamás discutí. Después pensé escribir al alcalde, Iñaki Azkuna, (en carta abierta, naturalmente) para explicarme mejor: decirle que yo me avenía a pagar los 90 euros de la multa. Aún mejor, si alguien más dotado considerara que yo tenía razón, me comprometía a ingresar los 90 euros en alguna cuenta a favor de la Policía Municipal de Bilbao, lo mío no era una guerra corporativa. Ya tenía escrita la carta cuando falleció la mujer del alcalde, Anabella Domínguez, una buena mujer con la que yo mantenía una amable relación.

No era el momento. No hubo momento oportuno después. A los seis meses de los hechos recibí una respuesta en la que el agente nº 785 decía:

“No recuerdo la conversación que manifiesta el conductor, ni que hubiese ningún problema en particular”.

La desmemoria, que diría Pilar Urbano. Seis meses después de los hechos, el guardia 785 debería ratificarse diciendo: “Esa conversación no pudo tener lugar, porque tal como escribí en la denuncia el conductor se encontraba ausente, de lo que puede dar fe mi compañero, el agente número ?”

En fin, quiero decir que con una experiencia como ésta yo no daría la razón por sistema a un agente de movilidad o un guardia urbano contra Esperanza Aguirre ni contra nadie. El problema es que la ex presidenta de Madrid se ha quitado la razón a sí misma. Y lo peor de todo, después de tanta bronca, tanto agente de movilidad, Policía Municipal y un par de guardias civiles, a Esperanza Aguirre le robó la cartera un pickpocket (homenaje a Robert Bresson) de los que tanto abundan en el centro de Madrid.

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El error y la justicia

Prisión en su casa para Bolinaga

Bolinaga, rodeado de su peña, fotografiado ayer a su llegada a los juzgados de Bergara para declarar ante el juez Moreno por videoconferencia. El asesino se negó a responder al juez, aunque no fuera estrictamente necesario. La Guardia Civil tenía acreditada su autoría directa en el asesinato del cabo de la Guardia Civil, Antonio Ramos, el 8 de junio de 1986.

El juez acordó prisión provisional comunicada en su domicilio. Recordarán el desafío al que este tipo sometió al Estado de Derecho, declarándose en huelga de hambre para obtener su libertad. También recordarán que la forense de la Audiencia Nacional no veía razones para su excarcelación: Su cáncer tenía muy mal pronóstico a largo plazo (tenía y tiene tres metástasis), pero no estaba en estado terminal. El juez de Vigilancia Penitenciaria concedió la libertad provisional. El Ministerio del Interior siguió los pasos de cuando lo dirigía Rubalcaba en la excarcelación de De Juana Chaos y el ministro Fernández formuló la misma falacia exculpatoria que el ministro Pérez: de no hacerlo, habría prevaricado. Confundir lo que la ley te permite con aquello a lo que te obliga.

Hoy, los diarios repasan los errores de este caso y piden editorialmente el ingreso de Bolinaga en prisión. Seamos justos. Si no fuera por los errores, ahora subrayados por el informe de la Guardia Civil, ahora no tendríamos la mínima reparación de la prisión domiciliaria que ayer dictó contra él el juez Moreno. Estaría condenado a 30 años adicionales, que habrían quedado susbsumidos por el juez de Vigilancia Penitenciaria en la libertad provisional. Y seguiría saliendo a la calle a tomar potes.

Boli

Pie de foto: progresa

Ayer, en el mismo día, se hizo pública la destitución de Txema Urkijo, el asesor en materia de víctimas que han tenido los lehendakaris Ibarretxe, López y Urkullu (hasta ayer).  Salomé Fernández Erdozia ha pedido al lehendakari Herodes la cabeza del bautista Urkijo y el interpelado ha dicho ‘bai’. Después de todo, para investigar las torturas de la Guardia Civil y hacer cursos de educación cívica para la Ertzaintza, con lo bien que le vendrían a Sortu, no hace falta engarce con las víctimas de ETA. Mi columna de hoy en El Mundo relaciona los dos asuntos.

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Siempre Covite

Está casi todo dicho. En el día en que Bolinaga declara por videoconferencia ante el juez sobre el asesinato del cabo de la Guardia Civil Antonio Ramos, el 8 de junio de 1986. Este es, si la cosa va a más, el segundo crimen esclarecido por Covite. En el día en que los medios dan cuenta de que Jonan Fernández se ha cobrado la cabeza del asesor de Urkullu para víctimas del terrorismo, Txema Urkijo. Así está el tema.

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