Ojo con el refranero

Robar a un ladrón

Un tuitero que firma como@elentirvirgo alertó anoche del asunto. La Televisión pública de Galicia, en un informativo dio noticia sobre un robo de alimentos perpetrado en una iglesia. La presentadora  dio la noticia con estas palabras: “Robar a un ladrón dicen que tiene cien años de perdón, pero robar los alimentos destinados a familias necesitadas no sé si tendrá mucho perdón”. O sea, si lo que les robas a los ladrones era para una causa noble, ya no. Aquí tienen el vídeo. Y aquí el texto de la noticia en la página de TVG:

“Roubar un ladrón din que ten cen anos de perdón pero roubar os alimentos destinados a familias necesitadas non sei se terá moito perdón. Iso foi o que fixeron os ladróns que asaltaron a igrexa de San Salvador de Poio. Tamén levaron un televisor e cartos dos petos dos fregueses.

Unha fiestra forzada levantou as sospeitas. O Párroco da igrexa de San salvador, en Poio, comprobou como os ladróns rebentaron o enreixado e entraron no andar inferior do edificio. Segundo parece buscaron en todas as estancias pero só foi na sancristía, forzando a porta, onde atoparon algo: os alimentos que Cáritas destina ás familias necesitadas. Sen escrúpulos leváronos.

Tamén se fixeron cun televisor de plasma para a catequese. Accederon ao templo principal e alí conseguiron levar uns cen euros en metálico. Non é a primeira vez que ocorre. “Temos certa preocupación”, di o párroco.

Malia o roubo dos alimentos, o servizo que se lles presta nesta igrexa a 16 familias necesitadas non se verá interrompido, xa que se fará unha petición extraordinaria a Cáritas.”

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Joseba Arregi en el Parlamento vasco

Joseba Arregi

Joseba Arregi compareció a mediodía de ayer ante la ponencia de autogobierno del Parlamento Vasco para exponer un discurso irreprochablemente democrático. Tal como aclara en el correo que me ha enviado junto al texto de su intervención: “La entradilla en euskera no dice nada especial, sólo subrayo que el debate de la ponencia se produce en un contexto en el que los partidos políticos ponen de manifiesto sus deseos, por ejemplo el PNV, afirmando por boca de sus líderes en los últimos tiempos que la constitución no ha servido nunca para Euskadi.”

Pinchen y lean. Aquí les transcribo las últimas líneas. Ojalá Urkullu y su Jonan Fernández se las aprendieran de memoria. Ah, si el lehendakari le hubiera nombrado a él secretario general de Paz y Convivencia:

“…a veces, pareciera que de lo que se trata es de, en nombre de la incorporación de quienes han escrito la historia de terror de Euskadi a la realidad institucional, satisfacer, al menos en parte, en la mayor parte posible, la reclamación que constituyó el fundamento de su rechazo de todo pacto nacido del reconocimiento de las diferencias internas de la sociedad vasca. Algo realmente incomprensible, contrario a la historia constitucional democrática europea, contrario a lo que exige el grito que desde el silencio impuesto por ETA por medio del asesinato nos dirigen las víctimas: Euskadi para ser comunidad política se fundará en la memoria de libertad de los asesinados para eliminar la diferencia interna, o no podrá ser comunidad política, comunidad democrática.”

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Error de página

columnaHoy, por algún error de paginación, la edición de El Mundo de El País Vasco publica una columna mía de hace algunos años, como habrán advertido los lectores al ver a Zapatero mencionado como presidente del Gobierno. La columna del día era ésta:

Asuntos Internos

Santiago González

El presidente del Gobierno y el lehendakari vasco se reunieron el lunes a cencerros tapados, dicho sea sin ánimo de señalar. Mientras Artur Mas y su socio escenificaban su desencuentro, Rajoy y Urkullu demostraban que hablando se entiende la gente, aquella gran lección política que Ernest Benach aprendió de una conversación banal con el Rey de entonces.

Apeado ya de su “consulta sí o sí”, Mas ha cambiado de disyuntiva: consulta o elecciones plebiscitarias. El problema es que su socio en la oposición, Oriol Junqueras, no está dispuesto a coaligarse con CiU sin consulta previa. El Debate de Política General ha bastado para escenificar la gresca y para que el primer secretari del PSC se haya estrenado como valet de chambre, en el mejor estilo que los dos partidos españoles cumplen para los nacionalismos en Euskadi y Cataluña: morroi del caserío para el PNV o palanganer para el meublé de Convergència. Recuerden el papelón que hizo Alicia Sánchez Camacho con aquel pacto de legislatura que sólo tuvo cuerda para un par de años.

El Debate de Política General era el momento para que Moisés enseñara las tablas de la ley a los suyos y se los llevara a dar vueltas por el Sinaí durante cuatro décadas. Es lo que pide la tradición a los pueblos elegidos. Juan Josué Ibarretxe anunció su plan en un debate de Política General, el 27 de septiembre de 2002.

Pero en los primeros compases, antes, incluso de la Ley de Consultas, ha estallado la guerra. Civil, naturalmente. Los nacionalistas consideran que nuestras últimas guerras civiles, las carlistas y la del 36, fueron guerras de España contra vascos y catalanes, en lugar de guerras civiles de españoles contra españoles, incluyendo vascos entre sí y catalanes entre sí.

Basta apartar a los españoles para verlo. Los enemigos de verdad son Mas y Junqueras, que le disputa el cargo. En Euskadi pasa otro tanto, con la diferencia de que Urkullu sí sabe que los batasunos van por ellos. De ahí la escasa admiración del lehendakari hacia el proceso catalán. Galeusca se ha convertido en Cagaleus. De ahí que los frutos del almuerzo del lunes en Moncloa se redujeran al buen rollito y poco más.

No es que Urkullu no sienta tentaciones, que las tiene. Es que no va a alterar su calendario en función de la acreditada torpeza política de su homólogo catalán. Antes querrá ver lo que pasa en Escocia. Después, lo que ocurre en Cataluña el 9-N y, finalmente, afrontar el gran duelo que le espera en mayo de 2015 frente a Sortu en las elecciones municipales y forales.

Si uno fuera ‘biempensado’ diría que Rajoy y Urkullu han dado una pequeña lección de pedagogía política en su almuerzo mientras CiU y ERC se las tenían tiesas en el Parlamento catalán. La disonancia es que sea precisamente este momento el elegido por Margallo para anunciar que si es preciso, se suspenderá la autonomía catalana. Una vez más el ministro de Exteriores ocupándose de asunto tan interior. Se ve que ya era muy mayor cuando explicaron en Barrio Sésamo los conceptos rudimentarios: Dentro/Fuera.

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Mis problemas (de comprensión) con Movistar

Movistar

El martes, 29 de julio, acababa de llegar a NY. Recibí un sms que decía:

MOVISTAR INFO: Nos alegra comunicarle que ya hemos comenzado la instalaciòn de la red de Fibra Optica en su edificio. Màs info: 1004 (las tildes así en el original)

“¡Qué bien!”, pensé. “Cuando vuelva ya la tendré instalada”. El martes, 5 de agosto, volví a recibir el mismo mensaje. Y el martes, 12, y el martes, 19, y el martes, 26. El miércoles, 3 de septiembre, una hoja de papel sin membrete, pegada en el portal de mi comunidad daba cuenta de que a partir de ese día se realizarían los trabajos de instalación de la fibra óptica. Los dos intentos de que me explicaran el misterio en el teléfono 1004 se saldaron con otros tantos fracasos. Efectivamente, habían comenzado, pero no podían decirme cuándo terminarían, ni cuando podría firmar el contrato y disponer de fibra óptica. “Imagino que en breve”, me dijeron. “Si ya han empezado…”

El martes, 9 de septiembre, volví a recibir el mensaje de Movistar, y el martes, 16, es decir, ayer, otra vez.

Bueno, pues estos son los mejores, hay que joderse, qué gran país.

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FE DE ERRORES. En el post de ayer, atribuí a Maite Pagaza el envío de un whatsapp con el video del negrito del Africa Tropical, que vendía banderas estrelladas voceando: “Independencia, Visca Catalunya, Señor Jordi, Independencia”. Había sido otra Maite, nuestra habitual Pussycat.

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¿La vieja Europa?

Hoy, el corresponsal de Onda Cero en Bruselas, Jacobo de Regoyos, ha hecho una conexión impresionante, en la que ha alertado sobre las apetencias secesionistas que se han desatado siguiendo el ejemplo escocés.

CARLOS HERRERA.- Los nacionalistas bávaros ya se comparan con Escocia.
JACOBO DE REGOYOS.- El Partido de Baviera, que durante décadas ha reclamado la independencia –y llegó a tener el 18% de los votos- asegura en su Web que el referéndum de Escocia les ayudará.
“Es un pensamiento absurdo” ha zanjado el portavoz de Angela Merkel, Steffen Seibert.
 Pero pensamientos similares se reproducen como champiñones en Flandes, Gales, Irlanda del Norte, Córcega, el norte de Chipre. Minoría húngara en Eslovaquia, Vojvodina y el Banat, minoría rusa en Estonia y letonia, la Liga Norte de Italia, Cataluña y País Vasco. Y esto sin desmontar a fondo el puzzle histórico francés.
La desconstrucción europea.
Oficialmente callan. Pero entre los 28, muchos se acuerdan de Cameron por la noche.

Yo no sé si Mas puede alcanzar a comprender que la peor de las hipótesis que él contemple, pongamos los tanques por la Diagonal, no desatarían las simpatías hacia él en uno solo de los 28 estados miembros. Alguien va a pagar todo esto y me da que no va a ser Cameron, gobernante que, por otra parte, ha superado a nuestro José Luis en la materia.

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El negro que tenía el alma blanca

Esta noche he recibido sendos what’spp de Maite Pagaza y Enrique Zubiaga con el video que pueden ver aquí. Quedan lejos los tiempos en que Marta Ferrusola decía en la Fundació Caixa Girona:

“Estos inmigrantes han ido a parar a un país, y saben decir ‘Buenos días, buenas tardes, dame de comer’ , y poco más. Después, hablan medio en su lengua, medio en castellano. Siento decirlo pero es así. El que se quede en Catalunya que hable catalán, porque el castellano sí que lo hablan”.

Quizá exageró. Observen con qué donosura lleva el inmigrante la estelada y cómo anima a los viandante con gritos patrióticos: “Independència!, Visca Catalunya!” Cuánta razón tenía Arzalluz aquella ocasión en que se puso sabiniano y propuso este modelo de social choice: “Prefiero el negro, negro que habla euskera al vasco que no lo hable”. Esto no había que tomárselo muy al pie de la letra, porque como secretario del EBB  tenía a su fiel Josu Bergara, analfabeto euskaldun. El caso es que ante las numerosas críticas y chanzas que siguieron a su proclama, unos días más tarde convocó a los periodistas a una rueda de prensa en Sabin Etxeaen la que le acompañaba el líder de la oposición guineana. Detrás de los periodistas, una fila de afiliadas añosas, calceteras incruentas y amables, comentaban en voz lo suficientemente alta para que los chicos de la prensa se dieran por enterados: “Eso, para que luego digan que es racista”.

Hagamos de Catalunya un Banyoles más grande.

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Multitudes muy modestas

Podemos

El diario Público saca esta mañana en su portada este admirable titular que ven en la captura de pantalla precedente. No es por nada, pero

RAE aclamar

El Diccionario de la RAE, en la única acepción que cuadra al asunto, y un servidor, muy modestamente, consideramos que aclamar es acción que corresponde a un público numeroso. Imaginen un titular alternativo: “Loach y Jones parpan a Podemos en su acto de Londres”. Parpar es el graznar de los patos. No sería aceptable salvo en el caso de que ustedes tengan un sentido extravagante de las metáforas y quisieran llamar ‘patos’ a los citados en las acepciones 2 o 3 de esta voz en el referido Diccionario. ¿Pueden Ken Loach y Owen Jones por sí solos aclamar a Podemos o al Manchester United? Sólo subjetivamente y si cada uno de ellos fuera dueño de una personalidad múltiple.

La izquierda tiene estas cosas: no sólo se sabe moralmente superior. También son superiores numéricamente, aunque sea de manera intangible. Lo explicaba un poemita de Mario Benedetti, ‘Te quiero’, que cantaban Víctor Manuel y Ana Belén con tanto sentimiento: “Y en la calle, codo a codo/ somos mucho más que dos”. si no toman el Palacio de Invierno es porque no quieren.

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Más vale tarde

Aborto

A principios del pasado verano tuvo lugar en el Congreso un doble acontecimiento en el que partidarios y contrarios celebraron sendos capítulos a favor y en contra, de lo que di cuenta aquí.  Vean ahora el titular de apertura de El Mundo y lean la información. Si pinchan el primer link comprobarán que el Gobierno habría hecho bien en encargarme un informe, lo que nos habría ahorrado tiempo y dinero. Estas eran las palabras finales:

“No sólo no hay posibilidad de un mínimo acuerdo. La reforma que se haga dejará insatisfecha a una parte de los votantes del PP y cabreará notablemente a todos los demás. Pero qué necesidad tenían, vamos a ver.”

El asunto ya lo había tratado la víspera de Navidad en otra columna titulada ‘Agarrarse a la z’.

En otro orden de cosas

El jueves, en el impresionante acto de Libres e Iguales celebrado en el Círculo de Bellas Artes, me encontré entre otra mucha gente con mi querida amiga Maite Pagaza. ¿Has leído mi correo? me preguntó. Dije que no, que estaba en Madrid desde la mañana. El correo era una delicada rectificación a mi post de esa mañana, que decía así:

“No es la primera vez que UPyD acierta en sus propuestas y esto se hace especialmente evidente cuando alguno de los grandes se ve obligado a secundarlas. Ayer, al igual que hicieron ante los Ayuntamientos españoles, en el Parlamento Europeo UPyD convocó la concentración que se muestra en las imágenes, en la que el PP y Ciutadans apoyaron el eslogan ‘Yo también soy catalán’, explicado por la portavoz Maite Pagaza (en solitario en la tercera foto). Estuvo bien. Podrían haber añadido: “Nos apoyó hasta Francisco Sosa Wagner”. (Es el señor alto, de traje gris que está a la derecha de Maite en las fotos, la izquierda del lector).”

Como no todo el mundo lo entendió explicaré que se trataba de un elogio de la iniciativa de UPyD al que añadí un pellizco de monja a propósito de Paco Sosa. La corrección de Maite decía en lo sustancial:

“De lo de ayer, puesto que me toca, lo moví yo, por iniciativa propia,  después de que Sosa Wagner declinara firmarlo y liderarlo, con naturalidad, también. Como (él era) jefe de delegación me había puesto a su disposición. Leímos el texto entre  siete, tres del pp, tres de UPyD y uno de C’s.
SW leyó el final del docu en español. Intenté en vano que se sumaran los socialistas españoles hasta el ultimo minuto. Un beso muy grande. Estoy preparando eventos y documentos importantes, espero. Maite”.

El relato de los hechos era muy razonable y, como tuve ocasión de comprobar, riguroso. Pensé que el pellizco de monja había estado de más y era un error, porque contribuía a proporcionar una visión inadecuada de los hechos y que el comentario habría debido reducirse a:

No es la primera vez que UPyD acierta en sus propuestas y esto se hace especialmente evidente cuando alguno de los grandes se ve obligado a secundarlas. Ayer, al igual que hicieron ante los Ayuntamientos españoles, en el Parlamento Europeo UPyD convocó la concentración que se muestra en las imágenes, en la que el PP y Ciutadans apoyaron el eslogan ‘Yo también soy catalán’, explicado por la portavoz Maite Pagaza.

Lástima que a veces los hechos se empeñen en ratificar lo que antes sólo había sido un error de interpretación. Hoy, también en El Mundo:

UPyD para relegar a SW

 

 

 

 

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Por la paz civil. Sí me importa

Cayetana AT

Fotos: Albatros

Tres cuartos de hora antes del comienzo del acto, la cola ante el Círculo de Bellas Artes llenaba la acera de Marqués de Casa Riera y llegaba hasta la calle de Alcalá. Fueron entrando hasta completar el aforo, cerca de mil personas, quedando fuera un grupo numeroso de personas. Había desde primera hora en el patio de butacas un aire de expectativas y aplausos hacia algunos dirigentes. Asistieron el ministro de Justicia y la alcaldesa de Madrid, el grupo de UPyD en el Parlamento Europeo casi al completo: Sosa Wagner, Maite Pagaza y Fernando Maura. La diputada de C’s en el Parlamento catalán, Inés Arrimadas. El que fuera secretario de Estado de Interior, Ignacio Astarloa. También hubo presencias socialistas, además de Nicolás Redondo y Joaquín Leguina, primeros firmantes del manifiesto Libres e Iguales: los exministros José Luis Corcuera y Virgilio Zapatero, quien fuera presidente del Senado, Juan José Laborda y aquel gran alcalde de La Coruña que fue Paco Vázquez. Estuvieron Mario Vargas Llosa y la mayor parte de los primeros firmantes.

Lástima que a Televisión española solo le alcanzaron sus registros contables hasta “decenas de personas”. Entre ochenta y cien decenas. Es de esperar que afinen la ordinariez. Tal como estaba programado, el pianista Borja Mariño, haciendo suya la sobriedad del acto, cuya puesta en escena había sido diseñada por Albert Boadella, interpretó cuatro piezas de otros tantos compositores catalanes: Antonio Soler, Enrique Granados, Isaac Albéniz y Amadeo Vives, de títulos tan inequívocos como Fandango, Danza española número 5, Granada y Doña Francisquita. Mira dónde tenían los nacionalistas glorias patrias, sin tener que inventarse extravagancias como Teresa de Jesús  o Colón, aunque bien mirado y tal como están las cosas es de agradecer que no hayan reclamado a Martin Luther King, como la verdadera personalidad del negro de Bañolas.

El acto fue uno de los más emocionantes a los que uno haya asistido. Al encontrarse con los primeros asistentes, Tonia Etxarri decía: “Anda, si esto parece la reconstitución del Basta Ya”. Había víctimas del terrorismo, como Angeles Pedraza, Conchita Martín y Mapi de las Heras, remeros de la Argos y del Volga.

Texto de Cayetana Álvarez de Toledo, leído ayer, 11 de septiembre, en el Círculo de Bellas Artes

A esta hora, en las calles de Barcelona, miles de personas están conmemorando una guerra civil. Es un raro ejercicio. Su intención no es que el recuerdo sirva a la razón y a la convivencia. Su intención es que la herida permanezca.

Hace trescientos años, en el asedio de Barcelona, murieron cerca de veinte mil personas. Ingleses y franceses en el lado borbónico; alemanes y holandeses en el lado austracista… Pero, sobre todo, murieron españoles. Españoles que luchaban en un bando y en otro.

Murieron atacando o defendiendo la montaña de Montjuic. También por las calles de la ciudad amurallada. Bajo una lluvia de bombas. Cuerpo a cuerpo, español contra español.

El 11 de septiembre empezó a celebrarse a principios del siglo XX. Aunque la conversión de la matanza en fiesta nacional data de la primera ley aprobada en 1980 por el parlamento catalán.

No fue una decisión que el entonces presidente Pujol tomara en solitario. Lo apoyaron todos los grupos parlamentarios. Y no hubo un gran debate ciudadano.

Algunas personas propusieron, con cierta timidez, la alternativa de San Jorge.

El Sant Jordi catalán añade a su origen religioso un amable carácter civil basado en la costumbre, reciente aunque cuajada, del libro y de la rosa. Pero nunca llegó a considerarse con seriedad. Se prefirió la evocación de un episodio sangriento a una pacífica consagración de la primavera.

El reproche más extendido que se hizo entonces al once de septiembre tuvo un carácter irónico. ¿Cómo era posible que una comunidad política decidiera celebrar su presunta desaparición? ¿Cómo era posible que prefiriera «la desesperación a la esperanza», por utilizar las palabras de Henry Kamen?

Celebraban, celebran, la herida. Una herida entre españoles. Su intención era, y es, que la herida permanezca. Ellos lo proclamaron, sin embargo, el día en que Cataluña se rindió ante España y perdió su libertad.

A partir del primer gobierno nacionalista, el mito del once de septiembre de 1714 adquiría solemne formalidad institucional. Pero aunque el mito se vista de decreto, mito se queda.

Sólo desde la ignorancia o el fanatismo puede presentarse la Guerra de Sucesión como una guerra de España contra Cataluña.

La Guerra de Sucesión fue una guerra dinástica. Una guerra internacional. Y una guerra civil. Una guerra civil entre españoles y una guerra civil entre catalanes.

La guerra se libró a lo largo y ancho de España: de Extremadura a Mallorca; de Sevilla a Vigo; de Cádiz a Navarra. Y, por supuesto, en Cataluña, Aragón y Castilla; en Barcelona, Zaragoza y Madrid.

La guerra abrió trincheras entre los distintos reinos de la antigua Monarquía. Sí. Pero también las abrió en el interior de cada territorio. Hubo partidarios de Carlos en Castilla y defensores de Felipe en Cataluña. Austracistas en un sitio y en otro. Borbónicos aquí y allá.

No hubo un candidato catalán y otro español. No hubo un ejército catalán y otro español. Los dos lucharon en nombre del Rey de España. Los dos celebraron sus victorias como victorias para España. Y los dos lloraron sus derrotas como derrotas para España.

Unas siete mil personas abandonaron Barcelona cuando fue tomada por las tropas del Archiduque en 1705. La ciudad tenía entonces treinta y cinco mil habitantes: los borbónicos no eran una minoría residual.

Hay algunas preguntas que hacerse:

El último almirante de Castilla, Juan Tomás Enríquez de Cabrera y Ponce de León, ¿era menos castellano o un mal castellano por apoyar al archiduque Carlos? Las ciudades de Cervera, Berga, Ripoll o Manlleu; el valle de Arán, ¿eran menos catalanas que otras ciudades o comarcas de Cataluña por defender a Felipe V? ¿O es que incurrían ciega y colectivamente en el autoodio, esa patología inventada por el nacionalismo para decretar la muerte civil del discrepante?

¿Y quiénes eran más catalanes, de una catalanidad más depurada? ¿La nobleza urbana y la burguesía ilustrada, que ensalzaban las reformas introducidas por los Borbones en Francia? ¿O la aristocracia rural, el clero y los comerciantes y artesanos, que las rechazaban por amenazar sus privilegios?

No hubo una Cataluña buena y otra malvada. No hubo una sola Cataluña. Hubo tantas como sus ciudades, tantas como sus facciones políticas, económicas y sociales. Tantas como sus habitantes. Tantas. Como ahora.

Esas Cataluñas fluctuaron con el tiempo y por la fuerza de los acontecimientos. Ciudades como Tarragona, Lérida y Gerona cambiaron de bando varias veces. Barcelona sólo cambió una vez, pero con consecuencias trágicas.

A unos pasos del antiguo mercado del Borne, hoy convertido en monumento a los mitos de 1714, se levanta una marquesina que parece haber escapado a la manipulación nacionalista. Es la última arenga del general Antonio de Villarroel a los hombres que defienden Barcelona del asedio. Dice así:
«Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer.»

El 11 de septiembre de 1714, a las 3 de la tarde, Rafael de Casanova firma el último bando austracista. La ciudad caerá al día siguiente, poco después del mediodía. Casanova pide a los barceloneses que derramen hasta la última gota de sangre.

«Se confía, con todo, que como verdaderos hijos de la patria y amantes de la libertad acudirán todos a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España».

«La libertad de toda España». Por eso decían luchar los unos en 1714. Por eso mismo decían luchar los otros. Tenían convicciones diferentes. Discrepaban en sus intereses. Pero les unía la coincidencia fundamental de España. Y les unió la derrota. La Guerra de Sucesión fue un dramático episodio para España. Perdió territorios, influencia, tiempo y vidas.

No hubo en 1714 dos sujetos políticos ni dos identidades enfrentadas: Cataluña y España. Tampoco las hubo en 1936. Tampoco las hay ahora. Esta es la verdad que el nacionalismo ha borrado del pasado para que no arruine su presente. El nacionalismo precisa hacer de Cataluña una sociedad unánime, impermeable al pluralismo, identitariamente pura y abocada al enfrentamiento con España. Su empeño es firme. Pero estéril.

A esta hora miles de personas conmemoran en Barcelona una guerra civil.
Libres e Iguales repudia que el 11 de septiembre sea la fiesta nacional de Cataluña. La celebración supone una afrenta histórica y ética, por más que esté sólidamente institucionalizada.
El 11 de septiembre solo tiene un sentido acorde con la verdad: fue el día triste y resignado de recoger los cadáveres de los hermanos. El inicio del duelo. También el de la represión inexorable.

Catalanes contra catalanes, españoles contra españoles, ese es el paisaje de 1714 y de todas las guerras que vinieron luego.

En ninguna de ellas se ha dado el hecho turbia y desdichadamente fantaseado por el nacionalismo: una guerra donde un ejército de españoles luchara contra un ejército de catalanes: unos por anexionarse Cataluña y otros por ejercer su absoluta soberanía. Justo ese momento que expresa el himno nacional de Cataluña, Els Segadors, un himno falsamente tradicional, que se inventó a fines del siglo XIX, y donde el cuello de esa gente «tan ufana y tan soberbia» de Castilla es rebanado por las hoces catalanas.
También en este caso había un alternativa emocionante, arraigada y desdeñada: El Cant de la Senyera, de Juan Maragall y Luis Millet.

Catalanes y españoles nunca han peleado por ser lo que son, llevados por un odio xenófobo. En los enfrentamientos españoles, ciudadanos catalanes y ciudadanos castellanos, vascos, han podido matarse por la religión, por los tributos, por la libertad, por el fascismo o por el comunismo.

Los españoles han luchado, y a veces con ferocidad y contumacia, para seguir siendo españoles. Es verdad que para seguir siéndolo a su manera. Y es verdad que esa manera podía ser moralmente muy distante. Pero jamás se mataron para dejar de ser españoles.

Los hechos son irrevocables: en más de quinientos años de historia compartida jamás hubo una guerra de secesión española.
El poeta Jaime Gil de Biedma escribió: «De todas las historias de la Historia/ la más triste sin duda es la de España/ porque termina mal.»

Sus versos han reafirmado a quienes cultivan la resignación: esa visión limitada, rudimentaria, de una España diferente, binaria, crispada, empeñada en su propia destrucción.

Pero esta no es la visión de la historia. Ni siquiera el sentido del poema.

Gil de Biedma escribe contra la metafísica de la derrota que sirve a los intereses particulares y a la irresponsabilidad general. Habla de una «historia distinta y menos simple». Una historia sin demonios cuyos dueños sean los hombres responsables. Los ciudadanos. Esa es también la historia de España. La gran historia de las reconciliaciones españolas. La historia que acaba bien.

Contemos la historia de España como una suma de puntos de luz, de concordia, de cordialidad, de reconciliación.

1412. La capacidad de compromiso que demuestran los representantes de la Corona de Aragón cuando en Caspe eligen a un castellano, Fernando de Antequera, como sucesor.

1725. La paz de Viena que firman Felipe V y Carlos VI, con su garantía de que «habrá por una y otra parte perpetuo olvido». Perpetuo olvido de los horrores cometidos por ambos bandos. Perpetuo olvido para regresar los combatientes libremente a su patria. Perpetuo olvido para gozar de sus bienes y dignidades «como si absolutamente no hubiese intervenido tal guerra».

1812. El pacto fundacional por el que España se integra en la modernidad política: la Constitución de Cádiz, por y para los españoles de ambos hemisferios. Para que sean ellos por primera vez los dueños de la nación y de su historia: titulares de la soberanía, libres, independientes y nunca más «patrimonio de una familia o persona.»

1839. El abrazo difícil y fraterno que en Vergara pone fin a la primera gran guerra entre liberales y carlistas.

1938. El discurso conmovedor que pronuncia Manuel Azaña en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona. Este impresionante discurso de la reconciliación que entonces no fue.

· En el que aclara que «España no está dividida en dos zonas delimitadas por la línea de fuego; donde haya un español o un puñado de españoles que se angustian pensando en la salvación del país, ahí hay un ánimo y una voluntad que entran en cuenta».

· En el que advierte que no es aceptable ni posible «una política cuyo propósito sea el exterminio del adversario» porque siempre quedarán españoles que quieran seguir viviendo juntos.

· En el que anticipa que la reconstrucción de España «tendrá que ser obra de la colmena española en su conjunto» y la paz, «una paz española y una paz nacional, una paz de hombres libres (…) para hombres libres.»

· Y en el que sentencia que «es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra (…) sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible. Y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído embravecidos en la batalla luchando magníficamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad, Perdón».

1956. La Declaración, llena de grandeza y de sentido de la historia, en la que el Partido Comunista de España denuncia por primera vez la «artificiosa división de los españoles entre rojos y nacionales».

. En la que pide «enterrar los odios y rencores de la guerra civil».

. En la que llama a todos los españoles «desde los monárquicos, democristianos y liberales, hasta los republicanos, nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, centristas y socialistas, a proclamar, como un objetivo común a todos, impostergable y posible, la reconciliación nacional».
1978. El éxito colectivo incontestable: la Transición.

Entonces los españoles asombraron al mundo por su capacidad para reconciliarse con su pasado y consigo mismos.

En las calles de Barcelona se celebra una guerra civil, pero hoy, aquí, Libres e Iguales quiere conmemorar, quiere reivindicar la España cierta, lúcida, arraigada de la reconciliación.

El ser de España ha dado lugar a múltiples cavilaciones. Han participado filósofos, escritores, poetas, y hasta entrenadores de fútbol. Pero echando una ojeada a la producción intelectual es fácil convenir un exceso metafísico. España es, sencillamente, una vinculación. España es una convivencia. Un himno sin letra. Un link.

No hay más ni menos España en Covadonga que en la ciudad de Cádiz; en el Finisterre que en Cartagena; en Melilla que en Olot. Ni el Apóstol Santiago ni el Tío Pepe, jerez fino, contienen la españolidad en un grado mayor o menor que la prosa escéptica de José Pla. O que esta música de la Iberia universal que hemos escuchado.

El hecho diferencial español es más sencillo y sus palabras claves no son enfáticas. España no es, ni siquiera, contrariando a la España hidalga, una cuestión de honor. España es una voluntad, y ciertamente empecinada, de vivir juntos los distintos. Y lo fue desde el primer día.

La unión entre Aragón y Castilla no fue la mera absorción de un reino por el otro. Fue la primera piedra de una compleja arquitectura solidaria que ha durado siglos.

Y hoy todas las culturas españolas se exhiben y se proyectan con una potencia que jamás conocieron. De ahí que el proyecto nacionalista no pueda evitar su identificación con la xenofobia. Porque en el fondo de todas las argumentaciones para la secesión hay una pasión sórdida, que no se dice: la del que no quiere vivir con los demás.

Cíclicamente los nacionalistas aluden, en modo defensa y ataque, al nacionalismo español. Pero ¿qué nacionalismo es ese, qué insólito nacionalismo el que aún no ha pronunciado una sola palabra de exclusión, de rechazo, contra sus compatriotas? ¿Qué extraño nacionalismo el que en vez de fábricas de extranjería insiste en la casa común española?

Solo hay un nacionalismo español: el que fija, con sus equívocos, con sus torsiones en pos del pacto, con sus jorobas retóricas pero con su emocionante voluntad de integración, la Constitución española de 1978.

La Constitución de 1978 es la paz civil española.

No hay convivencia posible fuera de los principios que permiten la integración de izquierdas, derechas, creyentes, ateos, monárquicos, republicanos, castellanos, catalanes…
La Constitución consagra a los ciudadanos como titulares de la soberanía. Asegura la libertad y el ejercicio de los derechos. Afirma la igualdad ante la ley. Protege el pluralismo lingüístico. Integra las diferencias.

Y al hacer todo esto garantiza la convivencia. «Diferir incluso de la diferencia en cada grupo diferenciado», como ha escrito Fernando Savater.

La Constitución de 1978 es la paz civil española.

Si el nacionalismo arremete contra la Constitución es porque la Constitución garantiza la convivencia de los distintos. Porque les reconcilia, les acerca y les suma.

Si el nacionalismo celebra hoy una guerra civil española es porque reniega de los principios que hacen posible la paz civil española.

España no merece ser defendida por ser una de las más antiguas naciones del mundo. La antigüedad no es un valor moral. Ni jurídico ni político.

España merece defenderse porque desde 1978 significa libres, significa iguales y significa juntos los distintos.

En el proyecto nacionalista la parte cede al todo, pero nunca el todo cede a la parte. El proyecto nacionalista persigue siempre el encuadramiento. A esta hora en las calles de Barcelona desfilan las masas perfectamente encuadradas en una uve.

Victoria, dicen. Vergüenza, decimos.
Para desdicha de sus odiadores nacionalistas España no es una voluntad anacrónica. Todo lo contrario: encaja con lo mejor del proyecto moderno.

Borja Mariño. PianoLa obstinada voluntad española de vivir juntos los distintos es moderna y políticamente próspera. Y profundamente europea. La idea de la construcción europea se funda sobre el rechazo de algo que le costó a Europa 80 millones de muertos. La idea de que a cada cultura, ¡que es como decir a cada hombre!, debe corresponderle un Estado.

España es Europa, desde luego. Lo es por su sistema de ciudades, por sus catedrales, por su geografía. Pero lo es, sobre todo, porque ha integrado en un mismo Estado a los distintos.

Por eso hay que lamentar la respuesta general que Europa ha dado al segregacionismo. Es difícil comprender que, ante el reto nacionalista, Europa se haya acogido a la retórica del asunto interno.

Asunto interno es una frase peligrosa dicha desde Europa. El que Europa considere el conflicto nacionalista como un asunto interno español supone algo más que un menosprecio a un Estado miembro: supone una traición al propio proyecto europeo. Y decretada por Europa.

Nunca la destrucción de un Estado europeo puede ser un asunto exclusivamente catalán o español. La moral de Europa es, justamente, contraria al asunto interno. Europa es Schengen, desde luego. La libre circulación de las personas. Pero ante todo es el fin de las aduanas morales.

Los nacionalistas han considerado siempre que los catalanes eran los únicos que podían discutir y decidir sobre la independencia. ¡Su asunto interno!

Ha sido su primer acto de soberanía. Y hasta ahora exitoso. De ese éxito arranca su grotesco monopolio de la palabra libertad y de la palabra democracia.

Los nacionalistas exigen su derecho a decidir a sabiendas de que ese supuesto derecho niega el derecho a decidir de todos los españoles.

La deGrupo Santiagomocracia que conciben es el gobierno de la minoría.
La libertad que reclaman es la que niegan.
Sin embargo, han logrado extender la idea de que es justo que los catalanes decidan sobre la suerte de todos los españoles. Y lo más sorprendente es que la idea haya calado entre algunos españoles que no son catalanes.

Hay españoles cuya relación con la libertad y con la democracia es compleja. Es decir, acomplejada. Quizá sea en parte resultado de una convivencia demasiado estrecha y prolongada con la dictadura. Y en los más jóvenes, la evidencia de una inaudita culpa heredada. Porque en esta actitud ante el nacionalismo hay resignación, cansancio y acrítica obediencia a la corrección política. Y todos esos rasgos son propios de una ciudadanía vacilante y sometida.

De ahí que esta tarde Libres e Iguales lance desde la capital de España una afirmación que es tanto una advertencia como un grito solidario:

Sí me importa.

Una advertencia a los nacionalistas de que no van a seguir encontrando como aliada la indiferencia española. Y un grito solidario dirigido al gran número de ciudadanos que bajo la presión, como mínimo moral, del nacionalismo están defendiendo en Cataluña la libertad y la igualdad de todos los españoles.

Sí me importa. Si nos importan.

Sí me importa que España supiera salir de una dictadura cruel sin una nueva guerra civil.

Sí me importan la victoria de la democracia sobre el terrorismo nacionalista, y la memoria y la justicia y la dignidad de las víctimas.

Sí me importa que España haya protagonizado la modernización más espectacular del último medio siglo europeo.

Sí me importa que por primera vez en su historia España no forme parte de Europa, sino que sea Europa.

Sí me importa que haya una lengua en la que puedan entenderse todos los españoles.

Sí me importa que las lenguas y culturas españolas ya no sean patrimonio de los nacionalistas sino de todos los ciudadanos.

Sí me importaPúblico aplaudiendo la elemental lógica democrática y solidaria que indica que son las personas y no los territorios los que pagan impuestos.

Sí me importa que la trama de afectos española sea respetada y protegida.

Sí me importa que el secesionismo sea derrotado. Y que después se impongan las cláusulas de los viejos pactos españoles.

Sí me importa la ley.

Sí me importa que preservemos nuestra mayor conquista: la paz civil española.
España es un problema, sí. España es el inevitable problema del que elige la pluralidad y la complejidad. España, una nación vieja, no puede someterse a las nuevas mentiras nacionalistas. Ella también se contó sus mentiras. Pero fue hace mucho tiempo.

Sí, España es un problema. Un problema excitante.

España es un proyecto inacabado. Es decir, vivo.

España es una pequeña Europa y su futuro será el futuro de Europa.

Sí me importa.

Este gran reto de la modernidad.
Juntos y distintos. Libres e iguales.

 Madrid, 11 de septiembre de 2014

Al terminar su lectura Cayetana, Borja Mariño se sentó al piano y tocó en versión libre, los primeros acordes del himno nacional. Fue el apoteosis. Hoy, Hermann Tertsch ha hecho en su columna de ABC una crónica del acto que coincido con lo que yo vi y sentí:

MASAS Y VERDAD

Frente a la demostración de las masas obedientes al régimen que cada vez tolera menos fisuras, en Madrid se celebró ayer un acto tan modesto como prodigioso

CIENTOS de miles de catalanes salieron ayer a la calle para seguir las consignas del gobierno de la Generalidad y de los partidos separatistas. No, no salieron para protestar contra el robo generalizado protagonizado por sus gobernantes. Ni por los servicios deteriorados ni por ninguno de los angustiosos problemas que acosan a la sociedad catalana. Porque los gobernantes han convencido a gran parte de la sociedad catalana de que su único problema real hoy en día es descubrir quiénes son. Y ya nada tiene mayor urgencia para la población adulta del noreste español que convencerse a sí misma de que son una cosa y no otra, aunque pretenda seguir siendo la misma después. Todos los catalanes que se han agarrado a una bandera separatista este jueves lo han hecho porque se sienten mejor y mejores que si se hubieran ausentado del aquelarre identitario. Están convencidos de que son la voz y la expresión incuestionable de la voluntad de Cataluña, que es algo así como una gran señora buena y limpia. Todos ellos acudieron ayer armados con el equipo completo de consignas entre las que el lema «el derecho a decidir» (cómo no vamos a tener derecho a decidir todos, siempre y en cualquier cosa) y otro no menos rotundo de «votar es democracia» son los más luminosos pendones de la bondad frente a la monstruosa negativa del poder malo y oscuro. No es ni la primera ni la última vez que un régimen convoca a los sectores más obedientes de su población para usar su imagen en beneficio propio. No es la primera ni la última vez que un inmenso aparato público y privado, eso sí, engrasado con dinero público, se pone al servicio de una opción política concreta que es hostil a parte de la población. Contra España y contra los españoles en Cataluña que son leales a España. Ha sucedido siempre en las dictaduras y en todos los regímenes populistas que pretenden lograr objetivos que no pueden lograr por vías legales o regulares. Desde los peronistas hasta los norcoreanos, dictadores, demagogos, populistas y caudillos de todo pelaje, la movilización para desafiar a un marco legal interno o externo es asunto muy visto.
Frente a la demostración de las masas obedientes al régimen que cada vez tolera menos fisuras, en Madrid se celebró ayer un acto tan modesto como prodigioso. Fueron cuatro piezas de piano tocadas por Borja Mariño. De Antonio Soler, Isaac Albéniz, Enrique Granados y Amadeo Vives. Los cuatro nacidos en Cataluña. Y después, en el escenario vacío la lectura serena de un texto sobre Cataluña, sobre España, sobre la historia y la probidad, leído por Cayetana Álvarez de Toledo, que no olvidará nadie de los presentes. En décadas de torrentes de discursos, artículos, libros y debates, es difícil recordar en España un texto con mayor vocación de verdad y concordia, leído con pulcra serenidad y emoción contenida. Esta declaración de Libres e Iguales, la iniciativa de españoles para la defensa de España, los españoles y su Constitución, recibió aplausos atronadores. Pero la conmoción de la audiencia iba más allá. Porque la declaración, en la voz de Álvarez de Toledo, será recordada como un hito en la reacción de la dignidad de la ciudadanía de España ante tanto atropello separatista, tanta agresión a la legalidad y tanta indolencia de los gobernantes. Léanla. Ante tanta mentira de quienes quieren destruir España y tanta indiferencia y desidia por parte de quienes han jurado defenderla, la declaración de Libres e Iguales es una proclamación rotunda de la vigencia de la verdad y la buena fe. De un pequeño grupo de españoles que llaman a los españoles a reaccionar. Porque importa la verdad. Y porque España importa.
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Hoy, 11 de septiembre, porque sí que importa

Libres e Iguales día 11

Las palabras precedentes son el comienzo del discurso que la portavoz de Libres e Iguales, Cayetana Alvarez de Toledo pronunciará esta tarde en el acto del Círculo de Bellas Artes. Hasta aquí puedo enseñar. Previamente se desarrollará este programa:

Programa

 

 

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