Películas francamente sobrevaloradas (10)

AlatristAlatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006)

Por Benjamingrullo

Alatristísimo

En realidad, ésta no es una película sobrevalorada y no sé si encaja en este ciclo. Pero no deja de ser una película fallida, pretenciosa y cuyos errores son muy representativos del cine nacional

 Cuando vamos al cine, junto con el coche, aparcamos nuestra incredulidad para poder entrar en la sala oscura con la ingenuidad inmaculada, como niños el 6 de enero dispuestos a creer que los Reyes no son los padres y a creer también cualquier otra cosa. Dispuestos a creernos, por ejemplo, que Christopher Reeve vuela, que Mel Gibson es William Wallace o que Bette Davis es guapa.

Ya ven, entramos con la mejor disposición del mundo a que nos engañen, y aún así hay películas que rompen las reglas no escritas que todo engaño ha de tener para ser respetable, porque también nuestra ingenuidad tiene sus límites. Por ejemplo, si uno escoge la historia como marco para su engaño ha de mantener un mínimo de coherencia histórica. Pedimos que el engaño nos tenga un respeto y no aceptamos ver elementos de otra época. No aceptamos que en un peplum algunos romanos luzcan reloj de pulsera ni que en una película sobre cromagnones haya en los cielos estelas de aviones a reacción y tampoco que en una reconstrucción de nuestro siglo de oro un “capitán” de los tercios hable con acento argentino. Como si tus padres se dejan la etiqueta naranja fosfo con el precio 19,95€ en el supuesto regalo de los Reyes Magos.

Aunque tampoco es definitivo, pasamos el error por alto y cada vez que escuchamos el acento argentino lo corregimos en nuestra imaginación y seguimos esforzándonos en ser engañados. Pero, ni por esas, porque una y otra vez el narrador boicotea nuestros esfuerzos y hasta nos propone a una mujer, Blanca Portillo, para hacer del terrible Fraile Bocanegra. ¿A qué viene esta extravagancia, coñe? Porque tiene la cara de Blanca Portillo, la gestualidad de Blanca Portillo y la voz de Blanca Portillo. ¡Si al menos la hubiera doblado Constantino Romero! Pero, entonces, ¿por qué poner a una mujer? En serio, no sé qué extrañas motivaciones tuvo el director para semejante despropósito, ¿motivaciones ideológicas? ¿tal vez ridiculizar de este modo al personaje histórico?¿Es ésta la venganza del progre? ¿Puede la ideología trabajar contra el talento demostrado de un director de cine y hacerle meter la pata reiteradamente? No lo sé, pero sólo esta extravagancia desbarata de nuevo nuestra buena disposición hacia la película porque cada vez que en la pantalla aparece Blanca Portillo la magía se rompe. Y lo mismo nos vuelve a pasar con el actor de estética borrokín que hace de Íñigo de Balboa -¿ya están estos apañoles queriendo integrar aberchales?- o con Javier “carapán” Cámara haciendo de Conde Duque de Olivares. Para hacer creíble a tan severo personaje habría funcionado mejor Pocoyo.

En fin, salvo los secundarios que están magníficos, prácticamente todo el casting boicotea nuestro propósito de creernos la historia.

Tampoco el guión ayuda, aunque es una hazaña en sí mismo. Conseguir convertir aventuras muy dinámicas en un retrato estático y sin profundidad tiene su mérito. Intentar condensar una serie de libros en 134 minutos lleva a resultados más que previsibles: escenas geniales pero inconexas que apenas sirven para profundizar en la personalidad de los personajes, ni siquiera de Alatriste. El guión es episódico y arbitrario sin una narrativa central que lo sujete, y de esta forma el total consigue ser menos que la suma de las partes. En este caos de estructura Alatriste ni los demás pueden evolucionar porque no tienen una trama para hacerlo.

Alatriste

Así que la magia del cine no se produce en Alatriste porque continuamente te están recordando que los reyes son los padres y que esto está hecho por hombres. Ya lo sé, pero se trata de que me lo hagas olvidar un par de horas. Pero no, entonces te dedicas a mirar el reloj y, como mal menor, a observar la película tal y como se ve gran parte del cine nacional, con condescendencia: “Fíjate, la dirección artística y los exteriores son excelentes”. “Los vestuarios y la fotografía están muy bien”. “Las escenas de batallas son realistas y no desmerecen a las de las grandes producciones de Hollywood, incluso mantienen un tono grandioso y épico que no es muy habitual en el cine español”. “Y aunque tenía que haber sido doblado Vigo Mortensen tiene una presencia imponente y es un magnífico Alatriste”. “La verdad es que la película es técnicamente impecable”. Y así pasas el tiempo, lamentándote de la monumental oportunidad perdida.

Porque Alatriste es un personaje magnífico, un James Bond del siglo de oro y además el baluarte de unos códigos morales perdidos, la lealtad al rey, el honor, el buen lacayo si tuviera buen señor… que dan bastante más profundidad a Alatriste que al personaje de Ian Fleming. Un personaje extraordinario en un momento histórico extraordinario, el declive de la sociedad católica española y el despegar del pragmatismo protestante. El fin del quijotismo y del honor vencidos por el pragmatismo y el nuevo interés de la burguesía comercial europea. Y aquí nos quedamos con nuestra hipocresía, nuestra picaresca, con nuestro terrible verbo ser, con nuestra corrupción en todas las esferas, no sólo en las elites, también en el pueblo llano del “vivan las cadenas” que da vergüenza y pena por mucho que el autor de Alatriste tienda a idealizarlo en la figura de su personaje. De hecho, me fio más de algunas elites que de los Podemos, del progresismo, del anarquismo infantil de los apañoles y demás populismos de la piel de bobo.

Es tristísimo criticar Alatriste. Realmente quería que me gustase esta película, y era tan fácil. Sólo con ser fiel a los libros el resultado habría sido otro. Alatriste, y lo digo en el mejor sentido de la palabra, tenía que haber sido una película de masas y no un pretencioso producto de autor. No había sitio en Alatriste para el arte y el ensayo. La serie Alatriste era para que un director eficaz y sin pretensiones hiciera un montón de buenas películas que sacaran de su decadencia al cine nacional. No han sabido siquiera hacer una.

Como la película no consigue empezar, un falso comienzo tras otro, tampoco consigue terminar, simplemente se para. No podía ser de otra manera, porque el conjunto de episodios inconexos carecía de la dirección que llevara a un climax. Te plantan la batalla de Rocroi que supuestamente marcó el punto final de los tercios y de la hegemonía militar del Imperio Español para terminar la película. Salen los títulos de crédito, se encienden las luces y te esfuerzas por encontrarle sentido a los 22 millones de euros que ha costado todo esto, pero no. Los reyes son los padres, no has conseguido aparcar tu incredulidad en ningún momento. Diego Alatriste merecía mucho más.

Gracias a d. Lindo por su aportación.

 

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Toma nota, querido Carlos

Querido Carlitos: No pensaba yo volver en tan poco tiempo sobre la crisis de UPyD. Había dado por zanjado el asunto con mi carta a Irene Lozano. Especialmente desde que ha pedido vagas excusas a Paco Sosa Wagner. Creo que su error no fue no fue solo un adjetivo de más. Había algo sustantivo entre el material sobrante. Pero también es verdad que en la disculpología comparada, no recuerdo ejemplos de políticos que hayan pedido disculpas a nadie por nada. O sea, que santo y bueno por mi parte, querida Irene.

Ojalá hubieras hecho tú algo parecido, después de haber publicado esta insidia pequeñita y lamentable:

twit Carlos MG Al leerla, pensé: “hombre, Carlitos, no jodas” desde una gran perplejidad. Verás, yo no soy muy susceptible y la falta de nombres propios en el tuit deja la injuria en nada. Claro que por el contexto y por los periódicos que sí citabas, por El Mundo sólo podíamos ser Arcadi Espada y yo, y por ABC, David Gistau. Pedro García Cuartango también escribió, pero fue al día siguiente de tu tuit. También escribió en El Mundo muy razonablemente vuestro eurodiputado Fernando Maura, pero también fue después. O sea que los aludidos debemos ser los tres primeros que cito. Y resulta que, mientras Irene rectificaba, tú metías más la pata en el charco respecto a Gistau, después de que él te pidiera el teléfono sin que tú se lo facilitaras:

“La lupa no. Este sr (por Gistau) no tiene mi tfno porque en 3 años nunca le ha interesado hablar conmigo de nada. Leyes y esas cosas @UPyD.

 Si me insulta por escrito (esto también va por Gistau) no sé para qué le voy a dar mi móvil, no crees? Me tiene en el Congreso de 9 a 21hs.”

¿Sabes qué es lo más lamentable? Tú eres un político y supongo que quieres dejar buena impresión en los medios de comunicación. ¿No comprendes, Carlitos, que esa acusación de que los medios de comunicación ordenan a sus columnistas lo que tienen que escribir, puede acabar granjeándote fama de memo entre todos los periodistas de España? Salvo quizá, los de Cataluña, claro.

Nos conocemos desde hace algunos años, creo que 15 ó 16, en aquel movimiento cívico contra el nacionalismo obligatorio que se llamó ‘¡Basta Ya!’. Conocí mucho antes a Rosa Díez, 32 años, cuando yo empezaba a ser un columnista feliz e indocumentado y ella era una joven dirigente del socialismo vasco. Había conocido y admirado antes a Paco Sosa Wagner, 38 años, tal como conté en mi carta a Irene. A ésta la conocí bastante más tarde, en el primer trimestre de 2007, en un seminario de FAES sobre el bilingüismo en España.

Yo escribía columnas para la página web de Basta Ya, ¿te acuerdas? Como decía en mi carta a Irene, Rosa Díez me pidió que la presentara en Madrid en abril de 2010. En mayo de 2011, me pidió que participara en una nueva presentación en la inauguración de la campaña electoral para las municipales del 22 de mayo. En aquel acto presentamos a Rosa tres periodistas: David Gistau, el que suscribe y, lo que son las cosas, Irene Lozano, que unos meses más tarde figuraría como candidata en el puesto número 4 de vuestra lista en Madrid para las generales del 20-N y ganaría un escaño en el Congreso.

Ya se lo recordaba a Irene, pero me vas a permitir que insista. Me parece impresionante tu consideración de que escribo ‘al dictado’ del periódico que me paga. ¿Me dabas alguna instrucción tú para los artículos que publicaba en Basta Ya? Esto, ¿desde cuándo sucede? Porque  creo que desde que Rosa anunció la fundación del partido en septiembre de 2007, soy el columnista español que mayor número de columnas suyas ha visto publicadas en vuestra página web. Recordarás que hace año y medio, cuando la Fundación Progreso y Democracia, que sostiene tu partido, me distinguió con uno de sus premios a la regeneración democrática, la web de UPyD explicaba así las razones del jurado:

Santiago González es un periodista de abultada experiencia, una persona que dignifica su oficio. Riguroso en el tratamiento de los hechos y especialista en desmontar falacias, tiene un estilo claro e irónico. Al tratar a sus lectores como a personas inteligentes, ha logrado tener un público inteligente. Además de sus artículos en prensa (actualmente en el diario El Mundo), su blog es una referencia de la actualidad, y alberga una comunidad (los “remeros” de su nave) que enriquece los contenidos del propio González con aportaciones bien informadas, ingeniosas y hasta eruditas. Aunque el periodista bilbaíno trata todos los asuntos de la actualidad española, hay que destacar su firme lucha a favor de un relato veraz de la historia del terrorismo de ETA, lo que le ha supuesto ataques, no ya del mundo abertzale, sino incluso de los partidos políticos que, en otro tiempo, se mostraron firmes contra la banda y sus testaferros.”

Seguramente es una presentación muy generosa, pero hay algo en este párrafo que quiero destacar: que trato a mis lectores como a personas inteligentes. Es justo lo contrario de lo que haces tú en Twitter. Un suponer:

La perversión del lenguaje continúa con cosas como: “no aceptas la crítica”, mientras te están metiendo un puñal o te pegan un tiro. De Gila

El criticado (se refiere a Sosa Wagner, creo) es corrupción política pura. Ha engañado masivamente. Mentiroso 100%. Si no lo ves, mal vamos.

Problemas: 5 millones parados? No! 25% niños en pobreza? No! Corrupción institucionalizada? No! Desigualdad? No! Cuál?: @UPyD va por libre!

Es el déficit de tarifa un problema? No! Las hipotecas abusivas? No! La precariedad laboral? No! Rajoy? Nooooo! Cuál? Rosa Díez me cae mal!

@UPyD es un partido autoritario? Sí! Por? Dice que la autoridad emana de las leyes y la práctica. Y sectario? Sí! Por? Rechaza desaparecer!

Como te conozco personalmente, sé que tu capacidad de análisis es bastante superior a la que podría deducirse de estos tuits (solo una muestra). Pero la inanidad intelectual que en ellos se aprecia sí demuestra que consideras estúpidos a tus seguidores. Algunos de ellos responden como si quisieran darte la razón. Mira este comentario que colgó en mi blog una de ellas, que firmaba como Encarna Conesa:

“Querido Santiago:
No soy economista ni “politóloga”, pero sí me considero una amiga leal, y me sorprende leer lo mucho que adoras a Paco y a la vez lo mucho que odias el pensamiento de Paco, por que no olvides que, aunque en estos 2 últimos meses parece que dude de su propia opinión, hace muchos años que de forma voluntaria (y pagando 20 euracos al mes) ha formado parte de UPyD.
Me parece que esta carta a Irene, no es tanto por defender a tu camarada (amistad que pongo muy en duda) sino por malmeter en un partido político democrático que se ve a quilómetros que no puedes soportar…
En fin que me parece muy correcto que tengas una opinión negativa de UPyD, pero me parece absolutamente RASTRERO que te escudes en tu “amistad” con Paco para exponerla.
Saludos cordiales “

Éste es el nivel, querido. Proceso de intenciones: no es por un sentimiento de amistad (que ella pone muy en duda) sino por malmeter en UPyD, partido que se ve a quilómetros que no puedo soportar. Tus consignas tuiteras favorecen la multiplicación de estas afiliadas (y de afiliados de idéntico nivel), Carlitos, y aquí tal vez te cupiera considerar aquel consejo que Sor Juana Inés de la Cruz dirigía a los hombres sobre las mujeres: “Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las queréis”.

Eres, junto al popular Iñaki Oyarzábal el político más adicto al tuit que conozco, y muchas veces para mal. En alguna ocasión he recomendado a Rosa que te ate cascabeles a las muñecas como a los adolescentes con exageradas tendencias ipsatorias, con el fin de limitarte el vicio.

Apuntaba en mi carta a Irene mi sorpresa sincera por estos resabios estalinistas en los comportamientos de algunos dirigentes de un partido nacido para corregir estos vicios de los “viejos partidos”. Me llama la atención que en tu cuenta de Twitter (en lo que la he seguido) dedicas muchas más collejas a C’s y a quienes se muestran partidarios de que exploréis algún acuerdo con ellos que a Mas y su proceso secesionista. Tal vez haya en ti un origen maoísta y te estés aplicando a despejar la contradicción de primer plano antes de proceder contra la principal, al igual que los comunistas chinos consideraban más urgente atacar al revisionismo soviético que al imperialismo norteamericano.

Cosas del estalinismo, que introdujo vicios  duraderos en la izquierda española. Tengo para no olvidar cuando a los jóvenes comunistas españoles nos fue descubierta la buena nueva de que Ramón Tamames era miembro del Comité Central. Salió del armario en Roma, en diciembre del 75, durante la celebración del 80º cumpleaños de Pasionaria. La pimpinela roja, el economista por antonomasia. Cuando se fue, se ponía en tela de juicio que dominara las cuatro reglas. No digo nada de lo que pasó con Lertxundi y compañía cuando se fusionaron con Euskadiko Ezkerra. 

En fin, querido Carlitos, cuando quieras discutimos de todo esto, de esa sobornabilidad que me presumes, de ese odio que debo de albergar hacia tu partido,  pero con datos y sin tonterías  de asamblea estudiantil de los años 70. Pero deja de escribir esas cositas si no quieres que el personal te pierda el respeto y te aplique aquella definición elemental de Forrest Gump. Y no es la de la caja de bombones.

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De tontos y botellines

Malditos yihadistas asesinos

Continuará, debí escribir al final del comentario de ayer. Siempre continúa. Jerónimo Guerrero, ese tipo que ven tan ufano en el avatar de su cuenta de Twitter, es alcalde de un pueblo sevillano de 5.000 habitantes, llamado El Coronil. Es también miembro de la Ejecutiva provincial del PSOE y hombre, a lo que se ve, de no muchas luces. Ayer, a eso del mediodía colgó en su cuenta lo que pueden ver. Harto, por lo visto, de la difusión por la red del video que muestra la decapitación del periodista Foley, de la escenografía dispuesta para la siguiente, en la que la futura víctima, Steven Sotlof, posa con la túnica naranja en la misma posición que Foley, con un verdugo vestido como el de éste. Hay imágenes reales de fusilamientos sumarios de docena y media de palestinos en Gaza por milicianos de Hamás, fotos de un niño de diez años, hijo de un yihadista australiano, que sostiene la cabeza de un decapitado en Siria.

Pero el alcalde Guerrero, esta criatura del zapaterismo y la memoria histórica, ha querido explicarnos que también tenemos un pasado en el armario y publica lo que pueden ver arriba: el supuesto fusilamiento de dos supuestos ‘rojos’ por la Guardia Civil. Lo hace el mismo día en que tres agentes del citado instituto murieron en acto de servicio durante una operación para rescatar a un montañero en León.

Si el alcalde Guerrero fuera, no ya inteligente, sino medianamente avisado, debería haberse puesto en guardia ante la foto. Ese color claro de los correajes, que corresponden al color amarillo. No puede ser. Ese es el correaje de gala, amarillo, el que lucen los guardias el día de la Patrona (12 de octubre) y en fiestas muy señaladas. En tales días, el tricornio también va ribeteado de amarillo. Pero en fin, eso es lo de menos. El alcalde Guerrero tuiteó la foto como ven y se convirtió en trending topic. Fue avisado de que era un fraude, y tuvo ocasión de ver el making of de la escena. Corresponde a la elaboración de un ‘documental’, titulado ‘Flores tristes’, dirigido por Teo Manuel Abad. Pero ya conocen la sentencia. La linde se acaba y el tonto sigue.

Flores tristes

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Indignaciones comparadas

Asesinos Parecidos

Menudo cabreo se van a agarrar los esposos Bardem y la suegra de Pe, la gran Ma Bardem, cuando se enteren de que, además de los niños palestinos que matan los misiles con que el Estado de Israel replica a los cohetes de Hamás, los milicianos de Hamás asesinan a palestinos ya adultos de 18 en 18 (foto de la izquierda en el montaje de Arcu), la decapitación del periodista James Foley (en la segunda foto, un verdugo reproduce exactamente la escenografía de la ejecución de Foley con la víctima que clon toda probabilidad le sucederá, Steven Sotlof) y las 858 víctimas de ETA, asunto menor en el País Vasco si lo comparamos con la represión policial del franquismo en los años 60.

La cuestión es tener bien identificado al enemigo. Si en el conflicto no está EEUU o Israel, nuestra izquierda es como si hubiera perdido la brújula moral y no sabe donde queda el norte. Algunos, los más viejos del lugar, recordarán el genocidio de Ruanda. Entre abril de 1994 y julio del mismo año, en exactamente 94 días, los hutus desencadenaron una matanza de tutsis que rondó las 800.000 personas. Los nazis no llegaron a tal productividad del crimen en Auschwitz o Treblinka, aun contando con el concurso de procedimientos industriales (cámaras de gas, hornos crematorios, etc.) Fue a machete limpio.

No hubo una sola manifestación de nuestra izquierda, un comunicado de nuestros actores, nada. La explicación a aquel silencio no fue la ignorancia de los hechos: Yo recuerdo primeras en El Mundo y El País, con el primer plano de un cogote tutsi con marcas de machetazos. Era la ausencia del enemigo idóneo. En aquel conflicto no estaban los americanos. Sí los belgas y los franceses, pero no había color. En el relato que hizo de aquellos hechos el director del Hotel Rwanda, Paul Rusesabagina, en un libro que fue llevado al cine, el protagonista da cuenta de la raíz identitaria de todo aquello: “Un día pasaron los belgas midiéndonos el ancho de la nariz. Así empezó todo”.

Los intelectuales Bardem deberían leer ‘Una temporada de machetes’, impecable e implacable crónica de aquellos 94 días de machetes y pantanos, escrita por el periodista Jean Hetzfeld, en los que la barbarie es narrada por los propios asesinos. No son americanos ni judíos, claro, pero Javier y Pé tienen allí una gran alternativa para el próximo parto de la actriz: en lugar de Los Angeles, la segunda ciudad de EEUU y un hospital judío, el Cedrar’s Sinaí, podrían optar por un hospital público de Kigali. O por uno administrado por médicos del Estado Islámico.

 

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Películas francamente sobrevaloradas (9)


Inteligencia artificial cartelInteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001)

Por Parmenio

 Antes o después tenía que llegar LA pregunta en relación a lo que estamos haciendo este verano: ¿cómo nos atrevemos a juzgar a los gigantes, por qué criticar a un gran cineasta? Estuve dando vueltas al tema, ¿por qué criticar a un gran cineasta? y, sobre todo, ¿por qué criticar a un gran cineasta…si podemos criticar a dos grandes cineastas? Sí, vamos a hablar de Inteligencia Artificial (S. Spielberg 2001).

Es muy difícil hacer una lista de los diez cineastas más importantes de la historia del cine en la que no se encuentren Stanley Kubrick o Steven Spielberg; de hecho, yo no me fiaría mucho de una lista donde no estuvieran los dos. De Kubrick ya ha hablado don Lindo Gatito y coincido con él en lo importante: el ciclo de sus cinco primeras películas serias: Atraco Perfecto (1956), Senderos de Gloria(1957), Espartaco(1960), Lolita(1962) y ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (1964) lo coloca, sin discusión, entre los más grandes. Conseguido ya el control absoluto de su cine (Guion-dirección-producción) don Stanley se alejó de Hollywood (física y mentalmente) y se dedicó a lo que de verdad le gustaba: el cine raruno; pero raruno de amplio espectro, no se crean. Hizo cine raruno/lisérgico, raruno/plasta, raruno/pastelón, raruno/sustoso y raruno/hardcore para terminar con una de raruno/picantón de tres horas que no hay quien se meta entre pecho y espalda. Y se murió.

Stieven Spielberg es justo lo contrario de lo raruno, hace un cine normal que no necesita lecturas en segunda derivada porque sacia al espectador con lo que le ofrece en pantalla ya que es el contador de historias más dotado de su generación; pero normal no significa fácil de hacer, sus películas son grandes historias que, bien por los movimientos de figurantes: Salvar al soldado Ryan (1998), efectos creíbles: Tiburón (1975), E.T. (1982), Parque Jurásico (1993) y complejidad en escenas de acción: ciclo Indiana Jones son todas de una notable dificultad de producción. Y las saca adelante con sobresaliente.

 Spielberg es también un productor de cine y TV de notable éxito (Productor= el que “hace” las películas/series) que desarrolla películas para ser dirigidas por otros lo que le ha permitido compartir éxito con directores como Zemeckis, Dante o Eastwood y co-desarrollar franquicias de éxito como “Regreso al futuro”, “Hombres de negro” y “Transformers”. Vista en perspectiva la carrera de don Steven es muy difícil que el <i>gafapastismo ilustrado lo considere un “auteur”, si bien es innegable que cualquier cineasta se dejaría cortar un miembro (al menos uno pequeñito) por firmar La lista de Schindler (1993), su abrumadora mirada al Holocausto.

Entra en la lógica que el narrador superdotado acostumbrado a trabajar con gente talentosa fuera de las pocas amistades hollywoodienses del huraño genio huido que reconocía, a su vez, la portentosa capacidad de Spielberg para poner en imágenes cualquier idea. Hablaron de un proyecto de Kubrick para desarrollar, desde un relato de Brian Aldiss: “Los superjuguetes duran todo el verano” (1969), una parábola pinochesca sobre el amor materno-filial lleno de segundas y terceras lecturas; era algo muy raruno y alejado del estilo directo de Spielberg pero para lo que era necesaria su capacidad de trasladar a la pantalla de manera creíble lo imposible. Fuera como fuera, la muerte de Kubrick, agotado tras tres horas de sexo chungo con los Cruise, hizo que Spielberg (14 nominaciones, 3 Oscar) tomara la producción del proyecto –con la intención de dirigirlo- como su homenaje personal al amigo ido. Y se lo tomó en serio. Tanto que se involucró personalmente en la escritura del guion, algo que no hacía desde Encuentros en la 3ª fase (1977); acto seguido subió a bordo a gente de su confianza para hacer la película: para la fotografía Janusz Kaminski (6 nominaciones, 2 Oscar), para el sonido Gary Rydstrom (17 nominaciones, 7 Oscar), la dirección artística para Rick Carter (4 nominaciones, 2 Oscar), los efectos especiales se encargaron a Industrial Light and Magic de George Lucas, la música a John Williams (47 nominaciones, 5 Oscar) y todo lo montó Michael Kahn (8 nominaciones, 3 Oscar).

Inteligencia ArtificialLa película va de lo siguiente: en un mundo futuro donde, por fin, se han fundido los polos, los hombres (orgas, de orgánicos) viven servidos por robots (mecas, de mecánicos). Un fabricante de mecas decide crear un niño meca que sea capaz de amar y así cubrir el mercado de padres orgas necesitados de un cacharro donde depositar su amor; y lo consigue. Entregan la primera unidad a una pareja cuyo hijo está en coma y, tras el lógico desencuentro inicial, la madre da su amor al niño cacharro asegurándose así, de por vida, el amor del meca. Las cosas se complican cuando el hijo fetén se recupera del coma, iniciando una espiral de celos que acaba con la familia decidiendo achatarrar al hijo meca. La madre, llena de amor, se ve incapaz de ello y suelta al cacharrito en un bosque y le aconseja que corra y no le pillen, buenos consejos ambos puesto que los hombres, malos por naturaleza, disfrutan en espectáculos consistentes en romper mecas. El niño cacharro llora mucho y promete buscar al hada de Pinocho para que le haga niño fetén y poder volver con su mamá (sí, en fabrica los hacían muy amorosos pero un poco limitaditos).

Comienzan aquí las aventuras del pequeño meca que, acompañado de un meca prostituto que se encuentra por el camino, le llevan a sortear malos y buscar al hada que le convierta en orgánico y que vive en una Nueva York inundada; más concretamente en el laboratorio donde fue fabricado. Descubierto por el niño que todo es un engaño y que no hay hadas sino ingenieros, dice “mami” y se tira por la ventana. Decisión correcta.

Esto es una película de Spielberg así que lo que vemos en pantalla es apabullante. Fotografía, decorados, efectos, secundarios, música. Todo. Ibérico de bellota. Gran actuación de la pareja que soporta emocionalmente la historia: el niño Haley Joel Osmet y su madre Frances O’Connor, con un notable Jude Law de maquinita placentera. Hay secuencias memorables como la reanimación cardio-respiratoria vista desde el fondo de la piscina o el vertedero de mecas.

La película, aunque podría, no termina con el cacharrito diciendo “mami”, tirándose por la ventana y hundiéndose en el fondo para quedar allí “vivo” hasta la eternidad (sí, llevan las baterías del conejito). Spielberg renuncia a este final algo abierto y prefiere que nuestro pequeño meca sea rescatado por su amigo para volver a hundirse, ahora en avión, y tocar fondo, con los faros encendidos, en el parque de atracciones de Conney Island, en la atracción de Pinocho y frente al hada. Fin. Pues tampoco, este final edulcorado tampoco le gusta al señorito y se embarca en un tercer final kubrickesco donde en el futuro del futuro los hombres se han extinguido, el mar se ha helado y los seres del futuro (¿mecas? ¿orgas?) hacen arqueología y descongelan al niño meca y, para que esté contento, clonan a su madre a sabiendas de que no vivirá más que un día para que la vuelva a ver. La madre es clonada y viven un día maravilloso y cuando la madre se duerme para no despertar el robot amoroso también se duerme, una actividad humana para la que no está capacitado. Este final cierra el círculo del niño cacharro que, creado para amar, buscó y encontró el ser amado, la maquina creada por humanos que se humaniza pidiendo a las máquinas que creen a su madre para poder amarse. ¿Cómo se quedan? ¿Intensito eh? Pues eso es lo que pasa cuando pone Kubrick en los créditos.

La sucesión de finales me hubiera cabreado si, a esa altura, yo hubiera estado en la película, no estaba. Y no estaba porque todo el andamiaje emocional se construye apoyado en el drama de la separación de la madre y el hijo. De un hijo que quiere tanto a su madre que irá al fin del mundo para volver a verla. De una madre que quiere tanto a su hijo que lo va a achatarrar… ¿escuchan como se derrumba el andamio?

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Mi querida Irene Lozano

Querida Irene:

Había pensado dedicar esta carta “a la ciudadana Irene Lozano”, pero he recordado la primera secuencia de ‘Ocho apellidos vascos’: el protagonista discute con sus amigos sevillanos sobre el mal carácter de la vasca Clara Lago: “Que allí son terroristas; seguro que ha venido a poner un piso piloto”. “Se dice ‘piso franco’”, le corrige otro, a lo que replica el primero: “No les mientes a Franco, que se enervan”. Algo así he pensado yo al leer tu deplorable carta a Sosa Wagner: “No pronuncies la palabra ‘ciudadano’, que se ponen como motos”.

Tu carta a Paco Sosa me ha parecido un catálogo de insidias, sofismas, alguna que otra bajeza y argumentos ad hominem. Te escribo por alusiones. En uno de los pasajes de tu carta le recuerdas al destinatario la superior posición de los afiliados: “gente sin cuyo trabajo ni tu ni yo estaríamos en el Parlamento. En tu caso esto es especialmente cierto: según la última encuesta del CIS, no te conoce ni el 12% de los españoles, y tu campaña es la peor valorada por los encuestados…”

Pertenezco, querida Irene, a ese reducido 12% de españoles que conocen a Sosa Wagner, lo que me sitúa, no en un grupito irrelevante, tal como se desprende de tu carta, sino en una elite. Conocí a Paco Sosa hace ya muchos años. En 1976, al año siguiente de la muerte de Franco, mi amigo Felipe Serrano y yo asistimos a una mesa redonda de partidos en el Aula Magna de Sarriko, la Facultad de Económicas de Bilbao. Entre los ponentes había un joven penene que vestía jersey de cuello alto y fumaba en pipa, un ayudante de Ramón Martín Mateo llamado Francisco Sosa Wagner. A mi amigo Felipe y a mí,-lo recordábamos el otro día-, nos impresionaron su brillantez expositiva y su rigor conceptual. Lo he seguido desde entonces, he leído sus libros, he cenado alguna vez con él, le he presentado alguna conferencia y, desde un conocimiento compatible con mi irrelevancia sociológica, puedo decirte que tu partido presentó al mejor cabeza de lista de las pasadas elecciones europeas. Vuelve a leer el entrecomillado en que le afeas el 12%: lleva inevitablemente a la exaltación del Tuerkas.

Tú aún no sabías leer cuando yo conocí a Paco Sosa. Lo digo por tu desafortunada referencia al tiempo: …”el proyecto de UPyD es imprescindible para que nuestro país no vuelva al blanco y negro de los años 40, esa lejana España de posguerra en la que naciste”. [¿y a la que perteneces?] ¿Qué quiere decir esa desdichada frase?¿A qué volvería España sin UPyD?¿A la autarquía, a los consejos de guerra por rebelión militar y a los fusilamientos, a la cartilla de racionamiento, al estraperlo, a los sabañones?

Incurres en algunas contradicciones notables: tu exaltación de la grandeza del partido y de los méritos colectivos comparada con la pequeñez de sus afiliados, es seguida de la individualización de la culpa, al reprocharle los malos resultados electorales, aunque retóricamente asumas tu cuota por haber participado en mítines de campaña. Me perdonarás que en mi edad, ya madura, me sienta incapaz de seguirte en tus irónicas y extravagantes analogías sobre el Gulag y las elecciones primarias del Partido Comunista Chino (!), dejando caer al paso una insidia sobre la falta de control del partido “sobre tus votos, tus dineros, etcétera”. Supongamos por un momento que fuera cierta esa miseria que insinúas. ¿No habría incurrido UPyD en una grave responsabilidad por su falta de control?

“Va a ser difícil que alguien te iguale en mezquindad”, le dices; “y cuando el rostro volvió/ halló la respuesta viendo”. Hasta aquí, querida Irene, algunas acotaciones a tu carta sectaria. Vayamos a lo mollar: no hay una sola razón, un argumento que más allá de la descalificación personal se centre en la propuesta de debate. ¿Realmente crees que el punto 1.4.1 de la Ponencia en el Congreso de noviembre: “UPyD será lo mismo en Cataluña que en el resto de España” es un cerrojo que impide, no ya la unidad, sino ni siquiera el diálogo con un partido que comparte el mismo espacio de electorado? Verás, hace muy pocos meses nuestra común amiga Rosa Díez presentó en el Congreso un libro del diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, Alfred Bosch. ¿Haría algo parecido, presentarías tú un libro, una conferencia, algo, de Albert Rivera? Ni siquiera lo harías con el próximo libro de Sosa, confirmando esa gradación implacable del sectarismo que clasifica la fobia a los otros de menos a más: adversarios, enemigos y queridos compañeros de partido.

Solo el estilo y el contenido de tu carta remite vagamente a tus propias alusiones al Gulag y el PC de China. Estas maneras son antiguas, Irene. Esa forma de sectarismo es lo que en el PCE en el que yo milité por entonces se llamaba estalinismo. No sé por qué me han traído a la cabeza el último párrafo de las memorias comunistas de Semprún, la ‘Autobiografía de Federico Sánchez’, cuando relata su expulsión del PCE en compañía de Fernando Claudín en aquel congreso de 1964, creo que en Praga (como diría el maestro Umbral y dices tú misma a guisa de despedida: “perdona que no me levante” [a mirarlo]) y abandonaban el plenario perseguidos por el dicterio definitivo de mi admirada Pasionaria: “¡intelectuales, cabezas de chorlito!”

Lo que más me impresiona, Irene, es que baste  pronunciar la palabra ‘Ciutadans’ para que montéis una tangana comparable al enloquecido relinchar de los caballos cada vez que Aigor decía ‘Frau Blücher!’ en ‘El jovencito Frankenstein’. No es que no seáis partidarios, es que le mentáis la madre al proponente.

El 8 de noviembre último, publiqué en este mismo blog un comentario, ‘¿Qué pasa en UPyD?’ sobre vuestro segundo Congreso, del que ya me llamó la atención ‘el empecinamiento ciutadans’. Recordé la parábola de Savater sobre la escena de la bandera roja de ‘Tiempos Modernos’, que yo había usado para presentar a Rosa Díez y a vuestro partido en un foro empresarial en Madrid en abril de 2010. Expliqué allí lo bien que me sonaban muchas de vuestras propuestas (los grandes acuerdos de Estado, la racionalización del reparto competencial autonómico, con el retorno de las competencias educativas al Estado, etc.) y el contraste con los hechos que esperaba, antes de elevar a definitivas  mis conclusiones: qué pasaría cuando UPyD tuviera competencias educativas en dos o tres CCAA: “debe de ser más difícil abogar por la reversión hacia el Estado de competencias en materia de Educación si uno es consejero de Educación que si es un simple observador”. 

Quiero decir que sabes muy bien que no tengo apriorismos contra tu partido, ni contra ti y que, independientemente de mi radical desacuerdo con tu desdichada carta, te sigo profesando afecto, que continúo guardando la excelente y generosa reseña que escribiste sobre mi último libro y tengo en lugar destacado de mi casa el premio a la Regeneración Democrática que la Fundación UPyD me concedió junto a Elisa de la Nuez y Luis Garicano. Espero que no seas muy partidaria de la Memoria Histórica y me apliques una pena de indignidad sobrevenida para reescribir aquella reseña y pedirme que devuelva el trofeo. 

Creo, querida Irene, que te has equivocado, que os habéis equivocado en materia grave, que para todo partido debe haber un colectivo más importante que los beneméritos afiliados a los que justamente rindes homenaje en tu acre denuesto de Paco Sosa Wagner. Son los ciudadanos (con perdón) a quienes representáis, vuestros votantes, los clientes. Así no. No se puede hacer nueva política con la intolerancia de la vieja y mucho me temo que la próxima cita electoral justificará el último párrafo que escribí en el comentario del 8 de noviembre de 2013 y que puedes leer entero en el link ut supra:

“Rosa Díez sigue teniendo la palabra. Y también Albert Rivera, pero llama la atención una cierta búsqueda del desencuentro, un error. Quien haga más méritos para que ambos partidos no se entiendan, tendrá más probabilidades de pagar la factura en las urnas.”

Con afecto.

REACCIONES

twit Carlos MG

Aunque el bravo CMG, campeón del tuit como unidad básica de pensamiento, no da nombres, es probable que se refiera a Arcadi Espada y a mí mismo por El Mundo, y a David Gistau por ABC. En fin.

Hace un rato me ha llegado un mensaje de quien fue mi camarada y amigo (esto lo sigue siendo) en Sarriko, Benigno Valdés, el Beni. Detenido por la Brigada Político Social en los primeros setenta, fue expedientado y expulsado por el decano De la Puente. Volvió tras la muerte de Franco y fue entonces cuando nos conocimos:

“Hola, Santi. Acabo de leer tu artículo,  post, o como ahora se llame, en El Mundo. Siento que esta chica y su jefa le hayan dado un (a mi juicio inmerecido) capón a Paco. Tengo buenos amigos en UPyD, y les tengo dicho que su creencia en que su aparato, contra lo que yo opino, es distinto, se debe a que (1) son mas jóvenes , (2) menos experimentados en estos asuntos y (3) “…además es imposible” porque, a ver, “intelectuales, cabezas de chorlito!” tiene un punto… PARA ESTOS MENESTERES.

En fin, Paco me libró de un gran problema en 1973 ( o fue en el 72?) La BPS me tenía acogotado y necesitabamos un par de dias para preparar mi salida de Bilbao. Pedimos a los nacionalistas que me ocultaran en un doble piso que tenian en Deusto y que estaba bajo proteccion del Obispado, así que era seguro. Me negaron la ayuda. Paco y su mujer me acogieron en su casa de Neguri (tal vez fuera Las Arenas, no recuerdo bien y ademas ere de noche). Corrieron un buen riesgo, y (esto es de nota) ella estaba a punto de dar a luz. Un par de dias después mi gente  me sacó de allí… Pero aquellos tiempos hoy carecen de interés para estos cachorros. Creen que lo saben todo, llaman “facha” a todo aquél que se les cruza, y a correr. ¡Qué tropa, querido, qué tropa! (Na, no hay remedio).

Beni

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Más Kohl que Schmidt, una cuestión moral

Pujol en Queralbs

Piensen en uno de esos individuos que medio centenar de veces al año alimentan las páginas de sucesos de los diarios al asesinar a su pareja. Si tuvieran los reflejos que ha mostrado el Padre de la Patria Catalana, denunciarían a los policías que los detuvieron: “¿Es que ya no se puede gozar de un poco de intimidad en su propia casa?”

Mutatis mutandis, el Gran Defraudador Confeso ha denunciado a la banca andorrana por revelar sus secretos bancarios. Andorra era la Isla Tortuga de los Pujol, el refugio secreto en que los pirabas guardaban su botín y disfrutaban de él tras sus campañas de saqueo. Eran muchos años de tradición y no estaban preparados para que un juez les cantara aquella gran canción de Suburbano: “Esta noche se hace historia,/ hoy se cierra Isla Tortuga./Después de un tiempo de gloria,/ comienza un tiempo de duda.”

El Patriarca se queja de que el móvil de todo esto es político, España contra el soberanismo catalán. Ahora ya sabemos que los suyos eran sólo económicos, aunque durante los largos y venturosos años del latrocinio, él no cesaba de invocar móviles políticos mientras pensaba en sus extraterritoriales cuentas andorranas, su anschluss particular.

Todos los delincuentes tienen derecho a defenderse y el presunto Pujol también tiene sus garantías, naturalmente. Si las pruebas hubieran sido obtenidas de manera ilegal serían nulas, pero caben algunas objeciones: la primera es que la revelación del secreto sobre su delito fiscal ha sido hecha por él mismo, es una autoinculpación. La segunda es que no es probable que el juez Ruz se haya conformado con los datos que un presunto trabajador de la banca andorrana ha hecho públicos ilegalmente y sí lo es, en cambio, que la banca andorrana le haya proporcionado los datos al juez en cumplimiento de su obligación. La obligación de los bancos de guardar el secreto bancario de sus clientes, tiene esa excepción: la colaboración con la Justicia. La tercera es que hay grandes posibilidades de que al delito confesado de evasión de impuestos se le sume a lo largo de la instrucción el de corrupción por la manera de obtener  la fortuna que ocultó a la Agencia Tributaria.

No se puede negar la racionalidad a su independentismo. ¿Alguien piensa que esto pasaría con una agencia tributaria propia, con una justicia estrictamente catalana, con un fiscal como Rodríguez Sol, que quiso empurar a El Mundo tras sus revelaciones sobre las cuentas de Pujol y Mas en Andorra y Suiza? Todo sería Isla Tortuga.

Mientras, en el oasis, todo es desconcierto. El diario del Grande daba cuenta de ello el domingo en dos artículos: Enric Juliana, escritor de editoriales colectivos, publicaba una extravagante pieza sobre un error de Montanelli, rectificado por él mismo: la improbable historia de que el 1 de septiembre de 1939, la invasión de Polonia por los tanques nazis tuvo enfrente a una brigada de caballería polaca, la brigada Pomorska. Juliana, que confiesa haberse pasado un mes en el Cono Sur, sin internet y sin leer la prensa de aquí,-qué raro-, se hace de nuevas sobre el caso Pujol con una frase muy notable:Regreso a Madrid y encuentro a Jordi Pujol destruido por su familia y vendido por la banca andorrana”.

No tengo palabras. En el mismo ejemplar se publica lo que el periódico llama ‘un servicio especial’ (y tanto). Se trata de una pieza firmada por Maximilian Zierer, ‘Más Kohl que Schmidt’. Se da un repaso al tratamiento que la prensa alemana ha hecho del caso Pujol. El autor ha hecho sus paralelismos y ése parece ser el lugar exacto en la analogía: más cerca de Kohl que de Schmidt. La explicación va en el primer párrafo: 

“Jordi Pujol no es Helmut Kohl, pero tampoco acabará como su antecesor Helmut Schmidt, que a sus 95 años sigue alimentando el papel de venerable hombre de Estado con libros, artículos e intervenciones televisivas.” 

Se ratifica en el último:

“A pesar de sus indiscutibles méritos para Alemania, Kohl nunca llegó a recuperar su fama en su vida como político jubilado después de que se descubriese el escándalo. Es conocida la admiración de Jordi Pujol por Helmut Kohl. El expresident había manifestado una íntima obsesión, que su legado político quedara inmaculado para la historia, no como su amigo excanciller. El tiempo dirá si predominarán sus méritos políticos pero, a falta de más explicaciones, hoy Pujol es más Kohl que Schmidt.”

La misma comparanza jode. Vayamos por partes: Kohl tuvo que dimitir al demostrarse que era responsable político de la financiación ilegal de su partido, CDU. Por ello tuvo que dimitir y pagar una multa de 100.000 euros. 

Siempre he sostenido que la corrupción ‘patriótica’, la que tiene como objetivo financiar al partido, es más grave para la democracia que la del ‘comisionista’, porque ésta es una cuestión que atañe al autor y a sus cómplices si los hubiera, mientras la primera afecta al sistema. Pero dicho esto, hay una cuestión moral. Kohl no se llevó cantidad alguna a sus cuentas bancarias, ni hurtó su dinero al fisco. Es extraordinaria esta tentación de usar analogías indoloras. Entre Kohl y Schmidt, dice. A mí me parecería más propio compararle con la tradición autóctona: Jordi Pujol más Serrallonga (Joan Sala, bandido catalán del siglo XVII) que Santa Teresa de Jesús, que, según los historiadores de Mas, también era catalana.

 

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Esto es Burgos y aquí no pasó nada. Cosas de la memoria histórica

Placa Capitanía 1Placa Capìtanía 2

 

 

 

 

 

 

A Andrés Trapiello, que comprende y comparte mi obsesión por estas cosas

El pasado 15 de agosto pasé por Burgos, mi ciudad natal, camino de Covarrubias, mi pueblo, donde tengo una cita anual con mis amigos de siempre. Hice un alto para dar un paseo por sus calles y al llegar a la plaza de Alonso Martínez, también llamada de Capitanía, en la que tuve casa, me encontré con que el edificio que yo conocí siempre como ‘Capitanía General’ ha cambiado, y no sólo de uso y denominación. (Véase el edificio en la tercera foto).

Capitanía General de BurgosEn el año 2010, siendo ministra de Defensa Carme Chacón i Piqueras o Carmen Chacón de Olula (tácherse lo que no proceda, se había levantado una placa conmemorativas de dos hechos históricos relevantes: que el general Mola tuvo el edificio como cuartel general para la campaña del norte y el hecho de que entre sus paredes se proclamó Jefe del Estado a Franco el 1 de octubre de 1936. El texto de la placa era el siguiente:

“En este palacio, el 1º de octubre de 1936, recibió el Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, nombrado Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales los poderes y suprema autoridad de la Nación, que le entregó ante el pueblo de Burgos y delegaciones de la España liberada el Excmo. Sr. General D. Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional, representante del patriótico alzamiento de 18 de julio de aquel año.”

La memoria histórica era esto. La negación de los hechos: Eso aquí nunca pasó. Aunque se trate del hecho histórico más relevante en el siglo y medio de historia del edificio. En la placa de la derecha, tal vez debió añadirse algún otro recordatorio. Por ejemplo: “En este palacio, siendo Cuartel de la Sexta División Orgánica, ejerció el mando el capitán general Domingo Batet Mestres. El 18 de julio de 1936, algunos de sus oficiales irrumpieron en su despacho y le exigieron que se sumara a la rebelión. Él se negó y fue detenido. Condenado a muerte por auxilio a la rebelión (sic) fue fusilado siete meses más tarde, el 18 de febrero de 1937 en el campo de tiro Vista Alegre, de Burgos”.

BatetBatet había sido capitán general de Cataluña el 6 de octubre de 1934, día en que Companys proclamó el Estat Català. Redujo a los sediciosos en pocas horas, tal como cuenta Enrique de Angulo en su minuciosa crónica ‘Diez horas de Estat Català’. Al día siguiente, Batet hizo esta alocución ente los micrófonos de Radio Barcelona. Los meses transcurridos entre su detención, juicio y fusilamiento, se deben seguramente al gran prestigio del general Batet entre sus compañeros de armas. Mola, Queipo de Llano y el mismísimo general Cabanellas pidieron a Franco que lo indultara. Pero Franquito era muy rencorosito y tenía clavado el juicio lapidario que Batet había escrito sobre él 15 años antes en el ‘Expediente Picasso’, en el que, como juez militar, analizó el comportamiento de los militares españoles en el desastre de Annual:

«El comandante Franco, del Tercio, tan traído y llevado por su valor, tiene poco de militar, no siente satisfacción de estar con sus soldados, pues se pasó cuatro meses en la plaza para curarse de enfermedad voluntaria, que muy bien pudiera haberlo hecho en el campo, explotando vergonzosa y descaradamente una enfermedad que no le impedía estar todo el día en bares y círculos. Oficial como éste que pide la laureada y no se le concede, cuando con tanta facilidad se ha dado, porque sólo realizó el cumplimiento de su deber, ya está militarmente calificado».

Pocos días antes de su fusilamiento escribió su última carta a sus hijos, en la que les encarecía:

«Sed buenos ciudadanos y cumplid siempre con vuestro deber cualquiera que sean las circunstancias que os depare el destino. Las naciones sufren mucho por no cumplirse sus leyes y el mal es mucho mayor cuando faltan a ellas los propios gobernantes ( ). Son momentos de pasión en que se desatan los instintos perversos la justicia huye espantada, no actúa y se viste de luto Pero ella actuará. Os bendice y abraza vuestro padre, Domingo».

Sus restos permanecen en una modesta tumba en el cementerio de Tarragona, la ciudad en la que nació. La democracia española nunca ha homenajeado a tan gran personaje. El socialismo en el Gobierno sí rindió homenaje al golpista Companys el 15 de octubre de 2006, en el 65 aniversario de su fusilamiento, tras su entrega por la Gestapo a Franco.  A los actos de Montjuic asistieron la vicepresidenta Fernández de la Vega, el president Mas y, naturalmente, el ex president Pujol.

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Películas francamente sobrevaloradas (8)

CARTEL CRASH

CRASH (Paul Haggis, 2004)
Por Navarth

“Todo es modélico en ‘Crash': el guión, la forma de desarrollarlo y otorgar lógica a esas complicadas historias paralelas (…) la mejor película del año”. Carlos Boyero: Diario El Mundo.

“Esta es una de esas raras películas americanas que van realmente sobre algo”. Stephen Hunter: The Washington Post.

“¿Ah sí?”. Profesor Navarth: Universidad de Miskatonic (Arkham).

Ciudad: Los Angeles. Época: actual. Contemplamos los caminos de los protagonistas, que al entrecruzarse van tejiendo un abigarrado tapiz de la ciudad. Las historias comienzan, se interrumpen, reaparecen dentro de otras, tal vez porque la verdad completa no se encuentra en un sueño, sino en muchos sueños. Este es, pues, un formato similar al de las mil y una noches, y convierte a L.A. en una nueva Bagdad. Y quizás inducido inconscientemente por esta semejanza con una ciudad mágica el director no se ha sentido constreñido por la verosimilitud: si bien no ha incluido alfombras voladoras en la película, ha presentado a unos personajes extremos inmersos en situaciones desaforadas (o en interpretaciones desaforadas de situaciones más o menos normales). De estas muestras tan marginales las conclusiones que podrán extraerse de la vida en Los Angeles serán, necesariamente, poco representativas de la realidad.

Esta es una película sobre racismo. Los personajes interactúan deficientemente por culpa de sus prejuicios, y en sus trayectorias por la ciudad colisionan como las bolas de billar al desplazarse sobre la mesa. Permítanme contarle alguna de las historias que se entreveran para que se hagan una idea.

Hay una mujer blanca y rica (Sandra Bullock). Es despótica con su sirvienta latinoamericana, y el robo de su coche por unos atracadores negros parece haberle revelado (no se sabe por qué) la esencial falsedad de su modo de vida. Abrumada por la sobrevenida tensión existencial se cae tontamente por las escaleras de su casa, y permanece un buen rato sin ser auxiliada porque su mejor amiga (que obviamente también es blanca y rica) se niega a posponer su sesión de masaje para acudir en su ayuda. Descubre de este modo que la única persona en la que puede confiar es la mucama latina, y acaba abrazándola en una escena que produce vergüenza ajena al espectador, a la propia fámula y posiblemente incluso al director, que pasa apresuradamente y de puntillas por ella.

Hay un iraní, propietario de una tienda que ha sufrido varios robos a través de una puerta que no cierra correctamente. En vista de ello emprende dos acciones: comprar una pistola y llamar a un cerrajero para que arregle el acceso a la tienda. El cerrajero, ante la insistencia del dueño, cambia el cerrojo, pero le asegura que no servirá de nada si no cambia o arregla la puerta. Ante esto, el iraní acomete nuevas acciones: le echa con cajas destempladas, no le paga, y no arregla la puerta. Como resultado, al día siguiente descubre que le han desvalijado y destrozado la tienda. Al reclamar al seguro, el agente se desentiende por su negligencia al no haber cambiado la puerta. El iraní, que parece completamente incapaz de seguir los razonamientos más elementales, coge la pistola y va a matar al cerrajero, disparando finalmente sobre la hija de éste.

Hay un policía blanco racista y matón (Matt Dillon), que detiene y humilla a un conductor negro haciéndole presenciar cómo somete a un cacheo/magreo a su mujer. Su compañero, que ha contemplado asqueado la escena, exigirá a sus jefes que lo aparten del policía brutal, y acabará salvando al marido humillado cuando al día siguiente, recobrado a destiempo el orgullo, se enfrente con otros dos policías.

Hay un inspector de policía negro (Don Cheadle); tiene un hermano delincuente y para protegerlo se deja corromper por el marido de Sandra Bullock en su ascenso hacia la Fiscalía General. Hay un par de atracadores negros. Hay un chino que trafica con seres humanos al que los anteriores le roban la furgoneta… Insisto tanto en las diferencias raciales porque parecen ser esenciales en la película.

Pero lo más llamativo es que todos los personajes son capaces de lo peor y lo mejor. El negro atracador 1 roba y atropella al chino (mal), pero renuncia a lucrarse con los esclavos hallados en la furgoneta de éste y los libera (bien) El policía malo mete mano a una mujer para humillar a su marido negro (mal), pero después arriesga su vida para salvarla de un coche en llamas (bien). El policía bueno se enfada por la actuación del policía malo (bien), y luego salva al negro vejado (bien), pero mas tarde, inopinadamente, le pega un tiro a un autoestopista negro (el hermano de Don Cheadle) cuando éste va a sacar del bolsillo una imagen de San Cristóbal (lo juro) (mal). La mujer rica es déspota y malcriada (mal), pero luego acaba recapacitando y abrazando a la sirvienta latina (¿bien?) Más complicada es la redención del iraní. Es cierto que al final recobra la serenidad y la sonrisa, pero no porque se haya dado cuenta de lo atroz de sus actos sino porque, como es idiota, se ha convencido de que la niña a la que ha disparado, y que ha salvado la vida por los pelos, es en realidad un genio enviado para protegerlo.

Es evidente que con este esquema repetitivo el director intenta transmitirnos algo, pero ¿qué es? Si en “Crash” las mismas personas cometen actos muy buenos y muy malos sin solución de continuidad, quizás sea porque lo que genera la bondad o maldad es ajeno a ellas. El ambiente. Zimbardo nos enseñó que basta con disfrazarnos de carceleros para que nos sintamos compelidos a torturar. Tal vez en este caso son los prejuicios raciales en una ciudad deshumanizada los que sacan lo peor de nosotros. Puede ser (aunque esto no explica lo del iraní). El problema es que los sincopados y desaforados sucesos que el director narra son una muestra absolutamente sesgada, y difícilmente se podrá derivar de ellos conclusiones generales.

Crash cosechó tres Oscar (mejor película, mejor guión original, y mejor montaje) de un total de nueve nominaciones. Parece que, a pesar de sus carencias, conectó bien con las corrientes de opinión imperantes (una puede ser ésta: no existe el mal sino la falta de diálogo; si llegamos a conocernos nos amaremos) Creo, no obstante, que el tiempo la tratará cruelmente, cuando estas corrientes hayan desaparecido y los espectadores no estén sometidos a su influjo.

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Películas francamente sobrevaloradas (7)

El Piano

CHI VA PIANO, VA A NUEVA ZELANDA Por Lindo Gatito

Confío en que no me improperen en demasía por lo que les voy a contar/confesar, que quizá sea pecado de alguna manera, o impropio, o desvergonzado, no lo sé bien.
El caso es que les voy a poner a parir una película que NO HE VISTO. Así, como lo leen. ¿Qué cómo me atrevo a tanto? Mis razones tengo. A veces, pocas, no hay que incurrir en la descortesía de ver tal película, leer tal libro o tal artículo, para saber que el producto va a ser lamentable. Bastan, a veces, pocas pistas. En otros casos hay que recabar opiniones para cerciorarse de que uno está en el buen camino y que la intuición en ocasiones atina y le libra a uno de pérdidas de tiempo o de cabreos insanos.

¿De qué película se trata? De «El Piano», de Jane Campion. En mi caso el Satori lo tuve al ver el tráiler y decirme automáticamente: “¡Lagarto, lagarto! Aquí hay rata encerrada”. Me hice entonces un juramento in pectore: “NO VERÉ ESTA COSA”. Hasta hoy, lo he cumplido. Pero, claro, tampoco es que estuviese tan ayuno de información acerca de esa cosilla de la Campion, que resultó tan laureada y aclamada (También me juré no ver la tercera parte de “El señor de los anillos” de Peter Jackson, hastiado de las dos primeras, y ya ven… 11 Óscar, empatando de nuevo con el Ben-Hur de Wyler, ¡anda ya…!). Leí y oí críticas y comentarios, amigos de los que me fío me ratificaron en mis preimpresiones (otros no, me instaron a verla… con el tiempo esas relaciones se han enfriado), etc. Y nada, que seguí obstinándome en no asistir a ese tierno espectáculo de la pobre y desamparada sordomudita que, viuda y con una hija, se traslada a Nueva Zelanda donde se ha casado por poderes con un rico hacendado. Pero es que además de la niña, la mujer se empeña en llevarse un piano, que ella toca con mucha sensibilidad. Sobre que una sordomuda de nacimiento haya aprendido a tocar el piano al parecer no se da mucha información. Aprender mecanografía, pase… pero el piano… dejémoslo ahí.

El caso es que su marido se queda de piedra al ver el bagaje de su esposa. Esperaba a la niña, seguro que un grupo de baúles. Pero un piano ¿qué pinta en una granja? Pues se queda en la playa, adonde va la pobre mujer a tocarlo de vez en cuando para no perder mano (que no oído), hasta que descubre el panorama un rudo vecino que llega a un pacto con ella. Él le guardará el instrumento, para que no lo destroce el salitre y le dejará tocarlo. Él también quiere tocar algo, pero no es el piano, precisamente. El tipo es un ser primario y zafio que sólo quiere una cosa de ella, ya-saben-ustedes-qué, y ella acepta porque necesita música, mucha música.

Ah, pero como todo el mundo sabe, la música amansa a las fieras y las sensibles notas que la chica arranca al teclado van a hacer mella en el testosteronado personaje hasta despertar en él ternuras insospechadas y pasa de lo carnal a lo espiritual en un rito iniciático sublime. Ya.

C on el tiempo tuve una ratificación extraordinaria por parte de un cineasta que me gusta mucho, el director norteamericano Tom di Cillo, que en su excelente “Una rubia auténtica” (no se dejen engañar por el título; es una comedia deslumbrante y corrosiva sobre el mundillo del cine y sus innumerables miserias) tiene una secuencia memorable y divertidísima donde se le da a la Campion y su película un repaso considerable. Lo siento, pero va spoiler (lo necesito como argumento de autoridad).

En una cena de la pareja protagonista (Matthew Modine y Katherine Keener) con un matrimonio odiosísimo (él un pintor de éxito, lleno de piercings. Di Cillo odia los piercings… otro punto de contacto) se suscita una conversación por una mención ocasional sobre la película de marras: «—Creo que no nos hemos visto desde fuimos a ver “El piano” —dice la chica del aspirante a actor que está hasta las trancas de acudir a castings humillantes—.» «—¡Oh, dios mío, me encantó esa película… ¿no te pareció magnífica? —le dice la mujer del pintor al pintor, haciéndole arrumacos.» «—¡Oh, sí… una pasada de peli; de las mejores! —contesta el artista, besuqueando a su rubia.» «—¡Eh, esa peli es una mierda! —dice el actor sin trabajo, provocando la carcajada cómplice pero un poco nerviosa de su novia.» «—¿Bromeas? —le dice la rubia, que se ha puesto muy seria. El pintor también.» «—¡No, no bromeo! ¡Vamos, no es más que una ridícula historia de amor! La típica chica espiritual y sensiblera que abandona a su estricto marido por el hombre de sus sueños, un masculino pero sensible nativo, con pendientes y tatuajes (Di Cillo’s touch…).» «—Perdona, Joe, pero… creo que no te enteraste de qué iba la película.» «—¡Oh! Vaya, ¿de qué iba?» «—Pueeees… trataba de muchas cosas. Trataba del valooor, la libertaaad… Trataba del incondicional y sin restricciones amor primario.» «—Sí, así es —ratifica el pintor—. Chico, no te enteraste. Además, estuvo en las listas de las películas más vistas del país.» «—¡Y eso qué! ¿Qué van a hacer eso dos el resto de su vida? ¿Quedarse pasmados contemplándose el uno al otro cariñosos e incondicionales? ¿Creéis que discutirán de verdad como hace la gente normal? ¿Creéis que ella le dirá a él alguna vez: “Eh, Kimba, me encanta tu sensibilidad masculina, ¿pero no crees que alguna vez podrías acordarte de levantar el asiento del váter cuando hagas pis”?» «—Estoy totalmente de acuerdo contigo. A mi novio le gustaba esa película y rompí con él —interviene una camarera que pasaba por allí.»

El resto de la secuencia es, como diría Michaleen Flynn, «Homérica». En TODO el restaurante se produce una auténtica catarsis. Todo el mundo es presa de una disputa acalorada, con partidarios y detractores de la peliculilla rescatamaoríes. En una mesa de chicas punkies una de ellas comenta: «La niña pequeña me ponía de los nervios. Si tuviera una hija así la estrangularía». Y se ve a la legua de qué parte está Tom di Cillo, que es mil veces mejor director que Jane Campion.

En fin, que dicen que está la música de Michael Nyman por medio. Esa sí la he oído, imposible sustraerse a ello. Y, bueno, psché, no está mal, pero si esos arpegios doman a la fiera, ¿qué habrían hecho estos de Beethoven (a partir del minuto 2), o estos otros de Gluck?

O sea que, menos lobos. Y menos bluffs con el cine, medio donde tan fácil es dar rata por liebre.

NOTA BENE:
Habrán advertido que he obviado, en los dichos comunes, las alusiones felinas.

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