Julio Valdeón retrata a Sabina

Mi amigo Julio Valdeón Blanco acaba de publicar una biografía de Sabina, ‘Joaquín Sabina. Sol y Sombra’ en la que ha estado trabajando muchos meses. Ayer daba noticia de ella Raúl del Pozo en la Última de El Mundo en la que hacía justicia al biógrafo. Yo admiré mucho a su padre, Julio Valdeón Baruque, uno de los más grandes medievalistas de la Universidad española, a quien debo la lectura, yo creo que provechosa, de dos biografías, una de Abderramán III, por la que me enteré de  que el fundador del Califato de Córdoba era hijo y nieto de vascas, sorpresas te da la vida. La otra era de Isabel la Católica.

“De casta le vendrá al galgo”, pensé al toparme con su firma y empecé a leer con atención sus cosas en una época en la que ejercía como corresponsal de El Mundo en Nueva York. Ahora sigue en Nueva York, pero ya no es corresponsal de mi periódico (su sano juicio hará sabido interpretar que escribo del periódico en el que colaboro, no que sea de mi propiedad). Un director lo desahució de la corresponsalía para alojar en ella a su hija y al marido de esta.

Lo conocí en Nueva York hace tres años. Yo estaba allí de vacaciones familiares y una mañana recibí un correo suyo en el que contaba que sabía de mi estancia allí por este blog en el que cada día colgaba una postal y me proponía quedar un rato. Pasamos juntos una mañana que para nosotros fue magnífica aunque corta. Mi hijo Daniel  le guardará gratitud, no digo que eterna, pero sí durante algunos años, porque nos recomendó una tasca en el Village donde se hacían las mejores hamburguesas de Nueva York.

Julio es un excelente periodista, analista minucioso, buen novelista y columnista eficaz. Los jueves publica en La Razón una columna, Bandas de Nueva York, que se ha convertido en una lectura obligatoria para mí. Desde entonces mantenemos relación epistolar con alguna frecuencia y en uno de sus correos me informó de que estaba trabajando en una biografía de Joaquín Sabina, cuya obra me parece tan admirable como irrelevantes sus opiniones políticas. Sólo he tenido tiempo de hojearlo, curiosear por el desmenuzado que hace de algunas de sus canciones. Lo único que no comparto de la columna amable de Raúl es su juicio de que el título es tan corriente. A mí ese sol y sombra me parece una polisemia que cuadra al cantautor,-antes se llamaba así a los de su oficio-, como un guante. El sol y sombra era el combinado que acostumbraba a trasegar el pueblo llano mucho antes de que se pusiera de moda el gin-tonic. Es también una metáfora de la naturaleza dual que anida en todo ser humano y por supuesto en Sabina, que tiene a gala ser ángel y demonio, en parte luz y en parte oscuridad, mitad héroe y mitad canalla, poeta delicado y atroz que ha actualizado con brillantez aquella grandiosa manía de contar historias que debemos a los grandes autores de la copla y el bolero y a Julio le debemos un libro hermoso y eficaz, como el resto de sus trabajos.

Julio, querido, un abrazo y enhorabuena.

 

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La pena de Murcia

 

Hoy, mi columna en El Mundo

Quizá se equivocó Machado y no fue Madrid el rompeolas de todas las Españas, sino Murcia. Albert Rivera eligió la huerta del Segura como escenario para una gran batalla política y allí se han dado cita todos los oportunismos y todas las incompetencias. Ningún heroísmo, es el signo de los tiempos.

En la Asamblea Regional de Murcia hay 22 diputados populares, 13 del PSOE, 6 de Podemos y 4 de Ciudadanos. No era fácil que Rivera, con esos cuatro escaños, marcara la política en el parlamento de Cartagena. No hay costumbre. Cuando un ‘mino’ tiene una ocurrencia útil, los mayoritarios la dejan pasar para hacerla suya unos meses después.

Ha hecho falta menos tiempo para esta pena de Murcia. Presionaba C’s con una moción de censura para obligar al PSOE a aceptar su concepto de la moción instrumental, en la que el candidato redujera su programa a un solo punto: convocatoria de nuevas elecciones. Cualquier ciudadano que tenga más años que los dirigentes de los partidos emergentes recordará que al introducir esta figura en la Constitución, se optó por la moción constructiva, el modelo alemán. No sería un mero instrumento tumbagobiernos, como en la muy inestable República de Weimar. La oposición estaba obligada a proponer un candidato con su programa y su canesú.

C’s quiso presionar al PSOE, pero los socialistas le han madrugado la iniciativa presentando una en plan estrictamente constructivo. Cómo se puede llamar constructivo a un plan de Gobierno que incluya a Podemos es otro cantar. Y le ha dejado a Albert Rivera en la posición incómoda que él mismo ha buscado con tanto afán: haga lo que haga, pierde. El PSOE le da a elegir entre hacer el ridículo y asumir el coste del fracaso de la moción y el suicidio político de apoyar un Gobierno impulsado por Podemos.

Sánchez aceptó lentejas, pero es poco serio que Ciudadanos haya sacado adelante hace 34 días una Ley contra la corrupción muy razonable que establece la separación del cargo en el momento del procesamiento y pretenda que prevalezcan tratos anteriores, fijando la salida del cargo en el momento de la imputación o investigación.

No pondré la mano en el fuego, ni por Sánchez ni por quien lo ha denunciado 17 veces, sin que prosperase ninguna de las 16 ocasiones anteriores. A ver si la 17, aunque un prudente cálculo de probabilidades no permita descartar que ahora pase lo mismo. El ridículo sería mayúsculo si en los días que faltan hasta celebración de la moción, el juez desimputa al presidente murciano, que todo podría ser. Para qué las prisas, hombre. ¿No habría sido mejor esperar a la resolución del juez?

Claro que aún cabe la posibilidad de que a la decimoséptima vaya la vencida y esta vez el juez abra juicio oral contra Pedro Antonio Sánchez y entonces habría podido Albert ajustar todas las piezas y cumplir la propia ley impulsada por Ciudadanos. Con las mañas del juez Castro podríamos elevar a aforismo del derecho el refrán “cuando el río suena, agua lleva”. No es tan importante que las 16 denuncias anteriores contra Sánchez hayan sido archivadas, como el hecho de que tenga encima 16 denuncias. Los principios del derecho los define Castro, Vidal redacta constituciones, Estevill protege los derechos de los investigados y la presunción de inocencia está en manos de calceteras. A Ciudadanos solo le puede salvar de este ridículo el PP, si presenta entre hoy y mañana una moción de censura propia, con un candidato distinto a Sánchez, aunque para eso tiene que temerse la victoria del PSOE-Podemos-C’s, cuestión no muy probable por el momento, pero tampoco imposible. Habrá que verlo.

 

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Grandísima intervención en el Congreso

Se llama Francisco Igea el orador. Es diputado de Ciudadanos por Valladolid y médico de profesión. Intervino el martes pasado en el debate sobre la eutanasia en los términos que pueden comprobar en el video, que he conocido porque ayer lo colgó aquí nuestro querido Navarth.

Es en mi opinión, una de las mejores intervenciones parlamentarias que recuerdo en las dos últimas legislaturas. Uno, que tuvo ocasión de reflexionar sobre el asunto con motivo de la enfermedad y muerte de su madre, no se imaginaba que nadie pudiera resumir con tanta precisión sus opiniones.

Igea desmontó con impresionante eficacia el discurso de Podemos, aunque esto es natural. es la diferencia entre un experto, con 30 años de ejercicio de la medicina a sus espaldas, que ha tratado todas las formas de cánceres de aparato digestivo: de  estómago, de páncreas, de esófago, que ha visto morir a mucha gente y las posiciones de Iglesias, aunque el secretario general ya dejó clara su epistemología el viernes ante Carlos Alsina, cuando el periodista le preguntó cómo podía opinar de lo de Alsasua si no se había leído el auto judicial: “Es que por esa regla de tres no podríamos opinar de nada”.

Ha querido la casualidad que me topara con este video al mismo tiempo que preparaba una columna sobre lo de Murcia, donde C’s no queda muy bien parado, pero la vida moderna es así, queridas y querido, un fenómeno complejo. Por eso, no puedo entender la rara estrategia de comunicación que lleva al partido a poner en primer término actuaciones discutibles en las que cree que puede sacar partido de su coincidencia con Podemos y el PSOE. Tampoco entiendo que el soberbio discurso de Igea solo fuera aplaudido por sus 31 compañeros de bancada y que la mayoría de los diputados populares estuvieran ausentes, habida cuenta de que el martes van a presentar conjuntamente una proposición de ley sobre ‘Derechos y garantías al final de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida’.

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El condenado por desobediente

 

Hoy, en mi columna de El Mundo

Curro Homs ha sido condenado por el T.S. a 13 meses de inhabilitación por desobediencia al Constitucional. Tal vez el Supremo pudo condenarlo a más, quizá a dos años, como el Tribunal Superior de Cataluña a Artur Mas, pero explica que esa fue la petición de la Fiscalía que no podía rebasar. Admite la sentencia que pudo haber un delito de malversación de fondos públicos, pero una vez más la Fiscalía intervino en favor del acusado y al no existir acusación pública no había caso, ya que “(El T.S.) limita su ámbito de conocimiento a los delitos por los que se ha formulado acusación” y “no se cuestiona si la aplicación económica de fondos públicos, promovida por el acusado en abierta y franca contradicción con el mandato emanado del Tribunal Constitucional, tiene o no relevancia penal”.

O sea, que el tribunal no puede llegar más lejos porque el fiscal no estaba por la labor. Vaya por Dios. La Fiscalía sí estaba por acusar al procesado de prevaricación, pero el alto tribunal, al igual que la semana pasada el TSJ de Cataluña, no quiso considerar esa razón. Al igual que este, la Sala sostiene la conclusión de que el delito de prevaricación, del que sí le acusaba la Fiscalía, está absorbido por el delito de desobediencia.

Uno, la verdad sea dicha, no acaba de comprender esa razón. El artículo 404 del Código Penal define la prevaricación administrativa como el delito en que incurre la autoridad o funcionario público que, a sabiendas, dictare una resolución injusta y le prescribe la pena de inhabilitación comprendida entre nueve y 15 años. Por su propia naturaleza, uno entiende que la prevaricación es anterior a la desobediencia y que un gobernante no necesita que un tribunal le advierta de la ilicitud de su conducta para saber cuando es injusta. Aunque ese gobernante sea del nivel que mostró Curro Homs ante el Supremo, y que llevó al fiscal a interesarse por su nivel de estudios. Ahora que han sido condenados, siguen ratificándose en llevar a cabo sus propósitos: convocar un referéndum ilegal, malversar dinero público contra lo dispuesto por resolución unánime del Consell de Garanties Estatutaries y las advertencias públicas de los letrados del Parlament. Excelentísimos señores de la Fiscalía y magistrados del Supremo: definan lo que entienden por malversación de fondos públicos y lo que entienden por prevaricación. Y ya, de paso, aclárenme si el delito de desobediencia se rige por tarifa plana. Si con la pena inhabilitación que les han impuesto, Mas y Homs pueden seguir en lo que estaban gratis.

El condenado, aunque poco, por desobediente, había augurado que su condena, cualquier condena, supondría el fin del Estado español, lo que viene a poner de manifiesto sus limitaciones intelectuales y su facilidad para incurrir en la prevaricación intelectual: decir chorradas a sabiendas. Yo siempre creí que el pelotón spengleriano encargado de salvar la civilización era un tribunal, una reunión de jueces, pero voy a tener que poner en revisión ciertas creencias.

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Con Fernando Altuna esta tarde

Esta tarde, a las ocho se celebrará en la iglesia de los San Antonio de los Alemanes en Madrid un funeral por Fernando Altuna. Con motivo de su funeral ven Vitoria, dos remeros, Agitprop y Alatriste, sugirieron la posibilidad de enviar una corona sufragada a escote por la Argos. El mismo día, el Capitán se enmendó a sí mismo y propuso publicar una convocatoria en la Argos con el número de cuenta de COVITE, con el fin de que cada uno ingrese la cantidad que estime pertinente para ayudar a la causa que a él más le importaba en este mundo, en la organización en la que militaba y que desarrolla su actividad de manera irreprochable. He aquí la cuenta:

COVITE -Coordinadora de Víctimas del Terrorismo:

Código IBAN: ES2901280341680100028136

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El diario de un Grande

Ayer, el remero Madrileo dio noticia de la foto que antecede, en la que Aysha Frade, una de las víctimas mortales del atentado de Londres, dejaba constancia de sus fervores futbolísticos el pasado verano en su perfil de Facebook.  La Vanguardia capturó la foto y la reprodujo ayer:

El diario de un Grande de España, hay que joderse. Y digo yo: ¿Qué tendrá ese periódico contra la selección en la que juegan Piqué, Iniesta, Jordi Alba y Busquets y el jubilado Xavi Hernández? Probablemente nada, son los reflejos pavlovianos. La mancheta del diario era hace años La Vanguardia Española y también sufrió un tijeretazo. El conde de Godó podría imitar a Gay de Liébana y tachar la procedencia para llamarse ‘Grande’ a secas. Incluso ‘Grande, Grande’. Es lo que hay.

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Decadencia

 

Hoy, mi comentario de las 8:15 en Herrera en COPE

Ayer se produjo en Londres un atentado que ha dejado cuatro víctimas mortales y 40 heridos, solo una semana después del de París, tras el de navidades en Berlín o el verano pasado en Niza. Además del resultado en términos de víctimas, un detalle simbólico: El terrorismo obligó a cerrar ayer el primer parlamento del mundo. Y el Reino Unido en pleno brexit.

Mientras, la oposición española en su conjunto rechazaba en el Congreso de los Diputados la Ley de Seguridad Ciudadana. Ayer también, los diputados de Unidos Podemos, el PNV, EH Bildu, ERC y PdCat, recibieron en el Congreso a los familiares de los agresores de dos guardias civiles y sus novias. Una pelea de bar, han llamado los antisistema a la heroica ekintza de medio centenar de agresores contra dos parejas que habían salido a tomar una copa un sábado por la noche. Son víctimas los unos y los otros. La Policía británica ha matado a un inmigrante por conducir un todo terreno, dirían del atentado en Londres. Dos diputados podemitas tomaron distancias: el juez Juan Pedro Yllanes y el guardia civil Delgado. Insuficientes. La única distancia moral aceptable sería la devolución del acta.

Los telediarios tendría que dirigirlos algún discípulo brillante de Anthony Mann, porque están contando día a día la caída del imperio romano. Con una diferencia básica: los bárbaros los tenemos dentro.

 

 

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Solitudine

Hoy, mi comentario de las 8:15 en Herrera en Cope

Segunda gran jornada en la que el Congreso reveló la soledad del corredor de fondo. La semana pasada fue el decreto sobre la estiba y ayer el tarantantán que sufrió la Ley de Seguridad Ciudadana. En esta materia, la oposición ha mostrado un admirable talento para bautizar las iniciativas legislativas con nombres infamantes. ‘Ley Mordaza’ es el calificativo unánime con el que todos se refieren a la ley que ahora habrá de enmendarse. Me ha encantado la sobrecarga semántica de un titular de hoy en El Correo: “La oposición en bloque aprueba el derribo de la ‘ley mordaza’.

La oposición más enérgica ha sido la del PSOE, quizá porque esta ley viene a sustituir una ley socialista de 1992, la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, que no pasó el filtro del Tribunal Constitucional y motivó la dimisión del ministro del Interior, José Luis Corcuera. Los amigos la llamaron ‘Ley Corcuera’ y la oposición, ‘Ley de la patada en la puerta’.

Ayer también se produjo el esperado encuentro entre patronal y sindicatos de la estiba y terminó sin acuerdo. Los estibadores aceptarían una rebaja del 6% en sus remuneraciones, pero exigen el 100% de empleos y la subrogación de los mismos. Quieren seguir siendo unos funcionarios de los muelles, pero además con carácter estamental, con una meritocracia hereditaria. Se lo ganaron sus abuelos en la División Azul.

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Un modelo golpista

 

El par director de la Generalidad, Puigdemont y Junqueras, ha perpetrado a pachas una tribuna que ayer abría la portada de El País: “Que gane el diálogo, que las urnas decidan” y que mira al referéndum escocés de 2014 como fuente de inspiración. Nuestros nacionalistas escogen sus modelos guiados por un fetichismo incontrolable. Allá donde una voz se levante para reclamar el fin (la independencia) o el instrumento (la autodeterminación) habrá un nacionalista que grite: “¡mía!”, mirando con arrobo el modelo, sea Andorra, el Estado Asociado de Puerto Rico, Gibraltar, Irlanda o Kosovo. Y por supuesto, Escocia y Quebec.

Cuando Artur Mas consideraba la independencia concepto anticuado y oxidado, eran los nacionalistas vascos los que adoraban el talismán al enterarse de que los ciudadanos alemanes iban a celebrar un referéndum. No era para escindir Renania del Norte-Westfalia de la RFA, sino para la reunificación de las dos Alemanias.

El diálogo es sin duda deseable y las urnas son un medio aceptable para que los ciudadanos se expresen, pero eso no quiere decir que se pueda hablar de cualquier cosa. Un suponer: realizar un referéndum para implantar en una Autonomía la pena de muerte. No podría ser y no cabría el majadero argumento “que las urnas decidan”, ni cabría diálogo sobre el tema. ¿Por qué? Porque la pena de muerte está fuera de nuestra legalidad, según establece la Constitución en su artículo 15: “queda abolida la pena de muerte”.

Escribió Montesquieu que “la libertad (o sea, la democracia) consiste en hacer lo que está permitido por las leyes, porque si se pudiera hacer lo contrario todos querrían hacerlo y entonces no habría libertad”.

Propone esta pareja de intelectuales alternativos pactar la vía escocesa. Creen los pobres que en Escocia “no se dejó en manos de los tribunales lo que se pudo resolver políticamente”. La realidad es muy otra: se pudo dialogar y resolver políticamente, porque no había ningún impedimento legal que lo obstaculizara. Escocia e Inglaterra se unieron a comienzos del siglo XVIII por voluntad de sus parlamentos y no hay una Constitución del Reino Unido que prohíba la separación.

Otro tanto viene a ocurrir con el derecho a decidir que Ibarretxe importó de Quebec y que los secesionistas catalanes han copiado en versión libre. Tengo a este respecto una anécdota personal. El 25 de noviembre de 2003 me cupo el honor de presentar la primera conferencia que el ministro de Relaciones Intergubernamentales de Canadá, Stéphane Dion, impartió en España sobre la Clarity Act. Durante el almuerzo, uno de los comensales le preguntó por qué la Ley de la Claridad y él respondió concisamente: “Porque nosotros no tenemos una Constitución que diga lo que dice la suya en su artículo 2º”.

“Es la Ley, estúpidos”, les habría dicho James Carville, asesor de Clinton. Pueden cambiar la Constitución, pero no saltársela. Eso es golpismo. Como el que denunciaban el domingo los 15.000 manifestantes de Sociedad Civil Catalana: ‘¡Paremos el golpe!’. ¿Recuerdan la anterior intentona golpista? Fue un 23-F, hace 36 años y ese mismo diario sacó una edición extra titulando a cinco: ‘El País, con la Constitución’. O tempora, o mores.

 

 

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Otra vez el desarme

En mi columna de El Mundo de hoy

 

 

Pie de foto: El desarme o así de 2013

El anuncio del desarme de ETA a plazo fijo y de manera unilateral ha producido algunos hechos curiosos. Un tal Etcheverry, vocacional intermediario, declaraba ayer en El Correo algo sorprendente: “La armas ya no están en manos de ETA, las tenemos nosotros”. Lo chocante es que la Fiscalía no haya actuado aún, que uno sepa, contra un tipo que reivindica el delito de tenencia, tráfico y depósito de armas, tipificado entre los artículos 563 y 570 del Código Penal.

La cosa tuvo precedentes. En 2013, los terroristas quisieron hacer un paripé sobre el desarme y convocaron a dos de los verificadores designados por el Gobierno vasco. Un tal Manikkalingam y otro fueron citados por carta anónima, se reunieron con encapuchados a quienes no habrían podido identificar, fueron llevados a una casa cuyo emplazamiento desconocían. Allí les enseñaron unas pocas armas: dos revólveres, una pistola, un subfusil, unos metros de cordón, ocho temporizadores y dos granadas, que no les dejaron tocar, qué menos para comprobar si están inutilizadas; luego dijeron: hala, a guardar, las metieron en una caja de cartón que sellaron con cinta de embalar y se llevaron. El autodenominado Foro Social, que pide la destrucción de las armas, reclamaba a Manikkalingam como verificador, dada su experiencia, pero desde que lo llamaron a declarar en la Audiencia Nacional por aquel asunto no ha vuelto a pisar España. Ni lo hará.

La entrega de las armas es asunto menor, frente a la cuestión capital, la disolución de su banda. Si la democracia se hubiera conformado con menos, ETA no estaría dispuesta a entregar lo más, su propia existencia.

El País editorializaba el viernes con una doble petición. Como EH Bildu y Brian Currin en su día, exigían al Gobierno español que no estorbase. También pedía protagonismo para el lehendakari Urkullu en el proceso. ¿Cómo podría impedir su desarme el Gobierno? Es importante que entreguen las armas. No inutilizadas, ojo, sino en un estado que permitan investigar los crímenes sin resolver, pero eso nadie podría impedírselo. Pueden entregarlas al cura de sus pueblos bajo secreto de confesión, al arzobispo de Milán como los de Primera Línea o enviar al lehendakari un croquis con el emplazamiento de los zulos. En última instancia, marcar el 902 500 002. Es el Teléfono de la Esperanza.

No acabo de ver al lehendakari como líder del proceso. Tuvimos que asistir a muchos asesinatos para que el Gobierno vasco y el PNV aceptaran la idea de que a ETA había que combatirla policialmente. Fue después de que mataran al superintendente de la Ertzaintza, Carlos Díaz Arcocha, con una bomba lapa el 5 de marzo de 1985. Él hacía la víctima número 470 del terrorismo etarra y hoy es uno de los asesinatos que no han podido ser esclarecidos policialmente. Puede que el asesinato del jefe de la Policía autonómica moviera algo en estos gobernantes. Es un mal negocio para un cuerpo de seguridad la impunidad de los asesinos de su jefe, se lo decía aproximadamente Bogart a Mary Astor al final de ‘El halcón maltés’. Puede que les moviera el PSE, su socio en el pacto del legislatura desde dos meses antes.

Florencio Domínguez y Paco Llera presentaron el jueves un informe sobre la espiral de silencio generada por ETA en el País Vasco. Una de sus conclusiones apunta que el miedo perjudicó electoralmente al PP y al PSE. Por otra parte, es bastante comprensible que un partido que supo sacar ventaja política de los crímenes que cometían otros contra sus adversarios, haya sabido sacarla de la paz. Con más motivo incluso.

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