Mea máxima culpa

Un país algo raroEl jueves por la tarde, cuando me disponía a escribir mi columna del viernes recibí la ‘información’ de que la auxiliar de enfermería Teresa Romero había sufrido un fallo multiorgánico, por lo que su fallecimiento era cuestión de horas.

Una portavoz que consideré cualificada, Elvira González Santos, que lo es del Sindicato  de Técnicos de Enfermería afirmó en rueda de prensa: “Teresa está empezando a tener algún tipo de fallo multiorgánico“. ABC, citando fuentes sanitarias: Teresa, muy grave, tras sufrir un fallo multiorgánico.

Este asunto me llevó a dar por inevitable algo que aún no se había producido, apoyado en lo que durante la tarde del jueves fue una noticia, finalmente desmentida por el hospital Carlos III. En consecuencia, empecé mi columna a partir de un dato erróneo para derivar en futurible:

“A la hora de cerrar ayer esta columna se daba por inminente el fallecimiento de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería que contrajo el ébola mientras atendía al sacerdote García Viejo en el Hospital Carlos III.”

Y a partir de ahí pasé a considerar los efectos de un hecho que no se había producido. Tantos años de oficio para hacer el gilipollas como un becario. Torpe. No tengo más que decir. Bueno, sí: expresar mi vergüenza y mi pesar por incurrir en error de todo punto lamentable. Perdón.

 

 

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Me van a permitir que insista

Leguina, los 10 mitos de nacionalismo catalánCaptura de pantalla 2014-10-08 a la(s) 17.17.18

Hay días en los que uno comprende el estado de ánimo de Estanis Figueras, aquel presidente de la Primera República a sus ministros: “Senyors: Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres!” Alternativamente, también valdría el capitán del barco pirata de Asterix, agarrado a su tabla de náufrago: “Es formidable, muchachos, ya no necesitamos a los nacionalistas para hacer el ridículo”.

Quiero decir que la singladura de ayer fue una de esas ocasiones en las que a uno le entran ganas de hundir su propio barco. La recomendación de un libro que: a) he leído. Y b) considero de interés en un mes en el que la democracia española afronta el mayor desafío que ha tenido en las últimas cuatro décadas, ha sido recibido con una muestra canónica de lo es argumentación ad hominem: como Leguina votó sí al Estatut en el Congreso, no me interesa nada lo que diga. Otros, sin duda muy por encima de la propuesta, se han entregado a la pasión insana de debatir con el troll. Sin  duda, todos los remeros están al cabo de calle de lo que fue el compromiso de Caspe, el Corpus de sangre de 1640 y todos los mitos que los secesionistas vienen utilizando sin complejo alguno. Uno, siempre más ignorante, aunque dispuesto a aprender, se enteró por Leguina de que Omnium Cultural, ese terminal independentista de Convergència fue fundado por Félix Millet, padre del malversador del Palau (Espanya ens roba!) y por Carulla,  dueño de Gallina Blanca, entre otros detalles.

Me he encontrado una respuesta que me ha sorprendido vivamente. Es la de Benjamingrullo:

“Es un excelente y práctico argumentario contra la estupidez”

No sé si el patrón es consciente del absurdo que brilla en su afirmación. Es obvio, los argumentos no valen contra la estupidez. Si valiesen todo sería tirado, pero la identidad no es un argumento y no se la va a derrotar con razonamientos. Entre otras cosas porque no se ha llegado a ella razonando.

Yo comprendo su obsesión antiidentitaria y hasta la comparto en dosis prudentes. Pero debería contenerse a veces. La estupidez desborda los límites estrictos de lo identitario. Por otra parte me asombra esa seguridad con la que predetermina los mecanismos de formación de la opinión colectiva, secuelas quizá de aquella predeterminación marxista: la historia del mundo es la historia de la lucha de clases. Y con la que dictamina que cuantos dan la vara hoy en Cataluña y fuera con la consulta son identitarios y por tanto, inmunes al razonamiento.

Ocurre que sí creo en el razonamiento. Por eso escribo. No vale con quien no está dispuesto a razonar, pero para eso está la ley. También creo que la aplicación de la ley es un buen antídoto contra las majaderías, en contra de mucha gente que opina que es mucho mejor relativizar su cumplimiento, no se vayan a encabronar. Esto mío sólo es una creencia, amparada por la experiencia vasca: cuando se aplicó, modularon. Si yo fuera juez escribiría sentencias. Si fuera gobernante, aplicaría la ley y aprovecharía el lance para hacer pedagogía.

Ocurre que sólo soy periodista, lo que constriñe lamentablemente mi quehacer a contar los hechos y razonar frente a quien quiere ignorarlos. Es lo que hace Joaquín Leguina en este libro y es lo que yo llevo tratando de hacer toda mi vida profesional: sobre eso escribo mis columnas desde hace más de 30 años, y de eso va este blog desde hace ocho. Siempre he pensado que este oficio mío era algo pintoresco, aunque no llega a parecerme absurdo. En todo el razonamiento de mi admirado Benja hay un simplismo que debería superar: también se lucha contra la estupidez ordenando la batalla ideológica en nuestro campo, tratando de construir un relato o contribuyendo en la medida de las posibilidades de uno en iniciativas como Libres e Iguales.

Por último, una observación personal ya con carácter más general. Siempre me han gustado los apóstatas. Esto me lo entenderán mejor que nadie los católicos que tienen por uno de sus paladines a Saulo de Tarso (aka San Pablo). Y en contra del determinismo de Benjamingrullo, yo conocí a Joseba Arregi cuando era nacionalista, es decir, identitario y por tanto incorregible. Hoy me parece uno de los pocos intelectuales vascos verdaderamente relevantes. Otro de mis héroes es Dionisio Ridruejo, falangista que pudo haberlo sido todo con la dictadura y se plantó para formar parte del contubernio de Munich y compartir la suerte de la oposición. Descalificar lo que haga y diga Joaquín Leguina por lo que hizo, me parece miserable. Lean el libro y discutamos sobre lo que en él ha escrito. Y si ya se lo sabían ustedes todo, enhorabuena. O mejor aún: escriban otro.

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Una recomendación práctica

Leguina, los 10 mitos de nacionalismo catalánCaptura de pantalla 2014-10-08 a la(s) 17.17.18

 

Joaquín Leguina y yo estudiamos en la misma Facultad de Sarriko; él algunos años antes y con mucho más aprovechamiento. A ambos nos impartió Teoría Económica en 1º el catedrático Fernando de la Puente, por mal nombre ‘El Pela’. Tenía De la Puente una especialidad: llegar el primer día con un viejo tomo del manual de Basil J. Moore, que nos servía de libro de texto. El Pela abría el libro y hacía una demostración canónica de lo que se entiende por ‘captatio benevolentiae':

“Perdonen usted si perciben alguna vacilación en mi lectura pero es que traduzco directamente del inglés”. El asunto es que la traducción al castellano se vendía en todas las librerías desde hacía años.

La otra era que para referirse a Keynes decía siempre: “Lord John Maynard Keynes, primer barón de Tilton” Y una de las cosas que decía el barón,  con una de esas frases que se adjudican a los más variados autores, era que nada hay tan práctico como una buena teoría.

Joaquín Leguina ha parafraseado al maestro con este libro: en estos tiempos de desconcierto general, hastío, niveles de desconocimiento e incultura difícilmente imaginables, en los que el sofisma se ha convertido en piedra angular del razonamiento público y los directores de las tertulias televisivas son publicistas que hacen mohín y visajes cómicos cuando alguno de sus entrevistados (Rosa Díez a Risto Mejide) le dicen que el nacionalismo está detrás de las dos grandes catástrofes del siglo XX: uy, lo que ha dicho. Tal vez la líder de UPyD debió hacer una formulación más categórica, como “El nacionalismo es la guerra” y dejarle cargar la suerte antes de hacer dos cosas: pedirle que le retirase el tuteo y revelarle que era una solemne definición de Mitterrand.

Hemos sobrepasado largamente aquel nivel que encontró Hannah Arendt al volver en 1950 a Alemania. La descripción del estado de cosas que denunció Finkielkraut, hace cosa de 30 años en ‘La derrota del pensamiento’ se ha quedado en estos tiempos en simple costumbrismo. Vean una tertulia, oigan con atención a nuestros líderes. Con preferencia si son nacionalistas catalanes, pero les valen también los que no lo son.

Leguina se ha tomado en serio la tarea de hacer frente a este pandemónium y lo ha hecho desde el rigor y la amenidad. Los 10 mitos del nacionalismo catalán es un libro que repasa las principales supercherías sobre las que descansa la mayor crisis que ha padecido la democracia española. Repasa los mitos del pasado, esos presuntos agravios históricos infligidos por España a Cataluñay que parten de otras tantas mixtificaciones de los hechos históricos: el compromiso de Caspe, el Corpus de sangre de 1640, la Guerra de Sucesión y el mítico 1714 y la Guerra Civil española. Luego extienden la confusión al presente: España nos roba y el derecho de decidir, préstamo conceptual que han tonada de Ibarretxe y mitos del futuro, que se resumen en la creencia que comparten todos los pueblos elegidos, de una independencia cono la Tierra Prometida en la que manan ríos de leche y miel.

Lo hace desde la historia y el presente, con los hechos a la vista y una prosa diáfana cuya lectura es muy de agradecer. De lectura obligada para todos aquellos que sientan el desafío secesionista de Mas como un problema que les afecta. Y si no les afecta antes de leer los 10 mitos, lo sentirán después. Es un excelente y práctico argumentario contra la estupidez. También sería útil su lectura para esos comunicadores que exhiben desacomplejadamente su ignorancia y sus insuficiencias conceptuales. Ah, Mejide, diciéndole a Rosa Díez, como si fuera una de las concursantes adolescentes a las que tenía en la tele, que la unidad de España es facha.

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Un Time catalán

Time catalán

 

Vean aquí el original, la portada de Time, y la falsificación que el eurodiputado de CiU Ramón Tremosa ha hecho para adaptar a Barcelona la revolución de los paraguas de Hong Kong. Hace dos años ya saltó a la fama al firmar, junto a otros tres menguados como él una carta a Vivianne Reding, de la que dábamos cuenta aquí.

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Algo que decir (o callarse): Dolor de cuernos

Dolor de cuernos

Un Cantalapiedra publicaba ayer una columna en El Norte de Castilla, veterano diario de Valladolid, en la que se dolía de los cuernos que, según confiesa, le pone su señora con Artur Mas. Yo comprendo a la señora, aunque lamento que se vea obligada a una disyuntiva algo cabrona (valga la redundancia) entre su marido y el presidente de la Generalidad, qué tristeza la de optar entre semejantes mindundis. Pero entiendo la elección después de haber leído su lamento. Forzosamente ha de encontrar a Mas más inteligente, más gallardo, más razonador y, por qué no decirlo: más hombre.

Al parecer, según confesión propia, su mujer bebe los vientos por Astut Mas y él estaba dispuesto a vengarse asistiendo a la presentación de Libres e Iguales en la Facultad de Derecho. Pero se cortó, porque los conferenciantes no estábamos a la altura de sus siete puntas:

“Pero cuando me disponía a salir, se me ocurrió mirar en internet el pedigrí de los conferenciantes, entre los cuales se encontraba Miguel Ángel Quintana, un filósofo que no conozco; Santiago González, un  periodista del que ignoro todo menos su nombre y apellido; y la muy noble y excelentísima señora doña Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos (eso son apellidos, González, a ver si aprendes), marquesa de Casafuerte y diputada del PP. Y decidí quedarme en casita, porque estoy igual de cabreado con Mas y sus mariachis que con los cantamañanas de los partidos de enfrente que para combatirlos han montado un sin-dios que ya veremos cómo acaba.”

No es verdad que lo mirara en internet. Si lo hubiera hecho habría sabido que Miguel Ángel Quintana es profesor de Ética y Filosofía en la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid y algunos datos biográficos de quien suscribe. Habría conocido también algunos datos de mí currículo. Por ejemplo que publiqué mis primeros artículos en el periódico que hoy publica los suyos, en la época en la que lo dirigía Fernando Altés y publicaba artículos de Miguel Delibes y de José Jiménez Lozano. Por cierto, don José había anunciado su asistencia a la presentación de Libres e Iguales en Valladolid y no pudo asistir por un accidente doméstico, una caída de la que se recupera, según dijo en conversación telefónica a Cayetana Álvarez de Toledo.

Por ejemplo que fui columnista diario de El Correo, buque insignia del Grupo Vocento (hoy propietario de El Norte) durante 16 años, que publiqué artículos en otros diarios del citado grupo, como El Diario Vasco, El Diario Montañés, Sur de Málaga (en el que publiqué ‘Para nosotros es bandera’, un artículo en favor de las víctimas del terrorismo por el que gané el Premio de Periodismo El Correo 2003); que gané otros premios, como el de la ATR a la mejor Revista de Prensa por la que desde hace seis años hago diariamente en ‘Herrera en la Onda’, de Onda Cero. En 2004 gané el premio a la Convivencia de la Fundación Miguel Ángel Blanco ex-aequo con Jon Juaristi, que tampoco sabrá quién es; en 2005 el Premio en Defensa de las Libertades de la Sociedad el Sitio y, recientemente, el Premio a la Regeneración Democrática de la Fundación Progreso y Democracia. También debería saber que  actualmente escribo cuatro columnas semanales en El Mundo, segundo periódico de España en número de ejemplares y que mantengo un blog que registra unas 9.000 visitas diarias. Si hubiera puesto mi nombre en el buscador de Google lo sabría. También he publicado tres libros, uno de los cuales mereció una reseña de media página en Le Monde. Dedicarse a escribir en periódicos y desconocerlo todo de un currículum profesional como el mío, me lleva a recomendarle que no sea modesto: usted lo desconoce todo de casi todo.

Podría haberle preguntado a su director o al nivel que llegue del organigrama del Grupo Vocento. Incluso en El País, donde he visto que publica algunas crónicas palurdas. En todos esos ámbitos me conocen más que a él.

¿Cómo va a entender las preguntas que Cayetana Álvarez de Toledo, doctora en Historia por Oxford, hacía a los secesionistas catalanes, tan ignaros? Su nivel no supera al de su concuerno Mas. Pero yo vi levantarse entusiasmado a Mario Vargas Llosa,-que es premio Nobel de Literatura, por si le interesa el dato-, para aplaudir a Cayetana tras su impresionante discurso en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el 11 de septiembre pasado, en el que hizo esas preguntas. En lo personal quisiera pedirle algo y ofrecerle un consejo: apéeme el tuteo, haga el favor, y para lo porvenir, aunque no le veo mucho futuro en el periodismo, puede sacarle partido a sus cuernos. Basta con que los afile, los mime y quién sabe si puede ganar sus quince minutos de gloria opositando para el puesto del toro de la vega en una próxima edición, aunque también para esto le noto yo un poco falto de trapío.

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80º aniversario

80 aniversario

A Charo Martínez, que cumple muchos menos

Arcu conmemora un hecho histórico. Hoy, a las ocho de la tarde se cumplen 80º años de aquel histórico momento en Lluís Companys se asomó al balcón del palacio de la Generalidad para anunciar el Estat Català. Lo hizo con este discurso:

«Catalanes: Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder.

Los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones.

Los hechos que se han producido dan a todos los ciudadanos la clara sensación de que la República, en sus fundamentales postulados democráticos, se encuentra en gravísimo peligro.

Todas las fuerzas auténticamente republicanas de España y los sectores socialistas avanzados, sin distinción ni excepción, se han alzado en armas contra la audaz tentativa fascista.

La Cataluña liberal, democrática, republicana, no puede estar ausente de la protesta que triunfa por todo el país, ni puede silenciar su voz de solidaridad con sus hermanos que en tierra hispana luchan hasta morir por la libertad y el derecho. Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia debida al Gobierno de la Generalidad, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas.

En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán en la República Federal Española, y al establecer y fortificar la relación con los dirigentes de la protesta general contra el fascismo, les invita a establecer en Cataluña el Gobierno provisional de la República, que hallará en nuestro pueblo catalán el más generoso impulso de fraternidad en el común anhelo de edificar una República Federal libre y magnífica.

El Gobierno de Cataluña estará en todo momento en contacto con el pueblo. Aspiramos a establecer en Cataluña el reducto indestructible de las esencias de la República. Invito a todos los catalanes a la obediencia al Gobierno y a que nadie desacate sus órdenes, con el entusiasmo y la disciplina del pueblo.

Nos sentimos fuertes e invencibles. Mantendremos a raya a quien sea, pero es preciso que cada uno se contenga sujetándose a la disciplina y a la consigna de los dirigentes. El Gobierno, desde este momento, obrará con energía inexorable para que nadie trate de perturbar ni pueda comprometer los patrióticos objetivos de su actitud.

Catalanes!: La hora es grave y gloriosa. El espíritu del presidente Macià, restaurador de la Generalidad, nos acompaña. ¡Cada uno a su lugar y Cataluña y la República, en el corazón de todos!

¡Viva la República! ¡Viva la libertad!»  

A continuación requirió al gobernador militar, Domingo Batet, para que se pusiera a sus órdenes con las tropas a su mando. Batet le hizo saber que seguramente a él (a Companys) le había llevado mucho tiempo, madurar es decisión, que no podía decidirlo en un momento, además de no poder aceptar una orden semejante por una simple llamada telefónica, que quería una comunicación formal. Companys le envió el siguiente escrito.

Lo demás ya está escrito. Mientras Companys cenaba con los suyos y esperaba oyeron los primeros tiros. Batet había hecho público el siguiente bando:

Don Domingo Batet Mestres, general de División y del Ejército y jefe de la Cuarta División Orgánica.

Hago saber:

Que de conformidad con lo prevenido en decreto de esta fecha recibido a las veinte horas, queda declarado el estado de guerra en todo el territorio de la región catalana, y asumo, por tanto, el mando de la misma, estando dispuesto a mantener el orden público a todo trance, empleando al efecto cuantas medidas de rigor sean necesarias, esperando de la sensatez y cordura de los ciudadanos que no llegue a precisar su empleo, y que por parte de todos con su civismo y amor a la República, contribuirán al restablecimiento de la paz perturbada.

De acuerdo con los preceptos de la Constitución, Ley de Orden Público, Código de Justicia Militar y Orden de 6 de enero de 1934, después de requerir a los rebeldes y revoltosos a deponer su actitud para quedar exentos de pena, los que no sean jefes, si lo hacen en el término de dos horas a partir de la publicación de este bando, y a cumplir todo lo que en él y en las prevenciones anexas se dispone:

Ordeno y mando:

1º. Los reos del delito de rebelión militar serán juzgados en juicio sumarísimo si a ello hubiere lugar, y castigados con la pena de muerte o con la de reclusión perpetua a muerte, según los casos, y los establecidos en el Código de Justicia Militar.

2º. Serán considerados reos de tal delito, según la Ley, entre otros, los que al alzarse en armas contra el Gobierno legítimo hostilicen a las fuerzas del Ejército, Cuerpo de Seguridad y fuerzas de Asalto, estos dos últimos cuando vistan sus uniformes reglamentarios; los que ataquen a los cuarteles, polvorines o dependencias militares, los que atenten contra las vías o redes de comunicaciones, metros o servicios públicos, incluso los a cargo de empresas particulares, Bancos, fábricas y establecimientos y edificios de todas clases que estén custodiados por fuerzas del Ejército u otras de las unidades armadas citadas anteriormente.

3º. La mera tenencia de armas, artefactos explosivos, incendiarios, de gases (asfixiantes o lacrimógenos) que hagan presumir propósitos de ataque, destrucción o resistencia, si no tuviese calificación más grave, se considerará, según el caso, como tentativa o auxilio a la rebelión.

4º. Incurrirán en análoga calificación los que abandonen su ocupación o trabajo habitual, o los que por haberlo abandonado no se reintegren al mismo y faciliten de este modo los planes de los rebeldes; y en todos los casos, los que atenten contra la libertad individual y de trabajo.

5º. Serán culpables de seducir, provocar o excitar a los rebeldes los que en cualquier forma inciten a la revuelta, desobediencia, resistencia, desacato o menosprecio a las autoridades y sus agentes, cualquiera que sea el medio empleado, incluso la imprenta, el grabado o dibujo.

6º. La agresión, insulto o amenazas a todo militar que vista su uniforme reglamentario, se considerará insulto a la fuerza armada.

7º. Igualmente serán juzgados por la jurisdicción de Guerra los delitos de robo en cuadrilla, secuestro de personas, incendio y cuantos afecten de un modo evidente y directo al orden público, con relación, conspiración, provocación, inducción, excitación, sedición y auxilio a la rebelión citada.

8º. Se recuerda a los reclutas en Caja, a los que se encuentren en primera o segunda situación activa, y a los de la reserva, que por los delitos comprendidos en el Código de Justicia Militar o en este bando, serán reputados como militares y sometidos al fuero de Guerra en toda su integridad.

9º. Por último, se advierte que las autoridades y los agentes autorizados para ello, se consideran como centinela, salvaguardia o fuerza armada, con arreglo al Código de Justicia Militar, y que las órdenes recibidas para hacerse obedecer son severísimas, por lo que deben ser acatadas por todos los ciudadanos, sin distinción de clase ni de categoría alguna por elevada que ésta sea.

Artículo adicional. A los efectos de términos legales, se hace la publicación de este bando a las veinte horas de hoy, día de la fecha.

Como catalán, como español y como hombre que sólo mira y aspira al bien de la humanidad, lamento este momento y espero de la cordura de todos que no se dará lugar al derramamiento de sangre.

Barcelona, 6 de octubre de 1934.

Domingo Batet

Diez horas después, a las seis de la mañana del día 7, Companys llamó al general Batet para comunicarle su rendición.

Nota.- Como podrán observar, Companys no proclamó la independencia, sino el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. O sea, la primera de las preguntas del referéndum. Como el prisionero del Palace. Me pregunto si los apaciguadores, los partidarios de la Tercera Vía, proponen la solución federal para alentar en Mas la idea de que él podría ser como Companys, con el corazón de Macià y tener su Estado en un Estado Federal. Un Estado dentro de un Estado que es una nación de naciones. O sea, un Estat Català con final feliz.

Pero tanto heroísmo no se produjo en vano. Vean, Vean la imagen que ayer colgó en Twitter el gran Goslum:

Pilar Rahola

“Viurem lliure o morirem”, dice la pancarta que sostiene Rahola, con la felicidad de las antiguas mártires acariciando la palma del martirio. ¡Virgensanta!

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El gran Morán

Moran

Gregorio Morán publicó ayer una necesaria ‘Sabatina intempestiva’ sobre Pujol. También sobre algo más; los dos párrafos finales recuperan un artículo de hace quince años:

“En octubre de 1999, a punto de la última victoria casi pírrica del president Pujol que cerraría los 23 años de poder absoluto, el hombre que había logrado reintroducir el miedo en la sociedad catalana y en sus medios de comunicación, escribí un artículo que las circunstancias no consintieron su publicación. Ahí iban unos párrafos que ahora, con el derecho que me otorga el tiempo y la razón, convendría repetir: “La doblez pujoliana es uno de los hallazgos de la historia contemporánea de este país. Ha conseguido hacer de la doblez una moral. Entre el personaje real y el que la gente se quiere creer hay tal diferencia que el resultado es un producto genuino: él es él y su doblez”.

“Y esta doblez pujoliana, que es el privilegio mejor guardado del Olimpo, ha cimentado el denominado oasis catalán. En casi veinte años se ha creado un sindicato de intereses del tal envergadura, que al final se impone como moral social la propia doblez pujoliana: no somos como somos sino como creemos que somos”. El artículo, ¡ay!, se titulaba “Las trampas del redentor”.”

Y lo escribe en el mismo diario que no quiso publicarlo entonces, Es una victoria, mínima si se quiere, pero victoria y reconfortante, del periodismo. Y del mismo Morán, a quien conocí hace cosa de 30 años, cuando él ya había empezado a escribir los sábados en La Vanguardia. Algún tiempo después vino a instalarse a Bilbao, cuando el PNV se hizo con la mitad de La Gaceta, un diario en crisis del que Luciano Rincón y yo habíamos salido hacía muy pocos meses: él para  colaborar en El Correo, yo para hacerme cargo del gabinete de prensa de la Delegación del Gobierno en el País vasco. Morán quiso recuperarnos a los dos para su proyecto, pero tanto Luciano como yo habíamos apurado el cupo de nuestra precariedad en La Gaceta y declinamos su amable invitación. Él fichó entonces a mi segundo, un periodista llamado Miguel Sánchez, que apenas desembarcado en la nueva Gaceta, pasó a autodenominarse ‘Mikel Sánchez’ en la firma de sus cosas.

Su dirección de la Gaceta, el acuerdo con el entonces factótum de Arzalluz en la comunicación, Kepa Bordegaray, constituye tal vez el único rasgo de ingenuidad de Morán en toda su vida. Cuando la aventura terminó dos años después, él se sacó la espina, claro, en un libro titulado ‘Testamento vasco’, conde clavaba a su empleador la siguiente, impresionante greguería: “Kepa Bordegaray, carne de alubias pintas y mucho seminario…”.

También me citaba a mí:

“Si la objetividad informativa se mide por el nivel de protesta de las oficinas de prensa de los partidos, podemos jactarnos de cierto equilibrio. Santiago González, jefe de prensa del entonces delegado del Gobierno en Euskadi, Ramón Jáuregui, nos envió una nota breve, de las que antaño llamaban ‘billetes’ para responder a nuestro anuncio de que el Gobierno vasco había frustrado el intento de los socialistas de cerrar el segundo canal de la televisión autonómica: “Querido Gregorio: pocas veces he leído una información tan desinformada, tan desinformadora y tan tendenciosa. Un abrazo”.

El contrapeso de su equilibrio era una nota de protesta que el jefe de prensa del PNV, Javier Vizcaya (éste sí de un partido) le dirigió por adjudicar a Arzalluz la expresión “A los socialistas les interesa que EE triunfe el 30-N”. Como se puede ver, nada tenía que ver un asunto con otro. Mi nota fue escrita en julio de 1985, la de Vizcaya en octubre de 1986. Nada impedía, en consecuencia que ambos pudiéramos tener razón contra el sofisma “in medio virtus” de Morán.

 Cuando comenté el asunto con un amigo, éste me auguró: “esa nota que le enviaste volverá a aparecer en tu vida. Morán lo guarda todo”. Tenía razón, como se ha visto. Mi nota también, como se verá a continuación.

Los hechos habían sucedido el martes, 30 de julio de 1985, víspera de San Ignacio. El delegado del Gobierno y sus asesores habíamos celebrado una comida de fin del curso, tras la cual nos enzarzamos en apasionada partida de mus. A eso de las cinco de la tarde me llamó Juan Carlos Viloria, gran periodista de El Correo para preguntarme si Jáuregui había ordenado a las Fuerzas de Seguridad cerrar ETB-2, cadena que el director general del ente autorreferente, José María Gorordo, había puesto en marcha ilegalmente unos días antes. Le dije que no, y él me explicó que la sede de ETB en Durango se hallaba rodeada por la Ertzaintza, en defensa del recinto. Jáuregui se puso al teléfono y le repitió la negativa, tras lo cual, llamó al gobernador civil de Vizcaya, Iñaki López y le ordenó que enviara a un par de inspectores que se acercaran hasta el peaje dela autopista A-8, que estaba justo enfrente de la sede de ETB y que le llamaran.

Luego me llamó el ya citado Mikel Sánchez, que hasta dos meses antes había sido mi segundo en la Delegación del Gobierno con el nombre de Miguel Sánchez. Hablé con él y me preguntó por el intento de cierre de ETB-2 con las FSE. “Pero Miguel”, le respondí, “¿dónde iban a poner el candado si emite por el mismo lugar que ETB-1?” Luego le puse en contacto con Jáuregui que le repitió todo lo dicho. Al día siguiente, la información de Sánchez, más Mikel que nunca, arrancaba: “A pesar del desmentido de Ramón Jáuregui LA GACETA ha podido saber que la Ertzantza frustró su intento de cerrar el segundo canal de la televisión autonómica…”

Me perdonarán el anecdotario personal, pero yo, que soy también muy de guardar y memorión, aunque no tan rencoroso como él, admiro mucho estas características de Gregorio Morán, que hacen de él un mal enemigo. Tendría alguna dificultad para considerarlo buena persona, pero las cosas como son: periodistas así ya casi no quedan.

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¿Qué son 80 años para la orografía?

Mas y su tropa

En la foto superior, Artur Mas posa con su tropa después de una reunión de siete horas en las que trataron de ventilar, no ya sus posiciones sobre el ejercicio de autodeterminación ilegal que pretenden poner en marcha el 9 de noviembre, sino, más sencillamente, sus problemas políticos que, en lo esencial se reducen al que enfrenta a Artur Mas y a Oriol Junqueras. El primero pretende que Schrek Junqueras le ayude a pagar electoralmente el dispendio: hacer una coalición electoral y adelantar las elecciones en lo que ya parece una especialidad política. Junqueras se sabe beneficiario de la estúpida política de Mas y no está dispuesto a hacer una coalición que disimule la derrota electoral a su impresionante adversario político. Él quiere ganar las elecciones.

Los periódicos califican de ‘cumbre’ la larga reunión que los señores (y las señoras, claro) de la foto habían mantenido antes, en una muestra de la capacidad irónica que a veces tienen las polisemias. ¡Cumbre una reunión en la que participan Mas, Homs, Turull, Marta Rovira, el tipo de la sandalia y los demás! Todos al nivel del líder. La prueba es que a ninguno de ellos se escapa la risa.

Companys en la trena

Esta semana se van a cumplir 80 años de la segunda foto, en la que puede verse a Lluís Companys en la cárcel, rodeado de los suyos tras la asonada del 6 de octubre de 1934 y la estúpida (y efímera) aventura del Estat Català que ahora quiere repetir aproximadamente la cuadrilla de Astut (© Herrera) Mas. La farsa se repite en la historia, que dijo un señor de Tréveris citando a Hegel: la primera vez, tal cual. La segunda, como caricatura tonta de sí misma.

Diez horas le duró la aventura a Companys. El final fue grotesco, con sus cómplices -ah, el gran Dencàs (primero por la izquierda)-huyendo por el alcantarillado, pero fue un prodigio si lo comparamos con lo del Astuto Rey Arturo. Tuvo, por otra parte, una cierta dignidad: fueron detenidos y pagaron por ello. Companys fue condenado a 30 años como autor de un delito de rebelión militar por la República. No todo en aquellos tiempos fue peor, ni el nivel de las cumbres ha crecido nada en ocho décadas.

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Es de broma

Ref Arcu

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Tres estampas de la secesión (Libres e Iguales en Valladolid)

Valladolid LEI

Primera estampa

Hace trece días se celebraba en Escocia un referéndum que planteaba su separación del reino Unido. Al día siguiente supimos que el principal impulsor del proceso, el ministro principal de Escocia, Alex Salmond, anunciaba su dimisión. El sábado pasado, el representante ordinario del Estado en la Comunidad Autónoma de Cataluña convocaba otro para el 9 de noviembre, con análogo propósito para la Comunidad Autónoma que él preside: separarla de España.

 Yo creo que el dimisionario Salmond ha sido víctima de su ignorancia. Le habría bastado oír la valoración que secesionistas catalanes y vascos, para comprender la magnitud de su triunfo y haber soslayado el amargo trance de la dimisión.

 La dimisión es el seppuku de los políticos con sentido del honor. Pero Salmond podría habérselo ahorrado si hubiera tomado como modelo a Artur Mas, que al día siguiente comentó así el referéndum escocés:

 “Lo que hemos visto en Escocia es el camino, el buen camino, el único camino para resolver los problemas políticos (…) votar no divide, sino que une. (…) ¿Es menos Catalunya que Escocia para ser tratada de manera tan negativamente diferente?”.

Cataluña, no lo sé, pero es evidente que Mas es menos que Salmond. El fracaso legal de su proyecto sólo le ha llevado a renunciar formalmente a la campaña institucional y confiar el proceso a la agitación callejera. Siempre el capitán Araña…. “Menos es Más”, había titulado el arquitecto Mies van der Rohe su manifiesto minimalista en los años 30. Estaba muy lejos de suponer que muchos años después iba a servir como epítome de la más absoluta incompetencia y de la más acabada irresponsabilidad. “La secesión une”, resumía el discurso de Mas Víctor de la Serna en su columna, “la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza”. George Orwell. 1984.

Escocia es el camino… No hay quién dé más. Si gana la independencia escocesa nos señala el camino para la independencia de Cataluña. Y si pierde, con más motivo.

 Nuestros nacionalistas son así. No es extraño que celebren como fiestas sus derrotas, incluso si fueran subjetivas: la Diada, en el caso de los catalanes, festeja la toma de Barcelona por el Ejército de Felipe V.

Los vascos han sido unos maestros en ello y también eligieron para votar el Estatuto el aniversario de la primera Ley Confirmatoria de los Fueros, que fue, en realidad, la primera norma abolitoria: el 25 de octubre de 1839.

 Según cuenta El péndulo patriótico, historia oficial del PNV, el 2 de abril de 1939, al día siguiente del parte de la victoria, («Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, etc…») la Ejecutiva del PNV se reunió en Meudon, cerca de París, para dejar clara su falta de compromiso con el Gobierno de la República y el Frente Popular. También para manifestar falta de prejuicios respecto a la triunfal dictadura franquista: «El Partido Nacionalista, respecto al régimen y los Partidos (sic) de Franco, fundamentalmente proclama también su libertad de acción».

Es decir, que al día siguiente de haber sido derrotados se dirigen a sus vencedores para preguntarles: Y ahora que nos habéis ganado, ¿qué nos vais a dar? Franco, que era de natural rencoroso, debió de haberles respondido: «Tontines, no preguntéis qué, sino por dónde».

Pero hoy los españoles son más como Cameron. Lo llaman Tercera Vía: Si os gano prometo daros casi todo lo que me pidáis.

 A nadie se le oculta que esta manera de hacer frente a los desafíos secesionistas es una vía eficaz para estimularlos. Es evidente que las promesas que mancomunadamente hicieron Cameron, Clegg y Miliband, van a tener un doble efecto negativo: crear agravios comparativos con Escocia en Inglaterra y Gales, por una parte. Por la otra, ensalivar a los separatistas escoceses para intentarlo de nuevo en el futuro.

Voy a leerles un texto muy elocuente a este respecto:

“Un referéndum de soberanía siempre es una victoria. Si se gana, porque te abre las puertas a la plenitud del derecho y hace a tu pueblo libre. Si no, con que obtengas un resultado digno y no humillante, también es la primera piedra del edificio de la victoria, pone al país y su causa en la agenda internacional y todos sabrán que, tarde o temprano, el referéndum se volverá a hacer y se ganará.

Después de un referéndum ya nada es como antes, porque todo el mundo mira al país en cuestión de una manera distinta que antes de la consulta, como un país inmerso en un proceso progresivo de afirmación, que ya ha iniciado un camino sin regreso. Un país que se pronuncia democráticamente sobre la posibilidad de convertirse en una nación soberana y en Estado independiente ya se sitúa automáticamente, en la conciencia de todos, en la lista de espera de la libertad. Y pasará más tiempo o no tanto, pero todos saben que, al final, este día llegará“.

Este párrafo pertenece a un libro titulado ‘La hora de Cataluña’, publicado por José Luis Carod Rovira en 2008. En sus páginas ya vaticinaba entonces un referéndum para la independencia en 2014.

Segunda estampa

La plataforma Libres e Iguales constituida hace dos meses y medio por unos cuantos ciudadanos españoles que no estamos dispuestos a dejarnos amputar una parte de nuestra ciudadanía, reside en un par de ideas muy sencillas, a saber: que la ley es el fundamento de la democracia y que la soberanía nacional es un concepto que afecta a la nación en su conjunto y no se puede compartimentar. Son dos ideas que caen por la ley de la gravedad. Aunque si no daría lo mismo, como decía el legendario sargento de la mili a sus reclutas, porque caerían por su propio peso.

También decía nuestro manifiesto fundacional que España vive en estos momentos una situación preocupante. El gobernante de una de sus Comunidades Autónomas, que es, por definición de la Constitución Española, el representante ordinario del Estado en ella, ha decidido ignorar esos dos principios y ha convocado un referéndum sin tener atribuciones legales para ello. ¿Y para qué? Para que los ciudadanos residentes en su comunidad rompan unilateralmente los lazos de convivencia que les unen a la nación española.

Aquel día, antes de la lectura del manifiesto hubo un briefing con periodistas. Uno de ellos, corresponsal de un medio catalán, insistía en la pregunta de por qué presentábamos esa iniciativa en Madrid. Consideraba que, en todo caso, algo así habría que hacerlo en Cataluña y por gente de Cataluña.

Ese era precisamente el quid de la cuestión que aquel muchacho no podía entender. Se trataba de que los firmantes, ciudadanos españoles, reivindicábamos un derecho de propiedad sobre nuestra soberanía que el secesionismo catalán quería privatizarse.

Privatizarse lo público es una actitud muy perseverante en los nacionalismos. El pasado 25 de julio, una noticia alteró todas las redacciones: Jordi Pujol confesó que había venido defraudando a Hacienda durante los últimos 34 años.

 A mí me pareció un hermoso lance de justicia poética. El 25 de julio es la festividad de Santiago Apóstol, también llamado el Mayor, patrón de España y para más abundar, mi santo. Lo primero que hice fue llamar a Albert Boadella, uno de los primeros firmantes del manifiesto Libres e Iguales. Él fue el primero que supo verlo y diagnosticarlo. Recordé el estreno de ‘Ubu, president’, gran adaptación de Alfred Jarry a la Cataluña de Pujol, y me vino a la cabeza la frase inicial de la obra de Jarry: “la acción que va a comenzar se desarrolla en Polonia, es decir, en ninguna parte”. Todos los informativos de TV-3 deberían empezar así.

 En Polonia, qué venturosa coincidencia. Me venían a la cabeza aquellos niños traviesos, vestidos con guardapolvos, arrastrando de una parte a otra del escenario del Teatro Arriaga, maletas llena de billetes. Me pareció muy divertido, pero en rigor creí que se trataba de la licencia de un cómico.

Y resultó que no, que era puro neorrealismo. Neorrealismo español, como el que reflejaban algunas películas de Ladislao Vajda, porque llegados a este punto quisiera hacer una afirmación sustancial: nada hay tan español como un nacionalista periférico. Mario Onaindía contaba que no era casual que de todos los personajes que desfilan por El Quijote fuera el vizcaíno el único que se tomaba en serio la locura imperial del protagonista. Todos le seguían la corriente para burlarse de él: lo manteaban, lo apedreaban y apaleaban, lo subían a un caballo de madera explosivo, era objeto de burlas por un ventero pícaro y un par de putas que le armaron caballero. Todos, menos el vizcaíno Sancho de Azpeitia, dispuesto a matar a todo el mundo empezando por su ama, si se ponía en juicio su hidalguía y su nobleza originaria. Ustedes me entienden.

 En el ‘yo confieso’ de Pujol, en el trasfondo de su escrito, tan descabellado, se adivina el carácter de Marta Ferrusola, això es una dona! como dijo su propio marido al verla tirarse en paracaídas: “Mira Jordi, vale más que des la cara tú. Pasas un sofocón, pero no meten en la cárcel a ningún octogenario. Pensa en els nens”.

Es una historia muy española, berlanguiana en sentido estricto. Contaba Ángel Fernández Santos que a mediados de los años sesenta estaba trabajando con Luis Gª Berlanga en un guión que no pudo ser por la censura. Los protagonistas eran un matrimonio de Segovia, que tenía una librería religiosa en el centro de la ciudad. La llegada del Concilio Vaticano II y el cambio que introdujo en la liturgia sorprendió a la pareja con una partida de misales en latín recién comprada.

Contaba que, atascados en ese punto, llamaron a Azcona para preguntarle por dónde seguir, a lo que el gran guionista del cine español, les dijo sin titubeos: “Muy sencillo. La mujer propone a su marido que se suba al acueducto y se queme a lo bonzo en señal de protesta. Los dos cruzan la plaza del Azoguejo. Ella delante, con una tea encendida. Detrás él, con dos latas de gasolina y gesto quejumbroso: “Que no puede ser, María, (vale decir Marta) que ya verás como volvemos a hacer el ridículo”.

No hay en la España democrática una confusión más clamorosa entre lo público y lo privado que la que ha afectado a Jordi Pujol, el padre de la Cataluña moderna. Un delito fiscal continuado durante 34 años, incluidos en ellos los 23 en los que fue presidente de la Generalidad de Cataluña. No hace falta ir más allá.

Y en éstas el designado por el gran evasor como sucesor, Artur Mas i Gavarró, (conseller de Hacienda y de Obras Públicas de Pujol, no digo más) y dice que la privatización del dinero público por un gobernante no es un asunto público, sino privado y familiar. Eran Asuntos de la familia y no era nada personal, sólo negocios. Como saben, Artur Mas también tuvo una herencia paterna de la que con toda seguridad volveremos a oír hablar.

Decía que el nacionalismo tiene un vicio de origen, que es el de confundir lo público y lo privado, error de concepto que está en el origen de toda corrupción. Y si es verdad que la corrupción es un vicio transversal, en el caso de los nacionalismos viene acompañado de un error gramatical que es la sinécdoque, ese vicio de tomar la parte por el todo. Cada vez que un separatista dice ‘Cataluña’ o ‘los catalanes’ es (lo mismo que cuando un nacionalista vasco dice Euskadi o Euskal Herria o los vascos), está refiriéndose a un colectivo nacionalista, como si los nacionalistas no fueran una minoría en Cataluña y en el País Vasco.

 Sin embargo, cuando no se habla de territorios, sino de sujetos políticos, la cosa cambia. Incluso esa expresión que parece dar por sentada una relación de pertenencia (Cataluña y el resto) define de manera implícita a Cataluña como un todo político homogéneo y por supuesto nacionalista, como si dentro de ese colectivo tan desaliñadamente descrito que forman los ciudadanos catalanes no hubiera una población refractaria al nacionalismo y a su vicio, ya descrito, de compartimentar la soberanía.

Tercera estampa

Creo que el presidente del Gobierno ha enfocado adecuadamente la cuestión en este tramo final del desafío separatista. Antes de ayer   seguí su comparecencia atentamente. Creo que estuvo correcto, que usó las palabras adecuadas y los conceptos precisos al decirnos que un Consejo de Ministros presidido por él había enviado l TC la ley de consultas y la consulta del 9-N .

Por que habrá tardado tanto en decir eso? Diré que yo me sentí decepcionado por ėl, cuando un día permitió que un político menor, muy menor, entrara en su despacho con ademanes de chulo de taberna y se permitiera amenazarle, y no nos lo contara hasta un mes después. Un presidente tendría que haber llamado al personal de seguridad para que acompañaran a aquel tipo al coche que lo había llevado hasta allí y se garantizaran que salía del complejo de la Moncloa.

Creo que la pasividad del presidente durante tanto tiempo tiene un problema. Estaría dispuesto a aceptar que Rajoy no carece de estrategia y es un hombre que sabe manejar sus tiempos. Pero eso no lo es todo. El reto ante el que han puesto Artur Mas y el nacionalismo catalán a la democracia española es vejatorio para los ciudadanos, y también para los partidarios de ese recetario inconcreto que ha venido a llamarse ‘la tercera vía’. Cuando las cosas han llegado hasta el extremo que han llegado, la solución no puede pasar por que el autor del desafío salga tan campante del mismo y con un premio de consolación que poder mostrar a sus seguidores como un triunfo parcial a la espera de continuar el proceso.

Lo que ha hecho Mas es lo que en el juego del mus se conoce como lanzar un órdago. Como sabrán, el mus es un juego vasco y ‘órdago’ quiere decir literalmente: “Ahí está. Va todo”. El adversario puede aceptarlo o achantarse y permitir que el retador se lleve su ventaja, una piedra porque no. Pero es un lance definitivo en el momento de lanzarlo. No cabe plantear un órdago como hizo Artur Mas en diciembre de 2013, al comparecer junto a sus frikis para anunciar que la consulta se iba a celebrar el 9 de noviembre y cuáles iban a ser las preguntas. Mejor dicho, sí cabe, pero ya no puede decir: “y ahora vamos a negociar.”

Planteado el órdago, la respuesta está en manos del Estado y el Estado, por seguir con la parábola del mus, es mano y tiene la treinta y una. Está obligado a aceptarlo salvo que tenga voluntad de negarse a sí mismo en la gran definición que hizo Max Weber hace ya 95 años en la Universidad de Munich: “El Estado es aquella organización humana que reivindica para sí con éxito el monopolio jurídico de la violencia física legítima”.

A mí me gustó mucho la expresión del que fue secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, copiando a Felipe González: “El que echa un pulso al Estado, pierde”. Esto debería ser así, frente a la tonta imagen del “choque de trenes” patrocinada por los partidarios de la Tercera Vía. Lástima que lo dijera refiriéndose únicamente a la huelga de los controladores aéreos, no a la sedición del representante ordinario del Estado en una Comunidad Autónoma. Una cosa es que un obstáculo menor en la vía pueda hacer descarrilar todo un tren. Pero, ¿dos trenes?¿un tren Artur Mas?

Un problema no menor que plantea para el futuro el proceso puesto en marcha por Mas es que él y sus separatistas catalanes han derogado, no ya los códigos de la decencia, que también, como ya estamos comprobando, el sentido del ridículo. Esto tiene su importancia. Antes, los dirigentes políticos trataban de no dejarse desmentir por su hemeroteca y de no decir tonterías. Se trataba de transmitir una imagen de coherencia y de evitar al mismo tiempo lo que el cocinero Arguiñano expresaba con chocarrería y gracia. Y su particular sintaxis: “Es que eso, lo dices en voz alta en una playa desierta y se descojonan tuyo los mojojones”.

A partir de ahora no habrá ninguna estupidez proscrita en el discurso público, ningún sofisma, ninguna licencia con la historia o con los hechos. Más ha decretado el fin del sentido común y la gente no acude en masa a la plaza de Sant Jaume a imitar a los mejillones de Arguiñano.

“No nos dejan votar”, se duelen. No es que quienes suscribimos el manifiesto de Libres e Iguales estemos en contra de que los catalanes voten, como lo hacen en las elecciones municipales, autonómicas, legislativas y europeas. Lo que no queremos es que voten ellos solos lo que afecta a todos los españoles. Por ejemplo, por decirlo simplemente, la alteración de las fronteras de España. Si se va a votar eso, exigimos que se haga por el procedimiento que la Ley prevé para modificar la Constitución, mediante la mayoría cualificada de 3/5 en el Congreso de los Diputados, su refrendo por idéntica mayoría en el Senado y el sometimiento a referéndum entre todos los ciudadanos españoles.

También creo que las leyes están para cumplirse y me van a permitir que llegados a este punto señale un artículo de la Constitución que al parecer es claramente superfluo. Se trata del 155. Cada vez que alguien lo ha citado se ha producido una respuesta airada del nacionalismo: “quieren meter los tanques en Barcelona”. El artículo 155, no prescribe taxativamente la suspensión de la autonomía.

Parece, sin embargo, que la interpretación separatista ha ido calando también entre los españoles y apenas nadie se atreve a considerar la posibilidad real de que este artículo se aplique en España, permita lo que permita. Esto es algo derivado del hecho de que los nacionalistas son hegemónicos intelectual y políticamente en la España de hoy. Hasta en el lenguaje o empezando por el lenguaje.

Por ejemplo: ¿Qué se entiende hoy por reaccionario y progresista en España? Pues lo que entienden los nacionalistas, un colectivo que se sustenta en las ideas más reaccionarias del panorama político español. Partidarios del antiguo régimen, es decir, de la monarquía preconstitucional y preparlamentaria y de establecer el tan añorado Pacto con la Corona. Esto era algo que reclamaba el senador Anasagasti. Hoy, paradojas de la historia, la concreción del pacto de los vascos con la Corona se llama Iñaki Urdangarin, hijo de una de las mejores familias del partido en Alava.

Un ciudadano que mantenga una actitud enérgica frente al terrorismo (opine, por ejemplo, que los terroristas presos deben cumplir sus condenas) y que se manifieste partidario de la unidad de España será un consumado reaccionario o, por mejor decir, ‘un facha’. No sólo para los nacionalistas. También para el común de los españoles y muy principalmente para la izquierda y desde hace mucho tiempo.

Y ya que tanto y con tanta gratuidad se ha apelado a la política comparada con el Reino Unido: Escocia ahora, antes Irlanda del Norte, convendría recordar que Tony Blair sí suspendió la autonomía del Ulster en cuatro ocasiones: la última de ellas duró cuatro años, seis meses y 24 días. Y no pasó nada. Y si resulta que esa sería una medida inaplicable a las circunstancias españolas, he aquí una reforma deseable de la Constitución: la eliminación de artículos que puedan sugerir medidas inaplicables.

Una pregunta que hacen todos los nacionalistas: ¿por qué no a la consulta, si tan seguros estáis de ser mayoría? ¿Qué de malo hay en ello? ¿Preguntar es ofender? se trata de que sí, de que la misma pregunta ofende por comprender una idea viciosa, a saber: que la soberanía de una parte de España es una cuestión que afecta exclusivamente a quienes viven en ella y no al conjunto de los españoles, tal como se define con claridad meridiana en la Constitución española.

Los voluntarios de la tercera vía preconizan una ley de la Claridad, como la que elaboró para el caso de Quebec el entonces ministro de Relaciones Intergubernamentales de Canadá, Stéphane Dion. Contaré una anécdota personal al respecto. Creo que la primera conferencia que pronunció en España fue en Bilbao, patrocinada por la Fundación para la Libertad que preside Nicolás Redondo y de la cual soy patrono. A mí me correspondió el honor de presentarle en aquella ocasión, el 25 de noviembre de 2003.

Por la mañana, estuvo visitando a los responsables políticos en sus sedes. Sólo mostraron interés por recibirle el PP, partido que en aquellas fechas gobernaba España y el PSOE. No los partidos nacionalistas. Durante el almuerzo, al que asistió el embajador canadiense en Madrid, se le hizo la pregunta: “¿Por qué la ley de la Claridad?” Nunca olvidaré su respuesta: Porque Canadá no tiene una Constitución como la española, que deja esa cuestión perfectamente resuelta en sus artículos 1 y 2.

 

 

 

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