El Día de los Tramposos

A Javi Serrano Martínez

Mi periódico (el sentido común de los lectores sabrá que quiero decir “el periódico en el que escribo”) tiene a veces estas cosas, tan propias del periodismo moderno, y que nos descolocan algo a quienes, por años de oficio, pertenecemos al antiguo régimen: un poquito de magia, cuarto y mitad de fantasía. El propio interesado colgaba un tuit para indicar que “El Mundo me pidió un artículo valorándolo (el fenómeno Macron) y he aquí el resultado”.

Creo que es la primera vez que este chico firma una tribuna en El Mundo. Tengo yo para no olvidar la primera que publicó en El País en la que hacía sus pinitos con lo que él entiende por la teoría de juegos:

“Si se disolviera la Eurozona tal y como la conocemos, todos entraríamos en un descomunal juego de suma cero: todas las partes perderían”.

Escribí por entonces que no solo desconoce la teoría de juegos, sino que carece de una mínima noción de lo que es la suma de números enteros. El caso es que el diario en el que escribo le ha pedido una tribuna sobre Macron y él ha explicado su concepto del mundo (el universo, no el periódico): Al igual que los nacionalistas creen que el mundo está hecho de nacionalistas, donde el que no es nacionalista vasco o catalán es forzosamente nacionalista de otro signo, vale decir español, el zangolotino de Podemos considera que vivimos en un mundo de populistas a la sombra intelectual de Ernesto Laclau. Y en Francia, viene a explicarnos, hay populismo de extrema derecha, el de la familia Le Pen, populismo de izquierda, que es como ellos llaman a la extrema izquierda, el de Melenchon,  y populismo de extremo centro, o populismo neoliberal, que es el que viene a encarnar Macron.

Después de leer la pieza, uno se preguntaba lo mismo que el crítico teatral británico: “¿por qué?” Uno puede entender que a veces los periódicos equivoquen su cometido y crean que su sección de Opinión es un parlamento de papel o peor aún, una tertulia televisiva. Recuerdo a un antiguo director mío, José Antonio Zarzalejos, de El Correo, invitar a un dirigente político y a su partido a colaborar en El Correo, advirtiéndole al tiempo de que en su sección de opinión no había cuotas, que no importaba tanto la representación institucional de su partido como la calidad  del artículo que pretendieran publicar.

Me pareció un criterio racional. Por otra parte, también entiendo que un medio trate de cubrir todas las opiniones del espectro político, como si su espacio ideológico no estuviese suficientemente cubierto en en este periódico por colaboradores habituales, incluso por firmas de plantilla que llamaban ‘cerebritos’ a los dirigentes de Podemos y explicaban su intención de dar su voto al populismo. Es lo que hay.

Mientras, en estos días se han acumulado en Twitter algunas muestras de lo que da de sí esta tropa. Iñigo Errejón, a quien todavía se sigue considerando la esperanza podemita frente a Pablo Iglesias mostraba algunas de sus capacidades. Vean en la primera imagen la ilustración de la encuesta que él propuso sobre una cuestión política de importancia capita: si estaba mejor con o sin gafas. Hace falta ser gilipollas, diría cualquiera y no le faltaría razón. Claro que no es el único caso. Vean la segunda ilustración, el tuit colgado por esta lumbrera el 29 de diciembre. Junto a su dedo índice puede verse el ticket de la compra con la fecha, 20 de noviembre. ¿Acabo de llegar de hacer la compra 39 días después?¿Una buena sopa de pollo, puerros y jamón?¿dónde le han enseñado a cocinar? En ninguna parte, como puede comprobarse en la foto que colgó ayer, rebosante de autosatisfacción (véase la 3ª foto) en la que valora: “pues no tiene mala pinta” lo que tiene todo el aspecto de un bodrio, dicho sea en sentido estricto. Si a eso le llama  sopa de pollo, a saber qué entenderá por Gobierno. O por beca. Este es el listo, no sé si me explico.

No es un caso aislado. Echeminga Dominga también hizo sus pinitos hace año y medio para agradar a su jefe máximo con la pretensión de hacer creer a la peña que aquello  era un salmorejo perpetrado por sus propias manos. 

 

 

 

 

 

 

 

Rodríguez Checa cantó el fraude en Twitter publicando la foto. Era una foto copiada de una web de cocina llamada sercocinera.wordpress.com, como pueden ver a la derecha. No consta que se lo haya contado al Papa este capullo. Hoy, último día del año estamos en lo que Mankiewicz llamó ‘El día de los tramposos’, aunque los de su película tenían más gracia, la verdad.

Esta es la gentuza que se ofrece para la regeneración de la política española y que llegaron a cosechar los votos de cinco millones de españoles. Están en decadencia, como han demostrado las elecciones catalanas, pero a su paso han prostituido la vida parlamentaria y también el ejercicio del periodismo. Decíamos ayer que no todas las consecuencias del golpismo catalán son negativas. Hay una que podremos evaluar como positiva: lo que el viento se llevó, o sea, la ruina de sus infundadas expectativas de llegar a gobernar España. Se ha dado cuenta hasta el PSOE de Pedro Sánchez, no les puedo decir más.

Otro bodrio.

 

 

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Felicidades, maestro

Dicho así, en antonomasia. Todo el mundo comprenderá que el maestro es, sin necesidad de más explicaciones, el sabio de cabecera de este blog: maese Belosticalle, con el que esperamos cumplir unos cuantos más.

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No todo es malo

 

Una de las tradiciones que dejó Zapatero en la Moncloa fue rematar el último Consejo de Ministros del ejercicio con una rueda de prensa para hacer balance del año de Gobierno. Estos balances son positivos, una exhibición de ‘la sonrisa institucional’. Otra cosa es que sean acertados, claro. No tengo yo para olvidar aquel 29 de diciembre de 2006, cuando el presidente hizo saber que respecto al terrorismo “estamos mejor que hace un año y el año que viene estaremos aún mejor”. Solo 20 horas después ETA voló el aparcamiento de la T-4.

Pero el invento estaba bien traído y Rajoy continuó la tradición. Ayer tocaba y compareció para hacer un balance positivo ma non troppo. La parte positiva era la Economía. El ma non troppo había que cargarlo en la cuenta del golpe de Estado en Cataluña. Ya de paso anunció que el nuevo Parlament se constituirá el 17 de enero, que el 155 sigue operativo y manda quien manda. No dio explicaciones sobre el fiasco electoral de su partido, pero no comparecía como presidente del PP, sino del Gobierno.

El líder emergente también cumplió para explicar que la caída del bipartidismo, o sea, el fracaso del PP y el PSOE, les impide sumar para un Gobierno constitucionalista en Cataluña. El infierno son los otros, ya se sabe, aunque el argumento tira un poco de la sisa: sin los escaños que no ha ganado el PSC y los muchos que ha perdido el PP, C’s no habría obtenido la indiscutible y brillante victoria de Inés Arrimadas. Los constitucionalistas, perdonarán que me repita, son vasos comunicantes.

Los nuevos votantes de Ciudadanos son gentes que se sintieron mejor representadas por ellos que por Albiol e Iceta. Nada que oponer, esa es la esencia misma de la política en democracia, pero habría sido mucho mejor desde el punto de vista de la democracia y Cataluña que una parte sustancial de los nuevos votantes ciudadanos provinieran de nacionalistas sensatos, si es que tal sintagma no fuese un oxímoron radical.

Es un consuelo, con todo, que Rivera compareciera en persona para hacer su balance del ejercicio, en vez de delegar en cualquier Villegas, como hicieron Pedro y Pablo con dobles de luces aún peores. Iglesias está que no asoma desde el 21-D, ni siquiera ha reunido a la dirección de su partido para valorar los resultados. Él está muy sobrevalorado, pero depende de con qué lo comparemos y se hizo representar ante los medios por Rafa Mayoral en demostración de que todo es empeorable. A uno le parece que una de las consecuencias favorables de las elecciones catalanas es que se han llevado por delante, probablemente para siempre, las oportunidades de poder de Pablo Iglesias, si es que alguna vez las tuvo.

Pedro Sánchez envió en su lugar a José Luis Abalos, que es como él con algo menos de carisma, pero que es primus entre sus pares Lastra, Margarita (está linda la mar) y Puente. Hizo una aportación positiva al considerar imposible cualquier alianza con Podemos, el regalo envenenado que Ada Colau hizo a Pablo Iglesias al romper su pacto municipal con el PSC, por muy perverso que fuera desde su comienzo.

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Cumbre en Moncloa

El secretario general de Ciudadanos parece un hombre ocurrente. Al valorar la entrevista que ayer mantuvo Albert Rivera con Mariano Rajoy, tuvo un elogio, quizá involuntario para el presidente del Gobierno: “Rajoy no ha trasladado en ningún momento la ocurrencia de que Arrimadas se presente a la investidura. Esas ocurrencias corresponden a otro nivel de partido. Rajoy parece que sabe sumar”.

Un vistazo desapasionado al nivel de la política nacional (y no digamos de las políticas autonómicas) podría llevar a la conclusión de que el dominio de las cuatro reglas es condición necesaria e intelectualmente suficiente para gobernar. No siempre pasa. A mí me parece bien que Rajoy se guardara de recomendar a Rivera que Inés Arrimadas se presente a la investidura, aunque no tiene nada que ver con la suma, sino con la memoria. El presidente no le hace la suma a C’s porque ya tiene a los Hernandos para los trabajos mecánicos y más vale no exponerse a la hemeroteca. Él hizo lo mismo cuando declinó el ofrecimiento del Rey el 21 de enero de 2016 para que se sometiera a la investidura en el Congreso.

¿Confían los populares y los socialistas que la investidura desgaste a Arrimadas? No me consta lo primero y lo otro es un futurible. Tengo ya dicho que el poder desgasta, que la vida nos desgasta, en eso consiste el oficio de vivir, que decía Pavese, y que el acto de respirar, tan vital para el organismo, es lo que nos oxida al mismo tiempo.

¿Creerá Villegas que Felipe no había aprendido aún a sumar cuando presentó la moción de censura contra Suárez en 1980? González no sumó los escaños necesarios para investirse, pero dejó claro ante la opinión pública española que había en él madera de presidente y un año y medio más tarde lo fue.

Uno ha seguido con interés la carrera parlamentaria de Arrimadas y ha disfrutado con los revolcones que daba a la inutilidad conceptual de Puigdemont. Tomar la iniciativa es obligado. Se lo debe al millón largo de catalanes que construyeron con sus votos el triunfo electoral de Ciudadanos, a los cientos de miles de manifestantes que llenaron las calles de Barcelona en dos ocasiones, y a los que rompieron el miedo para colgar en sus fachadas banderas españolas. El ‘pase de mí este cáliz’ solo sirve para propiciar que los separatistas sigan las absurdas iniciativas, como la de Turull, pobre menguado que quiere investir a su candidato por vía telemática.

Para ello, piensan los separatistas en volver a sentar en la presidencia del Parlament a Carme Forcadell que ha aprendido a magrear el Reglamento para convertir lo imposible en algo cierto, aunque delictivo. En este punto, yo confiaría en el juez Llarena, pero antes de llegar a eso, Ciudadanos ha hecho bien en reclamar la Presidencia de la Cámara en tanto que partido más votado. Y con el mismo argumento debería aspirar a la Presidencia de la Generalidad. La victoria hay que proclamarla y ejercerla. No puede quedarse solo en un alegre brindis en la noche del recuento.

 

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Trinos y rebuznos./ Bea y el Derecho Penal

 

Ben Talegón, que se autodefine como abogada, criticaba a Hermann Tertsch por calificar de ‘golpistas’ a los golpistas catalanes: “este señor necesita que le lean el auto y las imputaciones. En su delirio ya ve “golpes de estado” por todas partes. Sepa usted que se les acusa de sedición, rebelión y malversación”. Esta pobre chica ignora que los tipos delictivos bajo los que se recoge en el Código Penal el golpe de estado son precisamente los de rebelión y sedición. El C.P. no recoge el golpe de estado como delito. Y eso no es de ahora.

Lluís Companys dio un golpe en 1934, al proclamar el Estat Català el 6 de octubre. Fue condenado a 30 años de cárcel el 6 de junio de 1935 por el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República por un delito de rebelión. Los 33 acusados por el golpe de estado del 23-F fueron condenados en consejo de guerra a distintas penas por rebelión militar. El único civil, Juan García Carrés, fue condenado a dos años por conspiración para la rebelión.

El mismo día de Nochebuena confundía mi Talegón el culo con las témporas: “Hubo un tiempo en que ser homosexual en España era delito. En otros países no. Los más progresistas lo denunciaban (dentro de las posibilidades) y sabían que era injusto. Los afines al régimen con consideraban un delito y algo aberrante. Hoy tenemos 4 presos políticos”. A qué régimen, habría que preguntar. “Cuba no es una dictadura”, ha piado repetidamente esta criatura. “Nuestra sociedad no puede dar cabida a esta degeneración”, dijo Fidel en un discurso el 13 de marzo del 63. El Consejo Nacional de Cultura y Educación de 1971 estableció que “la homosexualidad es una desviación incompatible con la Revolución”. ¿Le sonarán a esta nínfula los nombres de Virgilio Piñera, Lezama Lima, Antón Arrufat, Severo Sarduy y Reinaldo Arenas? Todos grandes escritores represaliados por el régimen. Por ‘mariconsones’, diría el Comandante en Jefe. Es al revés, Bea: los de Estremera y Soto del Real no son presos políticos. Cuba sí es una dictadura.

El franquismo los incluyó en la Ley de Vagos y Maleantes, que elaboró en 1933 Luis Jiménez de Asúa,  eminencia del Derecho Penal de la República, que creó campos de concentración para los huéspedes de ‘la Gandula’: en Figueras, Alcalá de Henares y Lanzarote.

Las redes sociales son un campo privilegiado para el rebuzno de la clase media-baja.

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¡La primogenitura, Inés!

Después de lo ocurrido el jueves hay algunas cosas que empiezan a estar claras. La aplicación del artículo 155 se realizó con retraso y la convocatoria de elecciones anticipadas con premura. Cabría señalar también que el artículo de marras apenas se aplicó para otra cosa que para convocar el 21-D y para devolver las obras de Sijena. No es que la cosa careciese de mérito. Era la primera vez que en las democracias europeas se disolvía un Parlamento regional y se destituía a todo un Gobierno autónomo. Había una notable incertidumbre sobre el resultado de la aplicación y esta no fue mala.

Comprobado que el rigor constitucional debió ensayarse mucho antes, la consulta electoral debió atrasarse por lo menos hasta que empezara a refluir el impacto emocional que la ley había producido entre los separatistas.

No fue posible. El presidente del Gobierno, fiel a su mejor estilo, quiso que parte del problema lo arreglaran otros, que aunque la mayoría de su partido en el Senado bastaba para declarar el 155, era políticamente deseable una unidad más sólida, algo que pareciese un inexistente ‘bloque constitucional’. Yo mismo consideré preferible una mayoría de 214 votos, el 81% de la Cámara Alta, que el inevitable titular: “Aprobado el 155 por el PP en soledad”.

Naturalmente, esto tenía costes. El apoyo del PSOE y Ciudadanos al 155, (negado hasta dos semanas y tres meses y medio antes respectivamente), tenía como contrapartida el compromiso de convocar elecciones cuanto antes. Basta ver el resultado del PSC para comprender que solo uno de los dos ‘socios’ acertaba. Pedro Sánchez también consideró un casus belli la intervención de TV-3, y Mariano Rajoy prefirió confiar su neutralidad a la Junta Electoral. El PP tendría que haber pensado en que vale más acertar solo que equivocarse en compañía. Lo había advertido Edward Gibbon, un historiador versado en decadencias y caídas: “La conversación enriquece la comprensión, pero la soledad es la escuela del genio”.

El hundimiento del PP en Cataluña hasta la pérdida del grupo parlamentario es una derrota épica, sin paliativos, aunque en su calificación se cuelen algunos intereses espurios. García Albiol era un candidato que no podía competir con Inés Arrimadas, pero no ha sido por su culpa. Su partido fue cómplice del secesionismo en la legislatura demediada de Artur Mas (2010-2012) en la que la presidenta del PPC, Alicia Sánchez Camacho, firmó un pacto de legislatura con el increíble hombre menguante, tan menguante que se lo merendó la CUP.

Hay un punto de sadismo en los analistas que piden a Rajoy un adelanto de las legislativas. Él se ha negado y con razón: “lo que nos faltaba”. Podría haber añadido: “Ya adelanté las autonómicas y pueden ver el resultado”. Es particularmente llamativo el entusiasmo de Aznar con el triunfo indiscutible de Inés Arrimadas, sin recordar aquellas cesiones de impuestos del 96, la educación, el catalán en la intimidad y la cabeza del Bautista Vidal-Quadras, que una Salomé tan improbable como Pujol le pidió a Aznar y este se la dio, un año después de que hubiera conseguido el mejor resultado de los populares hasta entonces, 17 escaños. La bella Inés no acierta en sus primeros pasos si persevera en renunciar a los derechos de primogenitura. Su victoria es estimulante para la causa constitucionalista, pero si cede la iniciativa política al par alucinante, solo servirá para seguir aplicando el 155.

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Feliz Navidad

La gentileza de nuestro Arcu ha hecho posible esta felicitación navideña tan pertinente. En esta fecha y con este motivo no podemos dejar de recordar a nuestra Ostra, que con tanta paciencia y acierto elaboraba cada año una felicitación que era un pequeño homenaje a cuantos nos dejaron: el gran Churruca, Jesús Gallardo, el Tumbaollas y Fernando Altuna. Elvira, nuestra Ostra, ha perdido  hace diez meses a Alberto, nuestra última baja. Todo  nuestro cariño. Elvira. Por los motivos que nos asisten para continuar, Feliz Navidad.

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Políticas y judiciales

 

El lehendakari Urkullu es hombre que acostumbra a definir problemas complejos con argumentos simples, lo que viene a ser consolador porque permite afirmarse siempre en las posiciones previas sin desgastarse en vanos esfuerzos razonadores. Así por ejemplo, cuando ayer fue preguntado por las elecciones catalanas y manifestó que el resultado de las mismas muestra la necesidad de que el Estado español reconozca que “existe un problema político que necesita soluciones políticas y no judiciales”.

Las soluciones políticas son un bálsamo de Fierabrás para cualquier nacionalista. Cuando hay un problema político se necesitan soluciones políticas, ejemplo canónico de tautología. Los conmilitones de Urkullu acostumbraban a definir el terrorismo entre los problemas a cuya resolución deberían aplicarse medidas políticas, nunca policiales. Medidas políticas y policiales fueron durante muchos años las patas sobre las que caminaba el más grave problema de convivencia que hayamos padecido en Euskadi.

El argumento tiene un problema de reduccionismo, al considerar un problema político el incumplimiento de la ley. Es, evidentemente, un problema político que algunos responsables institucionales se declaren al margen de la ley. Ello requiere soluciones políticas, entre las que de ninguna manera se pueden descartar medidas policiales y judiciales, que son justamente las medidas políticas de aplicación obligada.

La extensión del razonamiento llevó a la consideración de que los terroristas presos eran presos políticos porque actuaban con una finalidad política. Tuvieron que pasar bastantes años para que un lehendakari, José Antonio Ardanza, en el Debate de Política General de 1987 dijera aquello de “lo que nos separa de ETA no son solo los medios, sino también los fines, porque los fines contaminan a los medios, etc.”

En aquellos años, el burukide máximo ponía equilibrio en el tema al decir: “no me pidan que considere a los miembros de ETA como unos asesinos sin alma”. El obispo de San Sebastián, monseñor Setién, explicaba que los etarras “no son unos delincuentes que actúen con ánimo de lucro”. Cuestiones ambas absolutamente irrelevantes.

Escribimos muchas veces en aquellos años que presos políticos, también llamados de conciencia eran los encarcelados en los regímenes faltos de libertad por delitos que no lo eran en otros países, mientras los terroristas eran detenidos, juzgados y encarcelados por delitos de derecho común. Asesinar a un policía o colocar una bomba no son delitos de conciencia en ningún país del mundo. Tampoco perpetrar un golpe de estado, malversar dinero público o prevaricar una autoridad, o los delitos de rebelión y sedición de que habitualmente se sirven los golpistas y que en este caso se imputan a los presos y prófugos catalanes.

Es un problema político que los dirigentes de un país incumplan flagrantemente sus obligaciones y violen la ley. A ese problema deben aplicarse soluciones políticas, la primera de las cuales es el restablecimiento de la ley conculcada y la aplicación a los infractores de lo que dispone el Código Penal. Es una convención que acostumbramos a llamar Justicia.

 

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Más de lo mismo

Las autonómicas de 2015 se celebraron en domingo, según la tradición y las de ayer en jueves. La cosa tiene importancia para explicar que los ciudadanos de Cataluña (y las ciudadanas, claro) aprovecharon para tomarse la media jornada para votar por la tarde. De ahí el arreón que la participación experimentó a partir de las seis de la tarde. En cambio, como corresponde a la mejor tradición de los pueblos oprimidos, cuando las elecciones se celebran en domingo, la gente aprovecha para votar por la mañana para hacer después el vermú y los calamares con la familia.

Todo el mundo esperaba una gran participación y la expectativa se cumplió. La bella Inés esperaba una gran participación desde la mañana. Marta Rovira también confiaba en que hubiera una gran participación “y lo esperamos con mucha esperanza” decía ella, toda hecha un pleonasmo. El buen pueblo catalán votó como corresponde a un colectivo al que sobre todo le gusta votar. Más que cumplir la ley. Hubo una participación histórica, se llegó al 82%, que era la raya que se trazaba ayer en este periódico y que supondría 436.000 votantes nuevos, que en las elecciones de 2015 se habían quedado en casa. Votaron como catalanes al Estatuto de Sau, qué digo el Estatuto, como si votaran la Constitución.

Participación histórica, pero insuficiente. Hace 16 años ya se había demostrado en Euskadi que contra las esperanzas de los buenos constitucionalistas, los ciudadanos que se abstienen cuando dejan de hacerlo, se expresan igual que los demás. Han ganado los independentistas que superan por la mínima la mayoría absoluta, con un triunfo brillante de Inés Arrimadas, el sorpasso de JpC a ERC, el atasco de los Comunes y el hundimiento de la CUP y del PP, que empatan a cuatro. No hay bloque constitucional y si lo hubiera quedaría muy lejos de poder investirla. Por votos y por voluntad.

El problema es que la frágil mayoría separatista no puede constituirse en el Parlament. Puigdemont y sus músicos de Bruselas (Toni Comín, Clara Ponsatí, Meritxell Serret y Lluís Puig) no pueden acudir a la investidura, porque serían detenidos y los tres candidatos encarcelados; Junqueras, Forn y Sànchez, dependen del juez Pablo Llarena, que es el gran elector del 21-D. Después de la Justicia, les faltan ocho.

El ex president, que ayer representó una nueva performance al confiar su voto a una novicia, una muchacha de 18 años, una xarnega pundonorosa llamada Laura Sancho que votaba por vez primera y se ofreció para hacer lo que al pastelero de Amer le estaba negado por fuguista. Son raras las chicas: van a votar como quien va a hecerse un selfie. La cosa habría tenido sentido si la muchacha fuera anarquista y antes de meter la papeleta se la hubiera enseñado a la cámara y fuese para Ciudadanos o para el PP, tanto da.

Hay precedentes. Está lo de Juan Carlos Yoldi que fue candidato a investirse lehendakari en 1987 por Herri Batasuna. Ganó Ardanza y Yoldi no volvió a ningún pleno del Parlamento. Tres meses más tarde, el Supremo confirmó la pena y le quitó el acta de parlamentario. La función no ha acabado todavía, aunque no va a ir a mejor.

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Más rebuznos que trinos

Hemos llegado a la jornada de reflexión, fecha que se coloca en el calendario electoral justo al terminar la campaña y antes de comenzar la jornada electoral propiamente dicha. De alguna forma había que llamarla. No puede ser que tantos años después de aquel mano a mano entre Mitterrand y Valery Giscard d’Estaing en mayo de 1974, nadie vaya a un debate político sin saber cuánto cuesta un billete de metro, un suponer. Giscard no supo responder a la moderadora, que estaba con el candidato socialista, aunque ganó el debate al decir a su oponente: “Usted no tiene el monopolio del corazón de los franceses (aunque lo intentara con el de las francesas)”. Inés Arrimadas y Marta Rovira fueron a lo de Jordi Évole sin saber cuál era la tasa de paro en Cataluña, ni el número de mujeres asesinadas por violencia de género en 2016.

El domingo pasado, Lluís Amiguet entrevistaba en La Vanguardia a Carles Puigdemont,  un tipo que se hace fuerte en sus ignorancias . Él no es de los que escarmiente con las equivocaciones previas, sean ajenas o propias: Le preguntaron por el paro juvenil y se equivocó en diez puntos. La misma pregunta  sobre catalanas víctimas de violencia de género fue espectacular. Respondió que 16 o 17 cuando eran 5. Pero sus errores más impresionantes no fueron al responder sobre las materias propias del Gobierno. Lo mejor fue que a la pregunta sobre lo que más le gustaba de España, respondió: “La lengua española y sus clásicos. Y entre los modernos, Julio Cortázar por ejemplo”. ¿Se acuerdan de cómo nos reímos cuando Teresa Rodríguez, la alcaldesa prometida de Cádiz dijo que sus influencias políticas eran: su madre, Salvador Allende, Miguel Hernández y Lorca?

La campaña también ha tenido sociología de urgencia “Iceta está acaparando todo el voto gay”, dijo Ana Rosa Quintana. Alberto González le aplicó una dosis de espabilina in situ:  “Imagino que también estará acaparando el voto alopécico, el voto rechoncho, el voto miope y el voto de los fans de Queen. Creo que el PSC va  atener una victoria holgada el día 21”. @capicua_Mca  extendió la lógica analítica con un trino impecable: “Y Albiol, el voto de los altos, Arrimadas el de los guapos, Rovira el de los tontos y Anna el de los cochinos. Bien, todo muy repartido”.

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