Dos en tres semanas

 

Ayer tuvo lugar otra manifestación multitudinaria en Barcelona. No recordaba tal despliegue de banderas españolas, tal entusiasmo en el tarareo del himno nacional y hasta en Manolo Escobar, cantante protesta de un tiempo en que Lluís Llach se ha convertido en un juglar del mando. Eso debe de ser lo que Cebrián llamaba “el resurgir de la derecha española más reaccionariaen su artículo del sábado, una reedición de ‘El discurso del método’. Lo que Juliana llama siempre ‘el macizo de la raza’.

Fue emocionante y no era extrema derecha; solo gente harta de años de abuso. Su orador estelar, que no estelado, fue Borrell, que siempre fue un tipo brillante. Ayer también, aunque volvió a mosquearse por lo mismo que el día 8. Cada vez que él citaba a Puigdemont la peña se excitaba: “Puigdemont, a prisión!” ¿Y qué quería? El ex presidente irá a prisión cuando así lo pida el fiscal Masa,-a ver si es hoy con un poco de suerte-, y así lo acuerde un juez, no porque lo pidan un millón de personas en la calle. Pero no hay motivo para reñirles: “no seais igual que ellos”, porque no lo son. Los golpistas son unos delincuentes y los manifestantes no. ¿Considera Borrell que un golpe de estado puede resolverse en plan aquí paz y después gloria?

Rajoy, cuya parsimonia me ha resultado exasperante en ocasiones, ha desarrollado una ejecución bastante impecable en el último tramo de la crisis, desde que anunció el 155: destitución del Govern, del director de los Mozos de Escuadra, liquidación de las ‘embajadas’, disolución del Parlamento y convocatoria de elecciones, extinción de Diplocat, etc. Las elecciones las habría preferido más alejadas. Mejor el plazo de seis meses y mejor aún “en el plazo más breve posible después de haber recuperado el imperio de la ley”. Aparejada con ella está la incertidumbre de que TV3 per cent vaya a seguir con su propaganda. Pero es una enmienda al mantra separatista: “volem votar”. La República catalana podrá votar en unas elecciones convocadas por el enemigo, pero con Junta Electoral, sin cargar las urnas en casa ni votar más de una vez

La apuesta es arriesgada. El estado emocional de aquella peña puede arrojar resultados indeseables. Valdría más no correr riesgos. Quizá el Gobierno ha valorado que en un plazo tan breve, los nuevos gestores no van a tener tiempo de meter la pata.

Un poco de 155 es mucho, que diría mi querido Pujanita y esto ha sido un lingotazo. Está lo de TV3, pero era un casus belli para el PSOE. El mérito de Rajoy ha sido atraer a Pedro Sánchez a la posición más responsable de los últimos tres años. A la luz de los hechos deberíamos preguntarnos que habría pasado si el Gobierno hubiera impulsado antes el 155, cómo se le habría puesto el dedo corazón a Sánchez, y no solo a él. Dos meses antes de que la mitad del Parlament aprobara las leyes ilegales, Albert Rivera descartaba aplicar el 155: “Eso sería un titular fantástico para Puigdemont, pero no se le va a dar”, en sintonía con el fenómeno Tardà: “nos vendría de coña”.

No les ha venido tan bien. El PP podría haberlo aprobado con su mayoría en el Senado, pero la unidad constitucionalista constituye un valor político muy valioso frente a la soledad del PP. 214 votos. Albert Rivera se ha convertido en entusiasta de su aplicación y a Sánchez se le han evaporado todas las dudas. Hasta Iceta, que se negó con un mohín a asistir a la manifestación del día 8, estaba ayer tan ufano en primera fila, junto a Sánchez. La cosa va para largo, a ver cuándo y cómo se resuelve el adoctrinamiento educativo. No hay que confiar en que los constitucionalistas consigan una unidad como la que Nicolás Redondo y Mayor Oreja forjaron en el Kursaal en 2001 y que tanto disgustó a Cebrián.

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre los héroes

Presentación de la mesa redonda del XVI premio COVITE

Buenos días. Quiero agradecer en primer lugar la invitación de COVITE para moderar esta mesa redonda en la que no hay mesa, ni redonda ni cuadrada. Esta es la XVI entrega de los premios de la Asociación que va a recaer, lamentablemente a título póstumo, en Ignacio Echevarría, que el día 3 de junio, durante el atentado terrorista de Londres, vio como un islamista acuchillaba a una mujer y sin necesidad de pensárselo golpeó con su monopatín al agresor. Esa es una característica fundamental del héroe, que es el que decide actuar cuando siente conculcadas la justicia o la libertad, aunque de resultas de ello sufra algún coste personal. En sentido contrario, en las últimas 48 horas, hemos visto en Cataluña unos ejemplares acabados del contratipo del héroe: ese presidente autonómico que el jueves cambió tres veces de posición y el sábado otras tantas, según por donde sentía que le llegaban las presiones. Otros antihéroes son esa mitad del Parlamento catalán que votaron una ilegalidad flagrante enmascarados, como si les diera vergüenza votar a cara descubierta, y razones hay sobradas para que les dé vergüenza su proceder.

Voy a empezar, con su permiso, por presentar a las tres personas que me acompañan en la mesa que no es mesa. Ellos serán los encargados de hablar del asunto que hoy nos convoca y que tiene una relación estrecha con la persona en quien ha recaído este año el XVI Premio COVITE, desgraciadamente a título póstumo.

Como los periodistas padecemos una inclinación notable por los tópicos coloquiales, lo que nuestro amigo Aurelio Arteta llamaría con admirable aliteración ‘Tantos tontos tópicos’, tendría que empezar diciendo que Fernando Savater, Cristina Cuesta y Consuelo Ordóñez no necesitan presentación. Como en tal caso, yo debería bajarme ahora mismo del estrado y dejarles que siguieran ellos, voy a hacerme un poco el distraído sobre este particular y voy a hablar algo de cada uno de ellos. En resumidas cuentas, voy a presentarles.

Empezaré por decir que entre todos los intelectuales españoles, -sin olvidar el eco de ninguno, que diría el poeta-, la persona que seguramente me ha influido más ha sido Fernando Savater. Debo confesar que mi primer conocimiento de Savater fue a través de sus colaboraciones en prensa. Durante el franquismo en la revista ‘Triunfo’, y en ‘Por Favor’. Algo recuerdo haber leído también en ‘El Viejo Topo’, y después, a partir de 1976, en el diario ‘El País’.

No me sentí muy atraído por sus primeros libros, de corte nihilista, por alaadmiración que Fernando sentía por Emile Cioran a cuya obra había dedicado su tesis doctoral. Sin embargo, descubrí en él a un alma gemela al leer ‘La infancia recuperada’ en una época en la que la literatura de la que trata el libro empezaba a estar bajo sospecha, como si todos los rojitos buenos estuviéramos obligados a no bajar de los Grundisse ni un peldaño. No era propio de intelectuales reivindicar a Sandokan, Julio Verne, Jack London, Conan Doyle y si me permiten expresar una preferencia, mi héroe preferido, Guillermo Brown, desde que unas primas mías me regalaron ‘Guillermo hace de las suyas’ al cumplir los 11 años.

Con esta infancia recuperada, libro que me hablaba tanto de mis aficiones, aprendí a librarme de los más tontos prejuicios que se habían ido acumulando en el hondón de mi alma progresista. En Savater yo descubrí la libertad. No les voy a hablar aquí de mi admiración por John Ford y John Wayne que yo degustaba con placer culpable, mientras mis camaradas lo tachaban de fascista, vivir para ver.

Admiré también en él su poderosa capacidad argumental y la eficacia de su capacidad polémica. Yo recuerdo una que mantuvo en la primera mitad de los 50 con Gustavo Bueno, en la que Savater estuvo apabullante. Tanto, que a partir de mis insuficiencias intelectuales ya nunca me fue posible considerar con respeto a su antagonista, a veces me pregunto si con justicia. Para la elaboración de mi biografía política de Zapatero, leí un libro suyo en el que etiquetaba el zapaterismo con un concepto que me gustó: el pensamiento Alicia.

Lo conocí personalmente en la segunda mitad de los 70. Yo estudiaba Económicas en Sarriko y me cupo el honor de presentar una conferencia suya. Después han sido muchas las ocasiones en las que compartí con él y con mucha más gente las amarguras y los afanes de la lucha por la libertad en Euskadi. Él ha sido un referente inevitable para mí y para mucha gente como yo. Hay una anécdota de uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, Ernst Lubistch y de su muy esclarecido discípulo, Billy Wilder. Contaba este que muchas veces a lo largo de su carrera, cada vez que se planteaba una secuencia concreta, algún problema narrativo, se preguntaba: “¿Cómo lo haría Lubistch?” Algo parecido me he preguntado no pocas veces en la vida: “Y esto, ¿cómo lo vería Fernando Savater?”

Conocí a Cristina Cuesta en la segunda mitad de los años 80. Se celebraban en San Sebastián unas jornadas sobre terrorismo y medios de comunicación, creo recordar. Yo había acudido para acompañar a uno de los participantes en la mesa redonda, que era el delegado del gobierno en el País Vasco, Ramón Jáuregui, con el que yo trabajaba entonces como jefe de prensa. Participaban también en aquella mesa Eugenio Ibarzábal, Juan Luis Cebrián, Hans Horchem, un experto alemán en materia del terrorismo, que era uno de los cinco expertos contratados por el lehendakari Ardanza para elaborar un informe sobre el terrorismo etarra, junto a Peter Janke, Clive Rose, Franco Ferracuti y Jacques Leauté.

Recuerdo aquella mesa redonda como una pesadilla. En primer lugar porque Juan Luis Cebrián comenzó a jugar mirando a la grada, en la que tomaban asiento los abogados de Herri Batasuna. Exactamente detrás de mí estaban sentados Iñigo Iruin y Alvaro Reyzabal. Yo había tenido una cierta responsabilidad en la ponencia de mi jefe, en la que introduje algunas de las obsesiones que desde entonces me acompañan: la perversión del lenguaje de la sociedad y muy principalmente de los medios de comunicación contaminados por el lenguaje de los terroristas. Cómo se puede llamar ‘cárcel del pueblo’ a algo que el pueblo no sabe donde está y algunas paradojas concurrentes. Ahora mismo, RNE repita la calificación de ‘unionistas’ para los partidos constitucionalistas catalanes, término que han copiado de Arnaldo Otegi, que a su vez lo copió de los republicanos del Ulster.

Y Cebrián tomó como objeto de su intervención al delegado del Gobierno, a quien llamó ‘Rambo’, mientras Horchem, sentado junto a Jáuregui, le felicitaba por su intervención.

Entonces, ya en el turno del público, intervino desde el patio de butacas Pedro J. Ramírez, que hizo un alegato encendido por la negociación con ETA, diciendo que si el Gobierno no se encontraba capaz de afrontar el encargo, debía delegar en un grupo de ciudadanos notables que lo harían en nombre de la Nación. Detrás de mí, Iruin y Reyzábal intercambiaban risas por lo bajo. Y entonces pasó. Desde las últimas filas de butacas, en la parte derecha de la sala, vista desde el escenario se levantó una jovencita que dijo llamarse Cristina Cuesta Gorostidi y ser hija de Enrique Cuesta, delegado de Telefónica asesinado en San Sebastián cuatro años antes. Y allí propuso un lugar de encuentro para las personas que se encontraran en parecidas circunstancias a las suyas. Poco después, después de cometer ETA otro asesinato, se plantó en la plaza de Guipúzcoa de San Sebastián con una sábana en la que había rotulado en caracteres grandes: ‘No más muertes’. Fue el comienzo de ‘Denon Artean’. En la actualidad preside la Fundación Miguel Ángel Blanco.

Esto nos lleva ya a Consuelo Ordóñez, presidenta de COVITE, la organización convocante de este acto. Covite fue fundada en 1998 por un grupo de víctimas de ETA, entre las que figuraban las hermanas Lola y Teresa Díaz Bada, hijas del teniente coronel Díaz Arcocha, el primer superintendente de la Erzaintza, asesinado por ETA en Vitoria, en marzo de 1985. Con ellas estaban Cristina Cuesta y Consuelo Ordóñez, hoy en esta mesa. Cristina fue su segunda presidenta, después de Teresa Díaz Bada y Consuelo es su presidenta actual.

A mí el asesinato de Carlos Díaz Arcocha fue un crimen que me impresionó. No tanto por la crueldad de los asesinos que la tenían sobradamente acreditada en las décadas anteriores, sino por la falta de coraje y de responsabilidad que demostraron el Gobierno al que servía Díaz Arcocha y el partido que lo apoyaba. En los funerales que se celebraron en Arkaute, se desoyó la petición de la familia de la víctima para que se cubriese el féretro con las dos banderas del País vasco. El PNV dio por buena la última infamia de los cómplices políticos de los asesinos que redujo la condición de la víctima a la de jefe del Ejército Español.

Hubo más, pero eso lo supe después. Carlos Díaz Arcocha es una de las víctimas, más de 300, cuyo asesinato no ha sido esclarecido policialmente. No hay mayor baldón para una Policía que la impunidad de los asesinos de su jefe. Es un estigma del que la Ertzaintza no podrá recuperarse nunca. Lo decía Sam Spade, Humphrey Bogart, en ‘El Halcón Maltés’, cuando entrega a Mary Astor a la Policía por haber asesinado a su socio: “Estamos en el ramo de los detectives y cuando matan a uno de tu empresa es muy mala práctica dejar que el asesino se escape. Es malo en todos los sentidos. Es malo para todos los detectives del mundo”.

COVITE es la asociación de víctimas que en mi opinión sirve con más tesón y talento a los objetivos de dignidad, memoria y justicia para las víctimas. Sus iniciativas ha demostrado inteligencia y un valor que está por encima de la media y de lo que el espíritu de conservación recomiendan a la mayor parte de nosotros. Como el mapa del terror, una cartografía impresionante de la muerte administrada por los terroristas, las acciones de sus dirigentes con Consuelo a la cabeza y nuestro inolvidable Fernando Altuna, así como Maite Pagaza, Laura Martín y Conchi Rodríguez, plantándose con sus pancartas ante los batasunos de Alsasua. O en Pamplona, o la colocación de 62 placas con otros tantos nombres de víctimas del terrorismo en los lugares donde fueron asesinadas. Los alcaldes de Bilbao y San Sebastián las hicieron retirar al día siguiente, con el argumento de que no habían pedido permiso y esa era una competencia municipal.

Siempre he sido partidario del cumplimiento de la ley, de los reglamentos y de las ordenanzas municipales. Pero la manera de restablecer el orden municipal y más o menos espeso habría sido que ellos asumieran una tarea tan necesaria como mantener la memoria de las víctimas. Nuestros alcaldes deberían ir a la ciudades alemanas y austriacas para saber lo que son los stolperstein, esas placas de latón que recuerdan los nombres de los judíos frente a las casas en las que vivieron, su fecha de nacimiento y la de su muerte y el lugar, generalmente Auschwitz.

Hace cuatro o cinco años participé en un acto como este en el que los premiados eran Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos Gª Rey por su libro ‘Vidas rotas’, un vademécum completo de todas las víctimas de ETA. Recuerdo haber citado entonces la película ‘La vida es bella’, especialmente una secuencia que me pareció tan hermosa como ilustrativa. Los judíos Guido Orefice y su hijo Josué son detenidos y conducidos a un campo de concentración. El padre trata de ahorrar a su hijo aquella pesadilla y le cuenta que todo es un concurso en el que premiará al ganador con un tanque. Guido, un héroe en sentido estricto, protege a su hijo de la persecución de un SS al precio de su vida. Son las últimas horas del campo. Por la mañana, un tanque americano despierta a Josué, que empieza a gritar alborozado al sentirse ganador del concurso. El tripulante del carro asoma por la escotilla, sube al niño hasta su altura y le pregunta: “What’s your name?”. Lo primero que hace la libertad es rescatar a los individuos como tales, preguntarles por el nombre, en este caso Orefice, un apellido judío que les había llevado al campo de concentración. Ese es el sentido de lo que hacían el libro de Florencio y de la obra de COVITE en un sentido amplio: recuperar la memoria de las víctimas, que lleva implícita la reclamación de su dignidad.

 

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Euskadi y Cataluña (Euscat sin gal)

 

Hoy, en El Mundo del País vasco

A lo largo de los últimos meses, en el tratamiento del golpismo catalán había ponderado yo el sentido común acreditado por los nacionalistas vascos por comparación con sus homólogos catalanes. Los nuestros son más listos y más prudentes y tienen más facilidad para aprender de sus errores. En aquella Diada de 2012 en la que Artur Mas echó a andar el disparate, recuerdo haberme encontrado con el actual portavoz del Gobierno vasco, que entonces lo era del Grupo Vasco en el Congreso. Él es hombre de natural sonriente y le pregunté por el motivo de su contento, si era por lo catalán, a lo que respondió que “claro, si eso ya lo probamos nosotros con Ibarretxe”.

El contrapeso de todo eso es que la República Catalana ya tiene su primer reconocimiento en el nacionalismo vasco. Tenía que ser Ibarretxe, naturalmente y el medio en el que lo hizo, Twitter, que es el elemento mínimo del pensamiento. Juan Josué Ibarretxe ha escrito:  “Respeto, afecto y reconocimiento para la República catalana”. Muy profundo no parece, pero cada uno se expresa a su nivel. Si quieren ustedes el pensamiento Juan Josué con más detalle busquen en youtube el glorioso mano a mano que se marcaron en el Kursaal Mas e Ibarretxe en pasado mes de febrero un duelo de titanes de hora y media que, si ustedes tienen cuajo para verlo entero notarán que les cambia la vida.

Ibarretxe se ha adelantado a su partido y al lehendakari en ejercicio, Iñigo Urkullu. El PNV anunció que no diría ni Pamplona (Iruñea) hasta que terminara el Consejo de Ministros extraordinario que iba a materializar la aplicación del 155 aprobada por el Senado pocas horas antes. Urkullu se ha puesto en perfil egipcio, evitando cualquier apoyo a la ruptura mientras su consejero de Hacienda, Azpiazu, reclama a la oposición “madurez política” para negociar los presupuestos vascos.

Andoni Ortuzar, el de Sanfuentes, anunció que comparecería después de Rajoy, porque su objetivo no era tanto valorar la decisión del Parlament o el disparate sin límites de la Generalidad en las últimas 48 horas, como criticar las medidas que anunciara Rajoy. Estuvo impresionante al decir que ellos no votaron la Constitución entre otras razones por el 155. ¿No se les caerá la cara de vergüenza?¿Que pensaría su mentor, Juan Ramón Guevara, de la evolución de su pupilo? Urkullu cuida su pacto con el PSE, Azpiazu pide que el PP les vote las cuentas y Ortuzar nos sale con estas. Para mear y no echar gota.

EHBildu considera que el reconocimiento de la flamante república de Cataluña le corresponde al Parlamento vasco y, en consecuencia, ya se ha adelantado a registrar una propuesta con un argumento impresionante: la resolución del Parlament “en la medida que se basa en la libre voluntad de la ciudadanía catalana tiene plena legitimidad democrática”.

Se han instalado en lo que podríamos llamar el nivel Guardiola de pensamiento, que tiene su expresión más rotunda en: “La voz del pueblo es más fuerte que cualquier ley”. Para un señor que a lo largo se su vida profesional acostumbraba a expresarse con los pies no está mal. No hay razón para exigirle un poquito más de esmero, un par de lecturas y alguna reflexión. Por ejemplo, que la característica fundamental de la democracia es que la ley es justamente la expresión de la voz del pueblo.

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Un ir y venir

El senador Johnson dijo hace un siglo que la primera víctima cuando llega una guerra es la verdad. Vale también con un golpe de Estado. La segunda es el periodismo, que lleva toda la semana en plan arúspice, no leyendo las entrañas de la oca, sino las circunvoluciones cerebrales el presidente de la Generalidad, ese lugar flagrante y nulo, que diría Saint-John Perse. Todo el día fue un confuso ir y venir detrás de un pollo descabezado.

Cuando los suyos anunciaron que Puigdemont iba a comparecer a la una y media para anunciar elecciones, comprendí que en algo no decían la verdad, en la hora o en el mensaje. No hay un solo asunto en el que los golpistas no hayan mentido. Pasaban 20 minutos de la hora cuando se dijo que la comparecencia se atrasaba a las dos y media. Después que se suspendía y luego que no, que sería a las tres y media en el Parlamento catalán y otra vez que no. El miércoles nos acostamos con la Declaración Unilateral de Independencia. El jueves iba a anunciar elecciones,  mientras en la plaza Sant Jaume se iban concentrando los estudiantes (no llegaron nunca a los 500) que llamaban ‘traidor’ al presidente y dos parlamentarios del PdeCat, que dimitieron en protesta y se dieron de baja en el partido.

Finalmente Puigdemont compareció poco después de las cinco para desmentir algo que él en ningún momento había anunciado. Dejó claro que no iba a convocar elecciones, pero no afirmó que fuera a declarar la independencia. ¿Será el Parlamento? Yo esto lo siento por Margariata (está linda la mar) que tenía mucha ilusión en las elecciones, aunque no tanto como en congelar el 155 y estuvo en duchas escocesas todo el día hasta que P. le acabó de borrar las ilusiones.

El Parlamento es esa cámara oscura que se abre o se cierra al antojo de la señora Danvers que ejerce de ama de llaves, y lo tiene cerrado a cal y canto. El pleno de las cinco las cinco y de aplazó hasta las seis. Mientras, ERC amenazaba con romper la coalición si adelantaba los comicios.

Ayer más que nunca, Puigdemont era el idiota que contaba el cuento de Macbeth, lleno de ruido y de furia, pero que no quería decir nada. Con lo fácil que les habría quedado organizarlas con las mismas garantías que el referéndum del 1-O. Las novias de Barcelona harán a sus novios la pregunta que le hacía Andie McDowell a su marido en ‘Sexo, mentiras y cintas de video’, aunque el pobre no era catalán: ¿Cómo quieres hacer el amor con la cantidad de basura que hay en Cataluña? No descarten que en opinión de este aventado, DUI quiera decir dispositivo intrauterino. Ayer empujó el 155 para disgusto de los socialistas que se vieron obligados a seguir uncidos al PP. Puigdemont sale condenado, pase lo que pase: si elecciones, ganará Junqueras, otro que tal. Si declara la independencia espero verle haciendo compañía a los Jordis, a  su gitano exhibicionista y al preso que canta a Manolo Escobar. No hay otro camino para los golpistas que el de Soto del Real.

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El sábado, en San Sebastián

 

 

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La purga de Bescansa

Al fin solo. “Mira, Irene ¡en la cima del mundo!” diría aproximadamente Cody Jarret en ‘Al rojo vivo’. Pablo Iglesias se ha laminado a Carolina Bescansa por criticar que el secretario general esté más dedicado a los golpistas catalanes que a los españoles.Con las maneras de Jarret lo de Iglesias está a medio camino entre la campana de Huesca y los 10 negritos de Agatha Christie.

Irene Montero, tan joven y ya tan estalinista, ha metido el siguiente meneo  Carolina Bescansa, a la que ha desplazado tres filas más atrás, lejos del líder, lejos de donde pasan las cosas:

Respeto la opinión de Carolina Bescansa y no voy a decir nada más porque creo que el mandato de Vistalegre fue que hablemos estas cosas en las reuniones y no ante los medios.

Les expliqué esto a los inscritos y mi obligación como persona electa por los inscritos es respetar su mandato y hablar estas cosas en las reuniones y no con los medios. Allá cada cual con cómo respeta lo que los inscritos nos piden.

¿Recuerdan ustedes cuando cayó Errejón? La novia del jefe los explicó de manera lacónica en Twitter: “Así no, Iñigo”. Luego explicó que cuando las disensiones salen a la luz es por puritita transparencia:“Nuestro debate es en abierto y es mejor eso que andar especulando con intrigas palaciegas”.

Hay que joderse, pero es que, hay que joderse con  los regeneradores y con los transparentes. Y las transparentes, claro. Luego está lo de la pluralidad:

Y ahora vean este video , muestra impagable del lío que tiene esta muchacha en la cabeza y de una verborrea incesante y su empecinamiento en no responder a lo que le preguntan:

 

 

 

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Pablo en su epístola

Trinos y rebuznos

La cosa funciona así: Pablo Iglesias acuña la estupidez, digamos el concepto y luego lo usan sin tasa los acólitos: Irene Krupskaia, Echeminga, Miguel Urbán y hasta Monedero.

Los conceptos se sustituyen por otros a medida que quedan obsoletos. La casta fue arrumbada por la trama, luego vino la mafia y después la triple alianza. Lo último es el bloque monárquico, que está llamado a dar tardes de gloria a estos menguados . “¿Qué hace un jugador de ajedrez cuando va perdiendo? Mover al rey”, escribe el chisgarabís, que tampoco sabe jugar al ajedrez. La figura del rey no tiene capacidad ofensiva.Un ajedrecista está obligado a proteger al rey, vaya como vaya, para no perder la partida. La teoría de la relatividad de Newton. Tengo ya dicho que Iglesias está muy sobrevalorado intelectualmente, aunque si lo comparamos con su tocayo lunfardo, podría pasar por Samuel Johnson. Dice esta figura que “El bloque monárquico quiere una segunda transición que dejará fuera a 6,5 millones de personas”.

Ya serán menos. Iglesias trata de contener la sangría de los votos que se anuncia. Soñaba con el sorpasso al PSOE y va a ser adelantado por C’s. Philmore A. Mellows, posibilista, encuentra alguna ventaja en el desbarre catalán: “si gracias a Puigdemont Podemos pierde otro millón de votos, antes de encarcelarlo (digo que) se le conceda la Orden del Mérito Civil”. Es trino. El rebuzno de la semana es la implacable denuncia Echeminga: “El Rey se posiciona con el bloque monárquico”.

En el magro espacio de esta columna no caben las ocurrencias del líder, que ha brillado en el género epistolar. En la carta de Pablo a sus adefesios denuncia que “la suspensión (sic) del autogobierno de Cataluña hará saltar por los aires uno de los pactos cruciales de la Transición”. ¿Recuerdan cuando a eso lo llamaba ‘el cerrojo del 78’? En su epístola al Rey le acusa de “espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas”. ¿Puigdemont? Qué va, hombre. Fecha el discurso del Rey el día 4-O (fue el 3). Si Puigdemont hubiera sido elegido, que no es el caso.lo habría sido en las urnas, por los ciudadanos. Finalmente, se despide del Rey con lo que parece el nuevo mantra: “no queremos vivir otra vez el franquismo”. Lo escribe un memo que nació tres años después de la muerte del dictador, hay que joderse.

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El espejo del periodismo

Hoy en mi columna de El Mundo

En el español pesa mucho el efecto especular, asomarse al exterior para que te devuelva una imagen de ti mismo que no soportan tus propias convicciones. Tal vez el hábito tenga su origen en la costumbre de sintonizar la BBC, Radio París o, madre mía, la Pirenaica, para soslayar ‘El Parte’, el informativo de la radio franquista que se adelantó en muchos años al editorial único de los periódicos catalanes. Los medios extranjeros como espejo.

Un interesante reportaje de mi querida Emilia Landaluce sobre la insuficiente política de comunicación del Gobierno da cuenta de este vicio. Hay una conclusión impecable en la última frase: que la política de comunicación (del Gobierno) “no es excusa para que los periodistas no hagan bien su trabajo y cuenten la verdad”.

Algunos de los testimonios que expone dan fe del asunto. No pueden tomarse en serio las palabras de un corresponsal extranjero, menos aún si se etiquetan como una queja colectiva: “De Moncloa (las ruedas de prensa en) no se saca nada en claro, solo me meten el rollo de los Reyes Católicos”. También resultan sorprendentes las alabanzas generalizadas a Raül Romeva por su disponibilidad, porque atiende en inglés y porque les pone en contacto con Puigdemont. Emilia, que sí es lista, debería desconfiar de un periodista que ha hablado cinco minutos con Romeva y no se ha dado cuenta de que es incapaz de sacramentos.

Bastaría buscar en Google, sus entrevistas son otros tantos ridículos. Escribió a Martin Schulz, para contarle su nombramiento de Ministro (en mayúsculas en el original) en “un momento crucial en la larga historia de Catalonia” y pidiéndole apoyo “para afrontar los retos formidables etc.”. Schulz no ha parado de reír desde entonces. Google daría razón de que Romeva y Tremosa, otro de parecido nivel, escribieron a la Comisión Europea para protestar por un pisotón de Pepe a Messi durante un clásico. ¿Qué corresponsales extranjeros? No me imagino a un periodista británico que antes de entrevistar al autoproclamado catalan minister of Foreign Affairs no haya visto la despiadada somanta que propinó Stephen Sackur a este menguado en una entrevista en la BBC hace 23 meses. A la periodista francesa Françoise Joly en TV5 Monde, explicándole lo que dice realmente la Constitución, la fulminante entrevista de Maria Tadeo en Bloomberg, etc.

Los corresponsales extranjeros no son como el del NYT. Reporteros sin Fronteras ha realizado un informe en el que “pide respeto al libre ejercicio del periodismo en Cataluña” en el que se explican los métodos de presión que la Generalidad ejerce contra los periodistas no adictos. Quizá la secretaria de Estado debería tomar clases del método y grabar un video lastimero como el de Anna Maruny, la actriz con ojos de ranita triste. Alternativamente podría bastar con que Dastis no dé tantas entrevistas. No creo que el Gobierno deba inspirarse en esa pareja absurda que forman Puigdemont y Junqueras. Que los golpistas depongan su actitud y que los periodistas no se dejen engañar, amén.

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Ada Colau y las cosas terribles de su vida

Barcelona, agosto de 2017. La alcaldesa se esconde el cirio y sonríe durante la ofrenda a las víctimas del atentado terrorista de Las Ramblas.

Dos meses después, la tarde del sábado en que el Consejo de Ministros decidió poner en marcha el 155. También estaba muy triste Xavier Domenech Sí que debió de ser un día tremendo e en la vida de Ada Denisovich Colau y de Domenech aquel en que Madrit aplicó el 155: “El artículo 155 supone el día más terrible en 40 años de democracia”. Comparen las fotos. Esta sujeta detenta su cargo con el apoyo del PSC. ¿Todavía? se preguntarán ustedes. Pues bien, es Ada Colau la que amenazaba al PSC de que si apoyaban el 155 en Barcelona en Comú se abriría un periodo de reflexión. No he encontrado foto de Domenech en la ofrenda por las víctimas del terrorismo islamista.

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Los empresarios

 

Las patronales vascas organizaron ayer un homenaje pertinente y necesario a los empresarios víctimas del terrorismo. Los empresarios mantuvieron un comportamiento ejemplar que no obtuvo durante muchos años el reconocimiento de la sociedad vasca. Socialmente estigmatizados, fueron víctimas preferentes del terrorismo junto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los militares, víctimas preferentes de atentados. A los empresarios, primero se les extorsionaba, después se les secuestraba y si sus familias no pagaban la cantidad exigida por la banda se les asesinaba.

El terrorismo costó la vida a 49 empresarios y directivos. Habían empezado a secuestrarlos durante el franquismo: Lorenzo Zavala y el empresario de la construcción Huarte, pero la organización fue aumentando la crueldad de su activismo a medida que los españoles ganábamos en libertades y en autonomía.

La primera víctima en tomar la palabra fue Cristina Berazadi, hija del primer empresario que fue asesinado después de padecer un secuestro de veinte días, cuando aún no habían pasado cinco meses desde la muerte del dictador. Ángel Berazadi era un empresario de Elgoibar y director gerente de Sigma. Era nacionalista y eso hizo que el PNV se implicara especialmente en el caso durante los días del secuestro. Arzalluz envió a negociar a dos hombres de confianza: Mikel Isasi, miembro del Gobierno vasco en el exilio y Gorka Agirre, sobrino del lehendakari José Antonio Aguirre y responsable de Relaciones Externas. Por parte de ETA el negociador era Eugenio Etxebeste Arizkuren, Antton, que habría de ser después jefe operativo de ETA. Apala determinó el fracaso de las negociaciones con una frase terrible: “Tiradlo a la basura”.

Allí cerca estaba el zulo en el que Arnaldo Otegi y otros mantuvieron secuestrado al empresario Luis Abaitua, director de la empresa Michelin en Vitoria durante diez días, hasta el 1 de marzo de 1979, fecha en la que se celebraban en España las primeras elecciones legislativas, menos de tres meses después de la aprobación de la Constitución. Hay que leer el impresionante reportaje de Leyre Iglesias sobre este hombre y el suplicio al que estuvo sometido, con el relato de su hijo sobre el hecho de que sus secuestradores jugaban con él a la ruleta rusa.

Arnaldo Otegi había sido un terrorista pertinaz desde muy joven. Ahora ha protestado por no haber sido invitado al acto de Confebask ayer en el Palacio Euskalduna de Bilbao. “Somos la segunda fuerza política de este país”, ha explicado a todos lo que han querido oírlo. Él y toda su tropa son una cuadrilla indigna de estar ayer en aquel acto. Cristina Berazadi, Andoitz Korta, hijo del empresario Joxemari Korta, presidente de Adegi, la patronal guipuzcoana en el momento de su asesinato; Iñaki García Arrizabalaga, hijo del delegado de Telefónica en Guipúzcoa, asesinado por los Comandos Autónomas y Martín Ceballos, cuya empresa fue atacada con bombas en cinco ocasiones no necesitaban la presencia de Otegi, un tipo que jamás ha condenado el pasado de ETA, el suyo propio, que ni siquiera fue capaz de esbozar una mueca de pesar por el asesinato de Fernando Buesa. Los empresarios vascos necesitaban un reconocimiento social, un agradecimiento a su papel en Eukadi, un homenaje de la memoria colectiva.

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