¿Sueñan los Mossos d’Esquadra con bolardos eléctricos?

El jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, José Luis aquí y en Valladolid, se privó someramente hace tiempo en un acto público. ¿Dormías? No, contaba bolardos.

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Por si acaso

Hoy, en mi columna de El Mundo

‘El Periódico de Cataluña’ y su director, Enric Hernàndez, se anotaron ayer un gran tanto periodístico con la información sobre la nota del NCTC, organismo que coordina a varias agencias de información y espionaje, como la CIA y el FBI, en la que se alertaba sobre la posibilidad de un atentado en zonas muy concurridas de Barcelona, específicamente en Las Ramblas. La alerta fue también enviada a la Guardia Civil y al CNP, que a su vez la remitieron a los Mossos a partir del 25 de mayo.

Ayer comparecieron ante los medios el major Trapero y el consejero de Interior, Joaquim Forn, (aka Segundo Chiariello). El paradero de Pere Soler, director general de la policía autonómica es un misterio. Debió de declararse prófugo con los primeros atropellos de las Ramblas, o quizá su cometido no tiene que ver tanto con la seguridad como con la identidad que todo podría ser.

Forn y Trapero se bastaron para descalificar a El Periódico por una información que al decir de Trapero, ejemplo canónico de ‘xarnego fascinat’, ha sido ‘dictada’ con la intención de ‘desprestigiar’ a los mossos. Sorprendentemente admitieron la veracidad de la información. Fetichismo y error gramatical. Aún no saben que catalán es solo un gentilicio y ellos lo consideran adjetivo calificativo. Todo nacionalista cree que lo que no es nacionalismo es forzosamente otro nacionalismo de signo contrario que actúa para perjudicar al propio. Catalán bueno, qué digo bueno, inmejorable, español malo. La razón por la que defienden a los Mossos es exactamente la misma por la que denigran a la Guardia Civil o al CNP, porque los primeros son catalanes y los otros españoles.

No han caído en que la gente normal no establece esos distingos, que lo que busca en los cuerpos de seguridad es precisamente eso, seguridad, no un espejo parasus señas de identidad. No hay lugar para el narcisismo en ello. Contaba el gran y añorado Carandell en su Celtiberia Show que habiéndole sorprendido una tormenta cerca de Barcelona se refugió donde pudo. A su lado, una señora inspiró y luego dijo satisfecha: “Estas tormentas catalanas ¡dejan un aire tan limpio!”.

Un mes antes del aviso, el jefe de los mossos era entrevistado por Josep Cuní en 8Tv. El periodista le preguntó por la pertinencia de los bolardos: “No pondremos medidas por si acaso, por postureos, porque aquí hacen no sé qué, aquí también”. El jefe Trapero alcanzó allí su nivel de incompetencia. La clave de la seguridad, de la prevención son esas tres palabras: Por si acaso. Por si acaso nos hacen quitarnos la chaqueta, el cinturón, las tarjetas, el móvil, las llaves en los aeropuertos y pasar por el detector de metales. Hubo aciertos en la actuación de los mossos, principalmente en el que disparó a cuatro de los cinco terroristas de Cambrils. Lástima que tuviera un pasado legionario.

El informe les pareció “de baja credibilidad”, no había lugar para el ‘por si acaso’ de José Luis Trapero. (Josep Lluís aquí y en China). Si los mossos eran catalanes y sus jefes eran catalanes, ¿qué podía salir mal? Todo se quedó en lamento.

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Los protocolos del maltrato

Han tenido ocasión de leer el espantoso asunto de la niña de 4 años de Valladolid Sara F. M. que comienza el 11 de julio, cuando su madre la lleva al servicio de Urgencias de un hospital alegando que tiene los labios muy hinchados. El pediatra desnuda a la niña y comprueba que tiene en su cuerpo distintos hematomas con diferente estado de maduración. El pediatra considera que hay indicios serios de malos tratos y lo denuncia al 112.

La mujer alega que el padre de la niña era un hombre violento que la sometía a violencia psicológica, pero que afortunadamente se ha marchado de casa. Es entonces cuando interviene ese monumento a la aberración políticamente correcta que se llama ley contra la violencia de género. La mujer, Davinia M. G., vuelve a su casa con la niña. Sin que los servicios sociales lleguen a controlar la situación, 23 días días después Sara vuelve a ser ingresada y muere. Durante ese periodo ha sido presuntamente  apaleada, torturada y violada vaginal y analmente por Roberto H. H. novio de su madre desde su separación del padre, que tenía una coartada perfecta ante la acusación de su exmujer (que no llegó a formalizar): estaba en Londres.

Esta es una historia terrible de nuestro triste tiempo. la madre y su novio han sido detenidos. El diputado de Ciudadanos por Valladolid, Francisco Igea, va a llevar el asunto al Congreso para eliminar de la ley estos aspectos tan descabellados. Recientemente hemos asistido a un espectáculo nada edificante en que una mujer de Maracena se declaraba en rebeldía ante una sentencia judicial que obligada a entregar a sus hijos al padre de los mismos. “Juana está en mi casa”, decían las pancartas feministas a propósito del caso. Paco Igea decía en un artículo publicado en ‘El Norte de Castilla’: “Sara no estaba en mi casa”, en el que plantea el olvido de los más desprotegidos, de los que no tienen un lobby ideológico que levante sus banderas. Y dice el por qué:

“Menores presos de unos padres y madres que los utilizan a menudo como armas arrojadizas. Menores que son a veces un simple trofeo, una fuente de ingresos o un arma. ¿Cuantos gritamos esos días Sara está en mi casa? Sara no estaba en nuestra casa. Sara no estaba en nuestra agenda. Sara no votaba. Sara ya no votará nunca”.

Que Igea haga prosperar su protesta reformadora y que el Congreso de los Diputados corrija lo que tenga que corregir con la cabeza un poco gacha por la vergüenza, tal como sugería en su artículo citado.

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Carta al presidente del Gobierno

Pie de foto.-El Rey de España en una inédita imagen multicultural. “El Rey en el centro, acompañado entre otros, por Mariano Rajoy y Carles Puigdemont” dice el pie de El País que lleva esta gran foto a su portada. Y digo yo: “¿Por qué lleva hiyab el presidente del Gobierno? A la derecha puede verse a la alcaldesa Ada Bolarda con su blusón camuflacirios.

Mi admirado presidente del Gobierno: Después de haber visto por la tele los 50 minutos que duró la manifestación de ayer, incluidos los espiches de Rosa Mª Sardá y la activista musulmana, debo confesarle que siento  esa vergüenza ajena que el DRAE define como ‘alipori’. Sigo preguntándome si el Rey tenía que asistir a una cencerrada como la de ayer para ser insultado por aquella gentuza. ‘Traficante de armas’, decían con fotos de su saludo con el Rey de Arabia Saudí. Y lo sostenían tipos que habían pitado al Rey muentras el Barça saltaba al campo con el patrocinio de Qatar en el pecho. Pablo Iglesias, ese ignorante transversal que confunde wasabi con wahabismo, la gravedad con la relatividad, la ética con la crítica y la gimnasia con la magnesia, se fotografiaba ayer en la manifestación con el embajador de Qatar. ¿La furgoneta era saudí, los cuatro cuchillos que compraron en la estación de servicio de la A-7?

Pie de foto.-El terrorismo según Pablo Iglesias.

El Rey no debió asistir. No me cabía la menor duda de que Felipe VI iba a mantener la compostura, pese a los reiterados intentos de humillarlo por parte de los semovientes que encabeza el honorable Puigdemont, ejemplo canónico de oxímoron que la Real debería incorporar para el futuro. Pero no se trata de eso; también me he manifestado reiteradamente contra la presencia del Rey en las finales de la Copa que lleva su nombre cuando participa el Barça husma le pita y abuchea. Lo tengo dicho: al primer silbido, el Jefe del Estado debería irse con la copa y anunciar que se la enviará por SEUR al ganador.

Tengo desde hace años, señor Rajoy, la impresión de que todo nacionalismo está compuesto por dosis armónicas de narcisismo y fetichismo. Y por supuesto, de victimismo. El nacionalismo es un oficio de difuntos, c’est la guerre, que dijo Mitterrand; por eso se ven más como el muerto en el entierro que como la novia en la boda. De ahí que una de las pancartas que abundaban en la manifestación decía: “vuestras guerras, nuestros muertos”, con impresionante desfachatez y falta de respeto a la verdad. Las víctimas mortales eran: españolas, italianas, belgas, portuguesas, argentinas, canadienses, estadounidenses y alemanas, además de un niño australiano. Si incluimos a los heridos, las víctimas provenían de 34 países distintos. Eran los mismos que desde hace ya muchos meses insultaban a los turistas en las terrazas de las Ramblas al grito de “Vosotros, turistas, sois los terroristas”.

El narcisismo lo hemos podido comprobar con motivo del ataque terrorista de las Ramblas. Seguirlo por televisión a lo largo de la tarde del jueves, 17 de agosto fue un ejercicio estupefaciente. Media hora después de haber oído en Antena-3 TV la cifra de 13 víctimas, oí en TVE la cifra de un fallecido, citando como fuente a la Generalidad.

En el caso del nacionalismo catalán puede comprobarse que el narcisismo es un vicio que arraiga en una extraordinaria subjetividad. Imaginen a Puigdemont, Oriol Junqueras, Anna Gabriel, Jordi Turull, Ada Colau y ese portentoso consejero de Interior, Segundo Chiariello en el trance de asomarse a la fuente en la que se ahogó Narciso. Si tuvieran un mínimo de objetividad, se habrían lanzado a la fuente. Pero no por embeleso, sino por pura desesperación.

Dirán ustedes que el consejero de Interior se llama Joaquim Forn y tendrán razón, pero mi antigua empatía me lleva a preguntarme cómo llevará la xenofobia de este sujeto el apellido de mamá, que era ecuatoriana. En Euskadi, hace años, hubo un nacionalista con renombre, Sabin Zubiri, de profesión corsetero y de nombre completo Sabin Zubiri Sánchez. En 1986 fue de los primeros en alinearse con Carlos Garaikoetxea en la escisión del viejo PNV que dio lugar a EA. Los sabinianos de su pueblo, Ochandiano (Otxandio) que eran de ingenio algo cabrón, lo bautizaron como ‘Segundo Sánchez’.

Segundo Chiariello, aka Joaquim Forn, es un alma dividida entre los orígenes de papá, a todas luces catalanes, y los de mamá, seguramente italianos por la traza. Por eso contabilizó entre las víctimas de las Ramblas «Dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española».

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez, tocó la gloria la tarde del atentado: “Por unas horas hemos sido un Estado”. Esta expresión explica por sí sola que para los nacionalistas lo único que importaba, aun con los cadáveres tibios, era su causa. La seguridad no es tan importante como la policía autonómica, nuestra policía, ejemplo canónico de fetichismo. Desde los atentados, el mayor de los Mossos dio un recital.

“Bueno, pues molt bé, pues adiós”, le dijo a un periodista holandés, a quien su medio había enviado porque hablaba español, en la multitudinaria rueda de prensa cuando este preguntó por qué no usaba una lengua franca que entendieran todos. La lengua no la queremos para comunicarnos, sino para reivindicar nuestra identidad. El narcisismo de sus superiores lo ha alabado sin tasa en estos días. Veamos los hechos en relación con la profesionalidad:

“No prevemos que pueda haber otro ataque de forma inminente”, dijo después del atentado en las Ramblas, exactamente hora y media antes del atentado de Cambrils.

El mismo Trapero dijo en una entrevista en 8TV (24 de abril de 2017) que no se colocarían bolardos en las calles “solamente por si acaso o por postureso”. El mayor de los Mossos d’Esquadra parece ignorar cosas elementales de la seguridad. Por ejemplo, que las medidas de precaución se adoptan siempre ‘por si acaso’. Verá, don José Luis (Josep Lluís aquí y en China), he adoptado para consumo personal un eslogan con el que mi querida Carmen Iglesias tituló uno de sus libros: ‘No siempre lo peor es cierto’, pero todo aquel que tenga responsabilidades, deberá afrontarlas con el principio de precaución, como si fuera a serlo. Yo no creo que Trapero haya leído a Scruton, tampoco es obligatorio para su oficio, basta el sentido común. Esta no es una descalificación de los recursos culturales de nuestros policías autonómicos. Yo he conocido a dos ertzainas que me impresionaron: El primero de ellos al declararse ‘orteguiano’ en la cena en que lo conocí. El segundo, que era escolta del difunto Mario Oanindia, cuando me lo encontré en una librería y me regaló ‘Paradero desconocido’, esa joya de Katharine Kressmann Taylor.

Voy a poner un ejemplo sencillito: cuando compré mi primer coche, un 127, compré también en la ferretería de mi barrio un artefacto antirrobo, que se enganchaba al pedal del acelerador y al volante. No había entonces sistema de bloqueo de la dirección ni otras medidas de seguridad. Pregunté al ferretero si eso no era un gesto inútil, que a cualquier caco no le costaría mucho forzar el candado. Y él me respondió: “Un ladrón que vea un volante con candado preferirá un coche que no lo tenga”. Mi amigo Fernando Navarro me recordó el chiste de los exploradores que ven venir hacia ellos un león. El primero se quita las botas y empieza a calzarse unas zapatillas deportivas para asombro del segundo: “¿Es que crees que vas a correr más que el león?” Y respondió: “No, me conformo con correr más que tú”.

No hubo pancartas de condena al terrorismo, al wahabismo, ni siquiera al wasabi. “No a la islamofobia”, decía una muy repetida, porque al parecer fue la islamofobia la que conducía la furgoneta. También hubo una pancarta de regular tamaño que se centraba más: “España contra el terrorismo. Muchas gracias, majestad”, pero se creó algo de lío y los mossos la retiraron. Estuvo impresionante Sardá al decir: “No tenemos miedo y no conseguirán dividirnos”, después de todo lo que se vio. Junto a ella cerró el acto una activista musulmana. En Ripoll, la encargada de leer el manifiesto al final fue le hermana de de dos de los terroristas, Hafida Oukabir, que repartió el sufrimiento a partes iguales entre las familias de las víctimas y la suya propia.

No sé si me explico, presidente, esto es lo que hay. No hubo manifestaciones contra el terrorismo, sino un ensayo general con todo para la Diada y 20 días después para el referéndum. Yo había creído siempre que no se iba a celebrar. Ahora, señor Rajoy, no estoy tan seguro. Algo debería hacer para convencernos a los ciudadanos de que les tiene bien cogida la medida a los sujetos más majaderos, ruines y miserables de España. Aunque solo sea por vergüenza torera.

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La pau i la por

Hoy, en mi columna de El Mundo

La manifestación que esta tarde se celebrará en Barcelona contra los atentados terroristas de la semana pasada, irá tras una pancarta con el lema ‘No tinc por’, ya estaba dicho. ‘Barcelona, ciutat de pau’, tuiteó la alcaldesa el mismo 17 de agosto, tras la masacre de las Ramblas.

Son eslóganes de publicistas baratos, de un pacifismo inhibidor y falso. Tenemos miedo y Barcelona no es una ciutat de pau. Eso decía hace 25 años el presidente del PNV, Xabier Arzalluz: “Los vascos somos mucho más directos que los catalanes. Nadie se imagina a un catalán con un arma en la mano. A un vasco, sí, es una cuestión de carácter”.

Ni por carácter ni por tradición. Hace un siglo, Barcelona era la Chicago europea. No había ninguna otra ciudad con tantos pistoleros por metro cuadrado: pistoleros de la patronal y de los sindicatos, pistoleros del gobernador Martínez Anido y pistoleros acogidos al régimen de autónomos. No hablemos de mayo del 37 y años adyacentes, cuando a los anteriores había que sumarles los pistoleros de la Generalidad y los del PSUC.

Sabemos que el Rey asistirá a la manifestación, aunque la Casa Real ha aceptado las exigencias de la CUP por vía de la alcaldesa: no irá en la cabeza, que está reservada para la gente: voluntarios, mossos, servicios de emergencias and so on. Hay cuestiones pendientes de aclarar: ¿Quién representa a los mossos, el que mató a cuatro terroristas en Cambrils o el que chuleó a la juez Sonia Nuez Rivera, cuando esta se malició que tanta bombona junta en la casa de Alcanar podría indicar más un atentado yihadista que un laboratorio de drogas: “no exagere, señoría”?

No es improbable que en las calles aflore el oportunismo de las banderas estrelladas y que Ada Bolarda vuelva sonreír como en las fotos de la ofrenda, con el cirio camuflado traviesamente bajo el blusón. El Rey seguirá destacando por alto, aunque lo pongan en la tercera fila. Tal vez se haya acostumbrado tras las pitadas en el Camp Nou: a su persona y a los símbolos del Estado cuya jefatura ostenta, mientras autoridades estrictamente locales lucen la sonrisa lela que patentó Artur Mas, menguante y menguado líder del independentismo.

¿Debe el Rey asistir como un ciudadano más a esa manifestación? Uno no es partidario de esas fantasías, ni de que haya partidos  que asistan de oyentes a las reuniones del pacto antiyihadista, ni de que los gobernantes catalanes no sepan optar entre la seguridad y su obsesión identitaria, ni de que se esté debatiendo si los mossos debieron disparar solo a las piernas de los terroristas. Se entiende que a la parte mollar porque un tiro en la rótula puede dejar cojo de por vida al tipo que amenaza con un cinturón explosivo y el alcalde de Ripoll tendría que doblarle la indemnización. ¿Se puede uno manifestar contra el terrorismo junto a quienes nunca lo condenaron?

Ayer invocaba el presidente del Gobierno la unidad. ¿Unidad para qué? le habría preguntado aproximadamente Lenin a Fernando de los Ríos y este no habría tenido más remedio que responder con una tautología: “Unidad para estar juntos”. 

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No tens por, company?

Hoy, en mi columna de El Mundo

“Noticias muy preocupantes desde Barcelona”, escribía el jueves Arnaldo Otegi en su cuenta de Twitter. En la misma red, Pedro Sánchez se confesaba “muy preocupado por las noticias que nos llegan desde Barcelona. No hay dos sin tres, Pablo Iglesias explicaba su estado de ánimo y el de los suyos: “Muy preocupados por lo ocurrido en la Rambla de Barcelona”. Podría parecer un error adjetivo, pero es de carácter sustantivo. El malogrado Moncho Alpuente les habría aclarado que “la situación es alarmante, pero no preocupante, porque preocupándonos no llegamos a ninguna parte”. No desde luego en una tragedia como la matanza de las Ramblas. Pío Baroja, un experto, trató la preocupación en términos sarcásticos al describir el ajusticiamiento del Canelo en el garrote vil: ya sentado en el palo, con el collarín puesto, el verdugo hace girar el manubrio: “catorce vueltas le ha dao/ y el reo se ha preocupao”.

El atentado nos ha dejado 15 víctimas mortales (de momento), más de un centenar de heridos y un gran desorden de palabras. El que acabo de citar es uno. Hay es otro en el lema de la manifestación que pasado mañana se va a celebrar en Barcelona: “No tinc por” (no tengo miedo). Empeño pundonoroso, pero irreal. Hay que tener miedo, lo razonable es tener miedo al terrorismo. No tanto como para desistir de nuestras obligaciones, pero suficiente para adoptar medidas de precaución, un suponer los bolardos, que no van a disuadir a los asesinos de las furgonetas, pero se lo van a dificultar. Pese a lo que crea la señora Colau, el bolardo no es la principal amenaza de nuestras libertades.

La izquierda preocupada. Siempre he pensado que Pablo Iglesias está muy sobrevalorado intelectualmente. Pedro, no. A Sánchez todo le mundo le va cogiendo la medida. Otegi no tiene motivos para estar preocupado. Los suyos siguen siendo plusmarquistas desde hace 30 años en la misma Barcelona, con seis víctimas mortales más. “La raza degenera”, le decía Pepe Isbert a Nino Manfredi en ‘El verdugo’.

El desorden de las palabras lleva al desorden protocolario. La alcaldesa de Barcelona quiere que la cabeza de la manifestación sea para el pueblo, encarnado en los servicios de emergencias (el Samur, el teléfono 112, los paseantes en Ramblas y también los Mossos d’Esquadra). El Rey que vaya en una fila más discreta. Ella misma no tiene inconveniente en ir a la cola, exactamente el lugar que humanamente le correspondería. Un P de f.-Los últimos de la fila, versión Colau.          gesto de coquetería: el Rey y ella a la misma altura. Recuerdo a Inmaculada Colau tachando de ‘criminal’ en sede parlamentaria (febrero de 2013) al vicepresidente de la Asociación Española de la Banca, sin que haya llamado tal cosa, que se sepa, a los asesinos de las Ramblas o a los etarras.

Ya veremos si apeamos de la cabeza al policía autonómico que mató a cuatro de los cinco terroristas de Cambrils. Tiene un pasado legionario, no es trigo limpio, aunque fue el único que supo qué hacer el jueves ante los terroristas. Lluís Llach, cuando aún tenía riego cantaba al miedo: “tinc por, company; tens por, company” (tengo miedo, tienes miedo) con un par de versos que parecen pensados para describir el horror de las Ramblas, “Cavalls damunt del pit/ olor de cos ferit” (Caballos sobre el pecho/olor de cuerpo herido). Yo tengo miedo, compañero. No a las torpezas de los mossos, sí a las negligencias de sus mandos, ese consejero de Interior que clasifica a las víctimas entre catalanas y españolas y sostiene que es lo que le pide su gente. A ese Puigdemont que considera los atentados como un test para probar nuestra capacidad de asumir la independencia, pese a que una docena de musulmanes vivan de okupas durante seis meses y almacenen 106 bombonas de butano sin que nadie se mosquee. A esa alcaldesa de Barcelona que pagaba la luz a sus okupas. Miedo a la maldad de los terroristas y a la incapacidad y la negligencia de los gobernantes. Tengo miedo, compañero y si tú eres catalán, deberías tenerlo aún con más motivo.

 

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En Covarrubias

En Covarrubias eché un rato, un café y una conversación con Aurora Nacarino-Brabo. Yo la seguía en Twitter desde hacía tiempo y ponderaba en ella su sentido común, su criterio moral y su actitud ante la vida cotidiana. Sabía que su familia había comprado una casa en Retuerta, a cuatro kilómetros de Covarrubias por  la carretera que lleva a Silos. Me sorprendió un día en que se autodefinió como rachela y ayer tuve ocasión de conocerla en persona. Había conocido a su familia, su abuela, sus tíos y tías, y a su madre, también Aurora y también periodista, que era en aquellos veranos de mocedad la chica más guapa de Covarrubias.

¿Y han tenido que pasar todos estos años para que se  conozcan en persona dos paisanos? Pues ni que Covarrubias fuera Nueva York. Pues no, pero tiene algo en común. Después de todo el cosmopolitismo no es un asunto estrictamente cuantitativo.

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Elvis, 40

Tal día como hoy hace 40 años moría Elvis Presley. En el ghetto. Tres días más tarde fallecía Groucho Marx. Fue aquel un mal mes de agosto para el que suscribe.

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Coplas de la decadencia española


Hoy El Mundo se ofrece a sus lectores en una trilogía admirable sobre la decadencia española, con tres asuntos rotundos como pedradas. La portada abre a cuatro columnas con la información de que la presidenta del Parlamento de Cataluña pone hoy en marcha los trámites para la desconexión de la Comunidad Autónoma,aunque mantiene oculta la ley del Referendum. Mientras, el portavoz del PP anuncia que no piensan aplicar el art. 155, ¿por quién les toman? Van a aplicar medidas más oportunas. ¿Por ejemplo, Hernando?

La foto de portada muestra a Juana Rivas con sus pixelados en su escondite. Yo había descartado que estuviese enchopanada en casa de Anson y la foto parece darme la razón.No se ven libros por ninguna parte, pese a la solemne proclama que él escribió en la página 2 inaugurando agosto:

“Y, por cierto, para que no existan dudas, quiero decir públicamente a la jueza y a la Guardia Civil que Juana Rivas está en mi casa, tranquila y con sus hijos. Y además, tras una muralla de libros”.

No deben tomarlo al pie de la letra; los periodistas nos perecemos por las metáforas y Anson no podía sustraerse a las debilidades del oficio, aunque no estaría de más una rectificación. No hay por qué esperarla, después de todo tampoco ha rectificado el presidentes del Gobierno: ” A las personas conviene atenderlas y comprenderlas. Luego viene todo lo demás”. O sea, la ley.La fugitiva ha acuñado un frase que pide mármol: “Estoy huída, pero no siento que esté haciendo nada fuera de la ley”. Sí, criatura: estar huída de la ley es estar fuera de la ley. Salvo que durante su estancia en casa de Anson se haya leído a algunos expertos en Derecho Penal, que tengan algún conocimiento más que esa trabajadora  de Maracena en la industria del género. Por lo demás, también es comprensible que esta pobre mujer se compare con Puigdemont, que es de su misma escuela jurídica y se considere una Rodríguez Mourullo, e incluso que se vea inteligente.

Las cosas están como están y por si acaso tienen alguna rara esperanza en el futuro, pueden comprobar que entre las doscientas mejores universidades del mundo no hay ninguna española. Ni siquiera después de Pablo Iglesias haya salido de la Compkutense.

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Basilio Martín Patino

Basilio Martín Patino murió ayer a los 86 años. Era un cineasta fino al que habíamos conocido en los cineclubes de los primeros años setenta, en ‘Nueve cartas a Berta’, pero fue en aquel año mágico, 1977, en que votamos por vez primera cuando a la gente de mi edad se nos reveló con tres películas cuyo estreno se había demorado hasta aquel año. Vimos una trilogía, ‘Queridísimos verdugos’, ‘Caudillo’ y ‘Canciones para después de una guerra’, que lo acreditaron como un gran documentalista.

No había vuelto a ver ‘Queridísimos verdugos’ desde su estreno. Recuerdo que al verla, me llamó la atención una secuencia en la que uno de los verdugos, ‘ejecutores de sentencias’ prefieren autodenominarse ellos, cuenta como una circunstancia de esta vida que a la primera mujer que él agarrotó “era una prima mi señora”. Esto ya lo habían previsto Luis Gª Berlanga y Rafael Azcona diez años antes en una gran secuencia de El verdugo, cuando Nino Manfredi llevó a casa de Pepe Isbert, el verdugo, los aperos de su oficio, que este se había dejado olvidados en el coche fúnebre de aquel. En el comedor, Isbert le enseña la foto de uno de sus clientes, que le había regalado su reloj. Manfresi se queda mirando con aprensión las fotos de unos personajes en la pared. “No”, le explica el verdugo Amadeo. “Esos son parientes”. Véanlo si tienen tiempo.

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