Carmona, pura paronomasia

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Antonio Miguel Carmona, esa paronomasia de Carmena, acaba de ser destituido de su función de portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. A ver, no es que a un partido cualquiera, el socialista, un suponer, le falten razones lógicas para defenestrarlo después de haber obtenido los peores resultados del PSOE en toda la historia. Democrática, se entiende. Es preciso reconocer que los socialistas sacaban menos votos en vida de Franco, aunque tenían disculpa: en la dictadura no había opción.

Carmona se ha hecho con el farolillo rojo con una rotundidad que había hecho temblar a quienes se lo disputaban hasta el 24 de mayo de 2015: Juan Barranco, que sacó 16 concejales en la lista que encabezó en 1995 y Jaime Lissavetzky, que lo superó por uno (15) en 2011. Carmona sacó nueve. Un resultado así sólo puede ser acompañado de una actitud, la gallardía de presentar la dimisión y dedicarse a tertulianear y a hacer macramé. Él no. Siguiendo estrictamente la estrategia de Peeedrooo! apoyó a la candidata que había quedado en segundo lugar para superar a la primera y fue así como Manuela Carmena, la mujer que trajo la democracia a España, se convirtió en alcaldesa de Madrid.

¿Por qué el mando ha laminado a Carmona, si el hombre sólo hizo lo que se esperaba de él? Es verdad que había manifestado una amistad con Tomás Gómez, que había sido fumigado el pasado mes de febrero, como medida precautoria, por si era imputado por el tranvía de Parla. Uno entiende que haber aupado a la alcaldía de Madrid a Manuela Carmena era causa por sí sola para que su sostén adoptara la decisión de irse, especialmente después de haber hecho el ridículo al ser desmentido por la alcaldesa y su portavoz Maestre. Por algo lo llamaron Versión Original. Es también cierto que no lo hizo por iniciativa propia. Sánchez pensaba que Carmena valía más que los suyos y en un rapto de responsabilidad política y social ordenó replegarse a los propios. Ni siquiera accedió a que Carmona, el tercero, fuera investido alcalde con el apoyo de los concejales del PP. Con la práctica que tenían los socialistas en apoyar al que no gana, que le pregunten a Revilluca, tantas veces presidente sin haber ganado nunca.

Mi querido Joaquín Leguina recuerda muy bien las viejas historias de la Federación Socialista Madrileña en la que tantos años y cambios de nombre después sigue el espíritu cainita y la incapacidad para el acuerdo que la hicieron legendaria. En esto tiene razón Carmona. Es un ajuste de cuentas entre bandas. Si hubiera alguna razón política, la sustituta de Carmona, Purificación Causapié, presentaría una moción de censura contra la alcaldesa. Causas no faltan, aunque el gran Manuel Vicent no haya acertado aún a verlas.

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